Gracias por seguir leyendo. Todos y cada uno de vuestros comentarios son alucinantes.

CAPITULO 7

Kate miró su reloj. Las siete de la tarde. Era hora de volver a casa.

- Chicos, me marcho a casa.

- Y yo – dijo Ryan poniéndose la chaqueta.

- Pues yo no pienso quedarme – añadió Espo alcanzándoles justo al lado del ascensor.

Tuvo la suerte de aparcar frente a su portal. Estaba deseando deshacerse de los vaqueros. ¿Sería posible que en tan poco tiempo ya le apretasen tanto? Debería de empezar a usar tejidos elásticos, estaba demasiado molesta. Hace unos meses había guardado en uno de sus armarios altos, un par de pantalones que le quedaban algo grandes… Quizás era el momento de recuperarlos.

Abrió la puerta de su apartamento pensando en Castle. Había asegurado que iría a cenar a su casa. ¿Se quedaría también a dormir como la noche anterior? Una pequeña sacudida invadió su estómago haciéndola sonreír tontamente, hacía mucho tiempo que no sentía ese tipo de sensación con nadie.

Fue hasta su habitación, desnudándose rápidamente y metiéndose bajo la ducha. Apoyó su frente en las baldosas dejando que el agua, demasiado caliente, resbalase por su espalda y la relajase. Cerró los ojos durante unos instantes, disfrutando de la agradable sensación, y cuando los abrió un par de minutos después, tuvo que sujetarse a las paredes, estaba siendo víctima de un mareo, notando como su visión iba nublándose poco a poco y sus piernas no la sujetaban. Cerró el grifo y salió de la ducha envolviéndose en su albornoz. Se sentó sobre el inodoro y agachó la cabeza hasta la altura de sus piernas, intentando no entrar en pánico y normalizar su respiración.

Después de unos minutos, fue reincorporándose. Su cuerpo estaba frío por el contacto con el albornoz mojado, se puso en pie despacio, tanteando su estado y comenzó a andar hasta su habitación, tiritaba de frío. Se puso rápidamente el pijama y se acercó hasta el radiador de la calefacción. Frotó repetidamente sus manos junto al aparato, hasta que éstas volvieron a su temperatura habitual, al igual que el resto de su cuerpo. Pensó que más tarde debería llamar a Lanie para saber si aquello era algo normal o si debía preocuparse.

Miró su reloj. Eran casi las ocho y media. ¿A qué hora iría Castle? Decidió que mientras esperaba, podría buscar donde había guardado aquellos pantalones. Fue hasta la cocina, y cogió un taburete plegable que solía utilizar cuando necesitaba hacer cambios en los armarios. Se subió en el taburete y comenzó a buscar entre las cajas y bolsas de ordenación que tenía allí guardadas. No recordaba en cual de ellas había puesto lo que buscaba y tendría que ir bajando una a una hasta que diese con la correcta.

Iba por la tercera caja cuando recordó de manera fotográfica, la bolsa en la que había guardado aquellos pantalones. Se puso de puntillas intentando divisar la totalidad del interior y allí, al fondo a la derecha, encontró lo que buscaba. Alargó su brazo intentando alcanzar su objetivo y en aquel momento el timbre de su puerta sonó.

Pegó un pequeño respingo asustada pero inmediatamente cambió esa impresión al recordar que al otro lado de la puerta estaría sin duda Castle.

Bajó de inmediato del taburete y se dio prisa en llegar hasta la puerta, esquivando las cajas que había bajado, y abriendo de inmediato.

Y allí estaba él. Mirándola con una sonrisa, despidiendo su particular olor mezcla entre aftershave y colonia.

- ¿Puedo pasar? – preguntó tras unos instantes en los que Kate no había reaccionado.

- Sí. Sí, claro – dijo haciéndose a un lado – pasa.

- ¿Tienes preparada la mesa?

- ¿Cómo?

- ¡Vamos Beckett! ¿Sabías que vendría a cenar y no tienes preparada la mesa?

- Lo siento – dijo algo avergonzada – Yo… Estaba buscando algo y…

- Te lo decía en broma, tranquila… - le dijo él comprobando su reacción – Será mejor que deje esto en la cocina mientras tanto.

- Termino en dos minutos y estoy contigo – aseguró ella señalándole la cocina y dándose la vuelta para volver a su armario.

Se subió de nuevo en el taburete, estirándose lo máximo posible para alcanzar la bolsa, que tal y como Murphy diría, siempre estaba un centímetro más alejada de lo debido…

- ¿Quieres que te ayude? – preguntó Castle asomándose por la puerta.

- Casi la tengo – respondió ella con voz de esfuerzo.

- Será mejor que me dejes a mí – dijo acercándose por su espalda.

- No hace falta, ya casi…

Kate rozaba con las yemas de sus dedos la bolsa, hizo un último esfuerzo, alzándose un poco más sobre los dedos de sus pies y consiguió atraparla haciendo pinza con sus dedos la bolsa y tirando de ella.

Castle se acercó más aún, nervioso pensando que podía hacerse daño. En ese mismo momento, y por el movimiento de Kate, el taburete se asentó totalmente sobre su engranaje, provocando un leve movimiento hacía abajo que hizo perder momentáneamente el equilibrio de la detective que movió su brazo libre por el aire intentando a la desesperada aferrarse a algún sitio para no caerse. Por suerte y para su sorpresa, Castle, que estaba demasiado cerca, logró recogerla en sus brazos cuando ella, caía irremediablemente.

- Te dije que deberías dejarme a mi… ¿Estás bien? – preguntó Castle mirándola serio a los ojos – Estás pálida.

- Sí… Estoy bien… - contestó ella intimidada por la cercanía de su cuerpo con el del escritor al que había rodeado con uno de sus brazos por el cuello y cuya cara estaba casi pegada a la de ella – Ha debido ser un pequeño mareo, como el de antes.

- ¿El de antes? – preguntó él sin moverse.

- En la ducha… Me maree.

- ¿Y tu médico no te ha dicho que no deberías tomar baños demasiado calientes? – preguntó él en voz baja.

- No.

- Pues deberías cambiar de médico – dijo algo preocupado.

- Es una buena amiga de Lanie, mañana hablaré con ella.

Castle la sostuvo en sus brazos durante esa conversación, paladeando la situación de la que sin duda disfrutaba. Miró sus labios, tan cercanos que podía notar en su piel el leve jadeo que ella emitía, motivado por el susto que acababa de llevarse. Castle deseó hacerse con esa boca, atraparla entre la suya y dar rienda suelta a tantos años de contención, y sin pensarlo realmente movió lentamente su cabeza acercándose unos milímetros más a ella. Deseaba besarla, y lo deseaba más que nada en ese mundo.

Kate notaba su corazón acelerado a la máxima potencia, le tenía tan cerca que podía notar su aliento con olor a chicle de frutas. Bajó su mirada para buscar sus labios, casi poniéndose bizca al hacerlo. Notó como él se acercaba un poco más, su corazón se aceleró aún más "Bésame, idiota" pensó de inmediato.

Y como si Castle hubiese oído su pensamiento, terminó de acercarse a sus labios, atrapándolos con suavidad entre los suyos, despacio, como si en vez de besar piel a piel, el contacto fuese entre finísimos cristales tan frágiles que cualquier movimiento brusco pudiese resquebrajarlos y convertirlos en mil pedazos.

Ambos se quedaron inmóviles, sin tomar el control, esperando el paso del otro para no despegarse jamás. Pero ninguno de los dos se dio cuenta que el otro esperaba respuesta.

Fue entonces cuando Castle separó su boca, confuso y avergonzado por su propio atrevimiento. Ella no le había correspondido al beso.

- Lo siento – atinó a susurrar mientras lentamente la ayudaba a ponerse en pie.

- Castle… Yo…

- Lo siento Kate, no quería incomodarte…

Kate no movió su brazo, que seguía tras el cuello del escritor. ¿Por qué no lo había profundizado? Ella sabía como besaba Castle, únicamente se habían besado una vez, pero desde luego no fue como ese soso y frío beso.

- No… - contestó bajando la mirada y retirando su brazo - No lo has hecho – dijo ella tan bajito que supo de inmediato que él no había llegado a oírlo.

Castle se subió sobre el taburete, alcanzando la bolsa que ella había movido y colocando las cajas que desde abajo y en silencio Kate le entregó.

- Gracias – consiguió decir tras unos segundos.

- Para eso estoy aquí – contestó él con un deje de tristeza – para ayudarte en todo lo que necesites.

Kate llevó la bolsa a su habitación mientras Castle plegaba de nuevo el taburete y volvía a la cocina.

Cuando Kate entró, le encontró de espaldas sacando envases de comida de las bolsas que había traído.

- ¿Te gusta la sopa de tomate y un buen pescado al horno? – preguntó él al advertir su presencia pero sin darse la vuelta para evitar su mirada.

- Sí. Claro que me gusta. Será mejor que prepare la mesa – aseguró.

- Me alegro que te guste. Vas a comer todo lo que te ponga detective.

Castle continuó con sus preparativos. Tenía miedo de haber ido demasiado lejos con ese beso, tan sólo habían pasado veinticuatro horas desde que ella le había confesado su situación, y él se había lanzado a besarla en cuanto pudo, sin pensar en más. Estaba claro que a ella no le había gustado, de lo contrario, le habría correspondido. Ya lo hizo aquella noche cuando, aún no sabía si ambos fingían o no, se besaron delante de aquel tipo para distraer su atención. Tenía que ir con cuidado. Lo único que faltaba ahora, es que ella, se asustase pensando que se estaba aprovechando de su indefensión y su soledad en ese momento tan crítico de su vida. Como le gustaría que ella no fuese tan cerrada y se abriese a él, le contase a qué tenía tanto miedo y le dejase entrar y quedarse para siempre en su vida, con ella, junto a ese niño.

Kate, entraba y salía de la cocina, llevando platos, vasos y cubiertos a la sala. No podía dejar de pensar en el beso. Él… ¡La había besado! Aunque fue un beso demasiado rápido, pero… Había sido él… ¿Seguiría sintiendo lo que había dicho cuando la dispararon? Como le gustaría haber continuado pegada a sus labios, pero la sorpresa impidió que reaccionase a tiempo y cuando quiso darse cuenta, Castle ya estaba pidiendo disculpas. ¿Por qué tenía que ser tan cortés? ¿Por qué iba con tanto cuidado con ella? Cuando apareció incordiando por comisaría era mucho más caradura y sinvergüenza, y ahora… Ahora era noble, honrado y leal, y aunque a ella le encantaba, hubiese deseado que él fuese un poco más granuja y la hubiera besado hasta dejarla sin aliento. Kate negó con la cabeza. Era por el bebé. Era de Josh y Castle no aceptaría cargar con el hijo de otro.

Castle terminó de calentar la comida y la llevó a la sala, pidiendo a Kate que se sentase para servir él.

- No puedes ponerme tanto – suplicó Kate mirando su plato – es imposible que me quepa todo esto.

- Empieza a comer y discutiremos la cantidad después de que lo pruebes – aseguró él.

- ¿Lo has preparado tú? – preguntó curiosa Kate - ¿No tenías que escribir?

- He hecho ambas cosas detective, tengo una mancha de tomate en la pantalla que lo prueba – aseveró provocando la sonrisa de ella.

Poco a poco, mientras ambos cenaban, fueron relajándose, hablando distendidos sobre el caso sin resolver que revisaban en comisaría. Ninguno de los dos hizo alusión al beso. Quedaría como tema tabú, al igual que quedó el anterior.

Después de que ambos terminasen y tras hacer un pequeño silencio entre ellos, Kate, suspiró.

- Mañana hablaré con Gates y se lo contaré.

Castle dejó de mirar su plato para mirarla a ella.

- Me alegra oír eso – le dijo con media sonrisa.

- No puedo arriesgarme a volver a marearme y…

- Cierto.

- ¿Por qué tiene que ser todo tan complicado? Acabo de volver y esto…

- La vida tiene que ser complicada para que sepamos valorarla – meditó él en voz alta mientras se ponía de pie y comenzaba a retirar los platos.

Kate hizo ademán de levantarse, pero él se lo impidió.

- He venido para algo más que asegurarme que cenabas – le dijo con determinación

- Te robo demasiado tiempo Castle…

- Ve a lavarte los dientes y metete en la cama mientras yo recojo esto.

- Castle…

- ¿Si? – preguntó junto a la puerta de la cocina con un plato en cada mano.

- ¿Vas a marcharte?

- ¿Quieres que lo haga?

Kate negó con la cabeza, incapaz de articular una palabra por miedo a no decir lo que quería.

- Bien… Porque he traído mi portátil – declaró señalando con la cabeza un maletín junto a la puerta de la entrada – y pienso aprovechar para escribir mientras duermes… En mi casa hay demasiadas distracciones y tu tienes que dormir más de ocho horas – dijo consultando su reloj – y si te metes en la cama ahora puedes conseguir incluso un par de horas más.

Kate sonrió, él iba a quedarse, y se puso en pie despacio, temiendo todavía volver a marearse. Se encaminó hasta el baño y se cepilló los dientes mientras oía a lo lejos trastear al escritor en su cocina. Su corazón volvió a latir con rapidez. ¡Qué fácil sería acostumbrarse a esa vida! Alguien cuidando de ella… No tenía esa sensación desde que vivía en casa con sus padres. Cuanto había cambiado su vida desde entonces y que sola había estado sin darse cuenta. Pero ahora, pensó mientras acariciaba su tripa, todo iba a cambiar de nuevo, y en unos meses tendría que ser ella quien cuidase de alguien, tenía que ser fuerte porque no iba a ser fácil.

Varios minutos después salió del baño y fue hasta la cocina, Castle casi había acabado de fregar y recoger todo.

- ¿Vas a meterte en la cama de una vez? – preguntó al verla.

- ¿De verdad no te importa quedarte?

- ¿Y tener un lugar tranquilo donde escribir sin oír los gritos de mi madre ensayando o volver a oír todo lo que ha hecho Alexis hoy mientras lo revive con sus amigas por teléfono? ¿Bromeas?

- Voy a la cama.

- Avísame si necesitas algo.

Castle sonrió. Después de su atrevimiento con el beso, pensó que ella le pediría que se marchase. Terminó de recoger la cocina, revisó la sala y paso al baño para cepillarse los dientes. Llevó su portátil a la habitación que había ocupado la noche anterior y comenzó a desnudarse, volviendo a utilizar la camiseta que Kate le había dado. Antes de meterse en la cama, preparó su portátil y se acercó hasta la puerta que le separaba de la habitación de Kate y llamando levemente con los nudillos la abrió.

- ¿Va todo bien? – preguntó casi en un susurro.

- Sí.

- Estaré aquí al lado. Descansa – dijo mientras cerraba la puerta.

- ¡Castle!

- ¿Qué?

- No cierres por favor.

- Te molestará la luz… Voy a escribir…

- No la cierres del todo.

- Como quieras.

Castle entornó la puerta y se metió en la cama, apagó la luz y decidió escribir con el reflejo de la pantalla de su portátil, intentando molestar lo menos posible y comenzó a escribir.

Kate tenía los ojos abiertos. Oía las pulsaciones del teclado del escritor, sonrió al imaginar sus caras de concentración mientras lo hacía. Podía oír como escribía algún párrafo seguido, con rapidez, para acto seguido notar como utilizaba la tecla de borrado, se paraba, sin duda pensando en la siguiente frase, o en que palabra debía buscar, y de nuevo, tras unos segundos comenzaba el golpeteo frenético de teclas, interrumpido de vez en cuando por un golpeteo monótono, sin duda causado por la tecla de corrección, tras detectar un fallo. Y con ese lejano ruido, que le pareció adorable, comenzó a relajarse y abandonar su mente al sueño.

Castle paraba de escribir durante unos segundos para intentar escuchar su respiración. Pero no lo conseguía. Quizá estaba molestándola demasiado con el ruido del portátil y no conseguía que ella durmiese. Después de una hora, decidió levantarse y comprobar si ella aún estaba despierta. Se asomó con cuidado a la puerta y se paró a escuchar. Le costó un poco, pues su propio corazón sonaba tan fuerte que no le dejaba oír más allá, pero sí. Sí. Ella dormía. Volvió a su portátil y siguió escribiendo. Llevaba un capítulo casi completo, sin duda su cercanía le ayudaba, porque las palabras parecían escribirse como por arte de magia.

No supo en que momento se había quedado dormido, pero al notar como su portátil se deslizaba bajo sus manos le hizo despertarse de golpe y ponerse en alerta para intentar agarrarlo y que no se le cayese al suelo. En ese momento, al abrir los ojos, la vio frente a él, cogiendo su portátil para dejarlo sobre la mesa.

- ¡Kate!

- No puedo dormir – dijo bajito.

- ¿Un mal sueño? – preguntó y ella asintió – Ven aquí – dijo mientras se movía de lado y retiraba el edredón invitándola a entrar en su cama.

Kate se apresuró a entrar en la cama y volvió a darle la espalda como la noche anterior. Castle sonrió y se pegó a su cuerpo, tapando a ambos y abrazándola. Sintió el frio de su piel, y llevó sus pies hasta juntarse con los de ella, intentando traspasarles algo de su calor.

- ¿Cuánto tiempo has estado fuera de la cama? – preguntó él.

- No quería despertarte.

- La próxima vez lo haces, no quiero que enfermes – le dijo apretándola más contra él para intentar que entrase en calor lo antes posible.

Kate se acurrucó entre sus brazos, sonriendo por la frase... "La próxima vez" y tras varios minutos se quedó completamente dormida.

Castle poco a poco sintió como su cuerpo dejaba de temblar y su respiración se acompasaba. No podía dejar de sonreír. No creía en su buena suerte. Dos días seguidos durmiendo con la mujer de la que estaba enamorado entre sus brazos.

Ninguno de los dos se despertó el resto de la noche y por la mañana, cuando el despertador de Kate comenzó a sonar en la habitación contigua, Castle abrió los ojos, intentando acordarse en donde había dejado el despertador para apagarlo. Entonces se dio cuenta, él había dormido boca abajo y había utilizado el pecho de Kate como almohada, levantó deprisa su cabeza, para no incomodar a la detective por la situación y fue entonces cuando advirtió que los dedos de Kate estaban enredados en su pelo. Sus miradas se cruzaron y ambos se quedaron inmóviles, conectados por sus ojos y a escasos centímetros uno del otro.

Entonces fue ella quién dio el paso, cerrando despacio la distancia entre ambos y juntando suavemente sus labios con los de él, en un beso rápido y tímido que no hizo más que dejarle confundido mientras ella se escabullía con habilidad de la cama sin decir ni una palabra e iba corriendo a su habitación para apagar la dichosa alarma.

Castle se giró sobre su cuerpo quedándose boca arriba, llevándose los dedos a los labios mientras escuchaba a Kate entrar al baño y abrir el grifo de la ducha.

El escritor se levantó rápidamente para preparar, como el día anterior, el desayuno de su amada, y cuando ella quiso salir del baño, él la esperaba en la cocina con su mejor sonrisa, un zumo, fruta troceada, un bol de cereales y vitaminas que debía tomar.

- ¡No puedo comer tanto! – protestó al ver los platos.

- Yo te ayudaré – concedió él sabiendo que era demasiado.

Como el día anterior, cuando ella fue a secarse el pelo, él recogió e hizo las camas, y cuando Kate estuvo preparada, Castle entró al baño para lavarse la cara. Entonces, ella que estaba en la sala viendo las noticias mientras le esperaba, dio un pequeño grito.

- ¡Castle!

- ¿Qué ocurre? – preguntó él asustado entrando a la sala y viendo como ella señalaba la televisión.

Castle se fijó en la imagen y escuchó atento…

- Por el momento se desconoce si ha existido algún tipo de dialogo – explicaba la locutora – entre el gobierno etíope y la guerrilla autora del secuestro de los dos cooperantes estadounidenses. La información de la que dispone el embajador en ese país, es que ambos secuestrados están en perfecto estado físico, si bien no ha podido dar más detalles sobre las condiciones de los secuestradores para la liberación de los doctores Michael Anderson y Joshua Davidson.

Se acercó a Kate y la abrazó con fuerza.

- Lo siento – dijo después de unos segundos.

- Él ya no estaba aquí, Castle – dijo ella hundiéndose en sus brazos.

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GRACIAS por leer hasta aquí. Espero no defraudar a nadie.