Capítulo 7: 'Niveles de magia'
Los pasos se apaciguaron casi de improvisto. Los ojos fulminantes de la castaña los escrutaron como si acabaran de preguntar algo prohibido o sumamente estúpido. Harry estuvo casi seguro que Ron se hundió de hombros mostrando que en realidad no había mentido.
-Es tan claro que son hombres – murmuró más para sí misma Hermione y cuando ellos iban a replicar que sí lo eran, ella se les apresuró – No saben nada que la magia funciona muy distinto en el cuerpo de la mujer.
-¿Qué tiene que ver que mi hermana nos obligue a hacer esto? – preguntó Ron mirando casi con odio la gran bandeja con un exquisito plato de pollo salteado con arvejas y arroz. Había un gran vaso con zumo de calabaza, un pocillo lleno de galletas y helado, unos dulces, un pedazo de chocolate, que llevaba en sus manos con cuidado de no poder el equilibro – Su maldita pierna pudo ser reparada por una poción y no seríamos sus esclavos.
-No exageraría tanto – convino Harry ganándose una fulminante mirada de su amigo.
-Es por eso que dije que las mujeres somos distintas – repitió con aprehensión – Los niveles de magia en los hombres siempre es estable, por lo que pueden recibir encantamiento, hechizos y pociones en cualquier día de sus vidas.
Al parecer ellos no habían captado a qué quería llegar, y suspiró pensando que no tendría que explicarles el ciclo básico de magia en el cuerpo de las brujas. Era elemental para cualquier mago saberlo. ¿Acaso no habían tenido clases de… educación sexual?
-En cambio, las mujeres no somos planas en nuestra magia – continuó mirándolos turnadamente – El cuerpo de las mujeres está capacitado para tener hijos. Y el proceso biológico es que… - Se sonrojó avergonzada por tener que hablar de ese tema con ellos. En especial, con su novio – Tiene ciclos. Tiene una etapa en donde ovula… Es cuando tiene un pequeño huevo para que el hombre pueda fecundarlo con su huevo – le dijo a Ron al ver su cara de duda – En esa etapa es cuando la mujer tiene menos magia de lo habitual, para que pueda embarazarse necesita bajar sus niveles – Se aclaró la garganta y se dio cuenta que no era tan difícil como esperaba – Luego viene un tiempo de infertilidad, si es óvulo no es fecundado, donde su magia es normal. Y finalmente, viene cuando debe… desechar de su cuerpo el óvulo no fecundado junto con el endometrio que se había preparado para recibir al embrión. Oh, Ron, el cuerpo de las mujeres prepara como un nido para que el bebé pueda estar en el útero. Si no hay bebé, el nido debe desaparecer – explicó torciendo los ojos, por lo que no puedo ver la sonrisita socarrona de Harry – El cuerpo también se preparó mágicamente. Tuvo que contener su magia, bajar los niveles; y después de todos esos días tiene que liberarse…
-¿Sus niveles de magia son más altos de lo normal? – inquirió Harry viendo adónde iba su amiga con esa explicación.
-Exacto – apremió al muchacho con una mirada como si hubiera sido afortunada por un milagro, aunque de cierta forma lo era. Al menos Harry entendía, pensó la castaña antes de seguir – Sus niveles de magia son exorbitantes. Es cuando pueden hacer los mayores hechizos sin ningún esfuerzo; si presentan emociones tan fuertes como el enojo, la pena o la alegría expresan magia sin varita con mayor facilidad. Su magia no es estable. Por lo que no hay que tener cuidado.
-¿Adónde quieres llegar con toda esta interesante charla? – le preguntó su novio con una voz tan ronca y asustada que daba risa.
Hermione le miró con una sonrisita.
-Cuando las mujeres están en los últimos días se su ciclo, no hay que administrarle ninguna poción o hechizo o encantamiento por ningún motivo. Hay pocas pociones que pueden ser administradas en ellas, pero recientemente se investigan en nuevas fórmulas para no involucrar el nivel de magia – dijo sintiéndose rara al hablar de las mujeres en tercera persona como si ella no fuera una.
-¡Es por eso que tiene que dejar su pierna inmóvil a lo muggle! – exclamó el pelirrojo.
-Bingo – asintió Harry.
Sólo Harry pudo ver la mirada burlona que les dirigía su amiga antes de seguir subiendo la escalera. Agarró con un poco más de fuerza los libros que traía y siguió a paso lento a Ron.
La puerta ya tan conocida para Harry se encontraba cerrada. Hermione llamó sin esperar a que pudiera formular cualquier pensamiento y escucharon como la suave y melodiosa voz de Ginny los invitaba a pasar. Él sabía perfectamente que su voz se oía tan alegre porque estaba disfrutando su venganza.
-Oh, delicioso – se limitó a decir mientras se acomodaba en la cama – La verdad es que me moría de hambre…
-Aquí tienes – dijo Ron dejándole la bandeja encima de sus extendidas piernas y ella torció la boca.
-Perdón, Ron… ¿cómo debías decirme?
-Aquí tiene, su majestad – repuso el pelirrojo conteniendo todas las ganas de contestarle una pesadez. Esas ganas no pasaron desapercibidas por Ginny y ésta comenzó a reír encantada.
-Su majestad, he aquí sus libros – anunció Harry previniendo no hacerla enfadar y rodeó la cama para dejárselos en la mesita de noche.
-Genial. Por fin terminé los deberes de la escuela y ahora me queda demasiado tiempo libre, por lo que necesito entretenerme – Miró fijamente a los ojos verdes del chico, y los abrió de una forma muy victimaria. Funcionó su maniobra de hacerle sentir culpa – Bien. Mientras almuerzo, me gustaría que limpiaran mi escoba y la enceraran. Debe estar un desastre.
-Estoy cansado – replicó Ron fastidiado. Harry le dio un golpe en las costillas enojado y él sólo murmuró – Lo siento, mierda.
-También se han ganado una larga visita a la bodega para buscar aquellas pinturas que deben estar en alguna caja olvidaba por allí. ¿Te acuerdas de ésas con ponys, unicornios y hadas? – preguntó observando a su hermano con una gran sonrisa malévola – Me encantaría verlas de nuevo. Para recordar mis pinturas de hace casi quince años.
-Vamos – anunció sin muchas ganas Ron dirigiéndose a la puerta.
-Espera – Harry se dio inmediatamente vuelta, pero vio que Ginny se dirigía a Hermione – Quiero hablar contigo. Y a solas – agregó haciendo alusión a su hermano y Harry.
Hermione esbozó una pequeña sonrisa de suficiencia y Ginny sólo asintió. A Harry le hubiera gustado quedarse un poco más, u oír detrás de la puerta lo que hablarían, pero Ron parecía absorto en la idea de pasarse todo el día cumpliendo las estúpidas órdenes de su hermana, por lo que le tomó el brazo a su amigo, y salieron con rapidez y sin chistar.
Se llevó un trozo de pollo a la boca y lo disfrutó mientras Hermione se dirigía a su cama.
-Debo felicitarte por usar tus cartas tan bien – admitió la castaña recostándose con elegancia.
-A todos podría engañar menos a ti – dijo antes de probar el arroz. Se demoró un par de segundos antes de tragar y poder hablar – Sabes demasiado de mí.
-No has sido muy reservada cuando estás en aquellos días, así que ésta vez no me hayas tapizado el día con quejidos fue una gran pista.
-¿Les dijiste a ellos? – Un brillo se asomó por sus cobijadores ojos castaños.
-La mitad de la verdad. Expliqué todo lo de los niveles de magia en la mujer… Pero no dije que tú estuvieras viviendo ese momento en particular – contestó soportando una carcajada. Vio como Ginny comía tranquila y se atrevió a preguntar - ¿Me disculpas por haber ayudado a Harry en su idea?
-Supongo que él te insistió en que lo ayudarás – dijo en tono un poco cortante.
-Estaba al tanto de tu miedo a la oscuridad, pero no que fuera una fobia… - se excusó apenada.
Entró una suave brisa haciendo que unas campanas de viento que colgaban en la parte superior de la ventana se movieran provocando un sonido muy relajante. Ginny tomó su cabello alborotado y lo enrolló para que pudiera seguir comiendo sin problemas. Vio a su amiga con una pequeña sonrisa triste y se alzó de hombros, dándole a entender que no quería hablar del tema de su fobia. Era demasiado intenso y no quería ponerse de mal humor.
La castaña bostezó sonoramente. Habían dormido bastante tarde después de la caída de Ginny. Alrededor de las tres de la madrigada pudieron ir a dormir, ya que los señores Weasley se tragaron a la perfección la actuación teatral de la herida.
-Necesito que me hagas un gran favor – dijo Ginny dejando el plato vacío y vio con ojos brillantes el pocillo con galletas y helado – No aguanto estas tabillas y vendas muggles…
-Supuestamente estás esquinzada… Bien, lo estás – corrigió al ver la mirada que le dirigía – Y no puedes beber ninguna poción porque tu nivel de magia es inestable.
-Vale, lo entiendo. Pero tengo otro plan mejor – Sonrió inocentemente – Me das la poción para reparar ligamentos y músculos, me recupero, me saco esta mierda y después me arreglas sólo con vendas bastante sueltas para que pareciera que aún sigo sin poder caminar.
Abrió los ojos impresionada por la rapidez para pensar de ella. Sin evitarlo dejó salir una carcajada divertida.
-Eres brillante – le dijo poniéndose de pie - ¿Si traigo la poción y le ayudo, me releva de mis funciones como esclava, su majestad?
-Sí… y hasta podrías molestar a Ron y Harry. Podría hacerte mi condesa o duquesa.
-Siempre quise tener esclavos – murmuró desperezándose antes de ir a la cocina y buscar en el botiquín de los Weasley la poción.
OoOoO
No se había dado cuenta de cuán culpable se sentía al estar con Ron. Era casi un milagro –o el mayor milagro de Merlín después de la muerte de Voldemort- que su amigo participara en el estúpido y retorcido plan de la noche de terror. Pensaba seriamente que Hermione había usado el Imperio o un tipo de amenazas bastante convincentes para que decidiera ayudar sin traerle mayores problemas. Ron era un amigo que confiaba sin límites cuando sentía que se era honesto con él, y aquello era lo que más molestaba a Harry en ese minuto.
Había valorado la característica de entrega de Ron desde que lo conoció cuando niño. Le creía hasta cuando eran situaciones imposibles y en contra de toda la lógica, había decidido ayudarlo sin pensarlo dos veces. Aunque temiera que era una locura, lo apoyaba. Pero ahora era distinto. Sentía que de cierta forma se había aprovechado de la entrega de su amigo para fines poco sanos e inocentes… Estaba seguro que él veía en todo ese loco plan una forma de molestar a Ginny y darle un empujoncito para estar con ella. Dentro de todas sus bromas y sus advertencias de no acercarse a su hermana, temía que era una simple manera de llamar la atención o pasar el tiempo. Ron confiaba en él y en su maldito plan.
-Me encantaría lanzarle todas estas pinturas en la cabeza para ver si su locura es genética – musitó Ron sacando de sus pensamientos a Harry. El pelirrojo juntó un par de pinturas donde el color rosa y celeste predominaba en demasía – Niñita malcriada.
Hizo una mueca extraña y sus cejas se enarcaron de tal forma que se podían esconder en la melena pelirroja.
-Y más encima está en sus… días – continuó hablando vagamente, como si refunfuñar le sirviera para hacer su labor más rápida y llevadera – Podría estar sana y con el tobillo bueno si… no estuviera… en esas condiciones.
Suspiró tratando de olvidar se aquel sentimiento de culpabilidad. Se prometió a sí mismo no involucrar más a Ron en sus fines estúpidos. Él era el que tenía que pelear para estar con Ginny. Incluso Hermione se veía envuelta en sus locuras más de lo que debería… Tenía que pensar mejor sus próximos movimientos.
Las pinturas que Ginny les había pedido, eran de cuando era pequeña. Ron le había contado camino al garaje que las sacó cuando tenía once años diciendo que era ya una niña escolar, ya que iba a Hogwarts, por lo que no podía seguir con aquellos coloridos cuadros de delfines y unicornios que jugaban con hadas decorando sus paredes.
-Esto lo hace sólo para fastidiar – Ron por fin habló en voz alta y muy dura - ¿Crees que de verdad quiere estos monitos afeminados en su cuarto? – preguntó señalando con obvio rechazo a la pintura en donde un hada de alas moradas iba corriendo junto a un pony amarillo.
-Bueno, por mi culpa quedó en ese estado… Creo que los quiere simplemente para fastidiarme a mí – dijo con una voz ahogada.
-Y de paso a mí.
-Al menos terminaste de sacar las pinturas… Todavía me queda arreglar la cola de la escoba – Harry le dirigió una poco alentadora mirada a la escoba que tenía en sus manos. El mango estaba casi en su totalidad encerado y reluciente, pero la cola de la escoba era un desastre. Faltaba cortar algunos hilillos de paja, lo que era una tarea nada fácil – Si quieres puedes irte – le sugirió.
-No te preocupes, me quedaré – Se apoyó en unos baúles y se cruzó de brazos – Ni loco subo a ver a la chiflada de mi hermana solo…
-Me pregunto si Hermione estaría feliz de oírte tan cobarde – comentó riendo.
Los pasos se los sabía de memoria. Dejar impecable una escoba era casi una de sus mayores habilidades, según él. Había recibido un libro excepcional para hacerlo y había experimentado con casi todas las escobas de su equipo de Quidditch, por lo que cada movimiento era más mecánico y casi no pensaba cuando dejaba de limpiar el mango por última vez y sacaba su varita para cortar los hilillos de paja de la cola. Casi siempre podía mantener toda su mente en otra parte más que en su tarea de mantener una escoba.
-¿Y cómo van Hermione y tú? – preguntó casi por sacar un tema a colación, ya que si no tenía la idea que su culpabilidad volviera con mayor intensidad.
Se escuchó un sonido seco y fuerte. Levantó la vista de la escoba para encontrarse que el baúl en donde Ron apoyaba la espalda, estaba casi cayendo de la mesa donde se encontraba y debido a eso, unas cuentas cajas habían ido a parar directamente al suelo sin piedad.
-Mierda – susurró Ron girándose rápidamente para recoger las cajas y así esconder el enorme rubor de sus mejillas.
La verdad es que él mismo se estaba haciendo la misma pregunta desde hace algunas horas. Con Hermione iban… a un lugar que él desconocía en su totalidad. No iban mal, pero no era normal la incertidumbre que sentía. La amaba muchísimo. Estar lejos de ella por mucho tiempo no era nada agradable y podía pasar horas simplemente escuchándola hablar sobre libros de los que jamás se interesaría en leer, sólo escucharlos con su voz potente. Y estaba seguro que su relación había avanzado más allá de lo que había planeado en un principio. En pocas semanas ya sentía que llevaban años saliendo y que quería más. No en el sentido de pasar más tiempo con ella o besarla más, porque el tiempo que pasaban juntos era suficiente para mantener un equilibrio en sus vidas; pero tenía el extraño sentimiento de querer… o más bien, desearla más.
De antemano fue recogiendo cada caja con sumo cuidado y las dejaba en la esquina libre de la mesa como si tuviera toda la vida en ella. Esperó unos segundos para asegurarse que su garganta no iría a arruinar lo que le diría a Harry.
-Bien – dijo tan atropelladamente, que se notaba a leguas que era mentira. Ron pudo incluso sentir la mirada extrañada de su amigo quemándole la espalda por su actitud tan nerviosa para responder algo que debería ser simple – Muy bien – Se atrevió a decir para salvar la situación, pero su voz sonó débil.
-Er… ¿Seguro? – preguntó Harry alejando su varita de la cola de la escoba sin percatarse que sus cejas se arquearon de incredulidad. Su amigo actuaba demasiado raro. ¿Acaso ocultaba algo?
Lo que le atemorizaba era que el desearla era en todo su significado literal. Desde que había tenido todo el revuelo hormonal de la pubertad, sí había visto el cuerpo de Hermione; y desde que salían juntos, también. En su mente ya se habían compuesto historias demasiado buenas y nada inocentes en diversas ocasiones. Y eran tantas, que ya estaba aburrido que fueran sólo imaginaciones. Quería… que fueran… un poco más vívidas.
En el fondo sabía que aquella etapa de su vida iba a llegar, pero no tan pronto. Se sentía torpe y perdido. No sabía en realidad si sus deseos fueran aceptados por Hermione o si incluso ella misma se había preguntado lo mismo.
Se giró enfrentando la extraña mirada de Harry. Podría haber dicho que sí fácilmente y no haber entrado en todo aquel drama existencial que no molestaba, pero no le urgía vivir ahora mismo. Hizo una mueca poco cómoda al plantearse la perspectiva de tener una charla de iniciación sexual con Harry. No sería para nada sano… Primero, su amigo no debía tener ni idea de eso porque estaba seguro que era virgen. Al menos físicamente virgen, porque de mente era obvio que no. Y segundo, porque si aceptaba que sentía lo mismo por su hermana, le rompía las costillas una por una y sin piedad. No sería sano para ninguno de los dos si tanteara el terreno para una conversación de ese tipo.
-Sí, Harry. Todo va bien con Hermione – dijo un poco más calmado y se sorprendió de oírse tan sincero. De hecho, ni le molestaba decirlo porque era verdad: Iba bien con Hermione -, estamos bien. Después de todo la amo – agregó sintiéndose extremadamente cómodo de declarar su total amor por su castaña.
El sonrojo en las mejillas de Harry hizo que riera pensando exactamente en lo que iba a decir.
-¡Qué asco, estás completamente colado por ella! – se quejó cerrando los ojos - ¡La verdad es que no quiero oír esas palabras, guárdalas para cuando estén en un motel!
-He tenido que soportar cómo miras a mi hermana – dijo cruzándose de brazos y alzó la barbilla con pose arrogante. Harry lo miró ya callado y serio – Es peor ver como te la comes con la mirada sin usar lenguaje verbal. Eso si que debería estar censurado.
Entre las nuevas carcajadas de los amigos, cada uno llegó a dos conclusiones después de sus divagaciones.
Ron supo que tendría que darle un poco más de importancia al tema y tendría que hablarlo, o al menos hacérselo saber a Hermione de alguna forma porque no podía ser que él sólo sufriera por un asunto tan… inevitable en la vida de cualquier ser humano.
Harry se decidió a hablar con Ginny con sinceridad. Dejaría de lado su actitud de bromista y la ironía la escondería para dar paso a su odiosa parte miserable que todavía existía en él. Quería pedirle disculpas y dejar en claro qué podía hacer para demostrarle que de verdad la quería.
-Será mejor que termines antes que "Su majestad" nos convierta en gusanos por huir de su aposento – dijo Ron tan convencido, que Harry asintió volviendo a poner atención a la antigua escoba entre sus manos.
OoOoO
Su tobillo ya no permanecía hinchado, ni con esa tonalidad rosácea que odiaba ni se doblaba solo al apoyarse en él antes de caminar. Le agradeció a Hermione por la poción y comenzó a dar unos saltitos en la habitación sintiendo como su sangre subía caliente hacia sus mejillas, brazos, cuello, incluso nariz. Estar casi un día sin experimentar el calor que daba la actividad física la hubiera matado. Menos mal que ahora estaba sana.
-¿Qué harás? – preguntó Hermione observándola divertida, pero muy seria. Ginny se dio cuenta que su amiga tenía un muy buen punto - ¿Seguirás haciéndote la enferma o te mostrarás sana a los demás?
-La verdad aún no logro descifrar qué sería lo indicado – dijo vagamente deteniéndose junto a la ventana.
-Sería extraño que pudieras haber tomado la poción si tu magia fuera inestable. Podríamos apelar a un milagro… - Se rió al ver la cara poco agradable de su amiga – Oye, no me mires así. Al fin y al cabo, un esquince en las mejores condiciones puede durar una semana, como mínimo. Incluso más semanas.
-Realmente odio que me hagan actuar de esta manera – musitó pensativa y chasqueó la lengua como si se le hubiera ocurrido algo – Me hacen actuar como una pobre dama herida – Se giró con tanta gracia, que Hermione se preguntó cómo podía ser tan femenina y tan armas de tomar a la vez - ¿Me ayudas a ponerme las vendas?
Mientras Hermione enrollaba varias veces la gasa blanca en el frágil tobillo de la pelirroja, acordaron decir que se había quitado las tablillas para inmovilizar debido a que hacía mucho calor y sudaba mucho en la zona del pie. Era fácil confabular una falsa historia para encubrir un hecho para ambas. Estaban muy habituadas a hacerlo desde que se habían hecho amigas hacía pocos años. Para escapar de sus hermanos, para salir sin que su madre molestara o leer novelas de corte romántico tan desbordado, que debían ocultar qué hacían en las tardes algunos veranos atrás. Les era casi familiar y divertido hacerlo, aunque Hermione siempre se sorprendía de la habilidad de mentir de Ginny. Estaba casi segura que era una mitómana, y no cualquiera, si no que la mayor mitómana de todo el mundo.
Por un momento se sintió realmente culpable por haber ocasionado que estuviera con el tobillo doblado. Jamás sabía que su simple miedo a la oscuridad era una fobia. Se había negado desde un principio a la idea de Harry porque tenía toda la idea que su amiga se pondría una fiera y su vida se vería en peligro por el poder vengativo de Ginny, pero si hubiera sabido que era fóbica a la oscuridad, nunca habría aceptado ayudar a Harry.
'¿Desde cuándo le tiene fobia a la oscuridad?' se preguntó antes de morderse la lengua para evitar materializar sus palabras en voz alta. Ginny parecía no querer hablar del tema. Una de las tantas cosas que había aprendido al poco tiempo de ser amiga de ella, era que tocar sus debilidades la fastidiaba. No le gustaba que la vieran débil ni dócil. Había escuchado muy pocas veces, y en los momentos de angustia de la pelirroja, sus historias de cómo enfrentaba sus miedos sin demostrarlos. Haber vivido entre hermanos hombres y ser la menor, la había hecho tener miedo de sus propias debilidades. Y estaba segura que si le preguntaba desde cuándo era fóbica a la oscuridad, podría exiliarla de su cuarto de por vida.
Tres golpecitos no muy rítmicos interrumpieron justo cuando Hermione amarraba la punta de la gasa, finalizando de poner una muy convincente venda en el tobillo de Ginny.
-Adelante – dijo Ginny tendiéndose en la cama y puso una cara abatida, dejando al olvido su gran sonrisa.
-Ya terminamos – Harry abrió la puerta, pero se quedó en el umbral doblado – Aquí traigo sus pinturas, su majestad – informó reincorporándose ya con las cuatro pinturas en sus manos.
-¿También mi escoba está lista, verdad? – preguntó sin moverse ni un poco de su posición.
-Sí… Su majestad.
-Genial.
Harry se quedó en medio del cuarto sin decir nada, pareciera que estuviera esperando instrucciones para hacer algo más. Sin embargo, Ginny fue la única que pudo ver que la mirada de él quería decirle algo más. Quería decirle algo que no podía decirlo en frente de Hermione, estaba segura.
-Hermione… ya eres libre – Ginny giró su rostro hacia su amiga y alzó las cejas sugestivamente – Estoy segura que mi hermano puede tener un descanso muy largo si quieres estar con él.
-No me complacería nada más – dijo lanzándole una extraña mirada a ambos. ¿Por qué iban a quedarse a solas cuando Ginny estaba realmente enfadada con él? – Nos vemos luego – se despidió antes de irse, cuidando de dejar la puerta cerrada.
-Supongo que no te quedarías aquí mirándome con aquella cara de pescado si no quisieras decirme algo – dijo la pelirroja usando un tono apagado y bastante frío.
-Supones bien…
Ver aquella pose tan tranquila y esa mirada tan penetrante, pero calmada a la vez hizo que sus venas se llenaran de rabia. Él era el culpable que hubiera pasado la peor noche de su vida. Entre sus peores momentos se encuentran el diario de Tom Riddle y la ida al ministerio en su cuarto año. Pero esto era… diferente. Una persona a quien quería mucho le había hecho pasar a propósito una noche donde tuvo que soportar su miedo a la oscuridad. ¿Y podía estar allí plantado en su cuarto sin siquiera un atisbo de culpa? Podía aceptar eso de su hermano, quien estaba segura que fue engañado para participar; y de Hermione, que se vio forzada a ayudarlo; pero… de Harry…
-Seré sincero – dijo después de aclarar su garganta y perforó con su mirada a la pelirroja – Ante nada, quiero pedirte disculpas por lo de la noche y por tu accidente. No tenía idea que le tenías fobia a la oscuridad, en serio – Su voz sonó decidida, pero a la vez tan suave como si no le costara para nada decir esas palabras. Estaba diciendo la verdad – Y también preguntarte qué es lo que quieres que haga.
La esencia, de un aroma a exquisita madera y tan varonil, invadió el cuarto haciendo que moviera la cabeza negativamente, tratando de mantenerse alerta. Realmente odiaba que su maldita mente adolescente estuviera tan feliz de tenerlo allí, de poder olerlo y hasta la posibilidad de tocarlo. Tenía que pensar con la mente fría.
Abrió la boca para contestarle, pero Harry se le adelantó. En el fondo sabía que lo atacaría y no le daría una respuesta satisfactoria, por lo que seguiría intentándolo. Merlín, tendría que hablar con sinceridad.
-No quiero hacerte daño – Hizo un movimiento lento y pausado, pero no dio un paso. Vio como la pelirroja se mordía los labios nerviosa – Si hubiera sabido que le tenías miedo a la oscuridad, créeme que jamás hubiera hecho aquella noche de terror y no estarías con el tobillo esquinzado.
-No se nota… - murmuró sentándose y se cruzó de brazos tratando que sus brazos firmes impidieran que su corazón latiera más rápido de lo que lo hacía en ese mismo instante.
-Lo sabes.
-Mira, muchas veces dudé si alguna vez sabías que existía. Y si de verdad me querías cuando terminaste conmigo. Así que, no lo sé – dijo a la defensiva.
Sus ojos verdes la hicieron removerse incómoda. No le había creído ninguna palabra y estaba bien, porque ni ella se las creía. Habían salido tan aterciopeladas y ágiles de sus labios como todas las mentiras que decía en su vida. Siempre se protegía y tenía miedo de seguir sufriendo. Le costaba aceptarlo, pero tenía que aceptar sus debilidades y… ser sincera de una vez por todas.
En el fondo, muy en el fondo, sabía que él había recurrido a planes desesperados porque ella le había dado una solución desesperada. En vez de flores, chocolates, un paseo por el bosque o una tarjeta con un dibujo de un oso; había preferido una noche de terror. Odiaba ese tipo de cosas, pero… no estaban tan mal. Quería originalidad, no las cursilerías de siempre. Quería ver que Harry hiciera algo por su propia cuenta y que ella lo disfrutara. Deseaba poder abrazarlo, poner sus dedos en su cabello, poder recorrer lentamente su espalda, darle cortos besos a la punta de su nariz e introducir su lengua en su boca. Sí, quería estar con él y ella con su estúpida actitud defensiva lo arruinaba. Ella misma se hacía más infeliz de lo que podría ser.
Suspiró hondamente y sonrió sintiendo como unas cosquillas se dirigían de su garganta hasta su nariz. Tenía que hablar con la verdad.
-Vale, me descubriste, estaba jugando el papel de la víctima – admitió mirándolo fijamente. Se alzó de hombros y Harry sólo asintió esperando a que continuara – Sé que no quieres hacerme daño, y yo tampoco te lo haría… aunque mucho de lo que hago te duela – Desvió su mirada hacia sus manos que jugaban nerviosas – Y muchas de mis actitudes son incomprensibles… Pero tienen fundamento, incluso las justifico: Todo lo que hago es porque te… quiero mucho – Maldijo mentalmente que su cara se haya tornado color tomate y continuó hablando – Ya hablamos del tema. De verdad me heriste y quería probarte, de cierta forma. Necesito que me demuestres de la manera más genuina que no nos haremos más daño de nuevo.
Se veía y oía hermosa, casi como un ángel. Parpadeó sorprendido de escuchar que su voz era libre de sarcasmo o de veneno, que la broma estaba lejos y que la frialdad se había ido. Su voz era melodiosa, se quebraba por decir lo que de verdad decía y era tan sincera que lo intoxicaba. Adoraba escucharla decir todo eso. Pudo sentir como su corazón daba un latido más fuerte cuando dijo que lo quería. Necesitaba oírlo. Necesitaba saber que todo lo que había estado haciendo no era sólo un juego ni pasatiempo de verano, si no que valía la pena.
De pronto se sintió como si fuera él mismo. Ya no jugaba el papel del chistoso, ni el planificador, ni el serio… Estaba siendo él. Y ella era su Ginny. La misma con quien pasaba tardes en el lago, la misma a la que besaba el los párpados, entrelazaban sus manos, recorría con su dedo su perfil, hablaba sobre cualquier tema, reía a carcajadas por sus ocurrencias, y la misma que le dijo que nunca se había rendido porque si era ella misma podría atraer su atención. Ella siempre atraía su atención, siendo ella misma o incluso el papel de calculadora e impenetrable.
-No sé cómo hacerlo. Es difícil… - dijo atreviéndose a caminar hacia la cama.
-Cuando dije que no quería cursilerías, me refería a que no quiero que me digas en las formas más típicas y aburridas que quieres estar conmigo – Cerró los ojos para evitar que más lágrimas se acumularan y cayeran. Sonrió pensando que siempre que hablaba de temas tan sensibles, se ponía llorona, y la ironía es que había aprendido a no llorar para evitar las burlas de sus hermanos – Dime de la forma que tú quieres, cómo tú quieras, a tu manera… No a la manera de películas de terror o salidas forzadas. Quiero ver al verdadero Harry convenciéndome de que si estoy con él… Bueno, digamos que me convenza por qué es la mejor opción que tengo – Lanzó una carcajada ahogada por sus esfuerzos de no llorar.
-Parece que no puedes dejar de bromear en cualquier momento – comentó llegando hasta su lado y se detuvo a contemplar como la luz del sol hacía que el pelo de Ginny se viera más rojo de lo normal - ¿Y a quién debo convencer?... ¿A ti o a la bromista Ginny o la vengativa?
-A todas – respondió abriendo los ojos y se tensó al notar lo cerca que estaba – Tienes que convencer a cada Ginny con tu última oportunidad.
-¿Me das alguna pista de lo que les gustaría que hiciera? – El aroma de flores inundó todos sus sentidos y se fue inclinando mientras pronunciaba cada palabra.
-Tienes que averiguarlo tú mismo y confiar en tus… habilidades – dijo perdiéndose en lo verde que eran los ojos del muchacho.
Pudo comprobar que sus pestañas largas estaban húmedas. Sus ojos estaban levemente rojos y aguados. Sus pecas seguían intactas en todas sus mejillas y parecían ser incluso más. Su nariz perfecta respiraba agitadamente. Sus labios se entreabrían sin siquiera darse cuenta y la cálida respiración de la muchacha lo golpeó como si no hubiera nada más que ella en el mundo.
Ginny dio un respingo al pensar hace cuánto que no estaban tan cerca y tan concientes de éste hecho. Estaba segura que si se acercaba un poco más, podría pegar su oreja en su pecho para poder oír los acelerados latidos de su corazón.
-Demuéstrame por qué eres mi única opción – dijo más para sí misma que para él. Se sorprendió de haberse dado cuenta que lo amaba de una forma insospechada. Harry era su gran amor, y de eso estaba segura – Mí única opción… - repitió bajando la voz al sentir como la mirada de Harry se centraba en el movimiento de sus labios.
Sin poder soportar más aquella tentación, acortó la distancia. Una corriente eléctrica recorrió el cuerpo de Harry al sentir que sus labios estaban unidos completamente. Había olvidado cuán suaves y exquisitos eran. La sensación de aturdimiento que tenía por todo el aroma de Ginny, ahora lo llenaba y no quería que finalizara jamás. Sintió como las largas pestañas de la pelirroja le hacían cosquillas en las mejillas, y dejaban constancia que había querido llorar. Que imbéciles habían sido. Él jamás le haría daño. La amaba.
Por primera vez dejó de pensar en el siguiente movimiento del plan para dejarse llevar por lo que hacía tanto tiempo quería. Sus labios capturaron a los tímidos de Harry para comenzar un juego ávido y acompasado. Pronto sintió como sus labios estaban cálidos, y el calor se extendió por todo su cuerpo.
Intercambiaron aquel agradable calor en su acompasado beso hasta que el fuego se extinguió, y mientras se separaban, ambos sonreían con los ojos chispeantes.
Notas de la autora: Primero que nada quiero agradecerles por sus reviews. La verdad es que me entretiene mucho leerlos y responderlos en los pocos momentos de libertad que tengo. Perdón si me demoro en responder (y también a los que no tienen cuenta en el sitio, porque no puedo responderles por aquí, ya que está prohibido) o en actualizar, pero es fin de año y mi mente vaga entre química, trigonometría y la pérdida de la metafísica en el ser humano. Y es quizás por eso que en el fic se puede notar un cambio tan drástico en el principio al final. Mi mente me juega malas pasadas.
Bueno, sin alargar más esta pobre nota, sólo queda decir que quedan dos capítulos y el fic se termina. Recuerden que en un principio dije que tendría la misma extensión que su antecesor, "Yo soy tú y tú eres yo". Además, hablando de este capítulo en especial, me sentí tan realizada de poner un beso sincero entre Harry y Ginny… Extrañaba algo de romanticismo a final de cuentas.
Sin más, espero recibir sus comentarios de todo tipo enviando un review apretando el botón GO de abajo y que estén muy bien.
Muchas gracias por leer, hasta la próxima!
