Disclaimer: Los personajes pertenecen a Meyer, la historia es de Iambeagle, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.
Capítulo traducido por Sarai GN y beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)
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Capítulo siete
Edward y yo paseamos por las calles hasta que el sol se ocultó por completo. Una brisa fresca se deslizó entre las calles, siguiéndonos; espiando nuestra conversación.
—Bella, Bella.
Solo sonriendo con los ojos, me pregunté si él notaba que me sonrojaba cada vez que murmuraba mi nombre.
—¿Sí?
—Para ser honesto —comenzó en un tono juguetón—, no conozco a nadie más llamada Bella.
—Si voy a ser honesta también, no conozco a nadie más llamado Edward.
—Es una pena. Edward es un gran nombre —bromeó.
Con cada paso que dábamos, Edward reveló algo nuevo sobre él mientras me interrogaba, pero nunca sobre nada profundo. Por eso, estaba agradecida.
—Odio las aceitunas, pero me niego a ordenar un martini sin esas —habló animadamente, pero estaba segura de que ya no estaba ebrio. Simplemente éste es quien era, feliz, sin preocupaciones.
Asintiendo apreciativamente, le revelé que prefería las aceitunas verdes sobre las negras.
—¿Cuál es tu opinión sobre las ruedas de la fortuna?
Admití que estaba aterrada de ellas.
—¿Le tienes miedo a las alturas? —preguntó Edward, arrugas formándose en su frente y entre las cejas. Parecía demasiado preocupado por mi confesión.
—Es un miedo legítimo. —Me quedé mirando hacia la familia que caminaba hacia nosotros, sonriendo amablemente—. ¿A qué le tienes miedo, Edward Cullen?
Frotándose una mano por la barbilla, gruñó.
—Tengo miedo de la manera en que sigues usando mi nombre completo.
—Eso no es algo a lo que temer. ¿No me vas a dar una verdadera respuesta?
Edward lo pensó por un segundo antes de tararear.
—Aún no.
—Entonces tu miedo debe ser algo extremadamente vergonzoso —remarqué con sarcasmo.
—¿Más vergonzoso que tenerle miedo a la rueda de la fortuna? —inquirió Edward—. No lo creo.
Riendo en voz alta, sacudí la cabeza y le dije que estaba equivocado.
—No menosprecies mi miedo a las alturas.
—No asumas que mi miedo es vergonzoso.
—¿Lo es?
Edward se aclaró la garganta.
—Tal vez te lo diga algún día.
No lo presioné por una respuesta. Si quiere decírmelo, me lo dirá. Algún día.
—¿Ahí es donde trabajas? —Asentí en dirección a Newton's Olympic Outfitters—. Es... enorme.
—La única tienda de artículos deportivos en la ciudad. También hay una ubicada en Port Angeles y, más recientemente, en Seattle.
Nuestro ritmo se ralentizó mientras le preguntaba por qué no quería trabajar en Seattle.
Edward bostezó y caminó cerca de mí, pero sin tocarme en realidad.
—Fui a la universidad en Seattle por cuatro años. No tengo nada en contra de ese lugar. Cumplí mi condena.
—¿Entonces por qué Forks?
Lo pensó por un momento.
—Familia.
—Te preocupas por ellos —dije decididamente. Era una tontería; por supuesto que se preocupaba por su familia.
Abriendo la boca para hablar, él pausó antes de decir:
—Sí, Bella. Lo hago.
Tal vez no éramos tan diferentes después de todo. Él estaba aquí solo por su familia; yo estaba aquí solo porque tenía que cuidar de Renée.
—¿Podemos ir a alguna parte? —preguntó, señalando hacia Newton's Olympic Outfitters.
Asentí. Tenía tiempo para perder. Lo perdería con él.
Nos leemos mañana con otros dos capítulos ;)
xx
