Disclaimer: Todos los personajes son de J. K. Rowling, yo sólo los he tomado prestado para desarrollar esta idea loca de mi cabeza. No gano nada al publicar esto.

Nota del Autor: Espero puedan perdonarme el retraso de actualizar, he tenido serios problemas de salud, y apenas me acaban de liberar del hospital, espero les guste, es la primera vez que escribo este tipo de escenas, si alguien le parece que no va acorde con la categoría, por favor díganme, al igual que agradeceré su ayuda para saber cómo cambiar de categoría. Muchas gracias.

Capítulo 7. Frescura de Pino.

La madriguera se encontraba en su mayor esplendor, había sido decorada de principio a fin. Molly se encargó de hechizar varias macetas, haciendo que cuando pase algún mago o bruja, desprendieran varios destellos de colores. La recepción para los invitados había sido colocada en el jardín, a través de una gran carpa blanca, dentro de ella había colocadas mesas circulares con manteles blancos y adornos de mesa que desprendían pequeñas burbujas que, al estallar caían pequeñas chispas plateadas. La comida estaba lista, para que con un chasquido apareciera en las bandejas destinadas, todo había sido preparado meticulosamente, y, aunque la celebración contaba con los amigos más cercanos a la familia Weasley y a los miembros de la orden del fénix, Molly quería que todo saliera perfecto, pues el aniversario de la caída del que no debe ser nombrado, merecía, según ella, una celebración digna.

Todos los hijos del matrimonio Weasley, Harry, Hermione y el matrimonio Lupin, se estaban arreglando, al igual que Arthur y Molly. Arthur tenía serios problemas con el nudo de su corbata, nunca había sido muy diestro a la hora de hacer sus nudos. Llevaba más de 5 minutos tratando de que el nudo se viera decente, pero sólo conseguía que tuviera la apariencia de un trapo mal amarrado.

-Veo que tienes problemas con esa corbata- Dijo sonriente Dora, desde el umbral de la puerta.
-Sí, estas cosas nunca se me han dado- Arthur se giró para dejar ver su corbata, que parecía que él mismo se estaba estrangulando.
-¿Y no bastaba con un simple hechizo?- Dora levanto su varita y apunto a su corbata, haciendo que esta quedara impecable en el cuello de Arthur.
-Bueno, me conoces y me gusta saber cómo es que los muggles hacen esto sin magia- dijo encogiéndose de hombros.
-A veces me pregunto cómo es que puedes vivir sin haberte accidentado en alguno de tus planes para saber más de los muggles- dijo Dora riendo, entro a la habitación y tomo asiento frente a un espejo para decidir su peinado.
-Todo es gracias a Molly- dijo abotonándose su chaleco- si no fuera por ella, no sé dónde estaría.
-¿Y cómo es que ella no te ha matado? – preguntó divertida.
-Eso es, querida- Remus ahora estaba recargado en el marco de la puerta, haciendo con su voz, respingar a los presentes- porque Arthur sabe hacer bien su papel en la cama- seguido de esto le guiño un ojo, al cual, Arthur respondió con una risa y Dora se puso completamente colorada de la cara.
-¡REMUS!- dijo en tono de aprensión- cómo te parecería que yo divulgará tu vida amorosa.
-Me sentiría alagado- dijo con una sonrisa, ganándose una mirada reprobatoria de su mujer.
-Yo me voy a ver a Molly- se levantó y se fue con aire fingidamente ofendido.
-¿Crees que se haya molestado?- dijo Arthur preocupado, al verla cruzar el umbral.
-Para nada- dijo despreocupadamente Remus- cuando se trata de sexo es muy penosa, y eso que es más joven que tú y yo. – Ambos hombres rieron.
-Tienes que agradecerle que no está divulgando "tu salvajismo"- dijo Arthur mientras alcazaba una botella de vino del anaquel que se encontraba en la habitación y dos copas.
-Pero si es lo que más le gusta- dijo alcanzando la copa que le ofrecía Arthur, ambos hombres se sentaron en un par de sillas, mientras todos se seguían arreglando. – Y no tiene manera de negármelo.
-Si no fuera así, Ted no existirá- dijo Arthur dando un sorbo a su copa.
-Bueno- tomo un sorbo de su copa y luego con una mirada picara le dijo- tú no lo has hecho nada mal- Arthur tosió ante tal comentario- siete hijos, creo que es la razón por la cual Molly no te ha colgado del tejado de la madriguera, por tantos chismes muggles que le traes día con día.

Arthur río con ganas ante el comentario de su amigo. Para muchos que conocían a Arthur, siempre había sido un misterio, cómo es que llegaron a tener 7 hijos, y es que para todo el mundo ambos siempre habían dado una apariencia de ser tranquilos, pero al ver la cantidad de hijos, los hacia dudar de sobremanera.
-Puede que tengas razón- dijo después de calmar su risa- Tal vez sea ese el motivo por el cual Molly no me eche a patadas de la casa.- Unos pasos apresurados se escucharon, siendo más audibles conforme se acercaban a la habitación donde estaban Arthur y Remus. Molly Weasley y Nymphadora habían aparecido por el umbral.

-Ustedes dos que están conspirando- dijo Molly, mirándolos acusadoramente.
-Nada- Dijo Remus levantándose- Arthur sólo me daba unos consejos, a la hora de ponerme "salvaje"- dijo alegremente.
-¡REMUS! ¡Por todos los cielos!- Dora estaba roja y busco apoyo en Molly.- Es lo que te decía.- Molly sin embargo río junto con Remus, dejando perpleja a Dora- ¿Pero qué les pasa a ustedes?, hablar tan tranquilamente de esas cosas- dijo un poco escandalizada.
-Dora- dijo amablemente la señora Weasley- es normal hablar de esto, no hay que ser tan pudorosa.
-Pero es que, esto- estaba tan colorada, tanto su rostro como su cabello- ¡esto no puede ser!- giró sobre sus talones y marcho directo al piso de abajo.
-Disculpen- dijo Remus- creo que tengo que aplacar a mi esposa- Él mismo se río ante su comentario- sino, dormiré en el sofá.- dicho esto salió, dejando al matrimonio en la habitación.

Molly entró, y tomo su varita para desaparecer las copas y la botella de vino de la mesa, después se giró hacia su marido, y tomo la corbata para acomodársela.
-¿Y qué tanto platicabas con Remus?- dijo Molly arreglándole el cuello y el saco.
-Estábamos encontrando una razón por la cual aún no me haz colgado del tejado de la madriguera- dijo abrazando a Molly, sumergió su nariz en el cabello de ella, embriagándose de su olor a fresas, que tanto le gustaba.
-Sabes que te quiero, pese a todo, y con todos tus cacharros muggles- dijo Molly viéndolo a los ojos.
- Lo sé, ¿me permites?- Molly lo miro extrañada, mientras Arthur le tomaba con delicadeza la mano- una vuelta para mí- dijo en un susurro.
-Oh, Arthur- Molly había enrojecido hasta las orejas, y acto seguido, con ayuda de la mano de Arthur dio una vuelta completa, dejando ver el hermoso vestido que tenía puesto, de color azul, como aquella vez que Arthur casi se le iba la quijada por verla. Su cuerpo no era tan esbelto, pues habían pasado 7 hijos por sus caderas, pero aun así, lucia, hermosa, un maquillaje no exagerado, y su cabello peinado, en definitiva, habían pasado los años, y con ellos dejando huellas evidentes, pero para Arthur, seguía siendo la misma Molly, aquella que lo enamoraba y lo seguía enamorando día con día. Con un movimiento delicado, la atrajo hacia él y la apretó contra su pecho.

-Te juro- le susurró al oído- que si no fuera, porque en unos instantes dará inicio a la celebración, no dudaría en encerrarte en nuestra habitación hasta el amanecer.
-¡Arthur! - Molly estaba roja hasta las orejas, y vio a su marido, quien le lanzaba una mirada picara- ¿Haz bebido mucho o qué sucede? - preguntó en tono jocoso.
-Digamos- dijo arrugando un poco el vestido de su esposa con sus manos- que recordé nuestra huida al baño de prefectos. – Dijo perdiéndose en sus ojos color marrón, que tanto le gustaban. Si bien ese momento que él evocaba, era de los que más atesoraba en su vida, pues aunque un poco apresurado, intuían, ambos, que estaban hechos el uno para el otro.

Era su última semana en el colegio, estando en su séptimo curso y acabando la semana de los E.X.T.A.S.I.S, todos los alumnos se sentían libres de presión, sus esfuerzos durante 7 largos años, por fin darían sus frutos, hacía un día hermoso, lleno de sol y nubes, que hacían que se sintiera fresco el día, los alumnos estaban desbalagados, tanto en los terrenos del colegio, como otros en su última visita a Hogsmeade.

Arthur y Molly, junto con todos sus amigos, venían de regreso de Hogsmeade, el último examen que habían tenido que hacer, era el de Transformaciones, altamente difícil para ellos, así que habían decidido ir a beber unos buenos tragos que se revolvían entre cerveza de mantequilla y uno que otro Whiskey de fuego. Todos iban medio tambaleándose, entre carcajadas y bromas, caminaban hacia los terrenos del colegio, hasta que decidieron recostarse cerca del lago, donde se encontraba el calamar gigante.

-¡Evan!- gritó Dan, mientras con su varita trataba de hacer levitar una piedra, por lo mareado que estaba sólo pudo hacer levitar unas cuantas hojas- Creo que después de esto voy a necesitar un día con mi cama.
-Tú lo que necesitas, es que alguien te lleve arrastrando, porque ya ni caminar puedes-
Dijo Evan, levantándose con dificultad.
- ¿Así?, yo estoy más entero que tú- Se levantó con dificultad y después se acercó a Evan- Lo vez.
-Si siguen así, los dos se van a caer-
Dijo entre risas Miranda, que veía divertida la escena, junto con Elena y Louis.
-¿Algún día dejaran de pelear estos dos?- preguntó Molly, que estaba recargada en el pecho de Arthur.
-El día que pase eso, sabré que no son ellos, no pueden vivir juntos, pero tampoco separados- Todos rieron ante el comentario de Arthur y Evan se le acerco tambaleándose.
-¿Quién está menos ebrio Arthur?- preguntó mientras Dan se acercaba- ¿Verdad que yo?
-Los dos están más que perdidos.
-Será mejor darles una poción para la ebriedad, si McGonagall los encuentra en este estado, los va a expulsar, no importándole que falte una semana para terminar el curso.-
Arthur se levantó seguido de las amigas de Molly.
-Nosotras los llevamos- dijo Elena, ofreciéndose- Ustedes quédense, al cabo, tenemos que ir a hacer unas cosas, ¿o no?- Las chicas asintieron.
-¿Segura qué pueden con ellos?- preguntó preocupado Arthur.
-Seguras- Acto seguido, los tomaron por los brazos y caminaron rumbo a la entrada dejando en el pasto a Molly y Arthur.
-Nunca cambiaran- Dijo Molly acomodándose en la sombra de un árbol, mientras Arthur se sentaba a su lado.
-Creo que no, los voy a extrañar mucho- dijo sonriendo- ellos me enseñaron mucho sobre el mundo muggle.

Siguieron platicando, hasta que los rayos del sol fueron sustituidos por el reflejo de la luna, habían pasado muchas horas fuera, y ninguno de los dos se había dado cuenta. Arthur se levantó de un brinco y ayudo a Molly, y ambos comenzaron el camino hacia la verja del colegio. No tenían idea exacta de qué hora era, pero por el cielo, pasaban de las 8 y si el señor Pringle los sorprendía, ambos podían darse por muertos. Caminaron por los pasillos desiertos, seguramente todos estarían en el gran comedor, así que decidieron marchar a su sala común, por los efectos del alcohol no tenían demasiado apetito. Iban tomados de la mano cuando Peeves, el poltergeist, los encontró.

-Arthur Muggle- Weasley, ¿Otra vez tramando algo?- Preguntó maliciosamente y después vio la mano de Arthur, que estaba entrelazada a la de Molly- ¡OH!- dijo en un grito, llevándose las manos a la boca, y dijo con voz juguetona- Eres un pícaro, Arturito, pero- se llevó una mano al pecho- Es mi deber informar de sus inmoralidades.

Arthur, lo miraba con cara de espanto, mientras con un movimiento un poco brusco llevaba a Molly tras de si- No es lo que parece, lo juro- dijo Arthur.
-Yo sé lo que parece- dijo Peeves, después grito- ¡Señor Pringle!, ¡hay mocosos queriéndose pasar de listos! – Arthur tomo a Molly con fuerza y empezaron a correr, oyendo más lejos los gritos de Peeves. Subieron apresuradamente las escaleras, iban en el quinto piso, cuando escucharon las voces de Peeves y el señor Pringle.
-Son de Gryffindor, no deben estar lejos- dijo el poltergeist. Ellos decidieron ocultarse, así que corrieron sobre el pasillo. Llegaron a una puerta, a lado de una estatua que reconocieron como el baño de prefectos.
-¿Dónde nos ocultamos?- preguntó Molly asustada.- Nos atraparan.
-No, de ninguna forma-
Arthur pensó y después le brillaron los ojos- Molly, dime que este es el baño de prefectos.- Molly se lo quedo viendo de manera extraña, y después asintió con la cabeza.
-Perfecto-
Se paró frente a la puerta y dijo- Frescura de Pino- La puerta emitió un ruido metálico, y después se abrió, ambos entraron y cerraron la puerta, pegándose a ella, escucharon pasos acercarse y después de un momento, se alejaron.

-Creo que ya se fueron- Dijo Molly.
-Hay que esperar, no vaya a ser que nos atrapen.- Arthur se recargo en la pared y se dejó resbalar aliviado.
-Vaya, nunca había entrado al baño de prefectos- dijo Molly impresionada- es muy bonito, ¿cómo sabes la contraseña?
-Evan-
dijo en un suspiro- como capitán del equipo de Quidditch tiene derecho de estar aquí.
-¿Y si viene un prefecto?

-No, según me dice Evan, que después de las 8 nadie viene, de la que nos salvamos.
-Sí-
Molly tomo asiento junto a Arthur y se dedicó a observar el lugar. Más grandes que los aseos para los alumnos, contaba con una bañera al ras del suelo, en un rincón se apreciaban las llaves, y los cristales que adornaban la sala. Los rayos de luna comenzaban a colarse por los cristales, haciendo que se viera un juego de luces de colores sobre la bañera, así como distintas sombras, seguramente provocadas por alguna nube que se atravesaba. Arthur volteo a ver a Molly, volteaba a todas partes, viendo con detenimiento el lugar, bajo aquella tenue luz de colores, se veía hermosa, su cabello daba destellos de luz, su piel blanca se coloreaba de algún color rojizo o amarillo, que le alcanzara, su perfil remarcado entre la tenue luz y la oscuridad. Quedo embelesado ante tal visión. Con una mano tímida roso la mejilla de Molly haciendo que esta volteara.

-¿Te sucede algo?- preguntó extrañada al ver su cara.
-Eres hermosa- dijo en un susurro.
-Estoy empezando a creer- dijo nerviosa- que tú bebiste más que Evan y Dan, juntos.
-Si fuera así, ¿podría hacer esto?-
se levantó de un salto, y después empezó a bailar él solo, moviéndose de un lado a otro, al compás de una música que sonaba en su cabeza.
-No, no podrías- dijo riendo. De un momento a otro, Arthur le ofreció su mano dejándola sorprendida.- Gusta bailar, señorita- dijo haciendo una reverencia. Molly rio y después le tendió la mano, se levantó con su ayuda y empezaron a bailar. Él la apretaba contra su pecho, colocando ambas manos en su cintura. Ella por su parte, lo tomo del cuello alzándose un poco, pues a penas y llegaba al metro y medio, mientras que Arthur rebasaba el metro y setenta. Anduvieron así por todo el baño, hasta que con una agujeta de su zapato, Arthur resbaló, tomo a Molly con fuerza, y aunque cayó sobre ella, el impacto lo recibieron sus codos, para que ella no se lastimara.

-¿Estas bien?- preguntó asustado.
-S..ss… sí- respondió, apartando la vista de él, pues seguía encima de ella.
-Yo, este, yo… Estaba rojo de la pena, un poco más que su cabellera, quiso levantarse pero unas pequeñas manos se lo impidieron, venciendo su pena, volteo a ver a los ojos a Molly, quien lo miraba intensamente.- ¿Qué … - No pudo terminar su pregunta, ya que había sido callado por un beso tímido por parte de ella. El sólo se alzó un poco y después de unos segundos correspondió a su beso.

El peso de Arthur caía sobre sus codos, sus manos estaban soportando el peso de Molly, sus piernas estaban entrelazadas. Un beso cálido, lleno de amor, más que de adrenalina de ser descubiertos, sus labios se movían lentamente. Molly, tímidamente, enredó sus manos en el cabello de su pelirrojo, mientras que él, la depositaba suavemente en el suelo. Arthur pasó su lengua por los labios de ella, pidiendo permiso, ella gustosa entreabrió sus labios, y así empezaron, sus lenguas, una danza al compás de sus labios. Pasaban los minutos y ellos simplemente se separaban para tomar un poco de aire y continuar con su ardua tarea.

Harta de ir a paso lento, Molly dejo el cabello de Arthur, para pasar sus manos por su chamarra, la abrió con movimientos lentos, temiendo que la magia del momento se evaporará de golpe y metió sus manos para recorrer el pecho de Arthur a través de la playera que traía puesta. Él, por su parte, con una mano sostenía todo su peso, mientras que la otra, con movimientos torpes, recorría por encima del suéter de Molly su figura. Pronto el beso pidió ser más apasionado, y ellos no se negaron, sus lenguas danzaban frenéticamente, y sus respiraciones eran aceleradas, Molly sentía que su corazón iba a salir disparado, por la velocidad que bombeaba su sangre, pronto se dio cuenta, que estar en las baldosas del baño de prefectos no era el lugar menos cómodo para seguir, así que empujo a Arthur suavemente haciendo que este se separara y soltara un gemido.

-Discúlpame- dijo, inmediatamente apenado- yo…
-No es eso-
dijo ella mientras le dedicaba una sonrisa- sólo que el piso está muy frio y es algo incómodo. – Él se levantó y extendió su brazo para ayudarla, ambos tomados de la mano, caminaron hasta unos banquillos, que, seguramente se ocupaban para desvestirse antes de tomar un baño, de buen tamaño, ella tomo asiento en una orilla, seguida por Arthur, que, al igual que ella, estaba del color de su cabello. Él no espero más, y volvió al ataque, la atrajo más, la beso con ansia y ella empezó a despojarlo de su chamarra. Él por su parte, se separó de ella y le quito su suéter, dejando al descubierto, una camisa rosa, no dejando pasar la oportunidad, y en un arranque de atrevimiento, Molly le quito su playera, dejando el torso desnudo de Arthur a la vista, No era un chico musculoso, ni atlético, pero, para Molly era perfecto, pero también allí, se encontraban múltiples cicatrices, provocadas por el celador, hacía tiempo atrás. Arthur, la recostó a lo largo de todo el banquillo, y después con timidez, empezó a besar su mejilla bajando hasta el cuello, donde empezó a repartir besos y mordiscos. Con dedos inexpertos abrió la camisa de Molly, y removió aquella prenda que comenzaba a estorbarle, admirando así, los pechos de ella, que en ese momento eran cubierto por la mitad, por un sostén de un rosa claro, empezó a acariciar la piel de ella, haciendo que cada terminal nerviosa de Molly sintiera una descarga eléctrica, provocándole pequeños espasmo, que el también sentía, ya que las manos traviesas de ella iban en un vaivén desde sus hombros hasta el límite entre su estómago y sus pantalones.

-¿Estas segura de esto?, no quiero forzarte a nada, ni que sea bajo efectos del alcohol- Pregunto jadeando Arthur, al separarse de ella, viéndola directamente a los ojos.
-Arthur- le dijo seriamente- hace rato que se me ha pasado los efectos del alcohol- después le dedico una sonrisa sincera- si no estuviera segura, hace mucho tiempo que hubiera detenido esto- Para él fue suficiente, así que volvió a su tarea, y, entre beso y caricia, quedo rendida, desnuda ante él. Molly no era una chica esbelta, siempre fue corpulenta, pero de buen ver, para él, recorría su cuerpo, tanto con sus mandos así como con la mirada, el cuerpo de la chica que amaba, estaba allí, esperando que él la tomara. No sabía muy bien, así que solo siguió su instinto, se posiciono en medio de sus piernas, y, tan despacio como pudo, se introdujo en ella. Molly sintió dolor al contacto, y fue reflejado en su rostro, él por su parte, seguía despacio, hasta que sintió estar adentro, dejo pasar unos momentos, sintiendo toda aquella presión.

-Te amo, con toda el alma, te amo Molly- Le susurró al oído, inclinándose, y empezando movimientos lentos, había colocado sus manos a un lado de la cabeza de ella, tenía intenciones de ver su rostro, pero la sensación era tanta, que le costaba mantener sus ojos abiertos. Ella por su parte, no podía emitir una oración coherente, el dolor había pasado, dejando paso a una ola de sensaciones desconocidas, un cosquilleo iba en aumento desde su pelvis hasta la boca de su estómago, se movía al compás de Arthur, que, cada vez, embestía más rápido. Perlas de sudor caían desde su rostro y tenían destino en los pechos de ella, mientras que Molly se aferraba al banquillo con sus manos, no podía soportar mucho tiempo, las olas de placer azotaban su cuerpo, hasta el punto que ya no pudo más y soltó un grito, acompañado después, por un gemido prolongado que Arthur había soltado. Se recostó sobre ella, dejando caer un poco de su peso, sudados y respirando agitadamente, la miro a los ojos y le dedico la más tierna sonrisa que podía, ella por su parte levanto un poco su rostro, hasta quedar a la altura de su oreja y le dijo apenas en un susurro audible.

-Te amo- Él tomo su cabeza con sus manos y la recostó nuevamente, acerco sus labios y le dio un dulce beso, apenas un roce. Siguieron tumbados allí, un par de minutos, tratando de que sus respiraciones se normalizarán, bajo los colores desprendidos de los ventanales, gracias a la luz de la luna que los golpeaba,

Arthur seguía apretando entre sus manos la tela del vestido que portaba Molly, deseaba tanto encerrarla allí mismo, y no salir hasta que estuviera a punto de explotar, cuando su esposa, lo aparto con delicadeza lanzándole una mirada picara.

-Bueno- dijo acercándose a la puerta- espero que sigas así, cuando la fiesta termine, porque yo también quiero volver a ver esa cicatriz que tienes en tu pecho- dicho esto, camino en hacia las escaleras, moviendo las caderas de forma provocativa, haciendo que Arthur se quedara con la boca abierta. Han pasado más de 30 años, desde aquel encuentro en el baño de prefectos, y Molly aún sabe cómo hacer que su marido, pierda el control para pasar un día en su habitación, sintiendo que aún son dos jóvenes enamorados y dispuestos a demostrarse su amor.