Un Largo y ePISODIO

Armonioso 7

Viaje

Por Stormbreaker y Tokio Toy

-La regencia es un deber tan tedioso- pensó para sí la Princesa Celestia, frente a unos montones de papeles, en el Despacho del Principado.

Las pilas de papeles incluía toda clase de informes sobre los distintos porcentajes de producción agrícola, un largo (realmente largo) registro de la Oficina de Contabilidad del Principado, una investigación detallada (MUY detallada) de los dineros recaudados en el último trimestre, pueblo por pueblo, así como una igualmente larga lista de proyectos necesarios de aprobarle presupuestos a dichos pueblos, que iban desde pequeños festivales campestres, como el "Día Nacional de La Repostería Casera" y "El 4º Torneo Bimensual de Prosa Romántica", (de la que solo el primer evento le atraía como clavo a un imán), hasta proyectos de envergadura como reparaciones de vías, actualizaciones de bibliotecas y otras cosas más. Además de eso, había una serie de peticiones de distintos poblados ponis para aprobarse los presupuestos necesarios para las reparaciones producto de las últimas lluvias: demasiados pueblos habían crecido en antiguas ensenadas secas a lo largo y ancho de Equestria, en tiempos del Primer Reinado Alicornio históricamente registrado (el nombre de Star Swilr El Barbado aún no se pronunciaba en esos días) y los acostumbrados pergaminos expedidos por la Guardia Real de Canterlot (incluyendo el "Turno Nocturno") sobre los pormenores de la guardia del día (que, obligatoriamente, añadía a esto la lectura de las revistas de patrullaje en los distintos poblados).

Y ese era el montón de papeles más pequeño.

La alicornio regente suspiró con resignación, recostada en su diván y frente al pequeño mueble donde descansaban las pilas de requerimientos. Aunque cómoda, veía la larga tarea de leer, analizar y decidir como una labor fatigosa, pero es como dicen "alguien tiene que hacerlo…". La responsabilidad del Principado no era demasiado alegre de llevar sobre el lomo: demasiadas cosas serias de las que encargarse, asegurar la felicidad de cada ciudadano en Equestria requería de una paciencia que solo un alicornio podía tener… y ni siquiera era suficiente para todo el trabajo que debía enfrentar y resolver.

Entonces, oyó detrás de ella un pequeño ronquido. Aún sosteniendo uno de los documentos y sin voltearse a ver, sonrió.

Detrás del respaldo del diván, recostado en uno de los cojines del despacho, el pequeño unicornio mensajero de su hermana, Shadow Joke, dormía a pezuña suelta, abrazando un cofrecillo de madera que tenía muchas migajas de galletas, además de las que estaban alrededor de él y en su pequeño hocico.

Celestia reprimió una risita al recordar cómo llegaron a la cocina, sorprendiendo a los cocineros en plena faena. Ya llevaban cerca de una hora preparando una dotación de galletas para llevarle de merienda a la princesa, cuando recibieron la amable petición de la regente de que duplicaran la cantidad y de paso diversificaran los sabores.

Chocolate, avena, mantequilla, vainilla con lluvia de maní… los encargados de las cocinas de palacio no escatimaron en esfuerzo para hacer el pedido real, con gran entusiasmo y divertidos mientras miraban al pegaso oscuro, de un color violáceo pastel (producto de frecuentar el día y la noche despreocupadamente) mirarles con sus enigmáticos pero vivaces ojillos, mientras se paladeaba y olisqueaba la gama de olores que salían de los hornos, donde los biscochos se horneaban a cuidadosa cocción.

Había pasado un buen rato degustando las galletas. Celestia se divertía escuchando el informe del potrillo alado, riéndose al escuchar relatar lo que vio, con su hocico lleno de galletas y su carita cubierta de migajas, al igual que Celestia. ¡Hasta habían competido a ver quién podía tener más galletas en el hocico!

Ahora, el pequeño campeón de comilonas de galletas dormía plácidamente mientras la Princesa se encargaba de los Asuntos de Estado, recordando las palabras del potrillo… sobre el arribo a Ponyville de su antiguo escribano y aquel alicornio veterano de guerra, sincero hasta la insolencia. Y aquel reporte de la patrulla diurna de Ponyville, recibido esa misma tarde, sobre un "extraño incidente en la Granja de Los Apples".

Los detalles del incidente, debidamente registrado en el pelotón de soldados que volvía de su turno matutino en Ponyville, daban a entender de un "hechizo muy extraño, que recordaba los conjuros usados en la última Guerra Nobiliaria y causante de daños insólitos". Celestia recordaba conjuros así… las heridas y muertes que causaron, las destrucciones que produjeron, los traumas que llevaron años remediar... y el pobre instructor que los enseñó.

"Burning Hacker" o "Hack" como solían llamarle a aquel alicornio curtido en las milicias equinas, en tiempos de guerra. Había sido preceptor de magia de combate de incontables ponis alistados en las filas de Lord Thunder Wind, durante la guerra, hasta que el alicornio supo que le habían ocultado ciertas cosas sobre ellos (las horrendas consecuencias que causaba invocarlos, incluyendo locura), que le hizo renunciar a Su Señor, abandonando el feudo bajo la marca del traidor, humillado no obstante su brillante carrera y, tras andar, cuan mendigo, por caminos solitarios evitando contacto alguno, llegó a la montaña donde el Castillo de Celestia se levantaba y pidió refugio al Trono de Canterlot, que le acogió, pudiendo entonces, por requerimiento de la Princesa, darle detalles de hasta donde llegaban los efectos de cuanto causaba su entrenamiento, enseñando una magia de la que nunca oyó hablar y apenas soportando el recuerdo de sus horribles efectos… el peso de su conciencia le abrumaba.

Celestia le dio su protección, su antiguo Lord no pondría una pezuña encima de él y, presurosa tras oír su relato, obró aquel portento de oscuridad total, unida al atronador poder de la "Voz Real", consiguiendo que ambas casas detuvieran la absurda guerra, permanentemente.

…Y, años después (de hecho, hace pocos días), con instrucciones precisas, el viejo alicornio viajó al pequeño pueblo de Ponyville, tras notificarle sobre la sensación de saber qué causó aquel "extraño incidente en la Granja de Los Apples". Después de todo, él había enseñado a muchos a causar esos "extraños incidentes", en persona…

-Stormbreaker fue de los más adelantados y prometedores soldados de la Casa, de los mejores- relataba Hack, tras paladear una taza de té, colocando (flotando) la taza en la mesa. La Abuela Granny le veía con una simpatía casi juvenil- y pueden creerme, no necesitó jamás de hechizos como los que yo le enseñé… y que casi arruinan su vida.

Hack, el viejo alicornio de guerra, se encontraba degustando de una infusión preparada por la vieja Granny y Twilight, estaban sentados a la sombra de un frondoso árbol, cerca de la entrada a la casa familiar de los Apples de Ponyville, bajo un sol alegre y un cielo azul… no lejos de aquel trozo de terreno afectado por un accidente con un poderoso y casi incontrolable conjuro de guerra, invocado en sueños.

Twilight bebía también su té, sin dejar de ver al decano alicornio, recordando cómo reaccionó su primo Tokio Toy al verlo llegar: "el idiota" como le había gritado… había sido una reacción impensable en alguien que hablaba con una timidez que competía con la personalidad retraída de Fluttershy. Se expresó con una firmeza y una rabia que le hizo pensar en si no hubiera vivido un incidente similar antes. Hack le doblaba en tamaño y carácter y aún así, Tokio se envaró ante él… ¡Era casi tan irracional al enfadarse como Rainbow Dash, quien lo diría!.

-Me sentí mal por el chico cuando supe que alguien usaba el "Colérico", un conjuro de último recurso, por parte de mi alumno más prometedor –Dijo el alicornio veterano, recostándose en la silla- y en verdad me sorprende que haya ocurrido mientras dormía…- y tras suspirar, añadió- en serio, me sorprende… nadie hizo eso antes, que yo sepa… y de haber sabido lo que hacía ese conjuro con él conjurante, jamás lo habría enseñado

-Te entiendo, querido… vaya que te llevaste tu sorpresa, y no podías saberlo, no fueron días felices para nadie- dijo Granny, y dirigiéndose a Twilight agregó – pequeña, Ponyville vivió su parte de aquella batalla, en menor medida, pero lo vivió.

"… Aún recuerdo esa época... el cielo se ponía de un gris rojizo en las tardes y tomamos eso como una señal… casi al mismo tiempo llegaban carretas con soldados heridos para ser curados…"- decía pensativa la abuela Granny- "uno de esos malditos campos de batalla no estaba muy lejos de Ponyville, pero en esos días habían tratados muy estrictos: los poblados eran intocables…"

-En esos días solían haber cosas así como "reglas de guerra"- dijo Hack, sorbiendo un poco de té- La Princesa Celestia buscó la forma de hacerlas menos crueles, mientras averiguaba desesperada una forma razonable de detenerlas, dentro del marco de las leyes… así que redactó unas muy estrictas normas que restringían muchas actuaciones en combate… eso al menos evitó desgracias entre inocentes… por un tiempo.

"Me consta que Celestia quería detener esa guerra, pero ella sabía que las batallas entre Casas Nobiliarias Alicornio eran sagradas, incluso en los días en que debían de haber formas más sensatas de evitar esas cosas. Al menos la redujo a un duelo entre Casas, con sus ejércitos y nada más. Pasó días enteros en el depósito de pergaminos, la Gran Biblioteca Real, con escritos de épocas muy anteriores a Star Swirl el Barbado, se quedaba días y noches enteras consultando toda clase de leyes y edictos legislativos, comiendo en medio de los antiguos registros en busca de una norma que le diera un alto a todo aquello… Incluso la Princesa Luna le pidió encarecidamente al unicornio escribano de palacio (tu primo) para que le ayudara. Yo, por mi parte, le daba informes periódicos de cuanto pasaba. Mi parte de culpa como instructor militar en el conflicto no hacía sino empeorar las batallas día a día… Aunque Celestia me ayudó a superarlo"

-Lamento mucho eso, Sr. Hack… y esa búsqueda de la princesa… ¿funcionó…?- preguntó Twilight sin disimular su avidez, con la taza a medio flotar en dirección a su hocico: le puso tal atención a lo que le contaban que el té en su taza se enfrió.

-No…- dijo Hack- la encontré una mañana, saliendo junto a la Princesa Luna y Tokio (muy soñoliento) de la biblioteca, desmelenada y con los ojos enrojecidos, con un rictus de rabia que no era muy natural en ella: se había enterado que ambas Casas en disputa habían atacado poblaciones, destruyéndolas. Se suponía que, por las leyes que ella impuso para llevar a cabo los combates, los pueblos eran intocables. Supe después que le habían dado noticias de heridos… y algunos decesos, todos pobladores indefensos, saqueados sin más… una violación directa y desvergonzada a las normas que se suponía iban a respetar.

-Vaya…- dijo Twilight con un respingo al oír la descripción que aquel veterano alicornio hacía de su protectora, una que nunca creyó de su Princesa (su imagen de Celestia era de una muy erguida y distinguida alicornio), para luego preguntar- ¿y qué hizo después…?

-Bueno… - dijo Hack con un suspiro. Su taza flotó hasta depositarse en el plato. Granny le veía con ojos cansados, quizás pensando en lo que diría. La mirada de Hack se desvió al techo natural de aquel enorme y verde árbol… quizás recordando los sitios donde solo vio troncos carbonizados por artes guerreras.

-Entonces, la Princesa fue al campo de batalla- continuó Hack, y cerrando los ojos, añadió- y dejó caer sobre los dos ejércitos toda su rabia bajo la forma de una oscuridad total- el rostro del alicornio, con sus ojos aún cerrados, fruncía su ceño, recordando- estaba ahí, junto a la Princesa Luna, cuando lo sumió todo en una negrura total y terrible.

"No podías ver nada, no veías el suelo que pisabas, ni siquiera mis pezuñas, parecía tener los ojos cerrados y metida mi cabeza en un saco de cuero grueso… y entonces hubo un resplandor en el cielo…"Hack abrió los ojos y, dirigiéndose a Twilight, añadió- "y apareció Celestia rodeada de un luminosidad que rivalizaba con el sol, sus ojos centelleaban y despedían una luz que infundía terror, su cara en un gesto que imponía el miedo sin pestañear y con voz retumbante ordenó que la disputa terminara, justo en ese momento y por su entera voluntad… "

-Era como ver la personificaciónde tus peores temores en un solo lugar y en un solo alicornio- terminó de contar Hack, y como si nada, redobló la ingesta de su taza de té.

El rostro de Twilight se quedó en un solo aspaviento, a medio camino entre la incredulidad y la fascinación: solo una vez vio a su tutora desplegar magia de gran calibre… la vez que tocó fondo por la desesperación de no enviar una carta semanal.

Pero aquello era diferente. Que Celestia fuera capaz de un despliegue de poder de esa magnitud, apagar toda luz y aparecer como el terror encarnado en medio de las sombras, sembrando el miedo más profundo… La Princesa imponía disciplina… pero, ¿miedo?.

Cuanto desconocía de su querida preceptora… y cuanto comenzó a reflexionar sobre si valía la pena hurgar en tanto que desconocía sobre ella.

"Cualquiera menos él…" rezongaba Tokio Toy, caminando pensativo por los campos, viendo de lejos la casa de los Apples. Le había costado lo suyo mantener algo de educación, tras gritarle como le gritó al viejo alicornio instructor militar, para luego reparar avergonzado en cómo le veía la anciana Abuela Granny, asombrada de su reacción, y compartida por Twilight. Como cenit, el alicornio que respondía al nombre de "Hack" le veía con una mezcla entre divertido y compasivo… como si ya lo hubieran tratado así antes.

Y el unicornio escribano empezaba a pensar si, tal vez, no hubiera exagerado, si esa reacción suya no fue demasiado tirado de las crines… entonces pensó en Storm, todo quemado y magullado, resultado de un peligroso hechizo que no le causó sino problemas, y que Hack le enseñó.

"Pudo venir cualquiera a vernos…" se dijo Tokio, sacudiendo la cabeza con rabia "¡Cualquiera menos ÉL…!",no se sentía capaz de perdonar el infierno en que transformó la vida de su mejor amigo… el único que tuvo en mucho tiempo, antes de llegar a Ponyville. "No es justo y no pienso aceptarlo" dijo por lo bajo.

Y con esta resolución, continuó su andar por el camino de tierra, entre los manzanares que se erguían a ambos lados de aquel sendero, recordando a Twilight mientras le alejaba de Hack, con una coz en el lomo y una mirada piadosa viéndole.

"Eh… primo… quizás estás algo… sensible por lo ocurrido. ¿Por qué no te das una vuelta y te aclaras un poco la cabeza?"

La unicornio le dedicaba un semblante de comprensión (y una pizca de preocupación que no podía esconder), mientras le acompañaba y alejaba de Hack, hasta llevarlo algo lejos de la casa de los Apples. Tokio, al verse retirado así, se volvió y encaró a su prima ("¿me estás echando?" estuvo a punto de preguntarle).

Pero entonces vio a Twilight. Su mirada no cabía a discusión: había exagerado en su reacción (aún por su amigo) y era mejor calmarse un poco… "y quizás pensar en una disculpa", musitó Tokio para sí.

Y entonces, le pareció escuchar algo. No estaba muy seguro, pero casi parecían… ¿risitas?.

Le pareció extraño, pues no creía que hubiera nadie más en esa parte de la enorme propiedad de los Apples: estaba lejos de donde se erigía en un árbol la sede de las pequeñas "Cruzadas de la Marca" (que, de seguro, pensaban en otra forma insólita de conseguir sus "Cutie Marks"), la casa de la familia granjera apenas se veía en la lejanía y todos los parientes ya se habían ido, así que solo podía estar él ahí. A esas horas no había nadie cosechando, en especial después de lo que pasó.

Y las risitas volvieron, esta vez más avivadas y cercanas.

Luego… se detuvieron.

-Tokio, pequeño escribano… ¡Qué triste te vez!- escuchó decir

Tokio se volvió. Estaba seguro de que esa voz sonaba a sus espaldas… pero solo había manzanos. Solo filas de manzanos.

-Tokio, pequeño escribano… ¡te vez taaaaaaaaan deprimido!- escuchó decir de nuevo.

A Tokio no le estaba haciendo gracia.

-¿Quién es…?- pregunto Tokio. Estaba empezando a asustarse.

-Tokio, pequeño escribano… ¡tu amigo ha sufrido tanto!- dijo la voz, con tono indefinible y burlón esta vez.

¡ YA BASTA !, ¿¡ QUIÉN SE SUPONE QUE ERES !?- gritó Tokio Toy, ya bastante molesto.

-Tokio, pequeño escribano…- susurró la voz y a continuación gritó -¡CONOCERÁS EL INFIERNO EN VIDA…!-

El chillido era muy agudo, y dejó a Tokio lívido, incapaz de movimiento alguno. Aquella última frase sonó demasiado cerca… justo detrás de su oreja.

Luego… solo el viento entre los manzanos de la Familia Apple.

-¿Vez, Crisalis…?, a diferencia tuya, yo hago de la sugestión un arte en sí- Dijo Black Heart, satisfecho de sí mismo. Su naturaleza gaseosa y encerrada en una estalactita de cristal no le impedía pavonearse frente a la Reina de los Changelings.

-Quizás, quizás- dijo Crisalis, disimulando sus celos: para afectar al entonces Capitán de la Guardia Real de Equestria, en vísperas de su boda, había tenido que acercarse a él… y aquel vapor viviente hizo lo que hizo justo desde donde estaba.

Había infundido terror en ese unicornio simplón, que veían proyectado en otra estalactita, próxima a ellos. "Presuntuoso", masculló Crisalis para sus adentros.

"Como quisiera que no me costará tanto esfuerzo" pensó Black Heart para sí, disimulando su evidente fatiga. "Esta maldita prisión me quita demasiada energía"

-Créeme, mi niña- dijo Black Heart, disimulando su fatiga y entornando sus malignos ojos, mirando con petulancia a Crisalis- Cuanto propones tiene garantizado el éxito, sin casi movernos de aquí… si me haces el debido caso.

-¿Y por qué debería impresionarme hasta ese punto esta demostración de fuerza, querido?- dijo Crisalis, sosteniendo aquella mirada pomposa con su propia mirada pomposa- ese unicornio es lo bastante lelo como para no calificar como peón sacrificable.

-Porque, mi querida Crisalis- dijo Black Heart, mientras entornaba su maligna mirada hacia la líder metamorfa- ese unicornio lelo y su amigo traumado son la palanca y el punto de apoyo para que ambos consigamos nuestros sueños: yo escapar de aquí y vengarme de Equestria y…

-Conseguir yo mi desquite con esa Celestia… ¡Y VENGARME DE EQUESTRIA…!- completó Crisalis, devolviendo la contemplación de aquel vapor maligno con su mirada perversa.

Crisalis sonrió… y estaba segura de que Black Heart hizo lo mismo.

Tenían tanto en común.

-No odio a Stormbreaker, Rarity, créeme- dijo Applejack- es solo que… bueno… son los manzanos de la familia… y hablamos del hijo de Bloombearg.

-Lo sé, cariño, lo sé- dijo Rarity cariñosa- nadie te dice lo contrario, amas a tus manzanos como yo mis vestidos, pero Twilight tiene razón: ¿cómo iban a tener mala intención con nosotras?.

Rarity y Applejack se arrellanaban a la sombra de un frondoso manzano, mientras caía el atardecer en las colinas, tras filas y filas de manzanos. Habían paseado juntas tras alejarse de la casa, una forma de poder traerle calma a la pobre poni campirana, tras despertar esa mañana y ver por la ventana de su cuarto un gran trozo de terreno (desde donde se veía el amado retoño) reducido a inexplicables cenizas, y al alicornio en medio del siniestro, arrastrándose con graves quemaduras en casi todo el cuerpo.

Big Machintoch corrió a sacar a Stormbreaker del desastre, mientras Granny Smith preparaba linimentos caseros que funcionaron desde generaciones para las quemaduras de la familia y Appleblom buscaba ayuda en el hospital de Ponyville, a medio camino entre la granja y el pueblo.

Solo Applejack se había quedado ahí, sin atender los regaños de Granny y su hermano mayor por permanecer sin hacer nada… contemplando el tocón cenizo que alguna vez había sido el retoño de Bloomberg, el manzano que regaló a sus parientes de la lejana Appleloosa.

-Es que no podía evitarlo, no podía evitar el dolor que me causaba lo que pasó- dijo Applejack, arrellanada entre las patas de Rarity, mientras esta sostenía (flotando) un peine que acicalaba su crin- ese manzano era especial, y no solo una clase rara de manzano.

-Cielo, por supuesto que era especial- le dijo Rarity con cariño- a todas nos consta el esfuerzo y cariño que dedicas a estos sembradíos, ¡Y ten por seguro que Storm y Tokio respetan eso!.

Y de pronto le pareció… que Applejack gimoteaba, esforzándose en vano en evitarlo, sin voltear su rostro a Rarity, mirando el atardecer.

-Ese manzano- comenzó a balbucear entre pequeños sollozos- fue el primer árbol que planté… ayudada por "Má" y "Pá".

"Pá había traído ese árbol después de casarse con Má. Fue la contribución de los Apple Tart a la cosecha de la familia, la dote matrimonial… y con sus primeras semillas, nos enseñaron a Bi mí el valor del trabajo duro cosechando manzanas. Aprendí a valorar las cosas así…"

Los gimoteos de Applejack aumentaron, hasta pasar a un sollozo que se abría camino por su garganta –Fue mi regalo de cumpleaños, Rarity… el último que celebré con mis padres… dio sus primeros frutos justo el día de mi cumpleaños… - y sin más, lloró amargamente.

Rarity, conmovida, le abrazó dulcemente, apretándola hacía si, sintiendo su dolor. Aquel manzano era más que un árbol muy querido… era de los pocos recuerdos que tenía de sus padres. Uno que tenía un lugar especial en el corazón de los Apples. ¿Cómo no sentir lo que sentía la poni campirana en ese momento?.

Entonces, Rarity tomó en sus coces la cara de Applejack, secó sus lágrimas y, con una tierna sonrisa, le besó largamente. Applejack cerró sus ojos y sintió la calidez de sus labios en los suyos, tanteándose mutuamente cada centímetro de sus hocicos, para luego separarlos con cierto desgano. Necesitaban respirar. Ambas se abrazaron cálida y románticamente, para luego tenderse más arrellanadas y abrazadas bajo el manzano.

-Me disculparé con Storm y le explicaré todo- dijo Applejack, reposando su cabeza en las patas delanteras de Rarity- le haré saber que no es culpable de nada… pero Rarity, ese hechizo que dicen que hizo… - y sintió la pezuña de Rarity colocarse en su hocico, e hizo silencio con una sonrisa.

La tarde, poco a poco, le daba paso a las primeras estrellas sobre los grandes plantíos de los Apples, mientras la campirana y la unicornio modista contemplaban el lindo espectáculo del anochecer que iba apareciendo.

-Al igual que Twilight, Storm aprendió de alguien- dijo pensativa Rarity, mesando la crin de Applejack- pensemos en quien le instruyó, a quien le debe conocer algo que le mete en problemas de esa forma.

Storm abrió los ojos y se encontró limpio, sin vendas ni heridas, con sus ropas intactas, como si no hubiera pasado nada. Estaba erguido en un extraño bosque, con árboles que no recordaba haber visto jamás. No vio a Tokio Toy por ninguna parte, el de seguro podría identificarlos… y a la vez saber donde estaba.

"No estoy en Ponyville. Esto ni me parece Equestria…" murmuró Stormbreaker. Empezaba a ponerse nervioso… como cuando se adentraba en territorio enemigo.

Aquellos árboles eran extraños, de ramas delicadamente delgadas y con hojas pequeñas y de un color rosado pálido. Se veían tan tupidos de esas extrañas hojas que sus copas parecían de caramelo, como algodón de azúcar. Muchas de sus hojas caían copiosamente, casi tapizando el suelo.

De pronto escuchó a alguien cantar.

Su voz era delicada aunque su tono era grave. Se diría que era de alguien educado que consideraba cantar un pasatiempo importante de cultivar con esmero.

Stormbreaker caminó por entre aquellas hojas rosadas que caían como una nevada, en medio de aquellos árboles extraños, como plantados a lo largo de un sendero muy bien cuidado. A los lados podía ver que se erguía en el horizonte una especie de montaña.

Era extraña. Enorme y de un color entre cenizo y azul muy pálido. Su nublada cima era plana, denotando su inconfundible forma de cráter. Era un volcán. Nevado en su cúspide.

Eso lo confirmaba. No estaba en Ponyville. Ni siquiera en Equestria.

Entonces vio al que cantaba… nunca había visto a nadie como él.

Bajo la sombra de otro de esos extraños árboles estaba sentado… alguien, era algo más grande que Storm, con una crin recogida en un moño sobre su cuadrada cabeza, vestida de extraños ropajes de color vistoso, de grandes mangas, y sostenía una espada como no había visto antes, alargada, de metal brillante, delgada y de un solo filo, con un trabajado mango cubierto de trenzas ajustadas muy cuidadas y a la que dedicaba un cuidado delicado, con una extraña mota de algodón, vertiendo con pequeños toques un polvillo en el acero afilado del arma.

Mientras cantaba.

Storm se le quedó mirando, sin saber que decir. Nunca conoció una criatura semejante, mucho menos una espada como esa. La canción era extraña, hablaba de honor, de amores a una tal "Sayaka de los ojos tristes" y cuanto valor había en morir por ella.

Entonces, la extraña criatura alzó su mirada. Sus ojos alargados se concentraron en el alicornio, viéndole con interés.

Storm no podía quitarle los ojos de encima… simplemente no podía. Era algo que no alcanzaba a comprender. No estaba en Ponyville, no estaba en Equestria y eso que estaba frente a él y le miraba no era algo que pudiera entender. Demasiadas preguntas bullían en su mente.

De pronto, "eso" se levantaba sobre dos de sus patasy le sonrió. Su tez amarillenta y cubierta de una larga cicatriz apenas presentó arrugas cuando mostró con afabilidad su sincera y perfecta sonrisa. Blandía la extraña espada con firmeza, con la punta orientada al suelo, brillando como una gema al sol.

Y justo detrás del extraño, apareció la Princesa Luna. Saliendo tras la criatura, se colocó erguida en todo su real porte al lado del extraño espadachín y le miró. Luego vio a Storm y sonrió también.

"Mi amigo" le dijo el sonriente extraño "le quitas tiempo a tu curación con tantas preguntas".

"Mejor le haces caso. Ya tendrás tiempo de conocer" le escuchó decir a la Princesa Luna.

Y entonces… un extraño brillo lo cegó… y de nuevo esa canción sobre "Sayaka de los ojos tristes".

Storm abrió los ojos… se encontraba mirando el techo de la casa familiar de los Apples, cubierto de frazadas, almohadas y cobijas, aún vendado… y con un delicioso olor a tarta llegando a sus narices.

Volteó a su izquierda. Allí estaban Rainbow Dash y Fluttershy, sonrientes. Fluttershy sostenía una tarta grande, glaseada y con una cereza del tamaño de un ojo (de poni) en su cima.

"Recupérate pronto" le habían escrito con mermelada.

-Hola campeón, se te ve mejor- dijo Dash, con un guiño- Pinkie pensó que sería buena idea un pastel, ¡y entre ella y Fluttershy te hicieron este!.

-E- espero te guste, Storm- musitó Fluttershy, sonrojándose y escondiendo su rostro en su crin rosada, mientras colocaba la tarta en la cama.

"Se ve tan frágil… tan indefenso" pensaba Fluttershy para sí.

El olor de aquel postre era embriagador, algo agradable y consolador, tras lo que le había ocurrido. Sin más, le dio un mordisco, paladeándose con el bocado. Le supo a gloria.

-N- no sabemos si el Doctor Whooves aprobaría esto –dijo Fluttershy- nos parece que te recomendarán una dieta adecuada… mientras estás en cama.

-¡Así que aprovecha mientras puedas!- dijo la Pegaso azul, sonriendo.

"Cuanta tragedia ha debido conocer… cuanto podría ayudarle" siguió pensando Fluttershy para sí.

-Gracias a las dos- dijo el alicornio, entre bocados- ¡esto está delicioso, lo disfrutaré mucho!

-Bien, nos vamos- dijo Dash, dándose la vuelta. Fluttershy le imitó- nos imaginamos que dos días en cama no serán suficiente para sanar, así que se paciente, pero te visitaremos seguido.

-N-nos vemos… Storm- dijo Fluttershy, tímidamente- cuídate mucho.

Storm sonrió, despidiéndose con una coz. La otra estaba ocupada llevando un nuevo trozo de tarta a su ansiosa boca.

Luego, se quedó en el sitio. Las dos pegasos habían cruzado la puerta en el momento en que el magullado alicornio cayó en la cuenta de que…

-¿Llevo… dos días… desmayado en cama?- se dijo para sí. Su estómago rugió exigiendo otro pedazo de tarta. Ya tendría tiempo de detallar cosas… como ese sueño que vagamente recordaba... y esa espada.

La Princesa Luna contemplaba la noche de la que era su guardiana. Las horas de sueño era el territorio de vigilancia de la Regente Menor de Equestria, asegurándose de que los sueños de sus súbditos fueran agradables.

Aún así, no era extraño conseguir en las impredecibles fantasías oníricas de los habitantes de Ponyville cosas que realmente desafiaban su vasto conocimiento… y su estabilidad estomacal, en algunos casos.

Pero había visto ese sueño en Storm. Un sueño como no vio jamás y estaba segura de haberlo visto todo. Era extraño en cada detalle, pero por sobre todo en un pormenor particular.

No parecía algo que Storm pudiera inventar.

Hasta podía ser… ¿un sitio que podía existir?.

Luna contemplaba el cielo nocturno, con un entrecejo fruncido por una incertidumbre, como no la había tenido en milenios. No podía responder duda alguna a Storm. Ni a ella misma.

-Gracias por acompañarme a casa, Rainbow Dash- dijo Fluttershy en el dintel de su puerta- ha sido un día duro para mí y para todas, con todo lo que le pasó a la pobre de Applejack y Stormbreaker.

-Si, quien diría que ocurriría algo así en este pueblo- dijo Rainbow Dash- ¡y mira que han ocurrido cosas muy locas!.

-Storm y Tokio Toy han pasado por mucho- continuó Fluttershy- en especial Storm, que ha tenido una vida difícil como soldado... es tan… trágico- dijo con un suspiro, mientras entornaba sus ojos al cielo estrellado. Su mirada denotaba una ensoñación que le apartó brevemente de la realidad… imaginando quien sabe qué.

-Sí, trágico… espera, ¿trágico? -y entonces la pegaso azul vio aquel gesto en su compañera de alas… sonriendo como en sueños -Fluttershy… ¿te encuentras bien?- preguntó la Pegaso azul, intrigada- es como si… tú…

-Rainbow, te lo digo a ti con la condición de que guardes el secreto- le dijo Fluttershy, sosteniendo su cara con sus coces. Sus ojos brillaban con intensidad- ¡ STORMBREAKER ME GUSTA MUCHO, ES ALGUIEN QUE ES FUERTE Y A LA VEZ NECESITADO DE TANTA AYUDA…!, tiene tanta voluntad y a la vez tanta duda, ha tenido una vida infausta- y, dándole la espalda a Rainbow Dash, continuó emocionada –Un poni al que me gustaría proteger, le daría todo mi amor, lo haría el centro de mi vida y- De pronto, sintió algo en su grupa.

Un pellizco.

Sorprendida, la Pegaso amarilla se volteó. Rainbow Dash ya no estaba ahí. Tan solo escuchaba la brisa nocturna soplar a través de su puerta abierta. Y alguien que mascullaba.

"Estúpida…" creyó haber oído.

No, desechó tal idea. Quizás solo lo imaginó. A veces el viento pareciera que hablara.

El pequeño conejo, Ángel, lo había visto todo… y con un mohín desdeñoso, decidió que eso no le importaba en lo absoluto, y se terminó su zanahoria.

Celestia ya se disponía a dormir, tras colocarle una frazada de lana al pequeño Shadow Joke que dormía plácidamente. Aún tenía trabajo por hacer, pero al menos había aligerado una gran cantidad de él, y lo mejor: tendría tiempo para ser jueza en el Día Nacional de Repostería. La sola idea le abría el apetito, aun habiendo cenado.

Pero el asunto de la Huerta de Applejack le intrigaba. Y aquello que le intrigaba tenía como llamar por completo su atención… en especial como ocurrió.

-Lo único que no necesita Equestria es una secuela de guerra insistiendo en existir- se dijo muy decidida la Princesa, mientras se arrellanaba en su cama- y no ocurrirá en mi regencia.

Y sin más, se durmió.

(Fin del Episodio 7)