ILK- Bueno aqui esta la continuacion para el anterior capitulo, el cual creo que no esta tan bien redactado.

Si hay algún fallo, por favor comuníquenmelo en un review

Últimamente he estado depre as que indiquenme ssi eso esta afectando la historia

Sin mas que agregar solo les recuerdo que Shugo Chara NO me pertenece asi como tampoco el manga de la flor que florece en ti.


Juntos observaron la luna llena alzarse sobre sus cabezas, presenciando el secreto encuentro que ambos mantenían…- la habitación del chico lucia tan ordenada como siempre, Amu estaba recostada sobre su cama leyendo un libro mientras que Ikuto la escuchaba con su cabeza apoyada en el estomago de la joven.

Ambos sonreían, la literatura era algo que realmente disfrutaban compartir. Amu estaba tan sumida en la lectura del libro a la vez que acariciaba los cabellos del muchacho que difícilmente se dio cuenta de que el joven emitía pequeños ronroneos cuando sus dedos rozaban la parte superior de sus orejas. Se escucho el sonido del teléfono a la distancia, tan apartado de su pequeño mundo, pasaron unos segundos y súbitamente se escucho como unos pasos veloces se dirigían hasta la habitación la cual se abrió de golpe.

Apoyada en el marco de la puerta, con el rostro pálido y los cabellos alborotados se encontraba la sirvienta de Ikuto, Amu inmediatamente se irguió e Ikuto… cayo de lleno al suelo, su rostro estaba sorprendido y algo asustado por el alboroto, ambos esperaban malas noticias.

Jo-Joven Tsukiyomi- la joven bajo uno de sus brazos y se dejo caer por el borde del marco.- Han encontrado, un donante. El hospital solicita su presencia.

Tanto Amu como Ikuto permanecieron en silencio debido a la sorpresa de dicha noticia y finalmente fue la joven quien rompió el silencio.

¿Escuchaste?- Amu tomo sus hombros arrodillándose frente a el- Vamos, date prisa y cámbiate- beso una de sus mejillas, mientras sus ojos derramaban, nuevamente, las lagrimas de su corazón.- Ten mucho cuidado. ¿OK?- Sabia lo que esto significaba, no mas caminatas vespertinas, no mas visitas al parque o tardes como esta, Ikuto dejaría de ser parte de su vida, y eso era algo bueno.

Y aunque sea así, no deja de ser doloroso.

Todo estará bien a partir de ahora.- empezó a levantarse para empacar algo de su ropa pero algo la detuvo, el había tomado su muñeca y la jalo de nuevo a la misma posición.

Repentinamente, puso una de sus manos debajo de la barbilla de la joven, acerco su rostro al de ella y, colocando su otro brazo en su cintura, conecto ambos pares de labios.

Durante esos gloriosos segundos, Amu, vivió todos los sentimientos existentes, sorpresa por la repentina acción del joven, miedo de ser descubierta, odio por si misma y su forma de disfrutar el beso, aprovechándose de la situación, culpa por lo que iba a hacer. Coloco sus brazos alrededor de su cuello y enredo sus azules cabellos entre sus dedos, profundizando el beso, disfrutando del ultimo pedazo de amor que se le seria otorgado por el.

Ikuto la apretaba cada vez más contra el, hasta que separaron sus labios y fue entonces cuando el se acerco a uno de sus oídos, aun con la respiración entrecortada y los labios algo hinchados, susurrando le hizo una de sus preguntas más soñadas, esto tenía que ser una pesadilla:

Casémonos- el peli azul la estrecho mas fuertemente contra su cuerpo al oír como gimoteaba- una vez que todo termine, cuando yo pueda volver a ver.- se separo unos centímetros de ella y con una gran sonrisa repitió- Casémonos, esta vez de verdad.

Déjame hacerte feliz, Utau- la pelirosa seguía llorando, y aun con su pesar, asintió con la cabeza mientras el acariciaba su cabello, en un tierno abrazo que lo envolvía todo.

Entonces, me voy ahora.- beso su frente y con ayuda de su asistente se dirigió al coche con su maleta, Amu lo observaba desde la ventana de su cuarto, solo quedaba una última cosa que hacer y su vida volvería a recuperar todo el color que alguna vez había tenido.

*/*/*/ Casa de Utau/*/*/*/*

Ambas chicas se encontraban una frente a la otra, sentadas en los blancos sillones de la sala y centrando sus vistas en las inmaculadas tazas de té sobre sus regazos, el silencio era incomodo para ambas. Después de todo no se habían visto desde aquel día en el que Utau le había suplicado que destruyera el corazón del chico mas amado en sus vidas.

La rubia se notaba deprimida, aunque al parecer su vida seguía siendo casi la misma, la habitación tenía diversos cuadros de flores, al parecer las rosas eran las favoritas en la mayoría de ellos. Utau tomo un sorbo de su Té y con voz algo tembloroso empezó la plática.

Amu, ¿A que has venido?- su voz lejos de ser grosera la incito a continuar con aquello que se había planteado desde un inicio.

La pelirrosa se levanto y ante la mirada de extrañeza por parte de su hermana, coloco ambas rodillas sobre la alfombra, con una voz suplicante y con su cabeza tocando el suelo en una profunda suplica.

Utau, te ruego que regreses a su lado- Amu, aguardo su respuesta tragó saliva y después de unos segundos alzo su vista. Su hermana estaba con el rostro pálido y la mirada perdida, la taza que hasta hace unos momentos había estado delicadamente en sus manos ahora yacía rota en el suelo.

Amu creía adivinar lo que estaba pensando, así que se apresuro a añadir- Su vista volverá pronto- Utau reacciono y la volteo a ver, la veía enternecida y con algo de pena. Creyendo que esto era una respuesta afirmativa, continúo hablando.

Por favor, quédate a su lado- volvió a sumir su cabeza en una reverencia- Y actúa como si nada hubiese pasado- Utau la miraba horrorizada.

Amu, no me digas que…- tapo sus labios con ambas manos, en sus ojos se veía admiración y miedo por que se confirmara lo que estaba pensando- Durante todo este tiempo…- La pelirrosa simplemente, asintió con la cabeza, mordía sus labios con desesperación, quería que le diera una respuesta afirmativa.

No puedo- exclamo la rubia en un susurro- ¡No podría hacerlo!- La rubia dejo caer su cabeza, estaba resignada a decir lo siguiente- No tengo el derecho de estar a su lado nunca mas…

Utau, por favor- La mayor observo como su hermanita le suplicaba, ella también deseaba volver a su lado pero como podría competir contra este corazón tan puro.

Tú has estado a su lado todo este tiempo- tomo la mano de la ojiambar y la ayudo a sentarse a su lado, ella rehuía su mirada. No tenia caso intentarlo siquiera, era más que claro que su dulce hermanita merecía estar a lado de Ikuto.

Tienes que ser tu- con un profundo dolor Utau, vio el por que de la actitud distante de su hermana. Sus ojos lucían desesperados y estos brillaban con las lagrimas contenidas, evidentemente había madurado todavía recordaba a la frágil chica que se culpaba por todo en aquella sala de espera.

Te lo suplico- había tomado sus manos entre las suyas- Por favor, vuelve a la vida que llevaban antes…hazlo por Ikuto…

*/*/* Sala de hospital, tres días después */*/*

Ikuto estaba ansioso, el día de hoy le retirarían los vendajes y vería a Utau por primera vez después de tanto tiempo, la sola idea lo hizo sonreír. Su Utau se había convertido en una chica torpe y hogareña, había adoptado un gusto exquisito por la literatura, cosa que no había conocido hasta ahora.

Joven Tsukiyomi, es hora- la suave voz de la enfermera lo hizo volver a la realidad, sentía los nervios a flor de piel y con un tenue movimiento de cabeza le indico que podía continuar.

Las manos de la joven se situaron en la parte posterior de su cabeza, las vendas se fueron aflojando. De pronto vio una luz tan brillante como ninguna otra, pestañeo varias veces y pronto empezó a vislumbrar las borrosas siluetas de su entorno, manchones azules y grises.

Volvió a cerrar sus ojos con fuerza y esta vez pudo apreciar el jarrón con flores sobre la mesa, las nubes blancas y esponjosas que lo saludaban a través de la ventana. Maravilloso era palabra idónea para describir este suceso, había retornado de las sombras, su vida volvía a estar llena de luz, lograría cumplir sus sueños.

¡Puedo ver! - exclamo con un grito de felicidad, una carcajada histérica salió desde el fondo de su garganta, la dicha que experimentaba no se podría comparar con nada mas, por fin tenia todas las herramientas que necesitaba para proteger a sus eres amados.

¡Ikuto!- rápidamente dirigió su mirada hacia la puerta, una sonrisa con ligeras lagrimas se poso en su rostro, justo frente a el se encontraba la persona a la que mas temió perder, aquella que le había demostrado amarlo sobre todas las cosas. Utau, con un delicado vestido blanco y su rubio cabello atado con un lazo. Sonreía de forma tan pura, tan dichosa, el quería compartir su felicidad y asegurarse de hacerla sonreír eternamente, tal y como ella había hecho.

Corrió a darle un abrazo como nunca antes había dado, la estrecho contra su cuerpo, respiro hondamente su aroma el cual, a su parecer, había cambiado mucho comparado con el de hace unos días, beso suavemente su frente y con una sonrisa de verdadera felicidad permaneció con ella en esa posición por algunos minutos mas.

Te amo- susurro de forma tranquilizadora puesto que la joven había comenzado a temblar.

Lejos estaba de conocer que la verdadera protagonista de aquellas tardes inolvidables, se encontraba del otro lado de la puerta, escuchando todo con una mirada sombría, la profunda tristeza que sentía por dentro era demasiado dolorosa, el derramar lagrimas era solo un gasto de energía en este caso, su pecho latía con cada oleada de dolor, pero aun si todo eso era verdad ¿Qué importaba? Estaba claro que el amaba a la rubia, que su simple existencia seria siempre relegada a un lado.

Deja que mi mentira se complete

Con paso decidido se alejo de esa tierna atmosfera, ya había hecho todo lo que podía por él, ya no tenia sentido que se quedara ahí. Él la odiaba, o al menos no quería compartir su presencia, en el fondo se sentía feliz de saber que ella había sido parte de su mundo por lo menos durante algunos meses, que podría llevarse esos recuerdos y sonreír con ellos aunque al verlo con su hermana las alegrías se esfumaran, el tratar de interponerse entre ellos nunca había sido una opción.


Espero que les haya gustado

Creo que ya solo quedan dos o tres capis mas

El final se acerca