7. La habitación de Hermione
Hermione no se arrepintió de haber aceptado la invitación de Cho. Quería, deseaba, necesitaba, estar en esa fiesta… Ver la cara de Ron. La castaña había acudido al día siguiente al mismo establecimiento donde el pelirrojo había comprado el regalo para su esposa, y no sintiendo remordimiento alguno, empleó parte de sus ahorros en adquirir el mismo vestido. ¡Quería ver la cara de Ron!, cuando apareciese en aquella fiesta de cumpleaños, ataviada con la misma ropa que su insufrible esposa. Y se relamía de gusto sentada en el sillón de su despacho, recreándose en su propia maldad, ni siquiera Luna estaba al tanto de lo que se disponía a hacer.
Faltaba solo un par de días para el ansiado evento y su relación con Ron había variado un poco desde el día de los helados. Es cierto que el pelirrojo apenas le dirigía la palabra y solía sonrojarse si ella estaba delante, pero notaba que ya no estaba tan tenso cuando por alguna razón debían quedarse a solas y que incluso en una ocasión, solo en una, lo había visto sonreír con uno de sus ingeniosos comentarios. Hermione Granger estaba ansiosa por que llegase el día en que podría lucir aquel vestido, que debió ser suyo y no de Cho.
Luna llegó temprano, la puntualidad era una de sus normas, y para su sorpresa, su prima también lo había sido. Era la segunda vez en un corto periodo de tiempo, todo un record para la castaña.
- Estás preciosa - dijo mientras entraba en el ático – Ese vestido debe haberte costado una pasta.
- En efecto, es carísimo, pero la ocasión lo merece – contestó Hermione echándose una última ojeada en el espejo.
Luna pensó que su prima quería impresionar a Ron aquella noche, suspiró resignada ante su terquedad.
- Aun estamos a tiempo de no ir.
- ¿Por qué dices eso? Tú pareciste divertirte mucho con Cho hace un par de semanas – Hermione no perdió la oportunidad de echárselo en cara.
Luna torció el gesto, en realidad Cho no le caía ni bien, ni mal, simplemente le era indiferente. Y si aquel día acepto su invitación a almorzar, lo hizo para comprobar algo que la preocupaba… Aun no había visto a Ron, quería saber cual era su reacción cuando Hermione y su esposa estaban juntas. Y su preocupación siguió igual que antes de la dichosa comida, o quizás mucho peor, después de la tensión que notó cuando llegó a la heladería. Suspiró y decidió no contestar a su prima, aunque esa sonrisita no le gustaba nada. La conocía y Hermione tramaba algo.
- Pues vamos entonces – dijo resignada.
- ¡Cielo Santo Luna!... No conozco la dirección de Ron.
- Tú no, pero yo sí… Cho me la apuntó en una servilleta el día del almuerzo… En marcha.
El taxi esperaba en la puerta y las dos muchachas subieron a él rumbo a una fiesta en la que ni siquiera deberían estar. Iba mas lento de lo habitual, el tráfico estaba imposible a esas horas, sobre todo por ser sábado. Por fin el vehículo dobló una esquina y de pronto la memoria de Hermione comenzó a llenarse de recuerdos. Ella había vivido en aquella calle. Sonrió, pasar de nuevo por ella le inundaba el corazón de emoción… ¿Quizás podría reconocer su casa? Estaba segura, Hermione bajó la ventanilla y sacó la cabeza por ella.
- ¿Qué haces? – preguntó su prima extrañada.
- Luna… ¿No lo recuerdas?... Yo viví en esta calle.
La rubia pegó la nariz al cristal y sonrío.
- ¡Tienes razón!
- ¡Mira! ¡Allí es! ¡Allí esta mi casa! – gritó Hermione emocionada.
Luna volteó la vista hacia el lugar donde señalaba su prima y el taxi se detuvo justo en la puerta. Hermione metió de nuevo la cabeza dentro del vehículo, asombrada.
- Disculpe, debe haber entendido mal. Yo viví aquí, hace muchos años, pero la fiesta a la que vamos no es en esta casa. Lo hemos confundido, lo lamento.
El taxista agarró de nuevo la servilleta donde estaba apuntada la dirección y la leyó, miró hacia la casa y dijo.
- Es ésta, no hay dudas, mire – y le entregó a la joven el trozo de papel.
Hermione lo leía sin salir de su asombro y Luna comenzó a darle golpecitos con el codo, hasta que la sacó de quicio.
- ¡¿Qué?!
- Mira Hermione… Creo que sí es en esta casa la fiesta.
La castaña levantó la vista de la servilleta y vio con sus propios ojos, como algunas personas elegantemente vestidas, se bajaban de sus coches y entraban justo en la que había sido su casa. En la puerta Cho los saludaba a todos entusiasmada.
- ¡Oh dios mío!... ¿Ron vive en mi casa?
Luna asintió, todo parecía indicar que era así. Hermione salió del coche y su prima la imitó después de pagar al taxista. El taxi se puso en marcha y desapareció. La castaña no podía creer que Ron hubiese adquirido su antigua casa… ¿Con que intención lo había hecho?, se le revolvieron las tripas imaginando a Cho como dueña del que había sido durante años su feliz hogar. Luna tomó a su prima de la mano y se dirigieron hacia dentro. En la puerta, Ron saludaba junto a su esposa a los invitados que iban llegando. Como era de esperar, Cho llevaba puesto el vestido que su querido esposo le había regalado. Hermione sonrió satisfecha, ahora mas que nunca se alegraba de lo que había hecho. Subió los escalones de la entrada con parsimonia, Luna que iba mirando al suelo para no tropezar levantó la vista y fue entonces cuando vio a Cho. No podía creer que la esposa de Ron y su prima fuesen vestidas igual. Miró instintivamente a Hermione y advirtió el rostro triunfante de la joven. Comprendió entonces porqué se había dejado la mitad de sus ahorros en aquel vestido. No era para impresionar a Ron, sino para aguarle la fiesta a su esposa.
- Bonito vestido Cho – saludó Hermione con sarcasmo – Feliz cumpleaños.
Cho se quedó de piedra, apenas podía respirar y se había vuelto tan verde como su vestido. ¿Como había sucedido esa terrible coincidencia?... No podía ir vestida igual que ella. Quiso fingir una sonrisa pero el odio interno que sentía por Hermione en ese momento, solo le permitió decir con un hilo de voz.
- Gracias.
Ron fulminó a su antigua novia con la mirada, ¿Cómo podía haberse atrevido a tanto? Sabia que Hermione era impetuosa, pero aquello era demasiado. Sintió ganas de abofetearla.
- Hola Ron – dijo ella con voz dulce.
El pelirrojo no le devolvió el saludo y movió la cabeza haciéndole ver que había llegado demasiado lejos. Hermione sonrió descaradamente y alzando la nariz entró en la casa, acompañada por Luna, que sentía como la actitud de su prima la había hecho sonrojar hasta las orejas. La esposa de Ron no saludó a nadie más y subió como un rayo a su habitación para cambiarse el vestido. Hermione se había salido con la suya, Cho no luciría el regalo de Ron, al menos durante aquella noche.
- No puedo creerlo – decía Luna regañándola – Eres lo peor Hermione.
- Yo no lo sabia – se excusó ella fingiendo un aire inocente.
Luna movió la cabeza resignada ante la desfachatez de su prima y Hermione alzó las cejas y ladeó un poco la cabeza.
- Ron echa humo por las orejas – añadió la rubia mirando al joven de soslayo.
- Lo sé, pero ella aun mas. Pobrecilla… Se le fastidió el cumpleaños.
Luna resopló, un camarero pasó cerca de ellas y Hermione tomó una copa. La rubia decidió acercarse a la mesa de los canapés. Hermione vio alejarse a su prima y comenzó a recorrer con sus ojos aquella casa que tan gratos recuerdos le traía. No la recordaba así, excepto las paredes que conservaban el mismo color que antaño… El azul. Sintió como su cuerpo se inundaba de una nostalgia infinita y se sobresaltó cuando alguien se le acercó por detrás y le tapó los ojos con las manos.
- ¡Draco! – exclamó.
El rubio salió de detrás de ella y sonriéndole dijo.
- Vaya nena, estás radiante. Es una lástima que solo seamos amigos… ¿Te encuentras bien? – preguntó al notarla un poco ausente.
- Sí, estoy bien, no me hagas caso.
Lavender y Pansy llegaron riendo y cogidas del brazo, se detuvieron colocándose una a cada lado de la castaña.
- ¡Estás loca Hermione! – exclamó la rubia.
- ¿Lo sabias o ha sido casualidad? – preguntó la compañera de Draco.
- No sé de que me habláis – Hermione se hizo la despistada, pero sabia perfectamente a que se referían las muchachas.
- El vestido, ¿No me lo puedo creer? – Lavender volvió a reír.
- Bueno digamos que tenía información privilegiada – confesó Hermione con una sonrisa.
Draco miraba a unas y a otras sin acertar a entender del todo lo que estaban hablando, aunque podía deducir algo.
- Eres mi ídolo – admitió Pansy – Cho nunca fue santa de mi devoción, es tan perfecta, tan sonriente… Nadie es así, siempre he pensado que esconde algo. ¡Pobre Ron! El sí que es un encanto.
Draco miró a la morena y su rostro se volvió muy serio.
- Nunca me dijiste que te gustase – inquirió.
- Draco no dije que me gustaba, solo que era un encanto – contestó ella complacida con el repentino interés del rubio.
Al muchacho no pareció convencerle mucho aquella respuesta. De repente alguien agarró a Hermione del brazo y la giró, derramando algunas gotas de su copa, aun sin estrenar. La castaña miró hacia quien la había sobresaltado y vio a Ron con los ojos ardiendo de rabia.
- Tú y yo tenemos que hablar - le espetó.
Hermione puso cara de no haber roto un plato y se mordió el labio inferior. Los ojos de Ron ardieron aun más.
- Lo siento, pero no podrá ser en este momento. Draco acaba de invitarme a bailar y no puedo rechazarlo.
El pelirrojo asesinó con la mirada a su rubio compañero, que se había visto envuelto sin quererlo en una encarnizada batalla. Lavender miró al suelo y Pansy ahogaba una risa como podía. Ron apretó los labios, tomó aire y girando sobre sus talones desapareció entre los invitados.
Draco bailaba con desgana, al principio las locuras de Hermione con Ron le divertían. Fastidiar un poco al pelirrojo perfecto le gustaba, pero Ron se veía cada día más afectado y al rubio aquello empezó a no agradarle demasiado, sobre todo si Hermione lo utilizaba de esa forma.
- No deberías jugar así con los sentimientos de Ron – dijo de pronto.
- ¡No lo puedo creer! – exclamó la joven sorprendida - ¡Mira quien fue a hablar! No eres el más indicado para dar ese tipo de consejos Malfoy.
Draco volvió a guardar silencio mientras sus pies seguían el ritmo de la música. Hermione tenía razón, jugar con los sentimientos de las mujeres era su deporte favorito, así que aquella no había sido su gran frase y la castaña era demasiado avispada para dejarla pasar.
- Ron es un buen tipo – volvió a decir sin poder evitarlo.
Hermione perdió la paciencia y se separó de los brazos del joven, quedándose parada en medio del salón.
- Piensas que soy una persona horrible ¿Verdad? – la muchacha clavaba en el sus ojos, luego abrió de par en par los brazos girando sobre si misma – Mira esta casa, era mi casa. Yo viví aquí durante catorce años Draco. Y ahora Ron la compra para disfrutarla junto a Cho… ¿Dime ahora quien es mas retorcido de los dos?
Y sin decir una sola palabra mas, lo abandonó en el centro del salón mientras los demás invitados continuaban su danza ajenos a todo. La muchacha pasó por delante de Lavender y Pansy ignorándolas y caminó rápidamente con intención de salir de allí lo mas pronto posible. Por el camino, tropezó con Luna.
- ¡Hermione! – gritó.
Pero la joven continuó sin detenerse, en realidad estaba tan enfadada con Draco, con Ron, con Cho… Con todos, tanto, que no la había escuchado. Luna se quedó un poco contrariada y encogiéndose de hombros, continuó lo que estaba haciendo.
Hermione llegó hasta la entrada de la casa y se apoyó sobre la barandilla de la escalera que llevaba al piso superior. Respiraba violentamente y dos lágrimas desobedientes corrían por sus mejillas. Se había prohibido llorar por Ron, y no lo estaba cumpliendo. Cerró los ojos intentando controlar un poco sus emociones y levantó la cabeza, volviéndolos a abrir unos segundos después. Se quedó con la mirada fija en la puerta de una habitación del segundo piso y sonrió con nostalgia. Aquella puerta conducía al que había sido su dormitorio, sintió deseos de subir y averiguar si sus cosas aun seguían allí, si Ron las había conservado. Pero recordó que la casa había tenido un anterior dueño, así que era muy poco probable que sus pertenencias, aquellas que nunca se llevó a Escocia siguieran allí. Puso inconscientemente un pie en el primer peldaño y luego otro en el siguiente, y cuando se vino a dar cuenta, ya había subido media escalera.
Ron continuaba rabioso, su esposa parecía desorientada desde lo del incidente con el vestido, pero aquello no le preocupaba lo mas mínimo. Sinceramente, le daba igual si Cho llevaba o no llevaba puesto su regalo de cumpleaños. Lo que tenía al joven al filo del infarto, era no haber podido desahogar toda su rabia con Hermione y ésta, hubiese tenido la desfachatez de dejarlo con la palabra en la boca para irse a bailar con ese engreído de Malfoy. Resopló y desvió su mirada del grupo en el que estaba. Algo llamó su atención fuera del salón, Hermione subía lentamente la escalera en dirección al piso de arriba… ¿Qué estaría tramando ahora? Se disculpó con su grupo de amigos entre los que estaba su esposa, argumentando una escusa poco creíble y fue a averiguar que pretendía hacer ahora su antigua novia.
Hermione giró el pomo de la habitación que fuera su dormitorio y entró. No había ni rastro de su cama, ni de las repisas sobre las que dormian olvidadas muñecas y su tocador blanco con la foto de Ron sacándole la lengua divertido, tampoco estaba. Pero el color azul de las paredes seguía siendo el mismo. El pelirrojo lo había convertido en un despacho. Estanterías repletas de libros cubrían parte de las paredes y un escritorio de caoba presidía la estancia. Junto a él, un sofá blanco y una maceta con una planta un poco descuidada. Hermione pasó los dedos por los libros y se acercó al sillón donde Ron pasaría sentado parte de su tiempo, lo observó con tristeza. Luego reparó en los retratos que había sobre el escritorio, junto al PC portátil del pelirrojo. Sonrió al verlo en el primero, estaba junto a Ginny y su prole de hermanos, cada Weasley tenía un gesto diferente en su rostro. En otro, una fotografía inmortalizaba el momento en que se graduó como periodista y en el tercero posaba junto a su esposa, el día de la boda. Hermione cogió el último retrato y con una mano tapó a Cho dejando solo la figura de Ron. A veces, en sueños se había visto casada con él y en ninguna de esas fantasías podía haberlo imaginado tan guapo como en esa fotografía. Sintió una profunda envidia malsana por Cho, y le deseo desgracias horribles, sintiéndose culpable de no arrepentirse de haberlas pensado.
Se oyó un ruido, alguien entró en la habitación y el retrato resbaló de sus manos cayendo al suelo y quebrándose el cristal en varios trozos.
- ¡Ron! – exclamó la joven palideciendo.
- ¿Qué estás haciendo aquí? – preguntó el pelirrojo fijando su vista en el malogrado retrato y acercándose para recoger los trozos.
- Lo siento, yo solo lo miraba, no era mi intención dejarlo caer – decía ella apurada.
Hermione se agachó para ayudar a Ron a recoger los cristales del suelo. Cuando hubieron terminado, Ron dejó lo que quedaba del retrato sobre la mesa del escritorio. Miraba a Hermione fijamente y sin saber como, toda la rabia y las ganas de abofetearla comenzaron a disiparse.
- No deberías estar aquí, si Cho te encuentra… No creo que te perdone nunca la jugarreta del vestido.
La muchacha desvío la mirada de los ojos de él y comenzó a ojear la estancia.
- Respetaste el color original de las paredes.
- Bueno, en realidad tuve que volver a pintarlas. El anterior dueño tenía un pésimo gusto y las había pintado de marrón. Odio ese color y yo recordaba esta casa de azul – contesto él con tono melancólico, mirando hacia las paredes.
Hermione suspiró y fijo de nuevo sus almendrados ojos en él.
- ¿Por qué compraste mi casa para vivir con ella?
Ron no se sorprendió, esperaba esa pregunta tarde o temprano. Conocía a Hermione más de lo que ella creía.
- Mi intención no fue vivir aquí con Cho. Me enteré que la casa volvía a estar en venta y de eso hace un año, yo solo conozco a mi esposa desde hace seis meses. La compré pensando que algún día tú la compartirías conmigo. Sé cuanto amabas esta casa…
Hermione pensó que se le había parado el corazón, de todas las respuestas del mundo aquella era la que menos esperaba.
- …Pero ya ves, las cosas no suceden como uno espera y precisamente así me que de yo, esperándote… - la joven notó como su corazón pasaba de no latir a hacerlo a una velocidad sorprendente – No he llegado ser tan rico como para regalarte una estrella como prometí, y me conformé con comprarte una casa.
Hermione ya no pudo contenerse más y se llevó la mano al pecho. Aquello era demasiado para su terco corazón empeñado en seguir amándolo. Se aproximó a él mirándolo con ternura. Desde que llegó a Londres y se encontraron, solo el deseo de volver a poseerlo para ella sola la había dominado, pero Ron lograba renacer la ternura que sintió por él cuando eran niños y sus ganas locas de abrazarlo, sin necesidad de nada mas. Y sin pensar en la reacción que el joven pudiese tener, pegó su delgado cuerpo a la robusta figura de él y lo rodeó con sus brazos, dejando caer su cabeza sobre el torso del pelirrojo, sintiendo los fuertes y rápidos latidos del corazón de Ron. Él sabia que aquello no estaba bien, que su esposa celebraba su cumpleaños en el piso de abajo, ajena a todo lo que él estaba notando moverse en su interior. Pero el aroma a lilas que desprendía la piel de Hermione, el roce de su melena castaña haciéndole cosquillas en la nariz y el cálido cuerpo de la joven, lo hacían perder la noción de lo que estaba bien o mal, de lo que era correcto y de lo que no lo era. Y sin resistirse mas al deseo de corresponder a su abrazo, entresacó los brazos de los de ella y la rodeó apretándola fuertemente contra su pecho, haciendo que la muchacha lanzase un suspiro de felicidad y todos los argumento por los que debía odiarla para siempre, quedaran tirados en el suelo. Hermione se acurrucó en los fuertes brazos del pelirrojo sintiendo como el tiempo se había detenido y sin el menor deseo de separarse de él. Ron suspiro, estaba cediendo. Quizás había esperado demasiado para volver a tenerla entre sus brazos de nuevo. Se separó lentamente de ella y llevó sus manos al hermoso rostro de la joven. La miró como hacia mucho que no lo hacia, sin rabia, sin frustración, solo con la ternura inmensa que sentía por ella. Desvió la mirada hacia los labios de ella, aquellos labios que le pedían a gritos que los besara. No pudo resistirlo más y lo hizo. Pegó sus labios a los de ella con tanta fuerza, con tanta pasión que incluso Hermione se sobresaltó, pero solo fue un momento, porque la joven le correspondió con la misma intensidad. Y aquel beso se hizo eterno, aquel beso debía suplir a todos los que se habían negado en diez años. Nada importaba ya, ni el enfado de Ron, ni los celos de Hermione, ni siquiera que Cho siguiese con su fiesta abajo… Nada, solo ellos y ese beso eterno…
- ¡¿Que diablos haces Ron?!
El pelirrojo y Hermione se separaron bruscamente sobresaltados. Cho estaba en la puerta del despacho, junto a una sorprendidísima Ginny, que se llevaba las manos a la boca. La esposa de Ron los miraba con los ojos fuera de las orbitas, el joven se quedó mudo y había palidecido. Hermione miraba a Ginny suplicante.
- Esto tiene una explicación – comenzó a decir Ron cuando recuperó el habla.
- ¿Ah sí? ¡No me digas!... Y tu tienes esa explicación ¿Verdad mi amor? – exclamó Cho con cinismo.
- Tú no lo entiendes… No sabes nada – continuó Ron haciendo mas firme su voz.
Cho fulminó a su marido con la mirada y el joven dio un paso hacia atrás. Hermione miró al suelo, aquella situación era horrible. Ahora los ojos de la esposa del pelirrojo, se posaban sobre ella encendidos por un odio inimaginable.
- ¿No te conformas con robarme el vestido, que ahora pretendes hacer lo mismo con mi marido?... Eres una…
- ¡Cho! – gritó Ginny.
La joven se tragó el insulto y volviendo a clavar sus desquiciados ojos en Hermione le espetó.
- Quiero que te marches de mi casa ahora mismo.
Hermione miró a Ron, pero éste bajó la vista al suelo y cerró los ojos.
- ¡¿Estas sorda?! Dije ¡Ahora! – gritó descontrolada.
Hermione salió corriendo y abandonó la habitación, pasando por delante de Cho que se apartó de ella como si tuviese lepra y de Ginny que la miró con tristeza y compasión. Ron quiso seguirla pero su esposa lo retuvo amarrándolo por un brazo.
- Ni lo intentes, vas a bajar conmigo y fingiremos que nada a pasado. Hoy es mi día… - dijo con los ojos ardiendo de rabia y el gesto contraído – Y cuando todos se hayan marchado, tú y yo vamos a hablar y a aclarar muchas cosas.
Y diciendo esto, tiró de él y bajó las escaleras tomada de su brazo y con una sonrisa fingida en los labios. Ginny los siguió pero no entró en el salón y continuó hacia fuera intentando alcanzar a su antigua amiga. La vio correr como un rayo por la calle y la llamó.
- ¡Hermione!
La muchacha se detuvo en seco al reconocer la voz y se giró con el rostro inundado en lágrimas. Ginny se acercó a ella y sintió que se le partía el corazón.
- ¡Oh Hermione! ¿Por qué lo hicisteis?
- No pudimos evitarlo, al menos yo. Lo intenté Ginny, pero es mas fuerte que mi voluntad… Tenias razón, sí soy de esas.
La pelirroja suspiró, ella nunca había pensado eso de Hermione.
- Quiso seguirte, pero Cho lo detuvo. Hermione, si Ron decide que tú eres la persona con la que desea estar, yo lo apoyaré. Lo único que me importa en esta vida, además de Harry, es la felicidad de mis hermanos y la de Ron en particular. Y si tú eres esa felicidad, no voy a ser yo quien se interponga en que la consigáis, y si para ello tengo que enfrentarme a Cho, lo haré. Solo quiero que mi hermano encuentre la tranquilidad y la dicha de una vez y para siempre.
- Yo lo amo Ginny, pero ahora no depende de mí. Si el me busca, yo siempre estaré… Siempre he sido suya.
Ginny se acercó a Hermione y la abrazó con fuerza mientras la castaña se deshacía en lágrimas. Luna, que había salido de la casa al ver correr a las dos jóvenes, se aproximaba lentamente a ellas. De pronto se detuvo y se quedó observándolas a cierta distancia, sabiendo que aquel abrazo, era señal de que ambas habían vuelto a recuperar una amistad que nunca debió haberse perdido.
Oh Dios mio me imaginaba el beso mientras lo escribia y uf! bueno espero que os haya gustado...
