Capítulo 7
-¿Estás preparada, Esme?
La voz de Carlisle traspasaba la puerta y llegaba a mis oídos en forma de dulce música.
-Claro, en seguida salgo.- dije, sentada en la cama.
No estaba preparada. Le había mentido, y me sentía mal por hacerlo. Pero no quería posponer este momento y sabía con certeza que si Carlisle me veía insegura nos haría esperar.
Me agarraba las rodillas con fuerza, sujetándome a la tela de los pantalones con fuerza. ¡Por el amor sagrado! Iba con pantalones, igual que un varón, ¿pero qué más daba eso ahora? Como si nunca me hubiese puesto una prenda de hombre.
Mis entrañas rugían, quemaban y se volteaban como si estuvieran vivas. Me dolía todo el cuerpo y cada vez era más difícil esconder los dolores a Carlisle y Edward. Hacía una semana que no tomaba nada y hoy era la noche de la caza. Mi primera caza. Después de mi conversión. Y estaba nerviosa. Aterrada.
Carlisle me lo había dicho con antelación, pienso que para que pudiera hacerme a la idea, pero desde que lo hizo la fecha me había estado rondando, mi cerebro había hecho un calendario y pasaba las sus hojas con cada día que pasaba. ¡Era terrible! ¡Y lo peor de todo el asunto es que moría porque llegara ese asqueroso momento! Deseaba sentir el alivio de la sangre de una vez por todas.
Me levanté con decisión y los puños cerrados. Me miré al espejo sin verme: una mujer con ojos asustados y pelo recogido me observaba desde la otra parte del cristal. Me obligué a abrir las manos y salí de la habitación.
-Esme…-Carlisle se acercó a mi con rapidez, pasando una de sus manos por mi espalda, dándome calor y protección. Ay…me emocionaba que hiciese eso.
-Ya estoy lista.
-Apresurémonos entonces.- su manos acogió a la mía y me llevó a la puerta.
-¿No vendrá Edward con nosotros?- pregunté, pues ni lo veía ni lo sentía cerca.
-No esta vez
-¿Le ocurre algo? - subimos a la azotea, igual que habíamos hecho cuando fuimos aquella primera noche a las afueras de la ciudad.
-Bueno…-se rascó la frente mientras la arrugaba.- tenía el deseo de poder mostrartelo yo todo.
Corría viento allí arriba, aunque no sentía nada de frío. Pero aun así, tuve la necesidad de arroparme con la chaqueta que llevaba puesta; ciertamente, aun no me acostumbraba a no sentirme helada en estas condiciones.
El filo de la azotea estaba a un paso y al siguiente el vacío. Carlisle giró su cabeza hacia mi y, con ganas de que no preguntase lo que yo pensaba, me dijo:
-¿Te gustaría aprender a saltar? - Tragué saliva ruidosamente. ¡No quería! ¡No, no y no! Además, el momento me recordaba mucho a los últimos momentos de mi vida humana. Entre la firmeza y el vacío, entre la seguridad y el dolor. ¿Qué pretendía Carlisle que hiciese al saltar? Me caería y, con suerte, tan solo me rompería unos huesos. Miré al frente y recordé que no era el suelo de abajo el objetivo. - Podría llevarte, también.
-Si…si no te importa, Carlisle. - dije, aun mirando hacia bajo.
Sus brazos me agarraron por debajo de las rodillas y detrás de la espalda. Su cara quedaba un poco más alta que la mía, pero muy cerca de todos modos. Mi costado estaba pegado a su pecho y sus manos me sujetaban de forma que me atraía aun más a él.
Pronto sentí el frío en las mejillas y el cielo pasar a gran velocidad sobre nosotros.
Escruté a Carlisle durante casi todo el viaje, menos en los momentos en los que él volteaba su cabeza para mirarme y yo escondía mi mirada en algo detrás de su cabeza.
De una forma totalmente no debida, me alegraba de que solo Carlisle estuviera aquí. Durante toda esta semana no había tenido un solo momento a solas con él y desde nuestro viaje al bosque, había deseado que éste se repitiera. Y hoy, por fin, podríamos ir de nuevo.
Carlisle había pedido unos días libres por enfermedad, los cuales empezaban hoy y servirían para mi aprendizaje como nueva vampiro. O neófita, como decían ellos.
Hubo un momento en el viaje en el que las luces se desvanecieron y la quietud se hizo más abundante: habíamos llegado.
No nos encontrábamos bajo el árbol del día anterior. Bajo mis pies las ramas crujían por mi peso y algunas hojas se enredaban en los zapatos.
El viento movió mi peinado. ¡Ah, que bien me sentía! No había salido desde hace días porque no quería que mi sed hiciera daño a alguien y la casa me atormentaba cada vez más, atrapándome en esas paredes. Ahora me sentía relajada, sin presiones ni límites. Respiré para llenarme los pulmones del olor de la hierva y…el fuego me devolvió a la realidad.
Rugí como un animal y dejé mi cuerpo a cargo de mi instinto. Los pies obedecieron al ramalazo de mi garganta y no veía nada más que las hojas de mis pies. No sabía a donde me dirigía ni por donde estaba andando, pero iba en el camino correcto. Lo sabía, lo percibía.
Me encontraba cerca, porque su olor me golpeaba la nariz. Pronto lo vi resguardado detrás de una roca y el animal solo tuvo tiempo de abrir los ojos, esperar a que yo le arrebatara toda su sangre y morir.
¡Oh, era delicioso! Sentía ganas de llorar, cuando el alivio me tomaba al beber. ¡Era una sensación maravillosa! Mis huesos, engarrotados desde hace días, se nutrían y se expandían, se hacían más sólidos. Los músculos se fortalecían, me hacía más fuerte con cada trago y tenía la esperanza de que mis pupilas se tornasen de aquel color amarillo.
Terminé con el pobre, pero quería más. No iba a rechazar a otra presa cuando podía tener más. No, necesitaba liberarme, quitarme el dolor de la sed.
Me levanté y seguí el reguero del olor de otro ciervo. Aun sentía el sabor de la sangre y mi cuerpo pedía más, mucha más, toda la que pudiera haber. El animal estaba despierto cuando llegué, pero no tuve que esforzarme mucho para derribarlo. Mis colmillos atravesaron su piel y se adentraron en su calor líquido que volvió a inundarme la boca. Sentía las gotas deslizándose por mi barbilla y mis dedos las atrapaban para luego poder saborearlas ¡No pensaba dejar nada!
De nuevo esa sensación de relajación me invadió, los litros de sangre me hacían más pesada y eso me gustaba. Chupé mis dedos, que aun se bañaban en sangre. ¡Aun no estaba satisfecha! ¿Cómo era eso posible?
Noté la presencia de alguien detrás de mi y me giré con rapidez para saber de quién se trataba. Si iba a quitarme el poder de amortiguar mi sed…
Sus ojos me miraban como si no hubiese hecho nada malo. Mi cabeza giró para verme sobre un ciervo muerto. Mi grito de espanto resonó por los alrededores y me contorsioné en el suelo para alejarme de lo que había hecho. ¡Y Carlisle me seguía mirando! ¿Cómo lo hacía sin quitar la sonrisa? ¿Se estaba burlando de mi? ¡Qué había hecho, por el amor de Dios!
No corrieron lágrimas cuando comencé a llorar y eso me dio más motivos para seguir llorando. Carlisle se acercó con una preocupación que no merecía.
- ¡No! Por favor Carlisle, ¡no lo intentes, no te acerques!
- ¿El qué Esme, qué no debo intentar? Déjame solo aliviarte, te lo ruego. ¿Qué sucede?
- ¡No finjas Carlisle, sé que lo has visto! ¡Has tenido que verlo!
- ¿El qué Esme? Permíteme acercarme…-dijo, mientras se acercaba un poco más.
Olía la estela que había dejado en el pobre animal muerto, ¡me repugnaba!
- ¡Lo he matado! Y no ha sido un accidente, lo he matado porque he querido- grité.
-Porque lo necesitabas. - mi garganta ardió pidiendo más. ¡Ag! Me la agarré, y por un momento pensé en estrangularme para que el dolor parase de una vez por todas. Las manos de Carlisle se posaron sobre mis muñecas y me las apartaron de mi garganta. Las reunió entre las suyas y me miró a los ojos.- No puedo verte así.-Susurró- Lo siento, tenía que acercarme.
Mi torpe estado emocional no aguantó más y me acurruqué en Carlisle mientras seguía llorando pegada a su oreja. ¡Era tan débil!
-Pero mira…mira lo que he hecho…Carlisle, tu…¡deberías odiarme! -sollocé sobre su hombro.
-No te odio, ¡no podría hacer eso nunca!- negué con la cabeza, porque sabía que esas palabras eran solo para hacerme sentir mejor.
Me miré la ropa porque me sentía húmeda por todo el cuerpo. La ropa estaba teñida de manchar rojizas. Me dejé caer a los brazos de Carlisle de nuevo.
-¡Me siento fatal!- Sí, me sentía culpable, una asesina de animales indefensos sin remordimientos, porque los había matado sin pensar en nada más que la sed. Sin duda, era despreciable. ¡Había matado a sangre fría!
Pero también era cierto que, hace un minuto, tenía la intención de buscar más animales y alimentarme. ¿Lo haría ahora, aterrada como estaba?
-¿Me contarás qué ocurre?- su voz transmitía preocupación. ¡Ay, Carlisle, siempre un hombre tan bueno! Incluso cuando una no se lo merecía, su amabilidad era absoluta.
-Sí…sí, te lo contaré. Pero más tarde, por favor…
-Cuando tu lo desees.-susurró mientras sus manos liberaban mi pelo y lo acariciaba.- Cuando tu lo desees.
[...]
La brisa arremolinaba mi pelo, lo estiraba, y lo volvía a pegar a mi cara. Desde donde estábamos, veíamos toda la amplitud del bosque a un lado y las pobres luces del centro de la ciudad al otro. Pero mi vista favorita era el reluciente cabello de Carlisle debajo de la luna. Y sus ojos tranquilos mirando al horizonte. Y su sonrisa despreocupada. Carlisle me había cogido en brazos después de haber estado mucho tiempo en el suelo llorando y nos había traído a la rama del árbol más alto. Él se apoyaba en el tronco y me mantenía sujetada en sus brazos fuertes. No sé cuánto tiempo habría pasado desde que salimos de casa, pero la luna se situaba justo encima de nosotros, así que supuse que, más o menos, debería rondar la media noche. Así que me quedaban alrededor de cinco horas para quedarme aquí con Carlisle.
Sonreí.
¡Ay, como podía pensar yo así!
Carlisle solo intentaba ser amable conmigo y se comportaba así porque era él el que me había convertido en lo que soy ahora, así que a lo mejor se sentía culpable e intentaba arreglar su error. ¡Pero no tenía que hacerlo! No debía tratarme así por compasión. Y yo debería rechazarlo, pero era demasiado débil como para no rendirme a la protección de su cuerpo.
Además, no me extrañaría encontrarme un día de estos a una mujer hermosísima entrando por la puerta de la casa y dándole un beso en los labios a Carlisle como saludo. Él debía tener una pareja. Sí, debía tenerla.
Sentí envidia en ese momento, por esa esposa imaginaria que tendría que tener. ¡Pero era una tontería sentir eso! O más bien una pérdida de tiempo.
La mano de Carlisle pasó por mi brazo. Ahora la sentía mucho más cerca de mi cuerpo, puesto que me había quitado la chaqueta y solo llevaba una camisa que me venía exageradamente grande.
-¿Esme?
-¿Sí…?
-¿Cómo te sientes?- suspiré
-Muy bien Carlisle.
-Me alegro.
Creía que me iba a preguntar sobre lo que había pasado antes, pero se quedó callado, con su mirada en el horizonte y su expresión tranquila.
Así que no me iba a presionar. Sentí otra ola de envidia a esa mujer que le besaba en mi mente, esa que tendría que ser su mujer, y pasar el resto de la vida con él.
Su brazo recorrió el mío por última vez y lo dejó sobre mi mano.
Pasamos así otro buen rato, tan solo pensando que a cada movimiento de las hojas, el tiempo con Carlisle se agotaba.
-¿Quieres saber lo que me pasó, Carlisle? - dije sin mirarle.
-Sí, pero solo cuando tu quieras. Esperaré hasta que te sientas cómoda Esme.
-Me siento cómoda.- dije rápidamente.
-¿Qué pasó antes Esme? Estaba terriblemente preocupado por ti.- la mano que recubría la mía se levantó y envolvió mi mejilla izquierda, levantándola de su lugar para que nuestros ojos conectaran.
-Tengo miedo de lo que puedo hacer…cuando, ay, Carlisle, no sé cómo poder explicarlo.
-Tan solo dime cómo te sentiste.- dijo, mirando mis ojos fijamente, como si no hubieran otras cosas en el lugar excepto yo.
-Olí el aroma del animal en seguida y a partir de ese momento dejé de tener el control de mi cuerpo. Todo era la sangre del animal. Y no quedaba satisfecha y quería más, ¡y aun sigo queriendo más! Creo que nunca podría parar este ansia que tengo. Y eso me asusta Carlisle, ¡me tengo miedo a mi misma! ¿Y esto es lo que tendré que hacer por el resto de mi vida? Oh, no lo aguantaré. Prefiero no beber nunca más a sentir este miedo. Me corroe, me aprisiona en mi cuerpo. Y…- ¡y tan solo me siento segura cuando me proteges tu Carlisle!, pensé, pero, por supuesto, no tenía la idea de decírselo.- te debo parecer estúpida.- dije al fin, pensando que debería pensar eso.
-No, por favor. Nunca pensaría eso. Es normal que dejes tu cuerpo a merced de tus instintos, todos lo hacemos.
-¿Incluso tu?- pregunté sin creérmelo. El sonrió mientras me contestaba
-Sí, incluso yo.
-¿Y cómo lo soportas?¿No te asusta?
-Lo he aceptado, es una sensación que forma parte de mi.
Los ojos de Carlisle se cerraron durante unos segundo y luego me miraron de nuevo.
-¿Sucede algo?
-Me preocupa algo de lo que has dicho.
-¿El qué Carlisle?
-No beberás nunca más, pues no lo soportas. Has dicho eso. ¿Pretendes llevarlo a cabo?
No contesté, y me quedé por unos momentos callada. ¿Pensaba hacerlo? Sabía que eso no me mataría y lo que pretendía decir al mencionar aquello era que tendría que pedirle a Edward que me ayudara a matarme, porque no quería volver a perder el control de mí.
-Creo que sí, eso es lo que haré. - ¿Acababa de firmar mi muerte? ¿Al final me destruiría? Sus ojos me miraban con preocupación, como si estuviera siguiendo los caminos de mi pensamiento.
-Si dejas de beber te debilitarás. No morirás, pero la sensación es bastante parecida.
-Pero no voy a perderme otra vez, no.
-Al final lo aceptarás igual que yo Esme.
-No Carlisle. No quiero hablar de esto. -aparté mi cara de su mano y la volví a todo lo que había alrededor. El viento volvió a remover mi cabello despejando mi cara y mi cuello.
Sus labios pasaron por mi hombro y luego por mi cuello. No se movían, solo rozaban mi piel.
-Dime que no hablas en serio.
-¿Qué…qué haces Carlisle?- dije, quedándome justo donde estaba, sin moverme ni un milímetro.
-Hueles de maravilla.
-Te lo ruego, no hagas esto…-me estaba volviendo loca, la piel se me rizaba. Su nariz pasó también por mi cuello y, ¡ay, qué era eso! noté como mis pechos se endurecían. ¡Pero qué estaba haciendo! Me abracé el pecho, como si tuviera frío, porque sentía que, en cualquier momento, Carlisle podría darse cuenta de lo que me estaba pasando.
-No podías estar hablando en serio.
-Carlisle…eres muy amable pero…
-En realidad no lo soy.- mi frente se arrugó, ¿que no lo era? Era la mejor persona que había conocido.
Cuando sus labios hicieron presión para darme un beso sentí algo entre mis piernas y las apreté, rezando para que esto se terminara. ¡Qué pensaría Carlisle si supiera la reacción de mi cuerpo! Tenía que parar esto ya…sus labios volvieron a hacer presión…¡oh, basta! Quería cerrar los ojos y girar mi cabeza, para que sus labios y los míos se tocaran, y abrir las piernas en torno a él y no moverme de esa postura nunca más. Pero eso no estaba nada bien, no podía pensar de esa forma. Estaba mal, mal…
-Para Carlisle, para, te lo ruego. - Sus labios me hicieron caso de inmediato y se separaron de mi.- Quiero irme a casa.- ¿Por qué tenía que terminar así? Ojalá nos hubiéramos quedado toda la noche en silencio, hubiera podido disfrutar de su presencia durante más tiempo, de sus brazos rodeándome, de su tierna sonrisa y sus ojos tranquilizadores. Pero teníamos que irnos, porque desde que el fuego de la lujuria me lamía, su cuerpo me producía otras reacciones y nuestra proximidad solo hacía empeorar la situación.
No le miré cuando me contestó, ni en todo el trayecto de vuelta. Sabía lo que pensaría si lo hiciese: sus labios tocándome, mis deseos de que no parara, y de que yo me incorporara a los movimientos del placer. Sus labios tenían que ser los más suaves del mundo. Pero todo eso, todo, no estaba bien.
Lo siento por tardar tanto, pero los exámenes me trae de cabeza y no he tenido mucho tiempo (por no decir nada) para algo que no sea: estudiar y estudiar xD Y espero que me disculpen, esto durará hasta (crucemos los dedos) la semana que viene, a partir de allí, seguiré teniendo exámenes (hombre! eso nunca faltará) pero no será lo mismo.
Bien, bien, después de esta explicación...
Gissy Carlie Cullen, Barbie Hale Black, Koori Hana y Shirley Vultiri, gracias como siempre, por estar al pie del cañon y dejarme sus opiniones, por apoyar a la historia y a mi. ¡Aplaudo siempre que leo los comentarios! (En plan Alice...xD) Son GENIALES chicaaaaaas!
Muchisisisisisisisimas gracias a todos, y porfis tengan una semana más de paciencia conmigo :D
Un besito ^^
Alba.
