Cho se sentó en la grada, al lado de Suna, con cuidado, evitando rozar el respaldo con la espalda. Aunque cerradas, las heridas aún estaban recientes. Su sombrero colgaba a la espalda. No había razón para tenerlo puesto ahora que su secreto había sido revelado.

Para su sorpresa, los ninjas que la rodeaban no se mostraban hostiles hacia ella. Había captado miradas de desconfianza allí y aquí, pero la reacción había sido en general de indiferencia o curiosidad.

—¡Vamos Shiru! —Gritaba Suna. —¡Dale una paliza a ese mequetrefe! —El ninja se había quitado la destrozada máscara, revelando su mandíbula, fina y sin rastro de barba. Sus dientes parecían inusualmente blancos.

Cho observó a su amigo, que había clavado su bastón en el suelo y hacía ejercicios de estiramiento mirando a Akira con una sonrisa desafiante.

—¿Confías en que Shiru gane esta batalla, Suna? —Preguntó Cho.

—Nope. —Dijo el ninja. —El tal Akira va a barrer el suelo con él.

-Eso me temía.


"Este tío va a barrer el suelo conmigo". Pensó Shiru, manteniendo la sonrisa. El samurái le observaba, con la katana dentro de su funda, apoyada en el hombro.

—¿Están listos? —Preguntó el juez. Akira asintió con la cabeza. Shiru desclavó su bastón.

—Listo. —Dijo el ninja cogiendo el bastón con ambas manos.

—¡LUCHAD! —Dijo el juez, retirándose.

Akira desenfundó la katana y lanzó la funda detrás suyo. Shiru enarboló el bastón y lo transformó en una katana, con la que señaló a su oponente. Akira le miró con sorpresa.

—¿Sabes kempo? —Preguntó el samurái.

—Más o menos... —Dijo Shiru, poniendo su brazo izquierdo delante, demostrando así lo poco que sabía de kempo.

Akira se lanzó contra él, lanzándole una estocada al pecho. Shiru levantó su katana, dejando que la hoja del samurái resbalara por su filo hacia la izquierda. Con rapidez, el ninja golpeó la nariz de Akira con el mango de su arma, haciéndole retroceder.

Shiru levantó la espada con ambas manos y descargó una lluvia de estocadas sobre Akira. El samurái, con una defensa impecable, paró hasta la última de ellas. Shiru saltó hacia atrás, escrutando la hoja de Akira. "¿Qué?" Pensó Shiru al ver la katana. "¡No tiene ni un rasguño!".

—No me digas que estabas intentando desafilar mi katana... —Dijo Akira al percatarse de su confusión. —¿Por qué no le echas un vistazo a tu propia hoja?

Shiru miró su katana. El filo estaba lleno de muescas. Incrédulo, el ninja examinó la espada más de cerca. No había duda. Fuera lo que fuera de lo que estaba hecha el arma de Akira, era mucho más fuerte que la indestructible aleación de su familia.

—Bueno, plan B. —Dijo Shiru, resignado.

—¿Cuál es el plan B? —Preguntó Akira.

—Luchar de verdad. —Con un movimiento, el ninja reparó completamente el filo de su katana, dejándola impecable.

Cinco segundos después, Shiru se arrepentía de todas esas bravatas. Apenas podía seguir los golpes de Akira, que le estaba soltando estocadas desde todos los ángulos. El samurái le daba mil vueltas. No había forma de que ganara en un duelo con la katana.

Con la katana.

Pues claro, coño.

Shiru puso su mano izquierda en la parte plana de su hoja y le dio un empellón a la espada de Akira, haciendo que ésta rebotara. El ninja alzó la espada y la descargó sobre la cabeza de su rival. El samurái alzó su katana para protegerse.

Usando su chakra, Shiru transformó la espada en una daga en mitad del golpe, evitando la defensa de Akira, el cuál apenas pudo apartarse y recibió un doloroso corte en la pierna.

—Juegas sucio... —iseó Akira, agarrándose la herida.

—Soy un ninja. —Dijo Shiru encogiéndose de hombros. —El honor no es lo nuestro.

—Ya, pero- —Akira no pudo acabar la frase por la daga que Shiru le había lanzado directa a la cara.

Akira esquivó la daga, pero no pudo esquivar el monumental puñetazo que Shiru le encajó en la mandíbula. Akira trató de atacar por su izquierda, pero el ninja bloqueó el golpe con su brazo armado. Sin embargo, en lugar de dejar que rebotara, Shiru agarró el filo de la katana con su mano izquierda y puso un pie en el pecho de Akira, tratando de quitarle el arma o arrancarle el brazo en el intento.

Shiru finalmente le arrebató la espada de las manos. Conteniendo la emoción de tener a Kori no Kiba en su poder, Shiru procedió a atacar a Akira con su propia espada. El samurái esquivó dos cortes y golpeó la muñeca de Shiru, desarmándole. El ninja tiró de los hilos de chakra de su daga para recuperarla mientras Akira corría hacia su espada.

Shiru transformó la daga de vuelta en un bastón para interrumpir el ataque del samurái con un golpe de revés. Siguiendo el ataque, el ninja convirtió el bastón en una lanza y trató de atravesar a Akira. El samurái dejó que la lanza golpeara la parte plana de la katana, pero curvó su arma de forma que la lanza rebotó hacia arriba. Escabulléndose bajo el arma de Shiru, Akira trató de clavarle la katana. El ninja sin embargo consiguió echarse a un lado, quedando a la espalda del samurái. Sin perder un segundo, Shiru atrapó el cuello de Akira con la lanza, tirando hacia él y cortándole el aire. El samurái sacudió inútilmente la espada tratando de herir a su captor, el cual se encontraba a salvo detrás suyo.

—¡Ríndete! —Exclamó Shiru, tirando con todas sus fuerzas hacia atrás.

—¡Nunca! —Gruñó Akira, rojo, luchando por respirar.

—Dios mío, ¿Por qué sois todos tan perseverantes? —Refunfuñó el ninja.

Akira dejó de luchar por liberarse y alzó la katana en el aire. El samurái agarró la empuñadura con ambas manos y se puso la punta en el estómago. Shiru se percató de que pretendía atravesarse a sí mismo para alcanzarle a él.

—No vas a hacerlo... —Dijo Shiru, escéptico.

—Claro que no. —Respondió Akira.

—¿Entonces por qué ibaAAAGH! —Aprovechando que Shiru había bajado la guardia, Akira le había hundido el talón en la espinilla.

El samurái se escabulló de la llave y le asestó un codazo en la mejilla al ninja, el cuál calló al suelo. Akira le apuntó con la katana.

—Ríndete. —Dijo, con tono serio.

—Ahora mismo. —Respondió Shiru con sarcasmo.

El ninja lanzó su bastón contra Akira, convirtiéndolo en una fina cadena y atrapando la muñeca derecha del samurái. Tirando de él hacia adelante, el ninja clavó su talón en el estómago del samurái, sacándole el aire de los pulmones y tirándole al suelo de cabeza. Shiru recogió la cadena y la transformó en una maza que blandió contra la cabeza de Akira. En el último segundo, Shiru se acordó de las reglas del torneo y desvió el golpe hacia el hombro derecho del samurái, sacando el brazo de su sitio.

No contento con eso, Shiru giró sobre sí mismo y golpeó con la maza el brazo izquierdo de Akira, partiendo el hueso del antebrazo en dos. El samurái se desplomó y el ninja apoyó la maza sobre su hombro.

—Hecho. —Dijo, suspirando. —¿Esto cuenta cómo incapacitado? ¿Juez?

Shiru se giró, buscando al juez. Sin embargo, un resplandor azulado llamó su atención. Venía justo de... ¿detrás suyo?

Al girarse, Shiru vio a Akira, con una mueca de furia y los ojos escupiendo fuego azul. Sus brazos estaban impecables y su katana envuelta en llamas.

—Ay no... —Murmuró Shiru, devolviendo la maza a su estado original de bastón. —Esto era justo lo que yo no quería que pasara...

El grito de guerra de Akira retumbó en las gradas, inundándolas de un frío helador. Shiru apenas pudo echarse hacia atrás cuando el helado fuego de la katana se lanzó a por su corazón. Akira parecía haber perdido todo raciocinio.

Aprovechando un hueco, Shiru se deslizó detrás del samurái, golpeándole la cabeza con el bastón. Sin inmutarse, Akira se giró para encararle. El ninja, aterrorizado, agarró el bastón como si fuera un bate y descargó un enorme golpe contra la frente del samurái. Akira apenas hizo un gesto con la katana para que ésta se cruzara con el bastón.

La mitad del bastón de Shiru repiqueteó contra el suelo. El ninja se quedó mirando lo que le quedaba de bastón en la mano, con el extremo cortado aún al rojo vivo. Akira levantó la katana y Shiru entró en pánico.

Esquivando varios cortes, Shiru arremetió con lo que le quedaba de arma, de apenas la longitud de su antebrazo, dándole una rudimentaria punta en el proceso. La barra se hundió en el estómago de su oponente, pero éste no se detuvo. El ninja descargó un puñetazo contra la nariz de Akira, pero sintió como si hubiera golpeado arena compacta.

—Vale, me rindo. —Dijo Shiru, tirando la toalla. —¡ME RINDO! —Exclamó para que le oyeran los jueces. Se volvió hacia Akira. —Vaya una lucha. —Le ofreció la mano. —Ese fuego azul tuyo es una pas...

Shiru retiró la mano justo a tiempo para que Akira no se la cortara de un tajo.

—Akira, ya está... —Dijo Shiru con cautela. —Has ganado. No hace falta que luchemos más.

El samurái se acercaba amenazadoramente a él. El ninja, entendiendo que algo no iba bien, se lanzó a por la otra mitad de su bastón. Notando las pisadas de Akira detrás suyo, Shiru se lanzó al suelo para coger el trozo cortado de su arma. El ninja agarró ambas piezas, las unió y se giró en el suelo para bloquear la estocada del samurái.

El golpe de metal contra metal hundió los codos del ninja en el suelo. Shiru sintió el helador fuego de la katana apenas lamiéndole la cara mientras que el arma soldaba un lento corte a través del bastón y hacia su cuello.

Y de repente.

La presión paró.

Shiru dio un empujón a Akira para quitárselo de encima. Cuando se incorporó vio al samurái, levantándose a duras penas y a varios ninjas que habían bajado a la arena, presumiblemente a socorrerle. El samurái hizo un gesto con la mano señalando que había vuelto en sí.


Mitsuki tragó saliva. La punta del kunai le presionaba la espalda. Ryota, a su lado, fingía observar la arena, con el puño apretado por la tensión. ¿Quién iba a querer sabotear los exámenes? El ninja que la tenía presa no había hecho nada salvo recomendarla que se callara. El kunai se ocultaba entre los ropajes del ninja, y solo Ryota se había dado cuenta de la situación.

— ¡Hola, Mitsuki!

La ninja giró ligeramente la cabeza para encontrarse a Minoru, que se sentó despreocupadamente a su lado. La chica no se movió un ápice.

—Oye, solo me quería disculpar por intentar jugar sucio en nuestra batalla. —Sonrió. —Aunque tú no te quedaste corta, ¿eh? —El ninja se señaló la espalda, fuertemente vendada. —Oye, ¿Qué te pasa? No me digas que estás enfadad...

A la velocidad del sonido, Minoru se levantó y estampó su puño en la nariz del ninja que tenía secuestrada a Mitsuki. Tan pronto como estuvo fuera de peligro, Ryota agarró a la chica del brazo y dio un gigantesco salto hacia la arena. Varios ninjas de las gradas lanzaron kunais en su dirección, pero Ryota los bloqueó con un brazo.

La pareja aterrizó sobre la arena ante la perpleja mirada de los luchadores y los ninja que ya se encontraban allí. Una marabunta de ninjas saltó desde las gradas para perseguirlos.


Confuso, Shiru observó cómo la arena se llenaba de gente. Un hombre, vestido con una capa negra y luciendo una melena del mismo color con un flequillo que le tapaba uno de sus ojos, aterrizó cerca suyo.

—Akira. —Dijo, dirigiéndose al samurái a su lado. —La katana.

—Ejiomo... —Akira se puso en tensión. — ¿Cómo me has encontrado?

—No me ha resultado difícil predecir que te ibas a presentar a este examen. —El ninja extendió la mano. —Entrega a Kori no Kiba, Akira.

—Ya sabes mi respuesta... —Akira agarró el mango de su katana.

—No me obligues a tomarla por la fuerza. —Ejiomo sacó una katana de entre los pliegues de su capa. Era larga, y solo se curvaba al final. Los destellos rojos y naranjas de la hoja le daban la apariencia de estar hecha de bronce.

—Oye, oye... —Intervino Shiru. — ¿Tú quién se supone que eres?

Con un gesto de desdén, el ninja lanzó su katana directamente al cuello de Shiru. Por puro reflejo, el ninja bloqueó la espada con su brazo enguantado. Antes de que Ejiomo pudiera retirar el arma, una potente patada conectó con su cabeza, haciéndolo retroceder. Suna aterrizó en el suelo, poniéndose a correr en el sitio.

— ¿Suna? —Preguntó Shiru.

—Menos mal que estoy aquí para salvarte el culo... —Dijo el ninja.

—Dejad el alardeo para otro momento. —Cho aterrizó al lado de Shiru. —Nuestro oponente se prepara para contraatacar.

En efecto, el samurái se acercaba, acompañado de varios ninjas. Shiru se preparó para enfrentarse a Ejiomo, pero el samurái retrocedió ante una estocada de Akira.

—Este es mío. —Dijo el samurái. —Vosotros quitadme a las moscas de encima.


Akira centró la vista en Ejiomo, que adoptó una pose de lucha. Sus ojos se desviaron hacia Kasai no Tsube, la katana de su oponente.

Todavía me queda poder, Akira —Dijo Atlas, mostrando a Akira la fuerza que le restaba de la batalla con Shiru. —Pero debemos acabar esto rápido.

—Con algo de suerte, eso no será un problema. —Susurró Akira.

El gigantesco poder del dragón embriagó al samurái, que sintió la helada quemazón en cada célula de su cuerpo. Su katana estalló en llamas azules.

Su oponente sonrió según poderosas lenguas de fuego rojizo comenzaban a brotar de la hoja de su katana. Sus ojos estallaron en llamas y un grito más parecido a un rugido brotó de su garganta según se lanzaba contra Akira.


—Shiru. —Cho agarró a un ninja por la cabeza y, girando sobre sí misma, lo estampó en el suelo. —Debo recordarte que no deberíamos inmiscuirnos en asuntos extranjeros.

—Bueno, son ellos los que están atacando ¿no? —Shiru esquivó un corte con kunai y, transformando el bastón en una espada, rebanó el brazo de su atacante. Era reconfortante poder luchar sin contenerse.

—¡Vamos Cho! —Suna le dio una patada a un ninja en la mandíbula para lanzar un kunai a su garganta descubierta. —¡Diviértete por una vez!

—Esto no es divert... —Cho se giró para recibir a un atacante con un potente golpe de maza que lo mandó por los aires. La médica se giró e invocó el Kichijoten para anestesiar a tres ninjas enemigos, que cayeron al suelo como muñecos de trapo.

—Además, no se vosotros, pero esto me parece fácil... —Shiru trinchó a un enemigo para transformar la espada en una lanza y empalar a otro.

—A ver si te crees que estos son los fuertes. —Dijo Suna.

—¿A qué te refieres? —Shiru se apartó del camino de Akira y su rival, que intercambiaban cortes a velocidad cegadora.

—Nos enfrentamos a mercenarios. —Dijo Cho, durmiendo a otro atacante. —Estos ninjas apenas tienen entrenamiento. Son delincuentes y exiliados.

De repente una enorme explosión sacudió la arena. Una de las puertas había saltado por los aires. Un grupo de samuráis enmascarados y en armadura completa entraron en tropel. Shiru apretó los dientes al ver cómo un ninja era degollado al intentar atacar a uno.


Mitsuki lanzó un kunai con precisión cegadora a la garganta de un samurái enemigo, que lo bloqueó con la espada en el último momento. Antes de poder reaccionar, Minoru le dio una patada por detrás de la rodilla, dejándole en el suelo. Ryota acabó con él con un brutal puñetazo que marcó las tachuelas de su guante en el casco del samurái.

—Oye Mitsuki. —Dijo Minoru, rebuscando en uno de sus bolsillos. —¿Me recuerdas por qué estamos haciendo esto?

—Estamos defendiendo la aldea.

—No, si eso está bien pero... —Minoru sacó una semilla del tamaño de una nuez. —Ah, mira, está aquí... ¿Pero no deberíamos dejarle esto a los profesionales?

Un samurái cargó hacia ellos. Minoru lanzó la semilla al suelo. Una raíz afilada como una lanza salió del suelo y golpeó al samurái en el pecho. El guerrero paró un momento para observar la inofensiva abolladura en su armadura y luego cargó de nuevo.


Shiru dejó que Suna apuñalara al samurái que luchaba contra él y se giró justo a tiempo para ver como Akira caía al suelo con un profundo corte en el pecho. Ejiomo río, disipando el fuego rojo.

Por puro reflejo, Shiru saltó hacia Kori no Kiba para evitar que el samurái la recogiera. La sonrisa de Ejiomo se disipó al ver al ninja con la katana en la mano. Shiru transformó su bastón en una daga y se quedó mirando a Ejiomo, en pose de lucha.

La cosa de ser herrero es que Shiru conocía una enorme cantidad de técnicas de esgrima, pero solo en teoría. Su entrenamiento de ninja nunca había requerido el uso de una katana, y menos emparejada con una daga, así que a Shiru no le sorprendió cuando apenas pudo contener los envites de Ejiomo, que ni siquiera estaba usando su poder.

¿Poder?

—¡Oye Kori no Kiba, despierta! —Le gritó Shiru a la katana mientras paraba un golpe con ésta. —¡Necesito que me des el fuego azul ese!

Cuando gritarle cosas a una espada es el movimiento lógico, uno puede intuir que la situación era desesperada. Aun así, a Shiru no le sorprendió que el arma se mantuviera en silencio.

—Oye, estoy tratando de salvar a tu dueño. —Razonó Shiru, desviando otro golpe con su daga. —¿O qué pasa, necesitas una "conexión especial" con el que te blande para darle poder? —El ninja puso los ojos en blanco. —Menuda basura de katana.

INSOLENTE HUMANO —Shiru casi dejó caer la katana cuando escuchó la imponente voz en su cabeza. —Un pusilánime como tú nunca podría manejar un poder como el mío... ¡Demasiado débil de mente!

—Bueno, mira... —Digo Shiru con la voz ahogada después de recibir una patada en el abdomen. —Al paso que voy, estoy muerto de todas formas. —El ninja atacó, solo para ser rechazado. —Así que no hay nada que perder.

Está bien... Shiru... —Dijo la voz tras un segundo de meditación. —No hay forma de saber cómo reaccionará mi poder con un chakra tan... caótico como el tuyo. Prepárate.

—Estoy listo. —Dijo Shiru, poniendo espacio entre sí y su oponente.

La sensación que llenó a Shiru era difícil de explicar. Su cuerpo se sentía como si le hubieran clavado mil cuchillos de hielo y su mente como si se hubiera vuelto líquida. Un subidón de energía le embriagó y el ninja se sintió como un dios... antes de perder la visión y caer al suelo, a punto de quedar inconsciente.

Los ojos de Shiru volvieron a encenderse justo para ver a un sonriente Ejiomo a punto de rebanarle el cuello.

¡Loco! ¡Te dije que no funcionaría! —Le gritó la espada. —¡Demasiado inestable, demasiado...!

La katana dejó de hablar cuando un gigantesco ninja embistió a Ejiomo, estampándolo contra la pared con fuerza demoledora. Shiru le reconoció: era el ninja que vio en la camilla cuando estaba en el túnel.

—Gracias. —Dijo Shiru, levantándose.

—No hay problema. —Dijo una ninja que apareció por detrás del gigante. —Si ayudas a la villa de la Hoja, la Hoja te ayuda a ti.

—¡SHIRU! —El ninja se giró al oír la voz de Cho. —¡AYUDA!

La ninja estaba en el suelo, con un samurái encima, luchando por mantener la katana del guerrero lejos de su cuello. Shiru comenzó a correr en su dirección cuando oyó otra voz.

—¡SHIRU, SOCORRO! —Nanao miraba a su alrededor con pánico, rodeada de tres samurái que blandían sus katanas amenazadoramente.

—No me fastidies. —Shiru se dio cuenta de que solo podría ayudar a una de ellas a la vez.

Apretando los dientes, lanzó su daga contra el atacante de Cho, la cual se clavó en su hombro, a través de la armadura. Mientras Cho usaba su fuerza para arrebatarle la katana a su oponente y tirarle al suelo, Shiru se lanzó contra los atacantes de Nanao empuñando a Kori no Kiba.

La espada penetró a través de la armadura del primer samurái como si fuera mantequilla, empalándolo por la espalda. Nanao vio aquí su oportunidad y tiró al suelo a un desprevenido guerrero de una patada en el pecho, donde Shiru lo remató. El tercer atacante salió corriendo al ver lo poco efectiva que era su armadura.

—Bueno, pues ya está. —Dijo Shiru, echándose la katana al hombro. —¿De dónde habrán salid...?

El ninja interrumpió lo que iba a decir cuando la garra de Nanao penetró en su torso, entre las costillas, hasta casi la palma. Sin aliento, Shiru calló de rodillas, sujetando su herida y dejando caer la katana.

—Lo siento Shiru... —Nanao recogió a Kori no Kiba. —No quería llegar a esto. De verdad que me caías bien. Pero ese estúpido samurái no baja nunca la guardia. —La chica encogió los hombros ante un incrédulo Shiru. —Bueno, ha sido un placer. —Se despidió con voz cantarina para disiparse en una bola de humo al tiempo que Shiru caía al suelo de lado...

—¡Shiru! —El ninja recobró la conciencia para ver a Cho zarandeándole. —¡Despierta!

—Date prisa, nos tenemos largar ya. —Dijo Suna, sonando preocupado.

Cho le cogió y le puso en un brazo sobre sus hombros. Después saltó en compañía de Suna hacia las gradas y, desde ahí, fuera de la arena, donde continuaron durante unas calles. Una vez Shiru pudo sentarse contra una pared, Cho comenzó a sanar su herida.

—¿Que ha pasado? —Preguntó Shiru.

—Que había demasiados. —Dijo Suna.

—Una segunda oleada ha invadido la arena. Nos estaban superando. —Explicó Cho, deteniendo el sangrado.

—¿Y el Hokage? —Preguntó Shiru.

—Pues la verdad, no lo sé... —Dijo Suna. Una enorme explosión sacudió la villa, acompañada por un resplandor azul. —Anda mira, ahí está.

—He acabado. —Dijo Cho. La herida no había desaparecido, pero ahora era apenas superficial.

—Gracias, Cho.

—Sin problema. —La ninja procedió a hundirle un puñetazo en el estómago a Shiru, haciéndole que se doblara por la mitad y que Suna estallara en carcajadas. —Eso es por salvar a la traidora esa en vez de a mí.

—Oh, lo viste... —Dijo Shiru con un hilo de voz.

—También vi que se llevaba la katana del samurái. —Dijo Cho.

—Así que la tiene ella... —El grupo se giró para ver a un maltratado Akira cojeando hacia ellos. —¿Hacia dónde ha ido?

—Oye, tenía mejores cosas que hacer que ver hacia dónde se dirigía. —Dijo Shiru, cortante. —Como por ejemplo, desangrarme. Requiere mucha concentración, ¿Sabes?

—¿Te crees muy gracios...? —Akira cayó al suelo en mitad de la palabra. Cho se apresuró a ayudarle.

—Madre mía, el colega está hecho un cristo... —Se río Suna.


—¿Entonces no va a haber guerra? —Preguntó Ryota.

—Eso parece. —Respondió Minoru. —La Villa se ha comunicado con el... —El ninja hizo un aspaviento. —"Jefazo" de los samurái. Al parecer los atacantes son de un clan famoso por su forma... poco ortodoxa de actuar.

—Rebeldes. —Dijo Mitsuki.

—Eeeexacto. —Contestó Minoru. —Ahora se han convertido en proscritos a los ojos de otros samurái, así que la Hoja solo tiene que entregar a los que hayamos conseguido capturar y punto.

—¿Y el examen? —Preguntó Ryota.

—Sin cambios. —Dijo Minoru encogiéndose de hombros. —Todos los exámenes acabaron antes del... incidente, así que los veredictos deberían ser válidos. De hecho, deberíamos de poder ir a recoger nuestros diplomas ya mismo, si nos los hemos ganado.


—"Señor Shiru, el Chonin"... ¿Cómo os suena? —Dijo Shiru, poniendo una pose heroica sujetando el diploma enrollado como si fuera una espada.

—¿Hemos pasado todos? —Preguntó Cho, mostrando su diploma.

—Por supuesto. —Dijo Suna. —¿Qué esperabas?

—No me hagas responder a eso...

—Por cierto, Akira, ¿Tú qué vas a hacer? —Preguntó Shiru señalando al pergamino del samurái. —También has aprobado.

—No lo sé. —Se encogió de hombros. —De momento, conseguir una katana nueva. Más tarde... tal vez intente recuperar a Kori no Kiba...

—Bueno, nosotros nos volveremos a nuestra aldea. —Dijo Shiru, sonriendo. —¡Pásate algún día!

—Sí, pásate. —Suna sonrió. —Nuestras cárceles están casi vacías...

Riendo, Akira se despidió de ellos.


Unos meses más tarde


—YA ERA HORA, JODER.

—Suna, tranquilízate. —Dijo Cho.

—¡Llevamos más de dos semanas sin una misión! —Refunfuñó Suna, luciendo una nueva máscara —¡Estoy hasta las narices de lanzar cuchillos contra un puto tronco de árbol! ¡QUIERO SANGRE!

—Bueno, con algo de suerte la tendremos. —Dijo Shiru, ajustando la longitud de la cadena que llevaba a la cintura.

El grupo entró en una gran sala de madera. Allí el jefe de la aldea asignaba las misiones a los ninjas del rango de Shiru y compañía.

Les recibió el jefe, un amable anciano con unos kilos de más, calvo y con una frondosa barba blanca.

—¡Oh, aquí estáis! —Dijo al verlos entrar. —Esta misión os va a encantar, sobre todo a ti, Suna.

—¿Ah, sí? —Dijo Suna, escéptico.

—El cliente quiere que le acompañéis en caza de unos ladrones que, según dice, son demasiado peligrosos para que se encargue él solo.

—Qué raro... —Dijo Cho. —No es normal que haya venido hasta aquí para encargar un trabajo de persecución.

—No solo eso, sino que ha preguntado por vosotros en particular. —Dijo el jefe.

—¿Por nosotros? —Dijo Shiru. —¿Quién querría...?

—Yo. —Dijo una voz desde la puerta.

El grupo se giró, solo para verse sorprendidos por Akira, que descansaba apoyado en el marco de la puerta.