Hey, aquí estoy de nuevo con el sexto capítulo. Espero sea de su agrado.
Capítulo 6.
El tiempo sigue su curso a un ritmo constante aunque algunas veces parece evaporarse y otras detenerse. Aún así, Hermione pronto se encuentra sentada a la orilla del lago negro luego de toda una semana de intensas clases dónde no sólo realiza los hechizos competentes para una estudiante de séptimo año sino que además toma lecciones avanzadas. En cada clase debe hacer un doble esfuerzo para realizar dos requerimientos, en clase de transformaciones debe trabajar el doble. La primera parte de la clase la dedica al hechizo asignado a toda la clase mientras que la segunda fracción se ve ocupada con hechizos de un viejo libro de transformaciones que utilizan en la academia de aurores.
Todo iba a la perfección hasta que llegó la última clase con la profesora Mc. Gonagall. Por primera vez en su vida ha fallado en el desarrollo de un encantamiento. Por supuesto que no es un hechizo cualquiera, es parte de sus clases avanzadas aunque eso no la hace sentir mejor. Por más que repita esa frase en su mente cientos de veces no logra calmarse puesto que ni siquiera hubiese sido capaz de levitar un pluma. Su mente no estaba del todo en la clase.
Ni siquiera en el silencio de un sábado por la mañana puede concentrarse lo suficiente para transformar un objeto inanimado en un ser vivo. Es algo que le resulta imposible hasta que recuerda que ella puede regresarle la vida a los muertos. De todas formas, hojea distraídamente las páginas del viejo libro de transformaciones antes de volver a intentar el mismo hechizo. El resultado sigue sin ser diferente. No puede transformar la pequeña piedra en nada diferente, ni planta, ni animal, ni insecto por más diminuto que sea. Su magia parece evadirla para luego burlarse de sus miserables intentos. Luego de dos intentos más pierde la paciencia y arroja la piedra al agua.
-¿Qué sucede, Granger? – la voz de Snape no es lo que más le sorprende sino que el hombre se preocupe por ella. Deja salir un suspiro, observa al pelinegro para luego regresar la mirada a la negra superficie del lago.
-Nada. – Severus arquea una ceja antes de sentarse junto a la trigueña.
-Mmm. Ahora entiendo por qué necesitaste de Potter para entrar a Gringotts como si fueras Bellatrix. – Hermione tiembla ligeramente ante la mención de ese nombre. Es irónico que esa mujer pueda infundirle más temor que el mismo Lord Voldemort. Desearía que las cosas fueran diferentes pero los recuerdos siguen demasiado frescos. – Eres pésima mintiendo. – Snape sonríe un poco mientras la joven Gryffindor niega con la cabeza. – Te he observado durante largos años y conozco lo suficiente a la joven que siempre alza la mano cuando el profesor le pregunta algo a la clase. – El jefe de Slytherin rodea los hombros de la joven con un brazo. – Ahora dile al tío Sev qué te preocupa.
La ojimel no puede evitar reírse de buena gana ante el apodo del profesor de pociones.
-Ni siquiera estoy segura. Lo único que sé es que no puedo concentrarme lo suficiente para lograr este hechizo. – Severus observa la página en la que el libro está abierto. – Creo que tengo demasiadas cosas en qué pensar. – El Slytherin simplemente la observa por un par de segundos y lee en el rostro de Hermione su verdadera preocupación.
-Algo me dice que esto no tiene nada que ver con Potter y Weasley sino más bien contigo y tu historia.
-He intentado encontrarle el sentido a lo largo de la semana pero me es imposible. Parece una completa locura. – Cada día, cada hora y cada minuto, las palabras de Albus Dumbledore se repiten en su mente una y otra vez intentando convencerla de una verdad que se empeña en negar con cada célula de su cuerpo, con cada fibra de su ser.
-Sería más fácil si lo aceptaras antes de buscarle el sentido.
-Eso es ilógico. – La castaña observa al profesor.
-¿Tú crees? – El pelinegro le regresa la mirada con la misma intensidad. – Dime, cuando eras niña te pasaron cosas extrañas y en ese momento surreales que no tenían sentido, ¿cierto?
-Sí, es verdad pero ¿eso qué tiene que ver?
-Esos hechos insólitos no tenían ninguna lógica ni razón de ser hasta que descubriste lo que eres, una bruja. Pero eso era imposible y también carecía de sentido a pesar de explicar perfectamente los hechos insólitos de antes. Entonces descubriste la magia y este mundo oculto de las personas como las que creías ser. Era imposible que la magia realmente existiera pero aún así lo aceptaste porque las pruebas estaban ahí sin embargo seguías sin creer en la existencia de una escuela para hechiceros por lo que tuviste que leer la historia de Hogwarts.
Todo te parecía tan ajeno e imposible. Tan imposible como regresar en el tiempo. Todo aquello lo que podías imaginar sólo en un alocado sueño demostró ser real. Serpientes gigantes, perros de tres cabezas, arañas del tamaño de un edificio, criaturas mitad caballo y mitad águila. Has vivido en un mundo que no experimenta los avances de la tecnología porque aquí ni siquiera existe. Regresaste en el tiempo en más de un sentido. No vives más en una pequeña casa, vives en un castillo. No viajas más en auto sino en carruaje y tren. No escribes en una libreta con lápiz o bolígrafo. Escribes sobre pergamino con pluma y tinta como lo hacían en el mundo muggle hace decenas de años.
Y si no tienes ninguna otra explicación para esto, ¿por qué no aceptar la que te da el profesor Dumbledore?
Hermione se queda en silencio por un instante ya que no sabe cómo responder. Es cierto que esa explicación responde al gran poder que hay en su interior pero también es cierto que le teme a eso mismo. Ese es el verdadero motivo por que se esfuerza en negar su historia. Ni siquiera conoce cuál es su límite.
-Ahora no tiene sentido porque sólo estás viendo una diminuta parte del enorme rompecabezas. Tienes decenas de preguntas que no pueden ser respondidas en este momento y omites las que te ayudarán a descubrir el resto de la historia. Sé paciente y busca las preguntas adecuadas para conocer el origen de esa magia antigua que ahora te pertenece. No intentes analizar una historia cuando sólo tienes un parte de ella. Acéptala, Granger. Luego sigue adelante. – La ojimel asiente porque ese es el único camino que puede seguir. La única forma de seguir andando.
-De todas maneras, ¿cuál es el sentido de todo esto? – Hermione observa el libro abierto sobre su regazo y más específicamente el hechizo en cuestión. Ni siquiera puede imaginar una situación donde pueda utilizarlo.
-Esa pregunta es bastante sencilla. Cuando culmines tus lecciones avanzadas de historia podrías convertirte en profesora o quizá obtener un puesto en el ministerio para formular nuevas leyes. Al terminar el curso de cuidado de criaturas mágicas podrás hacerte cargo incluso de un dragón si así lo deseas. El único inconveniente es que deberás irte a Rumania ya que en Inglaterra no está permitido. Al terminar runas mágicas y aritmancia, en conjunto con las anteriores, podrías obtener cualquier puesto que desees en el ministerio. Si finalizas herbología y pociones podrías acceder fácilmente a San Mungo como medimaga. Y con encantamientos y transformaciones serías una gran auror.
-¿En verdad? – La castaña no puede ocultar su sorpresa a lo que el profesor Snape simplemente asiente.
-Si te refieres a este hechizo en particular, bueno… es el inicio de un largo camino que sólo una persona ha conseguido seguir hasta el final. En algún momento entenderás mis palabras. – La ojimel lo observa con intriga sin embargo el profesor de pociones la ignora. – Ahora, busca en tu mente cuál es la pregunta que en verdad necesitas, no la que deseas responder. Hay un gran espacio entre el origen de tu magia y tú.
Por primera vez Hermione Jane Granger piensa en ello de esa manera por lo que entiende la complejidad que los tres fundadores utilizaron en la creación de ese gran poder así como todo lo que utilizaron para mantenerlo a salvo. Ella sabe que sólo hay una persona capaz de introducirla a su propia historia por lo que con aire derrotado se atreve a hablar.
-Quiero hablar con el profesor Dumbledore. – Severus Snape asiente antes de incorporarse.
-Avisaré al director. Te mandaré un mensaje para darte la hora del encuentro. Avisa a la señorita Weasley. – Sin esperar una respuesta el hombre se aleja con dirección al castillo. Hermione simplemente suspira antes de ingresar al colegio una vez más. Sigue siendo muy temprano. De hecho ni siquiera pudo dormir de forma adecuada por lo que a primera hora en la mañana ya se encontraba en ese mismo sitio intentando efectuar el hechizo de forma correcta.
La castaña camina lentamente por los pasillos de la escuela. Algunos fantasmas la saludan pero aún no hay alumnos alrededor de la escuela. Sin nada mejor que hacer se encamina a la biblioteca. Siempre ha sido su lugar favorito y de hecho es el único lugar al que puede ir por el momento. Camina con el grueso libro de transformaciones bajo el brazo y la varita en la otra mano. Ni siquiera recuerda mucho del momento en el que despertó. Sólo es consciente de haberse arreglado lo suficiente para salir de la sala común, agarrar el libro con una mano y con la otra su varita.
Sus pasos resuenan en los corredores vacíos del enorme castillo hasta que finalmente llega a la biblioteca. Como era de suponerse ya se encuentra abierta por lo que alegremente cruza la puerta para refugiarse nuevamente entre las grandes estanterías de libros llenos de conocimiento inexplorado. Sin embargo sus pasos se detienen cuando observa que ya hay alguien más en su mesa preferida. Le toma un instante reconocer el cabello rubio dorado.
Se queda paralizada por un instante no porque Fleur esté en la biblioteca sino porque está profundamente dormida. Puede observar el ligero movimiento de su cuerpo con cada respiración. La expresión de su rostro muestra la incomodidad que la posición le causa. Aunque parezca increíble no se molesta al ver a alguien dormir en el que para ella se ha convertido en su santuario. Algo le dice que la francesa no lo hace por aburrimiento sino por un completo cansancio. La bibliotecaria aparece a su lado en menos de un minuto mientras observa con preocupación a Fleur.
-Buenos días, señorita Granger.
-Buenos días para usted también, Madame Pince. – Ambas hablan en susurros no porque se encuentren en la biblioteca sino más bien porque no quieren despertar a la rubia. Hermione da un par de pasos en su dirección pero no está muy segura de qué debe hacer o decir. - ¿Cómo es que se quedó dormida?
-No lo sé. Ella tiene, como el resto de los profesores, acceso total a la biblioteca las veinticuatro horas. La pobre ha venido aquí diario para completar su trabajo. La misión que le han dado no es nada fácil. Supongo que en la madrugada su cuerpo no resistió más la falta de sueño y se quedó dormida mientras trabajaba.
Finalmente la joven Granger se acerca para observar la decena de pergaminos que se encuentran esparcidos sobre la mesa. Hay una lámpara tibia en el centro que seguramente se extinguió un par de horas atrás. La Veela aún sostiene firmemente la pluma a escasos milímetros de uno de los pergaminos. Su cabeza está sobre uno de sus brazos, a decir verdad del mismo brazo que sostiene la pluma. Con la otra mano sostiene otro rollo de pergamino de al menos un metro de largo repleto de nombres, fechas y lo que parecen ser calificaciones.
-La hubiese llevado a su habitación desde el momento en que llegué si tan sólo supiera cuál es su habitación. – Hermione comprende que debe actuar por lo que despacio y en silencio comienza a recoger cuidadosamente los pergaminos. Los enrolla con cuidado asegurándose de no maltratar ninguno al mismo tiempo que intenta no revolverlos para que cuando Fleur los utilice nuevamente pueda tenerlos prácticamente como estaban. – Creo que será mejor llevarla a la enfermería, al menos ahí podrá dormir en una cama. – La ojimel niega con la cabeza.
-Sé donde está su habitación. Si no es un problema para usted, Madame Pince, voy a llevarla a su dormitorio. – La bibliotecaria asiente. Hermione guarda los pergaminos en su estuche antes de colgárselo al hombro. Es parecido al que ocupan los arquitectos Muggles para transportar los planos. Quizá incluso sea uno.
Suspira mientras piensa por un momento cómo transportar a la joven Delacour. Por un breve instante quiere levitar su cuerpo pero al final se decide por una opción menos práctica pero al menos será más cómoda para la rubia. Lentamente la toma en brazos y una vez más Fleur rodea su cuello con los brazos de forma inconsciente. Murmura algo ininteligible pero no se despierta. Hermione se asegura de no dejar ninguna pertenencia de la bruja francesa atrás antes de salir por las puertas dobles de la biblioteca. Los pasillos siguen desiertos así que pronto llegan al primer piso.
Es en ese momento cuando la joven Gryffindor comprende que no podrá pasar por el estrecho pasillo oculto tras la armadura. No importa cuánto tiempo le ahorre, es imposible atravesar el primer lapso con Fleur en brazos. Ni siquiera puede conseguirlo levitándola. Sin pensarlo durante más tiempo sigue subiendo los escalones hasta llegar al séptimo piso. Ahí se da cuenta de lo extraño de la situación. Subió más de doscientos escalones con una chica en brazos y no se siente agotada. Ni siquiera se siente cansada en lo más mínimo. Podría bajar hasta el gran comedor y luego subir otra vez sin sentir los brazos entumecidos, las piernas débiles o la respiración agitada.
Por suerte ningún otro estudiante está despierto aún por ser fin de semana. La mayoría prefiere dormir hasta tarde o al menos esperar en la sala común hasta la hora del desayuno. Cuando Hermione se detiene frente a la pared donde aparecerá la sala de los menesteres tiene frente a ella otro dilema. ¿Cómo hacer la habitación de Fleur?
La última vez no vio demasiado de su habitación por lo que no tiene las herramientas necesarias para hacer una réplica. Busca en su mente la imagen de una habitación de hotel. No importa cuál. Ha viajado durante toda su vida al menos una vez por año a distintos lugares del mundo y visitado más de una docena de hoteles diferentes. Luego de un par de minutos al fin se decide por la habitación de un pequeño hotel que visitó junto a sus padres años atrás en Francia.
Cierra los ojos pensando claramente en la habitación y cuando sus orbes se revelan nuevamente, frente a ellas se encuentra la puerta a dicha habitación. Con un encantamiento sencillo consigue abrirse paso si necesidad de bajar a la rubia. Con otro hechizo las mantas se doblan lo necesario para que pueda depositar a la Veela durmiente en la cama sin embargo no puede dejarla vestida como está. Observa detenidamente a su alrededor buscando algo que le sea de ayuda pero no se atreve a buscar en los cajones. Se muerde el labio inferior mientras lucha contra el dilema en su mente.
Observa por un segundo más a la francesa. Quiere dejarla ahí tal como está pero una mayor parte de su ser consciente le dice que la desvista hasta dejarla solamente en la blusa blanca que lleva puesta. Mantiene un largo debate con su propia moral. Quiere ayudarla pero no parece haber un camino correcto. Luego de un minuto entero se decide por la segunda opción. Tampoco es cómo que esté haciendo algo malo. No va a desnudarla… completamente.
Respira profundamente antes de sentarse al borde de la cama desde donde comienza con la tarea. Primero le retira los zapatos, luego el abrigo, el cinturón y con dificultad el pantalón de mezclilla. Contiene el aliento al observar la silueta semidesnuda de la francesa. No puede evitar recorrer esa figura perfecta más de un par de veces.
Su mirada viaja lentamente por las largas piernas pasando después por los torneados muslos. Capta completamente la lencería azul rey y no le sorprende la elección del color. Contrasta perfectamente con la piel de la rubia. Su piel es pálida pero no traslúcida como la de Ron. Quizá es del color de la nieve o tal vez de la leche fresca. Por un instante Hermione desea tocarla con la intención de comprobar si de verdad se siente tan suave y tersa como parece. Fleur se revuelve ligeramente incómoda en la cama pero lo único que consigue es que la blanca blusa suba hasta revelar gran parte de su abdomen, terso y definido. La trigueña traga con dificultad obligándose a desviar la mirada.
Cada vez le es más difícil negar que la ojiazul le atrae pero siendo como siempre ha sido, lo niega con más intensidad que su propia historia. Intenta engañarse a sí misma repitiendo como un mantra que la joven frente a ella no le gusta. Intenta convencerse de que son simples celos puesto que ella no tiene una figura tan escultural. Luego de un par de minutos más de discusión con ella misma decide cubrir a la mayor con las mantas para luego salir de la habitación.
Camina durante varios minutos por los pasillos del castillo hasta detenerse en un cuadro conocido. Un tazón lleno de frutas. La entrada a las cocinas. La hora del desayuno iniciará en unos minutos y probablemente Delacour no se despertará antes del mediodía si realmente está tan cansada como Madame Pince cree. La prefecta de Gryffindor suspira ya que no debería preocuparse por alguien a quién apenas conoce pero de todas maneras alarga una mano para hacerle cosquillas a la pera verde quién luego de reír un poco revela la entrada a las cocinas.
Hermione abre la puerta encontrándose de frente con todos los platillos que se servirán en el desayuno. Todo está perfectamente ordenado y puesto bajo un hechizo simple que lo mantendrá caliente hasta que los primeros alumnos arriben al gran comedor. Luego con un simple chasquido de dedos la comida aparecerá en las diferentes mesas.
-Señorita Hermione. – Dobby se acerca corriendo a ella mientras le regala una enorme sonrisa a la cual corresponde con placer. - ¿Qué la trae a las cocinas? ¿Hay algo en lo que Dobby pueda ayudarla? – Algunos otros elfos se acercan curiosos por lo que ella los saluda a todos de forma cordial antes de regresar su atención al ex sirviente de los Malfoy.
-¿Puedes aparecerte dentro de la sala de los menesteres? – La pregunta resulta inesperada pero el elfo asiente.
-Sólo si ya está en uso y quién esté dentro así lo desea. – Hermione observa el piso un poco decepcionada aunque luego otra pregunta llega a su mente. Dobby sigue atento a cualquiera que sean sus palabras.
-¿Y si yo te lo pido? – Dobby parece no comprender lo que la obliga a dar una explicación más completa. – Por el momento la sala de los menesteres es la habitación de Fleur Delacour, ¿la has visto cierto? – Dobby asiente. – Ha estado trabajando en exceso por las noches y hace unos minutos la encontré durmiendo en la biblioteca. – Las mejillas de la trigueña adquieren un ligero color escarlata ante el involuntario recuerdo de su cuerpo semi desnudo. – El punto es que no creo que despierte para la hora del desayuno y cuando lo haga seguramente estará hambrienta.
-¿Y qué desea la señorita Hermione que Dobby haga respecto a eso?
-¿Puedes llevarle algo de comer y ponerlo bajo ese hechizo para que se mantenga caliente hasta que despierte? – La pequeña criatura asiente entusiasmado de que Hermione confíe lo suficiente en él. – Si la señorita Delacour despierta sólo dile que me estás haciendo un favor. – El elfo asiente una vez más antes de desaparecer llevando varios platos con él. La castaña suspira profundamente antes de salir para regresar a la sala común.
Camina nerviosamente en el reducido espacio de la torre Gryffindor. Los demás comienzan a despertar y pronto el movimiento se hace visible cuando adultos y jóvenes comienzan a entrar y salir de la sala común. La ojimel apenas se da cuenta de ese hecho porque en su mente hay más de una sola cosa, por desgracia la imagen de la rubia semidesnuda no la abandona. Si horas antes no podía concentrarse en nada, en este instante ni siquiera puede pensar claramente.
-¿Hermione? – La voz de Lily Potter hace eco en la sala puesto que ya no quedan demasiadas personas. La mayoría ya se encuentran en el gran comedor disfrutando del desayuno mientras hacen planes para el resto del día. - ¿Hermione? – Cuando la pelirroja toca de forma sutil su hombro no puede evitar dar un pequeño brinco. – Lo siento no quería asustarte. – La estudiante consigue calmarse antes de observar los ojos verdes de la madre de Harry.
-Está bien, creo que me sumí demasiado en mis propios pensamientos. – Lily le sonríe con simpatía.
-¿Hay algo que te preocupe?
-Nada es específico, sólo un hechizo que no puedo lograr todavía. – La joven intenta sonreír lo más natural posible pero de todas maneras siente rígidos los músculos de su cara. Al parecer la pelirroja no lo nota o al menos lo deja pasar de momento ya que después de todo, Hermione y ella no son demasiado cercanas.
-Si hay algo en lo que pueda ayudarte, sólo debes decirlo ¿de acuerdo?
Antes de que la ojimel pueda responder el resto de sus amigos bajan por las escaleras. Lily simplemente le dedica una última mirada antes de enfocarse por completo en su esposo. El grupo entero sale por el retrato de la dama gorda encontrándose de frente con Severus Snape. James Potter sonríe con malicia recordando los viejos tiempos.
Cornamenta no puede decir palabra alguna cuando Hermione se separa para acercarse al profesor de pociones. Lo observa de forma expectante mientras el pelinegro simplemente observa a su antiguo enemigo. Por un instante sus ojos oscuros se llenan de tristeza cuando posa la mirada sobre la delgada figura de su mejor amiga.
-Después del desayuno, inmediatamente después. ¿Escucharon bien, Granger, Weasley? – La pelirroja ni siquiera debe preguntar pues sabe que sólo existe un motivo para que el Slytherin haya subido hasta la sala común de Gryffindor. Los demás parecen confundidos y las observan a ambas con gran curiosidad sin embargo ninguna de las dos jóvenes va a responder a las preguntas no formuladas. Mantienen el silencio incluso cuando las dudas son expresadas abiertamente.
Severus se aleja del grupo lo más rápido posible sin dar oportunidad a que Sirius Black y James Potter se burlen una vez más de él. Son recuerdos que preferiría olvidar pero son parte de su vida. El único consuelo que puede obtener de esos oscuros días es el recuerdo de Lily, en ese entonces Evans, ayudándolo a levantarse una y otra vez.
Cuando el grupo entra en el gran comedor, la mirada de Hermione viaja directamente a la mesa de los profesores. El director la saluda con un ligero movimiento de cabeza al igual que la profesora de transformaciones. Acto seguido busca cierta cabellera rubia y al no encontrarla por ninguna parte sonríe apenas de forma visible. No es que su ausencia le alegre del todo pero sabe que no se equivocó en sus suposiciones anteriores. Además quizá por el momento pueda ahorrarse las burlas de sus amigos durante el desayuno aunque no puede decir lo mismo del almuerzo y la cena.
Dobby aparece en el gran comedor para sorpresa de la mayoría. Dumbledore sonríe con el típico brillo extraño en la mirada mientras levanta su copa saludando al elfo quién parece relajarse un poco ante el gesto. La mayoría de los alumnos lo observan como alguna vez lo hizo Harry. Con una enorme curiosidad. Dobby se siente incómodo a cada momento por lo que se apresura al lado de la trigueña para darle un mensaje.
-Dobby ha hecho lo que la señorita Hermione le ha pedido. Dobby no olvidó poner el hechizo para mantener la comida caliente pero ella se despertó antes de que Dobby pudiese salir. – El bullicio en el gran comedor regresa a la normalidad por lo que las palabras de la pequeña criatura son solo audibles para la joven que debe escucharlas. – Dobby le dijo lo que la señorita Hermione le pidió y ella me mandó a darle las gracias por el gesto de amabilidad. – La joven Granger no entiende por qué esas palabras la hacen sonrojar. Quizá es porque ese recuerdo regresa a su mente sin aviso alguno. El cuerpo perfecto de una Veela parece no querer salir de su mente y por un instante quiere borrarse la memoria a sí misma. – La señorita Delacour también le pidió a Dobby que le entregara esto. – Con una mano delgada y huesuda el elfo le entrega un pedazo de pergamino antes de desaparecer para reintegrarse a sus labores en la cocina.
-¿Algo que deba saber? – Ginny se inclina un poco para que ninguno de sus hermanos pueda escucharla. Hermione sonríe un poco nerviosa antes de negar con la cabeza. Eso no engaña a la pelirroja por lo que arquea una ceja.
-Luego te digo. – No tiene otra opción más que rendirse ante la intensa y escrupulosa mirada azul de la menor de los Weasley. Ni siquiera sabe que va a decirle. No puede decirle que está enamorada de la rubia porque ciertamente no lo está. Después de todas las bromas hechas por los gemelos e incluso por los tres merodeadores ni siquiera puede aceptar que le gusta. Siempre ha odiado a las personas superficiales que simplemente se guían por el físico.
Por eso odiaba a Fleur durante el torneo de los tres magos. Pensaba que no era más que una niña bonita caminando por los pasillos del castillo como si tuviese derecho a mirar a cualquiera por encima del hombro. Pensaba que no era más que un simple cascarón vacío. Pero Fleur Isabelle Delacour le cerró la boca cuando entró al torneo de los tres magos.
Un juez imparcial escogió lo mejor de tres escuelas para combatir en un torneo donde sus vidas estaban en peligro a cada instante. Fleur no podía ser sólo un físico bonito si el cáliz de fuego la había escogido como campeona de Beauxbatons. Debía ser inteligente, ágil, fuerte a pesar de su apariencia sumamente frágil.
Y sí, le había gustado desde el primer momento en que la vio cruzar el umbral del gran comedor. Ni siquiera está segura de qué es lo que le gusta. No sabe si realmente le atrae su físico. No sabe si es la elegancia que invade cada uno de sus movimientos. No sabe por qué puede perderse en sus ojos azules en tan sólo un par de segundos. Y le aterra perderse tan fácilmente en un remolino de emociones que nunca ha experimentado antes. Porque esa necesidad de proteger a otra persona jamás había sido tan fuerte ni siquiera en medio de la batalla. Jamás había cambiado tan drásticamente de mentalidad respecto a alguien. Pero tan sólo una mirada de esos ojos azules la hizo sonreír una semana antes incluso aunque su razón le dijera que odiaba a Fleur Delacour. Una parte mayor de su consciencia le dice que nunca lo ha hecho.
La trigueña suspira antes de desdoblar el trozo de pergamino y leer el contenido.
"Gracias por lo que has hecho por mí. Parece que últimamente tiendes a salvarme de todo, incluso de una incómoda posición en la biblioteca". – Hermione se sonroja pero continúa leyendo. – "Me gustaría charlar contigo, no lo sé, ¿quizá después del almuerzo?" – Suspira mientras guarda la nota en el bolsillo de su túnica.
El desayuno está por terminar y ante la mirada atenta del grupo Ginny y Hermione se levantan para dirigirse al despacho del director. Ginny toma su mano con fuerza intentando transmitirle seguridad sin embargo la castaña no puede contagiarse de esa emoción. Tiene que descubrir su historia, eso le queda claro, tiene que conocer cada parte por más pequeña que sea. El punto es que cuando lo haga ya no habrá marcha atrás. Cuando el rompecabezas esté completo y todas las piezas en su lugar, no habrá más inconsistencia, no habrán más nubes que cubran la realidad, todo quedará en el lugar perfecto y ella no podrá negar que jamás fue la bruja, la persona que un día creyó que era.
Aún así se obliga a sonreír mientras esperan por los tres profesores. El grupo de cinco se completa un par de minutos después. La contraseña es dicha y pronto se encuentran de nuevo en el despacho de Dumbledore. Toman asiento envueltos en un pesado silencio. Hermione baja la mirada. Ginny la observa con una enorme preocupación al igual que Minerva. El profesor de pociones oculta el mismo sentimiento bajo una capa de indiferencia. El director es el primero en hablar pues sabe exactamente cómo se siente la joven de apenas dieciocho años.
-Sé que no está del todo preparada para escuchar el resto de la historia, señorita Granger. Entiendo que no es nada sencillo aceptar una verdad como esta. Es demasiado para cualquier persona, demasiado para usted. – Hermione asiente. – Sin embargo está dispuesta a conocerse incluso si eso le causa un enorme temor. Me demuestra, nos demuestra por qué fue elegida para pertenecer a la casa de los Gryffindor y no a Hufflepuff o Ravenclaw.
Ni siquiera debe preguntar, sólo déjeme hablar y si tiene alguna duda respecto a lo que le digo no dude en pedir que lo explique de otra manera. – Hermione asiente una vez antes de centrar toda su atención en el hombre de larga barba blanca. – Usted ya tiene el origen de la magia que ahora reside en su interior sin embargo hay un poder aún más grande que se agregó con el paso de los años. Ese pequeño cristal no sólo contiene la magia de tres de los fundadores sino también la magia de su primer guardián. El único otro ser que ha conocido esta historia. – Dumbledore se acerca a uno de los tantos armarios que hay en su despacho sin embargo el armario que abre no es realmente eso. Cuando las puertas dobles se abren un pequeño cofre levita fuera de su guarida para moverse lentamente hasta el escritorio. En especial hasta quedar enfrente de la trigueña. – Es aquí donde empieza otra leyenda.
-¿Qué es esto? – La ojimel observa la pequeña caja negra con un intrincado símbolo plasmado en la tapa. No tiene forma alguna o al menos eso es lo que cree Hermione mientras observa una y otra vez las líneas rojas y doradas.
-Si lo abre por mí quizá pueda darle una respuesta. – Con dedos temblorosos toma la caja. Recorre la superficie un par de veces sintiendo la tela aterciopelada ante el suave roce. Observa el broche dorado que la mantiene cerrada y aún temblando ligeramente lo toma. Siente dentro de ella que está a punto de llegar a ese momento donde no habrá vuelta atrás. Cree que después de abrir esa caja la verdad se revelará ante ella y aunque no conozca del todo su historia estará atada a ella con tal fuerza que cualquier esfuerzo por negar su pasado será totalmente inútil.
Luego de un minuto entero lleno de dudas al final abre la caja y tal como lo supuso ahí está el final de su lucha interna. Justo frente a sus ojos un cristal se alza de la suave superficie para flotar frente a sus ojos. Un cristal en forma de gota. Brilla intensamente en color carmesí. Por un momento no parece ser sólido. Hermione cree que está lleno de la misma poción que Severus le ha dado para recuperar la fuerza. Un instante después se da cuenta del verdadero significado de ese hecho. Lo que está observando no es sólo un cristal, es el cristal creado por tres de los fundadores y un dragón.
Spencer: Más adelante explicaré cuál es el sentido de essa frase porque hay algo mucho más profundo respecto a la relación entre ambas brujas. Muchas gracias por leer, espero que te haya gustado el capítulo.
ale: Tienes razón, quizá no lo noté antes pero cada capítulo es importante respecto a diferentes cosas. Quizá en el anterior no involucree demasiadas cosas respecto a la historia de Hermione pero sí respecto a la relación que tendrá con la rubia. Las que pueden ser las reacciones de los demás ante esa misma situación. Muchas gracias por leer y comentar. Espero que este acercamiento entre ambas haya sido de tu agrado.
anonimo: Gracias por leer y comentar. Intento actualizar lo más rápido posible aunque no siempre lo consigo. De todas maneras espero que el capítulo haya sido de tu agrado.
Próximo capítulo... si, saldrá esa conversación entre ambas brujas pero principalmente se enfocará en la historia de Hermione. Si este capítulo les gustó dejad un RR. Cualquier duda y sugerencia no teman en dejarmelo saber. Hasta la próxima.
