Día 7

Tema: Hot chocolate / Chocolate caliente

Advertencias: Romance

844 palabras

Summary: Sus manos estaban frías, su nariz también, pero él conocía el remedio perfecto

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, hago esto sin fines de lucro.


Frío

Sus manos estaban frías. No, más bien heladas. Afuera había comenzado a nevar justo cuando Levi volvía del entrenamiento y no había podido evitar que su ropa se mojara por la humedad del ambiente, mientras que la nieve dificultaba su caminar, obligándole a pasar más tiempo afuera del que deseaba.

Para cuando llegó al cuartel, todos se encontraban en sus habitaciones, descansando y resguardándose del inclemente clima, y él les envidió por no estar empapados en agua helada, tan helada que ya comenzaba a congelarse en su ropa. Caminó en silencio por los pasillos, maldiciendo mentalmente su suerte mientras comenzaba a deshacerse de su ropa mojada, que no hacía más que aumentar su incomodidad.

Deseaba tanto un baño de agua caliente... pero con ese clima seria imposible. Maldijo de nuevo mientras llegaba a la habitación, rogando secretamente que Erwin se encontrara ahí. El podría ayudarle a entrar en calor. Con un poco de suerte, aun estaría despierto y podría convencerle de tener un poco de acción. O por lo menos podría acostarse muy cerca de él y dejar que sus cálidos y fuertes brazos le envolvieran, compartiendo su calor corporal.

Estaba pensando cosas demasiado cursis, pero una parte de él estaba segura de que moriría congelado, por lo que realmente no le importó permitirse tener esa clase de pensamientos. En los peores momentos, en los mejores, en cualquier momento, Erwin siempre estaba en su mente, y estaba seguro de que así seguiría hasta su último suspiro.

La habitación estaba en penumbras, ni siquiera la luna había tenido la sutileza de alumbrar un poco su llegada y, en cuanto sus ojos se adaptaron a la oscuridad, supo de inmediato que estaba sólo. Erwin no estaba ahí, y seguramente no pasaría la noche con él.

Suspiró, resignado a pasar la noche en soledad y congelarse hasta entumirse. Realmente no sonaba tan mal, si se cambiaba de ropa y se metía a la cama de inmediato probablemente no resentiría tanto el cambio. Se desnudó cerca de la puerta para evitar mojar todo el suelo, así no tendría que secarlo todo por la mañana.

Erwin, que había estado observándole en silencio desde atrás, aprovechó su distracción para acercarse y rodearlo con uno de sus brazos pues el otro lo usaba para sostener una bandeja con dos humeantes tazas.

—Estas helado. —Susurró en su oído, sintiéndole estremecer.

—¿En dónde estabas? —Preguntó con fingido desinterés, acercándose más a su cuerpo en busca de calor. Se sentía tan bien que se le escapó un suspiro de satisfacción, haciendo sonreír a Erwin.

—En la cocina. —Erwin le atrajo aún más cerca, besando sin prisas su cuello mientras comenzaba a guiarle a la cama, cuidando que el contenido de las tazas no se derramara. Levi estaba demasiado dócil esa noche y no perdería la oportunidad de disfrutarlo.

En cuanto Levi se giró para besarlo, pudo sentir lo frío que se encontraba su cuerpo. Sus manos, su nariz, sus hombros, toda su piel estaba helada y sus labios comenzaban a tomar un tono azulado propio de la hipotermia. Preocupado, le empujó suavemente a la cama para que se sentara y dejó la bandeja a su lado mientras buscaba algunas mantas para cubrirlo.

—Toma, te ayudará a entrar en calor. —Se sentó a su lado, abrazándole sobre las mantas luego de entregarle una de las tazas.

Levi observó el extraño líquido, inseguro de querer probar algo de un tono tan oscuro y espeso. No acostumbraba tomar café, pero la bebida que Erwin le ofrecía se veía más como la tierra mojada, causándole una terrible impresión.

—¿Qué es esta cosa? Nunca pensé que tratarías de matarme. —Se quejó, demandando una explicación con su mirada.

Erwin, incapaz de contener una amplia sonrisa, bebió un poco para demostrarle que no era nada extraño ni mucho menos venenoso. —Es chocolate caliente. Solía encantarme cuando era niño, pero es un lujo que no podemos darnos aquí en la legión.

Los ojos de Levi aún mostraban desconfianza, pero si era algo que Erwin adoraba en su infancia, valdría la pena conocer el sabor. Con cuidado, llevó la taza hasta su boca, probando un poco.

—Es demasiado dulce. —Se quejó, aunque no le desagradaba del todo. Incluso podía entender que los niños amaran ese sabor.

—Eso te devolverá el calor. —Erwin sonrió, besando su frente mientras bebían en silencio. Le traía tantos recuerdos que resultaba abrumador.

A pesar de sus quejas por el sabor, Levi bebió hasta la última gota de chocolate, y Erwin tomó la taza de sus manos de inmediato, dejando ambas sobre la mesa de noche para poder besarle. Le besó lentamente, saboreando sus dulces labios que aún conservaban la calidez y el sabor de la deliciosa bebida, mucho más deliciosa viniendo de los labios de su amado.

—Tu boca es deliciosa… —Susurró Erwin contra sus labios, incapaz de alejarse de ellos. —Sabes a chocolate caliente.

Levi pensaba protestar y culparlo por ello, pero sus besos alejaron todo pensamiento muy lejos, al igual que las mantas, que dejaron de ser necesarias cuando Erwin le hizo entrar en calor.