Capítulo VI

Tristes recuerdos


Sasuke cuando entró en esa habitación, tuvo realmente que sujetarse del marco de la puerta para no caer de la impresión. En una de las paredes había una gran foto enmarcada, en la que aparecía Sabrina en el medio y a cada lado de ella dos chicos de más o menos catorce o quince años; uno era Ángel y el otro era el que se suponía era su doble. Los tres estaban abrazados y sonriendo.

En otra foto, la cual era muy parecida a una que él conocía perfectamente, aparecían los mismos tres chicos, pero más jóvenes y detrás de ellos, con ambas manos sobre la cabeza de Ángel y Sebastián, se hallaba un hombre de cabello claro, sonriendo. Se suponía que aquel hombre era Kakashi, aunque su cabello no era plateado, sino que de un rubio muy claro, ceniciento.

— ¿De cuándo es esta foto?—cuestionó a una ensimismada Sabrina, que miraba la fotografía con una triste expresión.

—Teníamos once años cuando la tomaron—contestó mirando la foto con melancolía. —se supone que Seba, Ángel y yo somos un equipo y Calixto era nuestro entrenador, aunque no sólo de nosotros, sino que de todos los equipos.

Sasuke asintió mientras recordaba que esa foto a él se la habían tomado cuando tenía doce o trece años, no lo recordaba con exactitud.

—Ese día Ángel y Sebastián se pusieron a discutir y Calixto, para que dejaran de molestar les dio dos coscorrones y luego les puso las manos en la cabeza para asegurarse que no volverían a pelear—contó mientras negaba con la cabeza —sacarse esa foto realmente fue una odisea.

Aunque fue demasiado pequeña, en el rostro de Sasuke apareció una sonrisa divertida, al parecer en el lugar del que venía la pelirroja las cosas no eran muy diferentes.

—Mira esa otra foto—dijo Sabrina.

Sasuke miró hacia donde Sabrina le apuntaba, mostrando una foto muy parecida a la anterior, pero esta vez una hombre estaba al lado de Calixto o Kakashi, era pelinegro y tenía los cabellos en punta y al lado de su doble, o sea, del tal Sebastián, estaba un chico que no debía pasar los diecisiete años y que era igual a Itachi. Abrió los ojos como platos al ver a alguien igual a su hermano en esa foto. En la foto, Ángel estaba sonriendo de forma obligada, Sabrina miraba a la cámara mostrando la lengua, Calixto ya no tenía las manos sobre las cabezas de los niños y en cambio sonreía divertido junto al otro hombre. Su doble miraba a la cámara entre serio y victorioso y el hermano de éste, mantenía la mano en la cabeza del niño, como si quisiera golpearlo dolorosamente.

—esa fue sacada después. Esos dos, Calixto y Octavio, eran los maestros de ninjutsu y se suponía que cada grupo debía sacarse una foto con ellos. Ignacio que es el hermano mayor de Sebastián es también una especie de maestro, ya que obtuvo su último grado, así que ahora se dedica a ayudar en el entrenamiento…pero debo decir que ahí él todavía era estudiante y sólo se metió para molestar a Sebastián.

El asintió mientras trataba de imaginarse a su hermano Itachi tratando de molestarlo. Era difícil intentar imaginarse eso.

—en esa foto Calixto amenazó a Seba y a Ángel diciéndoles que si no se comportaban trapearía el piso con ellos, así que por eso Ángel está tratando de sonreír, ya que no era nada agradable que Calixto trapeara el piso contigo—ella todavía se acordaba de una vez en que Calixto trapeó el piso con ella, recordaba que le había dolido el cuerpo como por tres días.—Ignacio, que ese día estaba con ganas de molestar a su querido hermano, comenzó a hacerlo y Sebastián como tiene tan poca tolerancia y prende con agua, le dio un golpe en el estómago…Ignacio se molestó y se lo quiso responder, pero Octavio les llamó la atención y les dijo que ya tomarían la foto, así que por eso Seba sonríe de esa forma e Ignacio tiene esa mano ahí como si quisiera matarlo y creo que si mal no recuerdo, luego de la foto Seba dijo algo así como "patitas para que la quiero" y salió corriendo perseguido por Ignacio. Y bueno, Calixto y Octavio estaban realmente divertidos y por eso sonríen así…en cuanto a mí, trataba de disimular las ganas que tenía de golpear a Ángel y a Seba.

Sasuke esbozó una sonrisa divertida cuando trato de visualizar a la Sakura de hace tres años tratando de golpearlo. Volvió a fijar su vista en la foto y aquel hombre pelinegro le llamó bastante la atención.

— ¿y él? ¿Quién es?

—Octavio Urrutia, es un primo o tío lejano de Seba e Ignacio. Era el mejor amigo de Calixto y está casado con Renata. Ellos tres fueron entrenados por el padre de Ángel, el cual solo los entreno a ellos tres ya que no tenía una escuela. Octavio y Calixto para pagar sus estudios universitarios decidieron dar clases de ninjutsu…así que los primeros alumnos fueron Seba e Ignacio por ser parientes de Octavio y Ángel por ser hijo del que los entrenó y luego me metí yo. Obligué a Irina para que se metiera y después cuando entramos a primero básico, a casi todos nuestros compañeros les dio por meterse. Así que como les fue tan bien, decidieron arrendar un local para hacer una especie de escuela.

Sasuke miró de reojo a la pelirroja; él sólo había preguntado por el tal Octavio y ella se había explayado demasiado explicándole. Siguió mirando la pared llena de fotografías, dándose cuenta que al lado de la fotografía que estaba viendo, había una foto en la que aparecían los tres chicos junto a Octavio e Itachi-realmente se le hacía difícil pensar en él cómo Ignacio.

— ¿Y esa foto?—cuestionó…dándose cuenta del gran interés que estaba mostrando por aquello.

—Oh…esa la sacamos cuando teníamos trece años —dijo sin dar las usuales explicaciones y anécdotas.

Sasuke notó que en aquella foto no aparecía Calixto. Cuando se lo comentó a la chica, esta cambio su expresión a una triste.

—…esa…la tomaron luego de la muerte de Calixto —dijo con tristeza, la muerte de su maestro aun la deprimía bastante. Realmente el lapso que había entre esas dos fotos, era una época que a ella no le gustaba recordar y no sólo por la muerte de su maestro.

Sasuke abrió los ojos impactado, asumiendo que en el lugar donde la chica vivía, el doble de Kakashi estaba muerto, así como el doble de su hermano estaba vivo. Era difícil creer eso y también lo era tratar de visualizar a Kakashi muerto… aunque a decir verdad, lo que le pasara a Kakashi o a cualquiera de los de Konoha lo tenía sin cuidado; al menos eso era de lo que se trataba de convencer.

Frunció el seño molesto. ¿Por qué le daba tantas vueltas al asunto? No le debería importar en lo más mínimo lo que le sucediera a Kakashi, al dobe y usuratonkashi de Naruto o a la molestia pelo de chicle esa. Se suponía que había cortado sus lazos para siempre, lo había conseguido hace tiempo…y ahora llegaban dos personas que eran iguales a Naruto y Sakura… y esos lazos parecían querer volver salir a la luz.

—Sasuke—hablando de molestias —acá tengo unas fotos de Sebastián, si quieres puedes verlas.

Tomó el álbum de fotos, lo abrió y vio que en la primera foto aparecían dos hermanos. Un chico igual a él y alguien igual a Itachi, pero con el pelo corto; ambos esbozaban una media sonrisa y se miraban con complicidad. Al ver aquella foto sintió un nudo en la garganta, era realmente impactante verse a sí mismo junto a su hermano…tal vez si él hubiese sabido todo antes… si Itachi le hubiese dicho la verdad…

Sabrina luego de entregarle a Sasuke el álbum de fotos, se había sentado en su cama y desde ahí seguía observando la foto en la que aparecía junto a Calixto…como añoraba esos días, a veces deseaba quedarse en ese momento, cuando los problemas no habían comenzado y Calixto aún estaba vivo. Porque no siempre las cosas habían estado tan tranquilas como estaban ahora, no siempre Seba y Ángel se habían llevado tan bien y no siempre ella había sido novia de Sebastián, no siempre Seba había tenido esa forma de ser picarona y molestosa.

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Los tres se habían conocido en pre kínder, gracias a sus madres. Cuando se está en esa edad es muy fácil hacer amigos y eso sucedió con Sebastián y Ángel, aunque desde un principio su amistad estuvo marcada por la rivalidad; en cuanto a ella, se hizo amiga de ambos, pero siempre fue más cercana a Ángel, ya que en un principio consideraba que Seba era un pesado, de hecho, la única razón por la que Sabrina se había hecho amiga de Sebastián, fue porque Ángel era amigo de él.

Luego, cuando Calixto y Octavio abrieron esa especie de "escuela" de ninjutsu, Miguel, el padre de Ángel, lo había metido inmediatamente, ya que Calixto y los demás habían sido una especie de alumnos suyos. Sebastián también ingreso a la escuela porque Octavio era su tío y bueno…a ella la inscribieron gracias a todos los berrinches que le hizo a su mamá para que la metieran.

Su relación con Sebastián fue en un principio para nada buena. Si a Ángel lo trataba bien, con Sebastián era todo lo contrario, lo que al final había provocado que Seba terminara fastidiándose y comenzara a decirle molesta y niña tonta.

Tonto cara de poto—decía ella.

Molesta—decía él con fastidio.

Horrible—volvía a decir ella mientras le mostraba la lengua.

Desastre de la naturaleza—contraatacaba él exasperado.

A los ocho años, comenzó a darse cuenta que Sebastián estaba comenzando a gustarle, al igual que a casi todas las niñas del curso. Sin embargo, en esa apoca, Sebastián la trataba de mala manera y ella, aunque hace algún tiempo había dejado de molestarlo, tampoco comenzó a comportarse de la misma forma que el resto de las niñas, después de todo, ella siempre había sido orgullosa y no pensaba rebajarse como una niña tonta y aparte sabia que Sebastián, con lo picado que estaba con ella, se burlaría por meses.

Oye, ¿acaso tienes fiebre?—había dicho Sebastián un día de esos, posando su mano en la frente de la niña, provocando un pequeño sonrojo en la pelirroja.

Sabrina aparte de sentir vergüenza, se extrañó por su preocupación.

No, no me pasa nada—dijo ella reponiéndose de la sorpresa inicial, fingiendo indiferencia — ¿Por qué lo peguntas?

Nada…es sólo que…—dijo el dudoso, pero luego frunció el seño mirándola con fastidio —eres molesta.

A medida que los años pasaban, Sebastián se ponía más lindo y a ella comenzaba a gustarle más y más; ya no lo molestaba, pero tampoco andaba arrastrándose como las demás niñas. Pasaba la mayor parte del tiempo junto a Ángel y sólo hablaba con Sebastián las veces que estaban los tres juntos. Por otro lado, el chico se guía llamándole molesta, aunque ahora por costumbre, cuando conversaban en grupo a ella sólo le respondía con simples hmp, los cuales no sabía cómo interpretar.

y entonces eso fue lo que paso—terminó de contar Ángel lo que había hecho el fin de semana.

Idiota—dijo un Sebastián de once años con una sonrisa divertida —a ti sólo te pasan esas cosas.

Sabrina aun reía por lo que había contado Ángel, luego miró a Sebastián con una sonrisa.

¿y tú? ¿Qué hiciste el fin de semana?

Sebastián le dirigió una mirada que claramente significaba un "y a ti que te importa"

Nada—había contestado simplemente volviendo a su máscara seria.

Sebastián, hasta más o menos los siete años había sido el típico niño travieso y molestoso, disfrutaba es especial molestándola, aunque no debía quejarse ya que ella había comenzado primero con todo. Se llevaba muy bien con Ignacio y cuando hablaba de él, parecía como si estuviera hablando de un ser prefecto, pero luego, repentinamente, Sebastián había cambiado, su relación con Ignacio había empeorado notablemente y su actitud molestosa había pasado a ser una fría y callada, sin contar que ahora usaba los monosílabos para casi todo y su rivalidad con Ángel había aumentado, lo que había causado varios roces entre ellos y el deterioro de su amistad.

Cuando estaban a finales de sexto básico, 22 de noviembre concretamente, Ángel y Sebastián tuvieron la pelea más grande y más grave que han tenido en toda la historia de su amistad y había sido por una idiotez- según Ángel- lo que había provocado que Sebastián dejara de hablarles por casi un año entero…ese año había sido el más insoportable para ella, al menos hasta ese entonces.

Realmente nunca supo por qué se habían peleado; ella había llegado cuando ya estaban golpeándose en el patio del colegio y luego nadie la había dicho la razón de la pelea, incluso ahora, eso todavía era un misterio para ella.

Cuando los separó, ambos parecían estar fuera de sí. Alrededor había muchos chicos y chicas de otros cursos observando sorprendidos la pelea, ya que como ambos chicos practicaban ninjutsu desde los 5 años y eran de los mejores, pues…imagínenselo.

Sebastián teía partido el labio, el cabello despeinado y la ropa desordenada, mientras que Ángel tenía una herida en la cabeza que le manchaba la frente con sangre y su ropa estaba en las mismas condiciones que la de Sebastián.

¿Qué les pasó a ustedes dos? ¿Por qué se están pegando?—cuestionó mientras se ponía entre medio de ambos chicos, tratando de sujetar a Ángel, ya que Ignacio estaba sujetando a Sebastián.

Ninguno de los dos le contestó, ni siquiera parecían darse cuenta que ella estaba ahí; sólo se miraban con odio, con una odio que ella nunca había visto en los ojos de sus amigos.

¡Admítelo!—le desafiaba Ángel con rabia y respirando agitadamente producto del cansancio.

¡No tengo nada que admitir!—dijo Sebastián airado y tan enojado, que ella sintió miedo de cómo podrían haber terminado las cosas si es que ella e Ignacio ni hubiesen llegado a tiempo.

¡entonces no entiendo por qué te molesta tanto! No debería importarte que…—pero no alcanzó a terminar la frase.

¡Cállate conchetumare!— dijo él, haciendo use de los improperios que conocía y tratando de zafarse del agarre de su hermano.

Al escucharlo, Ángel lo miró furioso.

con mi mamá no te metai weon, no te lo permito—dijo también tratando de seguir con la pelea.

En un descuido de ella y de Ignacio, ambos se soltaron del agarre y se acercaron con la intención de seguir con la pelea.

Ella con miedo de cómo podrían terminar las cosas, se interpuso entre ambos, dándole la cara a Sebastián y poniéndose, sin querer, en una posición protectora hacia Ángel.

¡Basta Sebastián!—dijo llorando asustada.

Sebastián al verla se detuvo de inmediato, sorprendido. La observó con sus penetrantes ojos negros por un lapso corto de tiempo que a ella le parecieron horas; la miraba de una forma que nunca antes había visto…sería porque estaba llorando, que percibió cierta tristeza en su mirada…o algo parecido a eso.

Luego el pelinegro había mirado detrás de ella y frunció el seño. Cuando la volvió a mirar ya no había nada de la expresión anterior, ahora en sus ojos sólo se mostraba el enojo, el desprecio…y el odio…

El chico se había acercado a ella, hasta el punto que Sabrina sintió como su corazón explotaría por lo desbocado que estaba. Cuando estuvo lo suficientemente cerca de ella, Sebastián había susurrado en su oído dos palabras.

eres despreciable.

Luego se había alejado como si ella fuese alguna clase de virus y había dicho con voz fría y molesta…

Váyanse los dos a la mierda—…para luego marcharse de ahí.

Al día siguiente Sebastián se sentó al otro extremo de la sala y en todo lo que duró el día, ni siquiera les dirigió una mísera mirada. Así también sucedió los siguientes días. Ángel luego de que se le pasara la rabia, se acercó para disculparse con él, pero él hizo como si no existiera. Ella, por su parte, muchas veces trató de acercarse a él, pero el chico le dirigía una mirada de desprecio.

Sebastián pasó las dos últimas semanas de clase sentado solo, no hablaba con nadie del curso; se notaba desganado, pero tampoco se esforzaba por juntarse con algún grupo. Y ellos, no había para que decir lo desganados que estaban; Ángel no era el mismo si no tenía a Sebastián para discutir y ella no podía soportar que Seba ya no les hablara más.

Pero ella guardaba las esperanzas y creía ingenuamente que a Sebastián se le pasaría luego de unas semanas y que volvería a ser el mismo de siempre, después de todo, Sebastián siempre había sido un poco rencoroso, pero al final terminaba cediendo. Aparte, estaba segura que le problema había sido una tontería, como le había dicho Ángel.

¡Pero qué equivocada estaba!

Y ese día miércoles 6 de diciembre, cuando sólo faltaban dos días para salir de vacaciones, se dio cuenta de ello, se dio cuenta que al parecer la pelea no había sido por una estupidez.

Ese día, en clases de ninjutsu-a la cuales Seba no iba hace bastantes días- Ignacio se había acercado a ella, un tanto extrañado.

Oye Sabrina— llamó el joven — ¿se arregló el problema que tuvo Seba con ustedes?

Ella negó con la cabeza tristemente.

ya no nos habla. Pero ¿no te ha comentado nada?—cuestionó extrañado.

No sé qué bicho le picó, pero ya ni siquiera me habla —dijo suspirando —así que aún no se arregla el problema, bueno, eso explica las cosas.

¿Qué cosas?—cuestionó ella con curiosidad.

ayer escuche a Seba decirle a mi vieja que quería cambiarse al B para este otro año. Así que lo más probable es que Seba el próximo año esté en el otro curso.

¡¿Qué? —no se lo podía creer.

lo que escuchaste. Mira, no sé qué tan grave fue el problema, pero debe haber sido realmente importante para Seba si ahora se quiere cambiar de curso.

no, él no puede cambiarse de curso. ¿Sabes dónde está?—cuestionó ansiosa.

estos días no ha venido a entrenar y está llegando más tarde a casa…no se me ocurre donde puede estar—contestó negando con la cabeza.

Sabrina maldijo silenciosamente y luego se dirigió al camarín para cambiarse de ropa. Cuando salió ni siquiera se preocupó por avisarle a Calixto que se iría. Estuvo buscando a Seba por todas partes, pero no lo encontraba, Santiago era una ciudad grande y era casi imposible para ella encontrarlo. Fue en ese momento de angustia, cuando recordó una plaza que había en la comuna, a la que iban a jugar cuando eran pequeños.

Cuando llegó ahí, ya era de noche.

Seba estaba sentado en una de las bancas, al parecer no se había dado cuenta que había llegado.

¿Qué estas haciendo aquí a estas horas?—se había equivocado, Seba la había sentido llegar.

Sabrina se detuvo sorprendida, era la primera vez en semanas que Sebastián le dirigía la palabra.

yo…supe que te cambiarías de curso para el próximo año —contestó de forma dudosa.

Así es—contestó él de forma fría —mi mamá mañana ira a hacer los trámites.

No puedes cambiarte de curso —dijo ella levantando la voz.

Seba, estaba tranquilo, pero al escuchar eso frunció ligeramente el seño.

es mi decisión, Sabrina. No te metas en lo que no te importa—contestó él, mirándola seriamente y levantándose de la banca. —ándate a tu casa…no son horas para que andes por acá, te puede pasar algo.

nee… ¿te cambias por lo que pasó con Ángel? Eso no tuvo importancia.

Escuchó una risa algo irónica por parte del chico.

¿y tú crees que son tan importantes en mi vida? Hmp, no seas ridícula, me cambio de curso porque se me da la gana y porque todos saben que el B siempre es mejor que el A, en el B van los mejores y van más avanzados.

Sabrina bajó la cabeza, sabiendo que el chico tenía la razón.

vete a casa— le había dicho él nuevamente, de manera hostil.

por favor… no te cambies de curso— pidió ella apenas en un susurro — ¿Qué importa que el otro curso sea mejor? Tú donde vayas serás igual de aplicado. Si te quedas en el curso te aseguro que no te arrepentirás, cada día será divertido, lo prometo.

Eres… molesta—dijo mirándola de forma burlona y luego comenzando a caminar nuevamente.

Sabrina se mordió el labio, con lágrimas cayendo libremente por su rostro.

¡espera! Yo sé que tú me odias, que encuentras que soy despreciable y molesta y sé también que yo tengo la culpa de eso…pero…pero yo…desde hace años… —en ese momento Sebastián detuvo el paso, sin voltearse y ella sabiendo que estaba jugándose su última chance dijo — ¡yo te quiero! ¡Te amo tanto!… me gustas desde hace mucho…así que por favor Sebastián —cuando dijo su nombre la garganta le quemaba y sentía sus mejillas arder por la vergüenza.

Luego de que terminara de gritarle sus sentimientos, todo se quedó en silencio. Notó como Sebastián había tensado los puños para luego volverlos a relajar.

Eres una mentirosa— había dicho él marchándose finalmente de ahí, dejándola sorprendida y con las lagrimas cayendo libremente por su rostro.

Sintió como sus piernas flaqueaban y se sentó en la banca como pudo…él…él no le había creído…no había creído sus sentimientos cuando estos eran puros y sinceros. Bajó la cabeza y los sollozos comenzaron a salir de manera incontrolable.

Le había costado tanto decirle cuanto lo amaba y él no le había creído… le había dicho que era una mentirosa…

Sintió su teléfono celular vibrar en sus jeans y la llamada era de Ignacio.

aló…—dijo tratando de controlar los sollozos.

Sabrina… ¿Dónde te metiste enana?—escuchó la voz preocupada del chico — ¿está Seba contigo?

Ella al escuchar ese nombre, rompió a llorar nuevamente.

Entiendo… ¿Dónde estás?—ella con voz temblorosa se lo dijo —de acuerdo, espérame ahí.

Unos pocos minutos después, Ignacio llegaba montado en su moto. El chico tomó un casco y se lo tendió.

Ella algo dudosa lo recibió y luego se montó detrás del joven.

Al día siguiente ella no fue a clases y luego se enteraría que ese día Ángel y Sebastián habían tenido otra pelea, que había provocado que a ambos casi los expulsaran del establecimiento.

El día viernes, el último día de clases, ella tuvo que ir, ya que como había obtenido el primer lugar en el curso-junto a Seba por supuesto- tenía que recibir su diploma.

Cuando a ambos le entregaron el diploma del primer lugar, junto a Helena que sacó el segundo y Simón que había sacado el tercero, Seba ni siquiera la miró y ella agradeció ese gesto, ya que tampoco tenía ganas de estar cerca de él, no por ese día.

Durante las vacaciones no supo nada de Sebastián, ni siquiera lo veía en los entrenamientos. Luego se enteraría que el muchacho había hablado con Octavio para que lo entrenara otros días.

En marzo del 2007, cuando entraron a séptimo básico, ella aun guardaba la tonta esperanza de que Seba apareciera en la sala, como en otros años, pero no fue así. En el recreo lo vio salir de la sala del séptimo B que se encontraba en el otro extremo del colegio, él la había mirado por un lapso corto de tiempo y luego había desviado la mirada, cuando una chica pelirrosa, un chico alto y colorín y otro chico que tenía cara de psicópata, cuyos cabellos eran cenicientos, llegaron junto a él. Recordaba que ella había sonreído con melancolía…al parecer el pelinegro ya había encontrado reemplazos.

Aunque a decir verdad…a su curso también había llegado un remplazo. Salvador se llamaba el chico…y tenía cierto parecido con Sebastián…aunque su piel era mucho más pálida. A la mayoría –incluida ella- le había dado algo de risa el nombre del muchacho, luego, cuando se enteraron de que era muy bueno dibujando -y valla que dibujaba bien- encontraron algo de lógica a su nombre, seguramente había sido en honor a Salvador Dalí.

El chico en poco tiempo había podido integrarse al grupo y debía agregar, que Irina estaba fascinada con él.

De Sebastián…poco sabía realmente; aunque estuvieran en el mismo colegio, el hecho de que estuviera en el otro séptimo provocaba que no se vieran casi nunca…ya que todos sabían que era tradición que entre el A y el B hubiera una gran rivalidad y Sebastián había pasado a ser el rival.

Pero no faltaban las veces en que se lo topaba en el comedor o en el kiosco y Sebastián la miraba; en esas oportunidades era ella la que desviaba el rostro. Aunque lo amaba, no podía pasar por alto que el chico le había llamado mentirosa el día que se le declaró. Las pocas veces que lo había visto, siempre estaba con su nuevo círculo de amistades y con aquella niña pelirroja, que a veces se le tiraba encima, siendo alejada de inmediato por el muchacho.

Fue así que llegó octubre y aunque había comenzado a oscurecer más tarde, seguían saliendo de entrenamiento como a la siete, cuando ya comenzaba a oscurecer.

Un día de esos, tuvieron que quedarse hasta más tarde…hasta una hora en que no era muy recomendable para una niña de su edad atravesar la ciudad sola. Así que Calixto, consciente de esto, se ofreció a llevarla. Y ella aceptó.

Y no había día en que no se arrepintiera de ello.

Lo siguiente aun estaba confuso en su mente. Recordaba el semáforo marcando verde, indicando que podían avanzar, recordaba el auto que venía a gran velocidad pasándose la luz roja; recordaba a Calixto…poniéndose en una forma protectora y lo último que recordaba había sido sus ojos negros llenos de alarma y su voz que le decía que todo estaría bien.


Notas de autora:

Hola, lamento haberme tardado tanto con el capitulo, pero es que realmente este capi me costó un poquito por los recuerdos de Sabrina y todo eso. Espero, como siempre, que el capi le haya gustado…me esforcé por tenerlo.

¿Merece un review?

De veras…no cuesta nada presionar el botoncito verde.