Título –
Disclaimer – No me pertenecen los personajes, pero la historia sí.
Advertencia – Yaoi
Antes que nada, les debo una disculpa a todos mis bienamados lectores, ya que no he actualizado en aproximadamente cuatro meses. No es que fuera a abandonar este fanfic ni mucho menos, es sólo que este periodo fue bastante difícil para mí y no tuve ni tiempo ni ánimo para continuarlo.
Pasando a otras cuestiones… ¿Alguno de ustedes me puede decir cuándo cumple años Kai? Es una pregunta que tengo desde hace mucho y aún nadie me puede dar la respuesta verdadera.
Bien, pasando a lo que nos incumbe; decidí que este capítulo estaría dividido en dos partes cortas para tener algo que actualizar en estos días. Ya que son vacaciones me esforzaré por traer la continuación a la brevedad posible.
.-"-. Ángeles .-"-.
En el capítulo pasado.
Despierta sobresaltado mirando a su alrededor. Se encuentra en su recámara rodeado por la tenue luz de la luna. Su respiración es agitada y está bañado en sudor. ¿Fue un sueño? No, fue demasiado real para serlo. Ahora conoce parte de su pasado. Muchas de sus dudas han sido contestadas, sin embargo, otras más inundan su mente. ¿Qué sucedió después? ¿Por qué le ha mostrado todo esto? ¿Acaso le está pidiendo ayuda?
Rememora al inocente e ingenuo Raúl. Añora al Kai de antaño. Piensa en Brooklyn… Kai había encontrado aquello que buscaba: encontró a una persona quien lo amó no importaba lo que pasase, una persona quien fue capaz de todo con tal de estar a su lado para siempre… Un amante empedernido que lo adoró hasta la locura. Ése fue el angelical y mortífero Brooklyn.
Un joven pelirrojo ataviado en un abrigo blanco, paseaba su mirada cansinamente por sobre la gente. Estaba recargado en la barandilla de su palco privado, sus brazos hacían de almohada para su cabeza, varios suspiros de aburrimiento brotaban de sus finos labios rosados. Su mirada esmeralda no hacía otra cosa que recorrer de arriba a bajo las vestiduras de la gente que esa noche asistía al magnánimo concierto que tendría lugar en la capital inglesa.
La piel de marfil del joven resplandecía con la brillante luz de las lámparas que colgaban imperturbables desde el alto techo del teatro. Le gustaban las artes, sin embargo detestaba los eventos que reunían a casi toda la gente noble de su país natal.
-Joven, aquí están los catalejos que solicitó- llamó una voz a sus espaldas.
-¿Los pedí desde hace una hora y apenas los conseguiste? Hay que ser retrasado para tardar tanto en cumplir una orden tan sencilla- bramó molesto.
-Yo… lo lamento joven, pero he estado tocando desde hacía mucho y usted no osaba en abrir… -el pobre sirviente no hallaba cómo componer su falta.
-¿Y? ¿Cree que me importa?- sus tono ácido no iba de acuerdo con la sonrisa pacífica que adornaba su rostro.
-¡Pero si no abría cómo es que quería que se los entregara!
-¡Ah, lo que me faltaba! ¡Además de incompetente, eres irrespetuoso!- exclamó el pelirrojo subiendo la voz y su tono mordaz. –Por esta vez, haré de cuenta que jamás escuché tus impertinencias, pero sólo recuerda que eres alimentado gracias a mi familia… ¿Qué crees que haría mi padre si se enterara de tu actitud?
-Lo lamento joven, tiene toda la razón…-se excusó el mayordomo.
-Yo siempre la tengo.
-¡Por supuesto! Yo lo lamento, esto no volverá a pasar nunca más- concluyó el hombre.
-Claro que no volverá a pasar… ¡Ya! Retírate de mi vista…-ordenó el chico poniendo una cara de fingido dolor.
El lacayo iba saliendo de la sala cuando escuchó a su joven amo gritar afligido: "¡Oh, pobre de mí! Yo que tengo que soportar a esta gente ignorante… ¡Qué sería de ellos si no tuviera una dulce alma caritativa! ¡Gracias, Dios, por otorgarme este don!". El criado volteó a ver como el muchacho estaba inclinado sobre sus brazos con una postura de honda tristeza. El doméstico meneó la cabeza y se sintió sumamente arrepentido de su conducta, talvez si hubiera tocado más fuerte, el pequeño amo lo hubiera oído… él tenía la culpa del sufrimiento del adorable pelirrojo. Pero, ¡ah, cruel destino! No podía virar e ir a reconfortarlo por temor a herirlo aun más, lo único que le quedaba era dejar que el precioso ángel llorara sus penas.
Mientras tanto, dentro de la elegante habitación, el joven no hacía otra cosa que admirar a través de los anteojos a las bellas señoritas y a los apuestos muchachos que iban ocupando sus lugares dentro de la sala. Estaba buscando a la persona perfecta para pasar una buena noche y, por qué no, satisfacer algunos de sus deseos ya fueran materiales o ya fueran de otra índole.
En el salón principal había unas damas de gran belleza, pero él no iba a peder su tiempo con gente de una clase menor que la suya, así que rápidamente dirigió su verde mirada a los palcos… nada interesante… En los palcos contiguos se hallaban: sus hermanastros, unos gemelos de cabello rojizo y ojos verdes, una señora regordeta acompañada de su perro, el cual iba exhibiendo un enorme moño rosa del doble de su tamaño, una pareja mayor, una mozuela con un estrafalario peinado y nadie.
-¿Vacío? – cuestionó al aire.- ¿Cómo es posible que no haya absolutamente nadie en ese asiento?
Era una situación extraña que el mejor palco de todo el teatro estuviera vacío, sobre todo si tras el espectáculo –el cual era la presentación de una nueva composición del maestro Beethoven- se iba a organizar una cena con las grandes personalidades de Londres.
"De seguro llegará tarde… ¡Qué falta de cortesía por su parte!" pensó hastiado el joven.
En unos instantes las luces se habían apagado completamente y una suave música surgió desde el escenario, llenaba la atmósfera y adormecía los sentidos, era una sublime muestra del talento de las musas. La gente que llenaba el recinto no tardó mucho en dejar fluir vitorees, exclamaciones de júbilo y lágrimas de emoción, era una delicia estar escuchando la obra del fastuoso maestro alemán. Mas, había alguien a quien la música aun no había logrado atrapar, y era un joven de cabello naranja con cara de ángel y sonrisa serena, quien no despegaba sus brillantes esmeraldas de cierto lugar en espera de algo.
Quince minutos después del comienzo del concierto, hubo movimiento desde el palco que estaba siendo vigilado. El taheño no cabía en su asombro de lo que estaba frente a sus ojos. Un bello jovencito de su edad se abrió paso entre las cortinas de terciopelo hasta su butaca, la más cara de todo el teatro. El muchacho era el ser más bello que alguien podía concebir, el cabello bicolor brillaba cuando la luz lo acariciaba, la tez blanca contrastaba con el negro de las cortinas, sus finos movimientos y los elegantes rasgos eran la muestra de que Dios había tomado parte en la creación del hombre. Pero lo más impresionante eran los increíbles orbes carmines que observaban a su alrededor confusos, hasta fijarse, por fin, en el escenario que le quedaba enfrente.
Cinco minutos… una hora… veinte días… quizá toda una vida. Para el taheño el tiempo se había detenido, desde que le llegó por primera vez la imagen del ángel su vista no se había apartado de su lugar, aprendiendo cada movimiento, cada gesto que el bicolor hacía. Quería impregnarse de su esencia, hacer suyo cada detalle.
Cuando el concierto terminó el joven bajó corriendo desde su palco para intentar encontrarse con el querubín de ojos rojos, corrió, no fijándose si empujaba o golpeaba a alguien, él sólo se fijaba si entre esas caras aparecía la obra de arte más excelsa que la naturaleza pudo haber concebido.
-¡Quítense! ¡Muévanse! –iba tan concentrado, que ya ni siquiera reconocía su propia voz gritando órdenes. Tras un largo camino, lo vio, ahí estaba el joven esperando a la entrada del teatro por un carruaje que lo pudiera llevar.
-¡Espera!- gritaba el joven mientras corría.- ¡Espera! ¡Por favor!- Los gritos fueron escuchados. El joven de mirada grana se detuvo antes de abordar el coche que había acudido y viró lentamente para localizar a quien lo había llamado.
-¡Sí! – exclamó el taheño feliz. -¡Es…
-¡Espera, Brooklyn! ¡¿A dónde vas?!- interrumpió su hermanastra desde la calle.-¡Hey! ¡Espera, espera! ¡Brooklyn Masefield, te estoy hablando!
Brooklyn se detuvo un instante encarando a la chica que le gritaba. No tardó en reaccionar y dirigirse hacia donde estaba el dueño de sus pensamientos, empero, éste creyó que al que habían estado llamando todo el tiempo era al pelirrojo subió a su carruaje y emprendió su camino.
-Brooklyn, ¿que no me oías?- inquirió la muchacha poniéndose a su lado. –Tenemos que irnos, Raúl se puso mal. A prisa, Brooklyn, Raúl necesita ir a casa- al ver que su hermanastro no hacía el menor esfuerzo por moverse, ella lo jaló del brazo incitándole a andar.
-¡No me toques, Julia!- le espetó. – Tú no eres nadie para darme órdenes, acabas de arruinarme la vida, ¡qué no lo entiendes! Tú y tu maldito hermano son sólo unos recogidos que me han traído puros problemas a mi vida. ¡Cómo desearía que jamás hubieran venido!
-¡Brooklyn!
-¡Cállate! ¡Vámonos!
Brooklyn leía y releía la misiva que le había llegado desde Rusia. Estaba entre furioso y feliz por su hermano, no cabía del enojo de que Raúl ya hubiera encontrado a esa persona especial, más porque el niño nunca salía de casa debido a su delicado estado de salud, pero estaba alegre, porque esta sería probablemente la única esperanza que él tendría de encontrar a alguien que lo quisiera. Observó por última vez el folio y lo estrujó fuertemente para luego arrojarlo al fuego. Negó con la cabeza, ¡cuántas veces no le había tratado de enseñar a Raúl a escribir correctamente! Y aun había incontables errores de ortografía, en signos de puntuación, entre otras cosas. Pero, ¡qué más podía esperar de los hijos de una campesina! Ciertamente no mucho.
Brooklyn suspiró resignado, era probable que él no encontraría nunca a ese joven del que se había enamorado. Había buscado durante años a aquel muchacho que había visto en el teatro, mas aun no tenía una pista clara que le pudiera indicar su identidad o donde encontrarlo. Lo único que sabía era que adoraba la música, sobre todo las obras de Beethoven, ya que el par de veces más que lo había podido vislumbrar habían sido justamente en estrenos de éstas.
Su sonrisa amable que siempre adornaba su preciosa faz se borró, y se transformó en llanto de impotencia, adoraba a ese ser que lo había marcado de por vida. Lo amaba, no había duda. Desesperado miró al cielo que se extendía azul del otro lado de la ventana y pidió para que existiera un Dios que le tuviera compasión y lo ayudará en su empresa. Lo que Brooklyn no sabía es que ese Dios lo mismo tiene a sus favoritos a quienes siempre protege, que a los seres que para él ya no existen.
Han pasado un par de años desde que Brooklyn recibe las cartas de Raúl. Una tras otra le hacen ver lo que es el amor correspondido, el amor sincero. Kai ha cuidado bastante bien del chiquillo, hasta ahora no se ha enfermado gravemente, empero sigue padeciendo sus pequeños ataques que lo debilitan. "Si me muriera hoy mismo, no me importaría, he sido feliz y estoy satisfecho con lo que he hecho. Todo se lo debo a Kai," pensaba el inocente Raúl cada que le pasaban los asaltos. Y es cierto, Kai lo adoraba y hacía todo lo que estaba en sus manos para que su niño viviera a gusto, se esforzaba para que jamás dejara de estar sano y fuerte, y al parecer estaba dando resultado.
La vida da demasiadas vueltas, a veces para bien, a veces para mal… a veces son puras casualidades las que llevan a algunas historias a un desenlace inesperado y trágico o al más regocijante de los momentos. Brooklyn no conocía a Kai, pero lo amaba, Kai sí conocía a Brooklyn pero le era indiferente. Ambos habían escuchado del otro gracias al ingenuo Raúl, quien de saber lo que su presentación y futura relación iba a traer consigo, talvez nunca hubiera hecho mención de ninguno… o quizás, sí.
Ellos se conocieron una tarde veraniega en Paris, más específicamente, en el estudio de un amante común, el genial pintor Oliver Delancourt. Kai estaba esperando a que su ex-amante y ahora mejor amigo, Oliver terminara de crear un retrato de su bellísimo novio Raúl, cuando inesperadamente entró a la habitación un joven alto de piel nívea muy parecido al chico a quien estaban dibujando en este momento. Ambos quedaron encantados con el otro, las relucientes esmeraldas del recién llegado inundaron la vista carmesí del ruso, ambos eran unos ángeles caídos.
Lo primero que despertó a Kai de su ensoñación fue el color del cabello del desconocido, era aun más brillante que el cabello de su amor, la sonrisa pacífica que le obsequiaba quedaba enmarcada por unos rasgos finos casi iguales a los de Raúl, pero aun más bellos. Por su parte, Brooklyn se había quedado pasmado al tener frente a él a la visión que ocupaba sus pensamientos, que lo deleitaba en sueños y que se había convertido en su razón de vivir. Frente de sí tenía a ese ser de quien se había enamorado a primera vista.
-Hola- saludó cortésmente Brooklyn al dueño de su corazón.
-Hola- respondió Kai asombrado tanto por la hermosura de aquel chico como por su parecido con Raúl.
-¿Quién eres?- inquirió el taheño. No pude disimular la curiosidad que sentía, las mariposas en el estómago estaban a punto jugarle una mala pasada.
-Kai. Kai Hiwatari- no pudo negarse a esos ojitos traviesos que tiene Brooklyn. La serenidad del joven se le transmitió… pero por un instante sintió algo extraño. Sintió lo que experimentó cuando conoció a Raúl, pero más intenso todavía.
-¿Kai?- preguntó Brooklyn, cambiando su expresión de ingenuidad a una de completo terror, sin embargo no tardó en sonreír de nuevo. –Nunca pensé conocerte.- No había rango de error, tenía que ser él, de quien había estado oyendo todos aquellos años. –Ciertamente eres más lindo de lo que mi hermano te describía en las cartas. Es un placer. –Si hubiera habido una equivocación era el momento de comprobarla. Brooklyn se acercó lentamente hasta situarse frente a Kai, le extendió la mano ensanchando su sonrisa. "Ojala que no sea él, por lo que más quieras, que no sea él…" pensó sin demostrar su temor.
Kai le devolvió una mirada confundida, le estrechó la mano fuertemente y entonces fue cuando comprendió todo.- ¿Tú...
-Soy Brooklyn Masefield, Raúl es mi hermanastro- aclaró el pelirrojo, interrumpiendo a Kai.
-Sí -Kai cortó secamente a Brooklyn, y, vehemente añadió- habla mucho de ti.
Raúl adoraba a Brooklyn cada que podía decía algo que lo elogiaba, pero también solía hablar de sus actitudes orgullosas y prepotentes, las cuales, a pesar de que el pequeño las intentara encubrir eran las más.
-Estaba… Acabo de regresar- Brooklyn comentó ignorando qué tan bien lo conocía Kai.- Sé que tú también viajas mucho…
-Solía hacerlo- Kai indicó de nuevo interrumpiendo a Brooklyn de manera grosera.- últimamente Raúl se ha enfermado mucho.- Kai dijo esto último enfatizando el nombre de Raúl.
Para Brooklyn Raúl había pasado a ser de estorbo a alguien que necesitaba algunos cuidados, nada más que eso, por tanto, a pesar de que intentaba comportarse mejor con él (bajo amenzas de su padre de que lo hiciera), a veces en las misivas que le enviaba solía escribir cosas que denigraban y ofendían al pobre niño, afortunadamente Raúl no se lo tomaba a mal, desafortunadamente a Kai le molestaba y bastante que le hiciera eso a su niño.
-Ya veo. Sin embargo oí que saldrían de Europa- Brooklyn no pude más que admirar la perfección de Kai, quien se ve más hermoso de cerca que cuando lo veía sólo de pasada, además que aunado a lo físico también poseía una voz que conquistaba su atención a cada palabra que pronunciaba.
-Los doctores sugieres que cambie de ambiente para que mejore. Iremos a Asia – aclaró. Para molestia de Kai, tendría que ser amable con él, todo por Raúl.
-¡Qué bien! Estoy seguro que le sentará de maravilla- Brooklyn está tan ensimismado que no pone atención a nada más que a Kai.- Es afortunado de tener a alguien como tú a su lado. –murmura más para sí que para Kai. ¡Oh, cuánto desearía Brooklyn que Kai hubiera sido suyo.
-No, yo soy el afortunado. Lo amo demasiado- Kai expresó efusivamente. A pesar del posible rencor que había guardado por el mal trato que Brooklyn le había ofrecido a Raúl, Kai no podía quitarse del todo esa sensación de que Brooklyn significaría algo más que un simple conocido. Aunque no lo creía posible, Brooklyn había calado hast lo más profundo de su ser.
-Estoy seguro que nos vamos a llevar muy bien- expresó Brooklyn entre risitas. Para él no había nadie más en el mundo, aparte de Kai. Ambas miradas se encontraron, ahí había más de lo que se veía a simple vista…
Continuará…
"Si hay una sola persona que no me culpe por mis pecados... Una sola que no me odie, estaré bien.
Puedo seguir viviendo."
Espero sus comentarios, quejas, sugerencias y críticas con el fin de mejorar mi manera de escribir. A todos los que lo leyeron: gracias.
¡Feliz día del consumismo a todos…! Ejem…¡Felices fiestas! Mis mejores deseos para todos, que se la pasen muy bien y que Santa Claus les traiga todo lo que pidan ja, ja, ja. n.n
Mando mis más profundos agradecimientos por dejar un review a:
Takaita Hiwatari
Mery
Nataku
Valery Hiwatakinomiya
PPBKAI
Raf-kun
Lilifairy (para bien o para mal, aun sigo con vida y aquí está la actualización… gracias por preocuparte.)
Dark-ekin
Saintlolita
Kuchiki Hiwatari (preciosa, te agradezco mucho el que te hayas tomado la molestia de leerlo aunque detestas la pareja.)
