Bueno, les dejo aquí el séptimo capítulo :)
Espero les guste, la verdad creo que me quedó muy bien.
No creen que es muy triste perder a un ser querido?
En fin, lean y lloren conmigo u.u
Dejen sus reviews, saben que son bienvenidos no importa si son nada más para decirme que son malos los capítulos, o lo que sea :D
Bien, me voooooy 3
Naruto no me pertenece, sino a su creador el gran Kishimoto, de ser mío Asuma nunca hubiera muerto :'(
7. PAPÁ
-¿Mamá... por qué yo no tengo papá?
En ese momento, al oír a su pequeña hija de tan sólo cinco años preguntarle aquello, su corazón se detuvo.
Kurenai llavaba los platos, ya tenía la comida lista y esperaba a que su niña llegara. Se volvió a su hija, quien la miraba por debajo de sus gruesas pestañas; Mirai Sarutobi era una niña muy preciosa, de piel como el melocotón, los cabellos negros tan intensos como las alas de un cuervo, los ojos rojos como su madre y, según sus queridos tíos Kakashi-san y Guy-san, ella era el vivo retrato de su padre.
Cuando Mirai escuchaba aquello, siempre se preguntaba qué querían decir con eso, y es que cuando acompañaba a su madre al mercado, o cuando iba de visita a la torre del Hokage, los aldeanos siempre le decían lo mismo: "oh, Mirai-chan, qué hermosa eres" "Vaya, Kurenai-san, Mirai-chan es idéntica a su padre" "¡Oh! ¡Mira nada más! ¡Si parece que estoy viendo a un Asuma-san de pequeño!" "Si Mirai-chan fuera un niño, estaría viendo a Asuma-san" "Si fueran tiempos de guerra, podría imaginarla siendo miembro de los Doce Guardianes"
Y como esos eran demasiados comentarios, pero ella nunca entendía a qué se refería.
Mirai sólo conocía a su padre por las fotos que su madre le mostraba, y oía de él por todo lo que los shinobis contaban de él. Principalmente, cuando Shikamaru-san y el tío Konohamaru le contaban lo grandioso que su papá era. Pero ella nunca lo había visto, y cuando preguntaba dónde estaba, fingian no haberla escuchado o le cambiaban el tema.
Por eso, aquél día decidió preguntarle finalmente a su madre por él:
-Mami... ¿dónde está papá?- Kurenai no supo qué decirle. Se quedó solamente mirando a su hija con lágrimas en los ojos, usando un vestidito rosa, peinado con dos coletitas y su muñeco en las manos.- ¿Por qué todos mis amigos tienen papá y yo no?
-Mi... Mirai... querida...- la niña abrazó su muñeco.
-Hoy fui a ver a Ikki-chan, y su papá llegó del trabajo- sorbió por la nariz- Su papá le trajo flores para usarlas en su cabello y le regaló un vestido nuevo para usarlo en el festival- las lágrimas corrieron por sus rechonchas mejillas- Y... y luego... luego... - comenzó a llorar- Luego la besó tiernamente en la frente.
Kurenai se arrodilló delante de su hija y la abrazó con fuerza. La niña ya no se pudo contener y soltó su muñeco, luego abrazó a su madre con fuerza. Ambas lloraron, la primera sintiéndose increíblemente culpable y la segunda solamente porque no entendía lo que pasaba.
-¡Quiero a mi papá, mami!- dijo entre lágrimas- ¡También quiero que me abrace, que me bese con cariño, que me diga que me ama y que me sonría al llegar!- se separó de su madre, limpiándose las lágrimas- ¡Quiero ver a mi papá! ¡Quiero verlo!
Kurenai la volvió a abrazar y le lloró. Ya era hora de que su hija conociera a su padre en persona.
Cuando Kurenai y Mirai llegaron al cementerio, varios genins limpiaban las tumbas. La niña observó a los demás chicos, todos saludando e inclinándose ante ellas; aquello siempre sucedía, donde quiera que iban los aldeanos las trataban como si fueran alguna clase de figuras respetables. Pero ella no entendía por qué.
Cuando llegaron al Gran Monumento de los Caídos, los genins que limpiaban corrieron a saludarla, y reconoció al hombre que estaba ahí parado, quien se volvió a verlas:
-¿Sensei?
-Shino-kun, Kiba-kun, Hinata-chan.- saludó Kurenai, sonriéndoles. Los tres Jounin le sonrieron a su ex-sensei y le regalaron una amable sonrisa. Kiba se volvió a Mirai.
-Hola, Mirai-chan- pero la niña no le respondió, simplemente miró el monumento frente a ella, atenta. Aún no sabía leer, y esa era la primera vez que estaba en ese lugar, pero suponía que todas aquellas letras significaban algo.
Y normalmente, Mirai adoraba pasar tiempo con los ex-alumnos de su madre, principalmente con la tía Hinata, quien la consentía todo el tiempo. Pero es que algo cerca del monumento le llamó la atención.
Se soltó del agarre de su madre y caminó hasta las pequeñas tumbas que adornaban la orilla del monumento; Kurenai se mordió el labio.
-Mirai...
-¿Qué le sucede a Kasumi-chan, sensei?- preguntó Kiba, acariciando a Akamaru.- Está muy extraña...
-Hoy volvió a preguntarme por su padre- susurró la Jounin y sus alumnos la miraron- Llegó llorando, hablando de Ikki-chan y su padre... y yo... yo no... - y comenzó a llorar. Hinata la abrazó con fuerza y la Jounin rompió en llanto.- ¡Es tan injusta la vida! ¡Es tan injusta...!
-Sensei- susurró Kiba. Shino caminó hacia la niña, quien se había arrodillado ante aquélla pequeña tumba adornada con camelias frescas, recientemente aseada y con la insignia que ella identificaba como la del Clan Sarutobi; estiró sus manitas hacia la lápida, tocándola donde algo estaba escrito.
-Asuma Sarutobi, hijo, hermano, tío, amigo, sensei, padre.- dijo la voz de un hombre.
Todos los presentes se giraron, y detrás de Kurenai, estaban Shikamaru y su prometida, Temari.
-Es raro verla por aquí, Kurenai-san- dijo el Jounin. Mirai siempre había adorado a Shikamaru: había algo en él que a la pequeña le gustaba, y no sabía si era por su porte serio y juguetón a la vez, o tal vez era por esa mirada calculadora y coqueta, o quizás que emanaba un aura de seguridad y encanto que la niña no podía resistir.
Exhaló el humo del cigarrillo por la nariz, regalándoles a los presentes la mirada más coqueta que jamás nadie podría poseer.
-¿Interrumpo algo?- dijo, mirando a la viuda, y por la mirada que le lanzó entendió claramente qué era.
Así que caminó hasta la pequeña Mirai, quien se había sentado por completo frente a la tumba, con los ojitos llorosos y limpiándose las lágrimas. Le sonrió.
-¿Estás contenta, Mirai-chan?- le preguntó el Nara a la niña, pero ella no dijo nada- ¿Sabes algo? Todos extrañamos a Asuma-sensei, pero me imagino que tú te has de sentir increíblemente sola, ¿no?- la pequeña asintió, intentando reprimir las lágrimas.
-Ikki-chan tiene un papá que la besa cuando llega, le compra vestidos y la lleva al parque cuando no tenemos clases. A veces la regaña cuando no obedece, pero siempre le regala sonrisas amables...
-¿Tú quieres un padre como el de Ikki-chan?- le preguntó a la niña y ella asintió. Shikamaru entonces comenzó a reír para sorpresa de todos. Temari sonrió, levantando la ceja.
-¿Te digo algo?- la niña asintió de nuevo- No sé lo que es ser un padre, la verdad. Cuando me imaginaba temiendo hijos, era sólo para preservar el linaje de mi clan...
-Oye... - dijo Temari, lanzándole una mirada venenosa pero él sólo le guiñó el ojo.
-Los hijos para mí son algo molesto, criaturas chillonas y que requieren de una gran cantidad de paciencia para no estamparlos contra la pared o dárselos de almuerzo a los lobos.
-Vaya, Temari, asegúrate de no dejarle sus hijos a Shikamaru- se burló Kiba, y la rubia sonrió.
-Nunca he sido alguien que ame a los niños pero, ¿te digo quien sí los amaba?- la niña asintió- Asuma-sensei.
-¿Papá?- Shikamaru asintió- ¿Papá me amaba?
-Asuma-sensei nunca te conoció, pero desde que supo que ibas a venir al mundo, no dejaba de repetir que te amaba, que te protegería a costa de todo y que estaba ansioso por conocerte- la niña miró la lápida- Tú, más que cualquier otra persona en el mundo, eras su Rey.
-¿Su rey?- dijo la niña.
-Así es- Shikamaru miró la tumba, acariciando la lápida con melancolía- Antes de morir, le prometí que las cuidaría a ti y a tu madre con mi propia vida, porque tu padre me confío esa misión a mí.
-¿Misión?- Shikamaru asintió.
-No sólo soy tu padrino por petición de tu madre, sino porque tu padre me lo había pedido desde mucho tiempo antes- se acercó a la niña y le susurró al oído- Desde antes que tu madre supiera que ibas a nacer.- la pequeña se rió finalmente y luego se volvió a la tumba.- Tu padre fue un hombre maravilloso, y nunca te dejará sola, Mirai-chan, ¿lo entiendes?- la pequeña lo miró- Porque yo estaré ahí para ti, preciosa- y le dio una tierna sonrisa.
Mirai lloró de nuevo, pero en esa ocasión fue de alegría. Se lanzó a sus brazos, abrazándolo con fuerza. Temari y todos los demás sintieron una cálida sensación cuando la pequeña comenzó a repetir lo mucho que quería al tío Shikamaru y él, apenado, palpaba su espalda.
Se apartó entonces de él, un poco más calmada.
-¿Papá era fuerte?
-El más fuerte de todos.
-¿Y era valiente?
-Nunca le temió a nada.
-¿Y nos amaba a mamá y a mí?
-Más que fumar, si me dejas decirlo.
-¿Y era feliz?
-Más feliz que cuando Naruto huele ramen.
-Entonces, no quiero un papá como el de Ikki-chan. Su vida parece muy aburrida a comparación de la de papá- todos se rieron.
-Shikamaru- lo llamó Temari- Nos tenemos que ir ya.
-Dame un momento- le dijo. Se levantó y acarició el cabello de la niña, le entregó el ramo de camelias que llevaba en la mano y sonrió.
-Ánimo, Mirai-chan, que tu madre y tú no están solas. Asuma-sensei las vigila desde arriba- la niña se volvió bruscamente a él.
-¿De verdad?- el shinobi asintió- ¿Papá nos cuida desde el cielo?
-Así es, después de todo, él nunca dejaría a su Rey desprotegido- y se despidió de la niña con un guiño coqueto.
Caminó hasta su prometida y, así como habían llegado, tomados de las manos se fueron. Antes de desaparecer de la visión de los shinobis en el cementerio, Shikamaru besó tiernamente a su prometida en la frente.
Mirai observó toda la escena, luego se volvió a su padre, limpió con sus manitas la lápida y dejó las camelias sobre ella, luego le dio un pequeño rezo a su padre y se volvió a su madre.
-Mirai...
-Vámonos a casa, mami- dijo la pequeña, caminando hacia su madre. Kurenai sonrió, se despidió de su esposo prometiendole que vendrían a visitarlo todos los días, se despidió de sus ex-alumnos y tomó la mano de su hija.
La pequeña sonrió, y una ventisca cálida se apoderó del ambiente. El ex-equipo observó con asombro cómo algo similar a un remolino danzaba alrededor de las mujeres, con pequeños pétalos de camelias y hojas bailando mientras ella se alejaban.
Mirai se volvió sólo una vez para despedirse de los Jounin, pero lo que vio la dejó sin habla: detrás de los tres ex-alumnos de su madre, justamente donde Shikamaru había dejado el cigarrillo, estaba una silueta; se veía borrosa y el viento y los pétalos le impedían ver con claridad pero Mirai Sarutobi juró que aquélla persona se estaba despidiendo.
Y tenía la sonrisa más bonita que había visto. Muy similar a la suya.
-Papá- susurró ella, y apretó con fuerza la mano de su madre.
No se despidió de su padre, después de todo, lo vería en sus sueños como llevaba los últimos años haciéndolo; porque ella no necesitaba que su padre estuviera presente todos los días, finalmente lo entendió. Él, de todos modos, las cuidaba a ella y a su madre desde un lugar maravilloso junto a sus abuelos.
Un lugar al que ella y su madre irían... cuando fuera el momento.
T.T espero les haya gustado éste capítulo tanto como a mí. Pobres Kurenai y su hija, estando solas :(
Bueno, el siguiente capítulo será... sobre Himawari!
Al fin; he pensado mucho en una capítulo sobre esta tierna niña, y al fin se me ocurrió uno :3 pronto lo subiré.
Gracias por sus reviews (espero y me dejen alguno u.u), ya saben que los quiero y nos vemos a la próxima!
YunaL.
