Disclaimer: Los personajes(a excepción de Jason) son propiedad de Stephenie Meyer.

Por favor, no me matéis si encontráis algo en capítulo que os disgusta(que sé que os va a disgustar a muchos/as y más que la muerte de Seth)pero debo ser fiel a mi estilo y es este. Sin nada más que decir, aquí os dejo el capítulo 7: Jacob era mío.

Por desgracias para mí, esta vez sí tuve sueños. En ellos un lobo me suplicaba ayuda pero mis débiles brazos eran incapaces de protegerlo del monstruo que se cernía sobre nosotros veloz y mortal...

Abrí los ojos bien entrada la noche. Debía de haber dormido mucho. Unas voces susurradas me despertaron.

—Esto es muy raro, Bells—dijo Jacob—. No se puede estar tan mal por algo así.

—¿Cómo que no? —replicó mi madre—. Jake, ¿tienes idea de cómo estaría yo si tú murieras? Era su mejor amigo...

—Te aseguro que no estarías así...

—Dale un respiro, ¿quieres? —gruñó mi madre—. Si tanto desconfías, déjala de una vez y punto.

Hubo un breve silencio en el que sólo escuché una respiración.

—No puedo...

—Pues entonces, más te vale callarte, Jacob... no voy a consentirte que le hagas esto más difícil, ¿entendido? Y me da igual que seas el amor de su vida. Te mataré si le haces daño—la frase concluyó en un siseo.

Jacob debió asentir porque no dijeron nada más. Me giré en busca del interruptor de la luz y me encontré con unas manos frías.

—¿Ya te has despertado? —me preguntó con dulzura tía Rosalie.

Asentí y le pedí que encendiera la luz. Descubrí que estábamos solas y que las voces de Jacob y Bella habían entrado por la ventana entreabierta de la habitación.

—¿Qué horas es? —me restregué los ojos. Bostecé suavemente y un melancólico suspiro surgió de forma inesperada de mi garganta.

Tía Rosalie me recolocó el cabello, siempre lo hacía. Me sonrió y me tendió un vaso de agua.

—Son las diez—le oí decir mientras me bebía de un trago el agua.

Desde luego, había dormido mucho. Rosalie se sentó en una silla baja y esperó a que le devolviera el vaso. Se lo di completamente vacío aunque hubiera preferido sangre... Aquello arrastró consigo el recuerdo de Seth... Me obligué a apartar su imagen de mi cabeza, me resultaba demasiado doloroso recordarlo y dudé que algún día dejara de serlo.

De repente, mi tía gruñó por lo bajo. La puerta de la cabaña chirrió de forma estridente.

—¿Nessie? —oí la voz de Jacob.

—Jake—traté de sonreír pero mis labios a penas se curvaron.

Sus ojos se ensombrecieron ante mi reacción. No volvió a dirigirme la palabra aunque de vez en cuando me tendía las cosas de la mochila que mi tía le indicaba. En ningún momento le vi comer nada, ni siquiera beber agua.

—¿No tienes sed? —le pregunté. Había tratado de mantener la mente ocupada observando cada uno de sus movimientos. Había funcionado.

Sus ojos me miraron y negó con la cabeza.

—Estoy bien—suspiró.

Ya casi había amanecido. Mamá entró en aquel instante para hacer el cambio con Rose.

—No—negué con calma—, no lo estás. Jacob, tienes que comer...

—Estoy bien, Nessie—insistió apartando la mirada de mí. Había sido demasiado brusco.

Mi madre le dirigió una mirada de advertencia a Jacob. Él se limitó a ignorarla.

Aquello fue peor que una bofetada. Aferré con demasiada fuerza la botella que tenía entre mis manos tratando de no llorar. Fijé la mirada en el suelo y revisé una por una las grietas que había en la vieja madera.

Cuando la luz atravesó la ventana y bañó su piel, no pude evitar alzar la vista para contemplarle. Se había cortado el pelo por lo que lo llevaba muy corto, como a mí me gustaba. Sus ojos entrecerrados parecían dos finas líneas en su rostro de piel broncínea. La fina camiseta que llevaba dejaba entrever los perfectos músculos de su torso. Me recordó a la escultura de un dios de ébano. Tan perfecto, tan divino... Alargué la mano para acariciar su brazo pero me arrepentí en el último segundo. Devolví la mano a su sitio y cerré los ojos con un leve suspiro.

Jacob se percató de aquel gesto y me miró por el rabillo del ojo. Debió ver el abatimiento en mi rostro puesto que tendió una mano y me acarició la mejilla. Abrí los ojos de golpe al notar el calor de su piel. Sus ojos reflejaban ternura.

Sonreí y no pude evitar lanzarme hacia sus brazos. Me coloqué de espaldas a él y me senté entre sus piernas. Apoyé la cabeza en su pecho.

—Te quiero—murmuré—como no he querido, quiero ni querré a nadie.

Él suspiró, al parecer, aliviado.

—Ya lo sabía—me respondió contra todo pronóstico—. Siempre lo he sabido...

Bella nos observaba desde la otra esquina de la cabaña. Aunque una parte de su mente se encargaba de estar alerta por si había complicaciones, otra no apartaba su atención de Jacob y de mí. Y no parecía de acuerdo con la postura que había adoptado para amoldarme al cuerpo de Jacob.

Se levantó de un salto cuando giré el cuello para encontrarme con la boca de Jake y gruñó por lo bajo mientras salía de la casa.

—Iré a patrullar con Rose—fue la única explicación que nos dio.

Fruncí el ceño mientras la observaba irse. Agudicé el oído para oír cómo se alejaba pero era increíblemente sigilosa.

—¿Se ha ido? —pregunté, preocupada.

Me sentí culpable por haberla obligado a ello pero es que no pude resistir la tentación de besar a Jacob. Sus palabras me habían hecho sentir demasiado feliz como para ocultarlo.

Jake esperó un par de minutos antes de responder:

—Se están alejando demasiado—su tono tenía un matiz alarmado—. Creo que han captado algo raro...

En mi mente se dibujó la respuesta con tanta claridad que me asustó.

—Jason... —susurré—. Nos ha encontrado.

No era una pregunta sino una afirmación. El cazador me había encontrado y ahora vendría a por mí. La imagen de un Seth pálido y sin vida se formó en mi mente. Las lágrimas amenazaron con desbordar mis ojos...

—Sh... —siseó Jacob a mi oído—. Todo está bien, Nessie—me aseguró—. Edward y Bella no permitirán que llegue hasta ti—rió suavemente—. Tendrá suerte si Rosalie deja alguno de sus miembros adheridos a su cuerpo.

Me hubiera reído si la preocupación y el miedo por mis seres queridos no me lo hubiera impedido.

—Nada va a ir bien—negué con la cabeza oculta entre mis manos. Apreté la mandíbula—. Dejad que me encuentre, dejad que me mate. No quiero...

Jacob me tomó por la barbilla y alzó mi rostro. Posó el dedo índice de su mano libre sobre mis labios para silenciarlos. Parecía dolido.

—Nunca—casi rugió—, nunca vuelvas a decir eso—su cuerpo comenzó a temblar ligeramente—. No voy a permitirlo jamás...

La intensidad de su mirada era tal que me cortó el aliento. Supe con total seguridad que nunca permitiría que nada me dañara y, de un segundo a otro, la escena cambió. Pero nada había cambiado en realidad sino la forma en que yo la observaba. Con un gemido enredado en mi garganta, agarré el corto cabello de su nuca y choqué su boca contra la mía. Dejó de temblar al instante.

Dentro del pecho, mi corazón estalló en una carrera desenfrenada mientras un único pensamiento inundaba mi mente: Jacob era mío. Aunque una pequeña, casi ínfima, parte de mi mente se cuestionó la posibilidad de que nos descubrieran. Aquello acrecentó la necesidad de fundirme con Jacob.

Me estreché contra cada curva de su cuerpo y exploré cada rincón de su boca con mi lengua. Sus brazos se enroscaron en torno a mi cintura y fueron subiendo hasta mis hombros para volver a descender.

La situación aumentó hasta tal punto que podría haber calcinado el infierno. Y yo ni me hubiera percatado.