MISION DESDE EL MÁS ALLA

Capitulo 7: Una nueva vida

Por Okashira janet

Bien, eran las doce de la madrugada, ¿qué hacía despierto?, una enorme ansiedad parecía agitar su cuerpo desde su más profundo interior. Si fuera hombre de sonrisas hubiera sonreído, se encontraba en un estado de sentimientos que competía con los de un adolescente.

Con lentitud giró la cabeza y su cabello oscuro se regó por el futón, ya estaba un poco largo, quizás tendría que cortarlo, últimamente le tapaba un poco la visión cuando estaba mojado y se le pegaba a la cara. La luna entraba por la ventana como una lámpara que se negaba a apagarse y que solo instigaba sus deseos, era imposible resistirse; con pesadez se levantó de su lecho y con pasos sigilosos se deslizó fuera de su habitación, había hecho eso tantas veces antes, en tantas ocasiones había sucumbido a una preocupación sin fundamentos, siempre se decía: "Debo saber que esta bien", "solo quiero asegurarme que todo esta bajo control", era la preocupación propia de un tutor pero…

Al abrir el shoji encontró el futón vacío, las sabanas perfectamente dobladas, él sabía que ella no estaba ahí, que no volvería a ver su pecho subir y bajar suavemente con su acompasada respiración. Sin embargo había algo en la habitación que era como ella y a la vez no.

—Misao… —Porque sólo cuando no la había encontrado segura y feliz junto a él había notado cuanta falta le hacía en realidad.

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Misao abrió los ojos poco a poco, en su subconsciente algo le gritaba que hacerlo de otra forma no le iba a gustar nada aunque al final el resultado sería el mismo.

—¡Misao-chan! —Oh no, mala forma de empezar el día.

—¿Es usted Kasumi-san? —La chica intentó forzar la vista, sentía su cara algo extraña, era como…—. ¡Kuso! —La chica se levantó casi como un resorte haciendo una mueca de enfado.

—¡No maldigas!, ¡¿qué clase de modales son esos?, ¡así nunca llegaras a ser alguien! —exclamó la mujer frente a ella mientras le dejaba caer a la joven ninja uno de sus consabidos abanicazos.

—Lo siento Kasumi-san. —La joven juntó ambas manos y bajó la cabeza en señal de respeto, por toda respuesta su Okaa-san alzó una ceja—. Es que aún no me acostumbro.

—Pues deberías, eres una maiko y no tienes ni idea de cómo funcionan las cosas, a este paso te tendremos que peinar y arreglar diariamente y eso no nos va a gustar ni a ti ni a mi así que tendrás que mejorar, ¿entendido?

—Entendido Kasumi-san. —Misao volvió a bajar la cabeza aunque por dentro su espíritu estaba que se incendiaba, ¿pues que se creía esa vieja gruñona que era?, primero eso de tener que dormir peinada sobre una almohadita que en verdad era la mar de incomodo y luego la maldita le había puesto arroz alrededor, así si se movía en la noche terminaba con toda la cara y el pelo embarrado. Mientras Misao maldecía interiormente la mujer de cabello ya algo entrecano salía con distinción de la habitación y en su lugar hacía su aparición una sonriente Asuka con el cabello rojo recogido en un elegante peinado.

—¡Ey Misao-chan! ¿ya te despeinaste de nuevo?, te ves muy graciosa.

—A mi no me lo parece. —Exclamó la joven mientras estiraba con ambas manos el broche que parecía estar prendido con pegamento a su larga cabellera.

—Veo que has hecho un enredo. —Suspiró la pelirroja mientras meneaba la cabeza en forma negativa.

—Si tan mal estoy haciendo las cosas por qué no me ayudas, ¿Eh? —La ninja alzó una mirada desafiante y Asuka solo pudo contener una sonrisa.

—Vamos Misao-chan no te pongas así, todas empezamos de la misma forma solo que para ti las cosas van mas rápido, ven, te ayudare a quitarte todo eso, pero necesitamos agua caliente. —La joven geisha jaló a Misao del brazo quien se dejo arrastrar con un suspiro resignado, su cabello era un desastre, que bueno que en ese lugar no había nadie importante que pudiera ver su actual estado—. Solo esperemos que Midory-chan no se nos haya adelantado.

—¿Midory-chan? —Repitió la ninja parpadeando.

—Sí es que… tal parece que si se nos adelanto. —La joven geisha se llevó una mano a la frente mientras Misao ladeaba la cabeza, frente a ellas, inclinada sobre la tina del baño, se encontraba una jovencita que peleaba frenéticamente con su cabello sumergiéndolo en el agua.

—Midory-chan ¿algún día aprenderás?

—¡Asuka-san!, yo, yo, ¡gomen! —La jovencita de cabellos castaños se inclinó torpemente en una reverencia y al hacerlo bañó literalmente a ambas chicas de agua.

—¡Midory-chan!

—¡Lo siento, lo siento! —La chica parecía estar al borde de un colapso nervioso, Misao no pudo hacer otra cosa que parpadear repetidas veces, pensándolo bien quizás ella no era un caso perdido del todo…

—Bueno Midory-chan contigo es imposible, te presento a Misao-chan.

—Un gusto. —Misao extendió la mano para estrechar la de la chica pero Midory en vez de corresponder el gesto se agachó en una respetuosa reverencia.

—Un gusto Misao-chan.

—Misao-chan, esa es la forma correcta de actuar cuando te presentan a una persona, ¿sabes?

—Oh… lo siento… —La joven ninja tragó saliva y una infantil sonrisa de culpabilidad se dibujó en su rostro.

—Bueno a ver, basta las dos de disculpas, ahora vengan acá. —La hermosa pelirroja subió de un tirón sus mangas hasta sus codos y tomó a ambas chicas por la cabeza—. ¡Hora de lavar!

—¡Ahhh! —Ambas chicas solo pudieron cortar su grito mientras eran sumergidas en el agua caliente al tiempo que las manos de Asuka tallaba sus cabezas una contra la otra.

Momentos después Misao tiritaba, contenía un estornudo y volvía a tiritar, se había mojado toda la ropa y de ahí a que se la había podido quitar había pescado un resfriado pero por alivio (o desgracia) no había sido la única, a su lado Midory también tiritaba frotándose la nariz.

—Vaya, tal parece que las cosas aquí no se me están dando muy bien. —Exclamó Misao al tiempo que apretaba los labios y sacudía la cabeza.

—¿Pero que dices?, ¡lo has hecho magnifico! —Exclamó la chica a su lado provocando que Misao se girara a verla con una ceja levantada.

—¿Magnifico?, sinceramente creo que enfermarme en mi primer día aquí no es para nada magnifico.

—No, no hablo de eso, me refiero a tu presentación como maiko, fue excelente, cuando fue mi presentación no tuve ni la mitad de éxito que tu.

—¿De verdad crees que tuve éxito?

—Si logras que todo el publico se pare a ovacionarte en verdad tuviste éxito créeme.

—Gracias, pero la verdad creo que todo se lo debo a la música y a nadie mas, porque en lo que son las cosas cotidianas soy un verdadero asco.

—Yo también, —exclamó la joven de cabello castaño con un suspiro resignado—, Okaa-san me acepto aquí porque soy muy bonita pero me cuesta mucho adaptarme, no puedo fingir, no me gusta tener que esconder mis emociones, este ambiente me parece muy represivo. —La chica guardó un deprimente silencio y Misao fijó la vista en algún punto perdido frente a ella.

—A mí tampoco me gusta mucho esto pero tengo que hacerlo si quiero llevar a cabo la tarea que me encomendaron…

—¡Ah!, es cierto, tu estas aquí por razones diferentes y cuando termine todo esto te iras ¿verdad?

—Sí. —Misao sonrió y la chica le devolvió el gesto, por lo menos era reconfortante saber que esa agradable chica no tendría que estar sujeta a esa vida por siempre.

—Oye… —La castaña jugueteó con sus dedos—. Saito-san te escogió a ti para esto, ¿de verdad acabaran con todo lo que esta pasando?

—Hablando de eso… —Misao tomó rápidamente una actitud seria, Saito no le había contado todos los detalles—. ¿Podrías explicarme bien a bien que es lo que esta pasando?

—Bueno… —Midory dudó, pero luego tomo una actitud decidida—. Okaa-san dice que no se lo mencionemos a nadie porque daña nuestra imagen pero supongo que no habrá problema si te lo cuento a ti ¿verdad?

—Ninguno, es mas me ayudarías bastante.

—Bueno… todo sucedió aproximadamente hace tres meses, hubo una importante recepción, se iban a tratar asuntos de gran relevancia con respecto a los intereses del nuevo Japón y las geishas de mayor categoría acudirían al lugar, la noche transcurrió bastante agradable y al final Misaki-tayu dio una esplendida demostración de música que dejó a todos con la boca abierta.

—¿Misaki-tayu? —La interrumpió Misao a quien el distintivo no le era familiar.

—¿No sabes lo que significa tayu? —Preguntó la castaña con sorpresa—. Se refiere a la geisha principal, es la clase más alta a la que puedes soñar con pertenecer y el sueño de toda geisha.

—¿En serio? —La ninja miró a su compañera visiblemente sorprendida.

—Sí, ese es el deseo de todas, Asuka-san es tayu ¿lo sabías?

—No, de verdad que no.

—Vaya, pensé que te habían dicho mas cosas de este lugar, entonces ¿no sabes que esta okiya es famosa porque en ella viven dos de las mejores Oiran de la región? —Misao que no quería parecer mas ignorante de lo que ya era no pregunto que significaba Oiran pero Midory pudo ver la pregunta reflejada en su cara—. Vaya, en verdad que eres novata, bueno Oiran es un grado superior en las jerarquías de las geishas, algo así como un reconocimiento y en esta okiya viven dos de ellas Asuka-san y…-

—¡Oye!, bueno, me estabas contando de lo que paso hace tres meses. —La interrumpió la ninja sintiendo que la platica se estaba alejando mucho del tema principal.

—¡Ah, sí!, es que soy algo despistada, bueno resulta que al terminar la recepción todo el mundo volvió a sus hogares pero Misaki-tayu no volvió a su okiya, su Okaa-san paso los días siguientes buscándola con desesperación pero al final la encontraron en un campo alejado, había muerto envenenada.

—¿Y luego, que más? —Midory abrió los ojos con espanto ante la falta de sensibilidad de Misao pero luego se calmo a si misma recordándose que esa joven estaba ahí por una tarea y de seguro estaba acostumbrada a cosas por el estilo, después de todo Saito-san había mencionado que la chica era una hermana de su mujer ¿no?.

—Bueno, después de eso ocurrieron mas accidentes, en ellos siempre atacaban a las geishas de mayor renombre o aquellas que estaban empezando una carrera brillante, en total hasta la fecha han ocurrido diez muertes y ninguna ha seguido el mismo patrón.

—¿A que te refieres? —Misao ahora si estaba completamente intrigada, su cabeza procesaba la información a mil por hora y no podía esperar por obtener mas detalles.

—Bueno han muerto por… por inhalar humos tóxicos, por algún golpe en la cabeza, por extraños accidentes, cosas que se ven engañosas…

—Dime una.

—Bueno… Kaeri-dono cayó de un ventanal en una reunión, dicen que es imposible que haya caído por si sola, todos rumorean que la empujaron.

—¿Algún sospechoso?

—No, en ningún caso ha habido testigos. —La castaña guardó silencio sintiendo que un escalofrió la recorría, no le gustaba hablar de eso, su Okaa-san siempre andaba metiéndole miedo diciendo que un día de esos se iban a encontrar a Asuka-san muerta por algún camino por inconsciente.

—Entonces, ¿sólo atacan a gente importante?

—Sí.

—Bueno en ese caso dudo mucho que nosotras seamos su blanco. —Exclamó Misao con una sonrisa al tiempo que cerraba los ojos y levantaba los pies.

—Bueno… supongo que al menos eso es un alivio. —Suspiró resignada la castaña encogiéndose deprimentemente de hombros.

—¡Ustedes dos!, ¿qué se supone que hacen ahí sentadas?

—¡Okaa-san! —Exclamaron al tiempo las dos chiquillas mientras se paraban de un salto.

—A veces llego a pensar que son una deshonra para esta okiya, Midory-chan tu desempeño general deja mucho que desear y tu Misao-chan te recuerdo que de nuestro mundo no sabes ni la décima parte harías bien en estudiar.

—¡A la orden! —Exclamó la joven ninja alejándose corriendo ante la mirada reprobatoria de Kasumi-san y la perpleja de Midory.

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—Vaya, vaya, esto es un desastre… —Cho frunció el ceño ante el trabajo que tenía por delante y con pesar se dio impulso con los pies para conseguir que su silla avanzara hacía la esquina de su escritorio. Su trabajo era la cosa mas aburrida que pudiera existir en el mundo y lo único que lo mantenía con vida en esa deprimente oficina era la silla con ruedas que Saito había mandado traer de Alemania. Era una verdadera invención, tenía un cómodo asiento y el respaldo poseía cierta flexibilidad, pero claro, lo mejor de lo mejor eran las rueditas, Cho podía darse vuelo con los pies y recorrer la oficina entera sin tener que levantar su trasero, incluso cuando no tenía tanto trabajo que hacer se divertía viajando de una pared a otra de la oficina, justo como lo estaba haciendo en esos precisos momentos, en verdad que esa silla era el paraíso.

—¿Qué demonios te crees que haces? —Cho se detuvo en seco y por el efecto estuvo a punto de salir disparado de la silla, frente a él su autoritario jefe lo observaba duramente con una ceja levantada.

—Saito, no pensé que te vería por aquí.

—Levanta tu sucio trasero de mi silla en estos instantes. —Cho estaba por replicar, ¿quién se creía el lobo que era para hablarle de esa forma?, pero decidió mantenerse callado, pensándolo bien era mejor mantenerlo contento hasta el momento de tener que confesarle que por equivocación le había dicho a Aoshi Shinomori el lugar exacto donde se encontraba la chiquilla del Aoiya en esos instantes, el ex Shinsen le había ordenado tajantemente que cerrara la boca ante cualquier pregunta referente a la chica pero si supiera como trabajaba ese Shinomori…

Cho había mirado el reloj de la pared y no había podido evitar sentirse como la peor de todas las formas humanas sobre la tierra, el día apenas estaba empezando y el ya sabía que el trabajo que tenía por delante no lo acabaría ni aunque se quedara trabajando hasta la madrugada, ¿por qué Saito era tan cruel con él?, ¿sería porque nadie mas lo aguantaba?, un momento… ¡¿por que demonios lo tenía que aguantar él?... ah, sí, ¿sería porque esa era su condena por haber pertenecido al juppon gatana?, aunque pensándolo muy bien, quizás escoger la cárcel no era tan mala idea después de todo…

Un par de toques fueron dados en la puerta y Cho bajó rápidamente los pies del escritorio poniendo la cara más formal que pudo al tiempo que entrelazaba los dedos de las manos como si fuera un hombre ocupado que estaba pensando en algún asunto muy importante.

—Sí, adelante. —La puerta se abrió y frente al rubio apareció una figura alta y atlética.

—Ah, eres tu Shinomori, pensé que sería alguien más interesante. —Bufó el espadachín al tiempo que deshacía su estudiada pose.

—¿Y Saito?

—No esta, siempre se larga sin decirme a dónde va, solo me deja un montón de trabajo imposible de realizar en un solo día y aparece al día siguiente esperando que haya terminado todo.

—¿Mal jefe? —La voz de Aoshi, aunque glacial, sonaba levemente condescendiente.

—El peor de todos, lo único que sabe hacer es insultar y gruñir que para el caso viene siendo casi la misma cosa.

—Yo nunca he tenido un jefe, pero por lo general uno se hace responsable de sus subordinados.

—¿Responsable?, ¡claro que no!, ese Saito suele taparse las espaldas diciendo que no avanza en sus investigaciones porque yo soy un asco de espía pero sabe muy bien que ningún hombre puede entrar a ese lugar, es ilógico suponer que yo pueda.

—¿A que te refieres con eso de que ningún hombre puede entrar?

—¡A la maldita okiya, esa de la esquina del callejón de sakura, la que tiene un arco en la entrada! —Exclamó Cho alterado al recordar sus misiones fallidas.

—Bueno, eso era todo lo que quería saber.

—¿Lo que querías saber? —Cho abrió de golpe el ojo que siempre mantenía cerrado pero era demasiado tarde Aoshi ya había salido de la habitación.

Y bueno, eso había pasado…

—¿Qué haces papando moscas?, te he dicho que te levantes de mi silla.

—¡Ah, sí! —Cho se paró cual si un resorte lo hubiera expulsado y el antiguo lobo de Mibu frunció levemente el ceño, por lo general Cho siempre se quejaba media hora antes de cumplir sus mandatos. Con lobunos movimientos tomó la silla e hizo posesión de ella mientras sacaba un cigarrillo y lo llevaba a sus labios.

—Bien idiota, dime que has hecho esta vez… —El rubio solo apretó los labios y pasó saliva.

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Aoshi caminó hasta estar justo frente al arco que le había descrito Cho, si no mal recordaba ya había entrado antes a ese lugar, solo que hacerlo de nuevo como lo había hecho iba a resultar imposible, nadie es tan torpe de caer en la misma trampa por segunda vez… por lo menos no una mujer.

El joven miró hacía arriba, la estructura tenía tres pisos y lucía elegante y antigua, Misao debía estar en alguna parte de ese lugar, llevaba mas de tres días sin verla.

Le había prometido que jamás la volvería a dejar sola y era momento de cumplir su promesa, aunque solo fuera para ver si se encontraba bien.

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Misao sintió que un bostezo pugnaba por salir de su boca y tuvo que hacer un gran esfuerzo por contenerlo, si Kasumi-san llegaba a oír que bostezaba en una de sus aburridas clases lo mas seguro es que la tendría a pan y a agua por una semana entera.

¡Que aburrida era la vida de una geisha!, por lo menos las clases eran fatales, solo estar parada o sentada como una muñequita de porcelana oyendo el: "Debes hacerlo así", "la correcta forma es esta", "a los hombres les gusta esto..", sí, todo era la mar de aburrido, además ¿acaso los hombres eran tan torpes como Kasumi-san los pintaba?, ¿sólo veían el exterior sin importarles los sentimientos?, porque así era como la entrecana mujer los pintaba, para estar con un hombre debías ser recatada, callada, sumisa, silenciosa, debías servir el sake con elegancia, pasarlo a sus manos con una reverencia, debías agitar las pestañas suave y seductoramente al tiempo que decías: "Sí Huma-san, entiendo Huma-san, encantador Huma-san" aunque lo que pensaras fuera algo completamente diferente.

La idea de ser así, una muñeca automatizada que tenía una respuesta amable para cualquier cuestión sofocaba su espíritu, ¿sería verdad que eso era lo que querían los hombres?, ¿buscaban alguien que fuera menos inteligente que ellos, que solo supiera sonreír y ser hermosa?, ¿alguien con quien poder charlar de cosas importantes y luego decir "oh pero por supuesto, no entiendes de lo que estoy hablando, verdad muñeca"?, ¿en verdad así funcionaba?, ¿era ese el fin de una geisha?, la joven okashira se debatía entre sus convicciones de libertad e igualdad y por otro lado la gran historia y fama de las geishas porque era un hecho el que las geishas fueran famosas, personas de gran renombre entre los hombres, entonces… ¿en verdad eso era lo que les gustaba a los varones?.

—"¿Será eso lo que buscan en una mujer Saito-san y Aoshi-sama?". —Se preguntó mentalmente la chica apretando los labios. Su corazón se negaba a creerlo, Saito era un hombre muy inteligente y sagaz, alguien duro y sanguinario, que una persona como él tuviera a su lado una mujer de porcelana le resultaba inimaginable. De igual modo Aoshi había llegado a ser el okashira de los Oniwabanshu cuando estos estaban en su apogeo, un hombre que había sido tan poderoso al lado de una mujer tan gris no le resultaba creíble y sin embargo…

Sin embargo ninguno de los dos parecía haberse fijado realmente en ella hasta el momento en que la habían visto cambiada, ninguno la había apreciado mas que como una niña hasta el momento en que se había metido en un kimono y había cambiado sus traviesos e infantiles rasgos por una pintura blanca que ocultaba sus emociones, jamás Aoshi había parecido tan perturbado como en el momento en que ella había dejado de ser Misao Makimachi para convertirse en la candida figurita que lo había observado sin decir palabra con sus hermosos ojos verdes, entonces… ¿Eso era lo que querían los hombres?, ¿mujercitas frágiles que no tuvieran voz ni voto?, ¿seres puros que solo sirvieran para decir "sí, no y ¡encantador!" mientras agitaban las pestañas y sonreían?, un fuerte y agudo dolor como si la hubieran golpeado empezó a invadir su cuerpo, aún le era difícil de creer pero así debía de ser, las chicas escandalosas y fuertes, las que no tenían pelos en la lengua y decían las cosas tal y como las pensaban, en otras palabras las chicas como ella no podían ser amadas por un hombre, por eso Okina insistía tanto en que dejara la vida de ninja, por eso Aoshi…

—¡Misao-chan! —La voz molesta de Kasumi-san no logró mas que una ligera reacción en Misao, la chica era consciente de no haberle prestado atención en los últimos minutos pero eso de cualquier modo no le importaba, acababa de descubrir algo, algo que era muy importante—. Misao-chan, si no prestas atención nunca vamos a poder progresar contigo. —Refunfuñó la mujer apretando con rabia los labios casi hasta formar una línea oscura con ellos.

—Lo siento Kasumi-san pero acabo de entender algo. —Misao alzó hacía ella la tranquila mirada verde esmeralda y al instante la anciana mujer entendió que un cambio se había producido en la chica, había pasado por eso muchas veces, aún recordaba como si hubiese sido ayer el día en que ella misma había comprendido todo, el día en que el mundo se le había mostrado en su verdadera forma. Ese mundo no les pertenecía a ellas si no a los hombres y al vivir a su lado todo era cuestión de sacarle el mayor provecho, no se podía pelear contra las reglas de la naturaleza y aunque su espíritu juvenil se negara a aceptarlo esa era la ruda realidad. Y ahora la mirada serena de Misao le decía que lo había comprendido, pelear con la infatigable fuerza de sus dieciséis años contra un mundo que llevaba mas de un siglo funcionando igual era una pelea perdida, enfocar la fuerza de su juventud en sacarle el mayor provecho a la situación eso si era sabiduría.

—¿Has entendido? —No había necesidad de preguntar cual había sido la lección, Misao sabía a que se refería.

—Hai, Okaa-san.

—Entonces todo aquí será mas sencillo, mañana debes asistir a una reunión en el castillo de Masuna-san, te recomiendo que prepares tu kimono.

—Hai Okaa-san.

—Perfecto entonces. —La mujer se dio la vuelta y salió con un cierto aire de alivio, Misao había aprendido, después de tanto tiempo depositado en ella al parecer había entendido la finalidad de su tarea; pero lo que Kasumi-san ignoraba es que con el nuevo conocimiento el corazón de Misao se había llenado de una súbita amargura, para llevar a cabo su tarea ,no, para poder ser amada, para poder estar junto al hombre que amaba debía dejar de ser ella, debía dejar de ser Misao Makimachi la entusiasta y joven líder de los Oniwabanshu para pasar a ser una joven amable y recatada que supiera cuando callar, que supiera cuando mantener la boca cerrada, que fuera orgullosa en su forma de andar, alguien que en definitiva no era ella.

Se dejó caer en su futón sin importarle lo que pasaba a su alrededor, sabía que para asistir a la reunión del día siguiente tenía que peinarse desde ese momento, pero deshecho los problemas de su mente porque ese sería el ultimo día en el que se daría la oportunidad de ser una chiquilla sin preocupaciones.

Echa un ovillo sobre las blancas sabanas se encontró mirando la pared y por entre la mirada borrosa por las lagrimas se pregunto sin reaccionar que era lo que hacía una sombra de hombre reflejándose en su pared.

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Aoshi definitivamente había tardado muchísimo tiempo en poder entrar a la okiya, las luces de la tarde empezaban a languidecer dando paso a las tinieblas de la noche, pero era mejor así.

En un gesto distraído el joven tanteó la bolsa de su pantalón, Shiro se había anticipado a su plan y le había entregado una carta para Misao y ahí estaba escondida, una carta perfumada con un listón rojo que le producía un malestar sin fundamento, más al ser justamente él quien la entregaría a nombre de otro.

Pero bueno, esos eran asuntos menores y después de tanto problema por fin había llegado al cuarto de Misao. El joven la observaba de pie en el amplio ventanal, la luna empezaba a aparecer tras sus espaldas y su sombra se reflejaba en la pared aumentada de tamaño casi al doble, pero la chica parecía no reaccionar y continuaba tendida de lado en su futón. Tentado estuvo de hablarle para hacer notar su presencia pero al final la contemplación de su figura delineada por el kimono celeste lo sustrajo de sus propósitos, su cabello negro y suelto flotando a su alrededor era un embrujo demasiado grande para su autocontrol, su piel blanca y resplandeciente era demasiado atractiva para no tocarla pero… él era su tutor, no era la persona indicada, no podía ser la persona indicada, ¿por qué últimamente sus sentimientos se encontraban tan volátiles?, eso no iba con su manera de ser habitual.

Bajó de un salto al piso de la habitación y el ruido que produjeron sus zapatos al caer pareció ser suficiente para que los músculos de Misao se tensaran pero no para que se moviera ¿acaso sí sabía quien era y lo estaba esperando?, dio otro paso mas hacía ella y al ver que no se movía siguió avanzando hasta ponerse de cuclillas a su lado, la larga cabellera de la joven le estorbaba el paso y estaba por quitarla de en medio para moverla por el hombro cuando repentinamente la chica se incorporo y se arrastró hacía tras ayudándose con las manos mientras lo observaba horrorizada.

El tiempo se detuvo un momento, Aoshi con la mano extendida hacía ella y una cara de confusión y ella por su parte observándolo con espanto mientras respiraba agitadamente, la luna los iluminaba a ambos descubriendo sus facciones y él se descubrió a si mismo pensando en lo frágil que se veía Misao, en lo desamparada y femenina que lucía con esas hermosas pestañas negras temblando a la par con su cuerpo entero.

Nunca en toda su vida la había admirado de esa forma, Misao era una chica fuerte, él mismo la había criado y sabía que era capaz de vencer los retos de la vida, capaz de viajar por todo Japón sola a la corta edad de dieciséis años, capaz de pelear contra guerreros poderosos y salir triunfante pero nunca había pensado en la posibilidad de que a pesar de todo eso fuera un ser frágil y delicado ¿cómo se podía ser las dos cosas a la vez? y sin embargo ella lo era.

—Misao… —La voz le había nacido tranquilizadora como cuando intentas calmar a un niño pequeño, la joven ninja entreabrió los labios aún temblorosos, no sabía porque se había asustado tanto, ella era una ninja y sabía perfectamente que podía defenderse sola, pero al parecer la nueva ley que había aprendido era que mientras hubiera forma debía hacerles creer a los hombres que necesitaba de su protección, que era un ser débil y delicado como una pieza de porcelana y ahora inconscientemente y por una razón que aún ella misma desconocía, estaba empleando su nueva técnica con Aoshi.

—Aoshi-sama… —La contestación de ella había sonado musical, una voz suave y débil, algo que en el pasado jamás habría relacionado con ella.

—Soy yo, siento haberte asustado… —Ambos se miraron conscientes de que algo había cambiado entre ellos, ahí y en ese momento la voz de él no había sido la misma de siempre. Si fuera posible el aire alrededor se llenó de un sentimiento de ansiedad, había ansiedad en él y el sentimiento era el mismo en ella. Quiso decir algo, pero ella adelantó una mano y lo sujetó por el cuello de su playera.

—Aoshi-sama… —Y un suspiro. Él no supo porqué, no supo cómo, pero se inclinó ligeramente hacía ella, la sintió temblar antes de que sus labios rozaran los suyos. Fue como un chispazo de electricidad. Misao pareció perder fuerza y tuvo que rodearla con sus brazos para que no cayera. ¿Cuándo había dejado pasar su belleza tranquila?, ¿en que momento había pasado por alto su fragilidad?

La sintió temblar contra su cuerpo, sus delgados brazos rodeando su ancha espalda, sus labios inexpertos intentando seguirlo. Quería apretarla contra su pecho, quería sentirla junto a él, pero temía lastimarla, justo en ese instante la había descubierto, había notado lo exquisito de su belleza, la sensualidad de sus ojos inocentes, la timidez de sus pestañas cuando temblaba por verlo irrumpiendo en su habitación.

Misao rompió el beso reclamando un poco del aire que había perdido, sus ojos asombrados se posaron en la mirada decidida de Aoshi y un encantador rubor acudió a sus mejillas, ¡no podía soportarlo!, era demasiado para él, ya no le importaba si era su tutor, no le importaba si ella era su protegida, solo le importaba besar sus labios y sentirla a su lado, frágil y sublime.

—¡Misao-chan! —Alguien se acercaba, la joven dirigió una mirada alarmada a su tutor, éste por su parte solo pudo apretar los labios mientras delicadamente la soltaba y metía una mano en su pantalón.

—Esto es para ti. —Exclamó tendiéndole la carta que Shiro le había mandado, realmente no sentía ni pizca de deseo de entregársela pero Aoshi Shinomori era un hombre de honor, al tener el sobre perfumado en sus manos la chica alzó la mirada hacía él completamente avergonzada y realizó una pequeña reverencia. Un extraño deseo de besar aquellos cabellos negros como la noche hizo mella en él pero en vez de eso se dio la vuelta y saltó con agilidad por la ventana abierta.

—Misao-chan ¿pasa algo? —La roja cabellera de Asuka hizo su aparición en el umbral del shoji y Misao giró de cuerpo completo hacía ella dejando ver la carta que aún apretaba en la mano—. Oh, Misao-chan, sabes perfectamente bien que una geisha no puede tener una relación afectiva con un hombre, va contra las reglas.

—Lo sé. —Exclamó la joven al tiempo que tiraba el sobre a una esquina de la habitación con gesto desenfadado, Aoshi-sama, su Aoshi-sama había caído en el encantador juego de sus artimañas, entonces era verdad, así eran todos los hombres, la nueva realidad la abofeteo con fuerza, había caído.

—Oh que bien ¿entonces ese hombre no significa nada para ti?

—En lo absoluto. —Si había caído entonces no era digno de sus atenciones, no tenía porque respetarlo, la joven geisha sonrió complacida y Misao le devolvió el gesto en una sonrisa limpia y completamente transparente porque le parecía gracioso recordar que en los brazos de Aoshi casi había llegado a sentir que realmente necesitaba ser protegida.

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Saito sentado con las piernas cruzadas a la altura de los tobillos esperaba fumando en un elegante sillón de la okiya a Misao. Era una mañana realmente agradable e incluso para él era un hecho que el día prometía ser encantador; dejando escapar con lentitud el humo que mantenía en sus pulmones giró la vista algo impaciente hacía la puerta por la que entraría la chica.

—Saito-san… —Justo en ese instante Misao hizo su aparición en el umbral de la puerta luciendo un hermoso kimono blanco con estampado de rosas rojas como la sangre, su cabello estaba perfectamente recogido en un moño alto y sus virginales ojos parecían observarlo con un dejo de rubor.

—Te tardaste. —El policía retiro el cigarrillo de sus labios y giró la vista hacía el techo con gran disgusto de Misao, para poder llevar a cabo lo planeado necesitaba que la viera.

—Saito-san disculpe ¿a que debo el honor de su visita? —Los dorados ojos del antiguo lobo centellearon y giraron rápidamente para posarse sobre ella como si no la reconocieran del todo.

—Últimamente has estado muy cortés pero esto sobrepasa lo anterior. —La joven ninja se mordió los labios por dentro suavemente, eso no debía estar ocurriendo de esa manera, lo mejor sería desviar un poco la conversación.

—Saito-san usted me salvó y… —Los ojos de Misao miraban con aparente nerviosismo el suelo mientras sus blancos deditos se entretenían enredándose entre sí pero Saito la interrumpió bruscamente.

—Cuando te dije que necesitaba que esta misión resultara bien no me refería a que tenías que fingir todo el tiempo.

—¡No estoy fingiendo! —La voz de Misao sonó alterada al tiempo que sus ojos verdes centelleaban con una leve nota de indignación, ¿cómo se creía ese hombre con el derecho de conocer sus verdaderos sentimientos?, ¿cómo podía sonar completamente seguro acerca de si mentía o decía la verdad?.

—Estabas fingiendo, y eso es tan cierto como decir que ahora tu verdadero "yo" a salido a flote. —Una sonrisa mitad cínica mitad triunfante apareció en su rostro y presenciarla fue para Misao como si le hubieran hecho hervir la sangre.

—Saito-san, creo que no sabe usted lo que dice.

—Y ahora usas el "san" casi como si lo estuvieras escupiendo, creo que estas volviendo poco a poco a ser quien eras.

—¡Yo nunca cambie! —El espíritu de la joven estaba inflamado como si fuera parte de una encarnizada pelea y ver la sonrisa cínica de Saito solo lograba enfurecerla más.

—Sí, has cambiado y de pronto me parece que te esfuerzas por ser otra persona pero vuelves a tu ardiente, arrojada e inconciente personalidad sin poder evitarlo. —Las doradas orbes centelleaban con picardía mientras la boca de la chica se entreabría en una inconciente mueca de impotencia ¿ardiente?, ¿le acababa de decir que era ardiente?, ¿cómo se atrevía a decirle eso a una jovencita?, era… ¡Era un descarado!

—Pues…pues usted Saito-san… —Las mas altisonantes palabrotas se atoraban en su garganta pugnando por salir pero por alguna razón una parte de su ser las sofocaba completamente horrorizada.

—Y ahora te contienes para no gritarme lo que estas pensando.

—¡Pues es usted un…!

Alto, detente, ¿Qué estas haciendo?, ¡No sigas! —Las ordenes se sucedieron una tras otra en su mente y pudo sentir una fuerza que cubrió sus labios y abrazó su cuerpo impidiéndole continuar, como si se tratara de alguna especie de candado.

—¿Un que? —La voz divertida de Saito hizo a la joven levantar los ojos para verlo, había olvidado lo que quería gritarle y solo recordaba que lo quería, que lo quería como a nadie en el mundo.

—Un excelente hombre Saito-san. —Al oír el elogio dirigido a su persona levantó una ceja, no era eso lo que esperaba escuchar y la verdad es que lo había desilusionado, los ojos verdes de Misao lo observaban en ese momento con adoración, sus largas pestañas parecían llamarlo y su boquita con el labio inferior pintado de un rojo encendido era un atrayente hechizo.

Otra imagen del pasado volvió a su mente en forma de un recuerdo vibrante de días mas tranquilos y con menos problemas, los mismos ojos, la misma boca, la misma sensación de protección hacía la frágil figura, la misma sensación de querer apretarla contra su pecho pero… bajó el rostro hasta estar a escasos centímetros del de ella, los ojos dorados fijos en los ojos verdes, la besaría, lo mismo había pasado con Aoshi.

—No voy a caer… —Los ojos de la joven se abrieron con sorpresa haciendo que sus pupilas lucieran mas grandes, la boca del lobo estaba a escasos centímetros de la suya y su aliento a tabaco confundido con menta le llegaba como un perfume a sus sentidos—. No sé porqué estas haciendo esto, pero lo mejor sería que lo dejaras por la paz, un lobo no cae en el mismo error dos veces y yo soy un lobo.

—¿Qué se supone que estoy haciendo? —Aunque ambos sabían la respuesta la pregunta hacía lucir a Misao como una niña inconsciente de las reacciones que provocaba, sin embargo Saito se había percatado de sus intenciones y la infantil forma en la quería zafarse del asunto dejándolo a él mal parado le causaba fascinación.

—No quieras hacerte la inocente pequeña, te conozco a ti y a tu carácter, no soy igual que Shinomori.

—¿Shinomori? —Repitió la joven sintiendo que la boca se le secaba ¿acaso Saito sabía lo que había pasado entre ellos dos el día anterior?.

—Claro, el mejor lugar para enterarse de todo son las okiyas. —Contestó el lobo parándose derecho nuevamente dejando a Misao en un plano inferior.

—¿Quién se lo dijo?

—Eso no importa pero lo que me tiene intrigado es ¿por qué le estas haciendo esto?

—Yo no le estoy haciendo nada. —Replicó la chica con las mejillas completamente coloradas.

—Bueno tu rostro dice lo contrario. —La joven se puso mucho más roja (si eso fuera posible) y bajó los ojos descubierta en un verdadero acto deshonroso.

—No entiendo que es lo que te pasa pero te diré esto una sola vez, jugar con los sentimientos de un hombre como él es jugar con fuego y puedes quemarte.

—¿Y mis sentimientos no cuentan?, él nunca me preguntó si yo lo… —El reclamo murió en su garganta porque se dio cuenta demasiado tarde que le estaba diciendo mas de lo que debía al policía, pero sin embargo fue suficiente para que Saito alzara una ceja.

—Viéndolo de ese modo él también tiene la culpa pero de cualquier manera no deberías engatusarlo de esa forma.

—Pues parece ser la única manera…

—Mira niña, —Saito volvió a encorvarse un poco y su rostro quedo frente a frente con el de la chica—, tu espíritu arrojado y hasta cierto punto temerario siempre me pareció digno de admiración, era solo cuestión de tiempo que Shinomori lo notara así que no me salgas con eso, ahora prepárate, solo quería decirte que debes poner especial interés en la reunión de esta tarde. —Misao asintió apretando los dientes, en su interior sentía la necesidad de gritarle dos o tres verdades pero nuevamente algo le impidió hacerlo. Saito se levantó y salió del lugar con su particular sonrisa cínica de siempre, ¡ay!, como lo detestaba, como aborrecía que pareciera siempre tan inteligente y sin embargo… como era que lo amaba…

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Misao de pie en una esquina del salón sentía el mundo flotar a su alrededor como en una obra de teatro donde ella era la protagonista muda de un cuento sin fin, los hombres que reían y charlaban de negocios haciendo aspavientos con las manos iban y venían de un lado a otro como si no se pudieran estar quietos, las jóvenes geishas reían discretamente tras sus abanicos o servían sake entre las flores de cerezo como si sus corazones fueran un lugar tibio alejado de los problemas del mundo y ella ahí, bajo un arco con flores de un extraño color dorado que relucían bajo el sol dándole un aspecto de luz a su vestimenta.

—Misao-dono, ¿qué esta haciendo ahí? —La joven levantó la vista y se encontró con la sonriente expresión de un joven de piel morena y ojos castaños con el que había charlado en días pasados.

—Solo tomó un poco de sol Ichimura-san.

—Pero Misao-dono, ¿cómo puede negarle a los demás el honor de su compañía en una tarde tan linda?, vamos, acompáñeme un poco en mi soledad, así nos distraeremos ¿le parece? —La joven asintió bajando los ojos al suelo como si estuviera ligeramente ruborizada justo como le había enseñado Asuka, había aprendido en poco tiempo que por alguna extraña razón eso le agradaba a los hombres y por otro lado Ichimura era bastante agradable y estar con él no le era molesto.

—¿Cree que es una tarde bonita?

—Encantadora. —A pesar de que era una respuesta previamente preparada la sentía sinceramente en el alma porque el día era hermoso

—¿Le parece si caminamos por los jardines?, sería muy grato para mi poder presumirla a los demás.

—¡Ichimura-san, me apena! —Exclamó la chica al tiempo que bajaba la mirada luciendo sus largas pestañas, era otro truco y a Misao le seguía sorprendiendo su eficacia en los jóvenes que rápidamente se aprestaban a tomarla del brazo justo como sucedía en esos momentos.

—Misao-dono en verdad que es usted encantadora, ¡mire!, como me envidian ¿no es divertido? —El joven dejó escapar una franca carcajada, ella por su parte ladeó la cabeza y esbozo una sonrisa porque lanzar una carcajada al aire por su parte no se vería nada bien.

—Oh pero Misao-dono, el problema con usted es que es tan callada ¿acaso no le agrada mi compañía?

—Claro que no es eso Ichimura-san, simplemente que me es mas placentero oírlo hablar a usted. —Bueno, eso ni ella misma se lo creía porque se la pasaba hablando hasta por los codos, la cuestión era que temía cometer alguna imprudencia en sus platicas y prefería parecer reservada que acabar haciendo un error garrafal.

—¡Oh, mire!, ¡mire que hermoso atardecer! —A su alrededor se habían reunido mas parejas y todos giraron al mismo tiempo la vista hacía el sol que desaparecía entre las montañas, todos excepto Misao que con una rápida y sagaz mirada recorrió todo el lugar, desde el rosal traído de un país extranjero hasta la escultura antigua del primer Masuna en el ala izquierda de los jardines, nada sospechoso, nada extraño, excepto…

—Misao-dono, ¿podrías acompañarme un momento?

—Ichimura-san ¿me podría excusar por favor?

—Por supuesto Misao-dono, un gusto haber estado en su compañía. —La joven asintió con la cabeza y se dio la vuelta pensando cómo podía decir eso estando en compañía de una persona que no hablaba.

—Misao-dono, debes apresurarte, la cena esta a punto de comenzar.

—¿Tan pronto? —Misao ocultó una expresión de desagrado y siguió a Asuka hacía la sala principal del castillo, le desagradaba en extremo tener que entretener con algunos trucos a los hombres mientras comían, eso de cantar, tocar el shamisen o representar una pequeña puesta en escena mientras ellos devoraban los exquisitos alimentos sin prestarle en verdad mucha atención le bajaba los ánimos a cualquiera, pero bueno… siempre que era ella quien estaba al frente parecían interesarse un poquitin mas. Además eso era preferible al trabajo de las geishas como Asuka que tenían que alimentarlos en la boca.

—"Como si ellos no tuvieran manos propias". —Replicó en su mente la joven al tiempo que con un suspiro entraba en el gran salón, había descubierto algunos detalles esa tarde pero pensándolo bien no creía que le ayudaran de mucho, solo esperaba que la noche por el contrario no fuera tan larga.

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Su habitación, bendita habitación con cortinas pesadas que la ocultaban del exterior, solo rezaba porque a Aoshi no se le ocurriera aparecerse por ahí otra vez intentando hacer lo mismo que la víspera porque lo sacaría de mala manera, tan cierto como que su nombre era Misao Makimachi, para ella un hombre que se dejaba engatusar por las apariencias no valía absolutamente nada ante sus ojos y Aoshi había caído de la manera mas deplorable.

Pero Saito, ¡oh Saito era otra cosa!, él se había negado, no la había besado y la había mirado a los ojos firmemente, ¡que hermosos ojos dorados!, ¡cuánto le gustaba verse reflejada en ellos!, cierto que cuando estaba con él siempre sentía mas ganas de golpearlo que de besarlo pero esos eran asuntos menores, no entendía porque le sucedía eso, de lejos lo amaba pero de cerca mas bien le hubiera gustado ahorcarlo, pero como no lo entendía lo mejor sería no preocuparse mucho por ello.

—Que día tan pesado. —Exclamó por lo bajo al tiempo que empezaba a desatarse el pesado obi, le hubiera gustado simplemente aventarse en su futón y dormir largo y tendido pero solo pensar en eso era imposible, tenía que quitarse el arsenal de ropa que llevaba encima y por supuesto cuidar su peinado—. Ah ver si ahora si no despierto con la cara llena de arroz. —Murmuró al tiempo que dejaba caer su ropa al suelo y su pie tropezaba en la oscuridad con un papel—. ¿Y esto? —Lo tomó entre sus dedos y justo al instante recordó que Aoshi se lo había entregado, estaba por arrojarlo lejos con un gesto de disgusto cuando repentinamente un olor conocido para ella penetró en su nariz haciéndola parpadear ¿sería posible?, sus manos trémulas se apresuraron a soltar el listón rojo y…

¡MISAAAOOO!

¡Hola querida Misao!

La joven sonrió, sí, tal como se lo imaginaba sus dos amigos le habían escrito, que raro que Aoshi hubiera aceptado llevar tal comisión, bueno pensaría en eso después, ahora a seguir leyendo.

¿Cómo has estado?, espero que bien, yo por acá bastante aburrido sin ti, no ha habido ninguna misión por estos días y Okon-dono se empeña en hacerme sufrir obligándome a lavar pilas y pilas de trastos alegando que como tú no estas hay mas trabajo para los demás.

Hola Misao, no le hagas mucho caso a Shiro-kun, tú sabes perfectamente bien que es un flojo y todo le parece pesado, además se queja tanto porque casi no tiene tiempo de ir a ver a su novia que por cierto sigue enojada con él.

¡Aún no es mi novia!, pero sí, aún sigue enojada, a pesar de que le dije que no te conocía y me había quedado en ese estado solo porque me sorprendió ver a una geisha paseando como si nada por esa parte de la ciudad, pero ella se empeña en no creerme

¿Será porque es mentira?

¡Silencio Omasu-chan!, en fin, incluso le dije que por mi bien podrías morirte (sin ofender) pero ni aún así cree en mi sinceridad.

¿Te das cuenta Misao que es capaz de desear nuestra muerte por amor?, ahora sí que estamos en problemas.

¡Omasu-chan no estés metiendo cizaña!, ya sabes Misao que lo que le dije a Motoko-dono no es cierto y que somos amigos ante todo pero ¿verdad que me perdonas esa pequeña mentira blanca con tal de que alcance mi felicidad?.

Bueno cambiando de tema, el viejo Okina te extraña mucho, se la pasa hablando de su ángel y su ángel todo el tiempo y en cuanto a Aoshi-san pues… se ha desaparecido muy frecuentemente en estos días nadie sabe a donde va pero Shiro-kun insiste en que va a verte aunque no sé en que pruebas se basa

Es sencillo, yo soy hombre y me doy cuenta de ciertas cosas que ustedes las mujeres no entienden

Como sea y debido a que tenemos algunas semanas sin verte decidimos escribirte esta carta y dársela, si las predicciones de Shiro-kun resultan ciertas la recibirás y si no…

¡Claro que la recibirás!, yo sé que Aoshi-san va a verte, lo sé por su forma de mirar y por eso he planeado ponerle un listón rojo a la carta como si fuera de amor para que se encele.

¿En tu plan has pensado que eso podría costarte el cuello?

Buen punto….

¡Adiós Misao!, cuídate y has todas las cosas que te manden a la perfección ¿Si?

Nos vemos linda, para la próxima iremos a divertirnos los tres juntos como en los viejos tiempos Ciao

La chica cerró la carta mientras una sonrisa aparecía en su rostro, esos dos, ni siquiera en una carta podían dejar de pelear, como los extrañaba y a Okina también, incluso hasta los gritos de Okon y la seriedad de Kuro, esperaba volver a pronto.

—Sí muy pronto… —Y con esos pensamientos se sumió en un ligero y apacible sueño.

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Notas de Okashira janet: Para este capi leí todos los anteriores, las cosas van a ensamblar muy rápido en los capítulos que vienen y solo espero que todo quede como lo estoy planeando, pronto llegara Tokio y aún no tengo ni su apariencia preparada, y en cuanto a los niños tampoco tengo nada en mente ¿los meto o los dejo en su casa? me acuerdo que hace algún tiempo Gabyhiatt me dijo que en la vida real tuvieron tres niños pero personalmente casi no me gusta tener niños implicados en las tramas (a excepción de Yahiko mi amor de pelos castaños).

AGRADECIMIENTOS A: Gabyhiatt, Bruja, Ayann, Stela, Midory, Mafe, Misao de Shinomori

Mil gracias a todas por sus reviews Ciao

Reedición: Han pasado cinco años desde que escribí este capitulo. La verdad me he divertido reeditándolo. Cambie a Aoshi (que se me salía de pasional), pero al final no pude hacer mucho. Me pregunto que detalles estaba buscando Misao en esa fiesta, lo cierto es que no lo recuerdo.

Agradezco a:

Little boy

Harumigirl

Gaby-L

Por su amable apoyo, sólo por ustedes actualización rápida (en mí es casi un milagro), un beso, me largo a estudiar neuro. Ciao

31 de Mayo del 2012 Jueves