Alguien está llamándome…
Puedo escuchar aquella voz claramente, retumbando en mis oídos está…
Mi alma se estremece, la felicidad y la tristeza se mesclan…
¿Qué es esta sensación?
Podría ser…
¿Felicidad?
¿Amor?
¿Odio?
¿O la más profunda depresión?
La melodía de su voz es ahogada por el silencio repentino…
Shuichi abrió los ojos al sentir una cálida mano sobre su hombro, moviéndolo suavemente pero con la suficiente fuerza como para despertarlo. Se sintió confundido por algunos segundos, pero, al levantarse y llevarse ambas manos al rostro en un afán por recuperar la consciencia por completo, se encontró cara a cara con Yuki Eiri, quien simplemente lo miraba con una expresión muerta. El escritor tenía grandes ojeras que marcaban su hermoso rostro, no había podido dormir en toda la noche y mucho menos, avanzar con su novela. Shuichi se dio cuenta en esos segundos, que se había quedado dormido en el auto, y a pesar de la comodidad de sus asientos de cuero, sentía que la espalda le reclamaba por la mala posición al recostarse durante tantas horas. Yuki estaba ahí, él lo había estado llamando para despertarlo, y estando consciente de todas las cosas, Shuichi sabía muy bien a que se debía la expresión triste que tenía en el rostro el escritor. Por un momento, pensó en rogarle, suplicarle porque lo perdonase y le diese una última oportunidad. Algo dentro de él se lo imploraba, alguien en su interior se encontraba sollozando, susurrándole al oído entre gemidos de dolor que hiciese todo lo posible para quedarse al lado de Yuki, pero, Shuichi no podía entender aquel mensaje. El joven de cabellos rosa salió del auto en esos momentos cortando toda conexión con la mirada de Yuki, entre los gritos que escuchaba en su interior, su corazón palpitante y sus temblorosas manos, no pudo ser capaz de decir palabra alguna. Solo sabía que no quería marcharse, pero, si el rubio había decidido que lo mejor sería que se fuera, nada podría hacer al respecto. Shuichi no estaba nada contento con su decisión, el pasar a manos de otras personas estando en el proceso de conocer a una; a la más importante e inquietante de todas, no lo animaba en absoluto. Sabía que debía permanecer con ese rubio con mirada de sicario, pero, su "yo" actual, estaba muy lejos de ser lo que había sido en el pasado.
Shuichi no dijo absolutamente nada. A pesar de los ruegos de aquel "yo", que estaba atrapado en su interior, no se inmutó siquiera. Yuki pudo notar esta fría actitud y comprendiendo que aquella persona que estaba a su lado no era de quien se enamoró, no le quedaba más de otra que llevarlo con alguno de sus amigos. Esto no le era nada fácil, se esforzó mucho para mantener su mirada tranquila, sus palabras suaves y su respiración al ritmo normal, mientras llevaba a Shuichi a desayunar al departamento y le ayudaba a guardar su ropa en una maleta grande. Había llamado a Hiro para que estuviese preparado para recibirlo. Hiro, por su lado, se había quedado sorprendido después de la llamada telefónica, había aceptado de buena gana quedarse con Shuichi, pero, temía por el futuro de la banda, todo se vendría abajo si Shuichi no recuperaba la memoria, y el único que podía hacerlo era Yuki Eiri. Hiro supuso que un par de días sería suficiente, luego haría que volviese como sea, hasta que se dio cuenta, que si Shuichi salía de aquel departamento, jamás regresaría con el escritor y sus recuerdos podrían quedarse perdidos para siempre. Por ello, una hora después, cuando Yuki se disponía a salir con Shuichi hacia la casa de Hiro y se encontraban en la entrada principal, llegó el joven de cabellos castaños en su moto. Yuki se adelantó con una mirada molesta, pensaba que Hiro había ido solo para ver su derrota y molestarlo, pero, se sorprendió mucho cuando el joven se quitó el casco de protección y lo miró directamente a los ojos.
- Lo siento, he venido para avisarte en persona, que no puedo llevarme a Shuichi porque Ayaka pasará algunos días conmigo. Puedes llamarla si quieres, ella no está dispuesta a ver a Shuichi bajo el mismo techo después de todo lo que paso entre ustedes tres.
- Se que no es más que una tonta excusa, y no necesito llamar a esa niña loca, porque sé que entre ustedes dos han armado todo este plan – dijo Yuki tranquilamente – mi pregunta sería ¿por qué?, pensé que estarías feliz de que Shuichi se liberara de mis garras ¿no?
- Lo hago por él, no por ti… puedes abandonarlo en un hotel o dejarlo en una esquina, pero déjame decirte, que ni yo, ni nadie de la compañía va a aceptar quedarse con él.
- ¡Já! Que buenos amigos se consiguió este tonto…
- Escúchame bien idiota – dijo Hiro acercándose lo suficiente para que Yuki viese sus ojos amenazantes y que Shuichi no pudiese escuchar su conversación - ¿¡No eras tú el que no quería soltarlo!?, ¿¡no fuiste tú el que dijo que hasta la peor bestia tiene un corazón!? ¿¡Ahora piensas deshacerte de él así de fácil!? No jodas Yuki Eiri, él es tu responsabilidad, la culpa no fue solo mía, lo que ocasiono que ese tonto se fuera a vagar deprimido por las calles y lo golpearan ¡no fue culpa mía!, ¡se fue porque la persona que más amaba en todo este puto mundo no se acordó de él!, ¿¡tanto te costaba darle un minuto de tu atención!? Si pudiera hacer que recuperase sus recuerdos lo haría… si fuese yo el elegido, lo haría sin dudarlo.
- Él me odia… eso lo sabes. Se escapó porque no soporta verme – dijo Eiri con voz débil.
- ¿No te das cuenta? Él no estaba huyendo de ti, estaba escapando aterrado de sus propios sentimientos.
- No sé que hacer con él.
- Pues, ese ya es tu problema. Yo me largo… - dijo Hiro colocándose el casco y acomodándose sobre la moto.
- ¡Maldita sea! ¡Ya te dije que él no quiere estar conmigo! – dijo esto último tan alto que Shuichi lo escuchó y clavó su mirada a la espalda de Yuki, que se arrepentía de haber gritado.
- ¡Oye tú!, ¿¡le has dicho a este idiota que quieres irte conmigo!? ¿¡Se lo has dicho ahora!? – le gritó Hiro a Shuichi.
- Pues yo…
- ¿¡Qué es lo que quieres Shuichi!? ¡Soy tu mejor amigo, sabes que siempre te apoyaré!
- No sé lo que deseo…
- ¡Vamos! ¡Díselo a este cabeza dura! ¡Yo sé que lo sabes!
Shuichi se quedó en silencio por largos segundos, mantenía aferrada la maleta entre sus manos y desviaba la mirada al suelo. ¿Qué es lo que deseaba?, esa pregunta retumbó como eco en su memoria vacía. Aunque, ahora viéndolo bien, su memoria no estaba tan vacía como cuando despertó en el hospital, poco a poco había recolectado recuerdos nuevos, rostros y voces nuevas, aunque conocidas por su antiguo "yo", había redescubierto algunas cosas, y si bien, su habilidad para el canto no había regresado, parecía que sus sentimientos por aquel hombre que lo miraba ansioso de su respuesta, eran más fuertes de lo que se imaginó. Shuichi estaba asustado, aun no se sentía preparado para asumir esa relación, pero, decidió escuchar a aquella voz interna, tal vez, las cosas estarían bien, si no se arriesgaba jamás descubriría lo que se encontraba más allá de aquellos sentimientos. Y, a pesar del temblor en sus labios, pudo decir claramente…
- Quiero quedarme con él…
- ¿Estas seguro de eso? – preguntó Yuki con voz seria.
- Sí, por favor, permite que me quede algunos días más contigo. Prometo que no seré más una carga.
- Listo, ya todo esta dicho… ¡nos vemos Shu-chan!, ¡recupérate pronto para que puedas ir a la compañía! – gritó Hiro antes de marcharse, satisfecho por haber logrado que esos cabezas duras firmasen una tregua y estuvieran dispuestos a soportarse al menos una semana más.
Ambos se quedaron parados en la calle una vez que Hiro se marchase. Yuki aun tenía las llaves del auto en la mano derecha y Shuichi se encontraba sosteniendo aquella maleta, como si su vida dependiera de ello. Ninguno de los dos sabía que hacer o decir. Sin embargo, Yuki estaba aliviado, se sentía mejor después de haber escuchado aquellas palabras de su boca, deseaba acercarse a él y aferrarlo entre sus brazos. Pero, no lo hizo, solo le acarició la cabeza toscamente. Shuichi no pudo evitar sonreír a sus espaldas, su "yo" interno se encontraba feliz, y por el momento esto era suficiente. El pelirosa pensó que regresarían al departamento, pero vio que Yuki había entrado a hablar con el guardián y después volvió a recoger su maleta, la cual fue dejada en la portería del edificio. Yuki regresó a su lado con las llaves del auto en la mano y le indicó con la mirada que subiese al vehículo. Shuichi hizo lo que le mandó, y una vez dentro, el escritor le dijo que irían a cenar fuera, con todo lo sucedido en el día, ninguno había probado bocado alguno y podía escuchar los gruñidos en el estómago del cantante a kilómetros.
La atmosfera era más agradable dentro del auto. Yuki puso música y parecía como si nada hubiese sucedido. Shuichi se encontraba algo nervioso, aun no sabía en que términos iban a quedar ellos, supuestamente eran pareja pero por el momento le era imposible pensar en esas cosas, sentía que la compañía de Yuki era suficiente y no le pediría absolutamente nada más, solo quería permanecer a su lado para conocerlo en verdad, poco a poco, quería atravesar ese muro que Yuki siempre ponía a su alrededor, pero, que jamás había sido lo suficientemente denso para evitar que Shuichi intentara cruzarlo y tal vez, solo él podría llegar a hacerlo. Yuki lo llevó a un conocido restaurante que quedaba en una calle muy bonita y llena de comercios. Shuichi se apenó al no estar vestido adecuadamente y antes de sentarse se dirigió a los servicios para lavarse la cara y ordenar un poco su cabello. Mientras tanto, Yuki lo esperaba en la entrada e iba hablando con la anfitriona para que les dieran una mesa privada, alejada de todos.
Pero, al salir de los servicios, Shuichi estaba de camino a reunirse con Yuki cuando en eso, un joven de su misma altura y físico pasó muy cerca de él. Lo suficientemente cerca como para apreciar que llevaba su mismo corte y quizás tendría su misma edad, en eso, unos mareos muy fuertes se apoderaran de él. Shuichi se apoyó contra la pared respirando entrecortadamente, no sabía quien era ese chico, pero el pecho se le contrajo, sus ojos se llenaron de lágrimas y se dejó caer el suelo al sentir como unos recuerdos, unas imágenes de Yuki junto a ese chico aparecían en su memoria. Su visión desde un puente, el aire fresco de la noche, y a ese muchachito sujeto del brazo del rubio mientras le sonreía, hicieron que las lágrimas aumentasen, tanto que la cabeza le empezó a palpitar salvajemente y se desmayó en medio del corredor, ante la vista de las camareras y algunas personas que empezaron a acercarse al ver lo que había sucedido.
Continuará…
