Rendición


Rendirse puede ser divertido- anónimo.


Los contrincantes subieron al ring, y aguardaron la señal de inicio mientras tomaban sus respectivas posiciones de combate. El árbitro los observó a ambos, tan impaciente como todos los presentes, en sus manos estaba el comienzo de una de las peleas más épicas que hubiese presenciado ese cuadrilátero.

-No fuego- impartió escuetamente al joven que se hallaba en el ángulo adverso del lugar- No hielo- agregó al mirar a la hermosa muchacha que se encontraba en el lado opuesto. Retrocedió unos pasos y salió del ring, dispuesto a ordenar el inicio de la batalla.

La rubia, de ceño fruncido, se colocó los guantes azules obligatorios, sin apartar un segundo la mirada cerúlea de su rival, cuyos ojos esmeraldas brillantes no hacían más que acentuar su sonrisa presumida y confiada. Lo vio imitar su acción con la misma elegancia de un príncipe, encubriendo las cálidas manos con la tela blanca de material resistente a las altas temperaturas.

Elsa tragó saliva, nerviosa.

-¡Patéale el trasero!- escuchó que gritaba una voz chillona desde las gradas silenciosas. Su hermana no era conocida por ser un monumento a la compostura, aunque jamás esperó que la guardase para el hombre con quien estaba a punto de pelear.

Estaba consciente de que se trataba de un mero entrenamiento en esa estúpida institución para personas con habilidades especiales, pero aún así no podía serenarse y apartar de la cabeza la idea de lo que esas manos ardientes podrían provocar, sobre su cuerpo de hielo, de no llevar los guantes. Percibió la voz mecánica de la maquina que detectaba las trampas, es decir, el uso infringido de poderes. Se acomodó una vez más.

-El futuro está en sus manos- alegó el robot autómata- En este mundo solo triunfa el más fuerte- los presentes pudieron reconocer el viejo mantra de la asociación, la cual estaba destinada a la posterior eliminación de los planetas vecinos. Eran los futuros soldados mercenarios de la galaxia, reclutas que fueron obligados a abandonar a sus familias, en sus apacibles planetas, para unirse a la conquista del universo. Y ella, junto con el pelirrojo que se hallaba en frente, era una de las más valiosas piezas que poseía Éxosis*.

-Es una pelea, Elsa; no tienen que haber sentimientos de por medio- se repetía a sí misma. No se sentía controlada, como lo estuvo en su última instancia con Rapunzel, cuya habilidad en combate solo era equiparable a su poder: la manipulación de una sustancia intravenosa que se asemejaba a los rayos solares. Tampoco se percibía agresiva, como con Kristoff, quien casi la dejó fuera gracias a su fuerza descomunal, la cual destacaba mucho más que su peculiar habilidad para entender a los animales…

Frustrada.

Estaba Frustrada.

Simplemente Frustrada.

Nunca antes se había sentido incapaz de luchar durante una práctica, y menos contra un hombre; con ellos nunca conllevó misericordia. Pero ese oponente no era un individuo cualquiera, era Hans Westergard, den Helvede brand*.

-¡Basta!- Se reprendió-Haz como que carece de nombre, o facciones; haz como que no le conoces- se gruñó, impasible-Tiene fuerza, es ágil, rápido, inteligente y muy, muy astuto… Sé cuidadosa.

Retomó su elegante postura serena, la cual el cobrizo no había abandonado ni por un instante. Esperaron la pronta señal…

¡Ya!

Durante los primeros segundos, se movieron discretos, manteniendo la guardia y aguzando la tensión. Hans fingió un golpe, pero Elsa ni siquiera respondió. Él le sonrió, admirado y, al mismo tiempo, irónico. Lanzó el primer porrazo, al cual Elsa bloqueó, apartó, y contraatacó, todo en un parpadeo. El pelirrojo evitó que el puño femenino llegase a su rostro perfecto y trató de defenderse, pero cada ataque terminó siéndole devuelto. La situación resultó pareja, hasta que decidió arriesgarse y usar su pierna para enredar la de la blonda. Ella perdió estabilidad, pero antes de caer, se agarró a los hombros de su oponente, llevó una rodilla al pecho, y lo obligó a caer con ella. Él, por supuesto, se apoyó sobre las palmas de la mano, y Elsa aprovechó ese momento de vulnerabilidad para juntar los pies y, con una patada en el torso, lanzarlo hacia atrás. Hans acarició el límite del cuadrilátero. Cuando trató de ponerse de pie, la rubia lo asaltó con otra patada que él llegó a interceptar. Le sujetó el tobillo, y la devolvió al suelo. Quedó entre sus piernas, pero enseguida se movió hasta permanecer totalmente encima de ella, sosteniéndole las muñecas para que no se moviese, y usando las rodillas para mantener separados sus muslos. De esa manera, logró inmovilizarla… solo un santiamén. Elsa abrazó sus piernas a la cadera del bermejo, y con un buen esfuerzo lo volteó. Ahora era ella quien esposaba sus muñecas y quien lo retenía con las rodillas.

Ríndete- demandó.

¡Qué abusiva!, la boca de Hans se entreabrió con sorpresa. Así que a su contraparte le gustaba jugar rudo… Se permitió recorrerla con lascivia. Su cuerpo se electrizó en una zona concreta al advertir que la blonda estaba encimado a él, sofocada y desgreñada, sexy y peligrosa.

¡No! – exclamó, con cierta consternación, intentando enfocarse en la pelea y no en todas las sensaciones primitivas que estaban despertando dentro de sus pantalones gimnásticos.

Imitó su acción y se volvió a ubicar encima de ella, pero esta vez le cruzó las muñecas por arriba de la cabeza, dejando tan poca distancia entre sus cuerpos que percibió el palpitar de su corazón y el movimiento de sus pechos contra su torso, a causa de la respiración acelerada.

…Ríndete– le espetó con la voz ronca. Asombrada al notar aquello, la joven se removió nerviosa, descubriendo su comprometida situación. En vano pretendió librarse, Hans la tenía a su merced y eso, más que enfadarla, le causaba un cosquilleo demasiado peligroso dentro de sus bragas. –Ríndete – repitió incrementando la fuerza y, con ello, su cercanía.

… Sí – demoró ella en responder, deseando ser capaz de encogerse para poder huir, de él y de todos los testigos que habían perdido el aliento. En especial de Anna, su hermana, cuyas flores enredadas entre las trenzas denotaban la confusión por la que estaba pasando, puesto que los pétalos se asomaban desiguales y estrechos.

Él se levantó y, contrario a lo que esperaba, la ayudó a ponerse de pie. Se sostuvieron la mirada más tiempo del que creyeron necesario y, cuando se separaron, siguieron conectados por el mismo deseo mutuo. Elsa no se atrevió a ver al público, que ahora murmuraba inquiridoramente. En cambio, volteó para reparar en la alta figura de Hans, alejándose por el oscuro pasillo.

Lo mejor sería no quitarse los guantes, pues no estaba segura de lo que podrían expresar sus poderes.


...

Una enredadera de ligustrinos apareció sobre su espejo, sobresaltándola. El hielo se escurrió de sus manos levemente pero pudo controlarlo a tiempo.

-¡Anna!- gritó enfadada en tanto congelaba las plantas y las deshacía en fractales de escarcha.

-¿Vas a explicarme qué demonios fue eso?- le preguntó juntando sus cejas pelirrojas, entre su cabello asomaban unas peligrosas Venus* de tamaño considerable, y poco inofensivas a diferencia de los habituales girasoles.

-¿Una pelea?- inquirió la blonda, empleando todo el sarcasmo que le fue posible.

-¡Una pelea mi culo floreado!-chilló histérica, haciendo que su hermana mostrase una mueca de desagrado-¡Dime por qué peleaban! ¿Por ver quién era el más fuerte? ¿O acaso era por ver quién dominaría a quien en la cama?

-Ya cállate, Anna- gruñó la rubia- Da igual lo que haya sido, es mi problema- la pecosa la observó indignada- No me veas así. Quiero que ahora mismo dejes de realizar ese desplante, que me cuentes algo nuevo ¡y qué apartes esas cosas de mi cuerpo!- señaló a las amenazadoras plantas carnívoras. -¡Son horribles!

-¡Reflejan mi estado de ánimo, al igual que tu hielo!- la colorada apuntó hacia el techo, donde lo carámbanos provocados por el notorio enfado de la hermana mayor se revelaban esplendorosos.

-¡No estaría denotando enfado de no ser por toda esta escenita tuya! ¿Quién eres? ¿Mamá? ¡Ya déjame en paz!

-¿Así me agradeces que me preocupe por ti?- indagó dolida.

-Tú no estás preocupada por mí. Hans no puede hacerme nada y lo sabes, así que el único motivo por el cual vienes a decirme esto es porque no lo toleras desde que achicharró tu jardín.

-¡Pues es un buen motivo! – Se quejó Anna- hizo cenizas a todas mis bebés.- lloriqueó insistentemente.

-Anna tu habías llenado de espinas su bunker- le recordó- y además, resurgiste a tus plantas en menos de dos horas.

-Aún así…

-Nada- le cortó- De todas formas, si piensas que voy a ir a acostarme con ese tipo, estás equivocada. Es insufrible y arrogante. Y lo único que sabe hacer es quemarme cuando tiene alguna oportunidad- eso pareció serenar a su congénere.

-Deberías congelarle las pelotas- sugirió enarcando las cejas. Elsa suspiró hastiada antes de crear una ventisca y empujar a su hermana fuera de su habitación.

Había veces en las que su pésimo vocabulario la exasperaba.


...

Mirando distraídamente el conjunto de copos de nieve de su ventana, prosiguió a hacerlos bailar en sincronía ecuánime. Una sonrisa cansada asomaba en sus labios mientras observaba su creación con satisfacción.

El calor insoportable que le recorrió la espina dorsal la hizo liberar un jadeo intenso. Maldito imbécil.

Dispuesta a llevar a cabo la sugerencia que su hermana le hiciese esa tarde, Elsa intentó voltearse para encarar a su inesperado visitante. Claro que no se esperaba que él la apretase rudamente, sobre el lavabo de la cocina de su bunker, y la mantuviese inmovilizada. Podía sentir el calor que emanaba del cuerpo masculino, y cómo este se esparcía a lo largo de toda su espalda. Las manos de Hans se hallaban quietas en su cintura, aprisionando las suyas.

-Es una linda noche ¿Verdad?-preguntó en su oído, liberando cada palabra como si de una caricia íntima se tratase. En contra de su voluntad, la rubia se tensó contra el cuerpo del pelirrojo, disminuyendo el escaso espacio entre ambos.

-Lo era- repuso escueta, procurando que su voz no se oyese rasgada. La risa del cobrizo contra su nuca le indicó que no estaba teniendo demasiado éxito.

- ¿Hasta cuándo seguiremos con la farsa, Elsa?- preguntó mientras le apartaba el largo cabello platinado, haciéndose espacio para esparcir sus belfos a lo largo de toda la clavícula desnuda de la joven- Ninguno olvidará esa noche.

-No, ninguno lo hará si sigues mencionándola- rebatió la muchacha. No quería recordar… no quería… ¿O sí?- Detente- ordenó.

-No quiero- repuso él con altanería. Sus labios se movieron hasta la vena palpitante del pálido cuello femenino, sintiendo el pulso desbocado bajo su tacto.- Eres deliciosamente fría…- prosiguió- No dejo de pensar en los sonidos que puedo sacar de tu boca… o en la expresión que dibujas al llegar al orgasmo…

-¡Ya cállate! ¡Estábamos ebrios!- exclamó repentinamente azorada, pero sin hacer nada para apartarse.

-¿Lo estábamos?- rió- Beber daña nuestros poderes- apuntó con cizaña- Tu no bebes, Elsa.- La volteó para acercar sus caderas con sensualidad. La blonda sostuvo su mirada oscurecida- Yo tampoco lo hago…

-Lo hicimos esa noche.

-No recuerdo haberlo hecho…

-Yo si…

-Shh…- colocó un dedo sobre los labios sonrosados y aproximó sus rostros-Mentirosa…- se mofó entre risas cargadas de deseo. – Eres una mentirosa…- repitió sobre su boca- la peor mentirosa de todas- sus manos ardientes se abrieron camino por su cintura hasta levantar la delgada camiseta que portaba la joven, procediendo luego a acariciar la piel expuesta.

-Hans…- suspiró, empujándolo sin fuerzas. Su cercanía le afectaba.

-¿Cuántas veces te tomé esa noche?- inquirió rosando su mejilla- Creo que eso sí es imposible de recordar… - La joven jadeó en cuanto el bermejo la tomó por el trasero para subirla a la mesada. Inconscientemente enredó sus piernas en la cintura masculina, incitándolo a seguir con su juego.

-Tienes que parar…-musitó suplicante.

-La primera vez ni siquiera llegamos a la cama… - la ignoró- te di con todo justo contra esa puerta- señaló descaradamente la abertura que se notaba débil y dañada- destrozaste la perilla por la fuerza con la que estabas sosteniéndote…

-Basta- jadeó ella, descubriendo como su entrepierna reaccionaba ante la caricia que el cobrizo comenzaba a prodigar sobre sus muslos, cercano a su sexo.

Le gustaba incomodarla, hacer que se sonrojara recordando la fogosidad que compartían, la manera en la cual él la sostenía, la masajeaba, y cómo ella, tan tímida y adorable, lo acariciaba y lo besaba, y cómo en el instante más culminante, explotaba en gemidos, casi suplicando por más.

-¿Quieres que me detenga?- preguntó manipulador, al mismo tiempo que sus dedos causaban estragos en el clítoris de su compañera.- Mírame y pídelo- alegó con completa seguridad de que ella cedería.

-Det... ahh…-La blonda se encontró incapaz de acabar una sola palabra. Cerró los ojos con ímpetu, queriendo abandonarse al placer. El aliento quemante del bermejo recubrió su oreja.

-Ríndete- gruñó excitado, destrozando la tela que recubría la intimidad de Elsa e inclinándose para depositar un casto beso sobre la tez prohibida.

-No…- pronunció débilmente la rubia, haciendo amago de apartarse. ¿Dónde había dejado su voluntad, maldita sea? Hans la empujó con potencia, aplastando su espalda contra la mesada para besar su femineidad con libertad. No demoró en advertir los sonidos extasiados de su reina de hielo, cuyas manos se habían posado por inercia en sus cabellos de fuego. El pelirrojo prolongó la caricia, arrancándole gemidos entrecortados y profundos, y empujando su lengua experta sobre el punto de placer principal. Elsa comenzó a sentir un reconocido hormigueo en su interior, uno que se fue extendiendo hasta transformarse en una experiencia ambigua de frio y calor. El insoportable placer la obligó a arquearse, liberando un quejido audible y largo que inundó el recinto.

Hans subió para atacar su boca con ferocidad, acortando toda réplica que ella estuviese dispuesta a profesar y embriagándola con su propio sabor húmedo del clímax. El beso se prolongó con presteza y violencia, provocando que ambos explorasen sus cuerpos de forma desesperada, arrancándose las prendas mutuamente y abandonando todo atisbo de decencia. Todo en cuanto lograban pensar, era en el placer que los recorría y que les gritaba por más. El deseo necesitaba ser saciado sin duda alguna, y Elsa ya no estaba tan segura de querer detenerlo.

Con gentileza, el pelirrojo acarició uno de los montículos de la joven, bajando para rodear el restante con su boca, succionándolo repetidas veces y alcanzando su objetivo al disfrutar de la nueva ronda de jadeos de su contraparte. Lamió la aureola, cuyo color sonrosado resaltaba en medio de la piel marmórea y se deslizó a lo largo de toda la clavícula femenina. Sin embargo, detuvo abruptamente su atención al sentir la mano traviesa de Elsa, colándose en su entrepierna para estimular a su ya crecido miembro, el cual palpitaba ansioso ante el tacto de la hermosa mujer. Dejó caer su cabeza en el hueco del cuello de la blonda y procedió a liberar un sonido gutural en cuanto los dedos helados se ciñeron felinamente en torno a su hombría, regalándole una plenitud intensa que le provocaba el anhelo por estar en su estrecho interior de una vez por todas.

La reina de las nieves sabía lo que hacía y conocía todas las consecuencias de sus actos desenfrenados, pero él no la dejaría tomar el control... Quemaría su piel con sus manos volcánicas y dejaría que el vapor surgiese entre sus cuerpos a causa del contacto mutuo, permitiría que su frio lo envolviese solo para disfrutar del más delicioso cúmulo de sensaciones que despertaban, el fuego y el hielo, al chocar en la brutalidad sexual. Ambos eran elementos dominantes en el universo, eran los mejores a donde quiera que fuesen y a él no le molestaba en demasía tener que compartir la gloria… Pero en la batalla de las sábanas solo podía consagrarse un ganador, y ese iba a ser él.

Apartó las heladas extremidades de su hombría y las posicionó sobre la cabeza platinada que se revolvía agitada bajo su cuerpo. Elsa frunció el ceño indignada, comprendiendo que buscaba tomar toda la gloria de la intimidad para sí mismo. Forcejeó e intentó congelar las manos que se cernían como cadenas en torno a sus muñecas, pero las ráfagas de hielo perdían la dirección deseada a causa de la sofocante temperatura de su amante. Lo sintió mordisquear su pecho, erizándole todo recoveco de piel para arrebatarle lo último de su cordura.

Hans separó sus piernas con una de sus rodillas y la obligó a mantenerse en esa posición en tanto se introducía en su interior. El frio de la estrecha entrada femenina provocó una sensación electrizante en su miembro, una que se extendió hasta morir en su columna de un modo intolerablemente placentero. Escuchó a Elsa gemir cuando empezó a empujar su pene, golpeándola repetidas veces en su punto sensible, ocasionando que moviese sus caderas automáticamente aunque su mente le gritase lo contrario. Las torneadas piernas níveas se apretujaron en su pelvis, y el pelirrojo supo que había ganado. De buena gana liberó las manos de su amante, permitiéndole incorporarse para que pudiese abrazarse a su espalda, buscando resistir la brusca atención que estaba recibiendo. Hans era rudo.

Le encantaba que fuese rudo.

Perdiéndose en el mundo de emociones que estaban recorriéndola, consintió que sus poderes expresasen su sentir, al igual que él. Las manos del cobrizo, que la sostenían desde sus nalgas, le quemaban con presteza, provocándole un dolor punzante que no hacía más que incrementar su excitación. De la misma forma, Hans disfrutaba con la escarcha que se extendía por su espalda sin control, enfriándole los músculos con cada mordida que él depositaba en su cuello de alabastro. Las embestidas aumentaron la velocidad y el volumen de sus voces se incrementó considerablemente.

El bermejo disfrutó al ver cómo la joven contraía su rostro en una mueca extasiada, indicándole que estaba cerca de correrse. Pero ella era tan orgullosa y obstinada como él, no quería perder la batalla a pesar de todo. Decidiéndose a vencerla, bajó la cabeza hasta los pechos erguidos una vez más, y volvió a succionar con delicadeza, sin disminuir el ritmo de sus embestidas.

-Ríndete, Elsa- gruñó jadeante, deleitándose con la serie de espasmos que recorrían a la blonda. La reina de hielo se quejó en medio de gimoteos, sabiéndose derrotada, y le dedicó una mirada de marcado desdén antes de echar la cabeza hacia atrás para permitirse alcanzar el punto culmine. Hans rió en el hueco de su cuello, y continuó empujando su miembro hasta que también percibió al éxtasis causando estragos en su propio organismo.

Con las respiraciones agitadas, buscaron normalizar sus pulsos. Elsa dejó caer sus piernas, entumecidas por el esfuerzo, y el pelirrojo la colocó sobre el suelo, aunque sin dejar de cercarla con sus brazos. Estaba saliendo de ella cuando la escuchó hablar, intercaladamente.

-Me rindo- pronunció.


-Éxosis: Soy pésima inventándole nombres a las instituciones fantasía. Básicamente uní las palabras Éxodo y Génesis.

- den Helvede brand : En danés, el fuego del infierno.

-Venus: es un género monotípico de planta carnívora en la familia Droseraceae. Anna ejerce poder sobre las plantas (así como Elsa posee el invierno, ella vendría a ser la primavera, solo que no tiene influencia en el clima).


Nota del autor:

Si hay alguien despierto a estas horas supongo que se habrá caído de la silla por verme actualizar. Este capítulo debía estar listo hace dos semanas, pero resulta que había empezado una historia en la cual me explayé mucho y llegué a escribir más de veinte mil palabras. Pero como la inspiración es una perra, me quedé sin saber cómo acabarla.

Entonces entré a Pinterest y me encontré con una imagen que detonó toda esta locura sensual, bueno, con más de una imagen. Por cierto si alguien quiere ver de dónde se me ocurre cada cap de BPDC, tengo un tablero en donde coloco las imágenes que me inspiran. Y también hay otro tablerito con miles de imágenes de Disney, y uno dedicado especialmente al Helsa 7u7 (está bien surtido porque soy una picarona). Y si alguien ama GOT y THG también tengo tableros dedicados a ambos jeje. Ah, y no dejemos de lado los vestidos de época, de esos tengo dos tableros también. Mi pseudónimo es el mismo: Aliniss. La foto de perfil es una pareja en su boda que bien podrían ser Hans y Elsa a causa de su aspecto. Oh si, también hay un tablero que me regaló una usuaria retirada de fanfiction, ella recreó a partir del juego Azaleasdolls la historia de "La espada no se levantó" de este fanfic. La dejó en continuará por si algún día vuelvo a divagar, dándole pie para proseguirla jeje.

Doy asco en los Lemmons, así que sepan disculpar lo que han leído jajajaja Tengo que mejorar, supongo.

En fin, estoy muy emocionada porque en mi estancia costera hay dos nuevos integrantes: Sitron y Freja, hijos de mi hermosa bestia negra, Hades, y de la yegua de uno de los vecinos, Marga (Que espero por todos los cielos que se recupere y no muera como todas las yeguas que tienen más de una cría). Así que con estos pequeñines ya son treinta y cuatro caballos en los establos :3

Obviamente yo he elegido los nombres de los potrillos ajajja, es obvio, ¿No? Lo hice en honor a los caballos de Hans y Elsa en el fic PDI, de A Frozen Fan.

Bien, ahora que he compartido mi felicidad con ustedes me retiro hasta la próxima vez.

Los quiere,

Aliniss