¡Estimados padawans! Nuevo capítulo. Perdón por tanta tardanza. Espero que les guste. Ahora sí, las cosas se complicarán. Akko volverá a poseer su cuerpo y Ella tendrá que tomar decisiones fuertes con respecto a la relación que lleva con Sucy.
¿Cómo la han pasado?
¡Les deseo un feliz año nuevo!
DISCLAIMER: LWA ni sus personajes, salvo Ella me pertenecen. Todo proviene de una islita llena de imaginación y arte, llamada Japón,
LET IT GO
(Canción de Cavo)
-Sucy… -Susurró por enésima vez esa tarde mas no hubo una sola respuesta.
Ella suspiró y se puso a repasar una lista que tenía en una de las libretas que le pidió el día anterior a Akko. Tenía con sumo detalle, todos los "que haré" durante su estadía en el mundo de los vivos. Uno de ellos, era recordar completamente su pasado, por más doloroso que este fuera. También estaba en su itinerario, recuperar el cuerpo, ya que nunca fue encontrado y aún se reportaba como un caso más sin resolver. Además, quería visitar un par de ciudades, como París, e ir a tomar un helado en algún lugar de Italia. Akko había accedido a que usara una de las escobas que poseía en el instituto, así que no sería tan difícil salir de ahí.
Entre la lista de cosas por hacer, también estaba darle una explicación racional sin terminar llorando a mares, ante una impávida y frívola Sucy.
Observó su espalda, ahora un poco tiesa luego de haber sido llamada. Seguía practicando una de las pociones que ahora siquiera se las daba a probar. De hecho, desde aquél día, todo contacto, ya fuera verbal o visual, se había truncado. Sucy apenas estaba a su lado, ni siquiera en el desayuno. No salía de la habitación salvo para ir al pueblo y comprar algunas cosas que necesitara y el almuerzo. Siempre le fue un misterio saber de dónde sacaba el dinero, puesto que esa chica era huérfana. Quizás hacía un par de trabajos o la misma casa de adopción, que no quería ni verla, había aceptado gustosa que terminara en Luna Nova, por más que saliera carísima la estadía y los estudios. Por sobre todas las cosas, no había emociones en esa mirada, ni odio, ni desprecio, ni vergüenza o humillación. Simplemente era como convivir con una planta que se movía sólo para hacer magia.
Quizás era tiempo de superar su enamoramiento y dejarla ir.
Pero dolía
Dolía demasiado porque de verdad la amaba.
Quería profundamente a esa bruja tan alocada y siniestra. Deseaba que las cosas volvieran como antes, que le sonriera, que dijera "Todo fue un malentendido, disculpa. Intentemos llevarnos como antes". Pero nada. Era como si una pared enorme se hubiera construido entre ellas y todo lo que pudiera decirle, le sentara terriblemente. Sucy de verdad podía ser peor que un enemigo, la Guerra Fría parecía hasta ser cosas de niños.
Los días transitaban y el tiempo iba acortándose cada vez más. No podía y no quería perderlo en cosas del corazón. Una vez que dejara este mundo, podría odiarse por haberle mentido tan descaradamente, pero ahora, tenía todo contado.
Debía ser inteligente y administrar sus energías en algo productivo que pasarse los días en la cama de Akko añorando el tiempo que había pasado con su compañía. Al menos no la había echado de la habitación, aunque sabía que hablaba con el espejo mágico un par de veces, al hallarlo. Estaba al tanto porque, para matar el tiempo que no quería cruzarse con Sucy, Ella lo pasaba con Akko. Obviamente, decidió mantener esos "experimentos" a un costado cuando le preguntaba qué la había mantenido tan ocupada que no la visitó por unas cuantas semanas. Había encontrado en esa bruja torpe pero adorable, un consuelo diferente luego de esa silenciosa ruptura.
Sin embargo, le llamaba poderosamente la atención que Sucy no le hubiera dicho NADA sobre lo que habían tenido. Quizás porque se sentía con culpa, puesto que… No, ni siquiera, porque ella creía que era Akko y no estaba mal si se le hubiera insinuado. La situación era realmente extraña. De a ratos, a juzgar la actitud, daba a entender que esos momentos románticos y eróticos que habían vivido juntas, le significaban algo muy importante.
Observó sus uñas prolijas y reparó en un espejo, el aspecto del cuerpo de Akko. Estaba con unos cascos, mirando el techo. Ya que Sucy no quería hablarle, entonces pretendía siquiera existir para ella. Luego, se levantó de la cama, logrando que la joven que estaba en la misma habitación se ladera ligeramente su espalda para observarla. Sin embargo, Ella no pronunció palabra. Fue hacia una de las cocinas de la institución y decidió merendar sola. Llevó consigo, uno de los libros que le gustaba leer cuando estaba viva, mientras repasaba en su cabeza, todos los quehaceres de ese día.
Los profesores escaseaban en el instituto, casi todos se habían ido un tiempo a sus hogares. Mordisqueó el panqueque, había hallado un dulce especial que le encantaba, con origen en Sudamérica. Seguramente, había una bruja de Argentina. Deleitada con el sabor, se inundó en el mar de pensamientos inconexos. El café estaba caliente, casi hirviendo, pero siempre le habían gustado las bebidas de esa temperatura.
Aburrida, volvió a la habitación, puesto que afuera arreciaba y no daba aventurarse por ahí con la escoba. Lo único que faltaba era estropear aún más el cuerpo de Akko. Así que, arrastrando los pies, abrió la puerta de la habitación, para encontrarse cara a cara con esos ojos carmesíes que habían llegado hasta derretirse. El rojo inundó las mejillas y dio un par de pasos hacia atrás, titubeante. Sucy se hizo a un lado, permitiendo que entrara, sin mediar palabras.
Ella se sentía pequeña ante esa personalidad tan fría y omnipotente de la bruja. Las mejillas volvieron a hervir al notar que la chica llevaba mirándola fijamente unos cuantos segundos. Volvió a su anotador, donde seguía apuntando lo que quería hacer durante ese tiempo que tuviera el cuerpo prestado, puso al máximo volumen la música en sus auriculares y trató de sumergirse en ese mundo de las notas y letras de amor y desamor.
Estaba muy decidida a ignorarla.
Se lo merecía.
-Ella.
-¿¡SI!?
"Bien, Ella, tan servicial como siempre" Se reprendió, frunciendo el entrecejo.
-Ven. –Hizo una seña con uno de sus dedos largos, los cuales la chica siguió ciegamente. Se sentó al lado de Sucy, en la silla vacía, donde antes había miles de apuntes. Los ojos rojos penetraron los suyos, notaba más ojeras que las usuales. Probablemente no había siquiera dormido bien durante todos estos días.
No entendía por qué, cuando le dijo quién era, tan sólo se mantuvo en silencio. Hasta palabras de desprecio e ira le hubieran sentado mejor. Quizás para ella, era lo más sensato. Pero Sucy era extraña y entre sus excentricidades, se encontraba ser silenciosa como un fantasma.
-¿Qué….? ¿Qué necesitas?
-Quiero que pruebes esto.
El corazón de Ella se exaltó de emoción. Hasta parecía que esos días enteros de puro ignorarse se esfumaban en tan sólo una frase. ¿Tan enamorada podía estar de la alquimista que básicamente aceptaba lo que le diera sin siquiera preguntar antes? Lo probó, regañándose mentalmente.
El sabor era delicioso, como de frambuesa. Tomó gustosa la cucharada y de tragó. Observó a la joven que no dejaba de escrutarla, como si esperara que le saliera un tercer ojo o algo por el estilo.
-¿Qué…Qué era eso?
-Shhhh…
Sucy puso un dedo sobre sus labios, el corazón de Akko latió desesperadamente. Notó las facciones delicadas y puntiagudas de la bruja con detenimiento antes de que todo bajo sus pies, comenzara a temblar. Tomó del brazo a Sucy, intentando recobrar el sentido, pero el agarre fue suave y cayó de bruces al suelo. Tomó su cabeza, poniéndose en posición fetal, gritando de puro dolor. El corazón volvió a alborotarse, sintió que latía tan fuerte que tendría un paro cardíaco. Le faltaba el aire. Dio bocanadas en el aire, mientras intentaba volver a la normalidad. Intentó respirar, pero los pulmones no daban abasto.
Para la suma de todo este sufrimiento, sintió como si arrancaran su alma del cuerpo. Trató de observar a Sucy, quien estaba sentada en la silla, un poco preocupada. Acarició su cabello, como para darle consuelo, y finalmente, todo se puso negro.
Abrió los ojos de par en par, incorporándose y la cabeza dio contra la parte de arriba de uno de los estantes. Estaba en la cama de Sucy. Pero no sentía que este fuera el cuerpo que acostumbraba. Akko solía ser más pequeña. Observó sus manos, temblorosa y con fascinación reconoció la piel sonrosada y delicada de los Cavendish. Acarició su rostro, y de los rasgos orientales nada quedaba. Su cara redonda y ojos más grandes, mejillas rellenas además de un cabello rubio característico, le daban la pauta de que había abandonado el cuerpo de Akko para siempre.
Se abalanzó contra uno de los espejos de la habitación y observó su imagen. Dio unos pasos hacia atrás, de la pura impresión.
Era ella.
Era Ella Cavendish
-Despertaste… -Susurró Sucy, sentada en la silla, apoyada contra el escritorio.
-¿Qué…? –Dio un paso y antes de marearse, tomó el barandal de la cama. No recordaba tener tanta altura, pero sí: Ella medía aproximadamente uno ochenta. Nada que ver con el menudo cuerpo de Akko. Posó los ojos en donde ella solía dormir y sorprendida, observó el de la japonesa descansando en las almohadas de manera fina y solemne, como si estuviera sin vida.
Bajó la vista, mientras las manos ahora reconocían el cuerpo que anteriormente había sido suyo. Cuando estaba viva.
-Bienvenida.
-¿Qué has hecho?
-Te he dado un cuerpo nuevo. –Sucy tomó una libreta y comenzó a anotar con magia. -¿Cómo te sientes? –Prestó atención en hacer espacio en el escritorio. –Ven siéntate aquí.
Ella se acomodó en la mesa, casi temblando de miedo. Estaba realmente seria, como si fuera un científico loco de las películas de terror. Sintió con un sobresalto, el frío tacto de la bruja, acariciar su rostro y alzarlo hacia arriba.
-Me siento mareada.
-Bien. ¿Náuseas?
-Sí.
-¿Dolor de cabeza?
-Un poco…
Sucy desabrochó un poco su blusa, logrando que Ella le golpeara la mano para apartarla. Cubrió sus senos desnudos, el calor de las mejillas se hacía abrasador.
-¿Enserio? –Sucy alzó una ceja, escéptica.
-¿Vas a decirme a qué viene todo esto?
-Te di un reemplazo del cuerpo. Como si fuera un cascarón, para que puedas poner tu alma…
-Eso puedo notarlo. ¿Es por eso que no me hablaste todos estos días? ¿Buscabas la transmutación de cuerpos para mí?
-….Pero también, es sensible y tiene una total semejanza al cuerpo de un ser humano. –Ignoró sus preguntas, pero las mejillas se colorearon adorablemente.- Dicho en otras palabras, hasta el momento que cumplas tus deseos y vayas a donde tengas que ir, has vuelto a la vida. –Observó un brillo especial en esos ojos tan bonitos y luego volvió a su lista de investigación. -¿No es que quieres ir a Francia, Italia, el resto de Inglaterra y encontrar tu cuerpo?
-¡Oye, eso es privado!
Sucy alzó los hombros en señal de "me importa un pepino".
-Lo has dejado por ahí, no es mi culpa. Soy muy curiosa. Ahora, abre la boca. –Ella se maldijo por hacerle rápidamente caso. Notó que le ponía una de esas paletas para hacer espacio y observar el resto de la cavidad bucal. –Perfecto. No tienes ninguna malformación. –Dejó su boca y sintió ese amargor característico, además de la aspereza. Tosió, mientras ahora, alzó involuntariamente los brazos para que la alquimista siguiera revisándola. Sintió los dedos fríos en su piel y un escalofrío diferente recorrió su espina dorsal. Seguía inspeccionándola minuciosamente, mientras no frenaba de anotar con mucha conciencia. Tomó el pulso, casi en total silencio y luego, bajó un poco más por su cuerpo. Acarició la carne que respondió rápido al tacto y además al fresco que reinaba en la sala. Sin embargo, poco a poco, este hielo iba derritiéndose y Ella apenas podía comprender qué hacía abriéndole las piernas.
-¡No, eso sí que no!
Las cerró completamente y rompió el hechizo que había mantenido en vilo a sus pobres brazos adormecidos por el trato.
-Por favor, es un escrutinio ¿Nunca fuiste al ginecólogo? –Preguntó Sucy casualmente, mientras anotaba otra vez.
-Morí virgen. –Acotó con frialdad, avergonzada.
-Eso lo sé.
Ella entrecerró los ojos, mientras el rojo volvía a sus mejillas.
-¿Entonces para qué?
-Quería saber si eras fértil.
-¡Espera! ¡Esas cosas no…!
-Era para ver si podía hacer un experimento contigo.
-Me niego a cualquier cosa que tenga que ver con hormonas. –Se cruzó de brazos y Sucy la miró, divertida. –De verdad. –Aclaró.
-Ya dejas de ser tan genial. –Suspiró.
-No me chantajees…
-En fin… ¿Café?
-¿Me tendrás encerrada aquí?
-No. –La ayudó a bajarse de la mesa.
-¿Entonces?
-Estuve investigando todos los registros y al parecer siquiera apareces. No eres reconocida como estudiante en Luna Nova. Seguramente su elitismo no les habrá permitido ponerte entre sus alumnos más destacados, -Puso los ojos en blanco. – por lo que pude saber de Akko. Paris, tu amiga contó ligeramente que un día te metieron en el espejo y que tu nombre es Ella Cavendish. –Sucy le dio un par de ropas. –Por lo que, haremos lo siguiente. –La vistió con magia. –De ahora en más, quiero que finjas ser una prima lejana mía.
No podía creerlo.
-…
-Estarás aquí y estudiarás como una alumna regular, hasta que puedas cumplir todos tus propósitos.
-Pero…
-Además, podrás manejarte por los pasillos con total libertad…
-Sucy… Escucha…
-Lograrás además, visitar todos los países que quieras, puedes presentarte como una profesora, eres muy buena en la parte de herbolaría… -Hasta notaba cierto entusiasmo en su voz, como el de una niña que ha conseguido lo que tanto buscó.
-¡Sucy escúchame! –La tomó de los hombros, desesperadamente.
-¿Qué?
-No puedo quedarme mucho tiempo más.
Ella sintió que su corazón se rompía al pronunciar cada una de las palabras.
-¿Por qué?
-Necesito encontrar mi cuerpo en un tiempo determinado, antes de que terminen las vacaciones. –Ella bajó la cabeza, vista fija en el piso. –Sino, me condenarán vivir aquí para siempre. En un espejo.
-¿Quiénes?
Su labio inferior tembló y los ojos se aguaron.
-Las personas que me metieron ahí.
