Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mí y queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.


Capítulo siete.

Nos encontrábamos afuera de un edificio de tres pisos, rustico pero bien cuidado y totalmente pintoresco, era todo de piedra y las ventanas estaban enmarcadas en cuadros de madera, varias flores aun no se rendían ante el inclemente frío y le daban un toque aun más irreal, combinaba con las dos personas que venían junto a mí.

—Es muy bonito, Rose— le dije sinceramente, ella me dedicó una sonrisa adorable y se adelantó, parecía ser que el sonreír de manera irresistible era cosa de ángeles.

—Vamos dentro, hace frío y puedes resfriarte— me dieron ganas de rodarle los ojos a Ed.

De los tres yo era la más abrigada, ellos apenas llevaban unos suéteres que había encontrado en el fondo de mi armario; por el contario, yo llevaba un suéter más que ellos y una bufanda fuertemente atada a mi cuello, además de los guantes que evitaban me quedara sin un dedo, tenía la muy fina tendencia a volver mis manos en cubos de hielo en menos de dos minutos.

—Bella, nosotros no sentimos frío— me aclaró Rose, mientras abría la puerta del edificio y entrabamos a la cálida recepción, adentro estaba muy poco decorado, sólo lo justo.

—Lo suponía, pero están aparentando ser humano, ¿no? — Ambos asintieron— Los humanos se congelan si salen a las calles de Seattle en estas fechas con lo que ustedes llevan puesto.

—Descuida, Bella, después conseguiremos ropa de invierno— me aseguró Ed, con cuidado me quitó la bufanda, ahora que estábamos dentro que no había problema de que me "resfriara".

Sus dedos rozaron ligeramente mi cuello al quitarme la prenda, lo que me hizo estremecer ligeramente, pero igual se dio cuenta.

— ¿Aun tienes frío, Bella? — negué rápidamente, ocultando mi sonrojo de su vista, Rose estaba más delante de nosotros, subiendo por las escaleras, aun así pude ver una imperceptible sonrisa en su rostro, seguro había leído mis pensamientos.

Subimos los tres en silencio, estaba tratando por todos los medios de evitar pensar en el contacto de los dedos de Ed en mi cuello, con Rose cerca nada era seguro, ella se volteó a verme con los ojos medio entrecerrados, seguramente no le había gustado aquel comentario, negó con la cabeza levemente, pero no comentó nada más.

—Bien, llegamos— anunció con voz de soprano.

Nos detuvimos en la segunda planta, frente a una puerta blanca, la abrió con una de las llaves que llevaba.

El lugar era precioso, bastante más amplio que mi apartamento y mucho mejor iluminado, tenía una sala completamente tapizada, de color chocolate, la cocina, separada por una pared de la sala, un baño y dos habitaciones. Mi mente comenzó a hacer elucubraciones por sí sola, si tenía dos habitaciones, eso quería decir…

Mire instintivamente a Ed con el miedo pintado en mi rostro, ¿él se iría? ¿Viviría ahora aquí con Rosalie? ¿Dónde me dejaba eso a mí?

Él estaba contemplando los libros que se encontraban en un pequeño estante en la esquina de la sala, en cuanto sintió mi mirada se volteó hacia mí y me brindó una de esas dulces sonrisas que me hacían sentir como helado derritiéndose al sol.

— ¿Qué ocurre? — preguntó preocupado al ver mi rostro desencajado y acercándose a mí.

—Nada— dije negando y yendo hacia Rosalie, quien salía de la cocina.

—Este lugar es genial, ¿cómo lo conseguiste tan rápido? — pregunté, aparentando serenidad. Se suponía que aterrizó ayer, pensé, para que ella escuchara.

—Ed lo buscó por mí— dijo sonriendo con satisfacción, mi corazón se encogió sin saber por qué, ¿él había buscado este lugar? Así que sólo estaba esperando a que ella llegara para poder mudarse los dos, Rose me miró extrañada por mis pensamientos pero Ed comenzó a hablar antes de que pudiera decirme algo.

—Lo hice con mucho gusto, Rose, espero que te agrade y que puedas presentarte ante Emmett lo más pronto posible, leí en su mente que las cosas estaban agitándose un poco en la estación de policía— Rose hizo una mueca y yo miré asustada a Ed, ¿mi hermano estaba en peligro?

—Espero que no, estos dos días que lo dejé solo no ha estado en la estación— respondió Rose a mis pensamientos.

—Estoy seguro que está bien, Bella, es un hombre fuerte y sensato— ¿Sensato? Casi quise darle un golpe a Ed en la cabeza, Emmett tenía lo de sensato lo que yo de gimnasta olímpica, Rose me miró y asintió, estando de acuerdo conmigo, bueno, al menos ambas nos preocupábamos por el bienestar del grandulón.

—Su seguridad es más importante que mi vida misma, Bella, recuerda que soy su guardián— bajé la mirada, apenada. — Está bien, Bella, entiendo que todo esto sea un poco complicado para ti— La miré con una ceja alzada, ¿un poco? Sí, claro, pensé bufando.

—Será mejor que nos vayamos ya y te dejemos instalarte, Rose, fue bueno verte, espero que todo salga bien.

Ed colocó su mano en mi espalda baja y yo me quedé en blanco, a pesar de los dos suéteres (el abrigo me lo había quitado), podía sentir su calor emanando de su mano.

—Gracias por acompañarme, nos estaremos viendo pronto, Bella— Rose me abrazó delicadamente antes de susurrar en mi oído, mientras Ed tomaba mis cosas.

—Tu secreto está a salvo conmigo— ¿secreto? ¿Cuál secreto? La miré interrogante pero ella me lanzó una mirada misteriosa al estilo Alice, no me respondió más porque Ed ya estaba llevándome fuera del apartamento.

Bajamos en silencio las escaleras hasta el vestíbulo donde volvió a colocarme la bufanda y abrochó mi abrigo casi como un padre a una niña, sólo que yo distaba mucho de verlo como aquello.

—Pensé que te quedarías con ella— susurré muy bajo, una pequeña sonrisa adornó su cara mientras abotonaba el último botón.

—Tengo que protegerte, creo que haré un mejor trabajo si estoy cerca de ti, ¿no te parece? — su sonrisa de mil voltios parecía iluminar la calle completa.

—Eso creo. — acepté, volvió a sonreírme, como si supiera lo que le hacía a mi pobre corazón con cada una de sus sonrisas.

—Vamos, pronto comenzará a nevar, puedes resfriarte. — Este chico y sus resfriados, rodé los ojos.

—Ed, creo que no he tenido un solo resfriado desde los once años— le aclaré un poco irritada, una ligera línea se marcó en su frente.

—Sí, recuerdo ese día— dijo con voz seria—Tenías fiebre y no bajaba, estabas delirando, estuviste así por tres días y tus padres tuvieron que llevarte al hospital. — me encogí un poco, rayos, quizás no debería haber dicho eso.

Yo también lo recordaba, aunque todo me parecía medio borroso, tenía muy presente aun el rostro compungido de mi padre y Emmett, mientras Alice trataba de calmar a Renee quien no dejaba de llorar al ver que comenzaba a perder la consciencia de lo caliente que estaba.

—Bien, vamos a casa. — dije como oferta de paz.

—A casa. — declaró él por igual, sonriendo tímidamente, mientras me rodeaba protectoramente con un brazo y caminábamos por las calles frías de Seattle.


I'm back! back, back, back, back!, ¡Regresé! Sí, no me fui por mucho tiempo pero se sintió suficiente para extrañarlas, ¿ustedes me extrañaron? Espero que sí, bueno no, como sea estoy de vuelta.

¿Qué les pareció? ¿Acaso no son la cosa más adorable que se haya visto? La verdad están los dos que me los como de lo dulces que son, ¿ustedes qué opinan?

Apenas tengo tiempo para subirles este capítulo, un poco corto pero ya saben como son las cosas a veces, entre mi proyecto del trabajo, la casa y mis lecturas, apenas tengo tiempo para respirar y dormir como se debe, espero lo entiendan.

Como siempre le agradezco a: jupy, grisAliceCullenSwan, isa28, AnaMa9507, por sus maravillosos reviews siempre llenos de palabras hermosas que me animan siempre, las adoro chicas!

Tampoco podía faltar a:yisicullen25, por su alerta y favorito.

Mis lectores invisibles por supuesto no pueden faltar.

Les mando besos a todos, son los mejores, tengan un bonito jueves, An.