Advertencia: este es una historia yaoi (chicoxchico) si no te gusta este género les invito a dejar la historia.

Disclaimer: Harry Potter no me pertenece, son obra de JK. Rowling.

Nota: de aquí y mientras dure el primer año de Harry en Hogwarts para hablar de la piedra filosofal tomare diversas referencias de la serie fullmetal alchemist

OO

Capítulo 7

Harry abrió sus ojos para encontrarse en un lugar desconocido, miro a su alrededor se encontraba en una cama matrimonial con cortinas de seda color azul marino a su alrededor, del lado derecho del lugar empotrado a la pared se encontraba un amplio armario hecho en madera pulida, a la izquierda de la cama estaba una peinadora del mismo material que el del closet a juego con un cómodo escritorio que encontraba al lado una puerta, en la pared contraria de la cama estaba otra puerta, el lugar no estaba nada mal y se veía muy cómodo.

Trato de hacer memoria para saber cómo había llegado allí y poco a poco todo fue regresando a su mente, recordó que ahora se encontraba en Hogwarts, que después de la ceremonia de selección y la cena que siguió a esta fueron dirigidos a las profundidades del castillo hacia las mazmorras, donde luego de decirles la contraseña para entrar, se les mostro la sala común, el lugar era bastante frio, iluminado por lámparas de techo color verde, con sillones de cuero negro cercanos a una gran chimenea donde apenas quedaban unas brazas al rojo vivo, sillas y mesas de madera tallada cubiertas de elaborados manteles, ese lugar derrochaba elegancia mostrando el hecho de que los Slytherin estaban acostumbrados solo a lo mejor.

Luego de un "explicativo discurso" les indicaron en donde estaban las habitaciones, cada uno tendría su propia habitación, las de las niñas estaban en el lado derecho y las de los niños del lado izquierdo, seguidamente cada quien se dirigió a su respectivo cuarto y él después de haber acomodado todo en su lugar y habiéndose dado un relajante baño cayó dormido rápidamente.

Lentamente se incorporó y se dirigió al baño este tenía baldosas aguamarina en un tono muy suave, una regadera y una gran tina de mármol blanco. Tras haberse acomodado, salió de su habitación a un pasillo de piedra con varias puertas, junto a estas una antorcha que iluminaba el oscuro espacio, dirigió sus pasos a donde recordaba se encontraba la sala común dándose cuenta de que era muy temprano, aún nadie salía de sus habitaciones para comenzar el día y no quería esperar a que todos se despertaran para poder salir de las mazmorras.

Él deseaba recorrer los amplios pasillos y los diferentes lugares que conformaban aquella poderosa estructura y con esa resolución –y sin nadie que lo detuviera- decidió salir a caminar por el castillo a conocerlo.

Salió de la sala común y se encamino por largo rato a través del laberinto de pasillos y escaleras fuera de las mazmorras, Hogwarts era increíble, toda una fortaleza, con escaleras, algunas amplias y despejadas, otras estrechas y destartaladas, algunas de estas se movían y trasladaban de un lado a otro a voluntad propia.

También, había puertas que no se abrían, a menos que uno lo pidiera con amabilidad, era muy difícil recordar dónde estaba todo, ya que parecía que las cosas cambiaban de lugar continuamente. En una de estas, las escaleras se movieron y tuvo que hacer equilibrio para no caerse en el proceso, algo desorientado termino en un corredor oscuro precariamente iluminado donde al final del lado derecho de este se encontraba una puerta.

El ojiesmeralda curioso miro a su alrededor, según su cuenta –si en verdad no estaba perdido- ese era el tercer piso, en pocas palabras el pasillo donde, según el director, podías tener una muerte aterradora. Una sonrisa se formó en los labios del menor y de manera emocionada camino por el pasillo observando todo, no vio ni sintió nada potencialmente peligroso que respaldara lo dicho por el anciano de barba blanca, llego al final y sin pensárselo dos veces se asomó por la única puerta a lo largo del pasillo esperando que allí estuviera eso tan peligroso y lo que encontró ahí fue un imponente perro de tres cabezas que le hizo recordar de los cuentos griegos a cerberos el guardián de Hades, era hermoso, sedoso pelaje marrón como sus ojos y un cuerpo enorme, filosos colmillos que relucían amenazantes, Harry no pudo contenerse y alegre cual niño pequeño cuando le dan un regalo se acercó al perro, ese tipo de criaturas eran su debilidad.

La enorme criatura al verlo se alzó amenazante para luego de una mirada y olfatear un poco el ambiente inclinara la parte delantera de su cuerpo de manera juguetona exponiendo la lengua y moviendo la cola feliz.

-Que buen chico, ¿tú eres el gran peligro de este pasillo?- pregunto incrédulo acariciando de una en una sus cabezas, mientras este jadeaba contento.

-¿Qué haces perdiendo el tiempo con ese cerberos mocoso? no creas que dejaremos las practicas solo porque estas en este lugar- dijo Mortem saliendo del cuello de su camisa.

Al sentir la presencia de la serpiente el imponente perro de tres cabeza gruño y se retiró a una esquina mirando cautelosamente al animal, Harry se trató de acercar nuevamente a él, pero los gruñidos aumentaron y un amenazador ladrido salió de la criatura; cruzando los brazos enojado el de cabello negro con puntas rojas miro a la seseante serpiente.

-Mortem, lo asustaste ¿no podías esperar que saliera de aquí para molestar?

-A quien llamas molesto mocoso-exclamo ofendido- deberías de estar agradecido de que alguien tan maravilloso como yo esté dispuesto a dedicarte tiempo.

-Bien, bien- dijo suspirando, seguro que ya era tarde y Mortem quería explicarle algo antes de que entrara a clases- ¿Qué vamos a hacer hoy?

-Jum, yo molesto- murmuraba la oscura serpiente enojada- te unirás a la magia del castillo…

-Eso es fácil.

-¡No me interrumpas!, como iba diciéndote unirás a la magia del castillo y quiero que averigües que se esconde en este lugar, es decir lo que está cuidando este sarnoso.

Movido nuevamente por la curiosidad Harry miro la estancia, esta era lo suficientemente grande para darle movilidad al cerbero y como al parecer todo el castillo apenas estaba iluminado por dos antorchas que daban un poco de luz al lugar, se percató de la portezuela que se encontraba en el suelo.

Se acercó a la puerta que cuidaba el cerbero, y se sentó sobre esta, el cerbero lo miraba desde la esquina con contradicción deseando acercársele, pero con recelo hacia la oscura criatura que se encontraba sobre los hombros de este. El ojiesmeralda guiado por las indicaciones de Mortem cerro sus ojos dio un suspiro y se preguntó que sería tan importante como para que el de ojos plateados le pidiera que lo investigara, a los pocos segundos entro en un estado de serenidad que le permitió conectarse con Hogwarts y mirar a través de ella, como hacer un viaje astral y siendo muy útil cuando deseaba espi… observar a alguien sin que se diera cuenta, por lo general se conectaba con la esencia de la muerte que se encontraba presente en todos lados, pero el hacerlo con ese lugar le resulto igual de fácil.

Observo intrigado las trampas mágicas que había debajo de donde se encontraba, además de lo que parecía ser una piedra con una increíble concentración de magia en su estado más puro, era un poder que guardaba la capacidad de crear y... Harry sintió un horrible escalofrió, en esa piedra se hallaban encerradas millones de almas, las cuales se trataban de aferrar a la conciencia del menor, pidiendo a gritos ayuda provocando un dolor penetrante a sí mismo. Como pudo el ojiesmeralda se libró de ellas y regreso a su cuerpo, podía sentir las lágrimas bajar de sus ojos y la pena de esas pobres almas desgraciadas dentro de su cuerpo.

-¿Q-que fue eso? ¿Qué era esa cosa?-pregunto con un ligero temblor en su voz.

-¿Lo disfrutaste?- pregunto Mortem con malicia y al ver al menor negar sonrió satisfecho para luego tomar un semblante más serio- esa es una muestra de hasta donde es capaz de llegar los humanos para obtener el poder, no espere encontrarla aquí, pero es tu deber averiguar que es… después puedes hacer lo que desees con ella- dijo y sin una palabra más al igual que como apareció desapareció dentro de los pliegues de la camisa del menor.

-Maldita serpiente- murmuro Harry rodeándose con sus brazos abrazándose el mismo, de la emoción con la que comenzó el día ya no quedaba nada, la tristeza y el dolor de esas almas se había impregnado en su piel. El cerbero se acercó a él gimiendo compasivamente sintiendo su dolor, rozando su cabeza contra el ojiesmeralda reconfortándolo.

Minutos después dejo al cerberos y se dirigió a otro lugar, no prestaba atención de a donde se dirigía y esta vez las escaleras lo llevaron a lo que parecía ser una de las torres, estuvo caminado por largo tiempo sin un rumbo fijo, tenía hambre, estaba deprimido y encima al parecer estaba perdido, ¡perfecto!... maldita serpiente.

Trato de llegar al gran salón, camino por donde recordaba haber pasado, giro a la izquierda y luego a la derecha y luego… ¿Cuál era el pasillo? Frunció el ceño, lo peor era que no había nadie por donde él se encontraba. Algo frustrado se sentó en una saliente de una ventana, distraídamente acaricio la gargantilla en su cuello, algo que hacia cada vez que necesitaba calmarse.

Poco tiempo después de que el menor se sentara se escucharon unos pasos acercarse en su dirección, haciendo eco en el silencio del pasillo.

-Bueno, bueno ¿Qué tenemos aquí Feorge?

-No se Gred, pero me parece que una pequeña serpiente ha invadido nuestro territorio…

Harry levanto la mirada al oírlos.

Ambos pelirrojos eran algo pecosos, de contextura delgada, altos, con brillantes ojos azul y pertenecientes a la casa de Gryffindor; eran idénticos y podrían confundirse uno con el otro si no fuera por esa pequeña diferencia que tenían el azul de sus ojos, aquel que llamaron Feorge tenía los ojos un poco más oscuros que Gred.

Fred y George al instante pudieron notar que la pequeña serpiente estaba decaída pues este no hacía nada para ocultarlo o disimularlo, esto los decepciono un poco, ellos estaban hay especialmente para encontrarse con el pequeño lanzado y orgulloso que se confronto a la matriarca Weasley… pero quien estaba frente a ellos no parecía la misma persona.

-Parece que nuestro príncipe se ha convertido en una damisela en apuros- menciono uno de ellos en un tono jovial.

-Dinos pequeña damisela que os aqueja- pregunto el otro, los dos haciendo una reverencia burlona ante el ojiesmeralda.

-Oh mis caballeros rojos de doradas armaduras- dijo Harry haciendo alusión a los colores que representaban la casa de los leones- agradezco vuestro interés, pero lamento que no pueda contaros el motivo de mis desdichas, aunque he de informaros que su sola presencia contribuye a que la alegría regrese a mi dolido corazón- y era verdad, el menor estaba satisfecho de ver a ese par de pelirrojos.

-Dinos viborita

-¿Qué haces aquí? –preguntaron, sentándose a cada lado de él poniéndose a su nivel, al ver que efectivamente el cuerpo del menor se relajó y esa aura de melancolía desaparecía de su rostro.

¿Era posible cambiar tan rápido de una emoción a otra?

-Me perdí- fue la simple respuesta, siendo que esa era la pura verdad.

Los gemelos se miraron de reojo en una muda conversación, era raro ver a un Slytherin ser tan sincero, otro simplemente los hubiera mandado a la mierda o hubiera intentado ocultar ese hecho buscando una forma de que lo ayudaran sin tener que parecer… "débil".

-¿Te perdiste?...

-Sip y ahora me estoy muriendo de hambre… y supongo que ya debe ser muy tarde como para que me dé tiempo de comer algo, además que debo conseguir mi horario, ¿serían tan amable mis caballeros de llevarme al gran salón?

-Sera todo un placer bella damisela…

-Fred y George a tus servicios- dijeron ambos mientras le ofrecían sus manos al menor de manera galante.

Harry las tomo con gusto, bajando de la ventana.

-Y díganme ¿ya se hicieron a la idea de que me pertenecen?

O~O

Maldición, maldición, jodido mocoso, cuando lo encuentre lo hare puré, estos pensamientos se repetían una y otra vez en la mente de un joven de unos dieciséis años, de cabello castaño, alto y de ojos marrones el cual caminaba de un lado a otro buscando en cada aula, pasillo o lugar donde se pudiera esconder un niño de once años.

Toda su búsqueda comenzó desde que al pasar la lista de los de primer año el mocoso Potter no se encontraba por ningún lado, al principio creyó que se había quedado dormido, pero en su cuarto no estaba y en la sala común no se podía esconder, por lo tanto él como prefecto que era se dio a la penosa tarea de ir a buscar al menor mientras su compañera se dirigía junto a los demás al gran salón.

Ya casi terminaba la hora del desayuno y aun no lo encontraba, a él no le importaba el destino del niño después de todo sus padres fueron mortifagos, por lo tanto enemigos del niño que vivió, pero tampoco quería ver el enojo en los ojos de su jefe de casa de solo pensarlo le daba escalofrió, el profesor Snape era alguien con quien se debía andar con cuidado. Doblo en una esquina y escucho algunas voces a lo lejos ¿sería él? Se acercó sigilosamente y se ocultó detrás de una columna, a unos pasos más adelante se encontraba Potter junto a los gemelos bromistas de Gryffindor, agudizo sus oídos para saber de qué hablaban.

-… pertenecen?

El espía escucho a los gemelos reír y una expresión predadora apareció en sus rostros, una que le hizo recordar a su padre cuando planeaba destruir a alguien.

-Pero que damisela más directa...

-Dinos ¿Qué nos ofreces?

-Lo mismo que le ofrecí a Hermione les prometo dos cosas, protección y poder, a cambio solo pido lealtad.

-Tentadora oferta, ¿pero qué tal si nos negamos?

-Lamentablemente no tienen opción- oyó decir al menor y algo en su tono era autoritario, cargado de tal convicción que hasta él tuvo la certeza de que en verdad no había elección- al final, aunque no lo deseen serán míos, aunque tanto ustedes como yo sabemos que esta adorable damisela les ofrece algo que ustedes desean.

Vio la duda en las facciones de los Weasley.

-… ¿Y eso sería?

-Libertad.

OO

¡Gracias a todos los que comentaron y a los que siguen la historia!