Capitulo 6

Hacía ya un par de semanas que había llegado el mes de Octubre. La ciudad se volvió muy fría, como si estuvieran en algún país del norte. Con todo, en ese momento, Luffy dormía en el pasillo fuera de la casa.

Era la mejor opción, Eustass le echó del sofá de madrugada, la bañera le gustaba más bien poco, la cocina no estaba muy limpia y los cuartos... a menos que le invitaran eran terreno vallado.

Le despertó la vibración el móvil. Ya hacía bastante que no esperaba llamada de alguien de su antigua vida, aún así reaccionó deprisa para cogerlo.

-¿Diga?

-¿Luffy?

-A.. Abuelo... ¿Qué pasa?

Una vecina pasó delante suya lanzándole una mirada de entre recelo y asco. Sería mejor que entrara de nuevo en la casa o al final alguien llamaría a la policía denunciando que un indigente estaba durmiendo dentro del bloque.

-Eso debería decírtelo yo – hablaba mientras Luffy entraba en el apartamento con la manta al hombro. No había nadie en el salón-. Hace mucho que no hablamos ¿Cómo te va?

-Me va... bien.

-Me alegro, aunque no es eso por lo que te llamo. ¿Has decidido ya que vas hacer con tu vida?

-¿De qué?

-¿Has pensado si vas a estudiar? ¿Has encontrado trabajo?

Le costó contestar.

-No.

-Ya veo... Mira Luffy, no me siento del todo a gusto haciéndote esto, pero ya no te voy a pasar más dinero.

Se quedó en blanco.

-Te dejé ir a la ciudad porque pensé que así te centrarías en algo o encontrarías una vocación... Me consta que ha sido todo lo contrario. Creo que te has desviado demasiado y no tomas conciencia de que no voy ha estar siempre para mantenerte -tomo aire-. Si me pides dinero te lo daré, pero solo para que cojas el tren bala de vuelta a casa. Piénsatelo, tal vez la ciudad es demasiado grande para ti y eso hace que te despistes.

Luffy no dijo nada.

-¿Sigues ahí?

-Si, sigo...


-Pues te largas -esa fue la gran respuesta de Eustass cuando le comentó a Law y a él que no le iban a pasar más dinero-. No pongas esa cara de chucho apaleado, aquí no vas a estar de gorra.

-Basta con que te saques cualquier trabajo- habló Law-. El alquiler son quinientos euros, no es caro.

-Vivimos en un pozo -objetó el pelirrojo-. Para ser un pozo es caro.

-Está también la luz y el agua -continuó-. Pero aún así pagamos entre trés. Las cosas económicamente están mal pero tampoco debería serte demasiado difícil encontrar al menos un par de sitios que te paguen la mitad de todo. Puedes incluso ser afortunado, como Eustass, y encontrar un solo sitio donde te paguen la cuota entera.

-Me pagan eso porque hago turno de noche capullo.


Sin más opciones a las que acudir, no le quedó más remedio que buscar trabajo, pero esta vez no fue como la primera. Cuando llegó a la ciudad el buscar trabajo era una opción, una manera de matar ese tiempo en el que se quedaba solo, ahora era una necesidad. A pesar de todo, de el empeño, de la voluntad y las frustraciones por que no lo echaran del piso, el resultado fue el mismo. No había nada para él.

Una semana entera pasó así, no hubo resultado alguno. Lo peor era que por más que se lo explicara a sus compañeros de piso la única respuesta que recibía era:

-Pues te largas.

Así entró en un estado de amargura y depresión mezclado con una voluntad eléctrica que lo hacía no rendirse aún con toda esperanza evaporada.

Su estado mezclado era más depresivo que optimista cuando, una tarde después de otro día de reiteradas negativas, llegó a su calle. Estaba a punto de desfallecer, todo lo que quería era tirarse en un rincón y olvidar por unos momentos que el mundo era mundo.

Entonces sucedió un milagro.


En la calle de Los Francotiradores había una pequeña tienda de alimentos llevado por una madre y su hijo, todo el mundo de los alrededores lo conocía y todo el mundo iba allí porque, no solo era barato, sino que además la particular familia se habían ganado el apodo de honrados.

El hijo llevaba la tienda en ese momento, pero acababa de llegar de la universidad, por lo que su vigilancia era un poco obstruida por el cansancio que tenía, y se le añadía al echo de que estaba haciendo unos ejercicios sobre el mostrador. Su cara estaba apunto de caer sobre estos cuando oyó un golpe.

Giró los ojos, encontrando tras el cristal de la tienda una cara deformada completamente pegada a este. Pegó un grito a la vez que se caía para atrás.

-¡Usopp! ¡Que pasa! ¿¡Porqué gritas!? -salió la madre de la puerta que estaba tras el mostrador.

-Un... un monstruo.

-¿Un monstruo?

La madre entonces se fijó en el suelo, donde había un chico arrodillado como si estuviera rezando a la meca.

-Por favor. Contratemé.

-¿Qué?

El chico levantó la cabeza, estaba llorando desconsoladamente. Se arrastró hasta agarrarse a la piernas de la mujer.

-¡Kyaa!

-¡Por favor! ¡He visto el cartel en el cristal! ¡Necesito el dinero o si no no podré estar Law!

-¡Aléjate de mi madre o sufrirás las consecuencias -le amenazó el hijo con una escoba, aunque su voz y su cuerpo temblaban descaradamente.


De una manera o de otra la situación se normalizó y Luffy pudo explicarles mejor, sin entrar en demasiados detalles, la situación a madre e hijo, y de paso a las largas narices que tenían los dos, sin dejar de lloriquear y comiéndose una bolsa de patatas fritas que le habían ofrecido.

-Así que te echan del piso si no pagas -dijo el hijo, Usopp.

-Snif... snif...

-Pobre niño- se compadeció la madre-. La verdad me gustaría ayudarte pero lo que te puedo pagar es solo la cantidad justa que necesitas.

-¿¡De verdad!? ¡Muchas gracias señora!

-¿Que de verdad te conformas?

-¡Si! -dijo feliz-. ¡Es más lo que esperaba! Con eso podré quedarme.

La buena mujer cada vez se emocionaba más.

-Mamá ¿Estas llorando?

-Calla niño -se volvió a Luffy-. De verdad, me gustaría poder pagarte un sueldo decente. Pero mi hijo Usopp está en la universidad. Ni tan siquiera puedo permitirme otro dependiente que me ayude por la tarde.

-Ah, yo creía que me contrataba para todo el día.

-De verdad me gustaría, pero a lo máximo puedo pagarte cien euros más.

-¡Cien euros más! ¡Con eso además podré comer bien! ¡Muchas gracias señora!

-¡Mamá! ¡Deja de llorar!

-Es que parece un chico tan bueno...

-¿Y si nos está engañando?

-¿Engañar de qué Usopp? No entiendo como puedes ser tan desconfiado.

-¡En el barrio que vivimos o se es desconfiado o no se vive!

-Anda niño.

-¡Jajaja! -rió Luffy-. ¡Que familia más divertida!

-¡Ni que fuéramos un dúo cómico para que te rías!


Law leía tranquilamente cuando la puerta de la calle se abrió.

-¡Hola a todo el mundo! -entró Luffy alegremente.

-¡Cierra el puto pico parásito!- se oyó desde la habitación cerrada del pelirrojo.

Luffy quedó mirando la puerta, pero seguidamente decidió pasar. Miró hacia el sofá y sonrió.

-He encontrado trabajo.

-¿Ah, si? -no apartó la vista del libro.

-Si, en el supermercado de al final de la calle. La señora es muy amable. Me ha regalado todo esto ¿sabes? -levantó dos bolsas de plástico llenas de alimentos-. Voy hacerme un bocata, me muero de hambre. ¿Quieres uno?

-No, gracias, no me gusta el pan.

En ese momento Luffy recordó a la vez que pensaba. No había deparado en ello hasta ese instante pero era verdad que nunca le había visto comiendo pan. Carcajeó.

-Que raro eres. ¿Cómo no te puede gustar el pan?

Esta vez Law si le miró.

-Vienes hoy muy alegre.

Ese comentario le cohibió, la apartó la mirad y dejó las bolsas sobre la mesa. Aún sonreía.

-Bueno es que... han pasado muchas cosas. Y sobre todo, desde que vine a vivir aquí me sentí un poco de acogida. ¡Pero ahora pagaré mi derecho a estar aquí con mi propio dinero de mi propio trabajo!

-¡Que te calles!- volvió a gritar Eustass, Luffy lo ignoró completamente.

-Además ya es una razón para quedarme aquí en la ciudad. Es como si me estuviera centrando.

-Ya veo.

El más joven deparó en el libro del otro.

-¿Qué estas leyendo?

-Un libro de medicina.

-¿Y está bonito? ¿Tiene buena trama?

-Es solo un libro de medicina. Está en una de las bibliografías que me han dado.

-Ah -se sentó en el suelo al lado del sofá donde el otro leía-. ¿En que año de medicina estás?

Law miró de reojo a Luffy. Realmente estaba raro. Aunque claro, Law solo había conocido al Luffy afligido.

-Estoy en cuarto.

-Anda, así que el curso que viene ya terminas.

-Si.

-¿Y serás un médico a secas?

-Me interesa más la cardiología.

-Mmm... oye Law, tú no trabajas ¿no?

-No.

-Entonces como pagas la matrícula.

-Tengo mis ahorros.

-Ah... ¿De qué?

-No te ibas a hacer un bocadillo -el tono fue de sutil molestia.

-¡Ah! ¡Es verdad! ¡Voy hacérmelo!

-¡Ya está bien!- Salió Eustass abriendo la puerta de una patada-. ¡Estoy hasta las putas narices de tus gritos! ¿¡No ves que no puedo dormir!?

-Son las siete de la tarde -le contestó el joven con un careto que decía que se la rempamplinfaba-. Tampoco es para que sigas durmiendo.

-¡Que tengo turno de noche! ¿¡Te crees que puedo ir a trabajar sin bajar las veinticuatro cervezas de la mañana, niñato de mierda!?

-Pues no bebas.

-Te estas ganado un poyazo en la boca -dijo con ira contenida.

Eustass deparó en las dos bolsas.

-¡Y esto? Pero si no había que hacer la compra. ¿Que hacen estas bolsas aquí?

-Son un regalo.

-¿Un regalo? A ti quien te va hacer un regalo ¿Tu exnobio desesperado? Bueno, es igual. ¿Hay cerveza?

Antes de que el pelirrojo pudiera investigar Luffy ya había cogido las dos bolsas apartándolas de él.

-No son para ti. Son mías, y en todo caso el único que tiene derecho es Law.

-¿¡Qué!? Niñato de mierda, aun no te das cuenta de que no me hace falta ni media mano para partirte la cara.

-Mejor centraté en que se te pase la cerveza, no te vayan a echar por borracho de tu trabajo y no puedas pagar el alquiler -le dijo con burla.

Esa vez, Eustass, no contestó, fue directamente a romperle la cara, pero Luffy estuvo más preparado y salió corriendo hacia la cocina donde se encerró.

-¡Abre! ¡Abre que te rompo la cara! -intentaba abrir por la fuerza entre puñetazos y patadas.

-¡No pienso abrir!

-¿¡Y que vas hacer si no!? ¡No puedes quedarte ahí toda la vida!

-¡Tengo comida!

-¿¡Y donde cagas y meas!? ¿¡En un vaso!?

-¡Por la ventana!

-¡Puaj! Que asqueroso.

Eustass se giró hacia Law. Se extrañó, su compañero seguí leyendo indiferente, pero creyó ver algo...

-¿Te estabas riendo?

-¿Que dices? -preguntó como si no hubiese estado presente en mucho rato.

-Nada...


Usopp faltó a la universidad el primer día de trabajo de Luffy para así poder explicarle al novato como iba la tienda. En un principio, el chico de la nariz larga, no pensó que fuese dificil... en un principio.

Poco se podía decir de un Luffy con su característica torpeza y además en una tienda de alimentos.

Así el primer día pasó volando.

-Ains...- se sentó Usopp en la silla tras el mostrado-. Me agotas... ¿Cómo no puedes ni entender lo más simple? Solo espero que a partir de mañana te las puedas apañar tú.

-Bah, no te preocupes, que yo controlo -decía comiendo patatas fritas de una bolsa.

-¡Y deja de zamparte todo lo que hay!

-¡Es que no lo puedo evitar!

-¡Pues empieza a evitarlo porque lo próximo te lo rebajaré del sueldo?

-¿¡Pero que dices!? -puso una cara caricaturésticamente alarmada-. Vale -se calmó-. Ya no como más.

Seguidamente cerró la bolsa con una pinza y se la ofreció al otro.

-Toma.

-¿¡Te crees que eso puedo venderlo!? ¡Ahora te lo comes!

-Pero entonces ¿como o no como? ¡Me estás liando!

-¡Tú me estas liando a mi!

-Usopp- sonaron tres voces a modo de saludo.

Los dos miraron hacia la puerta, donde había tres niños que entre peinados y forma de la cabeza recordaban a una cebolla, un pimiento y una zanahoria.

-Ah, hola chicos ¿Cómo os va?

-Eso venimos a preguntarte a ti -dijo el niño pimiento- ¿Qué tal en la universidad?

-Uff, bastante duro muchachos. Y aún estoy empezando el curso. Apenas tengo tiempo para nada. Eso si. He terminado el capitulo de esta semana.

-Bien, eso es lo que queríamos.

-Ya lo sabía yo.

Usopp sacó un un manojo de folios dibujados y se lo entregó al niño zanahoria.

-Ahí lo tenéis, que los disfrutes.

-¡Bien! ¡Gracias Usopp!

Y se fueron los tres tan campantes.

-Son niños del barrio- le explicó a Luffy-. Venían mucho por aquí y les cogí cariño – apoyó la barbilla en su mano con gesto de interesante-. A la vez que ellos me admiraban incondicionalmente.

-Ah -se hurgaba la nariz.

-¡No hagas eso tío guarro!

-¿Y qué les has dado?

-Ah... bueno, me da un poco de vergüenza... Es un cómic hecho por mi. Aunque dibujo más allá de lo normal a los niños les encantan mis historias.

-Ya veo -sonrió-. Y por eso te has metido en la carrera de cómic ¿verdad?

-No existe tal carrera -le corrigió con los ojos entrecerrados. Suspiró-. Estoy en bellas artes.

"Bellas artes". No pudo evitar acordarse del peliverde.

-¿Qué te pasa? Te has puesto muy serio.

-Nada, solo qué... ¿En tu clase hay un chico llamado Zoro Roronoa?

-Pues... no sé, somos unos sesenta.

-Tiene el pelo verde.

-¿El pelo verde? Es alternativillo ¿verdad? Bueno... hay uno con las puntas verdes.

-No, ese no es, Zoro es totalemtne verde. Y no es "alternativillo".

-Entonces no. Al menos en mi clase. Tal vez esté en el turno de tarde.

-Si, tal vez.


Al final, Luffy, aunque tardó un poco, se hizo bien en su ambiente de trabajo. Lo más duro era el no comer, por eso su hora favorita es cuando podía subir a piso a alimentarse.

Por otro lado, la madre se Usopp, Bachina, era muy amable, y con su chico narizotas se llevaba muy bien, le hacía mucha gracia, además, le encantaban sus historias, tanto que él también se había enganchado al cómic que dibujaba en sus ratos libres. Tampoco fue muy difícil suscitar su interés porque el dicho cómic iba de un superheroe llamado Sogeking, y a Luffy le encantaban los superheroes.

-¿No eres ya mayorcito para cómics?

Levantó la mirada, era Eustass, con su cara de mosqueo, como siempre.

-¿Que haces aquí?

-¿Que voy hacer? - puso dos pares de cajas, cada una con seis latas de cerveza, en el mostrador-. Comprar.

Luffy, dejó a un lado el cómic para cobrarle.

-Vaya, Eustass- entro Bachina, su trabajo le permitía conocer a todas las personas de los alrededores-. ¿Vas hacer otra fiesta?

-Algo así, señora.

-Consigo mismo porque es un borracho.-murmuró Luffy mientras Bachina se iba a ordenar unos estantes.

-Si tan poco te gusta lo que bebo -el pelirrojo le había oído perfectamente-. Vuelve a casa con tu jodido novio impotente a que te haga el "amor". Aunque algo me dice que buscarás un buen polvo como la primera vez. ¿Qué? ¿Por qué me miras así? ¿Te molesta que te diga como eres? Anda, date prisa, estas tardando demasiado en cobrarme.

La transacción se terminó cuando le dio las cajas repartidas en dos bolsas de plástico. El pelirrojo se iba a ir, pero tuvo que parar, y lo hizo en seco. Había alguien en la entrada.

Luffy lo observó. Era un hombre joven, pero se notaba que era bastante más mayor que Eustass. Alto, rubio, con gafas de sol a pesar del nublado.

Era un hombre raro, pensó Luffy, pero lo raro de verdad era Eustass. No estaba como siempre, se había quedado de piedra.

-Hola Eustass, te he visto desde fuera y... ya que he subido al piso a saludar a Law, me parecía de mala educación no saludarte a ti.

-Ya -fue la única respuesta del pelirrojo. Sonaba como si en su interior estuviera intentando contener a un monstruo.

-Veo que sigues en tu misma linea con la bebida.

-Es mi problema.

-Lo sé. Pero debes pensar en Law, seguro que se pone muy triste si la palmas.

Eustass no siguió hablando, solo manteniendo una mirada de enfrentamiento, el otro siguió sonriendo como si no se diera cuenta, y la sonrisa no era para nada agradable.

-Bueno, ya nos veremos otro día. Un placer verte.

El hombre se fue. Pasaron unos segundos en que todo se quedó quieto. Entonces Eustass soltó las bolsas y salió corriendo en dirección al piso.

Luffy no entendió nada, nada salvo una cosa. Algo había pasado con Law. Se dio a la carrera tras el pelirrojo.

Al poco llegaron al portal. Eustass subió a rápidas zancadas las escaleras, seguido por Luffy. Y llegaron al piso.

Eustass tomó aliento frente a la puerta y la abrió, pasando detrás suya el otro.

El piso siempre había estado mal, pero nada comparado a como estaba en ese momento. Era como si hubiese habido una gran pelea. Y en el centro de todo estaba Law, dándoles la espalda y cruzado de brazos.

-Le he visto ¿Qué ha pasado?

-No ha pasado nada.

-No me mientas.- le puso la mano en al hombro a la vez que se colocaba delante suya.

-No te miento.- apartó la mirada hacia abajo, nervioso-. No me ha tocado. Este estropicio lo he echo yo solo.

Luffy se fijó en como, todo el cuerpo de Law, temblaba.

Eustass miró a Luffy y le echó una mirada de odio.

-¿Qué haces aquí? Vete a trabajar.

-Pero yo...

-¡Que te largues!

Le echó a empujones del piso y cerró con un portazo. Sé quedo allí, traspuesto, preocupado, y sin entender nada.

Continuará...

Notas Finales: Bueno, esta capitulo ha sido más animado y optimista... hasta cierto punto.

¡Ha salido Usopp! La verdad, esto se me ha ocurrido hace poco. Luffy tenía que tener trabajo, pero todavía no tenía claro de qué ni con quien. Y pensé en Usopp, que es uno de mis favoritos.

En la versión de Zoro pensé en usarlo, pero al final no cuajó, mejor, porque aquí veo que ha quedado estupendamente.