Cuando a mitad de pasillo lo ha visto corriendo hacia él, no ha podido evitar sonreír y abrir sus brazos, apretarlo contra su cuerpo y cerrar los ojos. Hacía tanto que no lo tenía así... Pero el pequeño no aguanta mucho más y a los pocos segundos está pidiendo que lo baje al suelo.
—Hola Harry —le dice con una sonrisa—, Hermione está malita.
—Ya lo sé peque.
Se queda mirándolo unos segundos, porque hace mucho que no lo ve y porque quiere prolongar lo máximo posible mirar a la otra persona que hay allí con él. Ambos evitan hacerlo y se sientan en sillas separadas. El niño se queda en medio y mira a uno y a otro con mucha ilusión.
—Bueno, ahora que sabemos que está bien, lo mejor será que nosotros nos vayamos —dice Draco varios minutos después.
—Pero yo quiero jugar con Harry –le corta el pequeño haciendo un puchero.
—Ya, pero Harry no quiere. Vámonos.
El susodicho se levanta molesto.
—Preferiría que no le dijeras eso.
—¿Ah no? —resopla irónico—, ¿le digo que ya no estás porque estás de "misión súper secreta"?
—No sé, quizás podrías probar, por ejemplo, diciéndole la verdad.
Draco vuelve a resoplar dándose paciencia mentalmente y se atreve a mirarlo por primera vez.
—¿Qué le diga la verdad? ¿Por qué no se la dices tú? Díselo; que no quieres jugar con él porque no puedes estar más de dos días sin jugar y has buscado alguien más con quien hacerlo.
Harry frunce el ceño y lo mira estupefacto.
—¿Pero qué demonios estás diciendo? Lárgate a tu mansión a revolcarte en tu oro con tus amigos sangre pura y déjame en paz. Bastante te has reído de mí ya.
—¿Que yo me he reído de ti? ¿¡Yo!? —grita—, no he sido yo el que se ha… —antes de seguir hablando mira a Scorpius y lanza un hechizo de confidencialidad sobre ambos—. No he sido yo el que se ha acostado con medio mundo mágico en menos de un mes y los ha paseado por todas las revistas.
—¡Esto es el colmo! ¿Qué pretendías entonces? ¿¡Qué querías!? ¿Qué me quedara encerrado en mi casa como un gilipollas?
—No, el gilipollas he sido yo, definitivamente. Por pensar que podías estar más de una semana entera sin follar. Y claro, te tiras al primero que se ofrece voluntario.
—¿De qué demonios va todo esto? —le pregunta verdaderamente confuso—. Te largas y encima…
—Yo no me largué —le responde cortándole totalmente indignado—, Pansy te explicó por qué no podía salir de la mansión hasta que pasaran veintiún días.
—Tu amiga Pansy lo único que me dijo era que ahora que no me necesitabas porque tenías tu oro, me mandabas a la mierda y no querías volver a saber nada más de mí. Con otras palabras, pero eso básicamente.
—Eso es imposible —le responde él.
—¿Quieres ver el recuerdo?
Draco se toca las sienes y Harry se da cuenta de que le tiembla la mano.
—Vamos —tartamudea—, vamos a calmarnos un poco.
Antes de que el auror pueda decir algo más, el rubio alza la mano para callarlo, al momento se sienta en una silla un poco alejada y agacha la cabeza durante unos instantes. Harry quiere acercarse pero ahora está demasiado confuso como para saber qué es lo apropiado, así que se queda allí sin moverse.
No sabe cómo, pero varios minutos después Blaise Zabini aparece en el hospital, cuando pasa por su lado le lanza una mirada de rencor y busca a Draco con los ojos. En cuanto lo encuentra se sienta a su lado, pero este le agarra de un brazo y lo lleva ante el mismo Harry.
—¿Que está pasando? —pregunta el recién llegado—, ¿por qué estás aquí con él? –dice mirando a Harry de arriba abajo.
—Tenemos que hablar los tres —sentencia el rubio—, Blaise, ¿me harías el favor de explicarle a Harry lo que dije a Pansy que tenía que explicarle el día que fue a recoger a Scorpius?
—No sé por qué debería...
—Por favor —le interrumpe el rubio.
—Está bien —se resigna—. Que Draco tenía que estar veintiún días sin salir de Malfoy Manor. Tres días por cada generación Malfoy. No podía salir y nadie con menos de cinco generaciones de sangre mágica podía entrar en la mansión. El día que Pansy fue a por Scorpius era porque tú no podías traerlo, solo ella de nuestros amigos podía pasar, porque era la única con suficiente linaje. Una vez terminado el proceso de cambio de patriarca, él puede cambiar las protecciones a placer, que es lo que ha hecho para que los demás podamos visitarle —recita mientras que mira a Draco confuso.
—Te mandé un montón de lechuzas —le acusa Harry.
—No seas tonto, Potter —responde Blaise—, ni lechuzas, ni memorandums... nada que no venga con cinco generaciones mágicas puede pasar las protecciones. Por esos son mágicas —recalca como si fuese obvio.
Harry se gira y mira a Draco. Casi no puede respirar.
—No te fuiste —le dice como una revelación.
—¿Cómo pudiste pensarlo siquiera? —le dice completamente decepcionado.
—Pansy me habló de nuestra conversación pendiente, de cuando querías terminar conmigo, la mañana que te fuiste. Querías dejarlo.
—Creo que me he perdido algo —interrumpe Blaise.
Draco respira profundamente antes de continuar.
—Pansy le dijo a Harry que ahora que había recuperado Malfoy Manor y el oro, no quería volver a verle.
Blaise abre los ojos estupefacto.
—Te lo dije, te dije que aún seguía loca por ti —señala comprendiéndolo todo.
—¿Cómo ha podido hacer algo así? —le pregunta a su amigo—, jamás me lo hubiese esperado de ella. Le dije que te dijese que no te preocuparas por la conversación. Pero lo utilizó para que te lo creyeras —dice ahora mirando a Harry.
—Pero ibas a dejarme de todas formas.
—¡Joder, Harry! Siempre ves todo del lado negativo. No era en absoluto eso. Cuando te dije que la cosa no podía seguir así, me refería a que no me encontraba cómodo actuando como si sólo fuésemos amigos y seguir beneficiándome de tu ayuda. Lo nuestro iba cada vez más en serio y nuestra actitud no cambiaba, me parecía estar viviendo en una farsa. No me gustaba, no podía soportar la idea de que pensaras que estoy contigo por interés. Me desbordaba el hecho de que tu estuvieras dando demasiado y yo casi nada. Quería pedirte que dejáramos a un lado todo lo demás, que fuésemos nosotros tres sencillamente, sin peleas, ni denuncias, ni ayudas, ni guarderías, ni aurores, ni ministerio.
—Draco, joder —dice sintiéndose inquieto y vulnerable.
Tiene el estómago tan encogido y la garganta seca; solo tiene ganas de llorar de impotencia. Es una broma, una broma cruel. Lo peor es la mirada de Draco, decepcionada. ¡Joder! Ha visto todas esas malditas revistas, a todos esos gilipollas presumiendo de haberlo tocado... por primera vez, tiene ganas de hechizar a alguien, de desfogar su furia haciendo que alguien lo pase mal.
—Blaise, ¿me haces un favor? —dice Draco que ha estado hablando con su amigo mientras desvariaba—, quiero que Pansy no esté en la mansión cuando Scorpius y yo volvamos a casa.
—Yo me encargo —responde su amigo.
—Me gustaría ser yo quien se encargase de ella, si no te importa.
Draco mira de reojo a Harry, aun se reúsa a mirarlo bien.
—Preferiría que no, no es asunto tuyo.
—¿Que no es asunto mío? –pregunta lleno de indignación— estás de broma, ¿verdad?
Harry está apunto de enfadarse, y mucho, cuando siente como si su ropa estuviese enganchada en algo, mira hacia abajo y ve al pequeño sujetándose de su camiseta.
—Tengo pis —le dice con el ceño fruncido.
Le da la mano inmediatamente y detiene la discusión de los demás adultos.
—Voy a llevar a Scorpius al baño, esperad a que vuelva.
Pero en cuanto se va, Draco se sienta desmayadamente sobre una silla.
—Me esperaba cualquier cosa menos esto, es el día más surrealista de mi vida —le dice a Blaise.
—Joder lo sé, ¿qué vas a hacer?
—¿A qué te refieres? ¿A Harry? —su amigo asiente—, es mío, me da igual lo que esa zorra haya hecho ahora que sé por qué lo hizo...
—Además, tu guardabas esos periódicos... ¡ahora encaja todo!
—No sé qué quieres decir —dice ignorando su comentario.
—¡Que no sabe, dice! Como te ponías de los nervios cada vez que uno de esos chicos salía diciendo que Harry se había interesado por ellos... ¡vamos Draco! Todos eran rubios, de piel pálida y ojos claros.
—Eso no es una excusa.
—Estás cabreado, sabes que no soy el fan número uno de San Potter, pero por un escarceo tonto no puedes borrar todo lo que ha hecho durante todo este tiempo por ti y por Scorpius. Draco, hasta yo hacía tiempo que notaba que Harry te miraba con esos ojos. Y no hablemos de todo lo que ha aguantado por ti... ¡joder, no me hagas hablar bien de él, me va a salir una úlcera!
—Ya lo sé, Blaise, pero...
Draco detiene su discurso porque ve a parecer a Harry y Scorpius por el pasillo. Ambos vienen riéndose y de lo único que tiene ganas ahora mismo es de abrazarle. Maldita sea, lo ha echado tanto de menos, se ha maldecido tantas veces a sí mismo por desearle aun considerándolo un traidor... pero ahora que sabe toda la historia, solo siente la necesidad de correr hacia sus brazos y perderse, sentir el calor, el refugio de su cuerpo, el aliento sobre su piel... ¿Desde cuándo se ha convertido en alguien tan débil y vulnerable? Lo desea tanto que el cuerpo duele y las manos le tiemblan. Sus dedos sienten la anticipación del roce, la necesidad enfermiza de sentirle.
Cuando se quiere dar cuenta se encuentra frente a Harry, quien lo observa sin saber que está ocurriendo exactamente. Pero lo mira a los ojos con tanta intensidad, que siente que está viéndose en un espejo que no refleja su cuerpo, si no su alma; los ojos de Harry reclaman lo mismo que los suyos, recorren su rostro a toda velocidad, como un niño ante un pastel que no sabe dónde dar el primer bocado. Como si hubiese existido un cristal entre ellos durante mucho tiempo, y por fin hubiese desaparecido.
—Te odio —dice, haciendo que Harry lo mire asombrado y algo temeroso—; y me odio, porque debería hacerlo, pero no puedo –termina, mientras cierra los ojos.
El auror suspira y lo mira sin saber que decir realmente. Querría decirle muchas cosas, sí, pero no sabe cómo expresarlas todas, así que simplemente, como hace la mayoría de las veces, suelta lo que tiene en mente.
—Sabes que jamás lo habría hecho, que habría esperado veintiún días; veintiún semanas, si hubiese hecho falta, no me odies por eso, por favor.
Draco apoya su frente en la de Harry. Nunca ha sentido tanta necesidad de algo como siente ahora de besarlo, pero la idea de otros tocándolo después de que ellos...
—Prométeme que jamás...
—Por dios, claro que no —le interrumpe un poco escandalizado—; lo sabes, no me lo pidas, no desconfíes de mí de esa forma —suelta como una metralleta.
Ambos se abrazan por un momento eterno: tan largo como efímero. Cuando se separan y vuelven a unirse sus miradas, en sus cuerpos han pasado solo unos segundos, quizás minutos; en sus mentes han pasado siglos juntos. Draco quiere beberse esos ojos verdes como el mar. Harry quiere dejarse hipnotizar por esa mirada gris como la luna. Pero ninguno de los dos se atreve a nada más.
Hasta que el sonido estridente de una puerta los lanza a mirar hacia otro lado, donde Ron aparece totalmente abatido mientras se deshace de la ropa esterilizada.
Harry aparta dolorosamente sus manos de Draco.
—¿Qué ha pasado? –le pregunta a su amigo angustiado—, ¿ha ido algo mal?
El pelirrojo levanta la mirada como si ni siquiera se hubiese dado cuenta de que está de pie o caminando.
—Hermione me ha echado de la sala de partos, ha empezado a gritar que todo esto era mi culpa…
Intentando no reírse, se acerca a Ron y le pasa una mano sobre los hombros.
—Es por el momento, no te agobies. Cuando todo pase, tendrás a la Hermione de siempre de vuelta.
—Ya, si el medimago me ha dicho que es normal… pero quería estar dentro.
Arrastrando a su amigo hacia los asientos, intenta tranquilizarlo.
—Tío, ni caso, está en un momento muy delicado, es mejor para ella, seguro que así está más tranquila…
Durante un rato, Draco tan solo observa como Harry intenta tranquilizar a Weasley. Él puede entenderlo, recuerda perfectamente cómo se sintió cuando Scorpius vino al mundo. Lo nervioso que estaba y sobre todo la sensación de su estómago la primera vez que lo vio, tan pequeño, tan inocente, tan frágil… Por puro instinto, mira a su pequeño que ahora está tirado en el suelo coloreando algo que ni siquiera sabe de dónde ha salido. Hasta que lo termina y sale disparado hasta Harry para enseñárselo. Este lo recibe con una de esas sonrisas sinceras y le da un beso en la cabeza.
En momentos como este, le gustaría encerrar a Harry en un bote y quedárselo para él, no compartirlo con nadie, así no podrían tocarlo ni cambiarlo. Pero luego, se sorprende recordando que puede que parezca tan infantil e inocente como Scorpius, pero que no lo es en absoluto. Y esa parte, para que negarlo, es la que más le gusta. Su estómago se retuerce de otra forma al pensar en eso, echaba de menos esa sensación.
Parece que Harry ha notado el escrutinio y le devuelve la mirada, ambos se miran durante unos segundos, diciéndose muchas cosas sin siquiera abrir la boca. Haciendo promesas para más tarde, relegando un encuentro que ambos están deseando.
Unas horas después del incidente con Ron, Hermione por fin ha dado a luz y todos se acercan a ver a la pequeña criatura, hasta Scorpius da pequeños saltitos para poder llegar al cristal tras el cual están los bebés dormidos y ajenos a que están siendo observados.
—Guau, ¡papá, papá! –lo llama con los ojos como platos—, ¿por qué es tan pequeño? ¿No se come las verduras?
Los tres adultos miran a Scorpius y se ríen, este los mira con sus cejas fruncidas sin entender a qué viene tanta risa.
—Claro –responde Draco—, por eso siempre te digo que debes comerlas.
Al cabo de un rato, Ron sale de la habitación de Hermione con cara de cansado.
—Le han dado algo para el dolor y se ha quedado dormida. Estará así unas horas hasta que la niña necesite comer, así que iros a casa; estaréis cansados y Scorpius también necesita dormir.
Draco mira a Harry, porque realmente lo necesita, está cansado y no solo físicamente. La tarde de hoy ha dado mucho de sí, demasiadas emociones por un día, mataría por una taza de té caliente.
Scorpius lleva horas cabeceando y aunque Harry le ha dicho en varias ocasiones que lo llevase a casa a dormir, se ha negado, el pequeño está cómodo en cualquier cosa que pueda conjurar y no quería perder la oportunidad de llevarse al auror a casa, así que ha esperado pacientemente hasta que él también ha querido abandonar el hospital.
Harry se planta justo delante de él, mete sus manos en los bolsillos y se balancea con sus pies. Suelta un largo: "bueno" que no quiere decir más que: "¿qué se supone que vamos a hacer ahora?"
La sutileza siempre ha sido el arma favorita de Draco, y el sarcasmo; bueno, y la manipulación.
—¿Me sujetas la bolsa con las cosas de Scorpius mientras lo cojo para llevármelo a casa? –le pregunta al auror que aún lo mira expectante.
—Claro.
Le da la bolsa gigante a Harry y va la improvisada cama que está utilizando Scorpius, recoge al niño y se lo echa encima, coge su mantita y su bolsa de documentos. Llega hasta Harry y hace malabares para intentar coger la mochila de Scorpius.
—Eh… ¿puedes..?, no sé, ¿engancharla en mi hombro?
Draco jamás lo admitirá ni bajo tortura, pero ahora quizás, es posible, pudiera ser, que sea él el que tiene esa mirada expectante.
—¿Necesitas ayuda? –Draco boquea ante la pregunta de Harry—, claro que sí, no tienes más manos libres –se apresura a decir para evitar cualquier negativa—, os acompaño para dejar todo esto –añade por último agarrando también la mantita y su maleta de documentos.
¡Sí!, grita el estómago de Draco.
Llegar a casa a través de la red flu deja sus nervios en un estado de peligro por erupción. Se siente como si estuviese viendo una película de miedo donde sabe que tras cualquier esquina algo puede salir y hacerle dar un bote en su asiento. Pero se controla, porque, por el amor de Merlín, no es un niño estúpido e inexperto. Así que deja a Harry con cara de no querer despegarse de ellos abajo mientras sube a arropar a su hijo y a darle su beso de buenas noches.
Mientras baja por las escaleras, agarrándose al pasamano por miedo a derretirse, se siente observado al detalle. Harry lo espera con esa mirada de todo. Esa mirada de lo doy todo aquí y ahora.
El último escalón hace que su pie tiemble y casi trastabille ¿hay alguna muerte documentada de taquicardia por anticipación? Porque a él ahora mismo le late el corazón tan rápido que teme que se le salga del pecho, o peor, que Harry lo oiga.
Pero que cuando termine de bajar, sea Harry el que se acerque a él, acelera aún más su ritmo cardiaco.
—Creo que tenemos que hablar –le dice el moreno apresuradamente.
—Sí, claro –responde—, tenemos que sentarnos y aclarar todo esto, porque han pasado muchas cosas y sé que…
—He cambiado de opinión.
Draco frunce el ceño, pero no le da tiempo a nada más antes de que Harry trace un camino verde esmeralda desde sus ojos hasta su boca y una vez allí se acerque hasta él para besarlo sin pensárselo mucho ni dejarle margen para nada más.
Pero ¿qué puede hacer? Si lo único que puede responder a eso es un gemido. Cerrar los ojos y abrir la boca. Levantar sus manos lentamente y envolver la espalda de Harry. Y cuando más perdido está, nota que este le separa bruscamente de su cuerpo.
—No es que no quiera hablar —¿acaso está dudando ahora?—, te prometo que vamos a hablar, pero luego; porque ahora… —se para un segundo y lo mira de nuevo—. Te he echado mucho de menos.
Draco sonríe plácidamente y se deja arrullar por unos brazos que pensó que jamás volverían a envolverle, se introduce poco a poco en él y se acomoda dentro, en una esquinita cálida llena de Harry.
—Bueno, bueno, sin tantos sentimentalismos, gryffindor –bromea Draco.
El auror se separa de él aun manteniéndose en el abrazo para mirarlo fijamente. El slytherin nota enseguida una duda sobrevolando la mente de Harry, así que frunce el ceño esperando a que la suelte, ya que este no es muy dado a guardarse las cosas que siente.
—¿De verdad piensas que lo hice por no esperarte? O peor, ¿Qué volvería a hacerlo?
—¿De verdad –empieza preguntando parafraseándolo— pensaste que me iría así sin más?
—Al principio no. Después de que Pansy se fuese no me lo terminé de creer, fui a tu casa, a tu otra casa –aclara al ver la expresión de Draco—, te mandé lechuzas… parecías haber desaparecido.
—Ya, ya… —lo corta—, quizás no parezca descabellado y he de admitir que mi yo del pasado quizás… Pero ya está, lo mejor para ambos es hacer como que esto no ha pasado. Y no es que desconfíe de ti –aclara ante las dudas de Harry—, pero la pregunta salió automáticamente de mí, no lo pensé en ese momento.
—Tendrías que haber venido cuando terminaron esos veintiún días –dice Harry bajando el tono de voz y apartando un mechón de pelo rubio de los ojos de Draco.
—¿Estás de broma? Me sentía la persona más traicionada sobre la faz de la tierra, ya sabes lo orgulloso que soy –termina añadiendo mientras sube su ceja izquierda en un gesto más que familiar en él.
Harry no puede evitar reírse. Claro que sabe lo orgulloso que es, mejor que nadie. Ha tardado años en arañar la superficie que Draco utiliza para protegerse. Pero merece la pena.
—¿Y qué se supone que vamos a hacer ahora? –le pregunta Harry.
—Pues no sé, pero yo estoy terriblemente cansado y quiero irme a dormir.
Como Draco espera, Harry boquea un poco sin saber que decir, probablemente esperaba una declaración del slytherin de cuanto lo ha echado de menos, de cuánto lo necesitaba junto a una petición para que se quede con él. Quizás Harry no lo conoce tanto como él cree, o puede que aun conserve un poco de inocencia.
Cuando se ha cansado de verle poner esa carita, y qué demonios, le ha dado algo de pena, sonríe y se acerca hasta él.
—Puedes dormir conmigo. Pero solo dormir –advierte ante la emoción que le ha mostrado en su mirada—, no siento ni un músculo de cuello para abajo. Ha sido un día muy largo.
Así que tan solo le tiende su mano, una que Harry agarra enseguida y ambos suben a la habitación. Allí se desnudan sin quitarse los ojos de encima, recordando y reconociendo. Y una vez listos se acurrucan en la cama uno junto al otro.
—
El sol penetra entre las cortinas deliciosamente cuando despierta. Antes de abrir los ojos, deja que sus párpados se acostumbren a la claridad y el cálido rubor del astro rey. Es una sensación tan agradable que gruñe de satisfacción. Se siente descansado, cómodo y, bueno, lo que siente en su espalda no hay ninguna palabra que pueda describirlo.
El brazo de Harry descansa sobre su cintura y su mano cae por su estómago. Cada vez que se mueve, su nariz se restriega en su espalda y su barba de tres días, que viniendo de un imberbe como Harry debe ser de más de una semana en realidad, le hace cosquillas muy placenteras. El cuerpo le arde, tanto que la mayoría de su cuerpo está fuera del edredón y las sábanas. Lo único en lo que puede pensar en es lo agradable que tiene que ser dormir abrazado a Harry un día de frío invierno.
Entonces, el auror se mueve en sueños y Draco nota algo que le hace sonreír de otra forma muy diferente. Se echa hacia atrás un poco para notarla mejor y Harry deja escapar un pequeño gemido. Oh, cuánto había echado eso de menos. Pero al parecer, debe estar soñando algo realmente bueno, porque después de eso la mano del gryffindor lo atrae y nota su boca pegada a su espina dorsal dejando un reguero de pequeños y húmedos besos.
Aunque al parecer, se va a quedar en sueño, porque después de eso, suelta un sonoro ronquido y se da la vuelta para quedarse boca abajo. Draco alza una ceja y se gira un poco para comprobarlo porque no puede creérselo.
Resignado, suspira lánguidamente y lanza un tempus para comprobar la hora.
Extrañado, vuelve comprobarlo.
Las diez y media. Lo que le extraña no es haberse despertado a las diez y media, sino que su hijo no haya hecho su batido de salto olímpico de cama todavía.
Dejando al gryffindor con la cara pegada a la cama, se levanta y se pone una bata para acercarse hasta la habitación de Scorpius.
Cuando abre la puerta y ve que el niño no está durmiendo en su cama, su corazón se paraliza un segundo, sabe que no puede salir de la mansión sin su consentimiento, pero los días en su antiguo hogar le han dejado secuelas, con ese tipo de sustos que no puede evitar hasta que su mente le recuerda que no ha podido pasarle nada ni ir a ningún sitio.
—¡Minsy! –grita llamando a su elfo doméstico—, ¿puedes decirme donde está el amo Scorpius?
La elfina aparece haciendo una inclinación de respeto ante su dueño, y responde en seguida.
—El amo Scorpius está en la cocina, amo.
Asiente y se dirige hacia allí, seguro que le ha picado el hambre y está poniéndole pucheros a los elfos para conseguir más chocolate del que su estómago puede tolerar.
Entra a la cocina con un discurso preparado suponiendo que va a encontrar al niño subido a un banco y comiendo en la encimera, como le ha dicho mil veces que no haga, intentando quitarle esa costumbre de cuando vivían en su anterior apartamento.
Pero todo el alegato se queda en nada cuando al cruzar el umbral sus pies se paralizan ante la escena.
Scorpius está como suponía comiendo chocolate, sí, pero sentado sobre las rodillas de una persona que creía que no iba a volver a ver en mucho tiempo.
—¿Qué demonios haces aquí? Creo que Blaise te dijo que no volvieses a poner un pie en esta casa.
Pansy no lo mira mientras responde, pero acaricia el pelo de Scorpius, cosa que hace que la sangre de Draco se hiele, ya que su "amiga" jamás ha tratado a su hijo con cariño ni proximidad. Por lo que la escena no le parece para nada entrañable.
—He venido porque creo que deberías replantearte la situación. Quiero que hablemos.
—No quiero hablar nada contigo y no hay nada que replantear. Casi te cargas lo único bueno que me ha pasado desde que terminó la guerra. Eres una zorra sin escrúpulos. Sabiendo de sobra que jamás voy a sentir nada por ti ni por ninguna otra mujer.
—¿De verdad te crees que todo esto es porque estoy enamorada de ti? –pregunta casi con asco—, te lo ha dicho Blaise, ¿verdad? No sabe nada, ni tú. Solo quería que me hicieras un favor.
—Ya da igual, si querías un favor me lo tendrías que haber pedido, y no sé qué tiene que ver eso para que destrozases mi relación con Harry.
—Te lo insinué mil veces, pero nunca me haces caso, no me tomas en cuenta, y por eso ahora estoy aquí, para que me escuches y lleguemos a un trato.
Draco da un paso adelante, pero Pansy aprieta su mano sobre la varita.
—Deja a Scorpius desayunar tranquilo y hablemos.
—Me has echado de tu casa, ¿crees que soy estúpida? Scorpius es la garantía de que no solo me escucharás, sino que además, me vas a hacer ese favor.
—Déjalo y hablamos.
—¡Qué no! –grita haciendo que Draco de un paso atrás algo asustado.
—¿Qué demonios quieres? –le pregunta solo para ver si se calma y deja en paz a Scorpius que empieza a estar algo inquieto.
—A ti –Draco alza la ceja perplejo, ¿no acaba de decir que no era eso lo que quería?— pero no de la forma que piensas, no estoy interesada en ti de esa forma.
—¿Entonces? –la verdad es entre que está más pendiente del pequeño que de ella y que parece algo inestable, no entiende que está diciendo.
—Realmente solo te necesito un rato. Sabes las tradiciones de los sangre pura mejor que yo, sabes qué pasará si llego a los veinticinco sin un heredero. Y también sabes que ese heredero tiene que tener cinco generaciones mágicas para poder serlo.
—Espero que no estés insinuando lo que estás insinuando.
—Es un favor, eres mi amigo, solo necesito…
—Si lo hiciera, cosa que no voy a hacer de ninguna forma, la magia de mi familia y la herencia de Scorpius se vería afectada, ¿de verdad pensaste en algún momento que accedería a eso?
—Pensé que si te ayudaba y estaba contigo…
—¿Qué me ayudabas? Tú no me has ayudado en la vida, cuando más te necesité actuaste como una conocida, Scorpius y yo hemos estado tres años en la miseria, si no llega a ser por Harry… a quien por cierto, echaste de mi vida sin venir a cuento.
—Sabía que si estabas con él no ibas a acceder, que tuvieses una pareja lo dificultaba todo.
—Con pareja o sin ella, la respuesta es no. Por supuesto que no. Y si piensas que habría accedido a algo como eso en algún momento es que de verdad estás tan loca como pareces.
—Ya, eso me habría valido antes cuando quería pedírtelo de buenas maneras, pero ahora no acepto ese no.
Draco frunce los labios, si tuviese la maldita varita la habría cruciado ya hasta que pidiera clemencia. Se siente impotente y asustado. Lo peor es que Scorpius está aun más atemorizado.
—¿Y qué se supone que quieres? Porque te he dicho que no voy a acceder a eso, y menos ahora.
—¿Seguro? ¿qué tal si me llevo a Scorpius hasta que cambies de opinión?
—Nadie puede sacarlo de la mansión sin mi consentimiento –replica al instante.
—¿Eso crees? Porque mi elfa, esa que te cedí cuando volvisteis a Malfoy Manor, puede ayudarme a ello.
En ese momento la elfina se aparece y se coloca junto a Pansy.
—Si Scorpius pone un solo pie fuera de la mansión, no habrá sitio en el planeta donde puedas esconderte, te lo advierto –la amenaza abiertamente.
—Creo que no estás en posición de intimidarme en este momento. Si te mueves un milímetro, nos vamos los tres. Tú verás.
Draco que en esos momentos está devanándose los sesos pensando en qué hacer, recuerda algo de repente.
—La que no está en posición de nada eres tú. ¿Sabes qué? Harry está arriba, en mi cama. Solo quiero recordarte que le destrozó la nariz a un auror porque fue grosero conmigo. No quiero ni imaginar lo que podría hacerte si baja y se encuentra con esto.
—No me da ningún miedo ese auror de pega. Tan solo es un bueno para nada que está ahí porque mató a quien tú ya sabes.
En ese momento, Draco nota que la cabeza de Pansy hace un movimiento brusco hacia atrás. Esta da un grito e intenta coger su varita pero esta sale despedida.
Cuando la chica está dando manotazos hacia atrás, la figura de Harry va a apareciendo poco a poco tras ella.
—Me ofendes, Parkinson –dice mientras la sujeta con fuerza.
—Suéltame imbécil.
—Podemos hacer esto de dos formas, por las buenas o por las malas. Si es por las buenas, prometo darte una celda en Azkaban al ladito de tu padre para que podáis charlar sobre esto.
Viendo que sigue sin querer soltar a Scorpius y bastante agitada, Harry se decide por lo más simple y rápido: lanzarle un desmaius y se acabó.
En cuanto cae al suelo, Harry agarra a Scorpius y lo lleva con él.
—Voy a llamar a los aurores, llévatelo e intenta que se relaje un poco, los aurores querrán hablar con él para ver qué ha pasado. No creo que debas preocuparte por ella –añade al ver la forma en que Draco mira a Pansy tumbada en el suelo—, tiene un desmaius y un petrificus, no va a moverse en unas cuantas horas –el slytherin asiente y sonríe con debilidad—, y tú y yo –dice ahora un poco más en broma—, ya hablaremos sobre amenazar a civiles con que voy a romperles nada.
Draco sonríe ahora más ampliamente, y antes de que Harry se gire, lo agarra de un brazo y le da un rápido beso.
—Y tú y yo –repite—, ya hablaremos sobre ir a perseguir a los malos medio desnudo –termina mirándolo de arriba abajo.
Harry alza una ceja y niega con la cabeza.
—Me he puesto mis mejores boxers que lo sepas –añade mientras sube hacía arriba precisamente a vestirse.
La verdad es que no era su idea despertarse y tener que detener directamente a alguien.
