N/A: Primero de todo daros las gracias a todos los que habéis comentado o puesto en alerta o favoritos esta historia. Me hacéis muy feliz y me animáis a continuar! Segundo, pero no menos importante, disculparme por haber tardado una eternidad en actualizar: lo siento! Varias circunstancias se metieron por medio dejándome con poco tiempo libre para escribir. Seguramente tardaré algo más en actualizar los siguientes capítulos (exámenes finales acercándose peligrosamente aaarrrggghhh!!), aún así, quería daros algo y aquí viene este capi! Como es habitual, volvemos al Bella's Point Of View. No me enrollo más y os dejo con el capi, se agradecen reviews ^^
Disclaimer: Ni Twilight ni sus personajes me pertenecen, son propiedad de Stephenie Meyer, yo sólo juego con el universo que ella creó.
Capítulo 7 – La cama
Había pasado casi una semana desde que los Cullen me habían regalado el vibrador y aunque las cosas con Edward estaban tranquilas, yo seguía estando frustrada.
Estos últimos días habían sido raros, por definirlos de alguna manera. ¿Cómo reaccionas al hecho de que los hermanos de tu novio te regalen un vibrador porque saben lo patético e inexistente de tu vida sexual? Sí, es raro. Da igual las circunstancias, sigue siendo una situación extraña.
Aunque les estaba eternamente agradecida por el regalo aún no había tenido ocasión de probarlo. Edward había pasado todas las noches desde el domingo en mi cama. Y no, no fue como suena. Cualquiera pensaría que las intenciones de un chico que se cuela por la ventana, de noche, en la habitación de su novia están bastante claras, pero aunque Edward se esforzó por complacerme el resultado fue bastante desalentador.
Cuando Edward volvió el domingo por la noche era tarde y yo ya estaba en la cama tratando de dormir. Consideré por unos momentos probar el dildo pero con todo lo que había pasado ese día no estaba de humor. Tras trastearlo un poco con curiosidad lo guardé en el cajón de la mesita de noche y me dispuse a dormir. Minutos más tarde Edward se materializó en el alféizar de mi ventana con su preciosa cabellera despeinada por la velocidad de la carrera.
Se quedó mirándome a los ojos sin decir nada, su expresión indescifrable. Supuse que esperaba a que yo rompiera el silencio, a fin de cuentas fui yo la que le insulté a gritos delante de su familia.
- Edward… - empecé. – Siento haberte gritado así antes. No son formas de decir las cosas.
Su expresión se relajó un poco.
- Aunque admito que me equivoqué al estallar chillando como una loca no voy a disculparme por lo que dije. Sólo te pido que entiendas cómo me siento cada vez que me rechazas, cada vez que me dices que es por mi bien y cada vez que hablas y tomas decisiones por mí. Por insignificante que parezca la situación, me hace sentirme como una completa idiota.
Edward seguía mirándome sin articular palabra así que proseguí. Quería dejar claro mi punto de vista para evitar posteriores malentendidos.
- Ya sé que nos hemos criado en ambientes y épocas totalmente distintos y entiendo que tu forma de ver las cosas no tiene nada que ver con la mía. Me pides constantemente que entienda y acepte tu forma de actuar porque se basa en los principios en que te educaron. Y lo hago. Créeme, lo hago. Pero en cambio tú no eres capaz de aceptar mi forma de actuar en muchos aspectos.
Edward se acercó entonces y se sentó a mi lado en la cama. Tenía la cabeza gacha y la mirada clavada en el suelo.
- Lo siento, Bella. – susurró levantando la mirada. - Muchas veces no me doy cuenta de cómo te afectan a ti estas cosas. Tienes razón, no entiendo tus reacciones en muchas situaciones y tal vez no he hecho el esfuerzo siquiera de intentar entenderlas. Estoy anclado en la mentalidad de cuando fui transformado, nunca había sentido la necesidad de evolucionar porque nunca me había interesado realmente el mundo exterior. Pero ahora estás tú, y me siento perdido.
Le cogí la mano que tenía en el regazo. Quería sentirle cerca. Odiaba estar a malas con él y tenía esperanzas en que si los dos decíamos lo que sentíamos, todo iba a salir bien.
- Creo que tal vez los dos nos hemos callado demasiadas cosas y creo que podemos y debemos cambiar eso. No podemos ayudarnos el uno al otro si no confiamos lo suficiente para decirnos lo que nos preocupa.
Edward asintió y me abrazó contra su pecho de mármol. Nos quedamos un rato así, abrazados en silencio. Habíamos pasado por momentos muy tensos en las últimas horas y ambos agradecimos la tranquilidad y seguridad del abrazo del otro.
Yo estaba agotada y notaba como mis párpados iban cayendo mientras bostezaba. Nos tumbamos en la cama y Edward tarareó suavemente mi nana hasta que me dormí.
Al día siguiente me sentía mejor por haber hablado con Edward y él también parecía más contento. Aún así, mi cuerpo seguía estallando en llamas con cada pequeño roce. Cuando nos dábamos la mano para caminar hacia el instituto, cuando nos dábamos un rápido beso si teníamos que separarnos aunque fuera sólo un rato. Cada vez que le sentía cerca de mí, mi cuerpo pedía más. Deseaba besarle hasta quedarme sin aire y sentir todo su cuerpo pegado al mío.
Pero nada de eso iba a ocurrir por el momento. Tendría que esperar al menos a la noche, cuando Charlie ya estuviera dormido y Edward se colara en mi habitación.
Esa noche le besé con todo lo que tenía en mí, de ninguna manera iba a dejar que me frenara esta vez por estúpidas razones. Él respondió con fuerza a mi beso pero le entró el pánico cuando mis manos empezaron a viajar por su pecho explorando su cuerpo. Le noté tensarse y apretar la mandíbula. ¡¿Otra vez?! Estaba apunto de hundirme en la miseria cuando oí su suave voz susurrarme:
- Bella, quiero hacer esto. Todo mi cuerpo lo desea, pero… tengo miedo.
Le miré alucinada. ¡¿Miedo?!
- Esto es tan nuevo para ti como para mí. Aparte de que me aterroriza hacerte daño, no sé… cómo hacer esto. No sé… qué debo hacer.
Parecía avergonzado y perdido. En ese momento supe que no iba a ser fácil. Yo tampoco tenía mucha idea y mi confianza ya se tambaleaba bastante como para afianzar la suya.
- Bien… no te preocupes. Sólo relájate y déjate llevar. Haz lo que tu cuerpo sienta. ¿Por qué no empiezas por tocarme?
Sus ojos estaban clavados en los míos. Cogí su muñeca y llevé la palma de su mano a mi pecho. Su respiración se agitó y mi pezón se endureció al instante con el contacto. Empezó a acariciarme y jugar suavemente con mi seno. Lentamente llevó su otra mano a mi otro pecho y lo acarició también suavemente. El tacto de sus manos era una delicia para mí.
Enredé mis dedos en su pelo y tiré de él hacia mí para besarle. Sus manos empezaron a bajar despacio por mis costados hasta el borde de mi camiseta. Noté el tacto frío de sus dedos sobre mi piel cuando tiró de la tela hacia arriba descubriendo mi cuerpo. Levanté los brazos y mi pijama pasó por mi cabeza aterrizando en el suelo al lado de la cama. Estaba cambiada para dormir y no llevaba sujetador puesto. Una complicación menos.
Edward se quedó unos segundos mirando embelesado mi cuerpo antes de volver a besarme con más pasión que nunca y agarrar mis pechos con sus manos.
Al poco rato me tenía tumbada en la cama, él encima mío besando mi cuello y descendiendo poco a poco con sus labios y lengua hacia mis, ahora temblorosos, pezones. Cuando alcanzó su objetivo empezó a lamerme y chuparme con avidez. Su lengua daba vueltas alrededor de la aureola y sus labios succionaban con fuerza, despertando sensaciones desconocidas en mi cuerpo.
Aunque no tenía con qué comparar estaba bastante segura de que esto no era algo que cualquiera pudiera experimentar. La lengua fría de Edward no era algo que pudiera compararse fácilmente cuando giraba como un torbellino alrededor de mi pezón. Sus labios se amoldaban a mi pecho y succionaban como un niño tratando de sacar su alimento.
A pesar del frío de su piel, todo mi cuerpo ardía. Allí donde él tocaba erupcionaba un volcán de calor. Mi cuerpo temblaba de placer y cuando ya creía que no podría soportar más, terminó su dulce tortura para cambiar de lado y darle el mismo trato a mi otro pecho. Subí de nuevo a la cumbre y supe que ya no podría parar. Mi espalda se arqueó para darle mejor acceso y sentí un gemido en mi garganta. Entonces me di cuenta de que mi respiración era totalmente errática y mi corazón parecía desbocado.
Edward siguió besándome y dejando trazos húmedos de saliva por mi estómago y ombligo. Sus manos recorrían todo mi cuerpo excepto el sitio donde yo más le necesitaba. Su boca se acercaba peligrosamente al borde de la parte inferior de mi pijama y recé con todas mis fuerzas para que no se detuviera. En toda mi vida no había estado tan húmeda como en ese momento. Notaba mi ropa interior empapada y estaba segura de que Edward podía oler mi excitación. Sólo deseaba que me arrancara lo que quedaba de ropa y siguiera usando su lengua en mi sexo.
Se entretuvo en mi ombligo, sus manos regresando a mis tetas, y yo creía que iba a estallar allí mismo. Me estremecía con cada nuevo contacto y mis caderas se levantaron pidiendo la atención que necesitaban. Ese pequeño movimiento involuntario puso mi coño en la cara de Edward y lo lanzó hacia la pared contraria en menos de medio segundo.
Gruñí de frustración con la pérdida de contacto pero no atinaba a ver qué había pasado. ¿Por qué habían desaparecido las manos y lengua de Edward de mi piel?
Me incorporé con los ojos como platos y en la oscuridad pude discernir la silueta de Edward pegada a la pared, justo al lado de la ventana.
- ¡¿Qué?! ¿Qué coño ha sido eso? – solté confundida.
Edward no contestó. Tenía los ojos cerrados y había dejado de respirar.
Me senté en la cama con las piernas cruzadas mientras mi respiración volvía a su ritmo normal y esperaba a que Edward dijera algo. Pasó un rato, tal vez unos minutos. Mi confusión fue dejando paso poco a poco a la frustración y a un ligero cabreo. Otra vez igual. No sabía qué mierdas estaba pasando por la cabeza de Edward pero sí sabía que no íbamos a retomar de nuevo lo que habíamos estado a punto de hacer.
Edward volvió en sí poco a poco y se acercó de nuevo a mí. Recogió la parte de mi pijama que estaba en el suelo y me la tendió.
Me quedé mirándolo atónita. No lograba entenderlo.
- Póntelo. Vas a coger frío. – dijo suavemente.
Cogí la prenda de su mano pero no fui capaz de ponérmela, la dejé en mi regazo.
Me sentía enfadada, frustrada, confundida, excitada, rechazada y un montón de cosas más. Pero por encima de todo eso, me sentía humillada.
Las lágrimas se agolparon tras mis párpados y luché con todas mis fuerzas por contenerlas, no podía dejar que me viera llorar. No quería que me viera llorar.
- Lo siento, Bella. – dijo Edward con su voz excesivamente calmada. – Hemos llegado más lejos que nunca, no creía que fuera capaz de hacerlo, pero quizá ha sido demasiado para mí. Me avergüenza decir que he estado a punto de perder el control.
Mis ojos se agrandaron de pánico. No se me había ocurrido pensar que mi corazón latiendo como un loco sería mucho más tentador para él.
- Lo siento. – musité. – Pensé que a estas alturas mi sangre ya no era un problema para ti.
- No, no lo es. No me refería a eso. Quería decir que, bueno, estaba dejándome llevar y… he estado a punto de hacer algo que no debería. Tú te mereces un trato mejor. No me habría perdonado nunca si me hubiera propasado contigo.
- ¿Cómo? – dije con voz entrecortada.
- Creo que no deberíamos hacer esto hasta que llegue el momento.
¡¿Momento?! ¿De qué momento habla?
Antes de que lograra encontrar la voz para preguntarle de qué estaba hablando, Edward había vuelto a acercarse a la ventana.
- Será mejor que me vaya y te deje dormir. Te veré mañana para ir a clase.
Y sin más, saltó por la ventana perdiéndose en la noche. Y yo me quedé allí, sentada en la cama medio desnuda, mirando por la ventana y llorando como una idiota.
