Desayuno en familia

Era una familia normal, una familia corriente, nada del otro mundo. Los padres estaban entre los treinta o cuarenta. Tenían un hijo apunto de terminar la secundaria, el otro se encontraba en primaria. Sus nombres eran los Drake. Una familia de clase media-alta. Su vida no estaba fuera de lo común y como muchas familias, empezaban sus días con un desayuno, algunos eran bastante estresantes, otros muy tranquilos y otras veces desayunaban cada uno por su lado.

Cuando Jessica Drake abrió los ojos miro a su izquierda por costumbre. Encima de la mesita vio un despertador negro, la manecilla pequeña marcaba el once, mientras la grande el seis, faltaban seis minutos para la seis de la mañana. Jessica giró su cabeza a la derecha y vio a su marido, Thomas Drake. Hombre de cabello corto y facciones duras que trasmitían respeto. Jessica miro el techo, sentía su cuerpo muy pesado, la tentación de quedarse en la cama era muy grande, tan solo tendría que apagar el reloj y cerrar los ojos.

Pero tenia una responsabilidad con su familia, aunque su marido era quién traía dinero a casa, ella era quién se quedaba y se ocupaba de que todo estuviera bien. No, no se trataba de que los Drake fueran una familia chapada a la antigua, de hecho eran liberales. Anteriormente tanto Thomas como ella habían tenido trabajo. Pero era un trabajo que les obligaba a estar muchas horas lejos de casa y llegar reventados a casa. Ambos comprendían que trabajar les quitaba mucho tiempo, así que probaron con dejar a sus hijos con familiares. Jessica había dejado a su hijo Lucas con su hermana Stephanie, pero ella también tenia su vida y no siempre podía cuidar de Ronald. Así que probaron dejándolo con una niñera, pero Jessica no se sentía cómoda dejándola con una completa desconocida. Finalmente y al nacimiento de su hijo Drake decidió abandonar su trabajo y dedicarse por enterró a sus hijos. No supuso ningún trauma, adoraba tener una vida familiar y le encantaba ocuparse por entero de sus hijos y estar muy al pendiente de como eran sus vidas. De hecho era la presidenta del consejo escolar, dedicándole mucho tiempo cuando sus hijos estaban en la escuela. Realmente Jessica se sentía una gran madre. En respecto a Thomas, siempre dejo claro que no tenía porque dejar su trabajo sí no quería y que podrían buscar otras alternativas para que no tuviera que renunciar a su carrera, pero Jessica estaba muy decidida y finalmente Thomas acepto su decisión y la apoyo en todo, como siempre había hecho.

Finalmente, Jessica estira su brazo, mientras gira en la cama hasta apoyarse en un costado. Apoya su mano, suavemente, en el hombro de su marido, mientras se pega a él quedando los dos de costado, uno junto al otro.

Cariño, es hora de levantarse.

Le dijo con un leve susurro a su oído. Con su suave mano acaricio los cortos cabellos de Thomas haciendo que este se estremeciera. El marido salió de su sueño lentamente, sintió en su estado de inconsciencia como algo alguien le tocaba la cabeza, suavemente y un arrullo suave, que poco a poco fue despejando el mundo de sombras en que se encontraba. Thomas abrió los ojos y se percato de la cercanía con el otro cuerpo, de como unos dedos removían su melena y como el arrullo que escucho en su sueño eran unos susurros dulces que le decían que se despertara. Thomas bostezo pesadamente, antes de voltearse en la cama para quedar frente a frente con su mujer. Ella le sonrió tiernamente y el le devolvió la sonrisa.

Buenos días —susurro la mujer con tono sedoso, mientras clavaba en él una mirada amorosa. Thomas sonrió y estiro el brazo para acariciarle la mejilla.

Buenos días, cariño. ¿Has dormido bien?

Le responde Thomas, pasando su mano por la mejilla de Jessica. Que sonríe y asiste con la cabeza. Ambos se acercan para darse un beso apasionado, pero a la vez romántico.

Ambos se mostraban felices al estar juntos, aún se querían después de todo el tiempo que llevaban casados. No es que no tuvieran problemas, los tenían como cualquier otra pareja, pero ambos se esforzaban en solucionarlos. No era fácil, pero todo lo habían superado, mediante la sincerad, el apoyo y la comprensión mutua. Tanto el uno como el otro se sentían como si estuvieran en el final de uno de esos cuentos de hadas, no uno de los cursis, sino uno de los realistas donde la relación perfecta no era amarse, comer perdices y no tener problemas, sino que su relación perfecta consistía en el equilibrio y la estabilidad estando juntos.

No añadieron más, tras el beso, Jessica se levanto y se introdujo en el baño para darse una buena ducha, mientras el marido se estiraba y quedaba tumbado en la cama, esperando que su cuerpo se desentumeciera. Cuando el ruido del agua saliendo del grifo Thomas se incorporo y se encamino a la puerta del baño.

Con una toalla grande rodeando el cuerpo de Jessica y otra mas pequeña enrollada alrededor de su cabeza, la mujer salió del baño e intercambio una sonrisa de cortesía cuando se cruzó a su marido que inmediatamente se interno en el baño. No se tardo en volverse a escuchar el sonido del grifo.

Jessica comenzó a prepararse, se vistió con un vestido de flores y unos zapatos sin tacón. Tras eso entro en el baño y se preparo el pelo, dejando que su melena castaña le cayera en bucles sobre los hombros.

Cuando estuvo lista, Jessica salió de su cuarto. Y se dirigió a despertar a sus dos pequeños. Uno ya tenía catorce años y estaba en esa fase, en la que cualquier chico huye del afecto de sus padres en un intento por mostrar madurez. Ese momento en la adolescencia en que se huye de los dibujos animados, los juguetes y sobretodo de los achuchones de los padres. Y por lo que respecta a Jessica trataba de no avergonzarlo demasiado. Por lo que de la manera más formal posible pico en la puerta, antes de abrirla con un suave empujón.

Hora de levantarse, Ronnie.

Le saluda con una sonrisa mientras se internaba en la habitación sin esperar respuesta y abría las cortinas de par en par dejando que los rayos del sol entraran en la habitación, la luz incidió directamente en los ojos de Ronnie, que se escudo los ojos con la mano mientras emitía un quejido como protesta. A su alrededor se pudo distinguir una pared de un azul claro.

Venga, arriba, no seas perezoso.

Le insto Jessica con una sonrisa divertida mientras daba varios pasos hacia la cama para que se levantara. El chico bostezo mientras se erguía en la cama y estiraba los brazos. Luego quedo sentado con la cabeza algo agachada por el aturdimiento de comienzo de día.

Sí, ya voy, mama.

Usando el termino por habito, pues a pesar de no querer recibir muchos besos y abrazos de su madre, no quería perder la costumbre de llamarla así.

Jessica asistió con una sonrisa divertida antes de rehacer sus pasos y salir de la habitación dejando la puerta entreabierta, para evitar a Ronnie la tentación de volverse a echar.

El siguiente lugar que visito fue el cuarto de Bobby, él era el más pequeño de sus dos hijos y cómo aún tenía nueve años, cumplidos ese mismo mes, Jessica aprovechaba para brindar en él toda sus atenciones, besos y abrazos incluidos, pues debía hacerlo antes de que su pequeño creciera y decidiera que no quería recibir tanto afecto.

Jessica abrió la puerta de la habitación de su hijo, internándose en en las sombras del cuarto. Entro con mucho cuidado, tanteando con el pie lo que tenía delante antes de pisar para evitar cualquier juguete que su hijo se hubiera olvidado de recoger. Finalmente se situó al lado de la cabecera de la cama en la que su hijo reposaba. Se inclino para acariciar la nuca de su hijo.

Arriba Bobby, es hora de levantarse.

El chico protesto con un gemido y estiro el brazo para taparse la cabeza con la manta, como si no hubiera escuchado a su madre, o mas bien como si no quisiera escucharla. Jessica frunció el ceño.

¡Vamos, cielo, he dicho que arriba!

Le regaño Jessica con tono afable pero con la seriedad necesaria para que el niño le hiciera caso. Jessica espero unos segundos a que Bobby se espabilara y saliera de su escondite. Su cara reflejo desilusión cuando una especie de arrullo salía de debajo de las mantas. El bribón se había vuelto a dormir.

¡Pero bueno, niño! ¿quieres hacer el favor de levantarte ya? Tienes que ir al cole.

Le urgió Jessica entre sorprendida, por tener un hijo tan caradura, y severa para intentar disciplinarlo y a la vez, ¿para que negarlo? divirtiéndose con eso. Bobby cómo no podía ser de otra manera dio una vuelta en la cama y le dio la espalda.

Ya, voy... dentro de mil años o así.

¡¿Dentro de mil años?! ¡Ni cinco minutos te dejo ! ¡Descarado! —le riño su madre fingiendo mostrar seriedad pero sin poder ocultar una sonrisa de diversión. —Oh, ya se lo que tú necesitas.

Jessica sonrió de forma maligna mientras apoyaba una pierna en la cama, con su mano retiro las mantas para dejar ante ella a un niño de nueve años desprotegido y a punto de volver a entrar en el mundo de los sueños. Los ojos de Jessica adquirieron un brillo extraño, mientras estiraba las manos hacia Bobby.

¡Necesitas una lección de la monstruosa señora de las cosquillas!

La monstruosa señora empezó a hacer su trabajo en Bobby, haciendo que este se despertara y se sentara, doblando el vientre mientras grandes carcajadas escapaban por su boca.

¡Vale! ¡Vale! ¡Ya me levanto!

Exclamo Bobby con la voz entrecortada debido a las carcajadas, Jessica continuo un poco más antes de que finalmente aceptara la rendición del muchacho.

Muy bien, te espero abajo —dijo dedicándole una mirada de ojos tiernos a su hijo pero luego endureció el rostro, mirándolo con seriedad —pero si no bajas, volveré y las cosquillas serán dobles.

Bobby asistió mirándola con unos ojos redondos y muy abiertos y los ojos de Bobby no eran unos ojos cualquiera, eran azules, pero un azul claro, muy inusual. Jessica nunca había pensado que detrás de esos ojos se encontrara algo inusual, pero cada vez que le miraba a los ojos tenía la sensación de mirar directamente al hermoso cielo azul. El resto de Bobby era algo dentro de lo normal, el pelo castaño y peinado con un estilo corto, una cara ovalada y dulce por estar en la tierna infancia, pero sus ojos...

Vale, bajo ahorra te lo prometo, mama.

Dijo Bobby con una cara de absoluta inocencia. Eso hizo sonreír a Jessica que asistió con la cabeza y deposito un beso en su frente. Jessica no se fue de inmediato, sino que tanteando en la oscuridad, de la misma manera que entro, Jessica se acerco a la ventana y subió la persiana. La habitación de Bobby también era azul claro, pero la pared estaba cubierta por posters. Tenía varios de clásicos Disney que habían ido a ver al cine o tenía en VHS, como Los aristogatos, Robin Hood o Oliver y su pandilla. También tenía númerosos poster de videojuegos como el de Mario Bross o Zelda. Y por supuesto, también tenia de algunas series televisivas como patoaventuras, las tortugas ninja y Scooby Doo. Con solo observar su habitación se podía comprobar que Bobby era un niño al que le encantaban los carteles desde que su tía Stephanie le había regalado poster de Mickey Mouse y Bugs Bunny . Sus últimas adquisiciones eran la de la última película que había visto el cine, o mejor dicho la que había visto ese fin de semana en el cine, la del también clásico Disney La Bella y la Bestia. Y claro, no podía faltar la de su nuevo personaje favorito, Sonic, the hedgehog. Desde que había salido el juego no había parado de insistir en tener una consola de Sega y una vez que se la regalaron en su reciente cumpleaños, también logro tener el cartel y hasta una taza.

Jessica aparto la vista de los carteles y se acerco al armario, para sacarle el chándal azul que su hijo llevaría a la clase de educación física. Se lo coloco en la silla para que se vistiera. Tras eso , miro a Bobby transmitiéndole una advertencia en su mirada y salió de la habitación cerrando la puerta para dejarle intimidad.

Al ver como se cerraba la puerta, Bobby se quedo inmóvil, meditando la idea de volverse a acostar, le encantaba estar en la cama sin hacer nada mientras observaba la nieve caer por su ventana, si fuera por él abriría la persiana y volvería a echarse con la vista clavada en lo que se veía a través del marco de la ventana. Finalmente bostezo pesadamente, estiro los brazos y aparto la manta, podría hacerlo, pero no quería desobedecer a su madre, se sentía capaz de desobedecer a cualquiera menos a ella.

Jessica fue a la cocina, antes de entrar olió el delicioso olor del café haciéndose, una sonrisa ilumino su cara. En la cocina vio a Thomas de espaldas, con una mano en el mango de la sartén y otro con una espátula, estaba friendo unos huevos. Mientras en la misma cocina una cafetera hervía él café.

Jessica se acerco a la encimera y saco cuatro platos que deposito con cuidado en la mesa de la cocina. También abrió las puertas de la encimera y saco cuatro tazas. Que coloco una delante de cada plato. Para terminar coloco las servilletas y la cubertería.

Jessica se acerca a su marido con una sonrisa picara y al estar detrás de él le da una palmada juguetona en el trasero.

Este es mi chef favorito. —dijo mientras le pasaba un brazo por los hombros y se ponía a su lado, deleitándose con la visión de los huevos fritos y el aroma del café, también se estaba calentado un cazo con leche, pero eso no le llamaba tanto la atención.

Vaya, ¿coqueteando con el chef? —su marido sonríe divertido mientras apaga el fogón. Thomas se gira y la mira con ojos amorosos. Con el índice y el dedo medio acaricia un mechón de pelo de la señor Drake y se inclina hasta que su rostro esta muy cerca del de ella. —¿Qué diría tu marido?

Mi marido diría que tengo muy buen gusto.

Sonrió Jessica pegando sus labios a los de Thomas, mientras sus brazos rodean la espalda de su marido. De repente escucharon un carraspeo en la puerta de la cocina. Al girar sus cabezas vieron a Ronad observando con seriedad y con la mochila colgada al hombro y a Bobby poniendo caras de asqueo.

¿Interrumpimos?

Pregunta el mayor con una expresión seria en su rostro, escrutándolos a los dos con los ojos. Bobby se mantenía a su lado con una expresión de asco.

Oh, por favor, no sabía que vuestro desayuno de hoy fueran a ser babas.

Jessica sonrió a su marido de forma complicidad antes de separarse de él y reírse por la reacción de Bobby. Los niños tan inocentes que a veces da pena que se hagan mayores, pensaba Jessica, a quién le gustaría que Bobby siempre fuera su pequeño.

Anda sentaos, que ahora os servimos el desayuno.

Los dos chicos asistieron con la cabeza y ocuparon los lugares laterales de la mesa, entonces Bobby puso una cara de concentración y sujeto la taza con su mano derecha y la observo con detenimiento:

Eh, mama, o mucho a cambiado o este no es Sonic.

Su madre se giro mirándolo sorprendida y Bobby levanto la taza para que la viera. Tenía pintado un muñeco con cara de bonachón, bigote espeso, vestido con mono azul y con una camiseta roja a juego con la gorra, la gorra mostraba una gran M. En efecto ese no era Sonic, pero había sido la taza oficial de Bobby desde que su hermano le dejo jugar con su NES de Nintendo y eso fue hace unos cuantos años. Sin embargo ahora Bobby tenia su propia consola y mientras Ronald había preferido seguir con Nintendo y su nueva Super NES o SNES, él había preferido la Mega Drive de Sega y se encontraba fascinado con ella, gracias a que por fin podía jugar con Sonic. Por esa razón, ese año había cambiado de taza oficial, sin embargo a Jessica se le olvidaba y debido a la costumbre le había puesto la de Mario.

Perdona, cielo —se disculpa Jessica con una leve sonrisa mientras coge la taza de Mario y la guarda en el armario mientras saca la taza de un erizo azul y la coloca en la mesa delante de Bobby, luego la lleno de leche fría. Este sonrió de manera deleitada.

Gracias mamí, me haces el niño más feliz del mundo.

Jessica asistió con la cabeza, con una sonrisa de cariño, luego ayudo a su marido con el desayuno supervisando la leche y el café. Ronald miro a Bobby con una sonrisa burlona.

Tranquilo, Bobbo, solo es una taza.

Bobby saltó en el sitio sorprendido y luego clavo en su hermano una mirada enconada que no hizo más que aumentar la sonrisa de este, quién había olvidado el valor que algo tan simple como una taza tenía para un crío de nueve años.

Protesto, no es simplemente una taza, Ron licor, es la taza de Súper Sonic.

Bobby habla con efusividad y usando el nombre que le había puesto a su hermano tras oír la famosa canción: "Y una botella de ron". Ante este mote su hermano mostró una cara de disgusto.

Thomas termino de freír los huevos y los comenzó a servir en los platos, mientras Jessica llenaba el vaso de Ronnie con leche caliente y luego terminaba echándole varias cucharadas de Nesquik. Luego llevaba su taza y la de su marido con café negro y caliente.

Chicos, dejen de pelear y pónganse a desayunar.

Thomas riño a sus dos niños y dejo la sartén en el fregadero, para poder sentarse y empezar a comer su propio desayuno. Los huevos fritos estaban deliciosos y toda la familia los comía con ansias. Todo parecía normal, sin embargo Bobby se percato de que su leche no estaba perdiendo el frío al estar fuera de la nevera, sino que estaba cada vez mas fría. A Bobby le agradaban las cosas frías, pero hasta él, en la inocencia de su edad, se daba cuenta de que ese enfriamiento tan repentino de su leche no era algo ordinario.

-X0X-

Años después, Bobby abre los ojos. Había estado soñando con que era el Power Ranger azul y que usando sus poderes luchaba contra la malvada Rita Repulsa y Lord Zedd. La idea de ser algo similar a un Power Ranger no era nueva, había tenido esos sueños desde hacía tiempo y habían aumentado ese verano, pues sabía que cuando empezara el curso sus ambiciones se cumplirían, iba a ser un gran año. Por esa misma razón no había podido dormir bien esa noche, los nervios se apoderaban de él y hacia que diera vueltas en la cama sin poder dormir y siempre pensando en el gran futuro que le deparaba ese curso. Bobby despertó en una habitación en tinieblas, en la que apenas se veía, normalmente había cerrado los ojos y se habría vuelto a dormir, pero ese día empezaba a clases, lo que significaba el inicio del súper grupo y estaba muy emocionado. Bobby aparto las sabanas que lo tapaban y se incorporo.