Lo que quería decirle Francis a Matthew cuando le pidió que se quedase con él era una cita, el canadiense no lo podía creer, ¿Una cita con él? Era fantástico, aunque se sonrojó mucho y tartamudeaba logró dar la respuesta que quería dar, un afirmativo sin dudas ni arrepentimientos, al fin la vida le sonreía, era su oportunidad para decirle lo que piensa al mayor.

El dichoso día llegó siendo un domingo y Matthew se levantó con los nervios de punta y totalmente emocionado, inclusive Alfred lo notó, olvidándolo luego porque iría a jugar futbol con Arthur y todos los salvajes que tenía por amigos.

Pero en fin, el canadiense desayunó, luego se fue a bañar para ponerse una pollera grisácea con un suéter turquesa claro, jeans azul oscuro y tenis marrones, se veía sencillo pero bien a su parecer, además que quería andar cómodo, antes de salir no olvidó a su oso, siempre andaba con él, era un regalo de su hermano cuando eran muy niños y le traía buenas sensaciones y recuerdos de su patria al tenerlo cerca.

Francis por otra parte estaba más relajado, pero sí estaba emocionado, usó una camisa de botones manga larga color beige, dejándose sin abotonar los primeros tres huequitos, un pantalón recto color azul y zapatos negros, cuando terminaba de arreglarse el cabello recibió una llamada.

— ¿Hola?

¡Francis! —se escuchó de la otra línea a Gilbert.

—Ah, mon cherì, ¿Qué se te ofrece?

¡Te tengo una asombrosa sorpresa!

— ¿En serio?

¡Obtuve un premio el cual me da derecho a invitar a quien quiera a comer gratis a un famoso restaurante colombiano! ¡Dicen que su comida es muy buena!

—Lo siento Gil, estoy muy ocupado co—

Es para dos personas y Roderich no quiso ir, te las estoy ofreciendo.

—Ajá…—eso le extrañó mucho, no era común en el albino ese tipo de gestos.

— ¡Es verdad! ¡¿Acaso no confías en el grandioso yo?!

—Claro, claro… ¿Pero podrías traerlas como que ya?

Antonio ya te las llevó.

— ¿Qué?

De pronto de escuchó la voz del español desde afuera de la casa: —Fraaanciiis.

— ¿C-Cómo…? —el francés quedó descolocado.

¡Adiós Kesessesese! —colgó.

Se preguntó qué demonios les pasaba a sus amigos, guardó su celular y fue hacia la puerta. Saludó algo confundido aún, el español traía en correa un perro de gran tamaño color crema con café en las patas y orejas.

Antonio le dio un par de boletines de lo que había dicho Gilbert por el celular, eran amarillos con azul y rojo, tenía una gran sonrisa en su rostro.

—Oh, gracias —los aceptó— Por cierto, ¿Por qué me traen esto? ¿Qué traman?

—Nada, Francis, pero le dije a Gil que si no iba a utilizar ese regalo entonces que te los diera hoy, tienes una cita con Matthew ¿No?

—Así que era eso —sonrió— pues entonces muchas gracias.

—Bueno, me tengo que ir, que te vaya bien en tu cita —sonrió como amigo que desea la felicidad del otro.

Mercí —dijo cerrando la puerta.

Terminó de alistarse y salió de la casa a encontrarse con el canadiense en una plaza algo cerca de ahí. Parecía un buen día, muy soleado pero con una temperatura muy agradable; aves cantando y toda belleza de cualquier buen día casi a medio día.

Cuando llegó al lugar de encuentro Matthew no había llegado aún, así que se sentó en una banca a esperar un rato. Miró lo que le había mandado Gilbert con Antonio, ahí venía la dirección del restaurante el cual al parecer estaba a unas cuantas cuadras del parque, ya había escuchado hablar de él y no sonaba tan mal idea. Estuvo pensando un buen rato en diversas cosas hasta que visualizó a Matthew llegar corriendo, se levantó dándole una señal de mano.

El rubio menor jadeaba del cansancio, encorvándose un poco y dejando al oso de felpa en el suelo para recuperar aire.

—S-Siento… Siento llegar t-tarde…

—No te preocupes, ¿Pero por qué vienes tan cansado, mon petit?

—Es…-—se incorporó respirando hondo— Es que por donde tenía que venir tuve que pasar cerca de la cancha en donde mon frére estaba jugando con sus amigos y me detuvieron un buen rato y…

—Está bien, no importa, aún es temprano y podemos ir a almorzar, ¿Qué te parece? —le sonrió aliviando las penurias del menor.

—Sí —sonrió tomando en sus brazos su peluche y caminando junto al francés— Por cierto, ¿A dónde vamos?

— ¡Oh cierto! No te lo dije, Gil me dio estos para ir a comer a un buen restaurante colombiano —le dio los boletines y él los miró curioso— ¿Te parece?

—Por mí está bien —se los devolvió— ¿Pero sabes dónde queda?

Oui, no está muy lejos.

El tímido canadiense se distrajo de momento, dejó de prestar atención a su entorno caminando por inercia y es que sólo podía pensar en qué le diría a Francis cuando viera el momento oportuno para confesarse, ¿Qué pasaría si le rechazara? ¿Lo odiaría? ¿Le dejaría de hablar? ¿Se reiría y le humillaría? O tal vez…podría ser que también le aceptara…no era la gran cosa pero tampoco era tan malo, tenía sus dotes como…bueno… En ese momento maldijo su maldita autoestima que le impedía verse adecuado ante el mayor, ¿Pero qué tal si le dijera que sólo quería que fuesen amigos? No le dejaría de hablar y no lo odiaría pero no quería sólo amistad; de pronto pensó en algo importante, ¿Por qué Francis de invitaría a una cita? Fue muy inesperado y además jamás especificó la razón, ni amigos ni otra cosa, sólo…cita…

No lo comprendía pero al fin y al cabo tantos pensamientos rondándole la cabeza lo estaban volviendo loco, sin darse cuenta que ya habían llegado al establecimiento indicado. Era un lugar muy bonito con toques típicos de procedencia sudamericana como era de esperarse, inclusive en frente cruzaba una tela con los colores de la bandera colombiana.

—Mattie —le llamó el francés.

No respondió.

—¿Mon petit, estás bien?

Le tocó el hombro sobresaltándolo y ruborizándose por la pena y el susto. Sonrió nervioso, diciendo, algo trabado, que se encontraba bien.

—¿Seguro?

—Sí.

—Dime si te sientes mal no quiero que te pase nada, ¿Entramos?

—S-Sí.

Por dentro era más bonito que afuera. Usando madera como principal material, elegancia, frescura y la esencia colombiana se mezclaba a la perfección.

Los atendió una joven de largo cabello castaño suelto, de ojos marrones, usaba ropa fresca y un delantal, en su frente tenía atado una cinta color hueso con un lazo de lado.

Ella modulaba a modo que cualquiera que no fuera de su nación le entendiera, pero siempre conservaba el fuerte acento colombiano.

— ¿En qué les puedo ayudar?

—Oh…mi amigo me dio estos —el galo sacó los boletitos que le había dado Antonio a la muchacha— Dijo que era para…

Le dio una ojeada al papel y sonrió, diciéndole a ambos jóvenes: — ¡Claro! Pasen por aquí.

Y eso incluía a Matthew, el cual le pareció algo muy bueno porque era difícil que le notaran inclusive en un restaurante.

Los dirigió a una de las mesas del fondo, que aún así no perdían el glamur, sólo estaba más alejada junto con otras mesas apartadas entre sí, en su mesa había una pared que la separaba del frente del resto de mesas, pocas podrían ver lo que había o quién había ahí.

—Me llamo Catalina, para servirles, así que siéntense cómodamente y revisen el menú, vengo en seguida —se fue a atender otros clientes.

— ¿Por qué eso me pareció extraño? —se preguntaba el francés— Bueno, no importa —tomó el folleto sobre la mesa de madera y ojeó lo que había.

—Esto se ve muy bueno, ¿No? —comentó tímidamente el ojivioleta.

—Tienes razón.

¡Que lo hicieras antes, idiota! –se escuchó desde detrás de la puerta-

¡No pude!

¡¿Me está jodiendo?!

Entonces hagan lo otro ¡¿Quieren?!

¡Lo sé, ya voy!

Eran varias voces discutiendo, probablemente algo alejados de los clientes pero los gritos los escuchaba cualquiera que estuviera dentro del local.

— ¡Disculpen eso! —llegó la joven de antes apenada— Era uno de nuestros compañeros provocando problemas con los pedidos y los clientes.

—No hay problema —le respondió amablemente el francés, el otro asintió.

—Gracias, —respiró hondo— ¿Qué van a pedir?

Catalina sacó una libreta con un bolígrafo de su delantal. Francis le respondió dándole el menú: —Por favor, una ensalada de pasta y carne, y de beber, ponche tropical.

Matthew, con algo de timidez aún, le extendió el folleto, respondió: —Yo…una ensalada de pollo al grill y un coctel de frutas…Por favor.

—Bien, esperen un poco por favor —se volvió a ir la joven.

— ¿Matthew, estás bien?

—¿Ah…?

—Te noto distraído desde que nos encontramos, ¿Te molesta algo?

—Eh…no, estoy bien, no es nada.

—Vamos dime, ¿Qué sucede? ¿Es por la cita?

Francis se notaba apenado, muy preocupado por Matthew quien se sintió culpable por un momento, tenía miedo y nervios. Respondió con algo de deje: — ¿Q-Qué…? No, por supuesto que no, es sólo que… ¿Por qué de pronto…?

— ¿Te parece incorrecto tener una cita como amigos?

De inmediato el francés se resintió, con esa palabra, "Amigos", musitó: — Entonces sólo somos amigos…

— ¿Disculpa?

—Nada —respondió con falsa tranquilidad.

Matthew le sonrió, quería decirle lo que pensaba, se estaba hartando pero lo que acababa de decir el galo… Este suspiró extrañado, diciendo: —Estás muy raro hoy… Pero cambiando de tema, ¿Cómo te ah ido con tu hermano? ¿No te está estresando verdad?

—Ah, no, de hecho está muy distraído últimamente, con eso de salir con Arthur.

—Ninguno cambia, debe ser muy ruidoso a veces, me gusta tu paciencia, mon petit.

—Supongo que gracias.

—Por nada, ¡Oh! Mira, ahí viene la comida.

—Qué rápidos —suspiró el canadiense.

La muchacha sonrió, extendiendo los platos frente a ellos con los cubiertos, diciendo con amabilidad: —Aquí tienen los dos y si necesitan otra cosa sólo pídanlo, buen provecho.

—Gracias —respondieron los dos al unísono, ella asintió antes de ir con los demás clientes.

Ambos empezaron a comer, degustando los platillos daban alguno que otro comentario para reírse o sentirse más cómodos. En determinado tiempo terminaron de comer así que sólo esperaron a que les bajara un poco la comida para salir; era una suerte que fuera gratis porque lo que pidieron no era tan barato para unos estudiantes de secundaria.

Llegó Catalina a limpiar la mesa, pero al recoger los platos y vasos colocándolos en su bandeja uno de sus compañeros reemplazó el espacio con dos copitas de dulce frente a ellos —De parte de la casa— Les dijo sonriendo, ellos agradecieron probando la crema de limón la cual era bañado con miel…eso les extrañó un poco, ¿Miel de maple en un restaurante colombiano? —Ah de ser algo nuevo—, pensaron. Ella se fue a otra mesa detrás de ellos a dejar otra orden y el otro joven con más clientes.

Esta vez Matthew no quiso llenarse del dulce, si eran amigos, ¿Qué más daba eso? Pero por la grandiosa inercia y para algo que no sabía si era suerte, lo hizo, se descuidó comiendo dejando manchitas en la comisura de sus labios, sin darse cuenta, sin embargo Francis lo notó.

Le llamó suavemente, dejando su plato de lado.

— ¿Sí?

—Tus labios.

— ¿Mis…?

Se sorprendió, recordó lo que estaba comiendo, y pensó: "No es posible que lo haya hecho sin darme cuenta…Es imposible, que no sea lo que pienso que es por favor".

— ¿Te lo quito?

—N-No es necesario, —pasó su mano por el lado equivocado, sin planearlo, por qué ahora sí era real el incidente— Mira, ya está.

Negó con la cabeza, sonriendo de lado y se levantó para acercar su boca a la de Matthew, quien estaba algo nervioso, claro que el francés sólo le besó a la orilla de sus labios pero…

Un perro! —se escuchó de varias personas del restaurante, Francis apartó su rostro.

— ¿Un per—?

No terminó su pregunta porque el animal color crema pasó sobre él al empujarlo por la parte de atrás, haciendo que cayera sobre Matthew en el suelo por la falta de equilibrio y la asombrosa fuerza del perro el cual se dirigió a la mesa que tenían detrás.

Cuando abrieron los ojos se miraron, el francés algo…Y el canadiense algo…Bueno, se estaban besando en la boca así que ninguno lograba reaccionar, un beso fuerte, inesperado y dulce… En un momento les faltó aire y se separaron levantándose rápidamente, sonrojados y nerviosos, en especial el menor el cual se tapó la boca con ambas manos algo asustado y avergonzado.

—¿E-Estás bien, mon petit?

Solamente asintió.

Es cierto que empezó a tranquilizarse pero le extrañaba los labios del chico en su boca.

— ¿Por qué te tapas la boca?

—E-Es… Es q-que…—bajó la cabeza y se descubrió la boca totalmente rojo— Ese…ese fue mi p-primer…beso…

— ¡¿Eh?! —no se lo creía, ¡Obtuvo el primer beso de Matthew!, accidentalmente, ¡Pero lo obtuvo! — T-Tiene que ser broma… ¿No?

—Pero…piensas que sólo somos amigos ¿No? —apenas se escuchaba.

— ¿A qué te…refieres?

—Cuando me besas por la miel de maple n-no…no es por algo importante ¿Verdad? Dijiste que éramos amigos…

—Ah…eso… E-Escucha… —le tomó de los hombros y él le volvió a ver— No quería decirte esto aquí, de hecho planeaba otra cosa pero…el asunto es que…Matthew en verdad…me gustas y a decir verdad en realidad te quiero mucho.

Matthew abrió los ojos de par en par, no lo entendió, no lo creía, se sentía…perturbado, en el buen sentido, pero es que la confusión que le inundó era colosal. Aún así respondió, cabizbajo: —No juegues…

— ¿Qué?

—No juegues conmigo…todo esto…debe ser por pena, ¿No? Sé que doy lástima pero no digas eso… —se agachó de cuclillas, bajando la cabeza con voz quebrada— ¿Te lo dijo Lucía acaso? ¿Por eso me invitaste a salir? Ya no quiero seguir…

— ¿D-De qué hablas…? —se preocupó, bajando para quedar a su altura y prestarle más atención.

—Desde aquel día que me enfermé…al principio sólo te preocupaste porque estaba cansado pero luego…empeoré y llegaste a mi casa, después de todo eso…no recuerdo muy bien las cosas pero sé que cuando mejoré te portabas diferente conmigo… Me confunde y ya no sé si quiera qué pensar…

—Matthew…mírame a los ojos… —le pidió con voz pasiva, este lo hizo tímidamente con los ojos empañados— Cuando digo me gustas es que es cierto y cuando digo que te quiero mucho es porque no tengo ni la mente en su lugar, me porté así porque de verdad me importas y en verdad me agradas…más que como un amigo…

Los ojos celestes de Francis reflejaban verdad, y su leve sonrisa era sincera y suave. Matthew sonrió tímidamente, musitando:

—Yo…yo también…es decir…q-que yo también te veo como más que un a-amigo… Francis, sí te quiero…

El francés esbozó una gran sonrisa y abrazó al menor tiernamente el cual le correspondió suavemente y sumamente feliz.

—Una pregunta…¿Por qué yo?

— ¿Por qué la pregunta, mon amour?

—No destaco y…bueno, ya sabes cómo soy…hay mucha gente mejor y—

Fue callado por un beso de parte del francés, un beso lleno de sentimiento y dulce, probando los suaves labios del menor el cual se desbordó de emociones pero que no le impidieron corresponderle, torpemente, pero lo hizo y eso les alegraba a ambos, "Eres tú porque simplemente eres tú".

Tras la hermosa escena les observaban un español, un prusiano, una húngara, una colombiana, una costarricense y un perro.

—Les dije que funcionaría —sonrió Antonio.

—Eso es porque yo ayudé ¡Kesesese! —rió Gilbert.

—Esto es sumamente geniaaal —sonreía Elizabeta con una cámara en mano.

—Así que para eso me pidieron crear esos volantes y usar miel de maple —comentó Catalina.

¡Wuau! —ladró el perro, obteniendo el último comentario de parte de Lucía:

—Qué suerte que Cremita sea tan grande y que Francis sea amante de las boquitas canadienses con algo de maple.

~Fin~


Al fin, jajaja gracias por el apoyo en este fic. Muchas gracias por leer y no olviden pasar a leer el extra por aparte llamado: Por inercia

Chao! ;D