Sorry por no subir. Entre unas cosas y otras tenía medio capítulo a terminar y me he retrasado un montón. Espero que os guste. Es bastante triste creo el capítulo. A ver si el 2015 nos trae algo de alegría... También podéis encontrar ésta historias y otras en Wattpad. Es una página para escribir relatos de todo tipo y tiene una app genial. Os la recomiendo 100%. Buscad la historia o el autor MsNathie.
Capítulo 7
Entre el caos y la maraya de pensamientos y drogas que tenía en la cabeza, conseguí ver a Damon y Klaus peleando. Otros vampiros vinieron, entre ellos Stefan.
Stefan se interpuso en mi visión, sus ojos moviéndose rápidos por mi rostro. Las venas se le inflaron bajo los ojos, volviendo sus ojos rojos y que sólo una mancha azul se distinguiera en ellos.
— Elena, Elena, mantente despierta. —me abrazó y luego se apartó rápidamente, con sus brazos llenos de sangre. ¿Era mía?
Stefan se lanzó contra otros vampiros, dejándome de nuevo sola. Intenté levantarme, pero mi parte izquierda del cuerpo no respondía, incluso podría decir que empezaba a no ver nada.
Cuando volví a abrir los ojos, los vampiros estaban en el suelo, sujetándose las manos.
— Puedo hacer que sientas más dolor del que nunca has sentido. Pero si cooperas…
La voz de la chica me parecía muy familiar, pero ahora ya no podía mover nada, no podía ni girar la cabeza. Sólo veía a Klaus retorciéndose de dolor.
Damon estaba a su lado, también en el suelo.
— Esto no es por mí, es por Elena. Sé que no te gustan los vampiros y menos Damon…
Escuchar su nombre me dio fuerzas. Algo querían hacer para salvarle. Seguro. Sino… ¿por qué me mencionaban a mí?
— ¡Elena! — Stefan apareció a mi lado y me pegó su muñeca a mi boca. Y como había hecho antes, bebí su sangre hasta que él apartó su muñeca. — Aguanta, por favor.
Mi vista empezaba a enfocarse y pude ver a Klaus hablando con Damon. Varios hombres mantenían a Klaus agarrado y muchas jeringuillas estaban en el suelo, varias pisadas. También había un gran charco de algún líquido dónde Klaus se encontraba. Y ahora que me daba cuenta, él estaba mojado. ¿Es posible que todo eso fuera aquello que ellos llamaban verbena?
Me levanté poco a poco a medida que veía que Damon empezaba a temblar. Luego se giró abruptamente hacia mí, y en un abrir y cerrar de ojos, enredó sus brazos a mi alrededor, dejándome incluso sin aire.
— Gracias por cuidar de mí. — nunca lo había visto tan abatido y tan intenso. Es decir, creo que nunca había visto a nadie mirarme así. Nunca alguien me había agradecido algo tanto. Quizás nunca había hecho cosas como le hacía a él.
— Ahora vivimos el uno por el otro, ¿verdad?
Asintió y me golpeó en la cabeza.
Un suave balanceo en medio de la oscuridad me aseguró que no estaba muerta.
Espera. ¿Muerta? ¿De qué estaría yo muerta?
¿Me habría quedado dormida en el balancín del porche de casa? El cuerpo estaba adolorido, quizás de una mala postura.
Abrí un ojo, esperando ver a Jeremy en el jardín, dibujando cosas como siempre hacía. Me sorprendí un poco cuando me topé con algo negro. Reparé en que había cierta presión en mi nuca y en mi brazo. También en una pierna.
— Te has salvado de que haya despertado. Y que haya despertado humana. — susurró Bonnie mientras alguien tocaba mi brazo. Se escuchaban voces.
— Oh, Bon-Bon, sabía lo que hacía.
— Nunca sabes qué haces. — se quejó Stefan a Damon.
Todo era muy confuso. Hacían un minuto estaba con mi manta en mi balancín, en el porche de mi casa y ahora…
— ¿qué ha pasado? — mi voz, pensando que sonaría ronca, sonó suave y musical.
— Oh…— murmuró Damon en cuanto abrí la boca. — Hey, pequeña Gilbert…
Sus ojos volvían a ser de ése azul que tanto me consolaba y me vi envuelta en su abrazo, donde sus brazos eran aquellas opresiones en mi cuerpo. Salvo por algunas otras que eran vendas.
Había vuelto. Mi vampiro había vuelto. Mi cordura había vuelto.
La luz se colaba entras las hojas de altos árboles y a veces no me dejaban ver su rostro. Alargué mi mano, esperando a que no contestara y sólo conseguí que mi mano convertida en un muñón de dedos ensangrentados volaran hasta su mejilla.
— Calma…— susurró delicadamente mientras que me bajaba la mano inclinando su cabeza. — Te está costando curarte, Elena.
— Has vuelto. — era lo único que podía pensar. Y decir. — Has vuelto.
— Nunca te dejé, Elena. — sonrió con esa sonrisa torcida que tanto hizo olvidar mis temores. — Sólo me fui de vacaciones. Bueno, — hizo un gesto gracioso con la boca. — técnicamente mi cordura se fue de vacaciones. Ya sabes, ésto— explicó mientras pasaba la lengua por sus colmillos ahora fuera. — seguían ahí. — y se encogió de hombros.
Volví a probar y ahora los dedos me respondían, así que pasé éstos por su pelo, ahora un poco más limpio, mientras los rayos de luz jugaban entre sus hebras.
— Ya queda poco. Sólo mantente despierta, ¿vale? Sino tu pequeña amiga-barra-br…
— ¡Damon! —chilló Bonnie mientras le azotaba el brazo. — No sé cómo te ha aguantado, de verdad.
— Me deseas, no lo niegues. — se mofó, apartando los ojos de mí.
Entonces caí en la cuenta. Todos los recuerdos volvieron y mi conciencia se quejó de que sólo me preocupara por Damon. Me moví entre sus brazos hasta aterrizar en el suelo torpemente. Mis piernas todavía no respondían bien, pero al instante ya tenía a todos a mi alrededor, así que me costó poco abrazar a Bonnie.
— ¡Dios mío, Bonnie! ¡Estás aquí! ¡Estoy viva! ¡Estoy aquí! ¡Estás aquí! — no pude seguir hablando porque las lágrimas me cortaron el aire y empecé a hipar.
— ¡Elena! ¡Elena! — musitaba ella mientras nos mecía. — te he echado tanto de menos. Todos te hemos echado de menos. Han pasado tantas cosas desde que…
La miré, intentando ver si algo había cambiado.
— Estás distinta, como si hubieras crecido…
— Tú pareces una treintañera, chica…— rio. — has madurado. — algún sentimiento atravesó su faz y esa luz que siempre tenía ella desapareció. — Algo viene. Tenemos que irnos. Ya.
Damon me cogió en vilo y me puso en su espalda.
— Más vale que tengas fuerzas en las piernas porqué tendrás que agarrarte bien.
Stefan y Bonnie ya había desaparecido.
— ¿Cómo se ha…
Pero no pude acabar la frase. Damon ya corría entre los árboles como borrones y el aire se había atascado en mi garganta, sin poder ni entrar ni salir.
— ¡Cierra la boca, Elena! — gritó disgustado Damon.
Hice lo que me pidió y enterré mi rostro en su espalda, intentando olvidar el pitidos de los oídos por la velocidad.
— ¿Es que esto no se va a acabar nunca? — rugió Damon mientras se agachaba ágilmente y evitaba algo. Apretó su agarre y casi pude sentir como llegaba hasta mis huesos su urgencia por escapar de ahí.
— ¡Cogedlos! ¡A quién sea! — gritaba alguien.
De repente nos paramos y mi cabeza rebotó contra el omoplato de Damon.
— No vamos a poder huir. No los despistaremos…
Damon empezó a deshacerse de mi agarre.
— Coge a Elena. Iros. Quieren a alguien. Los despistaré.
— No. No volveré a perderte. — gruñó Stefan. Cuando toqué el suelo cogí de la mano a Damon.
— Si te pierdo, me perderé. No me hagas esto.
Damon se deshizo de mi mano con gran facilidad y me aseguró en los brazos de Stefan.
— Sé lo que me hago. — cerró los ojos y luego miró hacia la izquierda. — Corre. Salvaos. — urgió.
Desapareció de mi vista rápidamente y Bonnie me cogió de la mano, mientras todo giraba y tras unos segundos ésa olor a hogar, a comida caliente y a amor me embriagaba, mientras sentía que mi verdadero yo, ése que había nacido y crecido en aquella celda por quien sabe cuánto, se moría y desaparecía. Justo como Damon lo había hecho.
