No tengo palabras para decir cuánto siento el haber tardado tanto en actualizar, más habiendo leido todos sus comentarios, por los cuales estoy super agradecida. Me siento honrada cuando me dicen que este es el primer fic que leyeron y les ha gustado, o cuando me comentan que es uno de los mejores dramaiones, lo cual de verdad es un honor porque hay muchos muy buenos. Los que me han dicho, que no acostumbran enviar reviews, pero que lo han hecho para que yo actualizara antes, de verdad, no sé cómo pedirles perdón. Tal vez ésta no sea la mejor historia, pero definitivamente tengo a los mejores lectores. Este capítulo me encanta, es un poco más largo que los anteriores, y va dedicado al mejoor hermano del mundo. Ya sin más rollo, porque sé que lo que quieren es leer la historia se las dejo aquí. Por cierto ¿cómo les ha ido a las que intentaron el espejo?

Capítulo VII: Victoria's Secret

-¡Qué lindos zapatos Granger! –dijo Pansy señalando los zapatos de Christian Louboutin que Draco le había comprado- no sabía que las sangre sucias pudieran comprarse zapatos así.

-Adivina quién me los compró –respondió Hermione con una enorme sonrisa.

Pansy observó completamente incrédula cómo Hermione volteaba su mirada hacia Draco luciendo aún su enorme sonrisa de cinismo en su limpio y humectado rostro. Él se limitaba a mirarla inexpresivo, sabiendo que Pansy no lo perdonaría jamás por haberle comprado a su compañera el vestido, los zapatos y las joyas que la opacarían en el baile donde debía deslumbrar para obtener un buen empleo, y que era después de todo, su presentación a la sociedad mágica productiva.

Aunque, él estaba seguro de que si Hermione hubiera decidido llevar el vestido rosa que había comprado, su impactante cambio de los últimos días habría sido suficiente para opacar a Pansy en el baile. Hermione tenía luz propia, tal vez no gastaba mucho dinero en su persona, pero definitivamente se veía arreglada todos los días. Se había delineado la ceja de forma delicada y natural, su piel se veía mucho más joven y sana, incluso podría aparecer en algún comercial dermatológico. Su cabello siempre desenredado y bien peinado, y su ropa, incluso el uniforme, le favorecía. No había un detalle que se viera mal en ella, hasta las uñas las llevaba pintadas con un brillo rosa muy claro. Era todo lo contrario a Pansy que era extravagancia en cada pestañeo, con inmensas cantidades de maquillaje que endurecía sus rasgos, peinados estrafalarios… mientras que Hermione era la naturalidad y la elegancia hechas mujer. O por lo menos eso pensaba Draco.

Pansy se limitaba a mirarlos incrédula. Parecía que su cerebro estaba demasiado ocupado procesando lo que veía como para responder. Todos los que estaban cerca de ellos se quedaron en silencio contemplando el espectáculo. Incluso Ron observaba molesto la escena, esperando a que se confirmara lo que ya era obvio: que Draco le había comprado a Hermione unos zapatos que costaban tanto. No sólo era algo que él jamás habría podido pagar, sino que ella jamás los hubiera aceptado.

-¿Es verdad, Draco? –preguntó Pansy con voz seca y casi temblorosa. En pocos segundos se había quedado pálida y sus rasgos toscos y caninos se pronunciaron aún más.

Draco no le contestó. No era que se sintiera temeroso de decirle. Él quería contestarle que sí había comprado esos zapatos. Sólo que no frente a todos sus compañeros. Intercambió una mirada corta con Hermione y supo que ella no diría más. No le reprochaba haberle dicho en primer lugar, pues su novia se había burlado de ella, y nunca tuvo la intención de que su regalo fuera un secreto.

-Te hice una pregunta, Draco, contéstame –apremió Pansy con los ojos enrojecidos- ¿tú le compraste esos zapatos?

-Acompáñame afuera del comedor –dijo Draco.

-¡No! –gritó Pansy furiosa- me vas a contestar aquí y ahora.

-Está bien –dijo Draco, y mirándola directamente a los ojos, sin ninguna clase de discreción dijo con voz clara y audible para que todos pudieran escucharle- yo le compré esos zapatos, junto con un vestido y joyas para el baile pues ella será mi pareja por órdenes de McGonagall.

-No me digas que McGonagall te obligó también a comprarle todo eso –dijo Pansy visiblemente dolida.

-No, lo hice porque consideré necesario que Hermione fuera vestida a la altura de las circunstancias –respondió él muy serio. No se mostraba arrogante, no arrastraba las palabras.

-¿A ti qué demonios te importa si ella va bien vestida? ¡Es ella quien no conseguirá un empleo de prestigio, no tú! –chilló Pansy mirando a Hermione con infinito desprecio.

Ella no le bajó la mirada, la enfrentó con una serenidad en su rostro que exasperó aún más a Pansy sin necesidad de que abriera la boca. No la miraba burlona, ninguna sonrisa de ningún tipo asomaba por su boca. Simplemente estaba serena, prestándole atención, manteniendo el contacto visual que tanto le costaba a Pansy mantener con ella o con Draco.

-Ambos estamos representando a la escuela en este baile, y simplemente pensé que sería una buena idea comprarle el vestido, no entiendo por qué te complicas tanto por algo así, y a ti también te he hecho buenos regalos.

-Pero yo soy tu novia, no tienes por qué gastar tanto en ella –respondió Pansy furiosa. Draco se sentía completamente apenado por tener esta discusión ante un público tan atento formado por todos sus compañeros. Lo sentía incluso por Hermione porque la estaba convirtiendo en la comidilla de todas las chicas durante los próximos días.

-No es como que haya vaciado la cámara de mi familia para pagar eso –dijo Draco.

-Pero estás arruinando toda tu reputación y la de tu familia.

-Creo que hasta aquí llegamos Pansy –dijo él con un tono amable pero firme.

Todos los presentes se quedaron congelados ante tal declaración. Sólo Draco parecía estar cuerdo después de haber soltado esa bomba en el gran comedor. Se sentía aliviado, satisfecho, a pesar de saber que todo el mundo se opondría a ese rompimiento.

Justo cuando sus compañeros parecían empezar a despertar con las exclamaciones de varias chicas, Pansy salió corriendo del gran comedor sin atreverse a decir nada. Todos los ojos se giraron entonces hacia Draco.

-Chicos, estamos en la clase de baile, por favor dejen sus vidas amorosas para después –gritó Francis aplaudiendo para llamar la atención de todos- volvamos a los estiramientos ¡ahora manos a la cintura! ¡y a mover la cadera! –gritó mientras caminaba entre los estudiantes, que lo miraban incrédulos de que les pidiese que hicieran eso. Cuando pasó por donde estaban Draco y Hermione, les llamó la atención por no hacer el ejercicio que acababa de indicar- ¡vamos Draco! No querrás lastimarte ahora que estás soltero –dijo con una sonrisa pícara y guiñándole un ojo.

Draco se quedó perplejo ante tal gesto y pudo asegurar que su disgusto se reflejó en su rostro, pues su pareja lo miraba a punto de echarse a reír a carcajadas.

* * *

Después de que la clase de baile hubiera concluido, todos se fueron a sus respectivas salas adoloridos y cansados. Algunas chicas estaban emocionadas y satisfechas con la clase, incluso Hermione se sentía cómoda en esa actividad física, lo que era muy raro en ella. Pero ningún hombre sentía lo mismo. Todos estaban avergonzados, y sobre todo, hartos de las miradas obscenas del maestro y su asistente.

-Dobby acaba de traerme varios folletos con las bebidas que le pedí para el baile ¿quieres verlos? –dijo Draco sentado en la mesa de la cocina mientras Hermione salía del baño secando su cabello.

-Pero yo no sé nada de bebidas –dijo Hermione.

-Tengo algunas muestras –respondió Malfoy contento, mientras Hermione caminaba resignada hacia la cocina. Llevaba un pants azul rey con un top amarillo con dibujos del mismo color del pantalón, y unas flip flops también azules.

-Bueno, prefiero las bebidas dulces. Y me encanta acompañarlas con queso –dijo Hermione- pero seguramente alguien querrá beber vinos secos, o incluso algo más fuerte como whiskey… ¿Draco me estás prestando atención? –añadió al notar que su compañero la miraba muy distraído, como perdido en otra cosa.

-Dime que no es cierto lo que se lee en tu blusa –dijo él.

-Claro que no, yo no estudio en UCLA. Estamos en Hogwarts, eligiendo las bebidas para el baile de presentación –respondió Hermione.

-No me refiero a eso –dijo Draco ofendido- ¿compras en Victoria's Secret?

Hermione se sonrojó ante la pregunta, o más bien, ante la forma en que ésta fue planteada, y el modo en que Draco la perforaba con la mirada en ese momento.

-¿Qué tiene eso que ver…?

-Es sólo una pregunta. Es que no te imagino a ti comprando ahí –respondió con simplicidad Draco.

-¿Y dónde se supone que sí me imaginas comprando? –preguntó Hermione divertida.

-En Madame Malkins –contestó Draco.

-Bueno, ya no. Le di mi vestido a Ginny porque ahora compro en Saks –respondió Hermione burlona, a lo que Draco respondió lanzando una carcajada- pero de todas formas, Madame Malkins no tiene ropa deportiva, ni pijamas, ni lencería. Así que… sí, compro en Victoria's Secret, por Internet, aunque seguramente no sabes de esas cosas muggles, pero es más fácil que ir a los Estados Unidos. Ahora, no sé por qué estoy dándote tantas explicaciones ¿podemos regresar al baile?

-Está bien –dijo Draco mirándola entretenido mientras su rostro seguía tomando color- tenemos vinos de hasta 300 años, que son los más costosos, y sus sabores varían dependiendo de la región en donde hayan sido elaborados. No quiero que haya whiskey en el baile porque con pocas copas bastaría para que nuestros compañeros hicieran un gran espectáculo ante el Ministro de Magia.

-En eso tienes razón. Entonces… ¿qué vinos vamos a escoger?

-Los mejores –dijo Draco- tanto dulces como secos, pero que sean los más antiguos.

-Tú relación con Pansy también era algo… antigua –se aventuró a decir Hermione cuidando de no mirarlo a los ojos.

-Sí, pero nunca fue buena. Ella siempre fue demasiado celosa y posesiva –respondió Draco no muy dispuesto a hablar de sus problemas con Pansy, pues aún no sabía qué lo había impulsado a terminar con ella, y en realidad, tenía bastante miedo de que hubiera sido Hermione.

-Bueno, supongo que yo también sería celosa si te acostaras con mi mejor amiga –dijo Hermione.

Draco reprimió la risa ante aquello. Fue algo muy extraño escuchar esa frase venir de Hermione. No era que estuviera fuera de lugar o algo así, más bien, que él no se imaginaba engañándola a ella, y eso era algo que nunca le había pasado con nadie más. La fidelidad y él eran grandes enemigos, pero por Hermione estaba dispuesto a hacer las paces.

¡Pero qué estaba pensando! Definitivamente no quería tener una relación con su compañera, y mucho menos serle fiel. Seguramente esas ideas se estaban formando en su cabeza precisamente por eso, porque él jamás podría serle infiel a alguien con quien no quiere tener ningún tipo de relación. ¿Por qué había tenido que terminar con Pansy? Si aún estuviera con ella, no estaría pensando esta clase de cosas.

¿Para qué engañarse? El estar con Pansy no haría ninguna diferencia. Antes de terminar con ella ya pensaba en Hermione de esa forma, y todo se acentuó con su enorme cambio. Y el verla en ese momento frente a él, viendo los folletos de las grandes casas de elfos vinícolas, con el cabello mojado y ese gesto que hacía cuando se concentraba, se veía tan sensual, convertida en la mejor modelo que pudiera tener Victoria's Secret. Y en ese momento, sin poder prevenirlo, sintió el enorme deseo y tentación de poder besarla.

Su perfume lo estaba volviendo loco, y eso era algo que jamás le sucedía con Pansy, que olía siempre a perfumes baratos a pesar de tener una cámara llena de oro. Pero Hermione tenía ese aroma tan fresco y abrazadoramente cálido a la vez, que lo podía hacer viajar a campos de flores y hacerle recordar las noches en que acampaba para ver las estrellas con un telescopio. Estaba seguro de que jamás se cansaría de ese embriagante aroma floral, pues ninguna abeja se hubiera cansado de esa miel.

-Mejor solamente vinos dulces –dijo Draco-. Estoy agotado ¿tú no? Creo que me iré a dormir.

-¿Con el cabello húmedo? –cuestionó Hermione.

-¿Qué hay con eso? Tú también tienes el cabello húmedo, y eso es porque un afeminado nos hizo sudar tanto que llegamos a bañarnos.

-Te estás sobre-explicando –se burló Hermione-. Cuando una persona tan arrogante como tú se sobre-explica quiere decir que no estás convencido de lo que hablas.

-Hace unos momentos de sobre-explicaste con lo de Victoria's secret –dijo Draco.

-Pero te miraba a los ojos. Tú no lo haces –respondió segura Hermione.

-¿Así que ahora soy arrogante? –preguntó con una sonrisa pícara,

-Siempre lo has sido. No cambies el tema ¿Qué pasa Draco?

-No pasa nada, tanta popularidad está haciendo que te vuelvas muy entrometida.

-Deja esas idioteces en paz –dijo ella sin ofenderse-. ¿Te sientes mal por terminar con Pansy?

-En realidad… siento que debí de hacerlo hace tiempo –confesó Draco reflexionando sobre sus confusos sentimientos encontrados- siento que me quité un gran peso de encima.

-¿Por qué? ¿no la querías? –preguntó Hermione con seriedad.

-Tenía trece años cuando comencé a salir con ella, claro que no la quería –explicó Draco- era un noviazgo por conveniencia. Ella quería más popularidad y yo podía dársela. Después se convirtió en algo más físico, pero ninguna relación sobrevive sólo con eso, por eso pasaba algunas noches con otras chicas. Luego seguimos juntos sólo por cuestiones familiares, pero en estos momentos esas cuestiones me importan un…

-¿Entonces por qué te sientes así? ¿Te sientes culpable por decirle en frente de todos? ¿Tienes miedo de cómo reaccione tu familia? ¿Crees que Millicent ya no quiera dormir contigo por lo que le hiciste a su amiga?

-Para empezar yo no duermo con nadie, es una regla que tengo, después de… tú sabes… cada quien a su cama. Y Millicent… mañana querrá venir estoy seguro, pero a decir verdad no estoy de humor para continuar con una activa vida sexual tan irresponsablemente.

-Ok, no es que de verdad quiera escuchar esto pero ¿a qué te refieres?

-Tal vez sea que estoy madurando, pero ya no me interesa acostarme con todas las chicas de Hogwarts. Creo que la próxima vez que haga algo será en una relación seria. No quiere decir que quiera casarme con ella, es sólo que… hacer eso con cualquiera es demasiado vacío. En cuanto a lo que me preguntaste de mi familia… no me importa lo que tengan que decir, ya estoy en edad de elegir lo que quiero. Y respecto a decirle frente a todos… yo no quería hacer las cosas así, pero ella así lo quiso. A decir verdad no sé qué rayos me está sucediendo. Esto… es algo nuevo para mí.

-¿Qué es nuevo para ti?

-En este momento quisiera besar a alguien –dejó escapar. Apoyó su mano en la mesa, tal y como lo hacía Hermione.

-¿A quién? –preguntó Hermione sin saber si debía de sorprenderse o no.

-A alguien que usa Victoria's Secret –respondió acercando su mano a la de ella. Afortunadamente, ella no percibió esto. Sabía que estaba arriesgando demasiado. Debía de parar ya antes de que hiciera algo de lo que ambos pudieran arrepentirse. Pero no podía resistirlo. Sus labios tan naturales, sin colágeno ni brillos, sólo naturales, del color más sano y hermoso que podía recordar haber querido besar, perfectamente humectados y carnosos, dibujando una perfecta sonrisa de estupefacción… él podía besar a cualquier chica que quisiera, pero esos labios, los más perfectos que pudiera conocer, estaban fuera de su alcance.

-Eso es irrelevante, Draco. Todas las chicas aquí usan Victoria's Secret –dijo Hermione comenzando a sentirse fuera de su zona de comodidad.

Draco la miró, sin atreverse a pronunciar una sola palabra. Se miraron a los ojos en silencio, ella queriendo saber qué sucedía, él también, aunque ya lo sabía. Y quería decírselo a pesar de su propia inseguridad, pero hacerlo equivalía a arriesgar más de lo que jamás había arriesgado. Se convertiría en alguien vulnerable, y sus decisiones ya no dependerían de él, sino de ella. Él no estaba hecho para esto.

Rozó su mano con la de ella, como preguntando si podía tomarla. El simple contacto era letal para él.

Era cierto que ahora quería una relación más seria, pero no con la mejor amiga de Harry Potter, no con Granger. No era que quisiera estar con alguien como Pansy o Millicent, pero definitivamente no quería a la chica más ñoña del colegio. Aunque Hermione ya no era esa chica. Era la más popular. La más hermosa. Y la única con la que quería estar.

Ella le tomó la mano, sin saber muy bien qué pensar, pero sabía que eso se sentía como lo correcto. Él se sintió feliz. Y la felicidad no había estado nunca en su vocabulario.

¿Y qué? Ella no está hecha para esto.

Sin decir nada rompió el contacto visual y se paró bruscamente soltándole la mano. Sin siquiera mirarla caminó hasta su habitación y cerró la puerta. Iba a ser una larga noche sin sueño.

Hermione se quedó ahí, perpleja, sin saber qué significaba aquello. Definitivamente algo había sucedido entre los dos, y ella había permitido que continuara al darle la mano, pero… todo era tan confuso que no podía culpar a Draco. Acaso… ¿le estaba comenzando a gustar Draco Malfoy?

Se fue ella también directo a su habitación, tratando de convencerse de que aunque él era muy diferente a lo que había imaginado en los seis años que tenía de conocerlo, y aunque su presencia despertara en ella… lo que sea que despertaba, aquello no podía ocurrir. Nunca. Draco era un Slytherin y un Malfoy y ella era Hermione. Sólo Hermione. La que hablaba con el espejo y conseguía todo, pero todos sabemos que esas cosas… ya saben las que involucran que un hombre y una mujer se quieran y formen algo… no pueden forzarse nunca.

Se puso la pijama y se recostó en la cama perdida en sus pensamientos. No planeaba dormir, tenía mucho que pensar, que decidir… Ya bastante riesgo era estar en la torre con él después de lo que le sucedió a Hannah Abbott, para encima querer una relación. La vida de ambos corría peligro, y si empezaban a salir sólo se estarían arriesgando.

¿Realmente estaba contemplando la posibilidad de andar con Draco Malfoy? Si alguien le hubiera advertido de esto días antes le habría gritado sobre su locura. Pero ahora la idea no parecía tan descabellada. Después de todo… él sólo era un chico, con sus ideas un poco elitistas y un pasado difícil. Todo lo que había sospechado de su maldad ahora eran mentiras para ella. Y pensar que Harry decía que era mortífago.

Ya basta de pensar, se dijo a sí misma, eso no podía ser y lo mejor era dejar eso antes de que pudiera salir herida. Pero de todas formas no pudo dormir esa noche.

Por la mañana, cuando salió de su baño ya vestida y arreglada para irse a clases, encontró la sala común vacía. Miró su reloj, y se dio cuenta de que era demasiado temprano para que Draco ya se hubiera marchado, además, él siempre estaba ahí temprano para hacer el desayuno. No estaba segura de si debía hacer eso, pero decidió llamar a la puerta de su habitación.

-Pasa –dijo Draco desde el interior de la recámara. Eso era lo que menos esperaba, se suponía que él debía abrirle y decirle que se marchara al Gran Comedor. Muy temerosa, y recordando lo que le dijo McGonagall el primer día sobre entrar a la habitación de su compañero, giró el pomo y abrió la puerta.

La habitación de Draco era muy parecida a la suya. Las paredes con un delicado tapiz blanco, pero con detalles en verde y plateado. El respaldo de la cama en donde yacía Draco tenía tallada una serpiente. Las colchas eran de un hermoso verde esmeralda. Incluso los muebles eran iguales a los de ella.

-¿Qué haces aún acostado? –dijo ella al momento de dar los primeros pasos hacia el interior de la habitación.

-Baja la voz, me duele la cabeza –le pidió Draco.

-¿Qué tienes? –preguntó Hermione preocupada acercándose a la cama. Al observarlo más de cerca se dio cuenta de que tenía unas enormes bolsas bajo los ojos, estaba pálido y se veía muy débil. Incluso su voz estaba alterada.

-No pude dormir, me siento muy mal. Por favor díselo a los maestros, no iré hoy a clases.

-¿Por qué no vas con Madame Pomfrey?

-Porque fui a media noche y me dijo que… no tengo nada –se quejó Draco molesto.

-Está bien. Yo les avisaré a los maestros. ¿No quieres que te traiga algo o…?

-No, voy a tratar de dormir. Gracias de todas formas.

-Está bien, ya me voy. Que te mejores –dio Hermione no muy convencida de querer dejarlo en tal estado.

-Que te vaya bien Hermione.

Salió de la habitación rápidamente y corrió hacia el Gran Comedor para desayunar con Harry y Ginny. Se pasó todo el desayuno pensando en Draco. Estaba muy preocupada por haberlo visto en ese estado. Si ella hubiera sabido antes cómo se sentía él hubiera podido al menos hacerle compañía y aprovechar de una forma más adecuada sus horas de insomnio. Aunque seguramente él no lo habría permitido. Pero así era mejor. Por su propio bien tenía que alejarse de Draco, ya se había acercado demasiado.

Cuando sonó el timbre se levantó de la banca y sin dirigirles una palabra a sus amigos salió rápidamente hacia el salón de transformaciones. Pero cuán grande fue su sorpresa cuando vio que en el escritorio estaba sentado Snape y no McGonagall.

-¿Dónde está la profesora? –preguntó.

-Ha tenido que ir a Londres para invitar al Ministro al Baile de Presentación, señorita Granger, así que yo daré la clase –respondió fríamente Snape.

-Ohh. Bueno, Dr… Malfoy me pidió que le dijera que se siente muy enfermo y no puede asistir a la clase.

-¿Y por qué no fue con Madame Pomfrey?

-Dice que sí fue durante la noche, pero le dijo que estaba bien. Sin embargo hoy en la mañana se veía bastante mal –expresó preocupada.

-Está bien, vaya a su banca, Granger –dijo Snape.

Una vez que hubiese llegado el resto de sus compañeros, la clase comenzó. Sin embargo, Hermione, por primera vez desde que entró al Colegio, no estaba prestando atención. Simplemente aquello no podía ser. Tenía que dejar incluso de pensar en él.

-Señorita Granger, haga el favor de indicarle a sus compañeros el movimiento de varita para la transformación de un cubierto a un mueble de madera –pidió el profesor.

-Yo…

-¿No lo sabe? Tendré que quitarle puntos a Gryffindor… -dijo contento Snape.

-No profesor, por favor –dijo Pansy- disculpe a Granger, está muy ocupada pensando en los zapatos que Draco le compró y seguramente ahora sueña que tiene una oportunidad con él, pues terminó conmigo. Pobre sangre sucia.

-¡Qué ilusa Granger! –comentó el profesor.

Si eso hubiera sucedido el año pasado, Hermione hubiera salido corriendo del salón empapada en lágrimas, pues Pansy era muy intimidante y definitivamente ése había sido un movimiento inesperado que la había tomado por sorpresa. Pero Hermione ya no era la misma, sabía que Pansy había dicho eso aprovechando la ausencia de Draco, pero eso no importaba. Esta Hermione tenía demasiada confianza en sí misma y en su facilidad de palabra para dejarse vencer por unas cuantas frases poco pensadas.

Para sorpresa de todos los que estaban presentes, se puso de pie, con una postura magnifica digna de una bailarina de ballet. Incluso Pansy se notó sorprendida. Harry le murmuraba que mejor se sentara, que no valía la pena. Pero estaba decidida, ya se habían burlado en años anteriores de la débil Hermione. No se burlarían de la fuerte.

-Supongo que represento una terrible amenaza, Pansy. Si tan imposible es que consiga andar con tu ex ¿para qué te molestas en insultarme?

Por un momento todo el salón se quedó mudo ante el atrevimiento de la Gryffindor, pero pronto comenzaron a hacerse escuchar las burlas hacia Pansy de parte de sus compañeros. Hermione tomó asiento de nuevo, para escuchar a Snape gritar que acababa de perder 100 puntos por su grosería, pero ni a ella, ni a ningún otro Gryffindor le importó. Tal vez había cruzado la línea al sembrar la duda entre sus compañeros sobre si había algo entre Draco y ella.

Ese día al finalizar las clases salió corriendo hacia la torre para ver cómo se encontraba Draco. Se sorprendió de verlo ya bañado y bien vestido con la ropa para la clase de baile, haciendo tarea en su escritorio.

-Me alegra ver que estés mejor –le dijo más tranquila.

-Hace media hora me levanté –dijo Draco- dormí poco pero me ayudó bastante. Escuché lo de Pansy.

-No quise decirle eso –se excusó rápidamente.

-Fue brillante –dijo Malfoy- me contó Zabini que no asistió a ninguna otra clase y pasó varias horas en el baño de Myrtle.

-De todas formas no debí de decirle eso. Ahora va a suponer que hay algo entre tú y yo que no es…

-¿Y a quién le importa lo que piense Pansy ahora? Gracias a Merlín, ella y yo ya no somos nada así que puede pensar lo que quiera, no tiene nada que reclamarme. ¿Nos vamos a baile?

-Aún no me he cambiado –dijo Hermione.

-Pues ve y cámbiate que se nos hace tarde –dijo Draco.

Corrió a su habitación y se puso un top rosa fucsia con un pantalón negro que le llegaba hasta la rodilla. Se recogió el cabello en dos trenzas delgadas y tomó los maravillosos Louboutins para bajar corriendo con unas coquetas pantuflas de oveja a la sala común.

-¿Nos vamos?

-No esperarás que entre al Gran Comedor con mi pareja en pantuflas ¿verdad? –se burlo Draco.

-No sé por qué Pansy tiene tantos celos, se acaba de quitar un gran peso de encima –bromeó Hermione sentándose en el sillón para ponerse los zapatos- además no son pantuflas, son Anna y Belle –dijo señalando a cada una. Draco la miró incrédulo.

-Me ahorro mis comentarios sobre Anabelle. Definitivamente hay muchas cosas en la vida que no sabes apreciar. Permíteme –dijo sentándose al lado de ella y pidiéndole el zapato para ayudarla a ponérselo.

Al momento en que su piel entro en contacto con la de ella, volvió a su mente el recuerdo de lo que había ocurrido en la noche cuando la tomó de la mano. Había pasado toda la mañana pensando, en medio de fuertes dolores de cabeza, que Madame Pomfrey había dicho se debían a la tensión y al nerviosismo. Justo cuando tomó la decisión de intentar algo con Hermione, fue que pudo conciliar el sueño.

Así es, había decidido aceptar que sentía algo por su compañera, si era atracción o incluso cariño lo averiguaría después, aunque de verdad esperaba que sólo fuera atracción. Pero Draco Malfoy no se iba a quedar con los brazos cruzados ante lo que sentía, tenía que experimentar, ver si funcionaba, y si lo hacía, ya se las arreglaría con su familia y los otros Slytherins, después de todo, siempre terminaba haciendo lo que dictaba su voluntad.

Una vez que Hermione tenía ambos zapatos puestos, salieron juntos en camino al Gran Comedor. Francis ya estaba al frente probando la música para la clase de aquel día. Se acomodaron al centro del Comedor, a un lado de Parvati Patil y su pareja Seamus Finnigan. Tanto Draco como Hermione podían sentir que todos los ojos de sus compañeros estaban sobre ellos, escuchaban los murmullos de muchas chicas que comentaban aún impresionadas sobre cómo Hermione tuvo el valor de contestarle a Pansy en la clase teniendo de catedrático a Snape.

-No había visto tus zapatos, Parvati, son muy lindos –dijo Hermione amablemente.

-Gracias –respondió Parvati contenta- los tuyos también son hermosos.

-Bueno eso hay que decírselo a Draco, él me los compró.

-¡Pero si ya llegó el nuevo soltero más codiciado de Hogwarts! –exclamó Roro al verlos- ¿a dónde tienen que mandar sus solicitudes las interesadas, corazón?

Todos guardaron silencio para escuchar lo que diría Draco.

-Con Pansy, ella se encargará de espantarlas –respondió tratando de no ofenderse- claro que si alguna sobrevive a ella, entonces sí quiero salir con ella.

El salón entero se quedó petrificado con esa declaración, Hermione enrojeció más de lo que hubiera podido enrojecer un Weasley. Todos sabían lo que eso significaba. Hermione era la única que había podido tolerar sus insultos sin echarse a llorar, y tuvo la fuerza para contestarle de forma inteligente.

-Muy bien, muchachos ¡todos a sus lugares! Vamos a empezar a calentar, igual que ayer, pero hoy haremos algo de foxtrot y tango, no más waltz hasta mañana.

Calentaron tal y como Francis indicaba, hasta que éste consideró que ya tenían suficiente y llamó a Roro para que le ayudara a marcar algunos pasos básicos de foxtrot.

-Pónganse de frente a sus parejas y las chicas se van a acercar a los chicos así como lo está haciendo Roro. Extienden sus brazos como lo estamos haciendo, y se toman para comenzar a bailar. Fíjense bien dónde ponen esas manos –añadió, y todos los chicos subieron la mano que tenían en la espalda de sus parejas- Ahora, un paso corto en diagonal hacia la izquierda, y regresamos, y ahora uno largo ¡y camino! –indicó embargado por la pasión mientras bailaba con Roro- tres pasos y damos una vuelta y continuamos con otros tres pasos y ¡vuelta! ¡Lo están haciendo muy bien, soltero codiciado y su pareja!

Incluso Hermione estaba impresionada, Draco la guiaba por todo el comedor. Bailaba excelentemente, y se veía tan varonil haciéndolo, que todas las chicas parecían envidiarla. Parecía saber perfectamente bien lo que hacía, despidiendo sensualidad a cada paso o vuelta. Muchos incluso se detuvieron para observarlos. Hermione no era tan diestra, pero con la dirección de su pareja podía desplazarse mejor y mecerse con más gracia. Era un espectáculo digno de apreciar: él con su espalda recta, sus pasos firmes, mirando a Hermione y moviéndola con suma delicadeza. Ella con un gran oído, que aprovechaba para imprimir toda su gracia en sus movimientos. Eran la pareja perfecta y todos lo sabían.

Entonces se detuvieron quedando en un hermoso desplante.

-¡Bravo! –escucharon gritar a la profesora McGonagall que había entrado segundos antes al Comedor para observar la clase- los invitados quedarán encantados ¡Pero qué maravilla Francis! Es la segunda clase y mis Premios Anuales ya son unos profesionales. -Francis sonrió orgulloso por su avance, sintiéndose contento de que sus alumnos aprendieran con tanta velocidad.

-¿Dónde has aprendido a bailar así? –dijo Hermione en voz muy baja para que sólo Draco la escuchara. Estaba muy sorprendida por la nueva habilidad que había descubierto en su compañero, y está de más decir que disfrutó bastante del baile. Él era ágil, se movía bastante bien, con tanta sensualidad que parecía estar seduciendo a su pareja. Daba cada paso con seguridad, pues sabía muy bien lo que estaba haciendo, y la sujetaba por la espalda con delicadeza, justo a la altura del brazo de ella, y la miraba a los ojos a cada paso, manteniendo una conexión por demás especial, como queriendo comunicarle que ese baile de verdad significaba algo más que la orden de McGonagall.

-Aún falta el Tango –respondió él con una sonrisa cómplice.

-¿Pero dónde has aprendido? –inquirió Hermione.

-En uno de los viajes con mi abuelo –respondió él- pero debo admitir que nunca había tenido una pareja tan buena.

Hermione se sonrojó, mientras Francis volvía a indicar una serie de pasos para que lo siguieran. En los siguientes bailes, ellos continuaron siendo el centro de atención, por su perfecta coordinación el uno con el otro y por la espontaneidad con que se movían por el salón. Por lo visto, Pansy jamás había bailado con Draco, sólo en aquel baile de Navidad que parecía tantos años atrás, en el que Hermione y Draco se odiaban. Pero en ese entonces, él ni siquiera sabía bailar, así que no había sido tan especial como ahora con Hermione. Además, Draco recordó que Pansy era una pésima bailarina, rígida y tosca en sus movimientos, con muy mal ritmo.

Por alguna razón, el bailar con Hermione se sentía como algo que estaba bien. Ella bailaba muy bien y a pesar de no saber muy bien a dónde debía de ir, él la dirigía, y ella, cual pluma en el aire, se dejaba dirigir.

Al término de la clase, muchas chicas miraban embelesadas a Draco por cómo había bailado con Hermione, por cómo la había mirado, incluso por cómo se había acercado a su oído, con gesto de estar disfrutando su perfume, y le había susurrado algo. Y Hermione era la chica más admirada en esos momentos, sobran decir las razones.

-Hermione –la llamó cuando ella salía del Comedor en camino hacia su sala común para darse un buen baño. Ella volteó y lo esperó para que se fueran juntos- ¿sabes qué pasa un día después del baile?

-La primera visita del año a Hogsmeade –respondió ella.

-Es costumbre de… algunos Slytherins hacer una fiesta en la casa de Marcus Flint cada año. Haremos una albercada, y pensé que tal vez te gustaría ir.

Ahí estaba, parado en el umbral de la entrada al Gran Comedor, rodeado de sus compañeros, pidiéndole a Hermione que salieran juntos sin tomar la precaución de bajar la voz para que eso quedara entre ellos. Dejando atrás todos sus prejuicios, y todos los peligros a los que la estaba arriesgando.

-¿Con Slytherins? –preguntó Hermione no muy segura.

-Bueno también van muchos Ravenclaws –respondió Draco ansioso- además, se te olvida que a estas alturas cualquier Slytherin inteligente no sólo te respeta, casi te admira –Hermione rió ante este comentario y respondió:

-Está bien, me agrada la idea.

Draco se sintió muy satisfecho, había pensado que si se negaba, le diría que su primer deseo era que lo acompañara a la fiesta. Pero eso hubiera sido obligarla, además de un completo desperdicio del deseo, tomando en cuenta que solamente tenía tres.

Caminaron juntos, contentos, con alguna especie de conexión entre ambos, hacia su sala común, ignorando completamente que detrás de ellos dejaban a una furiosa y peligrosa Pansy Parkinson que había presenciado, no sólo sus miradas mientras bailaban, sino también el momento en que aquél que el día anterior había sido su novio había invitado a aquélla que al principio de año seguía siendo una perdedora, a una de las fiestas más importantes del año.

Ni siquiera he de pedirles reviews, ya saben que me encantan, me inspiran, y cuando se me quitan las ganas de escribir, de verdad me las regresan. Es bonito saber que tu trabajo es tan apreciado. Espero que les haya gustado, y pues, que dejen un comentario. Saludos.