[Advertencia: contenido sexual explícito]

Mientras atravesaba el pasillo hasta llegar a la puerta del dormitorio de los Slytherins, Harry solo podía pensar "maldito Nott" una y otra vez. Toda la tranquilidad que había sentido la noche anterior con respecto a su sexualidad y a sus posibles sentimientos por Malfoy se había esfumado en cuanto se había despertado esa mañana, sudado y con la cabeza a punto de explotar. ¿En qué estaba pensando todo el mundo? De todas las locuras que había vivido Harry a lo largo de su vida, aquella debía de ser la más disparatada. Y lo peor de todo era que Harry quería hacerlo. Quería encerrarse con Malfoy en el baño. No, estaba impaciente por encerrarse con Malfoy en el baño. Debía de estar volviéndose completamente loco.

Llamó a la puerta, y esta se abrió dos segundos después, sin que Harry oyera pasos. Casi como si Malfoy hubiera estado esperándole justo detrás. Harry iba burlarse del chico por ello, a preguntarle si tantas ganas tenía de verle, pero lo que salió de su boca fue:

– Tus labios brillan.

Ah, a veces Harry odiaba la forma en la que su cerebro colapsaba cuando tenía a Malfoy delante.

– Soy consciente de ello, Potter. Me he echado vaselina – contestó el chico. La sonrisa ladeada que le dedicó parecía... nerviosa. Expectante, se habría atrevido a aventurar Harry.

Malfoy se apartó de la puerta, y él entró en la habitación. A excepción de la decoración verde y plateada de las camas y paredes, era exactamente igual a la de Gryffindor. Goyle y Nott no estaban por allí, pero Zabini sí, y los estaba observando sin ningún tipo de disimulo por encima de la revista que estaba leyendo tumbado en su cama. Estaba sonriendo y haciendo movimientos lascivos con las cejas. ¿Era eso siquiera posible? ¿Hacer movimientos lascivos con las cejas?

– Pasadlo bien – dijo, con un tono de voz alarmantemente parecido a un ronroneo, mientras Harry seguía a Malfoy hacia el baño del dormitorio. Malfoy no contestó, y él tampoco. No tenía ni idea de qué decir a eso.

En cuanto entraron en el baño, Draco cerró la puerta con un Fermaportus y conjuró un Muffliato en la habitación, además de lanzar un par de hechizos que Harry no reconoció.

– ¿Por qué haces eso? – preguntó. No sabía si debía sentirse alarmado ante la perspectiva de estar encerrado con Malfoy. La experiencia le decía que sí, pero la intuición que no. Y su mente... bueno, su mente estaba teniendo ideas poco apropiadas en las que prefirió no seguir pensando. Lo último que necesitaba era tener una erección mientras Malfoy le teñía el pelo.

– Por si Blaise tiene alguna idea estúpida en mente.

– ¿Debería preocuparme?

Esa vez, la sonrisa torcida de Malfoy pareció auténtica.

– Depende lo que tengas pensado hacer conmigo aquí dentro.

Un calor involuntario subió por todo el cuerpo de Harry, desde sus muslos hasta su pecho, incluyendo toda la zona que había en medio. Se forzó a respirar. Empezaba a estar nervioso, pero no iba a dejar que Malfoy lo notase.

– No podría hacer gran cosa aunque quisiera, teniendo en cuenta el tamaño de este baño. ¿Cómo se siente no tener los privilegios de la clase alta, Malfoy?

Dijo eso a modo de insulto, pero, en realidad, el tema del espacio era algo que estaba empezando a preocuparle de verdad. El aseo era incluso más pequeño que el de los Gryffindors; tenía el espacio justo para un váter, un lavabo y un armario de puertas de cristal lleno de productos de higiene. Si no hubiera estado tan bien decorado con motivos de la casa Slytherin, Harry habría sentido que estaba en un baño de gasolinera.

– Bien, gracias – contestó Malfoy, encogiéndose de hombros –, tengo cuanto necesito.

Harry no supo qué contestar a eso. Las respuestas de Malfoy siempre le sacaban de sus casillas, y su cerebro no estaba colaborando. Tenía la impresión de que el baño entero olía a Malfoy.

Miró al chico de reojo, y éste le devolvió la mirada. Había algo allí... algo que le hizo preguntarse hasta qué punto estaba el Slytherin relajado y en control de aquella situación. Si quedaba dentro de él algún rastro del chico que había sido, probablemente estaba tratando con todo su ser de no mostrar lo nervioso que estaba. Pero, si era así, se le daba mucho mejor que antes, porque Harry tenía la impresión de que se estaba imaginando la incertidumbre que brillaba debajo de su expresión de tranquilidad.

Malfoy apartó la mirada y conjuró una silla. A continuación, transfiguró el lavabo para que fuera más pequeño y tuviera la forma típica de los de las peluquerías.

– Siéntate – ordenó. A Harry no le gustaba que le dijeran lo que tenía que hacer, pero... ¿qué otra opción tenía? ¿Quedarse ahí de pie tan cerca de Draco Malfoy? ¿Con su cuerpo acalorado y su mente torturándole con imágenes obscenas en las que Malfoy se ponía de rodillas y le bajaba los pantalones y...?

Harry atravesó a Malfoy con la mirada para dejar claro que si se estaba sentando era por decisión propia, y se dejó caer sobre la silla, de espaldas al lavabo.

– ¿Qué mierda estoy haciendo aquí? – masculló. Fingió que lo estaba diciendo para sí, pero se aseguró de que Malfoy pudiera oírle. Quería... no, tenía que dejar claro que él no quería estar ahí. En un baño diminuto, a solas, con Draco Malfoy de pie a su lado, pasando sus dedos por su pelo una y otra vez mientras la cara de Harry estaba a tan solo unos centímetros de...

– Hacer honor a tu título de Gryffindor, por supuesto. ¿Qué pensaría la gente de ti si rechazaras un reto?

Lo cierto era que a Harry le daban bastante igual los retos, al menos fuera del Quidditch. Y Malfoy, pensó, probablemente lo sabía.

En realidad, si se paraba a pensar en ello, la única persona que había conseguido despertar en él la competitividad hasta el punto de hacer tonterías había sido... Malfoy.

– Sí, cierto – contestó, a falta de algo mejor que decir.

Sin previo aviso, el Slytherin puso sus manos en los hombros de Harry. Estaban calientes.

– Gírate hacia el armario – indicó –. Tienes que estar de espaldas a mí para que pueda ver todo tu pelo.

– Ah. Vale.

Vale. Eso era bueno. Así no podría ver el cuerpo del Slytherin. O, al menos, no la parte de su cuerpo que estaba casi rozando el de Harry y que estaba trayendo a su mente tantos pensamientos pecaminosos. Tan solo estaban al alcance de su vista, a través del espejo del lavabo y por el rabillo del ojo, sus hombros, su cuello y su maldita cabeza rosa. Todo estaba bajo control. Bien.

~

Mal, mal mal mal mal. Malfoy había abierto un bote – de tinte, suponía Harry – y estaba acariciando su cuero cabelludo con sumo cuidado, ejerciendo la presión justa en sus sienes y su coronilla, Y Harry no podía ver el cuerpo del Slytherin. ¿Qué había sido aquel roce contra su hombro? ¿Qué parte del cuerpo de Malfoy acababa de presionarse por un momento contra su espalda? Su imaginación estaba volando. Mientras Harry trataba de mantener su respiración acompasada, su estúpido cerebro estaba disfrutando de un bonito desfile de imágenes en las que los dedos de Malfoy acariciaban zonas de su cuerpo muy alejadas de su cabeza; en las que el Slytherin se inclinaba hacia él y ponía sus labios en la curva del cuello de Harry; en las que aquellos roces contra su espalda no eran momentáneos, sino que Malfoy se presionaba contra él y empezaba a moverse, y Harry empezaba a oír suspiros que se convertían en gemidos y sentía un bulto contra su costado y...

Y necesitaba dejar de pensar en todo eso. Que el chico estuviera detrás de él no quería decir que el bulto que estaba creciendo en los pantalones de Harry fuera a pasarle inadvertido.

De pronto, el Malfoy real suspiró. Probablemente solo estaba sumido en sus pensamientos, pero Harry tuvo que cambiar de postura rápidamente para evitar que su erección creciente se marcase contra su ropa.

– ¿Poniéndote cómodo, Potter?

– Hmhm – contestó él, apenas en un murmullo. Aquello era vergonzoso, pero habría sido mucho peor si Malfoy hubiera conocido sus verdaderos motivos –. El masaje es relajante – mintió.

– Ni que nunca te hubieran dado un masaje capilar en la peluquería.

No, a Harry nunca le habían dado un masaje capilar en la peluquería. De hecho, no había pisado una peluquería desde los ocho años. Los Durlsey siempre lo llevaban a los peores sitios cuando era pequeño, porque no querían malgastar el dinero en su pelo, y después Petunia había empezado a cortárselo en casa al ver que volvía a crecerle durante la noche por culpa de la magia accidental.

En segundo, Molly le había enseñado a Harry un hechizo para cortarse las puntas y él no había vuelto a dejar que nadie acercase unas tijeras a su cabeza.

Pero no quería tener que hablar de nada de eso, así que la respuesta que dio fue la segunda que cruzó su mente:

– Supongo que nadie lo hace tan bien como tú –. Por dentro, Harry estaba golpeando su frente repetidamente contra un poste –. Tocarme, quiero decir – añadió –. El pelo.

No pudo evitarlo. Miró de lado hacia el espejo para comprobar cuál estaba siendo la reacción de Malfoy ante aquel intento fallido de conversación. Ah, cómo no. El Slytherin estaba sonriendo. Al menos se había ruborizado. Tal vez. O quizá solo era un reflejo del color rosa que su cabeza parecía desprender.

~

Se puso de pie delante del espejo para admirar el trabajo de Malfoy. Tal y como el chico había vaticinado, su pelo seguía siendo negro, pero, allí donde la luz del baño se reflejaba en sus mechones, podían distinguirse brillos de color rojo intenso. Era raro verse a sí mismo así, pero al menos su pelo no era desagradable a la vista. Acabaría acostumbrándose.

Malfoy se puso de pie detrás de él y, con un gesto de frustración dibujado en su cara, empezó a pasar sus dedos por el pelo de Harry en un intento inútil por dejarlo menos despeinado de lo que estaba.

– Tiene que haber alguna forma de ordenar todos estos mechones – murmuró. Harry observó los intentos frustrados de Malfoy a través del espejo. Cada vez que Malfoy rozaba su cuello sentía una explosión de fuegos artificiales dentro de su pecho.

– Créeme, ya lo he probado todo. No la hay – contestó.

Malfoy, a pesar de todo, siguió intentando alisar su pelo con sus manos. Uno de sus dedos rozó la oreja de Harry, otro presionó una zona sensible de su coronilla, después todos se movieron a la vez haciendo un movimiento circular... era como beberse un chupito de whisky de fuego detrás de otro. Harry no quería que aquello terminase. Quería que Malfoy se inclinase para besar su cuello, quería poder soltar todos los suspiros que estaba conteniendo. Pero sabía que el chico le echaría del baño en cualquier momento, que tendría que volver a su dormitorio, encerrarse en su cama y tocarse mientras recordaba los roces del cuerpo del Slytherin contra el suyo.

Detrás de él, Malfoy cambió de postura. El movimiento en sí no tuvo nada de raro o particular, y a Harry probablemente le habría pasado desapercibido de no ser porque causó que el cuerpo del Slytherin se rozase contra su cadera. El pensamiento "puede haber sido cualquier parte del cuerpo" no había terminado de formarse en su mente cuando Malfoy suspiró contra su cuello.

Vale, a ver, Harry podría haberse imaginado el sonido que acababa de escaparse de los labios de Malfoy. Pero la sensación de la respiración del chico contra su piel había sido cien por cien real, seguro. Y también el bulto que, durante un instante, sintió presionado contra su cintura. Por no hablar de la forma en la que los labios del reflejo de Malfoy temblaron con sutileza. Harry definitivamente no tenía tanta imaginación.

Se quedaron muy quietos durante varios segundos. Petrificados. Sus miradas se encontraron en el espejo, y Harry se alegró de que no fuese físicamente posible que la sangre de sus venas empezase a arder. Al menos, no en el sentido literal de la palabra.

De forma casi inconsciente, se inclinó ligeramente contra el cuerpo de Malfoy. Otro suspiro, esta vez más cercano a un jadeo, acarició la piel de su cuello. Harry sintió el roce de una mano contra la piel de su cintura, como si Malfoy quisiera tocarle pero no se atreviera a dar el paso. Esa misma duda estaba reflejada en sus ojos, que todavía estaban fijados en los de Harry en el espejo.

Harry giró la cabeza para enfrentar al Slytherin, y habló muy cerca de sus labios.

– ¿Se te ha agotado la reserva de coraje, Malfoy?

El Slytherin no se apartó de él. Dejó que la mano que había estado en su pelo descendiera despacio por el cuello de Harry, por su hombro. Se movió por encima del brazo de Harry para acariciar su clavícula y por Godric Gryffindor, Harry estaba a punto de explotar. Los dedos de Draco Malfoy acababan de rozar uno de sus pezones, y Harry había reaccionado soltando un jadeo entrecortado. La tela de sus pantalones estaba empezando a parecerle muy, muy estrecha.

Aquello estaba ocurriendo. Aquello no era una fantasía. Malfoy estaba... estaba jugando con el pezón de Harry a través de la tela de su camiseta. Estaba moviéndose muy, muy ligeramente contra Harry, probablemente buscando fricción. Y sus miradas estaban conectadas.

Los labios de Malfoy estaban entreabiertos y aún recubiertos de vaselina, y tan cerca de los suyos que lo único que pudo hacer Harry fue humedecérselos y llevar una mano hacia atrás, hacia la nuca del chico, para tirar de él y poder besarle. Malfoy dejó caer sus manos y abrazó a Harry por la cintura, atrayendo su cuerpo hacia el de él y suspirando con suavidad contra sus labios, y Harry sintió que podría haberse caído. Su camiseta se había levantado al llevar el brazo hacia arriba, y los dedos de Malfoy estaban acariciando la piel de su vientre. Si bajase las manos tan solo un poco más... Godric, ¿estaría Malfoy dispuesto a eso? ¿A tocar a Harry? El simple pensamiento le hizo suspirar contra el beso, y movió su mano con urgencia hacia las de Malfoy, tratando de empujarlas hacia abajo para que estuvieran donde tanto las necesitaba.

Malfoy se separó del beso.

– Harry – murmuró, y él sintió que su corazón se salía de su pecho –. Harry, nunca te has acostado con nadie.

– Ya – dijo él, tratando de juntar sus labios con los de Malfoy de nuevo. Pero el chico se alejó más de él y le estudió con la mirada, sus manos aún rodeando a Harry, su erección aún presionada contra su costado.

– ¿Estás seguro de que quieres hacer esto? – preguntó. No lo añadió, pero la palabra "conmigo" vibró en el aire a su alrededor.

En lugar de contestar, Harry se dio la vuelta entre los brazos de Malfoy para enfrentarse a él, cara a cara. Lanzó sus brazos alrededor de los hombros del chico, se puso de puntillas y, aunque no besó a Malfoy, se quedó muy cerca de él. Le miró a los ojos y, mientras dejaba que sus dedos jugasen con los mechones de pelo de su nuca, juntó sus cuerpos. Los ojos de Malfoy se abrieron ligeramente cuando notó lo duro que estaba Harry contra su vientre, y Harry, motivado, empezó a moverse con sutileza contra Malfoy, dejando que de sus labios partiesen todos los suspiros que había tenido que contener mientras el chico le teñía el pelo. Ni siquiera podía lograr recordar por qué los había ocultado.

– Necesito que lo digas en voz alta – dijo Malfoy un momento después, su tono suplicante, sus propias caderas meciéndose contra Harry de forma casi imperceptible.

– ¿Eh? – murmuró él, acercándose más a Malfoy. No podía ni quería pensar en nada, y ya no recordaba de lo que estaban hablando.

– Necesito que me digas que quieres hacer esto conmigo.

Harry abrió los ojos. Ni siquiera recordaba haberlos cerrado. Miró a Malfoy, que seguía a apenas unos centímetros de él, con sus labios brillantes, sus ojos imposiblemente grises y su pelo rosa. Malfoy, el chico con el que tenía una historia tan turbulenta. ¿Era aquella realmente una buena idea?

En cuanto el pensamiento cruzó su mente, Harry se dio cuenta de que no lo sabía ni le importaba.

– Pues claro que quiero hacer esto. ¿Te crees que estaría aquí si no? ¿Que estaría así? –. Apuntó con su barbilla hacia abajo, hacia la erección en sus pantalones, y en cuanto volvió a subir la vista Malfoy estaba besándole, su boca abierta contra la de Harry. Él separó los labios al instante, permitiendo que Malfoy tomara el control del beso. Un instante después, sin embargo, el Slytherin volvió a separar sus bocas para empujar a Harry contra la pared, que estaba apenas a dos pasos de ellos. Que el baño fuera diminuto tenía sus ventajas, después de todo.

Harry tiró de la camiseta del chico para volver a atraerlo hacia sí, rodeó su espalda con sus brazos para alinear sus cuerpos y le besó. Cuando sus lenguas se encontraron, Harry encorvó la espalda para empujar su pecho contra el de Malfoy, y el chico presionó a Harry contra la pared con fuerza. Harry volvió a gemir. Nunca había besado a nadie de esa forma; sin tener que contenerse, empujando, empleando toda su fuerza, y sintiendo un cuerpo duro y caliente contestando con la misma intensidad, con la misma necesidad que estaba abrasando sus venas.

Harry no podía pensar en absolutamente nada, salvo en el hecho de que las manos de Draco Malfoy estaban aferrándose a sus caderas, y el paquete de Draco Malfoy estaba rozándose contra el suyo con cada movimiento y él estaba gimiendo contra el beso. ¿Desde cuándo gemía? ¿Debería tratar de controlarlo? ¿Era normal hacer ese tipo de sonidos durante un beso?

Los labios de Malfoy dejaron los suyos y descendieron por su mandíbula y su garganta, donde el chico lamió y succionó sin contemplaciones. La idea de ocultar sus gemidos se desvaneció de su mente. Sus manos, que habían terminado en las nalgas de Malfoy, estrujaron con fuerza de forma involuntaria, y el Slytherin suspiró contra la piel mojada de su cuello.

Malfoy – murmuró, todo el aire dejando sus pulmones. El chico volvió a succionar.

Harry habría podido correrse así, con su paquete moviéndose contra el de Malfoy y los labios del chico dejando marcas en su cuello, pero de pronto sintió una caricia en la parte interior de su muslo, subiendo despacio, acercándose al bulto de sus pantalones pero sin llegar a tocarlo. La mano se detuvo, y Harry tembló con anticipación. Necesitaba que esa mano subiera de una vez, y estaba a punto de tirar de ella él mismo cuando oyó unas palabras susurradas contra el lóbulo húmedo de su oreja:

– ¿Quieres que te toque?

–. Su voz sonó urgente, casi desesperada.

Por suerte, Malfoy no perdió ni un segundo. Presionó la palma de su mano contra la parte delantera de los vaqueros de Harry y apretó con decisión, tratando de trazar la forma de su erección con sus dedos. Las caderas de Harry saltaron al instante y, aunque se las arregló para mantener la boca cerrada, de su garganta se escapó un sonido ahogado. Malfoy abrió torpemente la cremallera y el botón de sus vaqueros. Levantó la vista y, cuando Harry asintió con vehemencia, tiró de los pantalones y de sus calzoncillos hasta que descansaron a la altura de sus muslos. Harry bajó la vista y respiró con pesadez cuando su erección se liberó de la presión de la tela y quedó abandonada contra el aire, a la vista de ambos.

Apenas tuvo tiempo de sentir vergüenza por estar expuesto de aquella manera ante Malfoy, porque la mano del chico rodeó su erección sin miedo y empezó a acariciarla con movimientos lentos pero firmes. Harry inclinó hacia atrás la cabeza y la apoyó contra la pared, sus labios separándose con un suspiro de satisfacción.

– Joder, – murmuró.

El Slytherin volvió a lamer y succionar el lóbulo de su oreja mientras movía su puño con decisión, y Harry tuvo que morderse el labio para no volver a gemir. Mierda, aquello era increíble. Mil veces mejor que masturbarse, y que todas y cada una de sus fantasías. Cada roce de la mano de Malfoy hacía que sus piernas temblaran como si volviera a tener doce años y se estuviera tocando por primera vez. Tenía suerte de estar entre Malfoy y la pared, o probablemente se habría caído.

Estaba peligrosamente cerca del orgasmo en un tiempo vergonzosamente corto, pero no había nada que pudiera hacer al respecto. Lo único que podía hacer era dejar que sus caderas se movieran, que su espalda se arqueara contra la pared, que su respiración entrecortada retumbase por todo el baño.

Abrió los ojos, y se encontró con el hombro de Malfoy justo al lado de su boca. El pelo rosa del chico se estaba moviendo contra su mejilla, y Harry entrelazó sus dedos con sus mechones suaves, manteniendo la cabeza del chico cerca de la zona sensible de su garganta que estaba succionando. Malfoy, al sentir la mano de Harry, movió la piel de su cuello entre sus dientes. Su cuerpo cambió ligeramente de postura, y su siguiente movimiento de muñeca tuvo en Harry el mismo efecto que un millón de fuegos artificiales explotando dentro de su cuerpo.

– No pares – suplicó, aferrándose con fuerza a los hombros del chico. Malfoy repitió el movimiento una y otra vez, más rápido, y Harry no pudo hacer nada salvo dejar que su cuerpo se moviese sin control mientras se corría en la mano de Draco Malfoy.

Respiró con pesadez durante unos segundos. Cuando su mente se despejó, apoyó la espalda contra la pared y volvió a subirse los pantalones, sus manos temblando ligeramente cuando su mirada captó el bulto que tan obviamente destacaba en los vaqueros ajustados de Malfoy.

Despacio, y siendo muy consciente de los ojos de Malfoy clavados en él, Harry pasó sus dedos por encima del bulto. Un suspiro rozó su mejilla, y, alentado por la reacción del chico, Harry presionó la palma de su mano con fuerza contra el paquete del Slytherin, tal y como él había hecho unos minutos antes. Sintió la forma de su erección vagamente perfilada a través de la tela, y la trazó con sus dedos, fascinado por lo agradable que era la sensación de estar causándole placer a otra persona. A otro chico. A Malfoy.

Se imaginó cómo sería ponerse de rodillas. Abrir la cremallera de sus pantalones y bajarlos, como Malfoy acababa de hacer con él. Pasar su lengua por la forma alargada de la erección de Malfoy, metérsela en la boca. ¿Cómo sería la sensación? ¿Sería más grande que aquel plátano? ¿Gemiría Malfoy mientras lo hacía, o se asquearía al tener la boca de Harry rodeando su pene?

Volvió a levantar la mirada.

– Harry –. Su nombre sonaba increíblemente bien saliendo de los labios de Malfoy, decidió él. Y aún más si se trataba de un susurro entrecortado –. No tienes que hacer nada que no quieras hacer.

La cadera del chico se movió hacia delante, contra su mano, de forma aparentemente involuntaria. Sus mejillas estaban rojas, sus manos estaban apoyadas contra la pared a los lados de la cara de Harry y sus ojos grises brillaban en una súplica silenciosa. Sus labios estaban entreabiertos, y todavía brillaban con los restos de su vaselina.

No había nada en el mundo que Harry no quisiera hacerle en aquel momento.

– Lo sé.

No se puso de rodillas, pero sí metió una mano por dentro de la camiseta de Malfoy mientras, con la otra, bajaba sus pantalones ligeramente hasta dejar a la vista el hueso de su cadera. Pasó el pulgar por encima, hipnotizado por la palidez de su piel, por lo duro que era su cuerpo.

El dragón dorado apareció debajo de su mano, justo encima del hueso, y Harry notó un cosquilleo en las yemas de sus dedos cuando lo rozaron. El tatuaje soltó una bocanada de humo y desapareció hacia abajo.

– ¿También se mueve por tus piernas? – no pudo evitar preguntar.

– Sí – suspiró Malfoy. Harry dejó que su mano descendiese por la pierna del chico, aún tapada por su pantalón, y, cuando llegó tan abajo como su brazo alcanzaba, volvió a subir, dirigiendo sus dedos hacia la cremallera para poder bajarla –. Oh – suspiró el chico cuando los dedos de Harry rozaron de nuevo la tela estirada.

Tiró de la cintura del pantalón, bajándolo a duras penas con solo una mano mientras mantenía la otra apoyada contra el pecho del chico. Y luego, despacio, apartó también los calzoncillos del chico, con lo que su erección quedó a la vista.

La observó por un momento, y luego miró a Malfoy a la cara. Estaba mordiéndose el labio, y, a juzgar por su mirada, necesitaba que Harry le tocase tanto como él lo había necesitado unos minutos antes.

Sin romper el contacto visual, Harry encontró uno de sus pezones y lo acarició despacio con dos dedos. Con su otra mano, rodeó la erección de Malfoy y la rozó con su pulgar, moviendo los dedos despacio hacia abajo, hasta la base, y luego de nuevo hacia arriba. La notó crecer ligeramente en su mano al mismo tiempo que sentía el cuerpo de Malfoy temblar con anticipación, sus ojos desenfocándose y entrecerrándose.

Harry, a pesar de la confianza con la que estaba actuando, no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Tocar a otra persona no era como tocarse a sí mismo; no podía predecir qué era lo que le gustaba a Malfoy, qué necesitaba. Pero al menos tenía las reacciones del chico para guiarle, y éste parecía estar suspirando cada vez que Harry bajaba la mano hacia la base de su pene.

Así que Harry repitió ese movimiento con más decisión. Malfoy soltó un jadeo entrecortado, se inclinó hacia delante y apoyó su frente en el hombro de Harry. Sus caderas empezaron a moverse hacia delante y, cuando él aumentó un poco la presión de sus dedos, Malfoy separó su mano derecha de la pared y la apoyó en el brazo de Harry. Lo acarició desde el codo hasta la muñeca, para finalmente acunar la mano que lo estaba masturbando.

Harry se detuvo, creyendo haber hecho algo mal.

– No pares – imploró el Slytherin, moviendo la cadera con impaciencia.

– Vale – murmuró él, confuso. Malfoy soltó un bufido suave contra su hombro.

– Es que me gusta sentir a la gente mientras me toca – explicó –. Es algo que me pone. No te preocupes.

– Vale.

Era raro, pero a él también le estaba gustando aquella experiencia. Malfoy no estaba haciendo fuerza con su mano; tan solo la tenía apoyada sobre la de él, y de vez en cuando guiaba sus movimientos de forma sutil, o apretaba los dedos durante un instante antes de volver a relajarlos.

Los suspiros de Malfoy se convirtieron en gemidos suaves, y Harry sujetó al chico por la parte baja de su espalda con su mano libre por si sus rodillas decidían ceder.

Malfoy hizo fuerza con sus dedos sobre los de Harry.

– Potter – murmuró –. Necesito que – ah – que juegues con mi prepucio. Muévelo con tu mano –. Harry tiró de la piel hacia delante, cubriendo la punta de su pene con ella, y luego la llevó de nuevo hacia atrás –. , justo así.

Había algo muy sexy en el hecho de que Malfoy le diera órdenes acerca de cómo quería ser acariciado. Harry estaba temblando ligeramente por la emoción, ávido por darle más placer a Malfoy a pesar de que la frente del chico estaba haciendo tanta fuerza contra su hombro que lo estaba desequilibrando. El Slytherin bajó su otra mano y se aferró a Harry mientras se movía contra él con rapidez, y Harry sintió el momento exacto en el que perdió el control; en el que empezó a gemir sin poder contenerse; en el que se corrió en su mano y sobre la ropa de ambos.

Cuando Malfoy dejó de moverse, Harry bajó ambas manos y dejó caer su espalda contra la pared para poder relajar los músculos de sus hombros. Miró al chico a la cara, y luego abajo, hacia su mano y su pantalón manchados del semen de ambos.

– Espera, deja que me ocupe de eso – murmuró Malfoy. Sacó la varita de la manga de su camiseta, desvaneció todo el semen de la escena con un movimiento silencioso y volvió a guardarla.

Dedicó un momento a ponerse bien los pantalones, y Harry, aunque quería mirar, se forzó a apartar la vista.

Volvió la mirada al chico un momento después, y se encontró con que Malfoy estaba mirándole. Parecía estar buscando algo en la cara de Harry, como si temiera que él ya se arrepintiera de lo que acababa de ocurrir, y Harry, sin pensar, se separó de la pared y acercó sus dedos al pómulo del Slytherin para apartar aquel mechón rebelde de pelo rosa de delante de su ojo. Tan de cerca, el color de sus iris se asemejaba a las tormentas de verano; era un gris vivo, cálido, fiero. Y profundo. Cuantos más segundos observaba, más tonos descubría en su interior.

– ¿Puedo volver a besarte? – preguntó sin pensar.

En lugar de contestar, Malfoy acunó la nuca de Harry con su mano y juntó sus labios. Fue un gesto dulce; más dulce de lo que Harry había creído posible viniendo de Draco Malfoy. Y él, aunque se había esperado otro beso apasionado, respondió con la misma suavidad. Dejó que sus manos trazasen la forma de la espalda del chico, que sus pulmones se llenasen de su olor. Malfoy lo abrazó por la cintura.

Unos minutos después, mientras respiraba con pesadez contra los labios de Harry, Malfoy murmuró:

– Deberíamos salir.

Los ojos de Harry se abrieron de golpe.

– ¿Qué?

– Del baño. Si tardamos mucho más, la gente empezará a sospechar...

– Claro – dijo él. Malfoy retrocedió un paso, y se miraron un momento a los ojos. Por un instante, Harry había pensado... pero no, eso era una locura. Se sacudió ese pensamiento –. ¿Salimos los dos a la vez?

– Sí, a no ser que quieras enfrentarte tú solo a Blaise.

Harry bufó.

– No, gracias.

Malfoy terminó todos los hechizos de protección que le había lanzado al baño y, tras dedicarle a Harry una última mirada, abrió la puerta. Harry salió detrás de él. En cuanto vio que Zabini seguía tirado en su cama, se obligó a mantener la compostura, a avanzar sin mirar al chico y sin parecer sospechoso.

– ¡Vaya, vaya, Potter! Pensaba que el reto era que te tiñeras el pelo de rojo, ¡no el cuello!

Mierda, Harry debía de tener la garganta llena de chupones. No lo había pensado. Le lanzó una mirada a Malfoy, alarmado, pero el chico no se la devolvió. Estaba sonriéndole a Zabini.

– ¿Tienes envidia? Porque yo no he visto ni una sola mancha roja en el cuello de Ginny Weasley desde que empezó a salir contigo.

– Eso es porque yo, a diferencia de otros, soy un caballero – contestó el chico, dedicándoles a Malfoy y a él una sonrisa radiante y un guiño.

– Por favor, Blaise. Tú tienes de caballero lo que yo de heterosexual.

Zabini soltó una carcajada y le lanzó a Malfoy un cojín, que Harry tuvo que esquivar mientras atravesaba la puerta de la habitación. Cuando la cerró tras de sí, Malfoy todavía se estaba riendo.

Pero su risa murió a los pocos segundos, y Harry y él se quedaron quietos un momento en el pasillo desierto, mirando a los lados y después el uno al otro.

– ¿Estás bien? – preguntó el Slytherin, su tono de voz vacilante.

– Muy bien – contestó él de forma automática. Siguieron observándose. En la luz tenue de las antorchas que se alineaban a lo largo del pasillo, los ojos del chico no brillaban tanto como en el baño, pero tenían un tipo diferente de intensidad que hacía que Harry se sintiera como si estuviera petrificado en el sitio y volando al mismo tiempo. Su pelo se había alborotado ligeramente, y sus mejillas se habían teñido de un color rosado casi imperceptible. Harry no tenía ni idea de qué apariencia tenía él en aquel momento, pero no podía ser mucho mejor que la de Malfoy. Lo que quería decir que, si Zabini no era un completo idiota, habría deducido lo que había ocurrido en el baño. Y Ginny había dejado de salir con idiotas tras cortar con Michael Corner. Así que Zabini debía de saberlo.

Harry se sorprendió pensando que, al menos en aquel momento, la idea no le preocupaba. Lo único que le importaba era que la sola presencia de Malfoy le hacía sentir una corriente de electricidad vibrando por todo su cuerpo. Le hacía sentir emocionado, y excitado, y con los nervios a flor de piel de una forma que le resultaba a la vez familiar y nueva. Malfoy siempre había sabido cómo mantener a Harry al límite, cómo hacerle perder la cabeza.

Malfoy hacía que Harry se sintiera vivo.

– Si quieres puedo... – empezó el chico, señalando la garganta de Harry con un movimiento general de su mano. Él no le dejó terminar. Sacado de sus pensamientos por la voz del chico, dio un paso decidido hacia delante, cerrando el espacio entre su cuerpo y el de Malfoy. Presionó al chico contra la pared y, sin preámbulos, abrió los labios contra su cuello y succionó.

Todo el aire dejó los pulmones de Malfoy en un suspiro entrecortado, su frase completamente olvidada, y Harry exhaló contra su cuello, satisfecho por la reacción que había causado. La piel de Malfoy era suave y caliente, y su sabor ligeramente salado se mezcló con su olor característico, haciendo que el cerebro de Harry empezase a dar vueltas.

Lamió la piel del chico desde la curva de su hombro hasta la zona suave que había debajo de su oreja, manteniendo la cadera de Malfoy firmemente sujeta a la pared con una mano mientras revolvía su pelo con la otra. Quería dejar a Malfoy tan fuera de sí como se sentía él. Quería dejar su garganta marcada, su pelo deshecho, sus ojos muy abiertos, sus mejillas ruborizadas.

Succionó con más fuerza, y no paró hasta que estuvo seguro de haber dejado no una, sino cuatro marcas visibles en su piel. Y entonces, cuando oyó unos pasos que se dirigían hacia ellos por las escaleras, Harry terminó el beso.

– No será necesario – murmuró muy cerca de la oreja de Malfoy. Después se separó de él y lo observó durante solo un segundo para poder grabar en su mente la imagen de Malfoy sonrojado, sus labios entreabiertos, su cuello húmedo y marcado, su mirada desenfocada –. Nos vemos, Malfoy.

Lo dijo en voz alta, para que quien estuviera caminando por allí pudiera oírle. Y, con eso, Harry se dio la vuelta y se marchó del pasillo.