1.

Lo mire bien y se puso de pie. Draco sonrió de lado y camino hasta la puerta. Mientras caminaba me percate de lo que tenía puesto. Llevaba puestos unos pantalones de dormir y una musculosa blanca.

- ¿Cuándo y cómo te cambiaste? – le pregunte. Se giro a verme.

- ¿Cuándo? Hace 5 minutos mientras tenías un sueño erótico conmigo y ¿Cómo? Como todo el mundo – me dijo. Sentí la sangre en mis mejillas. Puede saber mis sueños.

- No, no eso – dije nerviosa – Sino, que ¿Cómo, si no tenías ropa? – le dije.

De repente yo ya no tenía un camisón de seda negro, sino uno rojo. Rojo como el fuego. Me mire bien y luego lo mire a él. Sonrió de costado y me miro fijo haciendo que mi respiración se agitara.

- Eso responde a tu pregunta preciosa. Y te ves condenadamente bien con ese camisón rojo – me dijo.

- ¿Puedes irte? Quiero dormir – le dije y me volví a acostar aun mas sonrojada. Sentí que se acercaba a mí de nuevo.

- Hasta mañana preciosa, que sueñes conmigo – me susurro al oído y besó mi frente.

Cuando sentí la puerta de mi habitación cerrarse, deje que toda esa tensión saliera de mi cuerpo. ¿Qué voy a hacer? ¿Qué es lo que tengo que hacer? Debo estar loca. Sí, creo que estoy muy loca. El Diablo en mi casa, sensualmente provocador, condenadamente sensual. ¿Qué va a ser de mí? Solo deseo que esto sea un sueño...

2.

1, 2, 3 desaparece. ¡Woou, esto sí que es divertido! Maldita sea, me pone de muy mala gana no poder hacer eso, cuando tengo unas ganas tremendas de hacerlo. Barba, creo que vamos a tener que discutir esa pequeña cuestión hermano. Deje en la mesa el muñequito con el que estaba jugando y me recosté en el sillón. Ahora ella debe estar pensando que es lo que quiere a cambio de su alma. Una linda mujer está durmiendo en la habitación que está a mi lado. Una mujer inteligente y capaz. Pansy diría que soy un pelele. Según ella, yo por ser el Diablo, ya tendría que tener un hijo. Como Dios. Una mujer a la cual mantener a mi lado por el resto de la eternidad. Como Dios. Pansy esta por así decirlo enamorada de un hombre llamado Blaise, el cual también lo está de ella. Dice que ahora sabe porque las personas pueden llegar a morir por amor, es algo que se siente en medio del pecho y te hace sentir muy vulnerable. Algo que nunca me paso, porque no creo y no tengo ganas de enamorarme. Es muy cursi. Nunca estuve con una mujer, por el simple hecho de que nunca desee tanto a una. Hermione Granger en este momento es lo que más deseo de este mundo.

3.

¡Maldita sea! ¡Maldito tren! Me senté en mi cama, mientras escuchaba como las ruedas del tren hacían un horrible ruido contra las vías. Mire mi reloj de mesa. 7:30 a. m. La misma hora de siempre. Lentamente, mientras mi cuerpo iba despertando sus sentidos y movimientos, me destape. Mi camisón ¿era rojo? No… mi camisón era negro.
¡Draco!

Rápidamente me puse de pie y salí de la habitación. Lo busque con la mirada, pero no estaba. Tal vez si todo haya sido un sueño y yo realmente estoy loca. Hasta que de lejos empecé a escuchar el sonido de la ducha. Me acerque y con cuidado abrí la puerta. El agua caía excitantemente por su bien formado cuerpo. ¡Dios, eso era mucho mejor que en mis sueños! ¿Cómo sería tocarlo? ¿Será real? Giro dándome la espalda. Mi mirada se poso en el final de su espalda. Un raro tatuaje, de raros colores, se movía con cada pequeño movimiento de su cuerpo. ¡Es maravilloso! Mordí levemente mi labio inferior.

- Puedes pasar preciosa – me sobresalte ante su profunda voz. Aun me daba la espalda – Si quieres, puedes bañarte conmigo – salí rápidamente de allí.

Entre a mi habitación, algo agitada, y cerré bien la puerta. Nerviosa abrí mi closet y empecé a buscar ropa. Ropa, ropa ¡Maldita sea! ¿Qué coño es lo que voy a buscar aquí? Si mi ropa de trabajo está en el armario de la sala. Tocó 3 veces.

- ¿Si? – dije y seguí buscando algo que no iba a encontrar. La puerta se abrió.

- Hola Hermione, ¿Cómo has dormido? – me pregunto y entró por completo. Sin mirarlo, ya que no podía hacerlo, tome una toalla y salí de allí. Salió detrás de mí.

- Bien, ¿Y tú? – le pregunte nerviosa. Entre al baño.

- Excelente – respondí. Gire y cuando lo hice choque levemente contra su duro pecho. Su respiración choco contra mi rostro. Me miro fijo.

- Se hace tarde para el trabajo – dije y me aleje de él.

- No, ya no – dijo. Lo mire extrañada. El teléfono empezó a sonar. Lentamente me acerque a él.

- ¿Hola? – conteste.

- ¿Qué hace mi amiga? – dijo con voz chillona. Respire aliviada.

- Ginny – dije y sonreí levemente - ¿Dónde estás? – le pregunte.

- Buen día, ¿Cómo has estado? Que yo sepa no dormí allí anoche – dijo. Reí por lo bajo.

- Buen día amiga, estoy bien ¿y tú?– le pregunte. Rió divertida.

- Bien, muy bien – dijo pícara. Con eso ya me di cuenta a que se refería.

- Estas con Harry - dije afirmándolo.

- Pues claro que si – me dijo y rió – Te manda saludos.

- Igual – dije divertida.

- Oh, antes de que me vaya de tema - dijo

- Como siempre – le dije. Se quejo – Bueno, ¿Qué pasa?

- Tenemos vacaciones – dijo. Mire a Draco y él me sonrió de lado.

- ¿Qué? – le pregunte. Escuche un gruñido frustrado de mi amigo el Diablo. Lo volví a mirar y me hizo un gesto de molestia.

- Si, no sé que le pasó a Severus que le dieron vacaciones y nos dio vacaciones a todos – me dijo.

- ¿Me estás hablando enserio? – dije sin poder creerlo aun.

- Lo mejor de todo es que tenemos salario incluido. ¡Vacaciones pagadas Hermione! – dijo emocionada.

- Es grandioso – le dije emocionada también.

- Te lo dije – me dijo socarronamente Draco.

- ¿Estas con alguien Hermione? – me pregunto Ginny. Volví mi cabeza a la conversación.

- Mmmmmh, si – respondí nerviosa después de unos segundos.

- ¿Con quién? – me pregunto cómplice.

- Alguien… – le dije como para no darle importancia.

- ¡Preciosa! ¡Apúrate cariño, el desayuno se enfría! – grito Draco fuerte. Me gire a verlo.

- ¡Esa es la voz de nuestro nuevo jefe en Administración, Hermione! – dijo sin poder creerlo mi amiga.

- Bueno, sí. Es él – dije y deje de mirarlo. Ginny rió

- No puedo creerlo, ¿Y qué tal? ¿Es bueno? – me preguntó. Reí con ganas. Si ella supiera que no puede tener sexo. Creo que se muere.

- No lo sé. No me acosté con él – dije y le dedique una fija mirada a Draco. Sonrió divertido.

- ¿Cómo que no te acostaste con él? – Dijo como si eso fuera imposible – Hermione, ese hombre está que arde

- Enserio, no pasó nada – le dije.

- Pues, aun no puedo creerlo – me dijo. Ambas reímos.

- Bueno amiga, gracias por la noticia. Voy a seguir durmiendo – dije. Ginny aclaro su garganta.

- Si, claro. Como si fuera fácil dormir con un súper bombón en tu casa – me dijo. Reí divertida – Yo también voy a seguir durmiendo

-Sí, claro. Mientras tienes en la cama a un maniático del sexo – le dije. Soltó una carcajada.

- Le diré eso – dijo divertida – Adiós amiga, nos vemos luego

- Claro, adiós – dije y colgué. Lentamente me gire a verlo.

- Hablan como cotorras – me dijo. Sonríe levemente.

- ¿Cómo hiciste eso? – le pregunte. Silbó haciéndose el tonto – Voy a bañarme

- ¿Necesitas ayuda? – me pregunto. Mis pasos se congelaron – Podría pasarte la esponja por la espalda.

- No, gracias – le dije y entre al baño.

Suspire aliviada cuando cerré la puerta. Prendí el agua y espere que la bañadera se llenara. Ya que no tenía que ir a trabajar me daría un merecido baño de inversión. Me quite la ropa, ate mi pelo en un rodete y entre a la tibia agua. Mi cuerpo se relajo completamente. La espuma parecía entrar en los poros de mi piel. Cerré levemente mis ojos para relajarme por completo. Nada se oía a mí alrededor. Todo era calmo y silencioso. Mis sentidos se agudizaron. Sentí una gran mano pasar por mi nuca. Abrí rápidamente mis ojos y gire para encontrarme con su mirada miel.

- ¿Qué haces aquí? – le pregunte nerviosa.

- Déjame ayudarte, preciosa – me dijo con la voz ronca.

Tomo la esponja y comenzó a pasarla por mi hombro. Gire lentamente para que pudiera pasarla bien por mi espalda. Sentía el roce de sus fuertes dedos por mi piel. Era delicado y profesional.

- ¿Una pregunta? – le dije luego de unos largos minutos.

- La que quieras – dijo sin dejar de pasar la esponja por mi espalda.

- ¿Puedes besar? – pregunte. Mi garganta se seco.

- Claro que sí, pero nunca lo he hecho. Es algo que no me gustaría compartir con cualquiera – dijo. Sin que me viera sonreí levemente.

Gire y quedamos muy cerca. Yo estaba totalmente desnuda. El agua y la espuma cubrían mi cuerpo. Su mirada se poso en mi boca. Mi respiración se agito un poco. Era tan bello. Nunca había conocido a un hombre tan hermoso como él. Mordí mi boca levemente sin dejar de mirar la suya. Una boca es llamativa. De labios perfectamente masculinos y finos. Parecían suaves y que estaban completamente llenos de deseo. Subí mi mirada a través de la de él. Esa mirada gris que parecían prometer el paraíso mismo.

- ¿No se supone que el Diablo tiene cuernos y una cola larga y roja? – le pregunte. Soltó una carcajada, aun cerca de mi rostro.

- Ay preciosa, como me haces reír – dijo divertido y se puso de pie. Camino hasta la puerta – Cuando salgas te cuento todo lo que quieras saber. El desayuno está listo.

- De acuerdo – le dije. Draco salió y con él se llevo todo el fuego que había allí.