Hola, mis queridos lectores. He venido con un nuevo capítulo de esta historia. Primero que nada, perdón por el retraso. Creo que esta vez sí me he sobrepasado con la fecha de actualización. Pero les dije anteriormente que las actualizaciones serían más lentas porque el semestre está complicado y no me equivoqué. Ha sido duro, las cosas no me han salido del todo bien. Pongo de todo mi esfuerzo, pero sin obtener buenos resultados, me he deprimido, incluso he pensado en renunciar. Pero bueno, así de dura es la vida universitaria. Otra cosa que quería decirles es que Facebook me cerró la cuenta anterior y la página fue eliminada también (pajuos esos) pero me creé una nueva cuenta, espero que puedan agregarme. Se llama Anne Kris Uchiha (en mi perfil está el enlace directo al perfil de Facebook) desde allí estaré pendiente de ustedes y publicaré sobre mis próximas actualizaciones. Sin más que decirles, espero que disfruten de este nuevo capítulo que con tanto cariño he traído para ustedes.

Los Personajes de Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto


Capítulo 7.

Año 2005- Febrero 14

Luego de ese beso bajo el muérdago, las cosas no avanzaron para ellos. Seguían siendo amigos. Sakura comenzó a pensar que lo dicho por Sasuke ese día, no eran más que palabras vacías. Pero, si él no daba el primer paso, entonces ella lo haría. Y casualmente estaba en la fecha correcta para ello, el día de San Valentín.

– ¿Qué haces despierta tan temprano?– preguntó su madre con voz adormilada.

– Nada– respondió distraídamente sin dejar de mezclar el chocolate que estaba preparando.

– ¿A eso llamas "nada"?– señaló burlona– ¿No me digas que el afortunado es lindo, tiene cabello negro y muy mala actitud?

– ¡Mamá!– chilló la pelirrosa avergonzada. La mujer soltó una sonora carcajada– tú ganas, es para Sasuke-kun. He pasado toda la semana practicado preparar chocolate amargo con la ayuda de Hinata, y apenas ayer fue que conseguí hacerlo bien. Por eso me levanté temprano, para prepararlos, adornarlos y dárselos hoy en la escuela.

– Buena suerte– deseo la mujer, para luego retirarse de la cocina.

Una vez que el chocolate estuvo listo y envuelto, ahora debía arreglarse ella. Suele llevar su largo cabello suelto, pero quería añadir algo diferente, porque para ella es una ocasión especial. Al final acomodó un listón como diadema, echó un poco de color a sus mejillas y se aplicó un poco de brillo labial. Un mensaje entrante, le hizo dejar su arreglo personal en segundo plano.

– Ven a la pista de patinaje, tengo una nueva rutina que enseñarte para la siguiente competición. ¡NO TARDES!– leyó en voz baja. El mensaje de su entrenadora era claro, sus planes acababan de ser enviados directamente a la mierda.

– ¡No puedo creerlo!– chilló indignada, cerrando con fuerza su celular.

– ¿Qué sucede?– llegó su madre agitada por la carrera desde la cocina hasta la habitación de Sakura.

– Tsunade quiere que vaya a entrenar– respondió entristecida.

– Descuida, cariño, aún tienes hasta medianoche para entregarle los chocolates a él– aseguró con una sonrisa tranquilizadora.

– El deber llama– suspiró resignada. Fue hasta su armario, cogió su ropa de entrenamiento, sus patines y los guardó en su mochila. Miró por unos instantes la cajita azul con listón rojo que estaba en su cómoda. Su madre estaba en lo correcto, tenía hasta medianoche para darle los chocolates, no todo estaba perdido aún.

Guardó los chocolates en un lugar seguro de su mochila y se echó a correr hacia la pista de patinaje, su entrenadora es una mujer bastante estricta si se lo propone. Ella es muy condescendiente con Sakura, pero cuando se trata de una rutina nueva, no hay pero que valga.

– Ya estoy aquí– anunció su llegada, la rubia levantó la mirada hacia ella. Finalizó la llamada que la mantenía ocupada en ese momento y le ordenó a la pelirrosa que fuera a cambiarse lo más pronto posible.

– Escucha– comenzó Tsunade, una vez que ambas estuvieron dentro de la pista de hielo– sé de buena que has estado trabajando en una rutina para tu programa largo ¿eso es cierto?

– Si, no quiera decirle nada porque quería mostrarla en cuanto terminara de perfeccionarla– respondió. Tsunade asintió.

– Muéstrame– ordenó con severidad– si esa rutina resulta ser mejor que lo que tengo para ti, entonces se quedará y trabajaremos aquella para tu programa corto. Pero, si está rutina no resulta cumplir con mis expectativas, será relevada a ser tu programa corto ¿Está claro?

– Sí, señora– se deslizó hacia el estéreo, colocó el CD con la pieza que escogió para su rutina y luego se puso en medio de la pista antes de la canción comenzará a sonar. Respiró profundo, debía salir perfecto. No había trabajado tan duro los últimos, para que ella misma lo arruine y Tsunade desapruebe su esfuerzo.

Para su buena suerte, Tsunade quedó encantada con su rutina, aunque le comentó que había unos cuantos detalles que se debían cambiar. Ahora el problema era que tanto tardaría en perfeccionar su rutina y aprender la nueva. Podría llevarle todo el día, incluso hasta la madrugada. Pero, no importa que tan agotada este al final del día. Ella iría a darle los chocolates al Uchiha, o se dejaba de llamar Haruno Sakura.

– Suficiente por hoy– gritó Tsunade. Sakura se afincó sobre sus rodillas y comenzó a respirar pausadamente intentando recuperar el aliento. Estaba agotada, todo el cuerpo le dolía, hacía tiempo que no tenía un entrenamiento tan extenuante.

La hora de su celular marcaba las 11:30 pm. Debía correr si quería estar en la casa de Sasuke antes de que el reloj marcara las 12. Guardó sus cosas a la carrera y le ordenó a sus piernas que aguantaran un poco más, sólo un poco para llegar a la casa de él. El poco dinero que tenía era suficiente para costear un taxi hasta la casa de él. En el camino intentó arreglar un poco su cabello y disfrazar el cansancio de su rostro con algo de maquillaje. Aunque no pudo resolver el asunto de la ropa, pero al menos ya no parecía que hubieran limpiado el piso con ella. 20 minutos después estaba parada frente a la residencia Uchiha. Las luces del interior estaban apagadas, todo el mundo ya dormía. Pero estaba segura que él no lo estaba.

Tomó su celular y marcó el número de Sasuke. Sabía que si rodeaba el jardín delantero llegaría al patio y allí estaba la ventana a su habitación. Un par de repiques después, él contestó.

– No es común que llames a estas horas– dijo confundido.

– Lo sé, pero hay algo que necesito decirte– respondió.

– ¿Por qué no fuiste a la escuela?– interrogó.

– Tsunade me solicitó para un darme una rutina nueva para mi programa largo.

– ¿Y qué hay de la que tú has estado desarrollando?– preguntó.

– Tuve que hacerla para ella, la buena noticia es que seguiré con ella a pesar de que hay detalles que mejorar– comentó ligeramente emocionada– la mala es que tuve que pasar todo el día perfeccionando la mía y aprendiendo la nueva que será mi nuevo programa corto. ¿Qué tal tu día?

– Agotador– bufó, ella rió. Sabía que así sería, estaba consciente de que las chicas harían filas para darle chocolates, con la esperanza de que él acepte sus sentimientos– no es gracioso, rompieron mi cámara.

– Para mí lo es– refutó divertida, ganándose un gruñido por parte de él– vale, lo siento, no fue mi intención. Sasuke-kun– llamó indecisa– hay una razón por la cual te llamé a esta hora...

– ¿Cuál es?– quiso saber.

– S-sal por la ventana y verás– pidió tímidamente. El otro lado de la línea quedó mudo. Unos segundos después el pelinegro sacó medio cuerpo por la ventana. Vio a su amiga parada en medio de su jardín, con las mejillas sonrojadas y un brillo en sus ojos, probablemente producto de la luz de la luna ¿o no?

Su corazón se aceleró al verlo salir, no podía dejar de mirarlo. Su estómago se removía inquieto por los nervios. Sasuke se sostuvo del árbol junto a su ventana y se dejó caer.

– ¿Y bien?– inquirió ansioso. Tenerlo tan cerca no hacía fácil las cosas para Sakura, confesar sus sentimientos no es tan fácil como pensó.

– Y-yo– balbuceó desviando la mirada. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué tuvo que quedarse en blanco? ¿Por qué justo ahora?

Apretó la cajita que tiene escondida en su espalda, aspiró lentamente y estiró sus manos hacia él.

– Sasuke-kun, acepta mis sentimientos, por favor– pronunció con voz temblorosa, sin atreverse a mirarlo. Las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos cuando él no hacía ningún ademán de tomar la caja. Ahora mismo sólo deseaba que la tierra se abriera en dos y se la tragara.

– Siempre llevas un paso adelante de mí– comentó divertido. Ella abrió los ojos como platos y se atrevió a levantar la mirada. Su expresión quedaría grabada en su memoria para siempre. Su imperturbable expresión se había suavizado y era acompañada por una hermosa sonrisa torcida– soy yo quien debió invitarte a salir la primera vez, sin embargo tú fuiste quien me invitó primero. Y ahora, te adelantaste de nuevo ¿En serio creíste que había ignorado lo que pasó en Navidad? Después de eso estaba confundido, no entendía mis sentimientos. De hecho, no los entendía hasta que dijiste eso y entonces los entendí– tomó la caja de su mano y entrelazó su mano libre con la de ella– sí, acepto tus sentimientos. Sólo si tú aceptas los míos– declaró acortando la distancia entre ambos.

– Por supuesto que los acepto– afirmó Sakura sonriendo, para luego sellar sus labios en un dulce beso.

– ¡Kya! ¡Lo sabía!– el chillido emocionado de una mujer los hizo separarse bruscamente. Ambos levantaron la mirada hacia dónde provenía aquel grito, encontrándose con la familia del pelinegro observándolos desde la ventana de la habitación de este. Los colores se le subieron al rostro a ambos.

– ¿Mamá?, ¿Papá?, ¿Niisan?– musitó Sasuke cohibido por la repentina aparición de su familia– ¿Cómo es que...

– Intuición femenina, cariño– respondió su madre.

– En realidad fue por...– intervino su padre, pero la Uchiha le dio un codazo antes de que pudiera terminar la frase.

– Resultaste ser cursi, hermanito– añadió Itachi burlón.

– Callaré, Itachi– gruñó avergonzado.

– Se-será mejor que me vaya– intervino tímidamente la pelirrosa.

– Te acompaño– se apresuró a decir Sasuke.

– No te preocupes, linda, le prometí a tu madre que te llevaríamos a tu casa– dijo Mikoto.

– ¿Mi madre?– preguntó Sakura desconcertada– ¿Usted habló con mi madre? Eso quiere decir que...–

– Ups, no debí decir eso– se disculpó la mujer. Las risas no tardaron en llegar por parte de su esposo e hijos, ella siempre consigue hacerlos reír. Sakura sonrió para sus adentros, se sintió afortunada de ser bienvenida en la familia Uchiha.

...

Han pasado alrededor de seis meses después de que la pelirrosa reapareciera en sus vidas. Para la buena suerte del Uchiha, ella no ha hecho ningún movimiento sospechoso para revelar la verdad a Sarada y esa era una preocupación menos en su vida. O eso quería creer.

La escuela había organizado una excursión al monte Fuji, al principio la idea no le había parecido tan mala, hasta que...

– Sabías que el bosque Aokigahara inspiró una película americana por la alta tasa de suicidios que se presentan allí cada año– comentó Sarada emocionada sin despegar la vista de su tablet. Desde que el desayuno inició, ella no había dejado de hablar del viaje y de las antiguas creencias de la zona. Pensó en pedir que le reembolsaran el dinero que pagó por ese viaje, pero sabía que Sarada se enfadaría mucho con él si lo hacía– aquí dice que en el Japón feudal del siglo XIX, cuando las hambrunas y las epidemias azotaban a la población, las familias más pobres abandonaban a su suerte a los niños y a los ancianos que no podían alimentar. Por este motivo, surgieron historias que afirmaban que el bosque estaba encantado por los fantasmas de los que allí murieron.

– Sarada, que ni se te ocurra hacer lo que creo que estás pensando– le advirtió. Ella iba a replicar, pero él la interrumpió– termina tu desayuno y recoge tus cosas, es hora de irnos– ordenó levantándose de la mesa.

El viaje en auto fue más silencioso de lo usual, Sarada seguía metida, ahora en su celular, investigando todo lo referente al monte Fuji y al bosque Aokigahara. En el mismo instante en el que ella se bajó del auto, él hizo una llamada que debía haber hecho desde que se le llegó el correo con la notificación de la excursión.

– Sakura– pronunció en cuanto ella tomó la llamada.

Sasuke, ¿cómo estás?– preguntó– ¿a qué le debo el placer?

– Sólo quería poner en claro algunas cosas– puntualizó con severidad– mañana durante la excursión, no pierdas de vista a Sarada. Si es posible, mantenla a tu lado en contra de su voluntad.

¿Por qué?– cuestionó intrigada.

– Sarada es muy excéntrica, le gustan la novelas de suspenso– contó– ella está muy entusiasmada con la idea de la excursión porque estará cerca del bosque Aokigahara, y conociéndola como lo hago, estoy seguro de que está planeando entrar a ese bosque.

Oh, ya veo– musitó pensativa.

– Se parece a ti en ese aspecto, imprudente, impulsiva y con espíritu aventurero. Una verdadera molestia– comentó juguetón.

¿Ah sí? Pues lamento haberle dado mi molesto ADN– replicó fingiendo estar ofendida– aunque espero que sea sensata como tú y no se deje llevar por sus impuestos– aventuró.

– ¿Por qué dices eso?– preguntó Sasuke intrigado.

Por nada– respondió– entonces tengo que mantenerla a mi lado en contra de su voluntad ¿cierto?– inquirió queriendo cambiar de tema.

– Si, no le quites los ojos de encima– sentenció.

Sí, señor Uchiha– respondió fingiendo un saludo militar que él no pudo ver, pero que supo que ella hizo.

– No olvides llamarme en caso de cualquier irregularidad con ella– le recordó antes de cortar la llamada. Ahora se sentía un poco más tranquilo al respecto, sólo espera que Sarada no intente burlar a Sakura y escabullirse al bosque.

...

– Sarada, ¿Estás segura?– preguntó por enésima vez Chōchō, quien se mostraba insegura del plan de su mejor amiga– ayer me dijiste que tu padre te advirtió que no lo hicieras y hoy Haruno-sensei no te ha despegado los ojos de encima, creo que Sasuke-san se puso en contacto con ella y le advirtió.

– Descuida, sólo será por un momento– trató de convencerla– te compensaré con unas frituras con sabor a consomé.

– No estoy segura– Sarada bufó, su amiga es fiel partidaria a cometer locuras. Pero ese día estaba un poco intranquila al respecto, según ella es un peligro que va más allá de su comprensión.

– Sigo pensando que no funcionara– argumentó de nuevo– ella lo sabe, tu papá le dijo, estoy segura. Todos los padres tienen el número telefónico de la maestra... además– hizo una pausa, dejando a la pelinegra a la expectativa– entre Sasuke-san y Haruno-sensei existe una química difícil de ocultar– Sarada puso los ojos en blanco.

– Eso lo discriminare yo luego– dijo con fastidio– el plan es simple, sólo debes fingir un fuerte dolor de estómago el tiempo suficiente como para que yo pueda entrar al bosque y volver, y si le añades drama al asunto, Haruno-sensei y el guía se enfocarán por completo a ti y se olvidarán del resto.

– Está bien, tú ganas– accedió la morena– pero, si algo sale mal, no dudaré en contarle tu plan a la maestra.

– Si, si– dijo restándole importancia al asunto– ¿cuento contigo?– la Akimichi tomó una bocanada de aire y comenzó su teatro.

– ¡Ay, me duele!– gimoteo sosteniéndose el estómago. La Haruno detuvo abruptamente la charla educativa y corrió a socorrer a su alumna. Sarada aprovechó que todos sus compañeros y su maestra se distrajeron, y se escabulló en busca del bosque.

La entrada tiene una cuerda con una señal de prohibido el paso, pero ella pasó sobre ella y se adentró en él. Avanzó unos cuantos metros, de momento le parecía un bosque como cualquier otro, sólo con señales de advertencia cada dos por tres. Pero, se encontró con algo que esperaba no encontrarse. Una persona muerta. Una joven de de al menos 16 años, lo supo por su uniforme escolar, está se había guindado de una de las ramas gruesas de un gran árbol. Aterrorizada, corrió, adentrándose más al bosque. Al darse cuenta de su error, ya era tarde, estaba perdida...

...

– ¿Ya estás mejor?– preguntó. La niña asintió dudosa, pero eso fue suficiente para ella en ese momento. Se incorporó y se giró para informarles a los otros niños que su compañera ya se encontraba bien, pero se dio cuenta de algo alarmante.

– ¿Dónde está Sarada?– preguntó alterada. Hasta ese momento los demás niños y el guía no se habían dado cuenta de que la pequeña Uchiha no estaba– ¿Nadie se dio cuenta de su ausencia hasta ahora?– preguntó de nuevo, sin obtener respuesta alguna. Chōchō se removió ansiosa en el tronco donde se encontraba sentada, su teatro había durado lo suficiente como para que Sarada ya hubiera regresado, pero nada. La Haruno estaba notablemente preocupada y en lugar de revelar la verdad, ella prefirió callar.

– ¡Sarada!– llamó desesperada– ¡Sarada! ¡¿Dónde estás?!– la Akimichi sabía que por más que la maestra gritara el nombre de su amiga, está no iba a responder– Chōchō, Dime por favor que tú sabes algo al respecto– suplicó sosteniéndola por los hombros. La mirada de desesperación de Sakura la hizo recapacitar, Sarada no la iba a perdonar por delatarla, pero ella se lo advirtió. Se supone que ella ya debía de haber vuelto y aún no hay señales de ella.

– Haruno-sensei, Sarada...– tomó una bocanada de aire antes de continuar–... entró al bosque– la noticia le cayó como un balde de agua fría a la pelirrosa.

– ¿Por qué le ayudaste a hacer algo tan estúpido?– cuestionó furiosa. La pequeña desvió la mirada, intentando contener las lágrimas. Sakura se arrepintió de ello, la niña no tiene la culpa de las locuras de su hija.

– Tazuna-san, puede venir un momento– pidió amablemente– nadie se mueva de aquí ¿está claro?– ordenó alejándose del grupo junto al anciano– Sé que es su trabajo, pero le pido que se quede con los niños y me deje ir a buscar a la niña– pidió.

– No puedo hacer eso– negó amablemente.

– Lo sé– dijo Sakura– pero, usted no lo entiende. Esa niña es mi hija– confesó, dejando al anciano perplejo– antes de que lo pregunte, nadie lo sabe, ni siquiera ella. Es una larga historia, pero Sarada no sabe que yo soy su madre. Sasuke me lo advirtió, él sabía que ella planeaba esto y me lo advirtió, pero caí en su trampa. No la conozco tan bien como su padre, y ahora no se imagina lo frustrada que me siento por ello. Lo último que deseo en este momento es llamarlo a él y que me eche en cara mi incapacidad para cuidar de nuestra hija.

– De todas maneras no puede llamar a nadie en este momento, las comunicaciones telefónicas por aquí son imposibles– argumentó– entiendo su preocupación, pero mi deber es...

– Por favor, se lo suplico– interrumpió apretando las manos del hombre. Él pareció considerar la propuesta de la pelirrosa.

– Está bien, llevaré a los niños a la cabaña y luego me aseguraré de enviar a alguien por usted y la niña– informó.

– Muchas gracias– sonrió agradecida. De dirigió a los niños para informarles sobre el plan y luego corrió en busca de su hija.

...

Sasuke no podía concentrarse, desde hace un rato se encontraba inquieto. Eso estaba preocupando a la pelirroja y a los clientes presentes en ese momento.

– ¿Te sucede algo?– cuestionó Karin en voz baja.

– Lo siento mucho, Karin, pero no puedo seguir– respondió, sorprendiendo a su amiga.

– ¿De qué estás hablando?, ¿Qué es eso que no puede seguir?– preguntó sin entender nada.

– Necesito que te me consigas un helicóptero ahora mismo– ordenó– tengo un mal presentimiento con respecto a Sarada y necesito ir a comprobar con mis propios ojos que todo está bien, o en todo caso, ayudar a buscarla. No importa el precio que tenga que pagar, lo necesito urgente.

– Pero dijiste que te encargaste de advertirle a Sakura sobre ella– debatió confundida.

– Eso hice, pero ella también tiene otros niños que cuidar– aseguró con una mueca de disgusto– además, Sakura no la conoce tan bien como para saber sus artimañas y mentiras. Apuesto que consiguió engañarla para cumplir con su cometido y Sakura cayó por completo en sus redes.

– Entonces iré a conseguir ese helicóptero de inmediato– se apresuró a conseguir su teléfono para comenzar a buscar un helicóptero disponible para ese momento.

Sasuke se disculpó con sus clientes, les informó que debía resolver un asunto personal de suma importancia y que podría atenderlos al día siguiente como ellos se lo merecían. Karin no tardó en conseguir el helicóptero que su jefe le pidió, en momentos como ese el dinero resulta ser un buen aliado.

...

– ¡Sarada!– llamaba una y otra vez desde que se metió al bosque– ¡Respóndeme, por favor!– se quedó como piedra al ver la chica muerta. Quizás esa imagen aterró a la niña y está corrió desesperada sin rumbo alguno.

La imagen frente a ella le trajo a la mente ciertos recuerdos que quisiera olvidar, pero que siempre vuelven a atormentarla.

Sacudió la cabeza un par de veces, se dio unos golpes en las mejillas para despejar sus malos recuerdos y se enfocó en el ahora, en que debía encontrar a su hija y devolverla a casa, sana y salva. Si algo llegara a sucederle a Sarada, ella misma no se lo perdonaría nunca... Sasuke se lo reprocharía toda su maldita vida.

Sonrió triunfal cuando encontró un indicio sobre el paradero de Sarada, ella había dejado atrás la guía turística que les entregaron al llegar. Decidió clavarla a un árbol y es hacerle una flecha para que el guía que iba a ayudarla, supiera el camino que había tomado. Durante el trayecto, no dejó de gritar insistentemente el nombre de la pelinegra y dejar pistas para no perderse en el camino de regreso. Corrió eufórica hacia ella en cuanto la vio sentada al pie en un árbol, abrazando sus piernas con unos audífonos puestos, la razón por la cual no era capaz de responder a sus constantes llamados.

– ¡Sarada!– exclamó emocionada al estar a pocos metros de ella. La mencionada levantó la mirada y sonrió aliviada de ver a su maestra.

– ¡Haruno-sensei!– clamó poniéndose de pie de un salto.

– ¿Por qué hiciste algo tan imprudente?– reclamó angustiada– no sabes lo preocupada que estaba, no quiero imaginar lo que dirá tu padre al enterarse de esto. Fuiste una inconsciente, Sarada– ella inclinó la cabeza avergonzada consigo mismo por su estupidez. Sakura reprimió las ganas inmensas que tenía de abrazarla, ella debía ser lo más profesional posible en esas circunstancias.

– Lo siento mucho, no lo volveré a hacer– se disculpó. El corazón de Sakura se sacudió inquieto, realmente deseaba estrecharla en sus brazos y asegurarle que mientras estuviera con ella, nada iba a resultar mal.

– Andando, todos deben estar preocupados por nosotras, principalmente Chōchō– dijo tomándola por los hombros y guiándola por el camino de regreso.

El sonido de una serpiente las hizo alertar a ambas, echándose a correr antes de encontrarse con aquel reptil. Sakura tropezó con una raíz sobresaliente de la tierra, cayendo con fuerza al suelo.

– ¿Está bien?– preguntó Sarada acercándose a ella.

– Eso creo– contestó intentando levantarse, pero un fuerte dolor en el tobillo la obligó a quedarse donde estaba– creo que se me fracturó el tobillo– dijo reprimiendo un gemido de dolor.

– Esto es malo– masculló Sarada pensativa– ¿puede intentar ponerse de pie de nuevo?– preguntó. Ella intentó, pero el dolor era demasiado fuerte.

– Lo siento– se disculpó. Se sintió mal consigo misma, se supone que era ella quien venía a rescatar a su hija y ahora resulta que se convirtió en una carga para ella– soy tan torpe– bufó sintiéndose impotente.

– No es su culpa, fue un accidente. Además, nada de esto hubiera pasado si yo no me hubiera escapado en primer lugar– afirmó Sarada sentándose a su lado– ¿alguien viene a buscarnos?

– Si, Tazuna-san dijo que enviaría a alguien por nosotras. Dejé pistas durante todo el trayecto para que le resulte fácil encontrarnos– informó. Un silencio abrumador se hizo entre ambas después de eso, Sakura la observaba de reojo. Era increíble como ella podía mantener la calma en situaciones como esa.

– Quiero a mi papá– susurró de pronto, abrazándose a sus rodillas.

– Lo verás muy pronto– afirmó con una sonrisa maternal.

– ¿Sabe una cosa?– comentó clavando sus profundos ojos negros en ella– si mi mamá estuviera con nosotros, me gustaría que fuera como usted.

– ¿Qué pasó con ella?– interrogó con aparente curiosidad.

– Mi papá dice que está muerta– contestó como si nada. Esa indiferencia, rompió el corazón de la Haruno– pero, yo no lo creo.

– ¿Por qué dices eso?– cuestionó genuinamente intrigada.

– Mi amigo de la infancia, Mizuki, por él lo sé– respondió ganándose una mirada dudosa por parte de la adulta– la mamá de Mizuki murió cuando él era un bebé, pero a diferencia de mí, él sabe quién fue su madre. Me refiero a que, Orochimaru-san y él tienen un altar en su honor en su hogar, visitan el cementerio el día de aniversario de muerte de ella y el día de su cumpleaños. En cambio yo... no sé nada de esa mujer. No sé su nombre, ni siquiera tengo una vieja fotografía para saber cómo Lucía al menos– relató– papá dice que la primera vez que pregunté por ella, tenía tres años, pero yo no recuerdo tal cosa. La segunda si la recuerdo bien, tenía 5, era día de las madres en el jardín de infantes y todos tenían a su mamá con ellos, excepto yo. Siempre es mi abuela quien va a la escuela cada vez que hay un evento para las madres. Cada vez que intento saber más sobre ella, mi papá evade el tema. Sé que es difícil para él y esperaré pacientemente hasta que él esté listo para contármelo todo.

– Ya veo– dijo en un susurro– ¿Y tu padre no ha intentado tener una relación con otra mujer después de tu mamá?– quiso saber.

– Sensei– pronunció dudosa– ¿A usted le gusta mi papá?– aquella pregunta causo un sonrojo exagerado en la aludida.

– N-no– negó con nerviosismo– sólo me preguntaba si te has llevado bien con alguna de esas mujeres, si eso.

– Pues...– meditó su respuesta unos instantes– nada serio– respondió al fin– sé que salía con mujeres y algunas las conocí porque iban a visitarla al estudio, pero nunca me presentó una como novia oficial y tampoco las llevaba a casa– rió al recordar una vieja anécdota– hubo una que fue la más atrevida de todas, ella dio con la dirección del apartamento e incluso encontró la llave que papá esconde en la maceta junto a la puerta y entró. Era fin de semana y no teníamos ningún plan para ese momento, así que él estaba en la sala viendo películas y yo estaba en mi habitación dibujando. Ella llegó queriendo exigirle cosas a papá y luego salí emocionada queriendo enseñarle mi dibujo. Él la ignoró a ella y me prestó atención a mí, hasta que ella perdió la paciencia y dijo "Estoy cansada de esto, debes establecer prioridades. Debes escoger, esa mocosa o yo"– Sakura frunció el ceño con molestia, le gustaría conocer a la imbécil que hizo eso y darle una lección– papá y yo intercambiamos miradas, y luego comenzamos a reír a carcajadas. Él le dijo que era un chiste bastante gracioso y ella le gritó que era en serio. Papá le echó del apartamento y le dijo que con eso tenía una respuesta. Aún reímos cuando lo recordamos. Después de eso, nada de nada, hace tres años que él no sale con una mujer.

– Ya veo– masculló abrumada. Sentía unos celos terribles, pero fue ella quien los dejó, no puede pretender que él espere por ella toda la vida– el ocaso llegará pronto, debemos salir de aquí antes del anochecer– dijo mirando el cielo. Trató de levantarse de nuevo, pero el punzante dolor le impidió hacerlo. Sólo esperaba que se dieran prisa.

...

Marcó el número de Sarada y Sakura cientos de veces, pero ambos teléfonos sonaban apagados. Después de un rato, se rindió. Llegó a la cabaña de los guías turísticos, dándose cuenta de que sus presentimientos eran acertados. Sarada logró burlar a Sakura y Chōchō la ayudó para ello. Escuchó rápidamente el relato de la niña y luego decidió acompañar al guía que iba a buscarla a ellas.

Les tomó más tiempo del esperado comenzar a buscarlas, porque tuvieron que detenerse a bajar el cuerpo de la chica que se había suicidado. El guía le informó que esa imagen podría haber asustado a su hija y por ello huyó y no encontró el camino de regreso.

– Mire esto– señaló Sasuke el papel con la flecha, clavado en el árbol. Esos definitivamente eran los trazos de Sakura– tan brillante como siempre– dijo para sí mismo, sintiéndose levemente orgulloso de ella.

– Sigamos adelante– indicó el hombre, siguiendo las flechas. Unos 30 minutos de caminata, las visualizaron.

– Sarada– gritó Sasuke aliviado de ver que estaba bien.

– Papá– gritó ella corriendo hacia él. No dudo en cargarla en sus brazos una vez que estuvo frente a él– perdóname, papá, te juro que no volveré a hacer una tontería similar– gimoteo escondiendo su rostro en el cuello de su padre.

– Tranquila, todo está bien ahora– aseguró estrechándola con fuerza.

– Haruno-sensei se lastimó por mi culpa– confesó entre lágrimas. Él abrió los ojos como platos, vio como el pie de Sakura era examinado por el guía.

– Apuesto que ella no piensa de esa forma– intentó calmarla– estoy realmente agradecido con ella– musitó sin quitarle los ojos de encima.

– Deberías invitarla a cenar– sugirió Sarada, ganándose una mirada perpleja de su parte– como agradecimiento por salvarme.

– ¿Sabes qué? Tienes razón– accedió dejando a Sarada en el suelo. El guía había terminado de vendar si pie y se notaba que estaba ofreciéndole llevarla en su espalda, pero él se acercó hacia ellos.

– Yo la llevaré– sentencié altanero. El castaño lo miró con desafío, claramente él se había ofrecido primero a llevar a la hermosa pelirrosa.

– Quisiera ir con él, si no le molesta– se dirigió ella al guía. Él se encogió de hombros y se puso alejó de ellos.

– Eres más pesada de lo que recordaba– bromeó al tenerla sobre su espalda.

– Odioso– insultó burlona. Sasuke comenzó a andar con ella a cuestas, ninguno de los dos tenía idea de cómo entablar una conversación.

– Gracias– dijo él de repente– por salvarla.

– No iba a dejar a mi dulce niña en un lugar tan horrido– contestó.

– Pero saliste lastimada y casi les cae la noche en este lugar– comentó con mofa– siempre tan imprudente, de tal palo, tal astilla– ella sonrió.

– Error de mi parte– se disculpó– Lamento haber permitido que esto pasara.

– No pudiste saber que ella usaría un truco sucio para escabullirse a este lugar– debatió.

– Aun así, debo aprender a conocerla bien– expresó con tristeza.

– Si, deberías– afirmó Sasuke encogiéndose de hombros– por cierto...– comenzó indeciso–... ¿te gustaría ir a cenar el viernes?– preguntó de golpe, Sakura parpadeó unas cuantas veces, sin dar crédito a sus oídos.

– ¿Qué?– preguntó confundida.

– Que si te gustaría ir a cenar conmigo el viernes– repitió– es un agradecimiento por haber salvado a Sarada.

– Ya te dije que no la iba a dejar aquí, es mi hija– replicó.

– ¿Quieres o no?– preguntó con fastidio– fue idea de Sarada, ¿piensas desechar la idea de ella?

– Me encantaría– susurró en su oído. El corazón de él se sobresaltó ansioso, cuando salía con ella, le encantaba que ella le hablará así al oído. Era su debilidad y acaba de confirmar que aún lo sigue siendo. Ella no se dio cuenta del furioso latir del corazón de su amado, puesto que su corazón latía incluso más fuerte que el suyo.

– Paso por ti a las ocho– dijo esbozando una pequeña sonrisa, notó como su hija, quien iba a frente con el guía, se aseguraba que él la invitara a salir.

¿Una cena? Se preguntaron ambos al mismo tiempo. Suena prometedor, pero también desafiante. Las cosas podrían resultar buenas o malas dependiendo de ellos mismos. Ambos se deben una conversación, sólo que ninguno de los dos se atreve a llevarla a cabo y parece que es mejor así, por ahora.


¿Hasta aquí el capítulo de Hoy?

Espero que les haya gustado el capítulo que con tanto cariño traje para ustedes. ¿Qué les pareció el recuerdo? A mí me encantó, por eso me emocioné tanto en él (el más largo xD). La idea del bosque se me ocurrió hace bastante, pero eso en los pequeños spoliers que había dado, decía que Sarada se perdía. Aunque eso provocó un acercamiento entre sus papis*-* ¿Qué piensan de la cita? Debo admitir que tengo muchas expectativas al respecto. No tengo idea de cuando podré actualizar de nuevo, así que les pido paciencia, de todo corazón.

Este capítulo está dedicado a DULCECITO311. Ella es una fiel lectora que siempre me deja sus reviews largos y hermosos.

Espero que se tomen la molestia de dejarme sus opiniones en un Rewiers, me encanta leerlos.

Nos leemos en el próximo capítulo, Hasta la próxima.

EAUchiha