FIC
El hombre que Amo
Por Mayra Exitosa
Capítulo 7
Bailando
Candy iba a bajarse del caballo, cuando Anthony le decía que le mostraría unos lugares hermosos del casillo. Ella sonriente, continuaba siguiéndolo con el caballo a quien ahora sobaba para tranquilizarlo por el ajetreado instante que ambos habían pasado, se abrazaba a él y le daba las gracias al oído a lo que el caballo parecía responderle.
- ¿Te gusta el caballo, Candy?
- Si, es hermoso, me iban a dar otro corcel, pero le dije al encargado que me prestara este, el me dijo que solo si el caballo me aceptaba, fue muy lindo conmigo, me acepto y me hizo quedar muy bien ante ustedes.
- Eres muy buena en el caballo, jamás me imagine que hacías acrobacias tan peligrosas.
- ¿Peligrosas? Tengo toda mi vida montando caballos, y este corcel ¡es divino!
- Estoy seguro que los encargados, le mostraran las grabaciones a su dueño. Quedará encantado cuando te lo presente.
- Espero no se moleste. Comentaba Candy sonriendo traviesa para sí misma, recordando el haber escuchado que el señor Andrew, estaría orgulloso del corcel. Ahora estaba segura que fue Albert el que la mando a ese lugar. Continuaba siguiendo al joven tras su espalda, se parecía tanto a Albert, solo que él chico era más joven, mientras Albert era más alto y se notaba de mayor edad.
- Sabes Candy, me gustas mucho. Candy sonreía pensando en su amigo y todas las molestias que se tomaba para que ella pasara unos días ahí, sin embargo de pronto sentía que estaba soñando, ahora pareciera como si el chico le hubiera dicho… Ella se desconcentraba y volvía a la realidad, ¿que había dicho el joven?
- ¿Disculpa? Creo que escuche mal…
- No has escuchado mal, pequeña. Eres la mujer más linda y hermosa del colegio, estoy fascinado contigo desde el primer día que te conocí, nada me gustaría más, que pedirte que fueras mi novia. Asustada y con cara de espanto giraba buscando a los alrededores, preguntaba,
- ¿Tu novia?
Candy soltaba las quijadas y se desorbitaban sus ojos, apenas y conocía al joven, ahora le estaba diciendo que fueran novios, que tradición o broma era esa, giraba de nuevo pero con todo el caballo, para ver alguna cámara, y notaba que estaba lejos del castillo, apenada y ruborizada en exceso por el atrevimiento, sin esperar más, detenía el corcel, dejando cabalgar al joven delante.
Un poco más de distancia entre ellos, el continuaba hablando, de su propuesta de noviazgo, pero Candy ya no lo escuchaba, al detenerse y ver que la distancia se hizo un poco mayor, giro el corcel y se devolvía hasta el castillo, para reunirse con Paty y salir de ahí, el joven había mal interpretado algo, o estaba siendo muy osado, pero si ayer la había conocido, como es que se atrevían a declararse tan pronto.
Anthony cerraba los ojos, recordando el día que lo vio por primera vez, entrando al colegio, con su mirada brillante y su tierna sonrisa, como ambos se observaban y se sonreían todos los días, y eso le comentaba dulcemente, para que ella comprendiera desde cuando había nacido ese amor que él sentía por ella. Agregaba que estaba un poco celoso sobre todo después de que se comentaba que era la novia de Terry Grandchester y eso lo tenía preocupado, pero si fuera así ella no había aceptado venir al castillo y conocer a su familia, por eso estaba seguro de que al regresar del campamento de verano, podían tomar una relación más de amigos, un noviazgo respetuoso y sincero.
El se detenía y giraba el caballo, para ver su hermoso rostro, pero estaba solo, se movía inquieto a buscarla a todos lados y no estaba, se regresaba por el camino revisando por donde el caballo mañoso de su tío, la habría llevado y no se había dado cuenta.
En la sombrilla donde se llevaba a cabo el almuerzo, ella subía nerviosa y sonriente, ambos hermanos sonrieron al verla entrar con tanta felicidad en su rostro. Pero la realidad es que acababa de dejar el corcel y solo estaba esperando que alguien saliera con un letrero de "Esto es una broma" Tomaba asiento con tranquilidad y escuchaba los halagos de Archie en su actuación, ella aceptaba el almuerzo y el vaso de limonada fresca, comenzaba a comer para alcanzar a terminar e irse antes de que llegara el joven rubio.
- Candy, pensé que te habías ido con el joven a conocer el lugar.
- Si, pero ya regrese, tengo que ir a cambiarme, estoy un poco empolvada.
- Bueno ya que termines de almorzar, te acompaño.
- Gracias. Y como si fuera seguro, avanzaba sin responder en comer y tomar mucha limonada. Para después sutilmente veía a Anthony que salía por el camino buscándola y ella se hacía hacia abajo en la silla y tocaba la mano de Paty para irse a la habitación.
Ambas sonrientes y muy agradecidas, salían despidiéndose de los chicos. Candy se daba un baño, empacando sus cosas a toda velocidad, marcaba solicitando un taxi, y comentando con Paty todo lo que le había pasado, a la vez, asombrada por la bromita o el juego que se traían esos jóvenes.
- ¿En serio, Candy? Porque el chico de ante ojos, también estaba muy interesado, pero no al grado de decirme que fuéramos novios, si nos acabamos de conocer.
- No sé cómo son las tradiciones aquí, Paty. Pero ahora estoy segura que fue Albert el que nos envío aquí, porque cuando llegue con el encargado del caballo, lo mencionó y… le di las gracias de nuestra parte, cuando regrese hablaré con él acerca de esta bromita que me hizo su no se que sea, pero debe ser familiar, porque se parece mucho a él.
- Tienes mucha razón el joven se parece mucho al amigo de tu padre, que fue a despedirte al aeropuerto.
- ¿Tomaste fotos, Paty?
- Si, Candy. De todo lo que me pediste, tu cámara está aquí. Ella la tomaba y metía en su maletín.
- Las rebelaremos en el regreso y, se las mostramos a Albert.
- Si Candy.
En Francia, elegantes y muy bonitas tres jóvenes creaban un ambiente de asombro y envidia a todos en el hotel donde se hospedaban. Candy con su aire inglés, su belleza y simpatía solo se apenaba un poco, agradeciendo los halagos que recibía de los jóvenes mayores y de algunos compañeros de Terry. Este esperaba abajo y escuchaba algunos silbidos, con eso, se daba cuenta de que ya venían bajando las chicas. Otros dos jóvenes distintos, de mejor posición económica, aceptaron la invitación de Terry al baile que se daba esa noche.
Estos jóvenes, solo por ser de mejor apellido y elegancia, conocidos de las familias e hijos de socios de su padre, se habían mandado traer trajes especiales no considerados para el viaje. Tal como Terry lo había hecho, las hermanas encargadas, se sorprendían por como el Duque De Grandchester, les había mandado invitaciones a las jóvenes, para que disfrutaran aun más de ese verano en Francia. Terry por su parte, estaba encantado de cómo se estaban dando las cosas, pues Candy sin saberlo estaba a su lado, solapando así la coartada que siempre usaba de que ella era su chica, ahora con el viaje y los paseos, más se reafirmaba esa mentira, misma que lo salvaba de ser el tipo rebelde y a la vez, comprometido con una joven, para no tener que pagar las apuestas con las compañeras de su grado, las cuales siempre estaban al acecho.
- ¡Candy, te ves hermosa!
- Gracias, Terry. No me imaginaba asistir a un evento importante.
- Pero es un sueño, que deseo que guardes en tus recuerdos. La voz y el tono que estaba usando ahora que sabía porque le atraía el joven rubio, confirmaba que él estaba haciendo mejor su papel, para que el rubio no fuera el único con atributos atraíbles para su chica.
- Que lindo eres.
La limosina, esperaba y todos los alumnos se asomaban por los ventanales, despidiendo a las tres parejas que habían sido invitadas a un evento.
El baile, al entrar daba un antifaz con brillantes coloridos, tanto de damas como de caballeros, para cuidar de la seguridad y a la vez, para disfrutar del evento y de la forma que todos fueran igualmente respetados.
La cena fue anunciada y el baile continuaba, la noche se hizo larga y Terry separaba a Candy para salir a uno de los balcones del hotel, donde tomaran aire fresco.
- Esta es la mejor noche de mi vida. Comentaba con evidente entusiasmo Candy al saber que Terry estaba excediendo en todo los detalles para con ella.
- Me da mucho gusto poder ser yo, quien la haya hecho realidad. Y de nuevo esa voz modulada y esa sonrisa cautivante bajo el antifaz, era como si Terry tratara de ser el mejor hombre o es que antes no lo había visto ella, así, tan sensual. Se preguntaba la joven a si misma al sentir esa sensación cerca de él.
- ¡Oh Terry! Nunca imagine que fueras tan lindo. Hacer todo esto por mí.
- Sabes bien, que haría lo que fuera por mi chica. Ahora estaba muy cerca, su abrazo la cobijaba y ante todos los que salían, era desconocidos, tal como se pedían en el baile.
- ¡Terry!
- Vamos Candy, nunca te he pedido nada, somos muy buenos amigos, al menos esta noche finge que somos la mejor pareja que hay, el antifaz dirá que somos dos desconocidos en la noche "Y así nos fuimos olvidando, hasta convertirnos en desconocidos… con muchos recuerdos en común"
- ¡Terry! Qué lindo, me gusta y la frase suena tan bella cuando la mencionas.
- Como tú, mi hermosa damisela.
Estaban tan cerca, los antifaces, no hacían espacio en sus rostros, dejando solo la parte baja de sus labios, tratando de dar un beso en la mejilla, se lo daba cercano a la comisura de sus labios, ambos cruzaron sus miradas, reconociendo la atracción que se anunciaba en ese instante. Y el suavemente volvía a depositar un tierno beso en su boca. El primero para ella, porque jamás había besado a nadie. Al ver que no se disgustaba insistía tomando sus labios con toda delicadeza, con una suavidad que ambos sintieron la electricidad correr por sus cuerpos. Asombrada por lo que habían hecho se avergonzaba, pero él no dejaba de observarla maravillado, porque su chica, realmente era suya esa noche.
Apenada y sin decir nada, volvieron al baile, donde esta vez, cada melodía fue aun mejor, sus pasos acoplados y sus cuerpos más unidos, danzaban cada pieza, con un nuevo sonido en el latir de su corazón. Candy nunca imagino que su mejor amigo, fuera tan romántico y que hiciera de ese verano, el más hermoso recuerdo que hubiera tejido alguien tan detalladamente para ella.
La noche no querían terminar, las otras parejas también bailaban y no se encontraba con los demás, Annie y Louis, estaban absortas viendo cada vestido, para tratar de reconocer a su amiga, pero era imposible con tantas personas, ellas mismas al hacerlo se perdían en el baile, con sus parejas, que no se despegaban de ellas, para no equivocarse y salir con la incorrecta, tomaban sus manos y bailaban la pieza y se divertían al saber que se encontraban perdidos de sus compañeros, pero qué más daba, afuera había una limosina que no se iría hasta tener a las tres parejas dentro para regresar, y nadie quería ofender la invitación y salir primero.
- Terry, tal vez nos estén buscando.
- No lo creo. Deben estar aprovechando el baile, las bebidas y la compañía, esto no se repite con facilidad y, mis amigos saben que tenemos permiso hasta pasada la media noche.
- Pero… no habrá problemas con mis amigas.
- Por supuesto que no, ellas son muy serias y las acaban de conocer.
- Tienes razón.
- El problema seriamos… nosotros, nos conocemos de toda la vida.
- ¡Terry! Como vamos a…
- No sería problema, puesto que estoy con mi chica.
Ella se apenaba, pero no lo negaba, se habían besado, bailaban muy unidos, ambos se respetaban y a la vez, se atraían, esa noche, solo esa noche, serían dos desconocidos.
- No estás con tu chica, somos simplemente… dos desconocidos.
- Vamos, no me sueltes, preciosa, que eres la más hermosa desconocida y no quiero que la quiten de mis brazos. Ella se emocionaba, Terry tras ese antifaz, era otro hombre, romántico y cada que decía palabras o frases, hasta su voz era mucho más ronca y a la vez tan melodiosa y atractiva ante ella.
Con sincera delicadeza, su mano acariciaba su rostro, agradeciendo lo que ambos estaban gozando de esa noche, que él había hecho posible para ella.
CONTINUARA
Gracias por continuar leyendo mis historias, espero les agrade y que sepan que esta historia, apenas comienza...
Un abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
