No sabía cuáles eran mis sentimientos hacia él, su pregunta me hacía pensarlo, no era diferente a la primera vez que lo vi, una gran impresión al verlo en la biblioteca y cierta atracción por los gustos y porque no decirlo también era muy atractivo, pero con el tiempo las cosas habían cambiado, dos años y un poco más viviendo en su casa, compartiendo ambos nuestra soledad, siendo iguales ante los ojos de sybil, quizás los sentimientos de atracción se habían vuelto simplemente comprensión al otro, o al menos eso pensaba hasta ahora, era cierto que mi corazón latía fuertemente al verlo, pero la razón era simple, lo admiraba, admiraba la determinación que tenía por vencer al sistema aunque no estaba muy de acuerdo cual tan despiadado era con sus aliados como si fuera divertido ver el gran esplendor en ellos. Recordando aquella vez que la joven me ataco y el me defendió, tal vez la simpatía de nosotros era esa, el hecho de tener ideales similares y ahora un mismo objetivo, el hecho de ser asintomáticos, es como verse reflejado el uno al otro, estaba segura que no era la única, puesto Choe me había contado de un compañero que era igual que él y yo, era asintomático, pero aquel compañero fue atrapado por la policía y jamás se supo nada de él, a Makishima no le extraño ni se inmuto, pero claro estaba que sintió una curiosidad mayor por el sistema sybil por saber que estaba detrás de todo un régimen de ley en este país, aquello me era parecido, sabía que si algún día me atrapaban él no se inmutaría, ni sacaría una lagrima por mí, simplemente seguiría adelante con esa curiosidad por los humanos y el sistema sybil, que seguiría su plan y no intentaría salvarme, eso lo sabía muy bien, por esa razón no me había hecho una ilusión de que al ser invisibles ante esta sociedad llegara a sentir cierta simpatía o afecto por mí, que simplemente me miraría como una herramienta que alimentaria su curiosidad por sybil como lo hice con aquel compañero, por esa razón no quería enamorarme de él aunque estos sentimientos no los podía controlar, la única forma de seguir adelante era olvidarlo y fijar mi objetivo, el mismo que él, derrocar el sistema sybil.

La noche era solitaria, la curiosidad de saber más sobre el me mataba en cierta forma, era curiosa por algo me gustaba leer, después de aquella pregunta quería saber la respuesta de él, yo me armaría de valor e iría hacerle la misma pregunta, sabia la respuesta, sabía lo que me contestarías, pero estaba bien, yo era la que jugaba este juego llamado amor sola, algo que odiaba por mi parte al no ser tan fría como él, camine por los pasillos, abrí una de las puertas, era el cuarto de Choe, estaba pegado a la computadora con una taza de café, aunque estaba dormido, iba a ir a acostarle, pero tenía un poco de miedo ya que de alguna forma era muy receloso con su tecnología o lo que hacía con ella.

Me encamine ante las puertas, abrí la segunda puerta dejándome ver una biblioteca pequeña y basta, de esa manera llegue a ver gran parte de la casa, algo que no había hecho hace tiempo, quizás Makishima era algo receloso con sus cosas al igual que Choe, de esa manera seguí caminando hasta que por fin di con el cuarto de Makishima, parecía tener cerrojo, pero llevaba conmigo un instrumento que me llegaba ayudar en aquellos tiempos que vivía mi padre para abrir la puerta de pequeña he ir hacia la bodega donde llegaban a guardar algún dulce aunque terminaban regañándome, todavía lo tenía en mis manos como uno de mis tesoros preciados, moví poco a poco hasta poder abrir la puerta, la entre abrí, me sentía algo tonta y mal por no solo tocar la puerta, pero debido a las altas horas de la noche quería verificar si estaba dormido y si esa era la ocasión simplemente observarlo un momento he irme sin que se diera cuenta, la sorpresa era otra al abrir un poco la puerta, su rostro bañado en sudor, sus pantalones debajo de las caderas, su mano entre sus piernas, mientras se mordía el labio inferior, era normal que hiciera esas cosas, después de todo era humano, ante la vergüenza de encontrarlo con aquellas necesidades fisiológicas , cerré la puerta de golpe y me puse detrás de ella sin poder respirar al shock de verlo en aquella situación tan excitante.

- ¿Quién anda ahí? - se escuchó su voz entrecortada y algo cansada, me dispuse a dejar aquel shock e irme, pero la puerta donde me recargaba, se había abierto, había sido descubierta, me tomo del brazo y me atrajo hacia el - sabias que la curiosidad mato al gato - me dijo al oído para volver a cerrar la puerta con cerrojo y llevarme a la cama bruscamente.

- Bien si fuera Choe también él estaría aquí- dije sonrojada.

- Choe no andaría merodeando por estos lugares - me miro atentamente con una sonrisa cínica en sus labios - ¿Acaso estas celosa? - se divertía ante mis expresiones.

- No es eso - negué con las manos, realmente estaba nerviosa.

- Además toda esta lujuria se acabaría si en estos momentos aparece Choe en mi cuarto - no comprendía a lo que quería llegar a esto.

- No entiendo voltee mi rostro a otro lado.

- No me excitan los hombres - lo dijo fríamente.

- A mí que me importa - no me movía del lugar.

- No por algo pregunte si estabas enamorado de mi - se acercó a mi rostro para darme un beso en los labios, al principio sin saber que hacer hasta dejarme llevar para separarnos por falta de respiración - realmente los humanos son maravillosos - comenzó a besar mi cuello, nuestras prendas salieron del lugar, quedando en ropa interior acariciando mi entre pierna, no dudaba que habría estado con otra mujer al sentir aquella manera de tocarme, para después meter la mano y derretirme con el punto débil de cualquier mujer, aquel botón rosado, bajando lentamente sus besos hasta llegar a esa zona intima, donde puse mis manos.

- No seas tímida - respondió el para dejarme hacer lo que él quería, era normal, era su juguete, su herramienta, realmente no había romanticismo en esto, solo era el placer lujurioso de unir nuestros cuerpos, sabia las consecuencias de ello.

- ¿Segura que quieres esto? - su mirada color ámbar parecía inspeccionar cada gesto y reacción de mi cuerpo, llegando a mi oído - no quiero que decidas esto por mi propia lujuria, también quiero que lo hagas por tu propia decisión, no es divertido las personas sin un propio juicio, esto puede ser decisivo – su aliento pegaba en mi oreja haciéndome estremecer.

- Claro - ya no importaba nada más que ese momento.

- ¿Es tu propia decisión? – me miro con una sonrisa en sus labios.

- No me importa lo que pienses, no puedes dejarme así - me sonroje ante ello - yo también tengo necesidades – me ruborice ante mi respuesta.

- Buena respuesta - me sonrió – por lo menos sabes lo que deseas y por qué - aquella parte fue una pulsada en mi corazón, porque la otra razón era simple, me había enamorado de aquel frio de sentimientos que estaba frente a mí.

Nuestros cuerpos se hicieron uno cuando el entro dentro de mí, nuestras intimidades estaban ardiendo junto con todo nuestro cuerpo, al principio había dolido, pero no podía dejarlo así, no quería hacerlo, sus movimientos lentos y profundos hasta ser frenéticos y subir la intensidad como la velocidad en aquel vaivén donde llegue dos veces al éxtasis, siendo esta última llegando antes que él, entre gruñidos y gemidos por parte de los dos, hasta acostarse a lado de mí, extendiendo un brazo para mí, con una sonrisa llena de satisfacción, pero ante todo con lo que más me dolió en el corazón, sin escuchar las palabras que deseaba que salieran de su boca, ningún "Te amo" hacia mi persona, solamente era su herramienta, su juguete pero con eso me bastaba, ya que en este mundo lo único que me quedaba era él, simplemente quería conocer mas de Makishima Shougo .