VII

La multitud vitorea alegre mientras la música se hace oír, acompañados del sonido de las botellas de champagne al explotar. Todo el ambiente es un poco salvaje, se siente esa vibra animal y potente, propias de Hombres Lobo. Es algo totalmente nuevo para Kasamatsu, que rodeado de vampiros siempre estuvo acostumbrado a ese lado más "oscuro" y sutil, ahora siente todo a su alrededor lleno de una potente energía. Es difícil de explicar.

Entonces lo ve, Kise camina junto a Aomine por en medio de la gente que les aplaude felices por ellos. El rubio se ve precioso, con la luz de la luna bañando sus cabellos rubios, pero no es solo su belleza innata, sino la felicidad que irradia.

Kasamatsu es consciente de algo en ese preciso instante: se siente feliz por él. Porque ya no está ese sentimiento de pérdida de antes, sino que el de alegría, una extraña y genuina alegría. Sí, Kasamatsu ya no está enamorado de Kise, aunque duele de cierta forma darse cuenta de ello, también se siente aliviado. Ahora está con Moriyama y no puede estar más seguro de que es lo que quiere.

Por fin se siente libre y, de alguna forma, satisfecho también, por ver a Kise feliz junto a la persona que ama.

Kasamatsu avanza hacia Kise, sintiendo la presencia de Moriyama a su lado y por primera vez en todo ese tiempo, está completamente en calma.

— Felicidades, Kise —dice cuando se detiene frente a ellos, sonriendo suave, la efusividad no era propia de él, de todos modos.

—Gracias, Senpai. Por todo —contesta Kise cuando lo abraza fuerte, transmitiéndole lo mucho que lo quiere y que a pesar de todo sigue siendo un amigo importante para él. Su mejor amigo.

Kasamatsu abre mucho los ojos, el gesto lo ha tomado desprevenido, pero corresponde con la misma fuerza de agarre. Porque quiere que sepa que está feliz por él y que siempre querrá lo mejor.

Cuando se separan, todo se siente en paz, como si las cosas por fin encajaran. Ambos tienen mucho que agradecer el uno del otro.

Kasamatsu alza la mirada hacia Moriyama, que asiente con una media sonrisa. Se giran para dejar que los demás saluden a los recién casados mientras ellos caminan hacia Kobori, que conversa animadamente con una chica bastante bonita.

—Mira eso —susurra Moriyama cerca de su oído, sonriendo cuando se separa.

—¿Qué?

—Comúnmente los Lobos no se llevan bien con los Vampiros, riñas familiares de nuestro inicio —explica Moriyama con una media sonrisa—. Pero parece que no se requiere de mucho esfuerzo para que se lleven bien.

—¿Riñas familiares? Ahora que lo pienso, no sé nada de su procedencia —suelta Kasamatsu frunciendo el ceño. Siempre ha dado por sentada su existencia, jamás hizo muchas preguntas con la intención de no inmiscuirse más de lo necesario, pero ya es demasiado tarde, ¿no? Ahora podrá saciar su curiosidad.

Se detienen cerca de su amigo y la loba mientras Moriyama toma dos copas y le ofrece una a Kasamatsu.

—En el inicio de los tiempos había un Rey que estaba profundamente enamorado de su esposa, pero eran tiempos de guerra y el Rey tuvo que ausentarse varios días para ir al reino cercano y unir fuerzas. Fue cuando un demonio se enamoró de la Reina. La sedujo con su encanto demoniaco y se acostó con ella, dejándola embarazada. La mujer le contó a su esposo, pero el hombre estaba tan enamorado y vio toda la confusión en ella que la perdonó —cuenta Moriyama sonriendo de medio lado, esa historia tiene un tinte muy romántico en el inicio que ya se pierde con el desenlace de aquello.

La Reina estaba embarazada y dio a luz a un niño que heredó las características de su progenitor. ¿Sabías que los demonios puros están representados por animales? Descendientes directos de Ninfas que servían en el Olimpo, los que fueron castigados con formas animales al llegar a la tierra, forma que solo pierden durante la noche de luna llena, donde recupera su cuerpo original. De ellos descienden los demonios que comúnmente nos hemos topado, como Haizaki. Pero la mezcla creó diferentes poderes. En este caso, el demonio estaba representado por un Lobo. Una humana jamás podría dar a luz un demonio, su cuerpo es incompatible, pero pareció ser que el demonio le dio de sus fuerzas de forma indirecta para que el bebé naciera. Quizás ese ser sí la amaba después de todo

Kasamatsu mira a Moriyama con completa atención. La historia es interesante, ¿cuánto de ese mundo aún ignora? Sabe de Vampiros y Hombres Lobo, ¿pero qué pasa con los demonios? ¿Con los Cazadores? Ahora quiere saber todo aquello.

—¿Nunca antes una humana dio a luz un bebé de un Demonio? —Pregunta Kasamatsu con intriga.

—No, porque los Demonios no aman a nadie más que a sí mismos —contesta Moriyama, porque ése es su conocimiento—. Los Reyes tenían otro hijo, y al hermano mayor no le hizo gracia el cuidado que tenían con su nuevo hermano. Los Reyes estaban atentos a él y lo consentían en todo, quizás por miedo a lo desconocido, pero también porque era su hijo y no querían que su naturaleza se descubriera. Su hermano mayor creció odiándolo. Si bien siempre el trono es heredado por el hermano mayor, sus padres estaban dudando de ello, ya que el menor parecía tener ese talento innato propio de su naturaleza sobrenatural y estaban considerando darle la corona a él. Fue allí cuando el hermano mayor decidió asesinarlo. ¿Qué mejor que pactar con el mismísimo Hades para ello?

El trato fue: darle sentidos sobrehumanos, fuerza, velocidad, ¡todo! Y él solo tendría que beber sangre para mantenerse con vida. Tomar la vida de otros para poder mantener la propia. La única restricción, la luz del sol. Porque Hades debía darle una debilidad, nadie podía ser tan poderoso como él.

Al final se desató la pelea, dicen que el castillo quedó en ruinas y que ambos Reyes murieron a manos de sus hijos, presos de la ira. Entonces el hijo menor se detuvo, cediendo el trono y todas las riquezas, porque sus padres ya no estaban y saberse culpable era un dolor demasiado grande. Pero el hijo mayor supo que todos en el reino se habían dado cuenta de su condición, de la condición de ambos… y huyeron, ya no había reino que gobernar.

Moriyama hace una mueca antes de llevarse la copa a los labios y terminarla de un trago, que no siente como quisiera. Solo quiere acompañar a Kasamatsu, que también apura su copa.

—Que oscuro, entonces, ¿se llevan mal por una pelea de hermanos? Que sí puede ser legendaria y todo, pero es infantil. Con el paso de los años ya deberían haberse arreglado —suelta Kasamatsu frunciendo el ceño. Es increíble cómo puede regañar incluso a seres sobrenaturales que ni están allí.

—Sí, bueno —comienza a hablar Moriyama después de reír un poco—, a muchos no les conviene que haya paz entre nosotros. Antiguamente creaban ejércitos de Vampiros y Hombres Lobo para disputar territorios, solo por hacer la guerra. Porque si los ves —explica Moriyama abriendo los brazos, señalando aquello—, no es difícil llevarnos bien. Aunque ahora que lo pienso, este matrimonio se ganará las miradas de muchos seres de alto rango…

—¿Kise está en peligro?

—No lo creo, pero no sé si a todos les haga feliz que ambas razas que se odian desde los inicios se mezclen de esta forma. Ha sucedido, sí, pero nunca de forma tan abierta. Quizás es el inicio de una nueva Era.

Kobori se acerca a la mesa, con una chica tomada de su brazo. Tez morena y cabello negro como la noche, largas piernas, exuda ese aire propio del bosque salvaje.

—Yo me retiro chicos —dice con una sonrisa tímida, mientras que la de la chica sonríe completamente radiante.

—Nosotros también —contesta Kasamatsu levantándose, porque para ser sinceros, él está agotado.

Ambos se levantan y caminan hacia el grupo donde las cabelleras de colores resaltan. Será breve de todos modos, así que Kasamatsu se detiene frente a ellos para despedirse sin sentir mucho la interrupción.

— Oi, Kise, debo irme…

— ¿Tú eres Kasamatsu-san, no? —Escucha tras él luego de sentir una mano en su hombro.

Kasamatsu se gira y lo observa atento, intentando reconocerlo, pero por más que lo intenta no recuerda dónde lo ha visto antes.

— Este… sí, soy yo, mucho gusto. ¿Y tú eres…? —Deja la frase suspendida en el aire.

— Takao. —Se presenta el chico de cabellos negros, sonriendo amplio y dándole un apretón de manos bastante efusivo—. Te vi jugar cuando aún era humano.

— ¿Eras? —Repite Kasamatsu, confundido por aquella explicación.

Kasamatsu ve a un chico alto y de cabellos verdes ponerse al lado de Takao, lo mira serio, pero no alcanza a devolverle la mirada porque Moriyama se detiene a su lado y le habla cerca del oído.

— Es un vampiro recientemente convertido —explica Moriyama y su voz suena extrañamente tensa, medio amenazadora.

— Oh, ya veo —responde Kasamatsu al comprender a qué se refería Takao. Ahora lo recuerda, los humanos pueden ser convertidos.

— Cuando era humano, te vi jugar y quise cambiarme de escuela y ser parte de tu equipo, eres un gran Capitán. Yo era muy bueno jugando básquetbol, ¿sabes? Mi especialidad era el "Ojo de Halcón".

— ¿Oh, eres ese Takao? —Entonces Kasamatsu lo recuerda, aunque no físicamente, sí ha escuchado mucho de él porque en el torneo de invierno lo había visto jugar en el equipo contrario. Los recuerdos vienen raudos a su mente.

Entonces la conversación comienza a fluir sin esfuerzo, Moriyama mira a Kasamatsu que parece realmente entretenido con lo que Takao le cuenta y Midorima está bastante asombrado de que el azabache se comporte de esa manera, tratando al humano con tanto respeto, se nota su verdadera admiración.

—Descuida, Midorima —dice Aomine sonriendo mientras choca con el hombro al de cabellos verdes—. Takao no va a reemplazarte… aunque yo en su lugar lo haría.

—Que ni lo piense —interrumpe Moriyama enarcando una ceja, siguiendo la broma.

Entonces Aomine rompe a reír y palmea las espaldas de ambos, verdaderamente divertido. Es cuando Moriyama gira el rostro y nota la mirada de Kise fija en él, con los ojos entrecerrados.

Kise se acerca levemente dejando a Midorima hablando con Aomine.

—Entonces, ¿todo bien?

—Todo bien, Kise —responde Moriyama con una sonrisa sincera.

Kise sabe cuánto ama Moriyama a Kasamatsu y por eso está feliz, porque su mejor amigo está en buenas manos, recibiendo el amor que se merece y él nunca le pudo dar.

Por fin Kasamatsu se acerca a ambos y los mira unos momentos. Cuando Aomine llega al lado de Kise, el humano se da cuenta de que ya está parado junto a Moriyama, por inercia. Ahora está seguro de que las cosas están en orden, su corazón ya no se siente inquieto como antes, se siente bien junto a Moriyama.

—Bueno, felicidades otra vez, chicos —dice Moriyama bajando la cabeza levemente—. ¿Nos vamos?

—Sí. Gracias por invitarnos, de verdad me hace feliz que Kise esté bien… que ambos estén bien. Sean felices —agrega Kasamatsu alzando la mano y desordenando el sedoso cabello del rubio, como hacía tiempo atrás. Porque Kise siempre va a ser su kouhai.

—¡Kasamatsu-senpai! —Lloriquea Kise abrazando al humano, que se remueve entre sus brazos.

—Bien, bien, dejemos el dramatismo, ¡ya estas casado idiota! ¿Qué los siglos que tienes encima no pueden hacer aparición una vez?

—¡Senpai!

Kasamatsu se gira para comenzar a caminar hacia el auto seguido de Moriyama. Con las manos en los bolsillos alza la cabeza hacia el cielo estrellado, disfrutando del aire fresco.

. . .

Moriyama cierra la puerta del departamento y pone llave, no quiere girarse, Kasamatsu ha venido callado todo el camino y eso lo pone un tanto ansioso.

—Kasamatsu, ¿está todo bien?

—Todo está perfecto, Moriyama —contesta Kasamatsu, mirándolo con sus ojos azules más brillantes que nunca.

El vampiro traga no sabiendo bien cómo reaccionar, y es cuando Kasamatsu extiende las manos hacia él, una clara invitación a sus brazos.

Moriyama camina hacia él y deja caer su abrigo en el camino, sin dejar de mirar al humano, se siente nervioso, no sabe cómo interpretar ese actuar, pero cuando sus cuerpos quedan a escasos centímetros y Kasamatsu toma su rostro con ternura, Moriyama deja salir el aire de golpe, sonriendo al tiempo que Kasamatsu lo besa.

Es un toque profundo y dulce, totalmente ajeno a lo común de Kasamatsu, pero se siente tan real, tan importante, que el vampiro se derrite contra sus labios con un gruñido.

—Creo que… no, estoy seguro de que podría enamorarme de ti, Moriyama. Así que hagamos esto correctamente —dice el azabache quitándose la chaqueta y dejándola caer al piso.

Moriyama siente calor, su frío cuerpo está produciendo esa sensación de bienestar que jamás había sentido, ni siquiera cuando estaba vivo. Alza las manos y quita la camisa metida bajo la cinturilla de sus pantalones, rozando los costados de esa piel blanca con la punta de sus dedos.

—¿Estás seguro? Porque siento que no podré detenerme, Kasamatsu —susurra Moriyama contra su boca, bajando por su cuello a medida que desabotona su camisa, obteniendo un suspiro de gusto por parte del azabache.

Recibe un gruñido en respuesta y el vampiro abre la boca para besarlo con más hambruna, chupando sus labios con fuerza, jalando y mordisqueando. Quiere que su boca luzca roja, dolorida de tantos besos. Quiere que lo sienta de tal manera que jamás podrá olvidarlo.

Así lo guía por el pasillo hasta su cuarto, donde enciende la luz baja con el interruptor mientras lo deja caer sobre la cama.

Moriyama se tiende frente a él con rapidez, ansioso por desnudarlo él mismo, por quitar las prendas de su ropa con profunda devoción. Botón por botón va descubriendo su piel, depositando besos y acariciando con la palma abierta. Siente la piel caliente de Kasamatsu, su pecho subiendo y bajando producto del calor. Quita su camisa y le besa la boca, deslizando los labios por su pecho, bajando por su abdomen y llegando hasta su cadera, donde mordisquea el hueso que sobresale bajo la piel.

El vampiro alza la vista, viendo a Kasamatsu con las manos en el rostro, pero no parece reacio a lo que está haciendo, más bien avergonzado.

—¿Kasamatsu?

—Estoy un poco… nervioso —suelta con la voz ronca, aunque no es autoritaria como de costumbre.

—Relájate, te gustará, lo prometo.

—Lo sé… lo sé…

No es como si Kasamatsu no tuviese experiencias previas, pero es que jamás se ha acostado con un hombre. Se siente totalmente diferente, el dominio, las sensaciones, esas manos grandes y frías que acarician su cuerpo, no tienen nada de delicadas. Aunque son pacientes, no son las de una chica y Kasamatsu se muerde el labio cuando siente el pantalón deslizarse por sus piernas.

Luego siente el calor, la humedad del aliento de Moriyama sobre la tela de su ropa interior. Podría correrse solo con eso.

Moriyama desliza la palma por toda la extensión, acariciando profundo, sintiendo ese miembro endurecerse con cada frote. Abre la boca y la desliza sobre el bóxer, soplando para generar calor. Escucha a Kasamatsu quejarse de placer e impaciencia y Moriyama sonríe al lograr su cometido, incitarlo tanto que anhelará lo que sigue.

Quita la ropa interior por fin y el pene es liberado, tan duro que cae pesado contra el abdomen de Kasamatsu, que suspira de alivio para luego soltar un jadeo cuando la boca de Moriyama lo toma, deslizando los labios desde la punta hasta la base, de una sola vez.

—Mierda —gruñe Kasamatsu cubriéndose los ojos con los antebrazos.

Moriyama lo deja, para que así se enfoque en el placer. Cuando sube su boca, suelta su miembro con un sonido vulgar y bombea con la mano mientras Kasamatsu comienza a temblar. Moriyama no le da tregua, deslizando la lengua por la punta, justo sobre su agujero. El golpe de placer es tan violento que el humano suelta un jadeo ahogado.

Así lo quiere, derritiéndose entre su boca. El vampiro ladea el rostro para que la cabeza del pene choque contra su mejilla, luego chupa mientras lo mete y saca de su boca.

—Me voy a correr… —jadea el humano, pero es en el punto exacto en que Moriyama aprieta la base de su pene con fuerza medida, deteniendo el orgasmo—. ¡Ah! ¿Moriyama?

—Aún no, Kasamatsu. Dije que haría que lo disfrutaras.

Kasamatsu intenta mantener la cabeza alzada para mirarlo, pero el orgasmo interrumpido y su piel sensible no le facilitan las cosas, y se deja caer de nuevo.

—Kasamatsu, necesito que te relajes, ¿está bien?

—Mn —Kasamatsu sabe de qué está hablando y aunque le da demasiada vergüenza como para hablar de ello, no se va a arrepentir ahora.

Siente un dedo húmedo comenzar a juguetear con su entrada, se muerde los labios y se contrae por reflejo, pero cuando esa boca comienza a chupar su miembro de nuevo, el toqueteo en su entrada se hace placentero, incitante.

Con el paso de los minutos, comienza a desear que ese dedo se adentre, es extraño, pero el placer se siente tan bien que se abandona a lo que su cuerpo quiere. Comienza a mover las caderas, abriendo más las piernas sin darse cuenta y es cuando el dígito se adentra y sale una sola vez, repitiendo la acción.

Se siente muy bien y Kasamatsu ya no se cubre de vergüenza, sino de lo abrumador que es todo.

—¿Te gusta, Kasamatsu?

—No preguntes, idiota —responde Kasamatsu con la voz ronca.

Moriyama sonríe y aumenta el ritmo de su boca y su dedo dentro de Kasamatsu. Así juega, un interludio donde lleva a Kasamatsu a la cima, pero interrumpe su orgasmo para añadir otro dedo. Así llega a tres y Kasamatsu jadea exhausto, con los brazos lánguidos a cada lado de la cama.

—Moriyama, ya basta —pero su voz no suena autoritaria, sino que de súplica.

El vampiro sonríe y se relame los labios, la boca húmeda por su saliva. Gatea sobre el cuerpo del humano y aprovecha de alzar una pierna sobre su cadera.

—Parece que abusaste de ese don mental tuyo para aumentar el placer.

—No lo he usado —dice Moriyama todo dientes y orgullo—. Te sientes así meramente por mí, nada de poderes vampíricos metales.

Entonces Moriyama lo besa, metiendo la lengua dentro y frotándose contra su paladar, sintiendo como Kasamatsu se retuerce, tan sensible que cada caricia lo hace suspirar. Moriyama se bebe cada gemido y quiere muchos más.

Kasamatsu siente el duro miembro de Moriyama frotarse contra su cadera, ayudado por el líquido pre seminal. No quiere decirlo, así que alza la otra pierna y la envuelve a las caderas del vampiro y responde el beso con más intensidad, reflejo de su invitación.

—Seré cuidadoso, lo prometo —susurra Moriyama con los ojos negros. Kasamatsu sabe que se está conteniendo y lo agradece, le confirma que todo lo que siente Moriyama es real y le corresponde, por primera vez Kasamatsu quiere tomarlo todo.

Alza las caderas y siente a Moriyama deslizar la mano entre ellos y lo próximo que siente es algo caliente empujando dentro de él. Respira profundo y se relaja, sintiendo el pene entrando con facilidad, lo cual el asombra. Entonces siente que Moriyama empuja con más fuerza y la molestia se hace presente. Claro, no puede comparar esos dedos con la longitud de su miembro entrando.

Entonces se pone nervioso y se muerde los labios. Alzando la mirada hacia el azabache.

—Kasamatsu… —jadea el vampiro y el chico podría derretirse en ese momento. Jamás ha visto nada igual.

Moriyama tiene el ceño fruncido y una gota de sudor cae por el puente de su nariz, nunca había visto al vampiro de esa forma, nunca lo vio tan humano. Ese era el reflejo del esfuerzo que Moriyama está haciendo por no dañarlo.

—Si te volteas entrará más fácil —dice Moriyama lamiéndose los labios.

—No —responde Kasamatsu, alzando los brazos y aferrándose a su cuello, acariciando su rostro con los pulgares—. Así está bien, no soy de cristal, Moriyama, lo soportaré.

—Quieres verme, ¿no? También eres un pervertido —suelta Moriyama con una sonrisa ladina.

Kasamatsu frunce el ceño e intenta algo diferente, sacando la lengua y deslizándola por su mentón, lo que provoca que Moriyama se estremezca entre sus brazos. Kasamatsu le brinda una sonrisa ladina, satisfecho con el resultado de aquella acción. Se siente poderoso, se siente amado. Es un momento que jamás creyó iba a sentir, porque Kasamatsu es de los que no creen en cuentos de hadas, y aunque ha estado rodeado de criaturas fantásticas, su lógica en cuanto a la vida siempre ha sido la misma.

Estuvo enamorado de Kise a pesar de ser un hombre, a pesar de saber que era un vampiro y lo vio morder a uno de sus compañeros de equipo. Pero también supo que jamás sería correspondido, que Kise jamás lo amaría. No por eso se echó a morir o sus sentimientos cambiaron, lo hicieron por otro motivo. Por Moriyama. Porque el vampiro lo ha conquistado, porque Kasamatsu acaba de atravesar el momento más difícil de su vida y el que ha estado ahí ha sido él.

Se ha convertido en un adicto, prácticamente, y a pesar de que mostró su lado más débil, Moriyama siguió junto a él. Kasamatsu no podría decir que lo ama, pero sí que está empezando a hacerlo. No es simple deseo ni apoyo, son sensaciones, como cuando las manos suaves del vampiro se deslizan por su piel provocando que se erice su vello o cuando sonríe coqueto, pero no le queda. Todas esas cosas le gustan.

Cuando siente al vampiro comenzar a moverse su mente se tambalea, perdido entre los pensamientos y el dolor. Duele, duele mucho, pero ha soportado cosas perores. Kasamatsu se da cuenta de que en cierto punto los latigazos de placer mitigan el dolor, y es extraño y le gusta.

Kasamatsu quiere gemir, como burbujas atoradas en su garganta, pero la vergüenza lo hace morder el hombro de Moriyama, que sisea contra su oreja y eso lo hace temblar.

Puede sentir toda esa longitud al entrar y salir, no quiere que se detenga, quiere sentirlo así, unidos, quiere sentir que al menos algo le pertenece, que ha vuelto a tomar el control de su vida.

—Kasamatsu… —jadea Moriyama tomando el pene inhiesto del humano para comenzar a masajearlo.

El placer aumenta y Kasamatsu olvida el dolor a ratos. Se queja quedo, pero no mentirá, lo está disfrutando.

—Puedo hacer que olvides el dolor.

—No, Moriyama, haremos esto correctamente —dice Kasamatsu con la voz jadeante, ronca.

Moriyama se sienta y Kasamatsu siente el frío aire contra su pecho, entonces el vampiro toma sus caderas y las alza a la altura de su pelvis. Duele, duele mucho más porque se ha estrechado por la posición, pero antes de que Kasamatsu pueda decir cualquier cosa, Moriyama arremete contra su pelvis, un movimiento seco que le quita el aliento.

—Mierda.

Moriyama sonríe al ver a Kasamatsu con la boca abierta y los ojos cerrados con fuerza. En ese ángulo es más fácil rozar su próstata, eso es lo que ha sentido, el roce contra su punto dulce.

El vampiro se muerde los labios mientras sigue moviéndose a un ritmo continuo, entrando y saliendo en toda su longitud. Kasamatsu comienza a gemir y Moriyama se quiere derretir contra su cuerpo, morderlo hasta probar su sangre. Lo quiere contra su paladar, pero se resiste, porque el momento es maravilloso y quiere que para el humano también lo sea.

Sus ojos se encuentran y Moriyama se muerde el labio inferior, sabiendo que el límite se aproxima para ambos. Sigue moviéndose en ese ángulo y Kasamatsu se masturba al mismo ritmo. Moriyama abre la boca y gime alto, sintiendo al humando estrecharse al momento del orgasmo. Un momento sublime donde se miran por un rato.

—Te ves hermoso —jadea Moriyama, soltando sus caderas y deslizándose sobre el cuerpo de Kasamatsu.

Piel blanca bañada en sudor, semen salpicado sobre su abdomen, está jadeando, rojo hasta las orejas por el esfuerzo. Aún tiembla producto del orgasmo.

—Idiota —responde Kasamatsu antes de que Moriyama se funda contra sus labios y lo bese. Chupa hasta dejarlos hinchados otra vez, cosquilleando, demostrándole lo feliz que está.

Después de la ducha Kasamatsu cae rendido, cerrando los ojos para dormir. Por primera vez se siente… bien. Ha cerrado una etapa y comenzado otra. Por fin su vida recupera parte de su normalidad y su corazón está sanando. También se siente feliz. Completo.