Capítulo VII.
De cómo Link soluciona un asunto problemático mucho antes de lo previsto
Rara vez la sala del trono se quedaba pequeña. Esta ocasión era una de esas, a pesar de que solamente hubiera tres personas en ella. Aunque, ciertamente, incluso los jardines del castillo se le harían pequeños si aquel individuo estuviese allí al mismo tiempo que ella. No conocía a lord Aiden demasiado, pero sus anteriores encuentros no habían sido en absoluto agradables. Además, la reputación de su familia le precedía. Todo en aquella persona desprendía arrogancia y desprecio. Su forma de hablar, su gesto, sus andares… La princesa detestaba a aquel hombre con todo su ser, por lo que la idea de que tratase de cortejarla, lejos de producirle mariposas en el estómago, prácticamente le provocaba náuseas.
—¿Qué deseáis, lord Aiden? —preguntó Zelda, haciendo acopio de toda su fuerza para fingir amabilidad.
—Os deseo a vos, Princesa.
—Conocéis las reglas, ¿verdad? —dijo, reprimiendo una mueca de amargura.
—Las conozco. Y vos conocéis que no soy muy amigo de ellas.
Zelda lo miró fijamente durante algunos segundos, mientras su mente buscaba las palabras adecuadas.
—Lord Aiden, si deseáis cortejarme, tendréis que acatar mis reglas, así que os aconsejo que os vayáis haciendo amigo de ellas. Romperlas podría suponeros muchos problemas —habló con un tono frío y tajante.
—Muy bien —repuso él, condescendientemente— así lo haremos.
—De acuerdo. Mañana, al amanecer, presentaos aquí para que se os plantee el primer acertijo.
—Así lo haré.
—Creo que hemos terminado —concluyó.
Tras esto, la princesa se levantó y abandonó la estancia. Mientras recorría el camino hasta su habitación, trató de visualizar en su cabeza todos los desenlaces posibles ahora que lord Aiden había entrado en juego. Tenía bastante claro que no resolvería el acertijo, pero no acababa de intuir qué podría intentar después, y estaba bastante segura de que había tramado algo. Estaba muy tentada de utilizar su previsible error para colgarle del cuello, pero aquello ocasionaría demasiado revuelo entre los partidarios de lord Aiden. En cualquier caso, Zelda no podía bajar la guardia. Si bien no se caracterizaba por su inteligencia, aquel noble podía ser increíblemente astuto y manipulador cuando se lo proponía. Además, lord Aiden era alguien terriblemente poderoso e influyente, pues su familia había conseguido apoyos en figuras importantes de la nobleza mediante la extorsión y el chantaje. Aún con ello, bajo ningún concepto iba a casarse con él. Pasarse el resto de su vida con alguien que era capaz de hacerla vomitar con tan solo hablar no entraba en sus planes. Y en realidad, si fallaba el acertijo, le estaría proporcionando una excusa para no tener que hacerlo. Zelda se dio cuenta de que la situación estaba relativamente controlada por el momento, y eso la tranquilizó. Decidió que lo mejor que podía hacer por ahora era descansar, así que se metió en la cama y se dejó vencer por el sueño.
Al igual que el día anterior, las primeras luces del día despertaron a Link, quien no recordaba haber dormido tan profundamente en su vida. Claro que, al recordar los recientes acontecimientos, y en particular, la expresión de la princesa al oír la respuesta correcta, su sonrisa se torció ligeramente. Justo cuando se disponía a pensar en ello de nuevo, recordó que la noche anterior se había prometido no darle más vueltas a aquello, así que apartó esos pensamientos de su mente, se levantó y se preparó para su reunión con la princesa.
Cuando Link llegó a la sala del trono, Impa ya estaba allí, junto con un alguien a quien no había visto jamás. Era joven, no tendría más de treinta años, y tenía la piel clara y el pelo oscuro. Había que admitir que aquel hombre era bastante apuesto. Vestía ropas visiblemente caras, y parecía desprender un aura de arrogancia y altanería. A pesar de su curiosidad, Link prefirió no preguntar, pero cuando aquel hombre clavó su mirada en él, supo que iba a enterarse de todos modos.
—Disculpad, Impa. ¿Quién es este hombre? —preguntó lord Aiden, de malas maneras.
—Me temo que no sois el único pretendiente de la Princesa, lord Aiden. Él es Link, el guardián del bosque de Farone.
—¿En serio? ¿El guardián del bosque?
—Permitidme que os recuerde que el Guardián es un noble, al igual que vos, y por ello está en posición de pedir la mano de la Princesa si así lo desea.
—¿Un noble "como yo", decís? No me lo puedo creer. En fin, que se me compare con un apestoso guardabosques… —refunfuñó lord Aiden.
Link se encontraba bastante confuso ante aquella situación, pero si había algo que tenía claro era que aquel joven noble era un completo cretino.
—Disculpad, lord Aiden —intervino Link— os pediría que si tenéis algo que decirme, lo hagáis a la cara.
—¿Pero quién creéis que sois para dirigiros a mí de esa forma? —repuso, elevando la voz—. Parece que tendré que enseñaros a-
La prepotencia de lord Aiden fue interrumpida por el sonido de la puerta principal, que anunciaba la llegada de la princesa Zelda.
—Veo que ya estamos todos. Comencemos, pues —dijo, seria, mientras recorría el pasillo y subía los escalones que la separaban del trono.
—Princesa, querría hacerle una pregunta.
—Decidme, lord Aiden.
—¿Por qué permitís que alguien como —se aclaró la garganta— él os corteje? —preguntó, refiriéndose a Link.
—El Guardián es un noble, como vos, así que se le permite cortejarme, igual que a vos. Además, os lleva un acertijo de ventaja.
—¿¡Q-qué?!
—Lo que habéis oído.
—No puede ser… —bufó lord Aiden—. Bueno, si un simple guardián ha conseguido resolverlos, seguro que para mí serán cosa fácil.
—Creedme, estoy deseosa de comprobarlo —respondió Zelda, sarcástica—. En cualquer caso, lord Aiden —continuó la princesa— os recuerdo que las reglas las pongo yo, y soy yo la que decide cuándo alguien es apto o no para cortejarme. Si no os gustan las reglas, siempre podéis marcharos —añadió, con cierta malicia.
Lord Aiden no respondió, dando por zanjado el tema.
—Muy bien —dijo Zelda—. Voy a plantearos el acertijo. Escuchad con atención.
La princesa hizo una pausa, se aclaró la garganta, y habló:
—Imagino que habéis oído hablar del héroe de Hyrule. En una de sus leyendas, se menciona a una especie de calamar con la capacidad de producir a una copia exacta de sí mismo a cada hora que pasa. A ese ritmo, si colocásemos a uno de estos especímenes en el lago Hylia, sus copias tardarían en ocupar todo el lago en una semana. ¿Cuánto tardaría en ocuparse todo el lago si, al inicio, colocásemos dos de estos seres, en vez de uno?
Como si se hubiese activado un mecanismo, Link comenzó a pensar, repitiendo para sus adentros las palabras que la princesa acababa de pronunciar. Pero la impertinente voz de lord Aiden se lo impidió.
—Su Alteza, me gustaría proponeros algo—. Zelda abrió bien los oídos, consciente de que tenía las de perder si permitía que lord Aiden manejara la situación.
—¿De qué se trata?
—Pues veréis, como me temía, este acertijo… en realidad es bastante sencillo. Estoy convencido de que un día es demasiado tiempo para pensarlo, y apuesto a que el Guardián opina lo mismo, ¿no es así? —dijo, mirándole.
—Lord Aiden, ¿cuántas veces tengo que recordaros que yo soy la que dicta las reglas en esto? —dijo Zelda, sin dejar responder a Link.
—Yo ya tengo mi respuesta. Si el Guardián no es capaz de dar una respuesta de inmediato, eso querría decir que no está a mi altura, y en ese caso, sería absurdo que os casarais con él, cuando podéis casaros conmigo. Imaginaos el escándalo que eso conllevaría. Seguro que todo vuestro consejo y gran parte de la nobleza se opondría si supiera que preferís casaros con el Guardián del bosque antes que con un noble de mi nivel—. Hizo énfasis en las dos últimas palabras.
La princesa frunció el ceño. Sabía que lord Aiden sería capaz de tergiversar la historia a su favor, y entonces sí que podría producir un descontento general en la nobleza. Pero, por otra parte, no estaba dispuesta a ceder ante sus exigencias. Determinó que, por el momento, la opinión del guardián al respecto debería tenerse en cuenta.
—¿Qué pensáis vos, Guardián? —preguntó.
Link, por su parte, al oír la propuesta de aquel hombre, se puso tremendamente nervioso. Con el acertijo anterior había tardado varias horas. ¿Cómo iba a dar, entonces, una respuesta correcta a este en menos de cinco minutos? Por suerte, se dio cuenta de que lo que lord Aiden pretendía con ello era justamente impedirle pensar, así que trató de relajarse y se concentró en el acertijo. Si las copias de un calamar tardan en ocupar todo el lago Hylia en una semana, y se tarda una hora en pasar de tener un calamar a tener dos calamares…
¿Era tan simple? Aquella parecía ser la respuesta correcta. Al menos, tenía sentido. Ahora, la cuestión era si arriesgarse o no. Y en cualquier caso, Moy ya no necesitaba ayuda, así que si fallaba, no tenía nada que perder, salvo su vida, claro está. Pero cuando decidió cortejar a la princesa ya era consciente de que podía llegar a darse esta situación. Era extraño. Aunque sabía que no conseguiría despertar en Zelda ningún interés por él, había algo en su interior que le instaba a no rendirse. Y por más que buscaba y buscaba una razón para ello, no la encontraba.
—Sinceramente, yo preferiría jugar siguiendo las reglas, Princesa —dijo Link—. No obstante —añadió rápidamente, al ver que lord Aiden se disponía a rebatirle— tengo una respuesta.
—Proceded, Guardián —le ofreció lord Aiden.
—Oh, no. Por favor, vos primero. Puesto que consideráis que no soy adecuado para estar aquí, quizás podríais enseñarme cómo debería hacerlo —repuso, con falsa modestia.
—Como deseéis —dijo el lord, visiblemente contrariado—. Está claro. Dos calamares tardarán media semana en llenar el lago. Tres días y doce horas.
La princesa asintió, miró a Link y le preguntó:
—Guardián, ¿qué respondéis vos?
Por más que lo intentó, no pudo esquivar la mirada de Zelda. Aunque en realidad, tampoco había puesto demasiadas ganas. Sus ojos azules oscuros, como el fondo del océano, le lanzaron esa mirada indescifrable, como la primera vez que sus caminos se cruzaron. Podría pasarse todo el día observando los ojos de la princesa, y aun así, seguiría siendo incapaz de describir qué sentía al mirarlos. De cualquier modo, este no era el momento para pensar en eso. Si Link estaba en lo cierto, entonces la respuesta del lord era incorrecta. Repasó una vez más su razonamiento, y como no encontró fallo alguno, no tuvo más alternativa que responder.
—Mi respuesta es seis días y veintitrés horas. Puesto que un calamar tarda una hora en duplicarse, comenzar con dos calamares solamente ahorra una hora.
Esta vez, el rostro de Zelda no mostró angustia. Link juraría que la princesa había incluso sonreído, aunque no estaba seguro de que no fuera producto de su imaginación.
—Una vez más, la respuesta del Guardián es correcta. Lo lamento, lord Aiden, habéis fallado. Sabéis lo que eso significa —dijo, mientras su boca se curvaba mostrando una sonrisa falsa.
—Lo sé, Alteza. Sin embargo, como bien sabéis, poseo numerosos aliados. No os conviene deshaceros de mí.
—Oh, creedme que lo sé bien. Pese a ello, correré el riesgo —respondió, sarcástica—. Guardias —dijo, dirigiéndose a los soldados que custodiaban la puerta— enseñadle a lord Aiden el camino a los calabozos.
Acto seguido, la princesa se levantó, bajó los escalones y se marchó. Vestía una sonrisa triunfante que no pasó desapercibida para Link. No era una sonrisa de maldad, sino más bien de satisfacción. Y en parte, de alivio. Él se dispuso también a abandonar la sala; al fin y al cabo, lo único que quedaba por hacer allí era contemplar cómo lord Aiden se resistía inútilmente mientras maldecía y amenazaba de muerte a todos los allí presentes y a sus respectivos familiares. Mientras recorría los pasillos del castillo, se dio cuenta de que haber resuelto el acertijo aquella misma mañana traía consigo una ventaja.
Tenía el resto del día libre.
[NdA] La cajita de aquí abajo está deseando conocer lo mal que os cae el nuevo pretendiente, así que ya sabéis (?)
Hylian Champion Shirayuki: tengo que reconocer que intento cortar los capítulos de forma que el lector se quede con la mayor intriga posible, jiji. Es posible que con alguno de los capítulos que vienen después te entren ganas de matarme, pero no te preocupes, te comprendo (?)
vrave1: bueno, ya has visto lo que ha pasado con el susodicho pretendiente. No sé si ha sido como tú te esperabas. Es un poco tonto, pero es muy divertido de escribir, jajaja
