Nota: Juro que traté de actualizar ayer pero la página no actualizó. No sé cuando será la próxima actualización ya que últimamente no tengo tiempo ni para recordar cómo me llamo, donde vivo o siquiera el año en el que estamos, pero en estos días publicaré un capítulo de una historia corta que escribí cuando no estaba tan atareada. Pueden leerlo en lo que esperan.
Capítulo VI: Los bicornios no existen
Santana estaba terminando de acomodarse el cabello. Si algo detestaba del sexo era que al final terminaba con los rizos desordenados, lo cual la enfurecía pues tenía un cabello igual de indómito que ella y le podía tomar un buen rato volverlo a controlar. Cuando estuvo satisfecha con el resultado, se acomodó un poco la ropa y se levantó de la silla en la que había estado sentada, viéndose en el espejo. Puck la observó desde la cama mientras tomaba sus cosas, sin mirarlo.
-¿Qué te sucede? –le preguntó al fin. Había estado dudando si preguntarle o no desde la última vez que se vieron y ella se comportó exactamente igual.
-Nada –respondió inexpresivamente ella. Aún no lo miraba.
-Has estado rara desde ayer. Bueno… más rara que de costumbre. –le dijo él. Ya estaba acostumbrado al misterio que rodeaba a la latina pero hasta ella tenía límites.
-Oh, lo siento. ¿Es que acaso ha influido en mi desempeño sexual mi comportamiento? –preguntó Santana aunque en realidad no le interesaba conocer la respuesta.
-A decir verdad… -comenzó él, dubitativamente –en días normales estamos… pues… más tiempo. Y me dio la impresión de que querías que se terminara pronto.
Ella se encogió de hombros.
-¿A quién le importa? Tienes calidad. No todo se puede en esta vida.
Puck se rascó la cabeza.
-No deja de ser raro –insistió él. –Hay veces que no puedo más y tú aún estás fresca. Eso me encanta y ahora comienzo a pensar que hice algo mal.
-Créeme, no has hecho nada mal –"excepto casarte con esa mujer tan chiflada tuya",pensó ella –así que deja de calentarte la cabeza.
Dio una última ojeada alrededor para cerciorarse de que no se olvidaba nada y añadió:
-Es más, si de ahora en adelante solo quieres meterla y sacarla hasta venirte siéntete con libertad para hacerlo. Me da igual.
Puck no daba crédito a sus oídos y frunció el ceño.
-Pero entonces tú…
-Puck, –lo interrumpió ella, suspirando. Ya se estaba cansando de la conversación –cuando se te hace un ofrecimiento de este tipo lo único que debes hacer es agradecer y no poner "peros", ¿entendido?
Le puso un dedo sobre los labios para evitar que dijera algo más.
-Si has entendido, asiente.
Él asintió, a regañadientes.
-Bien. Ahora dime… ¿cómo está tu esposa?
Santana había estado luchando desde el día anterior para no preguntarle eso (se vería terriblemente sospechoso) pero no pudo evitarlo y escupió la pregunta como quien tiene Síndrome de Tourette. Sintió ganas de golpearse a sí misma pero ya estaba, la pregunta había sido echada al aire y de nada le serviría eso.
La cara de Puck era una mezcla entre espanto y sorpresa. En otras circunstancias habría resultado sumamente cómico, pero ninguno de los dos estaba como para reírse en ese momento, sino todo lo contrario.
-Creo que está bien –respondió finalmente. –No, ¿sabes qué? En realidad se portó un poco rara ayer. Se enojó y eso no es nada común en ella.
-Ah… bueno, ya me voy. Espero que a tu esposa se le pase lo rara.
Salió casi corriendo de la habitación. Puck permaneció en la cama, con el torso desnudo y seguía frunciendo el ceño, analizando un poco lo que acababa de pasar. Ahora que lo pensaba un poco, tanto Brittany como Santana habían estado raras. De hecho, había llegado de malhumor a su casa porque Santana había llegado al hotel, prácticamente lo había obligado a tener solo un "rapidín" y se había marchado de inmediato. No hacía falta decir que el hombre había quedado insatisfecho y esto lo había frustrado, y al llegar a casa se había encontrado con que su mujer tenía el SPM o algo.
"¿Qué les pasa a estas mujeres?" pensó mientras se vestía "¿Se habrán puesto de acuerdo para tomarla contra mí o qué?"
Santana atravesaba el lobby del hotel, caminando al mismo ritmo con el que había abandonado la habitación. Estaba desesperada por irse ya, no fuera a encontrarse con Puck cuando bajara y terminara arruinándolo aún más.
-Ahora dime cómo está tu esposa, ah qué bien, dile que le mando saludos y besitos –murmuraba ella con sorna –y esto lo hago porque soy su gran amiga ¡Y TAMBIÉN UNA GRAN IMBÉCIL!
El valet parking ya estaba esperándola y ella subió a su auto arrojando con furia su bolso en el asiento del acompañante.
-¡Coño! ¿Se puede ser más idiota? –y golpeó la cabeza contra el volante repetidamente.
Estaba en un dilema. No sabía qué hacer con respecto a Puck. Es más, casi se había olvidado de su existencia por un momento, pues no había dejado de pensar en Brittany y en lo complicada que sería su existencia ahora que la rubia estaría husmeando en su vida. Pero no sabía qué hacer con su amante. ¿Acaso debía decirle de una manera delicada y civilizada que su esposa la había buscado? ¿O debía hacerse tonta y hacer como que ni siquiera sabía que habitaban el mismo planeta en la presencia de él?
Ciertamente esto estaba quitándole el sueño a la latina, pues por un lado era una maniática del control y Brittany era una variable que no había considerado… sin mencionar que era, además, altamente imprevisible pero por el otro le intrigaba todo acerca de la extraña rubia. Estaba segura de que si le decía a Puck, este haría algo al respecto lo cual provocaría que Santana nunca volviera a verla.
Por alguna razón esto le inquietó un poco y no le pareció.
Brittany acababa de llegar a casa. Había salido a correr después de salir del trabajo y estaba sonrojada y sudorosa. Se quitó los audífonos y dejó el iPod en la mesa, quitándose la ropa deportiva que se le había pegado al cuerpo y dejándola regada por todas partes de la casa. No le importaba que se quedara allí, después de todo de la limpieza se encargaba ella así que de todas formas iba a tener que recogerla. No tenía ganas de nada más que de meterse debajo de la regadera y quedarse ahí un buen rato, de preferencia toda la vida.
Desde la noche anterior, en que Puck había llegado y se había molestado había estado así, sintiéndose furiosa. Era como si todo el enojo que no había sentido al enterarse del amorío de Puck estuviera saliendo a flote ahora después de haberse acumulado y resguardado. Presentía que ni siquiera los niños del kínder, que siempre la animaban, podrían hacerla sentirse mejor, por lo que le urgía despejarse un poco, pues no quería que sus problemas afectaran su comportamiento con ellos al día siguiente.
Brittany cerró los ojos y dejó que el agua cayera por todo su cuerpo. Correr siempre le hacía sentirse mejor, al igual que bailar, pero a pesar de que había corrido durante un buen rato sin parar no se sentía mejor. Se sentía sofocada y necesitaba seguir moviéndose.
Cuando salió de la ducha fue por su teléfono móvil, y buscó entre los contactos hasta que encontró a quien buscaba, pulsó la tecla verde y esperó a que contestaran la llamada.
-Hey, ¿qué tal, Brittany? –dijo animadamente la voz de un hombre joven.
-Hola, Mike, ¿cómo está todo?
-Bien, ya sabes: seguimos planeando este gran musical y todos estamos emocionados. ¿Ya sabes que Rachel Berry lo protagonizará?
-¡Es estupendo! –Brittany se alegró genuinamente. Rachel Berry era una de las artistas de Broadway más prestigiosas del momento y su presencia auguraba éxito para el musical de Mike. -¿Cuándo han llegado a un acuerdo con ella?
-Es bastante reciente, de hecho aún no le hemos dicho a la prensa así que ¡chist! –le dijo el esposo de Tina en tono de complicidad.
-No le diré a nadie –acordó ella alegremente. –Oye, llamaba porque quería saber si tenías planes para hoy.
-¿Para hoy? No lo creo. Terminamos temprano hoy y me estaba aburriendo.
-¿Tina estará libre por la noche?
-Desgraciadamente no –respondió el asiático. –Le ha tocado el turno de la noche.
-Oh, -dijo ella con tristeza –es que esperaba salir hoy… sé que es algo apresurado y de última hora pero…
-A mí me gustaría salir –dijo Mike con emoción. –Digo, si no te molesta salir sólo conmigo y que no esté Tina… pero ya que lo has mencionado y yo estoy algo aburrido…
-¿De verdad? –Brittany se alegró al escuchar esto. –Había pensado en ir a bailar, y bueno, ya sabes que para bailar solo tú y Tina pueden llevarme el paso. Ya sé que es domingo pero de verdad me vendría bien salir. También quiero llamar a Mercedes y Sam.
-¡Perfecto! –Le animó Mike -¿Ya tienes pensado a donde quieres ir?
-Había pensado en ese lugar al que fuimos la última vez…
-¿Limit?
-No, el otro. Al que fuimos después de ese.
-Ah, Ivory.
-¡Sí, ese! Conoces gente de ahí, ¿verdad? Como siempre está lleno.
-Sí, pero déjamelo todo a mí –le respondió Mike con orgullo -, mientras vayan conmigo no hay problema.
Después de despedirse llamó a Mercedes para saber si quería salir. Ella accedió pero Sam no podía pues tenía trabajo por entregar al día siguiente, de modo que comenzó a alistarse para reunirse con ella y Mike.
Mike, Tina, Mercedes y Sam eran un poco mayores que ella, pero aun así eran jóvenes y solían divertirse. Mike y Tina eran matrimonio pero sobre todo el joven amaba salir por las noches, aunque no era muy frecuente pues su trabajo era bastante demandante. En cuanto a Sam y Mercedes, eran novios y Mercedes amaba salir, pero Sam era más hogareño y se les unía solo en ocasiones.
Cuando Brittany se había casado con Puck, la gente no cesó de decirle que debido a su matrimonio se perdería de muchas cosas y por tanto se iba a arrepentir… Brittany no sabía a qué se referían, pues en el tiempo que llevaba casada no se había privado de la diversión: solo tenía 25 años de modo que salía frecuentemente. No era como si el matrimonio le hubiese puesto años de más o algo así.
Se mira al espejo una vez que termina de arreglarse y se admira. Esta vez ha optado por un estilo distinto al "inocente" que habitualmente usa y ha elegido uno un poco más atrevido. Se observa en el espejo con atención; ha pasado ya un tiempo desde la última vez que se vistió así, pero el día de hoy ha sentido la necesidad de hacerlo.
Ese día quería olvidarse de todo en la pista de baile. De todo.
¿Puck? Le importaba un carajo... bueno, eso sonaba tal vez peor de lo que esperaba, pero el punto era que no quería pensar en nada relacionado a él por lo menos esa noche. Tomó su bolso y salió.
David se desternillaba de risa, sentado detrás de su escritorio y evitó con agilidad un cenicero que Santana le arrojó con enojo. El cenicero se hizo añicos contra la pared, pero Dave ni siquiera se inmutó, sino que solo se enjugó las lágrimas que le habían rodado por las mejillas y trataba de recuperar el aliento.
-Lo… lo siento –se disculpó él, pero no dejó de reír. –Es que… ¿de verdad le preguntaste eso al mecánico?
-Sí, búrlate.
-¿Qué has hecho con Santana? Que yo recuerde, Santana López es una perra que siempre sabe qué decir y cuando decirlo. No una torpe que le pregunta a un hombre por su esposa después de haber tenido sexo con él.
-No sé qué me pasó. Fue como… -agitó las manos en busca de la expresión correcta –no sé, un vómito verbal.
-Santana, deberías decirle que ya conociste a su esposa. –Trató de razonar él –Deja que ellos se encarguen de sus problemas, no tienes por qué estar estorbando.
-No sé si sea buena idea…
-Es mejor idea que pasártela cuidando lo que dices de ahora en adelante.
-Es cierto pero…
-No pongas pretextos.
-David, -dijo ella, mirándolo fijamente con sus casi negros ojos –lo necesito. A Puck.
-Hay más hombres casados y con esposas menos complicadas.
-Lo sé, pero Sugar no va a esperar a que encuentre otro. De verdad lo necesito, Dave; Motta no va a ir a ningún lugar pronto.
Dave sopesó las palabras.
-En eso tienes razón… -admitió al fin.
-Claro que tengo razón. Y prefiero soportar a esa pareja de locos antes de lidiar sola con Sugar Motta.
-Pero es un arma de doble filo, Tana. ¿Te das cuenta de cuanto tiempo ha pasado desde la última vez que has venido a verme dos veces seguidas?
Santana debía concederle la razón. Eran grandes amigos y se adoraban pero no dejaban de ser solitarios por naturaleza. No se veían tan frecuentemente como otros amigos, incluso podían pasar uno o dos meses sin verse pero eso no significaba que se hubiesen olvidado. Cuando se veían tan frecuentemente como ahora era porque había algo importante que necesitaba ser discutido.
-Estás vulnerable y eso no me gusta. Imagínate: apenas conociste a esa mujer y ya estás toda rara, ¿qué pasará si la llegas a conocer un poco más?
-Cuando la llegue a conocer un poco más, pero sobre todo, cuando ella me llegue a conocer un poco más, se irá de mi vida para nunca volver. Ya lo consideré, David.
-¿Estás segura? Yo no lo daría por hecho si fuera tú.
-Lo único que le interesa es su matrimonio y qué hacer con ese inútil marido suyo que la engaña.
Dave la observó torciendo la boca.
-Si tú lo dices –concedió él al fin. Luego añadió con tono condescendiente. –Mejor me calmo un poco… vamos por un trago, te vendría bien a ti también.
Salieron al club donde se aglomeraba la gente y Dave fue a hablar con Azimio y los demás guardias de seguridad, mientras Santana retenía a un atractivo mesero y le pedía algo para ella y Dave. Mientras el muchacho se retiraba miró a Dave que seguía en la parte frontal hablando con sus compañeros y se movió de lugar para curiosear un poco. Había gente reunida en un punto y fue a ver qué tanto era lo que miraban.
Lo que la gente observaba con tanta atención era a un hombre joven, de menos de treinta años, que bailaba en el centro de la pista. Era bastante bueno y hasta era guapo. Estaba acompañado por una mujer afroamericana que reía y fue a sentarse. Pero no solo era este el que resaltaba entre toda la gente, pues al lado del hombre bailaba otra mujer, que era rubia y de muy buen cuerpo y también bailaba de manera espectacular. Varios hombres que estaban al lado de Santana la miraban con mucho interés y la señalaban.
De verdad debía encontrarse mal, pues le parecía que la mujer era extrañamente parecida a Brittany, aunque tal vez fuera su imaginación y en realidad le viera parecido solo porque era rubia, alta, guapa y al acercarse le pareciera que sus ojos eran muy brillantes y alzara la mano para saludarla con alegría al verla…
¿Pero qué rayos? De verdad era Brittany. Santana se dio cuenta al ver que interrumpía su baile y corría hacia ella casi empujando al asiático que iba con ella. Al llegar frente a la latina dio un par de saltitos de alegría.
-¡De verdad eres tú! –La rodeó y la observó de pies a cabeza, como si no lo pudiera creer -¡Sí eres tú!
Brittany le tomó el brazo y lo repentino de esto hizo que Santana se apartara tan rápido como si se hubiese quemado.
-Oh, lo siento… -retiró la mano y Santana vio el vendaje que llevaba en el brazo. Era curioso que Santana fuera la asustada y Brittany se portara tan normal incluso estando lesionada. –No eres muy cercana a la gente, ¿verdad?
-Disculpa que no tengamos un saludo secreto o algo así, pero por si no lo recuerdas acabamos de conocernos el viernes.
-¡Es cierto! ¿Crees que debamos tener un saludo secreto? –le preguntó ella con emoción.
Si hubiese sido otra persona, Santana le hubiese dado un puñetazo por tratar de tomarle el pelo, pero en tan solo dos días se había hecho a la idea de que la rubia siempre hablaba en serio por muy loco que fuera lo que dijese.
-Ya veremos después… ¿y qué haces aquí?
"Nada, Santana. Sólo vine a barrer y a saludar a los meseros y a mirar el techo toda la noche". Eso hubiese sido lo que la latina hubiese respondido ante tan tonta pregunta. "¿Eres idiota o qué? Es obvio que vino a bailar"
-Vine con mi amigo… es Mike Chang, ¿has oído hablar de él?
Santana sí que había escuchado de él. Sabía que era un bailarín de Broadway y había escuchado de él en numerosas ocasiones estando en Shuffle haciendo campañas para musicales.
-¿El bailarín?
-¡Sí! Mike es famoso –dijo Brittany con orgullo. –Es el esposo de una de mis amigas pero ella no pudo venir. Vine también con ella.
Y señaló a la mujer afroamericana que estaba sentada, ahora con Mike a su lado.
Santana solo asintió y siguió allí, esperando al mesero. Brittany se miraba los pies y de no ser por la estruendosa música eso hubiese sido un silencio incómodo.
-¿Qué hacemos aquí paradas? ¡Vamos a bailar! –y nuevamente tomó a la latina del brazo para llevarla a la pista de baile, pero la morena se resistió.
-No quiero bailar –"y mucho menos contigo" dijo soltándose –sigue bailando tú con tu amigo, que para eso viniste con él.
-Pero ya se sentó y estoy segura de que no le molestará –insistió ella. –Anda, vamos a bailar.
-¡No quiero! –se negó rotundamente Santana. Le ponía nerviosa la perspectiva de bailar con la rubia después de haber visto sus movimientos. Temía no llegar a su altura o sentir algo que no debía.
-Solo una canción, anda –y volvía a tirar de ella pero una manaza le impidió seguir.
Dave estaba tomándola del brazo, deteniéndola con el rostro muy serio. Miró primero a la rubia y luego muy lentamente giró el rostro hacia la latina.
-Te me perdiste de vista un buen rato –le dijo dándole una bebida –Randy me dijo donde estabas, ¿pediste esto?
-Sí… me estaba comenzando a preguntar si te habías olvidado de mí.
El corpulento hombre no respondió y volvió a mirar a Brittany, que lo miraba a su vez curiosamente con la cabeza ladeada y su característica expresión de cachorro confundido.
-Soy David Karofsky –dijo él extendiendo la mano con cortesía. –Jefe de seguridad de este club y el mejor amigo de Santana.
-Brittany Puckerman. –dijo ella dándole la mano y sonriéndole.
-No intentes que Santana baile; sólo lo hace cuando quiere. Si siguen hablando aquí se desgarrarán la garganta… pueden hablar en mi oficina.
Santana lo miró con recelo pero le indicó a Brittany que la siguiera. Antes de que se fuera, Dave la detuvo y le dijo al oído, haciéndose escuchar por sobre la música:
-Recuerda que yo siempre sé qué pasa en mi oficina.
-Tranquilo, que yo sepa nunca te enteraste de la orgía tan genial que me monté la semana pasada ahí.
-Tana –le reprochó y ella puso los ojos en blanco. –Confío en que no hagas tonterías, ¿de acuerdo?
-Sí, sí. Ya lo sé. –y se fue con Brittany a la oficina de Dave.
El hombretón se quedó allí, observándolas con preocupación mientras se alejaban. Cuando eran unos chiquillos Santana siempre había tenido problemas comportándose… con propiedad frente a las chicas guapas, sobre todo aquellas que le atraían y en varias ocasiones terminaba haciendo el ridículo. Ahora Santana ya era una mujer hecha y sus habilidades sociales con las mujeres habían progresado de manera sorprendente (de hecho trataba a las mujeres con tanto desdén como a cualquier otra persona) pero no podía evitar sentirse inseguro. Finalmente suspiró y con una mueca se giró para ver cómo andaban las cosas en el club.
-Pasa –le indicó Santana a Brittany quien obedeció.
La rubia observó la oficina de Dave con curiosidad.
-¿Puedo sentarme ahí? –preguntó señalando la gran silla giratoria de Dave.
-Claro –dijo ella al ver el brillo de sus ojos.
Brittany se sentó y comenzó a girar como una peonza. Luego de dar varias vueltas se quedó de frente a Santana.
-¿Vienes mucho? –le preguntó.
-Regular. –respondió Santana y ahora que estaba en un lugar iluminado pudo ver bien a la rubia, quien se veía muy atractiva esa noche. Tal vez, demasiado atractiva.
-¿Y por qué no bailas? ¿No te gusta?
-Me gusta mucho bailar –confesó ella. –Pero no sé, prefiero bailar sola.
Brittany hizo un puchero.
-¡Tienes que bailar conmigo un día!
Santana rio.
-Por supuesto que no.
-¡Anda! –dijo Brittany suplicándole con ojos brillantes. Iba maquillada de una forma que hacía su mirada aún más irresistible y en sus labios había aplicado labial de una manera muy delicada que aumentaba su magnetismo, si es que eso era posible.
-Está bien –cedió Santana al fin. Tal vez si le diera la razón siempre terminaría de conocerla más pronto y se alejaría enseguida, aunque no entendía por qué quería bailar con ella. No es como si fueran amigas o algo.
-Promételo –dijo Brittany extendiendo su dedo meñique.
La latina tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no reírse en la cara de Brittany… ¿Promesa con el meñique?
-No voy a hacer eso, es ridículo.
-Promételo –repitió. Seguía con el meñique extendido.
Santana se cruzó de brazos y permaneció así durante poco tiempo. Al final dejó caer los brazos, en un gesto exasperado.
-¡Bien! –y entrelazó su meñique con el de la rubia, que le dio una sonrisa de mil voltios.
-¿Cómo es que estás aquí un domingo por la noche? ¿No trabajas? –preguntó tratando de distraerse. El contacto con la mano de Brittany le había dejado un cosquilleo molesto.
-Sí, soy maestra de kínder –dijo ella. –Así que trabajo mañana pero necesitaba salir.
-¿Mal día? –preguntó Santana alzando una ceja.
-Algo así –asintió la rubia tímidamente. Decidió probar suerte y preguntarle aquello que tanto le había molestado –Esto…
Carraspeó. No sabía cómo debía preguntarlo.
-Tú… -fijó su mirada en un portalápices que había en el escritorio.
-¿Yo qué?
-Me da pena preguntarlo.
-Llegaste a mi casa sin siquiera conocerme y trataste de entrar. Creo que ya no debería darte pena.
Brittany se sonrojó al recordar eso. Tomó aire y decidió decirlo de una vez.
-¿Has visto a Puck?
-Sí –respondió con satisfacción Santana -, ayer y también hoy temprano.
-Ah –fue todo lo que atinó a decir Brittany. En la mañana Puck había salido sin siquiera avisarle; de seguro seguía enojado por la noche anterior pero a ella tampoco se le había pasado y al ver que se iba se enfureció aun más. Seguía enojada pero al mismo tiempo no pudo evitar sentir un dejo de tristeza.
-¿Qué, te molesta? –preguntó la morena con frialdad aparente pero al ver que el semblante alegre de la rubia había cambiado tan deprisa se sintió culpable. Una mujer como Brittany no estaba hecha para la tristeza.
Brittany no respondió y siguió con la cabeza gacha.
-Mira, no pensabas que dejaría de verlo solo porque apareciste tú, ¿o sí? Porque yo nunca dije que lo haría.
-Sí, sí… lo sé. Te dije que actuaras con normalidad, ¿no? Está bien que lo hagas –le aseguró su interlocutora esbozando una débil sonrisa. –Hagamos como que Puck no existe, ¿te parece?
-Si eso quieres.
-Sí, eso quiero. Recuerda que debo conocerte –se inclinó hacia delante en su asiento.
-Y entonces, ¿qué propones? ¿Quieres que juguemos a las veinte preguntas o qué?
-Suena bien –aprobó Brittany aplaudiendo una vez. -¿Cuál es tu color favorito?
Santana exhaló sonoramente. Era hora de comenzar el show.
-El rojo. Me veo muy bien cuando me visto de rojo, como podrás ver… bueno, me gusta mucho el color negro pero eso suena un poco depresivo…
-A mí me gusta el azul –respondió con alegría la otra. -¡También debes verte muy bien vestida de azul!
-¿Siguiente pregunta? –Santana se sonrojó ligeramente.
-¿Animal favorito?
-No lo sé… -ahora que lo pensaba, Santana nunca se había puesto a ver cual era su animal favorito -¿la pantera? ¿el lobo?
-Eso da miedo... A mí me gustan los patos… ¡y los gatos! Yo tenía un gato, se llama Lord Tubbington y lo quiero mucho aunque tenga adicción al tabaco. Siempre encontraba cigarrillos escondidos en su cesta –Brittany negaba con desaprobación. –Se quedó en Ohio con mis padres.
Lo último llamó la atención de Santana.
-¿También eres de Ohio?
-Sí, soy de Lima ¿y tú?
-Soy de Akron.
-¡Eso está muy cerca de Lima! –Exclamó la rubia –Éramos casi vecinas entonces.
-Sí, -asintió la morena, con extrañeza. No esperaba que la rubia fuese de un lugar tan cercano a su hogar –está a unas cuantas horas…
-¿Ya ves? Nunca me lo hubiese imaginado… ¡sí que te estoy conociendo!
Santana salió de su trance y dijo:
-Brittany, ¿ya sabes que lo mío con Puck es solo sexo? Dices que quieres saber qué vio en mí y todo pero… esto es lo que vio –se señaló el cuerpo apreciativamente. –Eso es todo lo que hay que saber. Me estás preguntando cosas que a Puck ni se le cruzan por la mente.
-Tonterías. –Respondió negando con la cabeza –Ya sé que Puck piensa con el pene, pero aun así yo quiero conocerte. No me importa si él no te conoce para nada. Sigamos… ¿en qué trabajas?
-Soy publicista en Shuffle –contestó Santana no sin cierto orgullo.
-¿Qué es eso?
-Una agencia publicitaria… de las mejores en el país.
-¿Y cuanto tiempo llevas ahí? -Preguntó Brittany, quien se había quedado impresionada.
-Dos años… no fue fácil entrar –alardeó –pero siempre supe que quedaría.
-Qué genial… yo no sé mucho de esas cosas pero mi amiga Tina es muy inteligente –se acercó y murmuró –es que es asiática… tú sabes, tiene superpoderes. ¿No es esa la agencia que está trabajando con Al Motta? Lo leyó en el periódico o algo así.
Santana se estremeció al escuchar ese nombre y un escalofrío le recorrió la espalda.
-Ah, sí… yo soy parte de la junta que trabaja con el señor Motta.
-Ahora que recuerdo, Tina dice que su hija también llega con él.
-¡Sí! –Exclamó con los dientes apretados la morena –Una persona encantadora, pero por favor no hablemos de los Motta… no quiero pensar en trabajo. Siguiente pregunta.
-¿Tienes novio?
-Si tuviera novio no tendría amante.
-Cierto –concedió Brittany con una risita –aunque quién sabe, a lo mejor es que es muy malo en la cama.
Se quedó pensativa un rato y añadió:
-David es gay, ¿verdad?
Al escucharla, los ojos de Santana se abrieron como platos.
-¿Qué?
-Tu amigo… estoy casi segura de que es gay.
-¿Por qué dices eso?
Brittany se puso un dedo bajo el mentón y reflexionó.
-No soy muy buena detectando a la gente gay… de hecho tuve un novio gay y nunca lo noté a pesar de que usaba más maquillaje que yo e incluso se contoneaba más al caminar. Pero estoy segura de que tu amigo lo es… -rio –es decir, ¿cómo es que es tu amigo solamente? No es posible que no le gustes y sea heterosexual.
-Para ya –la detuvo Santana, que tenía las mejillas acaloradas.
-Me agradan los gays –prosiguió –siento que son… no sé, ¡mágicos! Como unicornios…
Se sentó con la espalda recta y con mucho orgullo declaró:
-Yo soy un bicornio.
-¿Bicornio? Eso no existe.
-Claro que sí. Si no existe, entonces ¿yo qué soy?
-Una rarita.
-¡Oye! No soy rarita.
-Oh, disculpa… eres excéntrica.
-No sé que es eso pero siento que me sigues diciendo "rara".
-Entonces sientes bien.
Brittany hizo un adorable puchero de disgusto.
-Algún día te convenceré de que no soy rara –murmuró.
-¿Y a todo esto… qué es un bicornio?
-¿Para qué quieres saber, si dices que no existe?
-Ay, olvídalo –Santana puso los ojos en blanco.
-¿No extrañas Ohio?
-No –respondió Santana con voz firme y decidida. –Jamás lo he extrañado.
-¿Por qué? –a Brittany le extrañó esto. Ella echaba de menos Ohio todos los días.
-Lo odio, no quiero saber nada de Ohio nunca más. No he estado en Akron desde que tenía 18 años.
-¿Qué edad tienes ahora?
-Veintiséis. ¿Y tú?
-Veinticinco.
-¿Tan joven y ya con esposo? ¿Pues a qué edad te casaste?
-A los veintidós, pero he estado con Puck desde los quince años.
-Qué roña –no pudo evitar decir Santana –eso explica por qué está conmigo.
Inmediatamente después de decir eso último se arrepintió al ver la expresión de la rubia.
-Lo siento, yo... no quise decir eso. Es que, bueno, han estado juntos desde hace mucho tiempo y…
-Se supone que el punto del matrimonio es estar con alguien para toda la vida –le interrumpió Brittany un poco más bruscamente de lo que había deseado.
-Honestamente eso me parece un poco… aburrido.
-¡No es aburrido! Si amas a una persona sientes que pasa el tiempo demasiado rápido. Diez años no son nada.
-Pues para Puck si que debe ser bastante tiempo ya –observó la morena.
-Sí –afirmó la maestra de kínder con pesadumbre –pero dime, ¿es que tú no crees en el matrimonio?
-¿Estar con una persona para toda la vida? Paso. Tu esposo no es el único al que me he camelado, rubita. –No sabía por qué le estaba diciendo eso… aparte de Dave nadie más sabía acerca de doble vida. –Antes de él ha habido muchos y llevaban incluso menos tiempo con sus mujeres. Si fuera factible estar con una sola persona para toda la vida entonces yo sería prácticamente virgen.
La otra muchacha le miraba con una expresión indescifrable.
-¿Por qué te gustan los hombres casados?
-Ese es mi asunto.
-¿No te sentirías herida si la persona a la que amas te hiciera eso?
-¿Tratas de hacerme sentir mal?
-No, de verdad siento curiosidad.
-Yo no amo a nadie y planeo seguir así hasta el fin de mis días. Los sentimientos sólo son un estorbo y sirven para lastimar. –Estaba alzando la voz, pero no podía evitarlo –Lo que no te importa no puede hacerte daño.
-Yo creo que todo es mejor con sentimientos… -susurró Brittany.
-Ya me estás hartando con ese temita –le espetó acaloradamente Santana. –Mira, ya me cansé de hablar. Si quieres seguir otro día ya sabes donde encontrarme, pero no me vengas de nuevo con cursilerías. No quieras hacerme una terapia, estoy muy bien así. Soy feliz.
Pero la rubia pudo ver a través de esa mentira. Porque estaba convencida de que la latina en realidad trataba más de convencerse a sí misma que a Brittany y que no se lo creía ni por un segundo.
Brittany regresó a bailar, encontrando enseguida a Mike y Mercedes que se habían levantado nuevamente a la pista de baile y entonces, mientras volvía a bailar y las luces trazaban surcos irregulares en su piel, Brittany tomó la decisión de ver a través de todas esas mentiras que la morena parecía necesitar tanto.
Y de saber por qué le eran tan necesario mentirse a sí misma diciendo que era feliz.
