Día de verano
Día 6. Tema: vacaciones
Meciéndose sobre la hamaca contemplaba el cielo azul, los rayos de sol pegaban sobre su pálida piel dándole una agradable sensación cálida y con los ojos cerrados escuchaba el suave movimiento de las olas de mar.
Era agradable, a comparación de la fría Rusia donde ese tipo de climas eran prácticamente inexistentes, sumido en su relajación agradecía haber aceptado pasar sus vacaciones en aquella playa japonesa.
Unas risillas a lo lejos capturaron su atención, lentamente abrió los ojos y metros más adelante vio a los causantes, eran Yuuri y Viktor jugando y salpicandose con el agua a orillas del mar.
—Que par de tontos— murmuró con una mueca de fastidio —siempre parecen niños, en especial el anciano—.
Trató de volver a su anterior estado de paz pero esto se vio interrumpido al sentir a alguien tocarlo del hombro.
—Hey, Yurio— habló Viktor entusiasmado —deberias probar el agua, es maravillosa—.
—Dejame en paz— masculló con molestia, solo quería volver a recostarse y no pensar en nada. —¿Ya te vas?— preguntó al verse ir en dirección opuesta del mar.
—Si, es agradable pero sigo un poco cansado por el viaje— sonrió —no importa si te dejo solo con Yuuri, ¿verdad?—.
—¿Porqué tendría que importar?—.
—Por nada, solo creí que dirías algo— dijo con un tono sugerente —como sea, los veo luego—.
Yurio solo frunció el ceño, era fastidioso cuando actuaba así.
—Estar a solas con el cerdo... no es como si tuviera algo de especial— se dijo pensativo —no sé de que habla—.
Sentado sobre la hamaca se quedó viendo en dirección del mar, Yuuri estaba sentado en la orilla contemplado el movimiento de la olas.
—Huh... solo estamos él y yo— se puso de pie y caminó en dirección a Yuuri —solo es para que no esté solo— se justificó mientras se sentaba a su lado.
—Oh, Yurio— sonrió el japonés al verlo, no llevaba sus lentes así que su mirada se veía más iluminada —pensé que seguías dormido—.
—Pues ví a un cerdo a solas y quise venir a hacerle compañía— contestó encogiéndose de hombros.
—Pues gracias, supongo— río Yuuri —eres muy amable—.
Yurio se sonrojó, solo lo hacía por educación y el cerdo tuvo que volverlo incómodo.
Lo vio de reojo ver hacia la nada, el aire golpeaba su rostro y mecía ligeramente algunos de sus mechones negros, sonreía con calma y eso le agradó, era la primera vez que lo veía de esa forma.
—¿Sabes? esto es genial, digo, la playa en verano es fantástica y no me molestaría venir más seguido—.
—Me alegra que te guste— sonrió con dulzura —desde que recuerdo me ha gustado venir aquí, el mar es hermoso y muy relajante—.
Yurio pasó sus manos por la blanca arena disfrutando la extraña sensación, no solía ser tan silencioso pero al ver el estado de paz del japonés algo le pedía irrumpirlo.
—Me sorprendió que Viktor se fuera, siempre que te ve es difícil sacártelo de encima—.
—Oh, bueno, él estaba cansado y creí mejor dejarlo descansar— contestó —además, así podríamos tener un momento solo tú y yo— admitió con un ligero sonrojo.
—¿Eh?— preguntó confundido —¿porque querrías eso?—.
—Solo me gustaría, podríamos hablar y conocernos mejor—.
Yurio parpadeó incrédulo, le sorprendía ver ese nivel de iniciativa en el japonés, era bastante raro pero por le agradaba.
—Ya veo— soltó una risa —pues aquí estoy, aprovéchalo antes de que vuelva a dormir—.
Yuuri se puso de pie y esperó a que el ruso lo imitara, una caminata hasta el muelle sería perfecta para comenzar a hablar.
—La última vez no conociste mucho, siempre pensé lo agradable que hubiera sido traerte— dijo Yuuri a paso lento —ahora que lo pienso, nisiquiera te despediste—.
—Si... no fue la mejor forma de irme pero en ese momento no supe que más hacer, perdí y era absurdo esperar a algo—.
—Lo entiendo... aún así hubiera sido lindo que te quedaras— respondió Yuuri bajando la mirada.
—¿Porqué?—.
Hubo un silencio por parte del japonés, pero a juzgar por su lenguaje corporal se había puesto nervioso y eso no paso inadvertido para el rubio.
—¿Y bien?— insistió.
—Yo... yo no sé, pero desde la primera vez que te ví algo llamo mi atención. Cuando viniste a Hasetsu me tomó por sorpresa y no supe como actuar, luego todo fue tan rápido y para cuando me di cuenta te habías ido— volteó a verle —me dí cuenta cuenta algo tarde de que esa fue mi oportunidad para conocerte mas—.
Yurio detuvo su andar apenas escuchó esas palabras, ¿habia escuchado bien? si, parecía ser que si: el torpe Katsudon se interesaba en él.
—¿Que piensas lograr ahora?—.
Yuuri, que estaba unos pasos delante de él, solo se encogió de hombros. —Nada en realidad, por ahora solo quiero hacer justo lo que ignoré la primera vez, lo que suceda luego ya podremos decidirlo entre los dos—.
—Si que me sorprendes, cerdo—.
—¿Eso es un si?—.
Yurio sonrió de lado a modo de respuesta y retomó su andar al lado del japonés. —Mas te vale aprovechar la oportunidad—.
Ambos sonrieron, al llegar al muelle Yuuri tomo con suavidad la muñeca del rubio.
—Eres muy lindo, Yura—.
La cara del ruso su puso completamente roja y para evitar que lo viera se volteó para ver el mar.
—Eres muy cursi...—.
—¿No quieres que lo sea?— preguntó con voz dulce.
—No he pedido eso, solo es raro pero me acostumbraré—.
—Es agradable saberlo— sonrió.
Sin más que decir se quedaron contemplando el mar, no cabía duda de que sería un verano inolvidable para los dos.
