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"Todo lo que quiero para Navidad eres tú"

(All I Want for Christmas is You)

por: Kay CherryBlossom
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7. Víspera (Parte I)

Salón central del castillo

Ya habían transcurrido más de dos horas. Un largo tiempo tedioso, con idas, venidas y por qué no decirlo... bastante mal humor.

A pesar de haberla buscado hasta debajo de las piedras, Madoushi Clef no había logrado encontrar a Gneiss y tampoco nadie parecía haberla visto. Claro... no era tan tonta como para quedarse cerca después de lo que había hecho.

No obstante, el tiempo de Clef había estado repartido también entre reuniones y conferencias a las cuales debía asistir obligatoriamente por ser quien era hasta que Ferio asumiera su posición como monarca. Cada una de ellas eran largas, y a veces muy aburridas y cansadas.

—De acuerdo, señor. Le comunicaré su decisión a Su Majestad.

El embajador del imperio real de Farem se inclinó exageradamente ante el mago, y luego salió por la enorme puerta dorada acompañado de varios concejales, vestidos todos con las ropas de dicho planeta.

Una vez que estuvieron fuera, el mago exhaló un suspiro de alivio... o de cansancio, y se recargó sobre su trono.

—¿Estás bien?

Clef giró la cabeza en dirección a donde provenía la vocecita. Umi estaba sentada en una silla aparte, mirándolo con ojos de sincera preocupación. El chico de pelo lila sonrió un poco.

—Sí.

—Quizá deberías reducir las horas de audiencia. Te ves muy cansado.

—Es mi obligación, no puedo hacer eso —evadió cortante. Umi hizo un puchero y él agregó —. No estoy cansado, no te preocupes.

Umi suspiró. Era inútil hacer que ése hombre se abriera, era muy hermético.

—En muchos aspectos me haces pensar en mi padre —comentó entonces inesperadamente. Eso captó la atención de Madoushi Clef.

—¿En serio?

—Él también vive encerrado detrás de un escritorio. Tiene muchísimo trabajo, porque es político. Un congresista muy importante —repuso con orgullo.

Clef arqueó una ceja.

—¿Tú crees que soy un adicto al trabajo?

Umi se rió con nervios y empezó a jugar con su pelo.

—¡No quise ofenderte! Es que... veo que te la pasas tanto tiempo recibiendo gente, firmando documentos... yo entiendo que eres el gobernador, pero mi papá, a pesar de eso, siempre busca una oportunidad para estar con mamá y conmigo. Una vez a la semana salimos a cenar fuera, al teatro... y tenemos vacaciones, claro.

Madoushi Clef la miró fijamente, al ver como hablaba la muchacha. Eso lo hizo relajarse.

—Se nota que los amas mucho.

Umi se ruborizó.

—Sí, bueno... ellos me dieron todo —narró —. Antes de que yo naciera, mi madre tuvo muchas complicaciones para tenerme. Prácticamente soy un milagro... por eso todos me malcrían mucho y creo que por eso soy tan vanidosa.

Probablemente ella lo dijo en broma, pero Madoushi Clef no se rió.

—No creo que seas vanidosa... —le dijo él vagamente. Umi sonrió agachando la cabeza, luego recordó algo y preguntó:

—¿Tú no tienes familia?

—El proceso para convertirse en madoushi de Cephiro es complicado. Cada quinientos años nace un niño en una fecha y lugar determinados para cumplir ése puesto. Casi de inmediato empieza con su aprendizaje y es alejado de su familia. Sé que parece cruel, pero a mí nome afectó demasiado, puesto que no tengo recuerdo alguno. En vez de padres, tuve tutores y claro, el maestro que me enseñó todo lo que sé.

Umi abrió los ojos asombrada.

—Vaya, no imaginé algo así. Es algo triste...

—Bueno, éstas cosas no pueden evitarse precisamente —explicó Clef de modo monorcorde —. Es como el destino, y además es un honor asumirlo. Sin gente con poderes mágicos como yo, Cephiro no tendría protectores y todo sería un caos. Mi obligación es mantener el equilibrio en este mundo entre el universo espiritual y el físico.

—¿Y naciste así o... es decir, lo aprendiste?

—Ambas. Nací con dones mágicos, pero también aprendí a usarlos. Ustedes las Guerreras Mágicas también los tienen, cuando les enseñé su magia ya llevaban el potencial en su interior.

—¡Uau, qué emocionante! ¿Eso quiere decir que Ferio es quien te sucederá?

—No, esa persona aún no nace. Quien estaba determinado a hacerlo era Zagato, pero ya viste lo que ocurrió...

Umi estaba a punto de preguntarle si como madoushi le estaba negado formar una familia, cuando las puertas del salón se abrieron, dejando paso a Gneiss. Madoushi Clef frunció el ceño al mirarla, pero no dijo nada todavía. La mujer se acercó a paso lento y se inclinó, pero con una sonrisa perspicaz en el rostro.

—Me dijo Depar que me estabas buscando.

—¿Me puedes explicar ésto? —el mago levantó su brazo, mostrando el brazalete encadenado que llevaba en la muñeca.

Ella sonrió aún más.

—¡Ah, ya veo que Caldina cumplió eficientemente!

Umi vio el rostro alterado de Madoushi Clef y prefirió tomar la palabra.

—¿Por qué lo hizo, señora?

—Porque un pajarito me contó que festejarían una tradición muy bonita e importante de tu mundo ésta noche. Y me pareció injusto apartar a éste chico de la diversión sólo por tener mucho trabajo... —se excusó encogiéndose de hombros. Lógicamente Madoushi Clef reaccionó de mala forma ante semejante desfachatez.

—Te salió mal. Me quedaré toda la noche despierto trabajando hasta que el hechizo se rompa —decretó.

—Oh —dijo Gneiss denotando falsa decepción —. ¿Y qué va a hacer la señorita? ¿Esperarte?

La acotación de Gneiss logró dejar callado a Madoushi Clef. Obviamente si él se sacrificaba, arrastraba consigo a Umi a su desgracia. Figurativa y literalmente hablando.

—Yo... no quiero causar problemas. Puedo quedarme despierta contigo toda la noche, no tengo inconveniente —apaciguó Umi. Obviamente la idea le era abominable, pero se esforzó por aparentar ser muy madura y racional. Después de todo, Clef detestaba los berrinches, por mucho que le deprimía pensar en estar toda la Navidad en medio de una montaña de papeles, y no en una cena romántica a la luz de las velas...

—Como sea —retomó Clef, algo incómodo —. No me has dicho como romper el hechizo.

—No creo que necesite decírtelo.

Madoushi Clef le echó una mirada bastante filosa, y la anciana rió un poco, poniendo las manos al frente en señal de paz.

—No te exaltes, querido. La solución es muy simple: si besas a Umi, los brazaletes desaparecerán.

—¡¿QUÉEEEE?!

Clef se sonrojó un poco, pero Umi gritó y parecía que la cara le iba a estallar. Juntó sus manos y sus ojos estaban centelleantes... el corazón le latía muy rápido ante la expectación de ésa posibilidad. ¿Era éso verdad? ¡Su Clef la besaría, su primer beso provendría de él! ¡Su más grande ambición se cumpliría! Quería exteriorizar ése sentimiento y gritarlo a los cuatro vientos como loca... pero enseguida recordó donde estaba, así que puso su mejor cara de póker, pareciéndola molesta. Avanzó hacia la mujer con aires indignados.

—¡Esa es una solución muy infantil! —replicó Umi —. ¡No debió hacer éso, señora!

Umi siguió reclamándole, pero fue detenida. Al girarse, miró a Madoushi Clef con el brazo extendido hacia el frente. Se había olvidado de la dichosa cadena. Umi se limitó a gruñirle a la anciana desde su lugar, aunque no podía alcanzarla.

—¿Tú crees? Yo creo que fue muy buena idea —comentó Gneiss sonriente por la acción —. A veces necesitamos un empujoncito...

—¿Eh?

Clef carraspeó.

—De todas formas, los hechizos siempre tienen una doble cara —interrumpió él, tratando también de serenarse —. Estoy seguro que hay otra solución a parte de ésa.

Gneiss se volvió a encoger de hombros.

—Si tú siendo quien eres no la sabes, dudo mucho que la sepa yo.

Clef apretó con fuerza su báculo, pero no cedió.

—En ése caso, no habrá cambio de planes. Pasaremos la noche en vela, Umi. Lo siento, no quería importunarte... imagino que hubieras querido pasar la noche con Ascoto, pero dadas las circunstancias...

—¡Yo no quería estar con Ascoto! —le gritó Umi muy ofendida. ¿Qué se creía?

Mientras discutían, Gneiss se despidió.

—Bueno, como veo que ya tienes todo solucionado, me retiro —se inclinó ante los dos y luego sonrió socarrona—. Que pasen muy buenas noches...

Clef bufó girando el rostro, pero no dijo nada más. Umi se le quedó mirando intrigada. ¿Por qué se tomaba tantas confianzas como para hacer algo tan atrevido y él no la reprendía? Caldina la había pagado con creces... (que por cierto nadie la había visto desde el incidente) mientras que esa vieja...

De todos modos, no se atrevió a preguntarle.

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Jardines internos del castillo

Cuando el cielo comenzó a oscurecerse, Hikaru acudió al lugar donde Lantis le había pedido ir, todo ésto mediante el recado de una doncella. Ella pensó que posiblemente querría decirle algo antes de la fiesta, así que todo lo que ocurrió le tomó desprevenida.

Usualmente, dentro de los jardines del castillo habían algunos cortesanos, gente que asistía o laboraba ahí, como jardineros o incluso algunos aprendices de magia. Pero en aquél momento, todo estaba desierto. No eran las jardineras habituales que Hikaru conocía, de pequeñas fuentes y cubiertas con un domo a modo de invernadero. No, este era un verdadero jardín exterior y era precioso. No era oscuro a pesar de ser de noche, pues miles de farolillos adornaban los árboles, los arbustos y los rosales. Hasta las fuentes tenían luz, y centelleaban tonalidades pastel que le hacía sentirse en un lugar mágico, aunque de hecho, lo era.

—¿Lantis?

No hubo respuesta, así que Hikaru se adentró un poco más al fondo. Ahí, logró divisarlo sin problemas, y casi grita de la emoción. Todo estaba dispuesto sobre el suave césped para un especie de picnic: había charolas con frutillas y pasteles, bocadillos y vinos espumosos. Él ya estaba ahí esperándola, con su sencillo traje negro, y Hikaru no pudo evitar ruborizarse. No se había puesto ningún vestido de gala porque no pudo encontrar a Caldina... así que simplemente usó un traje suelto en falda larga y top, en un rosa muy pálido. Se alegró de ello... y ya se había olvidado que a Lantis no le interesaban mucho ésas cosas. En ése aspecto, eran muy parecidos.

—¿Esto es para mí? —preguntó ella conmovida. Como de costumbre, Lantis no se deshizo en explicaciones. Simplemente asintió, y le regaló su mirada más afectuosa.

Hikaru tomó asiento a su lado, y tomó una simple flor blanca que estaba acomodada ahí para ella.

—Gracias, Lantis... —murmuró Hikaru acercando la flor para captar su exótico aroma —. Ésta es sin duda una de los días más felices de mi vida.

Él extendió su mano y la colocó sobre su mejilla. Hikaru se inclinó para recibir la caricia.

—Estoy dichoso por volver a verte... —le dijo él.

—Siento tanto haberte hecho esperar... yo...

Lantis le silenció con un chistido suave, y Hikaru le miró fijamente. Sentía que las cosas eran demasiado buenas para ser verdad, y temía estar soñando. Temía despertarse y que sus hermanos le llamaran para ir al instituto, pero confiaba en que no era así. Esto era una realidad, e iba a aprovecharla al máximo. No volvería a arrepentirse de nada.

Lantis dirigió uno de sus dedos hasta la barbilla de la pelirroja, y Hikaru contuvo la respiración. Él se inclinó y pronto sintió los labios masculinos posarse sobre los suyos, y la Guerrera Mágica sintió que se iba a desmayar de gusto. Sentía como si un rayo le hubiera atravesado, pero sin hacerle daño, más bien como una sensación arrasadora de delirante electricidad.

Luego, él se retiró y le ofreció una copa de vino. Hikaru la tomó con las manos temblorosas. Estaba muy nerviosa y no sabía por qué. ¡Sólo era Lantis! No había nada qué temer...

—Esto es perfecto —dijo Hikaru chocando su copa con la de él —. Sólo falta que venga alguien a interrumpirnos...

—No lo creo, todos deben estar en sus propias citas.

—Bueno, no sé... tal vez Mokona.

—Ella siempre acompaña a Madoushi Clef cuando trabaja, no la verás en un buen rato.

—Ah...

A pesar de que Lantis era su único amor, Hikaru no lo conocía muy a profundidad. No sabía de qué podía charlar con él. Durante su estancia en Cephiro se dedicaron a pasear por todo el planeta, a conocer las aldeas y a acompañarlo a ver como entrenaba a sus tropas. Nunca tuvieron precisamente un diálogo muy personal, y eso le hacía sentir incómoda al respecto. ¿De qué hablarían ahora...?

Dado que sacó el tema, Hikaru quiso romper el hilo hablando de otros.

—Esto... ¿y tú trabajas muy de cerca con Presea?

Lantis parpadeó.

—No realmente, sólo le pido qué armas fabrique según nuestras necesidades.

—Pero con Madoushi Clef sí, ¿verdad?

—Se podría decir.

—¿Y tú crees que ellos dos están enamorados?

El silencio sepulcral de Lantis le causó una risa histérica a Hikaru.

—¡Perdón! No es soy una cotilla... sólo me da curiosidad saberlo —explicó.Como Lantis seguía mortalmente serio, Hikaru agregó —. No es por mí... es por... bueno...

—¿Por Umi? —sugirió.

Hikaru respingó, como si un bichito le hubiera picado.

—Sí, ¿cómo supiste?

Lantis sonrió minúsculamente, haciendo que Hikaru se tranquilizara.

—La verdad es que es algo obvio para todos.

Hikaru abrió la boca, escandalizada.

—¡Pues yo no me había dado cuenta!

Lantis no le dijo que era una despistada de primera, pero su silencio se lo confirmó.

—Vaya, que Umi no se entere o se desatará una Tercera Guerra Mundial...

—¿Cómo dices?

—¡Nada, nada! Yo me entiendo —aputó ella agitando sus manos frenéticamente —. ¿Y tú qué piensas? ¿Madoushi Clef y Presea tienen algo más o crees que Umi tenga una oportunidad?

—Nuestras conversaciones generalmente tienen un giro político, Hikaru. Él nunca ha sido muy demostrativo y no me atrevería a husmear. Sé que aunque se lo preguntara, él cambiaría de tema.

—Pero si tú eres su discípulo preferido...

—Tal vez por eso mismo. Yo lo dejo en paz y él a mí.

Hikaru levantó los ojos al cielo y suspiró. Así como le salieron las pretendientas a Ferio y Clef, ¿habría también alguien interesada en Lantis? Quizá estaba un poco alejando de la comunidad femenina, por eso de tratar con puros soldados, pero aún así no creía que no hubiera nadie que no hubiese sido capto deinterés. Durante sus visitas a las ciudades, Hikaru vio muchas mujeres hermosas. Todas dispuestas...y solteras, pues recordó lo que le había contado Caldina, en Cephiro era prácticamente obligatorio como mujer casarse y...

Ay, ay...

—¿En qué piensas? —le preguntó Lantis sacándola de sus elucubraciones.

—Yo...

Lantis, entonces, se fijó en la gruesa trenza que caía hasta su cintura, y dijo:

—Escuché por ahí que el cabello suelto te queda mejor.

Hikaru levantó los ojos hacia su apuesto rostro, aunque enseguida sonrió con timidez y los desvió. Lantis sólo lo decía por animarla, probablemente por notarla decaída.

—¿Quién te dijo ésa mentira?

—¿Mentira?

La chica se agachó aún más.

—La fealdad de mi cara es notoria... todos dicen que parezco un muchacho por como visto o camino a veces, tampoco mis hobbys son muy femeninos que digamos. Y como soy tan enana, parezco una niña y nadie se fija en mí...

La hija de Rayearth no pudo terminar, porque Lantis le tomó el mentón inesperadamente, obligándola a mirarlo.

—¿Sabes cuántos planetas he visitado, Hikaru?

Algo perdida por la acción y la pregunta, ella tardó en responder. Sólo negó ligeramente con la cabeza.

—Muchísimos. De todas clases, de muchas galaxias... y te aseguro que ninguna irradia la belleza cegadora que tienes tú. Eres como el fuego, intensayardiente. No hay nadie semejante, ni en mil años luz te compararía...

Con los ojos brillantes como rubíes, y la boca entreabierta, Hikaru no supo qué hacer, ni qué decir. Sólo atinó a escuchar a su corazón bombear con fuerza en el pecho, y el estómago dándole vueltas como si estuviera trepada en un juego mecánico de las ferias.

—Lantis...

Esta vez, motivada por sus palabras, fue ella quien se aventuró a besarlo. Fue igual que la vez anterior, maravilloso, pero ésta vez lo prolongaron un rato más. Luego Hikaru se separó sonriente y feliz, y le echó los brazos al cuello. Lantis prácticamente la sentó en su regazo, pegando su frente con la de ella.

—Te amo mucho, Lantis...

—Y yo a ti.

—Podría hacer cualquier cosa que me pidieras —le confesó ella emocionada —. Lo sabes, ¿cierto?

—Bueno, entonces suéltate el pelo.

—¡Todo menos éso!

—¿Es que no te lo sueltas nunca?

—Claro, cuando me baño... y cuando me voy a dormir.

—Eso quiere decir que la única forma que tengo de verte así, es en la cama.

—Exactament-¡noooo! ¡No quise decir eso! —gritó Hikaru tapándose la boca con las manos, y luego miró a Lantis con desesperación —. Eso es... pues... estooo...

Por primera vez desde que lo conoció, Lantis rió fuerte, de modo ligero. Nunca había escuchado su risa, pero le pareció hermosa también, aunque sólo fuera para bromear.

¿O no estaba bromeando?

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Terraza del castillo

El cielo era un manto negro de terciopelo salpicado de estrellas, todas coloridas y todas desconocidas para Fuu. Ambos estaban caminando por una de las terrazas enormes del castillo después de haber degustado su cena para dos, donde, si se acercaban lo suficiente a los balcones, se podía admirar el inmenso mar de cristal, allá en el horizonte. Ferio sostenía su mano, y Fuu mientras caminaba, no dejaba de pensar en lo afortunada que era, y lo desdichada también en partes iguales. No quería pensar nada malo en éste día, pero sentía que si no lo hacía, estaba mintiéndole a Ferio.

—Lamento no haber conseguido el muérdago para ti, Fuu —se disculpó el príncipe echándose la otra mano a la cabeza —. Yo quería que festejaras de la forma tradicional...

—Ferio, si quisiera festejar como en mi mundo, no estaría aquí —le sonrió la chica rubia, deteniéndose y poniendo una mano sobre su hombro —. Para éso me habría quedado allá, ¿no crees? Me gusta ésto... me gusta Cephiro.

—¿Te gusta más que tu mundo?

—Probablemente sí —admitió vagamente Fuu.

—¿Cómo para quedarte para siempre?

La chica se mordió el labio inferior, y esquivó su mirada. También se odió por eso.

—Yo... ahí tengo a mi familia. Además no creo merecer estar contigo para siempre.

—¿De qué hablas? —preguntó Ferio en tono sospechoso —. No me digas que te sientes mal por lo que Cigena te dijo.

—Pero sí llevaba algo de razón —murmuró —. Yo maté a Emeraude, y por si fuera poco con eso, te dejé...

—Porque éso es lo que tenías que hacer —le confortó Ferio poniendo ambas manos sobre sus hombros —. Era el deseo de tu corazón, y lo seguiste. No creas que te guardo rencor por ello.

—Pero es cierto eso ¿no? Que te quedaste destrozado por la muerte de tu hermana.

Ferio inhaló aire fuertemente, como si hablar le costara mucho.

—Sí. Pero no fue por Emeraude, Fuu. Fue por ti.

—¿Qué dices? —gimió.

—Mi hermana encontró la felicidad en la muerte. Sé que suena como algo retorcido, pero es la verdad. Viva, mi hermana sufrió mucho... sólo se dedicó a destruirse espiritualmente. En cambio, la muerte le trajo paz, y le permitió estar con el amor de su vida. ¿Crees que no te agradezco eso?

Atónita, Fuu se limpió las lágrimas del rostro.

—Pero Ferio...

—Yo me quedé muy triste, es cierto, pero fue sólo porque te echaba de menos a ti... a mi hermana la recordaba, claro, pero con nostalgia, no con dolor.

Fuu no resistió más y se abrazó a él, que enseguida fue correspondida.

—Eres tan bueno... no deberías enaltecerme así.

Sobre su cabeza, Fuu escuchó sus palabras dulces:

—Emeraude nos sigue cuidando a todos, lo sé... no sólo me dio la oportunidad de verte una segunda vez, también una tercera. Quizá es estúpido pensar eso, pero creo que fue ella quien te permitió venir.

Fuu, pegada a sus ropas, sonrió.

—Pero no es momento de más dramas —dijo el muchacho muy jocoso —. Se supone que estamos celebrando la Navidad. ¿Qué tal si bailamos? Nunca has podido bailar conmigo y no me lo perdono.

—Pero si no hay música...

—¿Y qué?

—Eres un crío —rió.

Fuu tomó su mano y se dejó llevar, no le costó trabajo habituarse a ello, con Ferio todo era natural, casi como respirar.

—Además ya te hartarás de orquestas y bailes... cuando seas mi esposa —le sonrió Ferio ampliamente.

Fuu sintió un estrujón en el pecho al mencionar aquello, pero no dijo nada. Sólo acomodó su cabeza sobre él y se dejó llevar...

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Biblioteca real

Madoushi Clef firmaba un pergamino larguísimo, y luego lo enrolló con cuidado para depositarlo con otros tantos que tenía sobre el enorme escritorio. A su alrededor, no había más que montones de libros apilados y también papiros amarillentos. Suspiró mirando el enorme reloj de madera que estaba en la pared contigua. No estaba ni cerca de terminar.

Le echó una mirada a su compañera, que yacía ya dormitando recargada sobre un libro abierto, y le golpeó suavemente el hombro.

—Despierta, Umi. Ya es hora de ir a dormir.

Ella pestañeó tratando de enfocarse.

—Pero si aún no terminamos...

Él sonrió con paciencia.

—No es bueno que estés así, y menos en ésta noche. He decidido que nos iremos a dormir y así esperaremos tranquilos a que el hechizo se rompa.

—Pero tendremos que dormir juntos —cuchicheó Umi tallándose los ojos. Estaba aún medio dormida, porque en otro momento no habría dicho algo así con semejante calma.

—Sí, pero no es justo que estés tan incómoda. Te daré una poción para dormir y ni notarás mi presencia. Eso será lo mejor.

Umi bostezó largamente, sin carburar bien las palabras del mago.

—Bueno, como quieras...

Madoushi Clef entonces, tomó su bastón y haciendo brillar la gema que estaba al centro de este, los teletransportó hasta su habitación, en la parte más alta de todo el castillo.

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Notas:

OMG! No había actualizado desde el año pasado, qué descaro el mío! :O Ja, ja! Ok, fue un pésimo chiste. Bueno, queridines...espero que hayan disfrutado el capítulo. No sé si el anterior no les gustó porque los reviews ahora brillaron por su ausencia... u.u Recuerden que si no comentan pierden automáticamente su derecho de reclamarme a que actualice rápido, ¿ok? :P

Aún no acaba la Nochebuena-Navidad, aún pasarán cosillas entre los protagonistas así que no os desespereís, por cierto, ya estamos cerca del final.

Hasta la otra,
Kay