Advertencia: este capitulo contiene lemon, aunque bueno, es muy muy ligerito.

INFIDELIDAD.

CAPÍTULO7.

-No es asunto tuyo– contestó dignamente

-¡Ah¿Qué no es asunto mío¿Cómo no va a ser asunto mío si sales como adolescente persiguiendo a una mujer?– preguntó a voz a cuello -escúchame bien Vegeta, si me entero que me estás engañando… te corto el orgullo con mis propias uñas- el príncipe levantó una ceja, pero siguió tan tranquilo como si no hubiera pasado nada

-déjame en paz- le contestó y se dio la vuelta para entrar otra vez en su Cámara, pero Bulma lo detuvo a su manera: en la pared abrió una compuerta que tenía escondido un pequeño teclado. Digitó rápida y certeramente una larga clave, y enseguida todas las luces de la Corporación se apagaron.

-listo- avisó mientras volvía a cerrar el tablero –no hay energía para que te refugies en tu preciosidad y me evadas- resopló por la desesperación que comenzó a sentir, igual que Vegeta

-no me interesa, me largo y listo, ya no tendré que aguantarte- hizo lo posible por no explotar su ki ahí mismo, pues sabía que la mataría al instante, pero ella también sabía lo mucho que le molestaba que se metieran con su medio para entrenar, y cortarle la energía era poco menos que destruirla-

-pues vete, cobarde. Así es como tú resuelves los problemas, huyes de ellos y listo. No entiendo cómo fue que derrotaste a tantos enemigos si en el fondo no eres más que un cobarde que le tiene miedo a hablar con su mujer-

-lo mío no es cobardía- contestó deteniéndose, realmente tenía ganas de matarla ahí mismo, y se estaba resistiendo –lo que sucede es que ya no te soporto, he pasado demasiado tiempo escuchando tus estupideces y ahora además vienes a hacerme una escena de celos. No me interesa aclararte las cosas, es una pérdida de tiempo- Bulma sufría por las palabras de su pareja, aunque llevaba años escuchándolas, sobrellevándolas y además contestándolas, pero en el fondo los dos sabían que se herían cuando discutían de esa forma. Lo diferente de aquella pelea, era que Bulma se sentía sumamente insegura, no sabía si Vegeta era capaz de engañarla con otra mujer, lo imagina en brazo de la otra y sentía un nudo en la garganta. Ahora Vegeta estaba pasando una delgada línea entre las discusiones comunes y una que podría llevarlos a un desenlace fatal

-pues yo lo sigo viendo como cobardía. En vez de que me dijeras frente a frente si hay otra mujer en tu vida o no, huyes de mí. Eso lo único que me hace pensar es que mis sospechas son ciertas-

-pues piensa lo que quieras. No me importa-

-si ya sé, ya sé que no te importa por que no te ha importado nunca- Vegeta se contuvo de contestarle lo que estaba pensando, pues él sabía que durante toda la vida con ella le había importado más de lo que aparentaba su opinión, y demasiadas veces había hecho lo que Bulma le decía, la mujer no se daba cuenta tal vez, pero él si. Sin embargo ahora era distinto, desde hacía tiempo que, efectivamente, ya no le importaba en absoluto su opinión-

-pues entonces deja de estarme molestando-

-sé franco conmigo- Sin poderse contener, Vegeta explotó y le gritó tan alto que Bulma sintió miedo, como hacía muchos años que no lo había tenido de él

-¡Deja de una maldita vez de estar molestándome¡ya me tienes harto!

-¡Tu también a mi!- de pronto, una idea llegó a su cabeza, que le provocó dejar de gritar un momento para reflexionar, con mucha calma le propuso –Vegeta tal vez deberíamos separarnos-

En su departamento, Myrna lloraba amargamente, lo había echado todo a perder, sólo por ese momento de debilidad, todos los años trabajando en aquel proyecto donde había puesto su vida entera y una estupidez le hizo arruinarlo todo.

Se empinó una botella de vino, de alguna forma debía de mitigar la soledad que la estaba ahogando y que día con día la atormentaba de tal forma que le hacía querer morir.

Lo único que valía la pena en su vida era él, su hombre, su sueño. El príncipe que desde que era una niña la deslumbró de tal forma que se convirtió en su adoración.

Mientras se apresuraba a terminar la botella azul de forma cuadrada que contenía el vino barato, recordó cada detalle de sus momentos junto a Vegeta, la felicidad que sintió la primera vez él le habló, los nervios, las ganas que confesarle que lo amaba con locura… y el olor de su piel, su forma tan varonil, como ella siempre lo imaginó.

-si supieras todo lo que he hecho por ti Vegeta, no me tratarías como lo hiciste hoy- divagó mientras buscaba otra botella, estaba completamente ebria pero necesitaba adormecer más sus sentimientos, la frustración creía con sus ansias por el alcohol y la falta de éste. Siguió llorando sin parar mientras maldecía al aire. Recordó de pronto que la fecha para pagar la renta se había vencido y su desconsuelo creció

-si eso es lo que quieres hacer, entonces hazlo- le respondió al cabo de ciertos minutos en los que los dos se quedaron paralizados, ninguno sin poder creer lo que Bulma acababa de decir

-obviamente no es lo que quiero, pero tu me has orillado a pensar que tal vez será lo mejor- Bulma calló en cuenta repentinamente de lo que acababa de proponer, que ciertamente era un error. Vegeta con su orgullo no trataría de detenerla y entonces su relación se acabaría por una simple discusión –no, no es lo que quiero. Definitivamente no-

-¿entonces para qué lo sugieres?- pocas veces se había sentido tan confundido como en aquella ocasión-

-¿tu quieres hacerlo?- le preguntó Bulma sintiendo miedo de que su respuesta fuera afirmativa

-yo hice primero una pregunta-

-pero respóndeme, por favor- sin darse cuenta, sus voces ya no tenían el tono violento que habían adquirido antes, ahora hablaban en voz baja, tanto confundidos como asustados por aquello que estaban viviendo. Vegeta, que nunca se había permitido manifestar sus sentimientos, aparentaba la tranquilidad e indiferencia de siempre, pero no estaba seguro de actuar bien su papel en esos momentos.

-no te voy a detener ni cambiar tu forma de pensar-

-Vegeta, otra vez no estamos hablando claramente, y es lo que más necesitamos ahora- el silencio volvió a reinar. Bulma comprendió que él no hablaría claramente, tal vez le diría sus verdaderos sentimientos pero entre líneas, como él solía hacerlo, o con sus miradas tan insinuantes, con sus maneras tan propias de él. Entonces se le acercó y lo tomó de la mano –ven, vamos a hablar allá arriba- subieron a su habitación y se encerraron a hablar-

Ya en la habitación, la discusión continuó pero un poco más calmados.

-estás diciéndome que ya no me soportas- continuó Bulma, en sus ojos se reflejaba angustia -y no creo que sea justo para ti mantenerte atado a esta relación -Vegeta permanecía callado, mirando hacia otra dirección-

-me exaspera que te comportes así, de pronto te quieres meter en mis asuntos-

-pero es que... tu no lo entiendes, si me vieras corriendo tras un muchacho mucho más joven que tu ¿que pensarías?-

-que te volviste loca, más-

-Vegeta no es momento para bromas ¿qué quieres que piense?-

-Quisiera que dejaras de meterte en mis asuntos y confiaras más-

-Sé que nunca me habías dado motivos para dudar de tí pero...- paró un momento, las lágrimas se apoderaban de ella- ay Vegeta ¡si tan sólo estuviera segura de que aún te gusto!- Llorando, corrió a abrazarlo buscando consuelo, él no se daba cuenta de lo mucho que lo necesitaba en esos momentos. Bulma le robó un beso al saiyajin, beso que se alargó cuando él le correspondió.

Y así comenzaron con la reconciliación. El beso fue subiendo de tono poco a poco, pero fue Bulma quien tomó la iniciativa, le acarició la espalda y siguió en el pecho, donde comenzó a desabotonar la camisa, lo besó tiernamente en el pecho ahora desnudo y se dejo abrazar por él, sintiéndose reconfortada, como antes. Su blusa no fue un obstáculo para las manos hábiles del saiyajin, ni el pantalón de él para ella.

Bulma volvió a buscar los labios de su amado, lo abrazó del cuello mientras se dirigían juntos envueltos en ese beso hacia la cama. una vez en ella, la ropa interior salió cayó delicadamente a un lado de la cama.

Vegeta se posó sobre Bulma besándola alocadamente y ella aferrándose a su cuerpo desnudo, derrochando pasión. Mientras él la acariciaba de pies a cabeza y la volvía a elevar al cielo, no recordaba por qué habían empezado a discutir, tampoco recordaba que tenía un gran complejo con su cuerpo, simplemente disfrutaba de la magia del momento, sus besos, sus caricias, su cuerpo espectacular que se conservaba tan joven.

Sintió en su entrepierna, acercarse el miembro duro de Vegeta y lo deseó, pero aún le faltaba tiempo y lubricación para estar lista. Para ganar tiempo volteó al saiyajin, quedando ella encima. Lo besó de aquella forma que lo volvía loco: rápida pero profundamente, recorrió con sus labios el cuello musculoso del saiyajin, el lóbulo de las orejas, besó el pecho y lamió tortuosamente los pezones de su compañero, y ahí se detuvo un poco más, haciendo círculos pequeños con su lengua alrededor. Ella sabía que eso lo desesperaba de excitación, hasta que mordía delicadamente la puntita del pezón y luego volvía a su recorrido.

Acarició el estómago de Vegeta mientras seguía bajando con sus labios en la piel, hasta llegar al lugar donde él sentía estallar. Bulma tomó con las dos manos su pene y comenzó a chuparlo lentamente, provocándole al saiyajin oleadas de placer que le hacían gruñir

-ya ven acá- le ordenó con la voz ronca y desesperada, pero Bulma no obedeció y siguió con su tarea húmeda, incluso bajó la lengua a otros lugares, lo que hizo que Vegeta brincara sobresaltado –te dije que ya vinieras- la levantó de los hombros y la jaló hacia arriba, ya no la dejaría jugar más.

Volvió a besarla con mayor intensidad, la tomó de la cadera y la acomodó en su regazo, ya no estaba dispuesto a esperar, así que comenzó a penetrarla, lentamente.

-me duele, pero no pares- gimió Bulma, el saiyajin siguió penetrándola con cuidado, parecía que por fin había comprendido cómo hacerlo, lentamente pero sin detenerse, hasta que se sintió completamente dentro de ella y se deleitó con su calor, Bulma con la dureza. Comenzó a mover la cadera, sus gemidos se acompasaron con el movimiento. Poco a poco subió de intensidad en la cadencia, Vegeta le ayudó a llevar el ritmo bajo ella.

Con un suspiro, Bulma se recostó en el pecho de su amado, lo abrazó del cuello y lo besó sin dejar de moverse ni un momento, pronunciaba repetidamente su nombre. Y es que en ese momento ella le estaba volviendo a entregar todo su amor, como si fuera la primera vez que hacían el amor, para ella era una ocasión muy especial.

Vegeta dejó que Bulma llevara todo el movimiento mientras besaba con fervor sus pechos. Bulma gimió aún más fuerte, sentía que en cualquier momento se desmayaría de placer. Vegeta se giró y quedó nuevamente sobre ella, tomando el control absoluto, no dejó de besarla ni acariciarla, pero incrementó la fuerza de las embestidas, los gritos de placer lo hacían enloquecer, subía un poco más la fuerza, podía sentir las uñas largas de su mujer clavándosele en la espalda, rasguñándolo y pidiéndole más.

Hasta que Bulma ya no pudo más, se dejó llevar en esos momentos dulces cuando todo a su alrededor se oscureció y quedó sólo las múltiples olas de placer que la hicieron tensarse bajo él. Los otros dos orgasmos los provocó Vegeta con nuevas embestidas, los besos ardientes, y su semen llenándola completamente.

Myrna, bastante mareada aún por efectos del alcohol, se abrochó la blusa, tenía ganas de vomitarle a la cara y más aún cuando él se burló de ella

-bueno mi amor, fue un placer cobrarte de esta manera otra vez- el dueño del edificio se reía descaradamente mientras se subía el cierre del pantalón. Aún la contemplaba con lujuria, Myrna quería correrlo a patadas, pero aún no podía levantarse de la cama- nos vemos el próximo mes

-no lo creo- contestó la mujer conteniendo la repulsión de verlo semidesnudo. Pero no pudo evitar arquearse cuando el cobrador hizo un movimiento brusco para tratar de besarla y las carnes le temblaron, el sudor y su olor asqueroso se le colaron por las fosas nasales, y aunte una nueva misión del hombre, vomitó lo poco que había comido ese día

-que asco, mejor vendré otro día- le hizo saber tapándose la nariz frente a la mujer, que lucía fatal. No quedaba en ella ni un atisbo de la sensualidad que la caracterizaba-

-el próximo mes te pagaré… con dinero- como respuesta, el cobrador pegó una risotada tan fuerte que se escuchó en todo el edificio

-llevas diciéndome eso medio año, mocosa. Ya te dije que me gusta ayudar a las personas y es por eso que acepto que me pagues de esta forma, pero si ya no me quieres pagar ni así, entonces será mejor que te largues. Lo del dinero ni me lo creo, ni lo quiero, lo que quiero me lo acabas de dar… y lo volverás a hacer

-ya lárgate- le gritó

-adiós mi amor- el obeso hombre salió del departamento sin secarse si quiera el sudor en la frente, ni molestarse en disimular el olor de ella. Al contrario de él, Myrna corrió a la regadera lo más aprisa que pudo, no le importó que el agua estuviera helada, quería quitarse de encima el acto tan repulsivo que se había visto obligada a volver a hacer.

-Vegeta tu vas a tener que pagar por esto. Tú eres el único culpable de que yo llegue a estos extremos, por que te amo más que a nada y haría lo que fuera por ti, y sin embargo tendrás que pagarlo-

Bulma quedó completamente exhausta, pero sonriente. Escuchaba placidamente el rumor lejano del agua corriendo en la ducha. Sentía que lo que había pasado solamente podría traerle bienestar a su relación, era algo que los dos ya necesitaban, ahora todo mejoraría.

Sin embargo no sospechaba ni remotamente que Vegeta no pensaba lo mismo, y que en la ducha lo único que hacía era atormentarse. Dejó que el agua lo empapara sin siquiera abrir el paso del agua caliente. Apoyó una mano en la pared y cerró los ojos, nunca le había pasado algo similar ¿por qué ahora?

Mientras hacía el amor con Bulma se concentró solamente en ella e intentaba alejar las imágenes que le llegaban a la cabeza de otra mujer, de Myrna. Pero sin darse cuenta, casi al final dejó de resistirse a la imagen, cerró fuertemente los ojos y se dejó llevar, pensando que era a ella a quien penetraba con desesperación y que era su joven piel la que besaba.

Ya no pudo volver a pensar en Bulma cuando imaginando el cuerpo de la joven a la que había comenzado a odiar con su alma, sufrió el orgasmo más grande que había tenido en años, y digo sufrió pues los sentimientos que ahora lo atormentaban no lo habían dejado disfrutar.

Regresó a la cama y vio con alivio que Bulma se había quedado dormida, la luz del baño era lo único que iluminaba la habitación y que dejaba en evidencia el cansancio de la mujer, que se había quedado dormida desnuda. Vegeta se sentó en una esquina observándola, se veía tranquila, algo que hacía mucho tiempo no se veía en ella, siempre atormentándose por cosas que el saiyajin no entendía.

Ahora se daba cuenta, ella estaba envejeciendo. Tal vez era por ello que ya no podía seguirle el paso y por lo que había cambiado tanto de ser una mujer tan fuerte a dejarse vencer por sus miedos. Acarició el pie desnudo de su mujer, realmente no le hubiera importado envejecer junto a ella, pero su actitud actual lo cambiaba todo. Él, siendo un saiyajin, necesitaba acción, retos, emociones constantes. Una vida tranquila sólo lo aburría y ya bastante malo era que no apareciera ningún enemigo en su vida como para que su pareja se dedicara a deprimirse por su apariencia.

Retiró la mano, fue a apagar la luz y se acostó a dormir, pero algo permaneció en su mente: debía hacer algo para alejarse de lo que él sabía, podría ser su perdición, y que era aquella muchacha. Al día siguiente haría algo al respecto.

¡Por fin pude actualizar! esto es algo que realmente me angustia, el no poder continuar mis fanfics por alguna u otra cosa me deprime, pero bueno, subido el capítulo me dedicaré a agradecer por sus reviews a: Dioxa, Kassumy, Dany-chan, Bulnatt, Brenda Ponce (deja de plagiar), y Melikav.