Disclaimer: los personajes pertenecen a S.M. Este fic es sin fines lucrativos.
Como siempre, un millón de gracias por sus comentario, espero pronto tener un poco de tiempo para poder contestarlos. ¡Disfruten!
Después de leerlo, ¿Podría regalarme su opinión en la encueta que estoy haciendo? Es muy importante.
Música del cielo.
— ¿Qué tal te quedan los tenis?— me preguntó la vendedora.
—Perfectos. — le respondí con una ancha sonrisa.
—Me alegro. Los estuve guardando para ti. Sabía que iban a ser perfectos.
—Gracias, en verdad son lo que buscaba. — hace unas semanas, había venido a esta tienda para comprar unos tenis, por fin junté dinero suficiente. Pero, desgraciadamente, no tenían ninguno de mi talla. Como es una tienda de ropa, realmente usada y barata. Tenemos que contar con mucha suerte para encontrar algo que nos pueda servir, o bueno, al menos en mi caso. Afortunadamente, la amable vendedora, me dijo que guardaría el primer par de tenis que me pudieran servir. Y así lo hizo. Son color blanco con líneas azules. Están un poco desgastados y el zapato derecho, tiene un pequeño agujero. Aún así, siguen siendo, geniales.
Enseguida pagué los dos dólares y me fui a trabajar al parque. He seguido buscando trabajo, pero nadie me lo quiere dar. Me quedan, menos de dos semanas en el asilo. Así que debo apurarme. Aunque no creo que pueda conseguir algo tan pronto. A quien engaño, pensé suspirando. He vivido siete años de mi vida, tratando de buscar un lugar "permanente" para mí. Y nunca lo he encontrado. Dudo mucho que lo pueda encontrar, en tan solo dos semanas.
Estaba tan sumergida en mis pensamientos, que siendo yo. Topé con un señor, haciendo que esté, derramará su café encima.
—Oh, por Dios. Lo siento tanto. — me disculpé, completamente apenada. —Soy tan torpe. — él pobre señor trataba desesperadamente, limpiar con una servilleta su ropa. Se ve que es ropa muy cara. Levantando un poco más mi cabeza, pude observarlo bien. La verdad, está tan guapo, como un artista de tele. A pesar de que se ve que esté en los cuarenta. Su cabello, es casi blanco. Pero no por canas, me parece que es su color natural. Es un poco más alto que yo, y sus ojos. Tiene unos hermosos ojos azules. ¡Estúpida! Me reprendí. Genial, y para colmo de los males. Sentí mis ojos humedecerse, siempre pasa cuando me enojo mucho conmigo.
—No hay ningún problema, se lo aseguro, Srita. No hay razón para llorar. Fue solo un simple café. — me consoló él extraño.
—Siempre soy así de torpe. Lo lamento. Déjeme pagarle la tintorería. — dije apresuradamente. Buscando entre mis cosas por mi dinero. Logré encontrar casi tres dólares. —Sé que no es nada, pero…
—Le agradezco su disculpa. Pero no es necesaria. Fue un accidente. Nada más. No son necesarias las lágrimas. — comentó con ternura. Sí que se hacer el ridículo.
—Pero, lo más probable es que haya arruinado su ropa. No es justo para usted pagarla. Por favor, tome el dinero. — demonios, le podría dar más si no hubiera comprado mis estúpidos tenis.
—No sangre, no perdón. — bromeó. —Además…— iba a continuar, pero fue interrumpido por… ¿Edward?
— ¿Qué sucede, papá? Por qué… ¿Isabella?— inquirió sorprendido. — ¿Sucede algo malo?— preguntó cuando notó las lagrimas. Casi no noto lo que había dicho, le dijo papá. Ahora entiendo de donde sacó la belleza Edward.
No comprendo el por qué. Pero, al ver a Edward, sentí una extraña sensación de tranquilidad.
—Es que por mi torpeza arruiné la ropa de tu papá. — hablé con la cabeza abajo.
— ¿Isabella? Así que tú eres la famosa Isabella. — preguntó su padre. —Como te he dicho, no tienes porque disculparte.
—Mi padre tiene razón, Isabella. Fue solo un desastroso accidente, todos sabemos que no eres la persona más agraciada. — me consoló, con una hermosa sonrisa torcida. En ese momento, nuestras miradas se juntaron y los dos, nos quedamos perdidas en ellas. Como siempre pasa. -Papá, déjame presentarte a Isabella. Isabella, él es mi padre, Carlise Cullen.
Mucho gusto, Dr. Cullen. — me presenté, extendiendo mi sucia mano. Pensé que él no me correspondería el saludo. Pero, para mi sorpresa, sí lo hizo. De forma muy amable.
—El placer es mío Isabella.
—Por favor, dígame Bella. — le pedí amablemente, se siente bien cuando te tratan con respeto.
—Bella, encantado. Si me disculpan, tengo que hacer una llamada importante, te espero adentro, Edward.— se despidió entrando al café. —Un placer, Bella.
—Igualmente.- le respondí. —Otra vez, pídele…— me tapó con un dedo mi boca.
—Vuelve a pedir disculpa una vez más. Y no respondo. — me advirtió seriamente. Iba a retarlo, pero decidí que no era el mejor momento para jugar. Así que solo asentí para que me dejara hablar.
—Está bien. Adiós, Edward.
—Espera. — me pidió tomándome del brazo. —No puedo estar más feliz de que hayas vertido el café sobre mi padre. Eso me dio oportunidad de verte. — sus palabras hicieron que mi corazón saltara. Está feliz de verme. No te emociones, solo es por lastima. Recuérdalo. Intervino mi mente. —Quería invitarte a cenar esta noche. Y sí, lo sé. Nada de invitaciones ni cosas así. Pero esta noche, nos olvidaremos de esa regla. — Edward y yo, llegamos al común acuerdo, de que no me llevaría a cenar, ni a comer, ni a desayunar todos los días. Después de mucho discutir, estuvimos de acuerdo que cenaríamos juntos los jueves. Pero hoy es sábado, no es que me moleste…mucho. Es solo que me parece muy extraño.
—¿Quieres que vayamos a cenar hoy?— aún es temprano, puedo conseguir un poco más de dinero. Ahora lo invitaría yo.
—Sí, eso es lo que quiero. — aclaró emocionado.
—Genial. Pero yo invito. — le advertí.
—Ni lo sueñes, Isabella. Eso no está en discusión.
—Que si no está en discusión. — bufé. —Mira Cullen.
—No me Cullenes, Swan. Como ya dije te invito yo.
—Sabes que pesado eres algunas veces. — lo ilustré.
—Eso me han dicho. — admitió sonriendo. Lo que daba por terminada nuestra conversación. Suspira derrotada.
—Por favor, no me lleves a algún lugar elegante. Solo, vamos por unas hamburguesas. — le supliqué. Recordando lo que sucedió con Jacob en la pizzería. Aunque, obviamente, nadie se atrevería a rechazar a Edward Cullen. Pero aún así, es difícil ignorar las miradas.
—Lo lamento, pero es sorpresa. — agregó con una enorme sonrisa de victoria. —Por cierto, ¿A qué hora cierran el centro, los fines de semana?
—A las nueve. — el sábado nos dan un poco más de oportunidad.
—Perfecto. Te veré en el centro comunitario a las seis en punto. Jasper me comentó que ibas a ir hoy.
—Sí, hace mucho que no hablamos. — en estos dos meses, nos hemos convertido en buenos amigos. Él es muy bueno escuchando, los dos nos entendemos de una forma especial. Pues, aunque siempre he sido muy tímida con las personas. Algo en él me da mucha confianza. Y parece reciproco.
—Entonces, nos vemos en la noche, Isabella. — no sé el motivo, pero desde hace unos días, empezó a llamarme Isabella. Es él único que me llama así. Y la verdad, me encanta.
Sacudí mi cabeza, intentado despejarme un poco. ¡Por Dios! Ese hombre solo tiene que sonreír y con eso basta para derretirme. Aunque, siendo sinceras, pienso que con todas las mujeres debe de ser igual. No tardé mucho en llegar al parque y si lo hice, no lo noté. Todo el camino, estuve muy distraída. Pensando en para qué querrá cenar Edward hoy conmigo. Sí, es mi amigo. Y sí, viene al parque solo a verme. Pero, en fin de semana, es muy difícil que lo llegue a ver. En fin, tendré que esperar para saber la respuesta.
—Buenos días. — saludé al Sr. Del Periódico. Es un Sr, un poco mayor. Su cabello está cubierto, en la mayoría por canas. Sus facciones son muy masculinas, aunque su cara, está un poco arrugada. Usa unos lentes grandes, que cubren la mayoría de sus ojos color café. Nunca me he atrevido a preguntarle el nombre. Lo único que sé, es que todas las mañanas—tardes, viene a leer su periódico y siempre se sienta en la misma banca.
—Buenos días, Bella. — me devolvió el saludo. — ¿Cómo estás hoy?
—Estoy sobreviviendo, como siempre. Y ¿Usted?
—Igual, sobreviviendo. No me puedo quejar.
—Me alegro. ¿No quiere que le limpie sus zapatos?— era un pregunta retorica. Yo sé, que solo los sábados, me pide que le limpie sus zapatos.
—Por favor. — me respondió con una sonrisa reconfortante. Yo empecé a trabajar de inmediato. —Veo que estás estrenando zapatos. — me sorprendió un poco, no sabía que tan observador era.
—Sí, me los acabo de comprar. Están muy bonitos verdad. — le comenté emocionada.
—Sí, lo están. — concordó, dándome una mirada llena de lastima. Me habría enojado, de ser otra persona. Pero, por alguna razón, sé que su simpatía no está llena de hipocresía. A veces, me gustaría que la gente no sintiera lastima por mí. Lo único que quiero, es una oportunidad para trabajar y ganarme mi dinero. No que me den tres monedas que les sobran. No volvimos a hablar, yo me dediqué a mi trabajo y él a leer su periódico.
—Gracias, Bella. Como siempre, excelente trabajo. — me pagó tres dólares, como dije antes, de ser otra persona, no los habría aceptado. Pero, con él es diferente. No sé por qué, pero, siento que él necesita ayudarme.
—Gracias a usted. — me fui a seguir trabajando. El día pasó muy rápido. Sin darme cuenta, cuando pregunté la hora, me dijeron que eran cinco de la tarde. Eso me deja solo media hora para arreglarme cuando llegue con Jasper. Aunque, no iba a hacer mucho. En realidad solo me peinaré y me pondré mi blusa blanca. La que uso los domingos. Pero, quería platicar un poco con Jasper. Creo que será en otra ocasión. Corrí hacia el centro, por suerte no está retirado del parque.
—Hola, Helena. ¿Se encuentran Alice y Jasper?— le pregunté a la recepcionista.
—Sí, están en el cuarto número tres. Me parece que él Dr. no está con un paciente, en esté momento. Así que aprovecha.
—Gracias. — seguí mi camino, hacia la habitación número tres.
Y como me dijo Helena, Jasper y Alice, están solos.
—Bella. — me llamó Alice emocionada, envolviéndome en sus pequeños brazos. A mi todavía me sorprenden un poco, las muestras de cariño así. Y no es que me moleste Alice, al contrario, es simplemente, que no estoy acostumbrada. Renee nunca me abrazo y Charlie, muchísimo menos. Por eso me incomodan un poco, creo.
— ¿Cómo estás, Bella?— me cuestionó Jasper educadamente, dándome la mano. Él creo que entiende mejor lo de mi incomodidad.
—Un poco cansada, pero bien, gracias a Dios. — le respondí honestamente.
—Te he dicho, que tienes que tomarte las cosas con calma. Eres un poco acelerada. — me reprendió.
—Lo sé, pero, creo que mientras tenga trabajo, vale la pena esforzarme el doble. Además, no te he ignorado del todo. Casi siempre me tomó las vitaminas que me diste. — le comenté orgullosa.
— ¿Casi siempre?— repitió levantando una ceja. La risa de Alice, interrumpió nuestro intercambio.
—Se ven tan divertidos los dos, peleando como dos herma…— se calló a media palabra. Y no sé por qué, pero, la cara que hicieron los dos, me asustó un poco. La cara de Alice, se llenó de arrepentimiento. Y la cara de Jasper, de ¿Dolor? Los tres nos quedamos callados.
—Como sea. — él primero en reaccionar, fue Jasper. —Edward mencionó algo sobre una cena. ¿Segura que quieres ir?— como los buenos amigos que nos hemos convertido, Jasper no puede evitar, sentirse un poco defensor conmigo. Y, como mi primer encuentro con Edward, fue nada agradable. Tiene miedo, que vuelva a comportarse de esa manera. A pesar de que le he asegurado un millón de veces, que es no pasará. Espero.
—Jazz. — intervino Alice. —Es Edward, mi hermano y tu mejor amigo. — le recordó. —Te la pasarás estupendo, Bella. Estoy segura. — me aseguró cerrándome un ojo. —Bueno, supuse que no querrías jugar a Bella barbie. Además de que Edward y Jasper no me dejaron. En fin, aún así, te traje una blusa y un pantalón. Y lo sé, no necesitas ropa nueva. Y no te la estoy dando. Solo te la estoy prestando. Así que no tienes porque no aceptarla. — inquirió triunfante. Rodé los ojos, ante su entusiasmo. Parece niña pequeña, que acaba de comprar un juguete nuevo.
—Sabes que no te puedo decir que no. — admití derrotada.
—Lo sé, es la mejor parte. — se volteó hacia Jasper. —Sabes que te amo, pero, necesitas irte.
—Amor, no puedo irme. Tengo pacientes. — le habló con paciencia y con mucho amor. A veces, sus miradas son tan íntimas, que me hacen sentir incomoda.
— Tienes razón, iremos al baño. Regresamos pronto. — le prometió, jalándome del brazo y arrastrándome al baño de mujeres.
—Te advierto que tu hermano llegará a las seis en punto. Tenemos poco tiempo.
—Media hora, es más que suficiente para Alice. Estarás lista en quince minutos. — espero, agregué mentalmente. Y como lo dijo, estuve lista en un poco más de quince minutos. En realidad, lo único que hizo, fue maquillarme ligeramente. Y claro, prestarme la ropa. — ¿Son nuevos tus tenis?— dijo sorprendida, al no verme con mis amados converse.
—Sí, los compré está mañana. — le respondí apenada, porque me di cuenta, de lo horribles que se deben ver en sus ojos. Ella buscando ropa linda para mí y yo, hago que se vea horrible con mis zapatos.
—Me gustan. No tienes porque avergonzarte, Bella. Al contrario, siente orgullosa de comprar tus cosas. — me reconfortó, sé que debe parecer tonto, comprar tenis usados y un poco rotos. Pero, además de que son mucho más económicos, las ganancias de esa tienda, son para el comedor comunitario. De esa manera, ayudo un poco a las personas que lo necesitan, como yo. —Vayamos con Jazz, Edward no debe de tardar en llegar.
—Alice, ¿Sabes a dónde me llevará Edward?, o ¿Por qué quiere verme?
—Sí y sí. Pero no te diré nada. Mi hermanito me mataría.
—Oh, vamos. Te prometo que no le diré que me dijiste. — intenté persuadirla.
—Bueno, eso cambia las cosas. Veamos, no. — me dijo bromeando. —Además, solo faltan diez minutos para que llegue. Así que no seas desesperada.
Y como lo predijo Alice, Edward llegó diez minutos después. Me despedí de Jasper y de Alice, quienes, no había notado. También están muy sospechosos. La curiosidad me está matando.
—Tranquila, Isabella. Falta poco. — me calmó Edward.
—Ya, dime a dónde y por qué vamos. — le pedí haciendo un puchero.
—Sabes que los pucheros no sirven conmigo. — se rió. —Y bueno, si quieres saber a dónde vamos. Te lo diré. Iremos a mi nueva casa.
— ¿A tu nueva casa?— cuestioné confundida. Él ya tiene un casa… oh cierto. Su nueva casa, me contó algo. — ¡Tu nueva casa!— le grité emocionada.
—Me alegra que recordaras. Por un momento me sentí ofendido. Pensé que me has ignorada, todo esté tiempo. — fingió una cara de indignación. Si él supiera, que aunque tratara, no podría ignorarlo.
—La verdad es que sí te ignoro, la mayoría del tiempo. — seguí jugando.
—Tsk, tsk, tsk. Me decepciona, Sr. Swan. Tendremos que encargarnos de ese asunto, más tarde.
—No te tengo miedo, Cullen. — que empiece la pelea.
Estaba tan entretenida nuestro juego, que no me di cuenta que estábamos llegando, hasta que se estacionó enfrente de esta.
Decir que su casa, mansión, es hermosa. Se queda corto. Es enorme, de un estilo muy moderno. Me parece, lo que si sé, es que nunca había visto tantas ventanas, en una casa. Y sí que he visto casas así. Sus enormes ventanales, tienen finos acabados de madera.
— ¿Te gusta?— su pregunta me sacó de mi encanto.
—Es…sin palabras, Edward. — comenté atónita.
—Lo sé, mi madre es una artista.
— ¿Tu mamá diseño esto?— inquirí sorprendida. Él asintió orgulloso.
—Entremos, no quiero que te enfermes. — ordenó.
—Ya hemos hablado de sus tendencias mandonas, Sr. Jefe
—No lo niego, me gusta dar órdenes. Y que las obedezcan. — me advirtió levantando una ceja. Habría rodado los ojos, pero, la verdad, aunque me moleste admitirlo. Él tipo solo tiene que decir salta y yo le digo: ¿Qué tal lejos? Sé que eso está muy mal. Pero, no puedo evitarlo.
Si el exterior me parecía asombroso, el interior lo es aún más. Las paredes, forman un hermoso contraste de colores pasteles. Edward me guió hasta la hermosa sala.
—Tienes un casa, impresionante, Edward. — le dije sin envidia.
—Muchas gracias, Bella. — y como ya es costumbre, nos quedamos perdidos en nuestras miradas. Edward fue él primero en reaccionar. —Vayamos a cenar, ¿Te parece? Estoy muriendo de hambre.
—Yo también. — acepté de inmediato. Con el ajetreo de hoy, no me había dado cuenta, que no he comido nada. Me guió a la cocina, que se encuentra en el segundo piso. Es una cocina no muy grande, diría acogedora, me gusta.
La mesa estaba preparada para dos personas. Edward retiró la silla para que me sentara.
—Enseguida traigo la cena.
— ¿No necesitas ayuda?— ofrecí.
—No, gracias. Puedo solo. — me aseguró. Trajo una hoya grande, no sé que habrá dentro, lo que sí sé, es que huele delicioso.
—Es sopa de almeja. Espero que te guste. Es mi sopa favorita.
—Se ve deliciosa. ¿Quién la preparo?— le pregunté.
—La preparé yo. Como te había dicho, el cocinar es una de mis especialidades. — sonrojé al recordar ese hermoso día. Cuando los dos estábamos lavando y secando platos en la cocina.
—A mi también me gustaba cocinar. — recordé con tristeza. Como Renee nunca me quería llevar a la escuela, siempre que había comida en la casa. Me gustaba experimentar y trataba de hacer las recetas que salían en la tele, con mis propios ingredientes.
—Bueno, entonces un día deberíamos de cocinar juntos. Haríamos un manjar. — dijo muy seguro. Yo asentí emocionada por la idea y empecé a comer. ¡Está deliciosa! No exageraba cuando dijo que era un buen cocinero. — ¿Y cómo estuvo tu viernes?
—Muy bien, tuve buen trabajo. Aunque, vi a un chico que se parecía mucho a Jacob. Y no pude evitar sentirme un poco triste. — le respondí honestamente. —Y no, Edward. Antes de que me pregunte. — me adelanté, notando su cara y su incomodidad. —A él solo lo quiero como amigo. Nada más. No estoy exagerando, ni mintiendo. Sí, sé que dirás que no me preocupe por él. Pero, no puedo evitarlo. — repetí deprisa todas las cosas que siempre digo cuando hablamos de Jacob.
—Está bien. No volveré a preguntar sobre él chucho.
—Edward. — lo reprendí, no sé por qué le dice así, pero desde que le hable de él. Le puso ese apodo y nunca he logrado que cambie de idea. Negué con mi cabeza, intentando no reírme. —Como sea, ¿Cómo estuvo tu día?— cambié de tema.
—Difícil, tuve una operación un poco larga y después tuve dos reuniones. El tomar el lugar de mi padre, es un poco más demandante de lo que pensé.
—Pero tú amas tus dos trabajos. — comenté segura.
—Así es, ¿Qué te puedo decir? Creo que soy masoquista. — charlamos un poco más sobre nuestros días, mientras comíamos la deliciosa cena. —Ha llegado la mejor parte, el postre.
—No sé donde lograré que me quepa. He comido como nunca. — confesé.
—Oh, creo que si podrás. Quiero que cierres los ojos. — me pidió. —Y no hagas trampa.
—Los mantendré cerrados. — le prometí. Oí sus pasos apresurados en la cocina.
—Bien, puedes abrirlos. — mis ojos se humedecieron al instante, al ver lo que está frente a mí.
—Feliz cumpleaños, Bella.
A.N: Empezaré diciendo que creé un blog, para poder poner pequeños adelantos, para que se haga menos la espera. Y bueno, volviendo a la historia. Me gustó mucho este cap, no saben lo emocionada que estoy por poder escribir de nuevo. El cumpleaños de Bella todavía no termina, tengo muchas sorpresas en la segunda parte.
Me encataría saber que piensan. Muchas gracias por leer.
Sally CH.
