Primero, no maten a la escritora, si no, no habrá historia. Segundo, me merezco todos y cada uno de sus reclamos, lo siento mucho, la escuela… ¡¡¡ES AGOBIANTE!!! Aun así no merecían que dejara esta historia tan abandonada, no saben cuánto lo lamento. Pero ya basta, no me excusare, muchos escritores de esta página saben lo que son las tareas, las escuelas y el trabajo y sé que me comprenden. Aun así mis más sinceras y humildes disculpas.

A lo que iba

AGRADECIMIENTOS:setsuna17, Hidari Kiyota (Neechan, espero contar con tu opinión como siempre, te quiero, gracias por apoyarme siempre) DuffChan, Arelytha, wiiixx, Paaulaa, pata, AllySan, NANAko, Hoshi no Negai, dark priincess, Silvemy89, CONEJA, Skuld Dark, knd.03, Tadame-chan, Isuldory, Sahora, angelthelove, Jane Black, Meikhu-Chan, Crystal Butterfly 92.

Disclaimer: Inuyasha, Sengoku O Togi Zoushi es de la propiedad de Rumiko Takahashi.

También agradezco a los que no dejan review, pero siguen fielmente la historia.

Dedicatoria especial para: Caro-chan, ella me tuvo mucha paciencia con la historia, es quien más estuvo al pendiente de la historia(moraleja, consigan el msm del autor de su historia favorita y acósenlo XD, mentir) muchas gracias Caro, este capitulo va dedicado a ti.

Capitulo 7: Ecos de memorias pasadas.

Inuyasha observo dormitar a Kagome en sus brazos, le pareció que la joven había dicho algo pero pensó que habría sido su imaginación, Kagome estaba cansada y acababa de recibir un choque emocional por lo que esos tipos habían intentado hacerle. La sangre le hirvió y sintió el impulso de regresar y golpearlos hasta satisfacerse; respiro hondo u encajó las uñas en las palmas de sus manos; que en ese momento parecían garras.

Era una suerte que Kagome permaneciera dormida, no quería que lo viera como medio demonio, por lo menos no ahora, no hasta que ella recuperara la memoria…

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Se sentía como si flotara y al mismo tiempo tan protegida, como si la sostuvieran con firmeza, a su alrededor percibía el aroma del bosque y sonidos de un arroyo, se sentía muy a gusto casi podría jurar que estaba en el bosque y sentía la suave brisa acariciar sus cabellos, si habría los ojos podría ver el cielo azul y esponjosas nubes moviéndose al compas del viento. Quería abrir los ojos, pero de pronto el aura a su alrededor cambio, la joven sintió un miedo irracional y sintió el cuerpo entumecerse; intento gritar pero la voz no salía, sentía que se ahogaba en la oscuridad y entonces….

-¡INUYASHA!- Kagome se levanto de golpe, con la frente poblada de pequeñas gotas de sudor y el cuerpo temblándole como una hoja, sentía miedo, y tenía la extraña de que algo no andaba bien, como si algo le faltara…

-¡Kagome! ¿Te encuentras bien,… que sucede?-Inuyasha entro a la habitación completamente alterado por el grito desgarrador de la joven.

Kagome parecía más pálida de lo normal, su respiración era irregular y parecía estar a punto de desmayarse, instintivamente la abrazo y la arrullo hasta que ella comenzó a sollozar. Destetaba verla llorar, lo hacía sentir tan inútil porque no sabía cómo consolarla.

La había visto llorar desde la lejanía, y se prometió que siempre la protegería, ahora ella lloraba en sus brazos y no sabía cómo consolarla… que idiota.

-¿Por qué lloras, tuviste una pesadilla?

Kagome se dio cuenta que estaba siendo una ridícula, cierto; solamente había sido una pesadilla, aunque muy vivida debía admitir. Los sentimientos de soledad, miedo e incluso la sensación de la muerte acercándose a ella de manera inminente había sido tan real que por un momento creyó que realmente moriría.

La joven cerró los ojos y tomo aire a grandes bocanadas tratando de serenarse, ya se había puesto en ridículo lo suficiente por esa noche.

-S… sí, eso creo. Sólo tuve una pesadilla.-intento sonreír con sinceridad, pero aun estaba con los sentimientos y las imágenes muy frescas en su mente. Además por la mirada tan inquisitoria de Inuyasha se había dado cuenta que él no le creía.-De verdad, estoy bien.- sonrió un poco mas repuesta, pero aun así los ojos de Inuyasha parecían quemarla.

-No te creo.-susurro él tan cerca de sus labios que su aliento se entremezclo, la joven no sabía si era por su cercanía o por la reciente pesadilla, pero se sentía mareada, todo a su alrededor le daba vueltas la cercanía de Inuyasha era perturbadora como placentera, él rozo sus labios en toque tan suave que parecía la caricia del viento. Inuyasha sonrió complacido cuando ella gimió en protesta por la suave caricia, bien, la complacería, subió la mano hasta la cabeza de ella y enterró sus dedos en la espesa cabellera azabache de la joven y la beso a conciencia.

Kagome sintió que debería preocuparse, después de todo estaban en la habitación de su casa, más específicamente en su cama, pero eso fue sólo por una fracción de segundos, después recapacito que después de todo iban a casarse.

Miles de imágenes volvieron a asaltar la mente de la chica, el mismo bosque, esta vez más nítido, el cielo, los rostros de las personas a su alrededor y la imagen más importante de todas, un hombre con ropajes rojos y largos cabellos plateados.

Rápidamente se separo de Inuyasha.

-¿Que sucede?

-Inuyasha, ¿Cuándo fue la primera vez que nos vimos?- el hombre se tenso un poco y sonrió con nerviosismo, Kagome no estaba segura, pero le pareció que en el rostro de Inuyasha había pasado un leve manto de preocupación, tan rápido que pensó que realmente se lo imagino.

-No, nos conocimos cuando tú eras una niña muy pequeña.- sonrió

-Y… ¿Después?

-No volvimos a vernos.- al menos… no de frente, y tu a mí no. Pensó nerviosamente. Se aclaro la garganta y miro con seriedad a la chica.- ¿Por qué lo preguntas?

-No estoy segura, realmente siento que te he visto antes.

Kagome noto como la manzana de Adán le temblaba, sus ojos parecían más oscuros y siniestros y su rostro se ensombrecía, en ese momento Inuyasha parecía un demonio.

-Kagome…-la voz del hombre era gutural y de ultratumba, sintió escalofríos, el cuarto estaba en penumbras y el viento aullaba con fuerza haciendo crujir las ramas de los arboles de forma salvaje y violenta.

Sentía miedo.

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Sango refunfuño, bufo y maldijo.

Detestaba tener que ir a la embajada, temía toparse con el embajador Higurashi, los ojos castaños de su abuelo eran fríos e intimidatorios.

Nos que le dieran miedo… sólo la hacían sentir incomoda.

Después de identificarse con el guardia en turno camino por los tétricos pasillos de la embajada, Sango apresuro el paso cuando el viento soplo mas fuerte azotando las ramas de los arboles contra la pared más cercana, (que por desgracia, era por la que ella había pasado) Kagome tenía razón, la embajada daba miedo.

Escucho murmullos y eso la perturbo mas, comenzó a correr más rápido; sólo a ella se le podía olvidar un documento tan importante de su trabajo en el lugar que mas odiaba. Cuando vio luz debajo de una de las puertas del pasillo se detuvo tan abruptamente que casi se cayó de bruces, se agarro con agilidad a la pared, y se asomo por la pequeña abertura de la puerta semi abierta.

Era el despacho del embajador.

La única luz en toda la habitación era la de su escritorio, Sango se sorprendió de verlo tan perdido y desarreglado, la tenue luz de la pequeña lámpara sólo le permitía ver a medias la figura enfermiza y débil de su abuelo. Jamás lo había visto así, la imagen de aquel avejentado hombre no era la del implacable y despiadado, fuerte y enérgico.

Él hombre parecía absorto en algo que Sango no podía ver desde su pocicision, y debido a que él estaba de espaldas a ella, finalmente, se levanto de golpe de su silla mostrando entre sus dedos una perla rosada que parecía destellar misteriosamente bajo la escasa luz de la habitación, Sango se refugió mas en las sombras del pasillo atenta a la extraña joya que le causo escalofríos, miles de imágenes aterradoras se agolparon en su mente, rápidamente se llevo las manos a la cabeza, tratando de calmar el dolor.

-Kohaku…

Se recargo en la pared para sentir su frio contacto al mismo tiempo que respiraba con dificultad, hacia mucho que no tenía esas visiones.

-Shikon no Tama…-murmuro el hombre con voz débil y enfermiza.-La joya maldita… bañada con la sangre de gente inocente, creada con las ambiciones oscuras de demonios.

El hombre sonrió sardónicamente apretando la coya como si quisiera romperla en sus manos.

-La fuente de todos mis problemas… de mi pacto con esos demonios. De mi unión con los Taisho.-El embajador escupió el nombre con veneno.

Sango se llevo las manos a la boca para sofocar el grito, mientras más escuchaba mas se horrorizaba… Shikon no Tama, estaba segura de que había escuchado ese nombre antes, sintió como le ardía el pecho, deseaba echar a correr pero las piernas no le respondían, en la boca sentía la hiel y la cabeza le dolía como si la hubieran golpeado contra una pared.

-Demonios… malditos Yokais…

Aun con las piernas entumecidas por un miedo desconocido, Sango trastrabillo los primeros pasos y finalmente echo a correr por el pasillo de regreso, los pocos sirvientes que había la miraron con preocupación, tenía la cara pálida y el cabello se le pegaba por las gotas de sudor de su loca carrera… o por el miedo.

Miedo a morir

Todo por el aura a muerte que rodeaba a la pequeña perla rosada.

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-No me tengas miedo.

Kagome parpadeo un par de veces y levanto la mirada, Inuyasha lo miraba con suplica, sus grandes ojos dorados estaban más claros; a pesar de oscuridad, Kagome podía ver la diferencia de los oscuros y siniestros ojos de hace un momento, casi anaranjados, con el cálido dorado liquido que eran ahora sus ojos.

-No te temo.-pero su voz tan débil le revelo a Inuyasha que si la había asustado.

-No fue mi intención asustarte, es sólo que… hay cosas que debes saber por ti misma.

-¿Qué quieres decir…?

Inuyasha abrió la boca pero no dijo nada, parecía luchar contra sí mismo, debatirse entre decirle o no, finalmente se alejo de ella. Kagome sintió una amarga decepción y después una furia irascible. Inuyasha le estaba ocultando algo otra vez.

-Te llevare a tu casa, ya es muy tarde.

Cuando Inuyasha le ofreció su mano para ayudarla a levantarse ella ni siquiera lo miro, se levanto y paso de largo ignorando olímpicamente al hombre.

-Ah no. Eso sí que no, Kagome. Ya es suficiente de que tú te hagas la víctima.

-¿Hacerme la victima…?-ella no se dejo amendentrar cuando la tomo del brazo con brusquedad. Mantuvo la cabeza en alto y lo miro con la rebeldía brillando en sus ojos.

-¡Demonios mujer, sólo intento protegerte!-estallo en cólera

-¡Me estas ocultando algo, no me mientas, Inuyasha!

Los dos se miraron desafiantes, negándose a ceder primero, Inuyasha la mira con gesto retador y ella le devolvió la mirada, en un impulso de rebeldía lo abofeteo, el eco sordo del golpe resonó en la silenciosa habitación.

-¿Qué demonios…? ¡¿Por qué hiciste eso mujer del demonio?!

-¡Me estabas lastimando, bruto!

-Veo que la feliz pareja ya tiene su primera pela conyugal.

Ambos se voltearon a ver al intruso, Miroku los observaba desde el umbral de la puerta con una sonrisa burlona y una pose de lo más despreocupada; inclinado sobre el marco de la puerta y con los brazos cruzados.

-¿No te enseñaron a tocar?-replico mordazmente Inuyasha.

-¿Y a ti no te enseñaron a tratar a una dama?

-Cállate Miroku. ¿Qué haces aquí?

-Tengo que hablar contigo… a solas.- por el tono serio de su amigo Inuyasha supo que era algo importante, asintió y soltó lentamente el brazo de la chica.

-Kagome, ve a la sala y espérame ahí… por favor.

La chica se desconcertó por el comportamiento repentinamente tranquilo de Inuyasha, aun así asintió y comenzó a caminar hacia la sala. Cuando estuvieran a solas le pediría a Inuyasha una explicación.

-Kagome.- ella se volteo cuando Miroku la llamo.- me alegra volver a verte

Ella parpadeo confundida, estaba segura de que jamás había visto a aquel hombre, le parecía vagamente familiar y de pronto sintió mucha simpatía y cariño por el extraño hombre que acababa de aparecer.

-A mi también, Miroku-sama.-en seguida salió

-No era así como esperaba encontrarla.

-Ella aun no recuerda nada.

-Nadie, excepto nosotros 3

-Cuatro.- Miroku arqueo la ceja con interrogación.- Kikyo también recuerda.

-Me alegra tanto que lo de ustedes terminara, no me malentiendas.- se apresuro a agregar a ver la mueca de Inuyasha.-, pero siempre supe que Kagome sería mejor para ti.

-¿Y viniste a interrumpir porque…?

Miroku se levanto la manga y se quito el guante, en un gesto tan ausente, autómata.

-Mi Kazana…

-Volvió… la perla…

-No es lo único que volvió.- el rostro de Miroku se ensombreció.

-Lo sé, con la aparición de la perla… también apareció… Naraku…

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Se acabo.

Adelanto del próximo capítulo:

-Koga está aquí.- Miroku sonrió cuando Inuyasha empezó a maldecir a diestra y siniestra, aun quedaba algo del impulsivo hanyo.

-No quiero a ese lobo sarnoso cerca de Kagome.-gruño.

-Sí, bueno. No creo que a Kagome le haga gracia que Kikyo esté aquí.

Inuyasha se sonrojo, pero aun así fulmino con la mirada a su "querido amigo"

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-Anoche el abuelo menciono algo sobre la Shikon no Tama.- Kikyo palideció

-¿Eso que tiene que ver conmigo?

-El todo, Kagome-chan, contigo y los Taisho…