I.

Con cinco años y medio Kyoya era el niño más callado que Shizuka había visto nunca. Sus hermanos habían sido traviesos hasta que Yoshio les había enseñado que debían estar serios en las reuniones y fiestas que organizaba para la empresa Otori, y Fuyumi aún a sus once años cantaba y hablaba ella sola cuando hacía sus tareas.

También era imposible sacarle una sonrisa.

Ni siquiera cuando el niño estaba a solas con su madre le podían provocar una carcajada, y Fuyumi intentaba hacerle cosquillas para hacerle reír pero nada funcionaba. Muchas veces Fuyumi acababa con un mordisco en la mano y Kyoya huyendo de ella. Shizuka sospechaba la causa de la seriedad de su hijo: desde que se anunció que la Sra. Otori estaba embaraza, en casa todo se había vuelto más sombrío. Yuuichi y Akito se habían volcado en sus estudios como nunca y Yoshio prácticamente vivía para el trabajo; ni siquiera saludando cuando llegaba a casa o se sentaba a la mesa. A veces preguntaba a Yuuichi sobre sus estudios, pero nunca a Shizuka sobre el embarazo. Fuyumi, a pesar de su corta edad, ya entonces se dio cuenta del gran muro que se había alzado en la familia Otori, con los hombres a un lado y las mujeres a otro.

Fuyumi apenas lo hubiera notado si no fuera porque Akito, que siempre había sido su cómplice en travesuras y juegos en casa, le confesó un día que no quería que el nuevo niño naciera.

-No es hermano nuestro, Fuyumi. No se merece ser Otori.

-Si que es nuestro hermano, madre lo lleva en su barriga -declaró orgullosa Fuyumi, esperando que su hermano entrara en razón.

-Si, pero no es hijo de padre. Por su culpa madre y padre jamás volverán a ser como antes.

Fuyumi se lanzó contra su hermano y los dos llevaron arañazos en la cara durante una semana como resultado de su pelea, que duró un buen rato hasta que Yuuichi los separó y regañó. Pero Fuyumi ya no volvió a pisar la habitación de ninguno de sus hermanos.

Cuando Kyoya nació toda la familia estaba en el hospital, pero en cuanto Yoshio firmó todos los papeles necesarios se marchó de allí llevándose a su hijos. Durante los dos días que Shizuka y el bebé estuvieron allí sus únicos acompañantes fueron Fuyumi cuando salía de la escuela que acababa de empezar y Tachibana, que a falta de la Sra. Otori había pasado a ser la niñera de Fuyumi (aparte de chófer y guardaespaldas, Shizuka en ese momento se recordó que tenía que subirle el sueldo al hombre por todo el trabajo que estaba haciendo por ella).

Mientras el pequeño crecía, Shizuka y Fuyumi intentaban apartarlo de la desolación que se había convertido la familia Otori, pero era inevitable cuando en todas las comidas y eventos en los que debían estar juntos los hombres ignoraban al pequeño y las sonrisas asomaban sólo para las cámaras. Incluso cuando otros empresarios preguntaban a Yoshio acerca de su hijo más joven el Sr. Otori desviaba la conversación hacia otros temas.

II.

Con cinco años y medio Kyoya era el niño más inteligente que Shizuka había visto nunca. Fuyumi le cantaba canciones y le leía historias, pasando el dedo por encima de las frases del libro que iba leyendo. Desde bien pequeño Kyoya seguía el dedo con la mirada, aunque seguía sin decir apenas palabra: Shizuka estaba segura de que iba a tener problemas de aprendizaje, pues parecía entender más bien poco de lo que le decían. En parte pensaba que era por su culpa, por haber engañado a Yoshio.

Durante una de las tardes en las que Shizuka se reunía con otras mujeres adineradas para tomar el té, todas sus dudas se desvanecieron. Todos los niños estaban jugando en el jardín, todos menos Kyoya que había elegido quedarse junto a su madre, callado y mirando de un lado a otro mientras comía a pequeños mordiscos una galleta tras otra.

-Este té está delicioso -sonrió una de las mujeres a su anfitriona.

-Si que lo está, ¿verdad? Me lo han traído desde Gran Bretaña. Mira, aquí está el papel que iba con el té, supuestamente dice cómo está hecho... ¡pero la letra es tan pequeña que no la puedo leer sin mis gafas! -todas estallaron en risitas, y la hoja de papel quedó olvidada sobre la mesa. Shizuka vio cómo Kyoya estiraba su pequeño cuerpo para poder coger el papel y después se concentraba en las pequeñas líneas de texto.

-Kyoya, cariño, ¿qué haces? Sabes que no debes tocar las cosas que no son tuyas -le reprendió suavemente Shizuka, y sin esperar respuesta intentó quitarle de las manos el papel, pero Kyoya lo agarró más fuerte y empezó a recitar en vos alta:

-El ligero y delicado sabor de la bergamota, combinado con toques de naranja y limón hacen de este té...

Al día siguiente Shizuka estuvo buscando una escuela donde su hijo más inteligente tuviera la mejor educación mientras en el cuarto de al lado Fuyumi hacía que Kyoya leyera los libros que le acababan de comprar, orgullosa de su hermano pequeño.

III.

Cuando Kyoya cumplió los quince años, Fuyumi entró llorando a su cuarto. Desconsolada, se echó a los brazos de su hermano y durante un buen rato no pudo articular palabra a través de las lágrimas. Kyoya dejó a un lado el libro que había estado estudiando y suavemente guió a Fuyumi hasta el sofá, donde intentó calmarla acariciándole la espalda. Al poco tiempo dejó de llorar y se separó del chico lo suficiente como para que éste le pasara un pañuelo.

-¿Qué ha pasado, Fuyumi? -preguntó Kyoya, aunque tenía sus sospechas.

-Padre me acaba de decir que ha concertado un matrimonio para mi, Kyoya. Mañana tendremos una cena con la familia de... de mi prometido -dijo entre lágrimas. Kyoya asintió y siguió acariciando el brazo de su hermana: hacía un año que Akito se había casado (aunque Kyoya también sospechaba que acabaría divorciándose) y Fuyumi acababa de cumplir los 21 años, padre había tardado en encontrar un candidato para ella.

-Oh, Kyoya. No quiero casarme con un desconocido, ¿y si es viejo? ¿Y si no nos llevamos bien? ¿Y si... y si nos pasa como a padre y madre? -lo último fue apenas un susurro, temerosa de ser oída. Kyoya negó con al cabeza y secó él mismo las lágrimas de su hermana: aún con quince años seguía siendo el chico más callado que Fuyumi había visto nunca.

-Pero sí que puede pasar, el de nuestros padres también fue un matrimonio concertado.

-Fuyumi -el joven cogió las manos de su hermana entre las suyas y se arrodilló frente a ella-. Te prometo que no te pasará eso porque aunque te vayas de casa a vivir con tu nuevo marido, siempre estaré aquí para lo que quieras. Si lo estás pasando mal o él te hace algo... yo me encargaré de solucionarlo.

Fuyumi se volvió a lanzar a los brazos de su hermano y comenzó a hablar en apenas un susurro, abrazándolo cada vez más fuerte.

-Gracias, Kyoya. Pero, ¿y tú? Te quedarás aquí con nuestra "familia", no quiero que te vuelvas como ellos.

-Fuyumi, nunca he sido como ellos.

IV.

-¿Si?

-¡Kyoya! ¿Cómo estás? ¿Va todo bien? ¿Y en casa?

-Fuyumi, estás de luna de miel, ¿no deberías disfrutarla con tu marido?

-Y es lo que estoy haciendo. Pero unos minutos hablando con mi hermano no destrozarán mi matrimonio. Ahora, ¿cómo estás?

-Bien. Las cosas aquí no han cambiado mucho. ¿Y tú? ¿Qué tal la vida de casada?

-Es... está muy bien, Kyoya. ¡Es verdad! No te rías, pero Shido es un hombre muy atento y amable. Y la verdad es que tenemos cosas en común. No creo que sea difícil convivir con él.

-¿Convivir?

-Bueno, creo que al final de este viaje podré decir que además de casados, ¡somos amigos! Y para entonces... quizás aún hay posibilidades de vivir mi vida enamorada. No sé, Kyoya. Ahora mismo estoy confusa con todo esto del matrimonio concertado.

-Tranquila, Fuyumi. Disfruta poco a poco, no adelantes acontecimientos.

-Lo haré. Tengo que dejarte, Shido ha salido de la ducha.

-De acuerdo. Hablamos cuando vuelvas a Japón.

-Vale, ¡un abrazo!

V.

-Kyoya Otori.

-¡Kyoya! ¿Qué ha pasado? ¿Y cómo es que me he tenido que enterar por el periódico y no por mi familia?

-Ah, lo de Akito. Ya te lo dije hace años, que acabarían divorciándose. Me sorprende que hayan aguantado tanto tiempo, la verdad.

-¿Pero padre está de acuerdo?

-No, claro que no. Creo que va a enviar a Akito a alguna sede de la empresa en el extranjero.

-Esa es la forma de padre de proclamar el exilio para Akito. Creo que nuestro hermano no sabe dónde se ha metido.

-Si, bueno. Ya conoces a padre, no lo gusta que líen sus planes. Y la empresa de la ex-mujer de Akito era bastante importante en Japón.

-Ya, lo sé.

-¿Cómo estás, Fuyumi? ¿Con Shido?

-Bien, ¡muy bien! Genial. Creo que mejor de lo que padre piensa.

-¿Por qué dices eso?

-Sabes que la empresa de Shido es muy pequeña en el mundo textil, y creo que padre me casó con él esperando que me sintiera desolada por no poseer una gran fortuna, pero en realidad soy muy feliz con él, Kyoya. ¡Oh!, ¿te he dicho que me ha propuesto un trabajo como diseñadora?

-¿Si? ¿Lo aceptarás?

-Creo que si. La vida de un ama de casa está bien hasta que se te acaba la ropa que planchar, ¡necesito estar activa!

-Me alegro por ti. Por tus palabras diría que incluso estás enamorada, ¿para cuándo la boda?

-Ja, ja. Eres tan divertido.

-No creas. ¿Nos vemos este fin de semana?

-Eso está hecho.

VI.

-Fuyumi, están empezando otra vez.

-¿De qué hablas, Kyoya?

-¿Estás sola? Es muy importante que esto no salga de entre nosotros.

-Si, si, estoy sola.

-Padre y madre. Están empezando a discutir otra vez. Y madre... creo que está volviendo a la depresión, Fuyumi. Y...

-¿Y qué más?

-... y creo que padre la está maltratando. ¡Sssh! Fuyumi, no grites, ni llores. Últimamente le he visto marcas en los brazos y cuando le pregunto no me quiere decir nada, pero sabemos lo que son.

-¿Sabéis?

-Tachibana y yo. Ahora se queda todas las noches en la mansión, y le digo que tenga preparado el coche por si... por si hay que ir al hospital.

-Oh, Dios mío, Kyoya yo...

-Sssh, solo he llamado para que lo supieras, y por si algún día tenemos que coger a madre y salir de la mansión.

-¡Si, por supuesto! Podéis venir aquí.

-¿No tienes que consultarlo con tu marido?

-Shido estará de acuerdo conmigo. Ya nos conocemos.

-Me alegra que a alguien le vaya bien con su pareja, al menos.

-Kyoya, no bromees. Y por favor, ten cuidado: cuida de madre, pero cuida de ti también.

-No te preocupes, no haré ninguna tontería.

-Avísame si pasa algo más, sea lo que sea.

-Lo haré.

VII.

-Fuyumi, estamos en el hospital. ¿Estás sola en casa? ¿Le importa a Shido si...? Vale, vale. Están mirando a madre ahora mismo, en cuanto terminen vamos para allá: no pienso volver a poner un pie en la mansión Otori con ella. No, no estoy solo, Tachibana está conmigo. Nos vemos en un rato. Si... si, estoy bien.

VIII.

-Kyoya, voy a pedir el divorcio. He aguantado demasiado tiempo así, pero ya no puedo más.

-Lo sé, madre. Con los informes del hospital conseguirás el divorcio seguro.

-Pero la prensa...

-¡Madre! ¡No puedes pensar en la prensa! ¡Ni en nadie más que en ti! ¡No eres feliz con Yoshio! ¡Nunca lo has sido!

-Eso no es cierto, Kyoya. Al principio si: al principio Yoshio era el marido perfecto. Pero su obsesión con el trabajo amargó el resto de su vida. De nuestras vidas.

-El Yoshio de ahora no es aquel con el que te casaste. Mírate, todas estas marcas que llevas las ha hecho él. Y...

-Lo sé. Siento que te haya hecho daño a ti también, hijo.

-No tienes por qué sentirlo. Tú no has hecho nada.

-¡Por eso! Por no hacer nada estamos en esta situación. Mañana mismo vamos a un abogado y... ¿Pero qué...?

-¡Madre!

.

.

.

I.

-Esa misma noche fue el accidente: madre tenía hace tiempo los papeles del divorcio, pero sabía que Yoshio no los querría firmar porque sería "deshonrar al nombre Otori". Con los informes del hospital sobre el maltrato un jurado le daría el divorcio seguro; y Yoshio organizó un "accidente" de coche esa misma noche. Nunca llegamos a casa de mi hermana.

-¿El Sr. Otori prefería a su mujer muerta que el divorcio? -preguntó Haruhi, pasmada- ¿Todo por "mantener el honor de la familia"?

-Eso parece -susurró Kyoya, que aceptó con un movimiento de cabeza la botella de agua que le ofrecía Mori: era la primera vez que hablaba tanto desde antes del accidente.

-Pero habéis sobrevivido -declaró Tamaki, señalando el móvil-. Tu madre te acaba de llamar, sigue viva a pesar de que todo el mundo dice que murió en el accidente.

-Si, los tres seguimos vivos. Tachibana fue el que menos daños sufrió aquel día, y pudo llamar a la ambulancia: es gracias a él que seguimos vivos. Pero Tachibana también fue el que vio al conductor con el que chocamos y lo reconoció: era uno de los guardaespaldas de mi padre. Con su coche propio y vestido como una persona cualquiera, pero entonces supo que ese accidente no había sido por casualidad. Cuando llegamos al hospital, además, madre tenía que ser operada, y Yoshio se negaba a permitir la operación.

-¿Cómo es que está viva, entonces?

-Gracias a Akito. Si, yo también me sorprendí cuando lo supe. Por lo que me contó mi hermana, en el hospital estaban Yoshio y Akito, y Tachibana habló con mi hermano contándole todo lo que estaba pasando: las discusiones, el maltrato, el divorcio, el accidente... Akito habló con Yoshio y lo logró convencer de que dejara vivir a madre, que se la llevaría con él al extranjero y que viviría allí con otro nombre. Así, Shizuka Otori está oficialmente muerta, pero vive en el extranjero bajo otro nombre; al fin y al cabo, seguía siendo la madre de Akito también, no podía dejarla morir sabiendo que podía salvarla.

-¿Y tú? -preguntó Tamaki, inclinándose hacia él- ¿Por qué sigues aquí? Yoshio podría haberte matado a ti también, o podrías haberte ido al extranjero con tu madre. ¿Y Tachibana?

-Tachibana es ahora guardaespaldas de mi hermana Fuyumi. Yo me quedé aquí porque después del accidente entré en coma: me di un golpe en la cabeza y así no podía ir a ningún sitio; además Yoshio no vio amenaza alguna en un chico dormido, así que me dejó estar. Pasadas unas semanas desperté, y es cierto que entonces no recordaba nada ni podía hablar por el golpe en la cabeza, pero en cuanto empecé a recordar algo, comencé a mandar mensajes a mi hermana. Ella vino a verme aquí y me contó todo lo que había pasado que yo no recordaba, pero en una de sus visitas Yoshio vino con ella y me amenazó con que si decía algo de todo el escándalo, él mismo se aseguraría de que madre muriera de verdad.

-Entonces -interrumpió Haruhi-, decidiste quedarte aquí, siendo el chico mudo y con amnesia para que tu madre pudiera seguir viviendo.

-Exacto.

-¿Dónde está ella ahora? -preguntó Mori.

-No lo sé, sólo tengo su número de teléfono -mientras decía esto Kyoya se pasaba el móvil de una mano a otra-. Hablamos muy poco, muy de vez en cuando, pero prefiero no saber dónde está: es más seguro para ella. Además, sé que está bien: el doctor Sora está viviendo con ella.

-Y ahora, ¿vas a seguir aquí? ¿Encerrado?

Tras la pregunta de Tamaki un gran silencio cayó sobre la sala: ninguno podía imaginar lo tediosa que podía ser la vida encerrado en un hospital sin tener ninguna enfermedad real.

-Al principio pensaba fingir que aprendía a leer y escribir poco a poco, y salir de aquí cuando cumpliera la mayoría de edad para irme a vivir solo mientras estudio en la universidad.

-¡Claro! Nosotros este año comenzamos la universidad, ¡vente con nosotros! -exclamó Tamaki, imaginándose la perfecta vida universitaria.

-Ojalá pudiera hacerlo, Tamaki -respondió Kyoya-. Pero el ataque de vértigo de anoche no me vino solo: Yoshio estuvo aquí.

Mori se levantó de golpe ante eso, Tamaki y Haruhi también irguiéndose alarmados en sus asientos.

-Tranquilos, no me hizo nada. Gracias a que saltó la alarma para que viniera la enfermera tuvo que irse para que no le cogieran de noche en el hospital, cuando las horas de visita ya habían acabado. Pero tiene a gente vigilándome porque se enteró de que estuve en el Host Club, cuando nuestro trato era que me quedara en el hospital.

-Pero... ¡pero eso es injusto! -se indignó Tamaki- No puede mantenerte aquí encerrado para siempre.

-Yo pensaba marcharme en unos meses, como ya os he dicho. Pero ahora me temo que cualquier cosa que haga pondrá a mi madre en peligro. Yoshio me dijo que hablaríamos pronto, así que tendré que esperar hasta entonces a ver qué es lo que pretende hacer.

Kyoya estaba con la cabeza agachada, mirándose las manos, con lo que sólo oyó el movimiento de alguien levantándose y la mano pálida de Tamaki cogiendo el móvil.

-Kyoya... ¿confías en nosotros?

El joven asintió, sonriendo: unos chicos a los que había conocido hacía apenas unos meses eran las personas en las que más podía confiar ahora mismo.

-Perfecto, porque te vamos a sacar de aquí.