Capítulo 7: Fin de la misión e inicio de los problemas

Lucy y Happy estaban temblando suavemente en sus ataduras. La gruesa cuerda abrazaba sus abdómenes, y mantenía sus extremidades en la espalda. No era una posición muy cómoda para el gato ni para la chica, pero ninguno era tan suicida como para quejarse. No con la chica de cabellos rojos que los fulminaba con la mirada parada ahí mismo. Finalmente pudieron dar un respiro cuando la atención de Erza fue dirigida hacia los tres magos y la gran rata que también había atrapado.

–¿Quién es ese tal Reitei? –preguntó ella, apuntando con su espada a un mago con apariencia de león.

–N-nuestro líder. –respondió él asustado. Intentaba no temblar ante la intensa mirada de la pelirroja, cuya rabia estaba casi al tope por tener que atrapar además a Gray y Natsu.

–Es muy apuesto. Ai~ –dijo soñadora una chica de cabellos rosados, con la mirada perdida.

–Descríbelo. –demandó Erza, apuntándola ahora a ella con su espada. Sólo con ver su mirada pudo suponer que no le daría ninguna información muy valiosa.

–T-tiene el cabello en puntas, de color gris claro, algo azulado. Oh, ¿Tal vez blanco?

Sólo con oír ese color, le dio un mal presentimiento. –¿Su edad? –preguntó.

–C-como ella, más o menos. –dijo, mirando a Lucy.

Erza continuó. –¿Su magia?

–Magia de hielo, por supuesto. –respondió arisca la chica.

–Él grita 'Ice Make' cada vez que hace un ataque, ¿verdad? –dijo Erza, más como afirmación que como pregunta.

–S-sí. –respondió otro de los magos.

Hubo un silencio después de esa respuesta. Finalmente, Erza envainó su espada y empezó a dirigirse al bosque, pero paró abruptamente y gritó un nombre, con furia.

"¡LYON BASTIA!"

Lucy y Happy temblaron.

(En otro lugar)

–Retei- sama, ¿Todo en orden? –una figura le preguntó al peliblanco mientras se estremecía.

Lyon se forzó a responder calmadamente que todo estaba bien. Pero no lo estaba, por dentro, empezaba a sentir miedo. Observó su bebida. El recuerdo de una chica pelirroja invadió su mente, y un escalofrío le recorrió la columna vertebral.

(En el bosque)

Calor.

Eso fue lo primero que sintió Gray. Sus sentidos aún no despertaban del todo, pero el calor era agradable. Podía notar que ya no era completamente de noche, pero aun así quería descansar un poco más. Se acurrucó para pegarse incluso más a la fuente de calor, que lo hacía sentirse seguro y protegido. Como si ese fuera su lugar.

Natsu se sonrojó ligeramente cuando Gray lo abrazó con más fuerza. El submissive dejó escapar un suspiro de puro gusto cuando el mayor lo acomodó mejor en sus brazos. Había puesto la cabeza de cabellos oscuros entre su cuello y su hombro derecho, y con su mano izquierda le protegía la nuca del frío de la madrugada. El Dragon Slayer sonrió, era una suerte que su elemento siempre lo mantuviera caliente. Natsu cerró los ojos e intentó descansar, porque necesitaba recobrar sus energías. Una sonrisa se formó en sus labios. Sentía tan natural tener al menor entre sus brazos, como que ambos habían nacido para que sus cuerpos encajaran.

Debía ser sólo porque compartían calor corporal. Sí, sólo eso y nada más.

(En el gremio)

–¿¡Que Natsu qué!? –gritó Laxus a través de la Lácrima.

–Sí, fue a una misión de clase S. Pero no te preocupes, Erza los traerá a él y a los otros de regreso muy pronto." le aseguró Makarov al padre de Natsu.

Una sonrisa traviesa se posó en los labios del rubio. –Ése es mi hijo.

–¡Es peligroso, Laxus! –gritó exasperado el viejo al ver la reacción de su nieto. Estaba esperando que por lo menos se preocupara un poco.

El otro se encogió de hombros. –Se las arreglará, confío en él. –dijo con orgullo-. Es fuerte, viejo.

–No lo suficiente para una misión clase S. –respondió.

–¿Qué están diciendo ustedes dos sobre Natsu y misiones clase S? ¿Natsu fue a una? –preguntó Fried, llegando recién y parándose junto a su esposo. El rubio se puso rígido al notar la preocupación en el tono del otro. Para él estaba todo bien, pero estaba seguro de que Fried no se alegraría de oírlo.

–No, no es nada. –dijeron Makarov y Laxus al unísono, lo que desafortunadamente hizo que el otro sospechara más.

–¿Laxus?

–No, de verdad, no es nada.

–¿Maestro?

–E-es verdad.

–Yo soy el que lo trajo al mundo. –dijo él, con voz calmada pero una expresión que contradecía su tono. –Díganme, por favor.

Laxus suspiró y miró una vez más a la Lácrima. –Hablamos luego, viejo-. Y la imagen de los dos se desvaneció de la Lácrima de Makarov.

Makarov suspiró, esperando que Fried se tomara tan bien las noticias como lo había hecho Laxus. Pero lo que más esperaba era que Erza trajera a todos a salvo. Todos los miembros del gremio eran sus niños, incluso aunque Natsu fuera el único realmente de su sangre al ser su bisnieto. Tenía que cartigarlo a él, a Lucy y a Gray y hacerles entender que aún no estaban preparados para misiones de esa magnitud. No los quería en situaciones que atentaran contra sus vidas.

(Al día siguiente, en el bosque de la isla)

La cara de Gray estaba totalmente roja. Intentaba inútilmente liberarse del abrazo de Natsu, pero a cada movimiento que hacía, el otro apretaba más el agarre. Era tan vergonzoso; no quería que el otro se despertara ya que eso sería aún peor. Por ello el pelinegro no podía, como hubiera querido, liberarse del mayor. La posición en la que estaba era horrible; se encontraba encima de Natsu, que no lo soltaba. Comprometedor.

Gray se puso de color rojo más oscuro cuando notó los músculos del torso de Natsu abajo de él. Los podía sentir a través de la ropa, ante el mínimo movimien- sacudió la cabeza con furia ante sus pensamientos.

Inhaló y exhaló para calmarse. Estar tan cerca de su amigo hacía que su corazón latiera más rápidamente. Intentó recostarse de nuevo, pero apenas se echó, volvió a levantarse, nervioso. Mientras observaba los rasgos del mayor, pensaba que podría ser un buen dominante, sonrojándose aún más ante sus pensamientos.

¡Eso era! Estar cerca de Natsu lo hacía perder la cabeza.

Gray intentó separarse nuevamente, esta vez utilizando toda su fuerza. Finalmente logró liberarse de Natsu, pero él se despertó abruptamente con un rugido. Movió la cabeza hasta que encontró a Gray, parado justo frente a él con un tenue color rosa en su cara, que lo hacía ver de cierta manera tierno.

–Hora de despertar. –anunció incómodamente Gray.

–Sí, sí. –respondió entre bostezos el mayor, rascándose la nuca. –¿Ya estás listo? –preguntó, dirigiendo su mirada al templo del que ya se habían alejado.

–Sí, es hora de meterle un poco de sentido a la cabeza de Lyon.

–¡Bien! ¡Estoy encendido! –exclamó el Dragon Slayer entusiasmado. El ruido que salió de su estómago malogró la imagen que había dado hace unos momentos. Rió despreocupado –Primero comamos algo.

–Como se esperaba de un imbécil como tú. –dijo el menor sonriendo con ternura.

–¿Qué? ¿Tienes algún problema? –Natsu frunció el ceño, mientras que seguía al menor que ya se había alejado un poco.

Empezaron a buscar algo de comer. Después de desayunar un poco de fruta fresca y algo de carne recién cocida, estaban listos para la pelea.

(Después)

Ya era de noche, y la batalla en el templo aún no terminaba. Por un lado estaba Erza, que sentía la magia de Natsu en otro lado del templo, además de la de Gray y Lyon, también en otro lugar. Ella estaba espalda con espalda con Lucy, peleando con algunos magos debiluchos. De pronto la guerrera vio una luz morada que ingresaba desde el cielo. La Gota de la Luna.

Se preguntaba quién podía haberla activado, si había derrotado a la mayoría de magos. Pero quienquiera que estuviera allí, debía detenerlo.

–Lucy, ¿Puedes acabar con los que quedan? –le preguntó.

–Sí, no hay problema-. dijo la bella joven mientras sacaba la llave de Cáncer.

Por otro lado del templo, estaban Gray y Lyon. El submissive se abrazó a su abdomen, adolorido. Lyon lo había golpeado allí repetidas veces, sabiendo que era su punto débil. Pero el menor había ganado, y con su mano temblorosa tocó la cabeza del otro, que estaba inconsciente, y acarició suavemente los cabellos blancos.

–¿Por qué no esquivaste mi último ataque? –dijo al aire el mago de pelo negro. –Eras capaz de hacerlo.

Gray se mantuvo sentado allí, viendo a su prácticamente hermano mayor casi muerto. Deseaba que las palabras que le había dicho antes de dejarlo inconsciente fueran suficientes para convencerlo de ir a Fairy Tail. Si no, igual lo llevaría por las malas.

Unos segundos después, un rugido aterrador se oyó, haciendo un terrible eco en las paredes del templo. Gray giró su cabeza en dirección a donde había oído el ruido con una expresión aterrorizada. La conocía muy bien. –Deliora. –susurró. Pero no tenía tiempo para ser débil. Tenía que dirigirse al lugar donde estaba ese demonio.

Forzó a su ya exhausto cuerpo a continuar corriendo. No estaba seguro de si podría detener a Deliora, pero en tal caso lo sellaría, tal y como lo había hecho Ur. La tristeza lo invadió al pensar en Natsu.

Y finalmente allí estaba, frente a Deliora. El hielo alrededor de su cuerpo estaba casi derretido. Gray caminó hacia el demonio e ingresó al pequeño lago que se había formado del hielo derretido. Se metió hasta las rodillas y se mantuvo calmado. Tomó su posición para la magia de sellado del Ice Shell. Un aire frío rodeó su cuerpo instantáneamente, y cerró los ojos mientras rostros familiares llegaban a su memoria: cuando llegó el de Ur, su corazón se encogió. Ella había usado el Ice Shell para salvarlo del monstruo, y ahora era su turno de salvar a todos los demás.

–Natsu, todos, lo siento. –susurró, para luego gritar…

"¡ICE SHELL!"

Pero de pronto, frente a él apareció una cabeza de cabellos rosados. Los ojos de Gray se abrieron ante la sorpresa: su mejor amigo estaba parado frente a él, dándole la espalda y mirando fijamente al demonio.

–¡…Natsu!

–Pelearé. –anunció él.

–¡Muévete, Natsu! ¡Estás en mi camino! –gritó terco el menor.

–Antes, no dejé que hicieras el Ice Shell porque no quería que murieras. Parece que eso no te importa.

Gray parpadeó al recordar el momento. De alguna manera, sus palabras le habían llegado al corazón.

–Si vas a usar esa magia, hazlo ya. –continuó Natsu rígidamente.

–Natsu… –antes de darse cuenta, ya había cancelado su magia. Sólo se quedó allí, mirando la espalda del mayor. Deliora rugió nuevamente y sus ojos se concentraron en el Dragon Slayer. Natsu le devolvió una mirada rabiosa y activó sus puños de fuego, mientras el demonio lanzaba un puñetazo colosal hacia él. Fue como si fuera en cámara lenta para Gray, y Natsu no parecía mover un músculo.

–¡Esquívalo! –le rogó gritando a Natsu.

El flameante puño de Natsu chocó contra el gigante de Deliora; ambas partes rugieron salvajemente, dándolo todo. Entonces algo increíble, completamente imposible, ocurrió ante los ojos negros de Gray. Deliora se había rajado.

–¿Qué? –jadeó él sin aliento.

La rajadura de Deliora empezó a expandirse, y después, pedazo por pedazo, fue cayendo. Natsu, casi tan sorprendido como Gray, se alejó de la gran criatura.

–No, no fui yo. En realidad no hice nada. –dijo él confundido mirando de Gray a Deliora y de Deliora a Gray.

–¿Cómo…? –dijo el más joven, caminando lentamente hacia su amigo.

–Parece que la fuerza vital de Deliora desapareció por el hielo de Ur. –dijo una voz familiar desde detrás de ambos, que voltearon instantáneamente. Natsu fulminó con la mirada a la persona con la que se encontró.

–Lyon. –lo llamó Gray.

El nombrado caminó hacia ellos, con la mano sobre su hombro adolorido. Apresuró el paso hacia Gray, pero Natsu anticipó el movimiento y se paró frente a él, protegiéndolo. Estaba listo para pelear, pero una mano en su hombro lo detuvo, por lo que se hizo a un lado con recelo.

–Está bien, Natsu. No lo voy a lastimar. –dijo Lyon parándose frente a ambos. Extrañamente, se sentían como si la cercanía de ese momento fuera cosa de todos los días. Como si Lyon nunca los hubiera abandonado. La nostalgia se apoderó de los tres corazones.

El de pelo blanco no podía negar que había extrañado a todos sus compañeros; Natsu, aunque enojaba a Lyon, también era su amigo, y Gray era lo mejor que le había pasado en la vida.

–Uugh. –dijo de improviso Gray apagadamente, cayendo. Afortunadamente Natsu lo atrapó a tiempo.

–Oi, Gray, ¿Qué pasó? –preguntó Lyon, sosteniéndole el brazo.

–¡Es en parte tu culpa, sabes! –gritó Natsu, fastidiado.

–Este no es el momento, Rosadito, ayúdame a sacarlo del agua. –dijo él calmadamente, lo cual molestó aún más al mago de fuego.

–¿Qué me has dicho, estúpido cubo de hielo?

–Que te apures, rosadito. –dijo Lyon, serio pero algo contento al oír el viejo apodo que le dio Natsu.

–¡Ha! Oblígame, bastar…

Un suave y desesperado quejido que salió de los labios de Gray rompió la discusión. Había sonado tan tierno, tan submissive. Natsu y Lyon se sonrojaron antes de apurarse y sacar al menor del agua. Una vez que lo sacaron y lo acostaron en la tierra, se sentaron a su lado. El de pelo blanco observó el rostro del menor; lucía cansado, y lo peor es que era él quien lo había hecho lucir así.

–Lo has cuidado bien. –dijo Lyon con una sonrisa nostálgica.

–No lo necesita, sabe cuidarse solo. –dijo molesto Natsu, aún a la defensiva.

–Entonces no tengo de qué preocuparme. –respondió el de ojos azules mirando al agua.

Natsu escudriñó al otro con la mirada. –¿A qué te refieres?

Lyon se encogió de hombros. –No puedo volver a Fairy Tail así de fácil, ¿No? Después de todo.

–Tú puedes y lo harás. –dijo una voz femenina dura como la piedra. Con sudor frío, Natsu vio a Titania detrás de Lyon, con un aura maligna rodeándola. Lyon se estremeció y jadeó mientras una mano le tocó el hombro herido.

–Dejaste Fairy Tail sin la ceremonia apropiada, lo que significa que aún eres un mago del gremio. Si quieres dejarlo, ve con el Maestro y díselo. Así que te vienes con nosotros. –dijo ella, aplicando fuerza al hombro de Lyon, quien nuevamente se estremeció.

–No espero ninguna objeción, Lyon Bastia.

–S-sí señora. –tartamudeó él, sin si quiera voltear a ver la furiosa cara de la mujer.

–Bien. –sonrió ella, soltándolo.

(Después)

–¡Sí! ¡Lo hicimos! Terminamos una misión de clase S. –exclamó Natsu, chocando entusiasmado su mano con la de Lucy.

–Tal vez después de esto podamos ir al segundo piso. –deseó la bella rubia, ilusionada. La mirada en la cara de Erza les quitó toda esperanza que pudieran tener.

–¡Cierto! –dijo dramáticamente la maga estelar. –¡Vamos a ser castigados!

–No me digan que vinieron a hacer esta misión sin el permiso del Maestro. –dijo Lyon, divertido.

–No, el Maestro ni si quiera se había enterado en primer lugar. –respondió la pelirroja con un tono que hizo que a Natsu, Gray y Lucy les diera un escalofrío.

–Están jodidos. –les dijo el peliblanco a los tres.

–Tú lo estás más. –le dijo Happy a él, sacándole la lengua.

–¡Ha- maldito gato!

Todo se volvió más tranquilo el resto de la misión. Con la información de Lyon sobre los aldeanos y la información que había conseguido Erza, ella llegó a la conclusión de que la Gota de la Luna tenía un efecto secundario que soltaba un tipo de capa de gas que cubría toda la isla y afectaba la memoria de los demonios, haciéndolos pensar que eran humanos que se transformaban. La capa había sido destruida por Erza y Natsu y se había hecho trizas, y los aldeanos, o monstruos, recuperaron la memoria.

El grupo de magos buscó el bote y se dirigió nuevamente a su hogar. A continuación, durante los siguientes meses se llevarían a cabo dos grandes eventos:

Volvieron a Fairy Tail, pero cuando llegaron, no podían creer lo que veían. Alguien había destrozado su gremio, y ese alguien era el gremio de Phantom Lord, que pedía guerra. Después de muchos acontecimientos finalmente ganó Fairy Tail, y consiguió dos nuevos miembros: Gajeel Redfox y Juvia Loxar. Otro gran evento tomó lugar más adelante. Erza se encontró con problemas de su pasado, que envolvieron a Etherion y a la casi-muerte de la pelirroja, además de la muerte de Simon, uno de sus viejos amigos. Fue triste que después de tantos años al fin se reunieran y que todo acabara así. Y Jellal, nadie sabía a dónde había ido a parar después de todo eso.

Pero eventualmente todo se resolvió, reconstruyeron el gremio y Erza se curó perfectamente de sus heridas, y todos los magos de Fairy Tail se preparaban para su gran festival. Prácticamente toda Magnolia iba a ir, y había tiendas de recuerdos con Hadas y figurillas de los magos del gremio, además de muchas otras cosas con el tema de Fairy Tail.

Pero nadie sabía que otro gran problema se avecinaba. Especialmente para Natsu y Makarov.

(En otro lugar)

Laxus se despertó abruptamente. No había ningún ruido, todo estaba en calma, pero él sabía que algo o alguien muy peligroso estaba ahí. Atrajo a Fried hacia él por debajo de las sábanas. El submissive de pelo verde dormía plácidamente a su lado, con un aspecto tierno y delicado.

Una voz habló desde la oscuridad. –No te preocupes, Laxus-chan. Los submissive no son mi tipo.

El rubio saltó de la cama al escuchar esa voz. La conocía muy bien y quería ir a golpear al dueño, pero por nada del mundo dejaría solo a Fried para ir a buscar al que había hablado. Igual no tuvo que alejarse de su amado para encontrarlo: una figura oscura apareció frente a él. Laxus preparó sus puños con chispas de electricidad.

–¿Laxus? –la voz medio dormida de Fried llegó a sus oídos.

–Quédate ahí, Fried. –ordenó en tono dominante.

–No, no, no, no está bien esconderme de tu amante, Laxus-chan.

–No amante, Esposo. –corrigió secamente Fried, despertándose por completo. Laxus lo acercó a él y le dijo que se mantuviera quieto y en silencio mientras se paraba de la cama.

Fried se mantuvo obedientemente donde Laxus le había dicho que esté, y miró a la persona extraña. No lo conocía, pero le sonrió de una manera que lo hizo sentirse congelado.

–Oh, pero si eres muy lindo. –dijo el hombre mientras abría los brazos y se acercaba al de pelo verde, esquivando rápidamente a Laxus y subiendo a la cama. –Qué, ¿No le das un abrazo a tu suegro?