¡Buenas noches!
Como lo prometido es deuda! Aquí les traigo el final de esta rápida historia. Muchas gracias por los RW y follos/favorite - estos he tenido a montones! - me alegran el día, la vida y el alma.
¡Que disfruten!
Los personajes de glee no me pertencen.
Viaje con amigos
Llevaban saliendo tres meses. No los mejores, porque como toda pareja tuvieron sus altos y bajos. Los celos insignificantes de Quinn, celos de Rachel por varios motivos. Peleas bobas, reconciliaciones. Salidas. Su primer mes. Dormir juntas. Cenar. Presentarse a los padres de cada una. Segundo mes. Más ceretanas. Muchos regalos. Tercer mes. Sorpresas. Chocolates. Risas. Pero en definitiva los mejores días de sus vidas desde que empezaron una relación.
Era su última semana de clases antes de salir a unas cortas vacaciones. Ya tenían todo planeado. Irían a una casa en la playa de Sam. Beberían, comerían, y por sobre todo disfrutarían y mucho más por estar rodeadas de gente que las quiere.
Pero antes de todo eso, tuvieron una ligera discusión.
Rachel había estado viendo a escondidas a su madre biológica. No es que para Quinn estuviera mal, por el contrario se sentía feliz que entre ellas naciera, por ahora, una amistad antes de lograr llamarse "mamá" o "Hija" respectivamente. El hecho era que le había escondido lo que estaba sucediendo. Quinn la había notado algo extraña el último par de semanas. Por lo que un día decidió seguirla. Si no estaba bien, pero temía que esta la estuviera engañando o algo. Se encontró con algo más. Cuando llegó a aquel restaurante en donde se encontró la morocha con su madre Quinn quiso ir a decirle algo pero no era justo arruinar su momento. Así que decidió esperarla por su casa.
Pasaron horas, hasta que por fin hubo señales de la morocha.
-¿Por qué me mientes? – dijo detrás de Rachel justo antes de que esta abriera la puerta.
-¡Quinn! Me asustaste – tenía su mano en su pecho - ¿de qué estás hablando?
-Hablo de que no sé cuánto tiempo llevas viendo a tu mamá y no me habías dicho ni una sola palabra – se notaba su enojo.
-Quinn por favor baja la voz – suplicó.
-¿por qué? – la retó.
-Si te calmas un poco te contaré todo – trato de tomar sus manos pero la rubia se alejó.
-No, no tienes que explicarme nada. Sabes perfectamente que odio que me mientan. Va, me parece perfecto que quieras a tu mamá pero porque prohibirme el hecho de gozar esa felicidad contigo? – Quinn parecía herida – En serio me molesta que hayas tomado esa decisión.
-No es lo que parece, es mucho más complejo – se pasó una mano por su cabello.
-¡ah sí! – exclamó.
-Baja la voz – volvió a repetir.
-¡¿Por qué tendría que hacerlo?! – gritó.
-Mis papas no lo saben – dijo entre dientes.
-¿Cómo? – ahora estaba incrédula.
-Quinn mis papas no lo saben y por eso no te lo había dicho pero no! – estaba perdiendo los estribos – vas, me sigues, luego vienes a reclamarme y tras eso no me dejas comentartelo de forma civilizada! – alzó ligeramente la voz.
-Pequeña, yo…
-¡Nada de pequeña! No podía decírtelo porque sabía que estarías en contra de que la viera a escondida de mis padres ¿contenta? Ahora ya lo sabes – se cruzó de brazos.
-Claro que no estoy contenta! Me has mentido.
-¡Tú me has seguido! – dijo en tono de desaprobación.
-Temía que me estuvieras engañando – dijo casi perdiendo la voz al final.
-¡Por Dios Quinn! ¿cómo puedes pensar en eso! ¡Es el colmo! – pasó sus manos por su rostro.
-Tengo miedos. Habían motivos.
-Vete – miró fijamente a la rubia.
-¿por qué? – se enojó,
-No quiero seguir discutiendo. Necesito estar sola.
-No voy a irme – fue escueta.
-¿Qué? ¿Por qué? ¿Acaso piensas que me voy a ver con alguien? – esa fue la gota que derramó el vaso. A los segundos Rachel se arrepintió pero no pudo corregirlo por que la rubia ya se había ido.
Rachel había sido clara. Necesitaba estar sola porque sabía que diría algo de lo que se arrepentiría y ahí estaban las consecuencias.
Eso había sucedido el lunes. Ahora era viernes y Rachel andaba como loca buscando a su rubia para hablar con ella y solucionar todo. No quería que este viaje la pasara de lo peor, tan cerca de ella pero sin ella.
-Por favor dime que Quinn si irá al viaje – estaba angustiada.
-Si irá, tranquila. ¿tienes algo planeado para solucionar lo que hiciste?
-¡Por supuesto Santana! – la abrazó rápido de la emoción que tenía.
-Agh! Berry contrólate. Nos vemos en la nocje.
-¿A las 9pm? – la latina asintió y se retiró.
Viajarían aquella misma noche para que al llegar a la playa pudieran ver el amanecer.
Las clases de ese día pasaron volando para Rachel, y sin noticias de Quinn. Llegó a su casa, ya tenía sus maletas hechas. Solo repasaba el plan que tenía. Tendría que salir perfecto. Primero que ella había sido la de la idea en salir a tal hora. Ahora solo faltaba concluir con aquello.
Las nueve de la noche llegó rápido. Ahí estaba Quinn en su auto con Santana, Brittany y Mercedes. Ella iría con Marley, Artie y Sam en el carro de este último. El viaje duró unas cuantas horas. Cerca de las tres de la madrugada ya estaban todos en la casa de playa.
-¡Hay que empezar a festejar desde ya! – gritó Sam saliendo por la puerta trasera de la casa hacia los demás que se encontraban en la arena con una fogata en el centro.
-¡Si! – gritaron todos al unísono. Mercedes fue a por una grabadora para poner música. Santana por algo de comida.
Solo era cuestión de tiempo para que todos estuvieran borrachos, tal vez Quinn. Pero no importaba. Ese momento lo aprovecharía con la rubia.
Pasaron las horas y ella de lejos observaba a la rubia. Esta la estaba pasando de lo mejor. Empezaron a hacer concursos y ese tipo de cosas, estaba ya totalmente ebria. Y se tiró en la arena esperando que el mareo se le pasara un poco.
-Quinnie… ¿estas bien? – escuchó aquella voz capaz de traerle la paz y tranquilidad que necesita su vida.
-Amor te he extrañado – dijo aun con los ojos cerrados. ¿Quién podía culparla? Estaba ebria no tenía razón para pensar en lo que decía o hacía, ni tampoco recordaba que aun seguía molesta con su novia.
-¿Quieres ir a caminar un rato? Pronto va a amanecer – dijo esperanzada.
-Un momento en lo que se me pasa un poco el mareo – aun sonreía como tonta y hablaba extraño – bueno vamos – Rachel la ayudó a levantarse.
Empezaron a caminar lento, a causa de la rubia. Esta llevaba su brazo derecho por los hombros de la morocha y esta su brazo izquierdo rodeando la cintura de la otra. Caminaron unos metros hasta que la ojiverde se lanzó a la arena.
-No puedo más – habló entrecortadamente – me da vuelta todo.
-Está bien, podemos quedarnos aquí – se sentó a su lado. Faltaba unos pocos minutos para que amaneciera. No llevaba reloj o su celular pero estaba segura por lo oscuro que se había vuelto el cielo.
Silencio. Sus respiraciones lentas y acompasadas. Rachel pensando en lo que le diría a Quinn para que la disculpara, y la rubia con la cabeza en otro lado que no era el presente, incluso tenía los ojos cerrados.
Cinco, diez, quince, veinte minutos. Se pasaban rápido estando a su lado. Pensaba Rachel. Un ligero color anaranjado comenzaba a aparecer en el horizonte.
-¿Quinn? – Llamó temiendo que esta se hubiera quedado dormida – Quinn – dijo más fuerte moviéndola un poco.
-Estoy despierta – apenas logró decir.
-Te quería pedir disculpas. Sé que lo que hice no estuvo bien y debí decírtelo. Pero es que también temía que se lo dijeras a mis padres y ellos sufrieran. ¡Ponte un segundo en mi lugar! Dime ¿Qué harías en esa posición? – no recibió respuesta – Lamento mentirte, pero son de esas cosas, que por así decirlo, merecen decisiones extremas. No quería lastimarte. Si pensaba decírtelo, es más, pero aún no. Sabía que empezarías a cuestionarte el porque me iba o te cancelaba las citas.
-No digas más – abrió los ojos encontrándose con un cielo naranja mezclado con un azul oscuro y ligeros toques de amarillo – te comprendo, también soy una idiota por pensar cosas que no son, pero es que me da miedo. A veces me cuestiono cómo es que te tengo a mi lado. Algún día no te llegaré a ser suficiente y me dejaras y….
-¡Hey! Amor – tomó sus rostro entre sus manos – no tienes porque pensar eso. Jamás te dejaría tu eres perfecta para mi, ¿me entiendes? – la rubia asintió – te amo – besó sus labios. ¡Dios! Que ya los extrañaba.
-Te amo, pequeña – dijo con un hilo de voz.
Se acomodó detrás de la morocha para abrazarla, claro que si, la había extrañado demasiado. Y así se sentaron a disfrutar del grandioso amanecer.
Este sería el comiendo de unas increíbles vacaciones.
Fin.
La historia ha llegado a su fin!
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NOS LEEMOS EN OTRA HISTORIA!
GRACIAS TOTALES POR LEER ESTE FIC.
