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- ¿Porqué demoraron en casarse?
- Cariño, recuerda que tu mamá es porfiada.
- No es cierto hija, la verdad es que nos sentíamos felices de estar juntos y no encontrábamos que fuera necesario un papel para ratificarlo. Hasta que naciste tú.
- ¿Y yo qué tengo que ver?
- Tus abuelos y la tía de Albert presionaron bastante, pensando en lo beneficioso que sería para ti formar parte de una familia oficialmente constituida.
- Al final cedimos porque de todas formas nuestra vida no iba a variar tanto. El amor, el respeto, el compañerismo, nuestro deseo de vivir juntos no iba a cambiar.
- Además estábamos tan felices de saber tú llegada... cuando el doctor nos confirmó el embarazo de Candy, saltamos de alegría. ¡Habíamos hecho tantas cosas para estar bien y encontrar el momento justo de tener un bebé!
- Tú papá realmente saltaba, se demoró media hora en avisarle a toda la familia.
- Si Anne Marie se embarazara, ¿creen que tía Annie se alegraría?
Y súbitamente la tranquilidad familiar se quebró. Candy miró a su hija absorta, si su sobrina estaba embarazada, no quería ni imaginar la reacción de su hermana. Sintió la mirada de su pareja sobre ella y supo que estaban pensando lo mismo.
- ¿Lo está?
- No lo sé, pero ayer decía que podía ser, que su período estaba atrasado. Mamá, papá, ¿ustedes pueden ayudarla?
- Dile que vaya mañana al hospital.
Albert respiró tranquilo, tras el paso de su sobrina con el ginécologo amigo, éste lo había llamado para decirle que en realidad Anne Marie sólo era una chica inexperta e irregular que estaba recién aprendiendo a usar las anticonceptivas y que tenía menos vida sexual que sus bebés. Ya más relajado, se aprestó para terminar sus consultas del día y volver a su casa.
Candy abrió la puerta y se quedó en shock. En el sofá del living, Niel Legan junior estaba besando a Mary Rose de forma desenfrenada, con sus manos corriendo por su espalda.
- Legan saca tus manos de mi hija, ¡ahora!
- Tía Candy, estoy enamorado de Mary Rose.
- Fuera de mi casa Legan, no te quiero ver ni oír cerca de Mary Rose y si sabes lo que te conviene lo harás, a menos que quieras a Albert tras de tí.
Apenas el joven salió, la mujer se enfrentó a su copia adolescente.
- Sé que te contamos que en nuestra adolescencia tuvimos relaciones sexuales con varias personas. Pero fue dentro de una relación de amor y respeto por el otro. Niel no te quiere, recuerda que hace sólo un mes andaba con tu prima Anne Marie y que ella hoy fue a confirmar que no estaba embarazada.
- ¿No lo está?, por suerte, si tía Anne se entera...
- Nunca lo estuvo, tu prima te mintió. Sí, Anne Marie es completamente virgen. Aunque ganas de compartir cama con Niel no le faltaron, pero al final le dio miedo. Me lo dijo hoy en el ginécologo.
- Mamá, disculpa por esto, pero Niel dice que me ama.
- Sí claro y yo soy Blanca Nieves. Cariño, escúchame bien, esto lo hablaremos con Albert. No te quiero cerca de Niel y si los vuelvo a encontrar juntos me aseguraré de que tenga que irse a otro país.
Candy la vio alejarse llorando y su corazón le dio un brinco. Nunca había regañado a sus hijos de forma tan dura, cierto que tenían disciplina en casa, pero en base a la confianza, la honestidad y las reglas claras. Cuando alguno de los niños cometía alguna travesura siempre eran penados con los postres, la televisión o la computadora. Raramente gritaban, pero ella sabía que esta vez lo había hecho por el bien de Mary Rose.
Dedicó un par de horas a jugar con los mellizos y darse un extenso baño relajante. Sabiendo que Albert adoraba a Mary Rose contarle el suceso de la tarde no iba a ser fácil, pero tenía que hacerlo, mal que mal la educación de sus hijos era cosa de los dos, algo que habían acordado poco antes del embarazo de su primogénita.
Realmente empezaba a detestar sus días libres, cada vez que tenía alguno durante la semana, sin considerar los sábados o domingos, algo sucedía con su hija y sobrina que los ponía de cabeza. Primero el descubrimiento de las anticonceptivas, luego las extensas conversaciones para explicar a su hija la importancia de la confianza y de una vida sexual plena, las interrogantes de su sobrina y ahora esto, Mary Rose y Legan Jr.
Sabía que Albert se pondría furioso, su habitual calma y temple sólo podía romperse por cosas como esa. Sí, las travesuras de los niños también podían molestarlo, pero lo de Mary Rose, su regalona, era algo de otro nivel.
Si había algo que destacar de su relación era el profundo respeto por el otro. Siempre había sido así, cuando estaban en el internado y se dieron cuenta del cariño y atracción entre ambos, conversaron mucho antes de decidir el inicio de las relaciones sexuales. Albert le aseguró desde ese momento que aunque lo deseara si ella no se sentía segura o cómoda no pasaría nada. Y así fue.
