Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer... yo sólo juego con ellos con mucha ilusión y sin ánimo de lucro... mi único pago son vuestros comentarios
Summary: Emily escribe una especie de Diario para que sirva de guía a los nuevos miembros de la manada y sus parejas de imprimación. Historia paralela a Eclipse, pero contada desde el punto de vista de Emily en forma de diario.
~ Emily ~
{ Eclipse }
Capítulo 7: 'Planes de Boda'
Lo primero que Sam había hecho al llegar a casa tras la batalla había sido mirarme a los ojos, llegar hasta mi lado, acariciarme las cicatrices con infinita ternura y besarme intensamente, como raramente se permitía delante de los chicos. Ni que decir tiene que los chicos se pusieron a dar palmadas en la mesa y a pegar gritos de ánimo, amén de alguna sugerencia de que nos buscáramos una habitación. Con la cara toda roja, me separé lentamente de Sam y seguí repartiendo la comida entre los chicos, soltando algún que otro sopapo para que se calmasen. No quise mirar hacia donde estaba Leah, no quería ver su reacción ante estas desacostumbradas muestras de cariño delante de la manada al completo. Ya estaba suficientemente abochornada porque Jacob hubiera tenido que intervenir para salvarla, no quería darle más motivos para sentirse mal. Seguir hurgando en la herida no iba servir de nada, pero tenía una conversación pendiente con ella y no podría esperar eternamente. Sam me había asegurado que el compromiso aun era un secreto. Se lo había logrado ocultar a los demás hasta que habláramos con ella. Le había costado mucho esfuerzo no pensar en el tema cuando estaba en su forma lobuna, pero tenía mucha práctica escamoteándoles a los demás nuestros momentos íntimos. No como el inconsciente de Jacob, que había gritado a los cuatro vientos todos los aspectos de su conflictiva relación con Bella. O como Leah, que hacía a todos los demás lobos involuntarios partícipes de su malestar.
Ahora había una relativa tranquilidad, sin amenazas inminentes a la tribu, con una paz amistosa con los Cullen y con los nuevos adaptándose a grandes pasos a la manada. Ahora era el momento ideal para hacer planes de futuro. Era el momento ideal para planear una boda: la nuestra. Estaba muy ilusionada, pero había un aspecto de todo el asunto que deslucía mi alegría: Leah. Sabía que este acontecimiento le haría mucho daño, a pesar de ser simplemente la confirmación de algo obvio, pero no podíamos esperar eternamente a que superara los suyo con Sam. Le había dado todo el tiempo y el espacio posible dentro de las circunstancias especiales en las que nos encontrábamos, pero la reciente amenaza había puesto todo en perspectiva y éste era un paso que tanto Sam como yo necesitábamos dar. Necesitábamos confirmar ante el mundo entero que éramos uno, que éramos el uno para el otro, que jamás habría nadie más, que nuestro amor era más fuerte que cualquier inconveniente o fuerza sobrenatural. ¿Acaso se puede pedir más? Sí, tener a toda tu familia a tu lado en ese día tan importante. Sí, y también tener a tu mejor amiga a tu lado, apoyándote, siendo tu dama de honor, compartiendo las alegrías y los nervios. A pesar de todas las desavenencias y las situaciones difíciles, mi mayor deseo era poder compartir todo eso con Leah, mi prima, mi mejor amiga, la ex novia de mi prometido. ¿Se pueden complicar aun más las cosas? Seguro.
Habíamos decidido que era mejor que hablara yo con ella, en lugar de Sam. Entre nosotras había más cosas pendientes de solucionar, sobretodo si quería recuperar la amistad que siempre habíamos tenido. Tanto ella como yo necesitábamos a nuestra mejor amiga cerca en estas extrañas circunstancias. No mucha gente estaba al tanto del secreto, por lo que casi no había con quien poder hablar de los problemas derivados de lo de los lobos y demás. Dado que la antipatía de Leah hacia Bella estaba en boca de todos y que Kim estaba demasiado metida en su propio mundo con Jared, ambas estaban descartadas. Tan sólo le quedábamos su madre y yo, y no se puede decir que la relación entre mi tía y ella fuera apta en algún momento del pasado para intercambiar confidencias. Mi tía Sue siempre había sido una persona muy dura y firme, pero desde la muerte del tío Harry y la inclusión de ambos hijos en la manada se había endurecido todavía más. Estoy segura de que si Leah hubiera tenido una persona con quien hablar, en quien confiar, con quien desahogarse, quizás en ese caso todo habría sido diferente para ella y para todos los demás. Ella tenía problemas y yo era la persona más indicada para ayudarla, a pesar de toda nuestra historia previa. O quizás lo era precisamente por toda esa historia previa. Habíamos compartido tantas cosas a lo largo de los años, que seguramente era la persona que mejor la conocía, incluidos los lobos que compartían su mente a diario.
Sabía que Leah no me lo pondría fácil, pero ella era demasiado importante en mi vida como para escurrir el bulto y hacer como que no pasaba nada. Al final me tocó arrinconarla para hablar con ella en un momento que todos los chicos estaban fuera y nadie podía oírnos. Todos estaban patrullando, descansando o haciendo otras cosas y disponíamos de una cierta seguridad, gracias a Sam, de que nadie aparecería por casa en un par de horas. Cuando le pedí que se sentara porque teníamos que hablar me puso mala cara, pero conociéndome sabía que era algo importante o no habría presionado. Ella me conocía a mí tanto como yo a ella y eso no había cambiado a pesar de todo lo que había pasado entre nosotras. No sé cuál de las dos estaba más nerviosa… Quizás yo, pues su respuesta era muy importante para mi felicidad futura. Al principio estaba reticente y rehuía mi mirada, pero según le iba diciendo que la echaba de menos en mi vida ambas nos fuimos emocionando y fue capaz de mirarme a los ojos de nuevo, después de tantos meses, sin dolor ni resentimiento. Ella también me había echado de menos, mucho más de lo que había pensado, pero esta situación con Sam la había superado.
Poco a poco, había ido aceptando que lo nuestro iba más allá de lo que ellos tenían y aceptaba completamente el asunto de la imprimación. Por mucho que le doliera, no tenía más remedio que verme a través de los ojos de Sam cuando compartían la mente de la manada. Sam hacía ímprobos esfuerzos para mantener nuestra relación fuera de su alcance, evitando pensar en mí o en nosotros cuando estaba en forma de lobo, para no compartir esos pensamientos con los demás. Pero no era infalible y a veces se le escapaba algo. Otras veces no hacía falta ni eso, pues con sólo una mirada me transmitía todo un universo de amor y cuando se acercaba a mí al llegar a casa. Era en esas ocasiones cuando tanto Leah como los demás podían hacerse directamente una idea del profundo amor que nos profesábamos Sam y yo. Si estaban los lobos presentes nos daba igual, esas muestras de cariño nos eran tan necesarias como el aire para respirar. Asimilar que tu ex novio quiere más a otra y comprobarlo directamente en su cabeza es seguramente la experiencia más dura que nadie pueda pasar. Y aun así, Leah me demostró que esa parte la tenía superada, sólo fue necesaria una mirada de entendimiento entre nosotras para que todo quedara dicho, aceptado y perdonado. Seguía evitándome porque no quería hacerme daño, ella seguía enamorada de Sam y no quería que yo lo pasara mal por tener que afrontar esos sentimientos por su parte.
No tuve más remedio que estrecharla entre mis brazos, justo en ese momento, consolándonos mutuamente por la situación que nos había tocado vivir. Además, era duro ser conscientes de todo el tiempo que habíamos perdido de nuestra amistad, precisamente en un momento en el cual ambas necesitábamos más que nunca alguien con quien hablar. Terminamos llorando como unas madalenas en los brazos de la otra, casi sin darnos cuenta, desahogando todos los sentimientos reprimidos que habían estado flotando en el ambiente, enrareciendo el aire entre nosotras. Nadie como una amiga para comprender el poder curativo de una buena llantina y un abrazo. Y así seguimos un buen rato, hasta que la marea de llantos remitió un poco y pudimos serenarnos. Cuando al final recuperamos la voz, la amistad estaba restaurada entre nosotras… Todo estaba bien, como debía ser desde un principio. Aprovechamos esta restaurada amistad para hablar de todo lo que no nos habíamos dicho en este tiempo. Y ante todo, le conté los planes que teníamos Sam y yo de casarnos antes de final de año. Era el momento ideal, porque ahora las cosas estaban bastante más calmadas en la manada y con los Cullen. Incluso podríamos hacer una pequeña escapadita para celebrar la Luna de Miel, dejando a Jacob temporalmente al frente de la manada.
La conversación con Leah acerca de mi boda con Sam fue todo lo dura que me esperaba. Al menos podía dar gracias a que habíamos hecho las paces, volvíamos a ser las mejores amigas. Desde pequeñas siempre que nos imaginábamos el momento de la boda con nuestro príncipe azul, la otra estaba ahí a su lado como dama de honor. No tuve que recordárselo. Leah, haciendo de tripas corazón, me aseguró que estaría a mi lado para lo que necesitara, como siempre habíamos soñado. Su cara era todo un poema. Las emociones iban y venían por su rostro, delatando todas las emociones que se guardaba para sí misma. Nunca he estado más orgullosa de ella que en ese momento, viéndola enfrentarse a ese doloroso momento futuro y encarándolo con valentía. Los detalles serían cosa de mañana, sentarse tranquilamente y decidir qué flores usar, la combinación de colores, elegir las invitaciones, encargar un vestido de novia adecuado y un bonito velo. La ropa interior para la luna de miel tendría que escogerla con otra persona, pensaba para mí, pero Leah mencionó una tienda de lencería donde tenía que llevarme y no supe como negarme. Fina es la ralla que separa en estos casos lo amable de lo morboso. No querría hacerla pasar por ello, pero si volvíamos a ser amigas no valían las medias tintas… Iríamos.
Cuando ya tuvimos arreglado el asunto que nos había llevado a tener esta conversación, le saqué el tema de sus otros problemas. Tenía que darle la ocasión de desahogarse de todas las experiencias y sentimientos acumulados durante todo este tiempo. Su incorporación a la manada estaba siendo la situación más complicada que la de ninguno otro. Su condición de mujer-loba, inédita en las Leyendas Quileutes, no ofrecía un marco de referencia en el cual tratar. Entre otros el tema de la desnudez. La ropa no era muy abundante entre los integrantes de la manada y tenían que ser capaces de ponerse y quitarse las prendas muy deprisa, la mayoría de las veces delante de los demás. El tema de que Leah viera a Sam no me preocupaba, eso ya había sucedido en el pasado antes de lo de la manada y no me preocupaba. Pero que Leah fuera observada por los otros lobos en toda su naturalidad podía ser vergonzoso. Al preguntarle me respondió con una sonrisa. Su buen humor de antes volvió momentáneamente, iluminándole la cara y volviéndome a mostrar a la Leah de siempre. Parece que más de un lobo se había llevado un buen mordisco por tener determinados pensamientos acerca de ella. Era imposible que escondieran esos pensamientos cuando compartían la mente de la manada y Leah había castigado duramente a un par de ellos por regodearse en los vistazos escamoteados. Los chicos habían aprendido pronto a tenerle un cierto respeto. Las risas volvieron a doblarnos la una sobre la otra, aguantándonos el estomago por los retortijones de tanto reír.
Cuando al final nos calmamos volvimos a temas más serios, le pregunté cómo era compartir la mente con unos adolescentes. La mirada de resignación me caló hasta el alma. En alguna ocasión, cuando éramos muy jovencitas, habíamos comentado las diferencias entre los chicos y las chicas. ¿Quién entiende a los chicos? Nosotras no, evidentemente. La forma de pensar de los chicos se nos escapaba y según ella, había motivos: ¡Pensaban diferente! Leah podía tener varias ideas o sentimientos a la vez en la cabeza, con mayor o menor intensidad, mientras que los chicos se enfocaban en un pensamiento intensamente. Semejante diferencia hacía que para los chicos el compartir la mente de Leah fuera ligeramente mareante. Eso tampoco ayudaba a que ella se integrara en la manada, los demás intentaban rehuir sus pensamientos y la hacía sentirse aun más excluida. El único que la trataba con normalidad era Sam, precisamente el único que ella habría eludido con gusto. Resultaba humillante para ella que Sam supiera con todo detalle la amplitud de los sentimientos que aun le profesaba. Él no podía hacer nada para cambiar la situación y a Leah nunca se le dio bien que la compadecieran. En ese momento tuve que cambiar de tema. Volvíamos a ser amigas, pero todo era demasiado reciente como para que nos encontráramos cómodas hablando de sus sentimientos hacia Sam.
Mencioné lo de la muerte de su padre, preguntándole cómo lo llevaba ella y los demás. Yo ya sabía por Seth y mi tía Sue cómo estaban ellos, pero no había tenido ocasión de llorar con Leah por su muerte. En el funeral me mantuve apartada de ella, sirviéndole de apoyo a mi tía, pues las cosas entre nosotras aun estaban muy tirantes. Al parecer, todo este asunto de la manada había conseguido distraerla y lo llevaba mejor. Siempre hay que verle el lado positivo a todo, porque siempre existe, solo hay que encontrarlo. Pero el lado negativo asomó también su fea cara. Con mi compromiso se hacía evidente la diferencia entre nosotras: yo seguía con mi vida, casándome, haciendo planes de futuro, quizás pensando en tener hijos, con unas responsabilidades importantes para con la tribu y la manada. Mientras tanto, ella había visto como su vida perfectamente planeada quedaba indefinidamente en suspenso por su condición de loba. Sus posibilidades de encontrar una pareja adecuada se centraban ahora en la imprimación, pues no quería hacer pasar a nadie por lo que había tenido que sufrir ella cuando Sam se imprimó conmigo. Además, ser una mujer-loba no ayudaba a la hora de tener citas o de simplemente conocer a algún chico que no fuera de la manada. La esperanza de encontrar su pareja entre ellos quedaba totalmente descartada a estas alturas. Si tuviera que ser alguno de ellos se habrían dado cuenta hace ya tiempo y eso no había pasado.
Otra preocupación rondaba la mente de Leah y no paré hasta lograr que se desahogara por completo: el tema de los hijos. Leah pensaba que era estéril y que por eso no se había imprimado con ninguno de sus compañeros. Siempre que habíamos hablado del futuro nos veíamos llevando juntas a nuestros hijos al colegio, siendo grandes amigos como nosotras. Pensar que ella o yo no pudiéramos tenerlos era un golpe muy fuerte, rompiendo todos nuestros esquemas. No me podía imaginar mi vida sin ser madre y sabía que ella tampoco. Al pensar en no poder tener hijos estuve a punto de acabar en sollozos, Leah se había enfrentado a ese pensamiento durante semanas, meses. La desesperación la embargaba y yo la comprendía perfectamente. Su desconsuelo era muy tangible. No supe como rebatirle ese argumento en un primer momento y ambas nos quedamos calladas, sumidas en nuestros pensamientos. Al final se me ocurrió una posibilidad remota, pero posible. Los hombres-lobo no envejecen hasta que no dejan de convertirse por una larga temporada. Es decir, no pueden cambiar físicamente hasta que no dejan de entrar en fase de continuo. El cuerpo de una mujer debe cambiar para llevar un embarazo adelante. Pienso que cuando Leah pueda controlarse y deje de transformarse, será capaz de envejecer y con eso debería ser capaz de tener hijos. Mi explicación, chapucera y traída por los pelos, no convenció demasiado a Leah, pero le dio una esperanza que antes no tenía. Después de todo, esta charla había servido de algo. Habíamos recuperado nuestra amistad, yo tendría dama de honor y ella tenía esperanza.
N/A: Espero que os haya gustado este capítulo… Animaos a dejadme vuestra opinión en un review... Recordad que los coments son el único pago de los escritores aficionados
Nos vemos el oróximo Martes por aquí con el final d esta historia... Capítulo 8: "Invitaciones de boda" Os recuerdo que también hay un Epílogo... Muchos besos a todos
