Decidí poner las notas de autor al final de cada capítulo, para no molestarlos maldita sea.
Capítulo VII
Mientras caminaba por los pasillos podía sentir los ojos sobre mí, al girarme los encontraba mirándome sobre sus hombros, susurraban y reían bajo. ¿Por qué lo hacían? Me preguntaba constantemente, aunque siempre sabía la respuesta.
Pensaban que era estúpida.
No era estúpida.
Ellos no me conocían, inventaban historias sobre mí y bromeaban con sus compañeros. Utilizaban cualquier dato sobre mí para poder divertirse un poco.
Intentaba no escucharlos, fingiendo que no sabía que yo era el objeto de sus burlas.
No era estúpida.
Quería creer que no lo era, es decir, mientras ellos se burlaban de mí, yo estaba empacando mis maletas para poder salir de esa ciudad con la cabeza en alto, con una beca en medicina en las manos y con mi mejor amigo, Sam Evans.
Y por supuesto, no era estúpida.
Sabía que Sam Evans tenía un leve enamoramiento por mí, pero fingía que no me daba cuenta porque sabía que no lo correspondía de la misma forma, y no podía engañarlo. Sólo lo veía como un amigo, un hermano. Me gustaba pasar tiempo con él porque me entendía, o al menos, intentaba hacerlo. Me defendía de las personas que se propasaban conmigo, quienes me humillaban y quienes se reían de mí por creer que era estúpida.
Sabía lo que tenía que hacer para que las burlas terminaran, porque Sam me lo había dicho.
Y porque no era estúpida.
Dejé de relatar a la gente mis comentarios sobre Lord Tubbington, uno de mis mejores amigos, oprimí las ganas de mostrarles todos los bonitos trajes que le había comprado y de imitar su gracioso ronroneo cuando le acariciaba por todos lados. Evite hablar de enfermedades de gatos, que al parecer, a nadie le importaba. Paré de hacer bromas sobre personajes ficticios y evité juntarme con algunas personas que Sam no creía actas para mí.
Arrojé todos los peluches que me habían regalado desde que era una niña y pinté mi nuevo cuarto de blanco, recordando mis paredes rosas con motas violetas de la habitación de mi antigua casa.
Hice todo eso porque Sam me lo había dicho.
Y porque no era estúpida.
Al final termine aceptando las insistentes invitaciones de Sam, sobre llevarme a una cita, porque me había dicho que esa sería mi última oportunidad de salir con él y me aconsejó que no la desaprovechara.
Me inquieté cuando me dio a entender que creería que sería estúpida si no aceptaba su oferta.
No quería que pensara que era estúpida.
La cita resultó ser normal, no tuvimos platicas incomodas o risas forzadas. ¿Qué esperaba después de todo? Era el mismo chico que me acompañaba desde la secundaria y me defendía de todos.
Fue muy atento mientras pasábamos tiempos juntos.
Su compañía, al transcurrir el tiempo, comenzó a ser necesaria para sentirme segura de mis demonios internos. Fue por eso que tuve que tomar una decisión.
Porque pensaba que no era estúpida.
Acepté la petición de matrimonio de Sam después de graduarnos de medicina y entrar como residentes en el programa del hospital. Nos casamos por civil ya que no éramos muy creyentes. No celebramos la boda porque el insistía en que debíamos usar nuestros ahorros en una causa más importante ¿Pero que podría ser más importante que nuestro matrimonio? Llegué a creer por un momento que él no pensaba que nuestra boda era algo de su interés.
Lo dejé pasar ya que tal vez tenía razón, tal vez necesitaríamos nuestro dinero en otro momento.
No era estúpida.
Después de nuestra luna de miel todo se volvió gris, aunque fingía que no lo notaba.
Los mimos se habían terminado, los apodos ya no se sentían tan bien, y el despertar a su lado era inquietante. La mayoría de las veces, él insistía en comprarme vestidos bonitos para salir con sus amigos a reuniones importantes para alardear de lo buena que era en todo. Aunque no quería asistir, no me negaba.
Todo porque me decía lo que yo ya sabía.
Que no era estúpida.
Me obligó a tomar clases de cocina, para abrirme a más ''horizontes''. Me dijo que le gustaba que aprendiera nuevas cosas porque sabía que tenía mucha capacidad para ello. Me halagaba diciéndome que era la esposa modelo, así que le sonreía y me enlistaba a nuevos cursos, no porque quisiera, sino porque él me los recomendaba.
Nuestra vida era de en sueño, o eso es lo que quería creer.
Porque, obviamente, no era estúpida.
Volví a sentirme como en la escuela secundaria después de pasar mi examen para convertirme en médica interna del hospital. Sentía los ojos sobre mí, me miraban sobre sus hombros, susurraban y reían bajo.
Mis demonios volvieron a la superficie y comencé a pensar ¿Acaso la gente seguía pensando que era estúpida?
No importaba, sabía que no era estúpida.
Sabía que Sam tampoco creía que era estúpida.
Seguí tratando de ignorar todas las miradas, tratando de no mostrar la inseguridad y la perturbación que me causaban todas las personas del hospital. Seguí con esos sentimientos hasta que descubrí un día, por los susurros del pasillo, que no pensaban en que era estúpida, sino que Sam Evans me era infiel.
¿Pero a quién creer? ¿A las personas que hablaban en los pasillos y me hacían sentir mal o al hombre que me había ayudado desde que tenía memoria?
Por supuesto que no les creería.
No era tan estúpida.
Comencé a mimar a Sam, con la ideas de las personas del pasillo rondando en mi cabeza. El no podría hacer eso, me amó incondicionalmente cuando nadie lo hacía ¿Porqué me dejaría ahora?
Decidí dejar de pensar en eso, porque sabía que no debía darle mucha importancia.
Un día, cuando volvía del hospital, escuche ruidos en la habitación. Me asusté sabiendo que Sam seguiría en el hospital con sus pacientes, ya que le había tocado un caso muy importante en el cual estaba tan involucrado.
Inquieta tomé un cuchillo de la alacena y subí lentamente por las escaleras, sujetándome de las barandillas para no ceder a mis piernas temblorosas. Mis manos sudaban y mis brazos se sentían pesados. Temía lo que pudiera encontrar.
Escuché a una mujer justo cuando abrí la puerta de nuestra habitación.
Solté el aliento que contenía desde mis pulmones, mientras el cuchillo se deslizaba de entre mis dedos.
En ese instante me sentí un poco estúpida después de todo.
No grité ni me inmute, sólo vi a la rubia disculpándose mientras se vestía, recogiendo rápidamente su cartera y llaves.
Sam ni siquiera intentó hablar.
Me sentí utilizada, no se molestó en decir las típicas frases clichés de 'No es lo que parece', sino que dejo que tomara en silencio mis ropas y pertenencias, mientras salía echando lagrimas de aquella casa.
Me sentí estúpida, por supuesto, por haber desperdiciado tanto tiempo con él, sin haberme dado cuenta que sólo me quería como una esposa trofeo.
Me había cambiado, me había humillado, y me había intimidado a hacer cosas por él, de una forma de la cual era inconsciente.
O de la cual era consciente, abnegada a aceptar la verdad.
Todos esos años había seguido sus órdenes. Había cambiado por él y sabía que debía empezar a pensar que no volvería a hacer eso por nadie, porque descubrí que la única opinión que debería importarme y debería escuchar, era la mía.
No era estúpida… O al menos, no volvería a serlo.
No me había sentido así en mucho tiempo y este día no sería la excepción.
Estaba tan furiosa, enojada. Sentía que mi mandíbula comenzaba a apretarse. Sabía que eso era lo que quería, hacerme sentir de esta forma, por eso debía demostrarle todo lo contrario.
Le lancé una mirada sin expresión, sin demostrar los pensamientos que volaban en mi cabeza mientras él me brindaba una sonrisa apretada, esperando a ver alguna reacción, que nunca llego, al menos no de parte mía.
''¡Eres un cerdo!'' le espetó Kurt, rompiendo la invitación y arrojándoselo en el rostro. No pude negar que me sobresalto su estridente voz. Lo tomé del brazo antes de que pudiera golpear a Sam.
No le convenía pelearse con un superior.
''¡El asunto no es contigo!'' gritó, molesto por la interferencia de Kurt. Trató de reunir un poco de cordura hasta que volvió a mirarme, ignorando a Kurt.
''¿Qué dices?'' preguntó, tratando de obtener una respuesta antes de que el castaño pudiera volver a interrumpir. ''¿Asistirás?''
Yo lo miré, tratando de entender por qué volvía a hablarme y más para intentar hacerme sentir enojada, molesta e irritada. ¿Cuál era su propósito?
Comencé a pensar que era un desquiciado, no podía venir aquí; presentarle a su ex esposa una invitación a su boda con la mujer con la que la había engañado durante su matrimonio, con la mujer que la había hecho sentir insuficiente.
Así que volvía a repetir ¿Cuál era su propósito?
Si quería hacer que me sintiera pésima, no lo lograría.
Ya no más.
''No asistiré'' dije encogiéndome de hombros, sin ninguna expresión. Él frunció el ceño sin entender.
''¿Por qué?'' preguntó enojado, haciendo que me cabreara un poco ¿No debía ser yo la que debería enojarse?
''Vamos Sam'' le dije soltando una risita intencionada, el enloqueció más ante la acción ''Sabes que no asisto a los circos desde secundaria'' respondí, sin inmutarme ante su mirada. Las puntas de sus orejas se colorearon de carmesí, indicando que estaba por perder la cabeza.
''¿Por qué finges que no te importa?'' preguntó, con los puños apretados. Me encogí de hombros antes de enarcar una ceja, cruzándome de brazos en mi asiento.
''¿Por qué quieres que me importe tanto?'' le respondí, mirándolo mientras respiraba para poder tomar un poco de autocontrol.
''Kitty y yo nos casaremos'' repitió como si pensara que no entendía la situación.
Como si pensara que era estúpida.
''Y los felicito'' dije con convicción, haciendo que el volviera a fruncir el ceño. Por el rabillo del ojo pude ver a Santana removiéndose en su asiento, haciendo que una llama se encendiera en mi interior ''Mira Sam, creo que esa mujer llego a hacerme un gran favor'' le dije con una sonrisa fingida ''Eres escoria, no necesito esa mierda en mi vida'' dije, levantándome del asiento. ''Ahora, gracias a este espectáculo que le estamos brindando a estos espectadores'' dije señalando todo el comedor, haciendo que las personas que nos escuchaban fingieran volver a sus asuntos. ''Todos saben la clase de persona que eres; un egoísta, ególatra y engreído'' le hablé. El se quedo parado lanzándome dagas con sus ojos hasta que el borde de sus labios se curvaron, no me inmute.
''Siempre fuiste una jodida idiota'' murmuró mientras se formaba en su rostro una sonrisa retorcida ''Y todo el hospital piensa lo mismo'' Me estremecí, mientras miraba sus ojos.
No otra vez. Sabía que no era cierto, sabía que lo hacía para sacarme de quicio. Traté de recordar mi mantra y no perder mi paciencia.
''No, el único idiota eres tú'' escuché decir a la morena sacándome de mis pensamientos, ella rápidamente se levantó a interponerse entre Sam y yo, antes de que Kurt pudiera tirarse sobre él.
''¿Ahora necesitas guardaespaldas?'' dijo Sam soltando una risa, ante la atenta mirada de Santana. Me quedé estática viendo como Santana levantaba y metía su dedo índice en el pecho de Sam, empujándolo.
''¿En realidad sabe lo que todo el hospital piensa, Dr Evans?'' dijo con un gruñido irreconocible, Sam no vaciló y mantuvo el contacto de ojos con la morena, mientras ella seguía señalándolo con su índice. ''La verdad es que nadie nunca pensó eso de Brittany'' le aclaró, haciendo que me quedará estática, pensativa.
''Wouh, ¿Brittany? ¿Desde cuándo empezaron los tuteos? '' preguntó haciendo que Santana se molestara más, aunque ella siguió con su guión.
''Todos piensan que eres estúpido, todo el mundo sabe que no solamente engaño a la mujer, que todos dicen, que es la más bonita, divertida e inteligente del hospital, sino que también saben de su incapacidad cerebral Dr Evans'' siguió con rabia, no podía detenerla, mis músculos parecieron adormecerse mientras la escuchaba. Sam comenzó a ponerse rojo de la ira, mientras miraba a Santana quien seguía con el monólogo ''Todo el hospital sabe que hizo trampa en su examen médico, todo el hospital sabe lo incapaz que es en medicina, todo el hospital piensa que es asqueroso y engreído, y todo el hospital le oculta la verdad para poder seguir burlándose de usted a sus espaldas'' terminó, mientras Sam le bajó bruscamente el brazo con enojo.
Perdí la cordura ante su acción.
''Vuelve a tocarla y estarás muerto'' le dije interponiéndome entre ellos dos, Kurt se acercó a un costado y vi a O'Malley acercándose a nosotros. Sam elevó las cejas.
''Claro que no volveré a tocarla'' dijo, haciendo contacto visual conmigo ''Porque le diré a Sue que la eche hoy mismo'' finalizó con una sonrisa torcida. Escuche a Santana reír a mis espaldas y Sam no lo tomó muy bien. ''¿Qué es tan gracioso?''
''¿Es que acaso no se da cuenta?'' dijo mientras soltaba unas pequeñas risas, quise darme la vuelta para detenerla con mi mirada pero temía que Sam tomara una ventaja. ''La Dra Silvester aprovecharía cualquier momento para deshacerse de usted, hasta ella piensa que es inservible. Incluso pidió que investigaran el fraude que cometió en el examen'' dijo.
Sam dio un paso hacia nosotras con los puños apretados y Kurt, junto con O'Malley, lo sujetaron por los hombros. Haciendo que Santana se burlará de él.
''Vamos, déjenlo que me golpee, así le ahorramos a la Dra Silvester un motivo más para echarlo'' Me di la vuelta para encararla, mientras los chicos empujaban a Sam hacia la salida, mientras éste le gritaba insultos a Santana.
Conocía el carácter volátil de Sam, no quería que haga daño a Santana y menos por tratar de defender la pelea que comencé.
''Basta Santana, lo estas empeorando'' le espeté, haciendo que frunciera el ceño, mientras me miraba a los ojos.
''¿Qué se supone que debía hacer?'' dijo con un tono molesto.
''No debiste haber dicho nada de eso'' le dije, tratando de que entendiera el temor que sentía por lo que Sam pudiera hacerle. Pero no había controlado mi tono de voz, no pretendía que me saliera como un regaño.
Ella asintió con los labios apretados, mientras tomaba la bandeja de la mesa. Traté de detenerla por el malentendido.
''No, Santana-'' le murmuré tratando de que me escuchara, ella negó con la cabeza y junto sus cosas.
''Debo llegar a mi turno'' dijo pasando a mi lado, cortándome ''Perdóneme por haberlo empeorado, Dra Pierce'' dijo dura, antes de apresurarse con enojo hacia la salida, haciendo que me estremeciera ante el sonido de mi apellido en sus labios. Al parecer, volvía a ser la doctora Pierce.
No quería volver a ser la doctora Pierce, al menos, no para ella.
Intenté seguirla pero ella apresuro el paso por los pasillos, la vi a unos metros llegando al elevador mientras pasaba por recepción. Las puertas se cerraron automáticamente haciendo que resoplara impotente.
¿Cuándo podría tener un buen día?
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No pude haber llegado en un momento más lúgubre.
Lenzie estaba conectada a una máquina por miles de cables que la ayudaban a respirar y controlar el pitido constante que indicaba que su cuerpo seguía con vida, aunque su cerebro ya no lo estaba.
Su piel estaba pálida y sus labios azules, tenía una venda que le tapaba la mitad de su nuca, escondiendo la zona que le habíamos rapado para hacerle la cirugía.
Su hermana, Ashley, lloraba mientras su padre trataba de consolarla. Su madre, estaba sentada a un lado de su hija inconsciente, peinando los enmarañados pelos que le caían a su frente.
Comencé revisando la máquina en silencio, tratando de no interrumpir el melancólico momento familiar.
Mi mente estaba tratando de procesar lo ocurrido en la cafetería. No tenía la intención de que Santana se enojara conmigo, no quise sonar de esa forma. No medí mi tono de voz por tratar de que Sam no se acercara a nosotras en el descuido.
Ella se había comportado tan bien, haciéndome sentir mejor, defendiéndome de las palabras de Sam. Era algo increíble, dio la cara por mí enfrentándose a aquel rubio que me había insultado ante todo el comedor. Pero sabía que no podía dejar que peleara mis batallas, no quería que se metiera en el drama de mi vida.
Esperaba poder encontrarla para disculparme.
''¿Puede escucharme?'' preguntó Ashley llamando mi atención. Las lágrimas silenciosas seguían abandonando su rostro y su mano sujeto la de su hermana a un costado de la cama. La miré cariñosa abriendo mi boca para hablar pero una voz me interrumpió.
''Es ridículo'' comentó, haciendo que todas nuestras miradas se dirigieran a ella. ''No puede escuchar ya que el cerebro es el que hace funcionar todo el cuerpo, él único propósito de esa máquina es bombear sangre por el corazón'' explico la Dra Motta, quien se encontraba parada en el umbral de la puerta con sus inquietas manos mirando a la niña conectada a todos esos aparatos, la Dra Bailey la acompañaba en silencio. ''Técnicamente está muerta, sus órganos podrían utilizarse antes de la descomposición'' comentó, traté de frenarla pero volvieron a interrumpirme.
''¿Quién es usted?'' preguntó histérica la niña ''Lárguese'' le pidió con rabia.
''Es una niña joven, tal vez podría salvar otras vidas'' respondió, sin darse cuenta del enojo de la familia ante su comentario.
''Es nuestra hija de quién está hablando'' le espetó con lágrimas la mujer que se sentaba junto a la inconsciente niña. Era el momento de interferir.
''No debería estar aquí, Dra Motta'' le dije amable, tratando de controlar la situación.
''Pero usted necesitaba hablar conmigo, Dra Pierce'' me respondió con la mirada perdida. Yo asentí mientras Ashley volvía a acariciar la mano de su hermana.
''Ella me preguntó donde se encontraba y no tuve más solución que traerla aquí'' comentó Bailey.
''Vamos a hablar'' le asegure a la Dra Motta ''¿Pero podría esperarme unos minutos en el pasillo?'' le pedí. Ella asintió pero no se movió de su lugar, ni aparto la mirada de la niña que parecía tener un profundo sueño en la pequeña cama del hospital.
''¿No la ha escuchado?'' le espetó Ashely ''¡Ha dicho que se largue!''
Antes de girarse volvió a hablar.
''La muerte es irreparable, en cambio, la vida podría tener soluciones. Su hija podría ayudarnos si nos permiten'' finalizo.
''¡Lárguese!'' le gritó Ashley, mientras su madre comenzaba a mirar a su hija con la vista perdida. Le asentí a Bailey para que sacara a la Dra Motta de aquí. Ella me obedeció.
Miré a Ashley, quién tocaba la mano de su hermana con cuidado, tratando de hacerla sentir que ella seguía a su lado. Su madre parecía no estar en su cuerpo, ya que no realizaba ningún movimiento y se encontraba con la mirada perdida.
Pasaron minutos así, mientras yo seguía parada, sin poder hacer nada, con miedo a interrumpir su duelo.
''Le dije que quería que muriera'' rompió el silencio que se había formado luego de que la Dra Motta abandonara la habitación, mientras más lágrimas caían de sus ojos. Mi estómago se removió ante la escena ''Lo último que escuchó de mí fue que la odiaba'' siguió ''Nunca quise decirle esas cosas''
''Entonces dile lo que en verdad querías decir'' le interrumpí desde mi lugar haciendo que sus ojos se dirigieran a mí ''Dile como te sientes, ella te escuchará'' le prometí. Ella volvió a mirar a su hermana en silencio, tratando de prensar como quería comenzar.
No había prueba científica de cómo se sentía la muerte, nadie podría saber de las posibilidades de que un muerto pudiera escuchar o no. La teoría de la Dra Motta era incompleta, abarcaba sólo lo que la ciencia podría demostrar con hechos.
La muerte era incierta.
''Lo siento mucho, Lenzie'' empezó con lágrimas, su padre tomó asiento junto a ella mientras le frotaba la espalda. ''No quiero que pienses que te odio, nunca lo hice, te amo. Debería haberte dicho muchas veces cuánto te quería'' murmuró mientras comenzaba a hacer círculos en la mano de su hermana. ''Y no sabes cuánto te extrañaré'' le habló mientras comenzaba con los sollozos ''Es decir, te estoy extrañando ahora mismo'' siguió.
No podía quedarme en un momento así, no en uno tan íntimo y doloroso. Tomé una respiración profunda y me retire en silencio de la habitación, dispuesta a hablar con la Dra Motta.
Estaba parada frente a los asientos de espera, inquieta. Miraba los asientos fijamente, tratando de encontrar algo allí. Decidí acercarme.
''¿Está pensando en la vida microscópica, Dra Motta?'' le pregunté, exaltándola, tratando de encontrar un tema que pudiera mantener mi mente ocupada. Ella me miró y volvió a dirigir su vista al asiento.
''¿Sabe cuántos gérmenes contiene un asiento así?'' preguntó, yo negué con la cabeza con una sonrisa ''Más de diez mil tipos, en los bancos públicos podrían llegar a multiplicarse la cantidad'' dijo acortando las estadísticas, de una forma impropia de Sugar Motta.
''Eso es sorprendente'' le dije pensativa, agradeciendo internamente de que lograra hacerme olvidar lo que pasaba en esa sala, aunque fuera inconsciente de ello.
''¿Quería hablar conmigo, Dra Pierce?'' preguntó, yo la miré tranquila.
''Por favor, llámeme Brittany'' le sugerí, ella no se inmutó y asintió para darme a entender que debería seguir con la conversación ''Le pedí que hablara conmigo para poder pedirle disculpas sobre la noche en el elevador''
''No hay porque disculparse, Brittany'' me tranquilizo. Yo negué con la cabeza.
''Sí la hay'' afirmé ''Me comporté como una idiota y lo lamento tanto, usted no se merecía todo lo que le había dicho'' me reproché cerrando los ojos. ''Últimamente siento que todo lo que hago me sale mal'' comente frunciendo el ceño ''Mi vida llegó al punto de parecer un desastre, como un puzzle de miles de piezas que se ha deshecho por completo'' dije resoplando, recordando todos los acontecimientos de mi vida, desde la boda hasta hoy en día.
''Eres una buena persona''
Abrí mis ojos para encontrarla mirándome, haciéndome sentir incómoda ante la intensidad de su vista. Pareciera querer inspeccionarme de alguna manera.
''Si lo que quieres es que acepte tus disculpas para hacerte sentir mejor, lo haré, aunque déjame repetir que no consideré el arrebato del elevador como una ofensa. A veces las personas sólo deben soltar lo que piensan'' dijo estática, sin expresiones ''Acepto tus disculpas'' me aseguró.
''Gracias'' le murmuré. Ella siguió hablando.
''Hay pocas personas como tú'' comentó, haciéndome fruncir el ceño
''¿Cómo yo?'' pregunté.
''Personas que anteponen sus sentimientos ante la razón'' explico ''Brittany, como puedes saber, no soy lo que se diría una especialista en sentimientos'' dijo con su vista perdida, yo asentí tranquilizándola aunque ella no pareció notarlo. ''Te preocupas de las personas, haces cualquier cosa para hacerlas feliz, pero a veces no es tan bueno como parece.'' Dijo mientras miraba a una doctora que había pasado cerca de nosotras ''Dicen que no hay dolor más grande que ser lastimado emocionalmente, y pienso en eso como un mantra, como un privilegio para aceptar mi condición'' explicó, asiendo que se me revolviera el estómago'' Algún día encontraras algo que pueda matarte por dentro, pero pareciera que no te importa estar constantemente arriesgada a eso''
''Entonces dígame que hacer'' le pedí ''¿Qué es lo que puedo hacer?''
''No puedes hacer nada'' respondió perdida en sus pensamientos ''Por eso me parece inquietante'' dijo, haciendo que volviera a fruncir el ceño ''Quiero aprender más de ti''
''¿Me está diciendo que quiere experimentar conmigo?'' le dije con el ceño fruncido, ella negó seria.
''Sólo quiero conocerte más'' dijo con convicción, mientras la miraba atentamente. Yo asentí emocionada.
¿Significaban sus palabras que quería que fuera su amiga? La mujer que se paraba frente a mí, acomodo un mechón de pelo detrás de su oreja inquietamente, mientas se removía ante mi mirada.
Al parecer no le gustaba mucho cuando alguien la miraba.
''¿Es esa una petición de amistad?'' le sugerí.
''La amistad es un vínculo emocional del que carezco, no tengo muchos amigos'' dijo sin importancia.
''Entonces deje que sea su amiga, o al menos, déjeme poder mostrarle que puedo llegar a serlo'' le respondí con una sonrisa. Ella asintió lentamente.
''Creo que podré lidiar con eso''
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Recorría los mismos pasillos que esta mañana cuando había estado escondiéndome de Kurt, decidida a encontrar a Santana. No podía dejar que pensara que no significó nada el hecho de que había dado la cara por mí, pero debía dejarle en claro que no debía volver a pasar porque temía que se metiera en líos por mi culpa.
Hoy fue la primera vez que vi a Santana tan enojada, tan irritada y molesta. Ella siempre estaba alegre, sonreía a todo lo que la gente le decía y desaprobaba a quién se comportaba de manera inadecuada.
Me doblé en una esquina, reconociendo uno de los números de la puerta que se encontraba allí. Esta era la habitación del paciente en la cual ayudaba Santana, era el momento de aclarar las cosas.
Lentamente tome el picaporte, girándolo para abrir la puerta blanca de la habitación. Entre con pasos decididos hasta que me encontré con la vista de Fuckerman.
''¿Qué haces aquí, Puckerman?'' dije evitando decir el apodo al que tanto me había acostumbrado, ya que un niño de diez años nos miraba inmóvil desde su cama.
Esta vez se lo veía peor, los cables parecían haberse multiplicado desde la última vez que lo vi, ahora llevaba una respirador y estaba conectada a la maquina del hospital.
''Sabes, soy yo el que debería preguntarte eso, éste es mi paciente'' me aclaró tratando de sonar educado. Recordé que Santana me había dicho que no le habían cambiado de médico desde la primera vez que la asignaron.
Había olvidado por completo que la habían puesto con Noah Puckerman.
''¿Por qué Santana no está aquí?'' le pregunte saliendo de mis pensamientos, recordando que debía encontrarla para poder hablar.
''Bueno, hay dos motivos'' me respondió, mientras revisaba la máquina alrededor del niño.
''¿Puedo saber cuáles son esos motivos?'' dije molesta, tratando de apurarlo para que cortara las pausas de suspenso, quería saber donde se encontraba, nada más.
''No puede soportar estar en la misma sala que yo'' se rio, mientras que el niño volvía a sujetar el documento de deseos en sus manos, leyéndolas.
''¿Por qué eres un cerdo engreído?'' le respondí impaciente.
''No, porque al parecer soy la causa de su problema con Queen'' dijo sin prestar mucha atención a lo que decía.
''Su nombre es Quinn'' le corregí impaciente ''Espera ¿Qué?'' dije entendiendo lo que había dicho.
''Lo sabía, eres una cotilla, Pierce'' me dijo divertido, mientras tocaba algunos botones de la máquina.
''¿Qué tienes que ver con Santana y Quinn?'' pregunté curiosa, ignorando su insulto, posiblemente esta era la primera vez que estaba tan cerca de saber que pasaba entre ellas dos.. ¿O tres? Contando con Fuckerman.
''Eres amiga de Santana, averígualo'' me dijo, riendo bajo. Fruncí el ceño. ''Además, no has venido a saber de mi vida, has venido a buscar a Santana'' recordó.
''¿Cuál es el segundo motivo después de todo?'' pregunté, sabiendo que no conseguiría nada del moreno.
''Le pedí que eligiera mis deseos'' interrumpió el niño, tratando de hablar bajo la mascarilla de oxigeno. ''Le dije que quería que sólo ella las eligiera'' respondió con la mirada perdida, frunciendo el ceño levemente.
''Ella te había dicho que no podías'' le recordé, lo sabía porque este niño me había utilizado para dictarle la lista del papel ''De todas formas ¿Qué tiene que ver eso con que no se encuentre aquí?''
El niño no respondió, siguió pensativo. Puck aprovechó su distracción para sujetarme del brazo y llevarme a un lugar más alejado del niño, mientras me miraba con pena en sus ojos.
''Está muriendo, Brittany'' dijo mirando sobre sus hombros para ver al niño. Me estremecí al enterarme de la situación. Puck siguió hablando, haciendo que le prestara atención ''Necesita órganos en menos de 72 horas, riñones, páncreas, todo. Es un caso imposible, no era una simple infección, era una catástrofe y necesitamos cambiárselos en un corto tiempo'' Se pasó una mano por su pelo, mientras trataba de prestar atención al caso ''Lo pusieron en la lista de donaciones esta mañana, pero sabemos que eso tarda mucho más que tres días'' dijo, explicándome el caso de manera paciente. Yo trate de asimilar todo lo que me decía ''Santana se ha encariñado con él. Lo tomó muy mal cuando se enteró'' recordó, haciéndome sentir el nudo en mi estomago ''Danny le había pedido que quería que lo ayudase a tomar la decisión de los deseos que quería, sabiendo que no tiene oportunidad de vivir'' me contó, haciendo que me preocupara por Santana ''Es irónico, ¿sabes? Su último deseo es poder pedir un deseo''
''¿Dónde está Santana?'' lo apure, sabiendo que Santana necesitaría algún consuelo. No podía imaginarla sola en un rincón del hospital, con su corazón desbocado por la situación. Sabía que amaba a ese niño, sabía el cariño que le tenía. No podía sopórtalo.
''Salió rápidamente de la habitación y nadie sabe a dónde fue'' dijo encogiéndose de hombros ''¿Dónde creerías que podría estar?'' preguntó.
No pensé ni un segundo antes de salir disparada por la puerta, corriendo por los pasillos bajo la mirada del personal, hasta el elevador.
Cuando las puertas se cerraron, empecé a tocar incesantemente el botón del cuarto piso.
Necesitaba ver a Santana.
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Cuando empuje la puerta de la sala de descanso, fui recibida por la oscuridad, la luz que se había filtrado de afuera se había cortado al cerrarse las puertas.
Mi respiración estaba agitada haciendo que mi pecho subiera y bajara rápidamente.
Busque el interruptor de la luz en las paredes pero no sabía dónde se encontraban, luche con mis manos en el camino por las paredes hasta que escuche un sollozo en una de las esquinas de la habitación.
''¿Santana?'' pregunté en la oscuridad, haciendo que los sollozos se hicieran más audibles, rompiendo mi corazón lentamente.
Trate de caminar por los diminutos pasillos que realizaban las camas, para poder llegar hasta aquel sonido desgarrador, a medida que me acercaba, más doloroso sonaban esos sollozos.
''¿Santana?¿Dónde estás?'' pregunté con un nudo en la garganta, extendiendo mis manos para no chocar con nada.
''Vete, Brittany'' escuche a algunos metros cerca de mí, antes de que otro sollozo escapara de ella.
''No voy a dejarte aquí'' le respondí, mientras sus sollozos me guiaron a la litera de la esquina de la habitación, donde al parecer se encontraba abrazando sus rodillas, echa una bola en el extremo.
La busqué con mis manos y cuando la sentí, me acerque lo máximo a ella para poner mis brazos a su alrededor aunque ella quiso impedirlo, tratando de empujarme antes de soltar un potente sollozo.
El pecho me apretaba al escuchar esos destructores sonidos, mientras se sacudía en mis brazos, tratando de escaparse débilmente.
La abrace mas a mí, mientras ella se rendía antes los toques que le brindaban mis manos a su espalda. Mi toque fue subiendo desde su espalda hasta su cabello, mientras le acariciaba su cabeza con toques suaves para tranquilizarla.
''Santana, déjame estar contigo'' le susurre, no recibí una respuesta de ella, pero metió su cabeza en mi cuello, mientras volvió a temblar por los sollozos.
No creí que la primera vez que estuviéramos así de cerca sería de esta forma y en esta situación. Santana seguía temblando en mis brazos, sin esperanzas. Este no era el fin de ese niño, había horas que lo separaban de la muerte.
''No deberías llorar'' le aconsejé. Le acaricie la cabeza con la mano, mientras que la otra la sujetaba más cerca de mí por la espalda. Ella se aparto de mí un poco para mirarme a los ojos, con lágrimas en los suyos.
''¿No debería llorar?'' me contestó un hipo ''Brittany, ese niño tiene tres días de vida nada más'' me dijo con el ceño fruncido, volviendo a desviar sus ojos a sus manos.
''En tres días podrían pasar cualquier cosa, Santana'' la animé, mientras apartaba un mecho de pelo que caía en su rostro mojado ''Deberías ir junto a él. Estaba muy confundido cuando lo dejaste''
''N-no puedo'' murmuró ''No puedo estar con él sabiendo que en tres días podría dejarme''
''¿Entonces por qué no aprovechas esos tres días?'' le pregunté, ella me miro impotente.
''No espero que me entiendas'' me contestó, bajando su mirada a su regazo.
''¿Qué es lo que no esperas que entienda, Santana?'' le pregunté, mientras trataba de encontrar su mirada ''Ese niño te necesita. De entre las cuatrocientos mil del personal médico te eligió a ti para que lo ayudaras en un último deseo'' la consolé.
''No puedo aguantar la idea de que otra persona me abandone'' murmuró secándose una lágrima y aspirando por la nariz.
''¿Es por eso que estás decidiendo abandonarla tú?'' le pregunté con el ceño fruncido tratando de ignorar el hecho de que había dicho que ya la habían abandonado, pero ¿Quién? ''¿Sientes miedo de que podría dejarte? Me acabas de decir que a ese niño le quedan, posiblemente, solo tres días de vida, entonces ¿Cómo crees que se siente él?''
''¿Por qué me estás diciendo esto?'' dijo impotente sin mirarme a los ojos.
'' Tenía un gato'' le conté, tratando de llamar su atención ''Lo amaba con mi vida, porque era uno de mis mejores amigos, era quién más me entendía'' recordé a Lord Tubbington ''Cuando me gradué, alguien me dijo que no lo llevara conmigo por mi bien y seguí su consejo, así que lo deje con mis padres en mi antigua casa, aunque el hecho de estar separados me mataba día a día'' seguí relatando, mientras recordaba que Sam me había dicho que sería mejor que no viniera con nosotros ''A unos meses mis padres me llamaron a decir que mi gato se puso muy enfermo, pero les dije que se encargaran de él y lo llevarán al veterinario porque tenía planes que realizar. La verdad era que no tenía ningún plan, sólo temía que me odiara por haberlo abandonado, y lo evité'' comenté, mientras pensaba en lo preocupada que me había puesto ''Murió tres días después.'' Le dije mirándola, ella secaba sus lágrimas mientras soltaba unos cuantos hipos por el llanto.
''¿Qué quieres demostrarme con eso?'' pregunto suavemente.
''Que aunque ahora creas que esconderte de esto hará que te sientas mejor, no lo hará. Puedes encerrarte en esta burbuja lamentándote, esperando lo que puede acabar, pero eso no ayudará en nada, no te hará sentir menos miserable. De cualquier manera pasará y te afectará porque el hecho es inevitable, como el dolor'' le dije mientras nuestros ojos se conectaron. Extendí mi mano para secar sus lágrimas. ''Ignorar lo que está pasando, no lo hará menos doloroso. Pero con el pasar del tiempo mejoraras, olvidaras y sabrás que las cosas pasan por algún motivo''
''No pue-''
''Tú puedes'' la corté ''Tienes todo el tiempo del mundo, Santana. El niño del que estás pasando sólo tiene tres días ¿Por qué no se ayudan para hacer menos miserable su partida?'' le pregunté. ''Sé por experiencia que si no vas a verlo, lamentarás no haberte despedido'' me encogí de hombros, recordando a Tubbs.
Nos quedamos en silencio por unos instantes en la oscuridad de la habitación, mis ojos ya se habían adaptado a la negrura que nos rodeaba hace un rato, haciendo que pudiera ver los movimientos de Santana y sus brillantes lágrimas.
''¿Crees que DisneyWorld sería genial?'' me preguntó tímida.
''Creo que le tiene un poco de miedo al pato Donald'' le sonreí, haciendo que ella negara con una sonrisa de lado.
''Creo que comienzo a encariñarme muy fácil con los pacientes'' murmuró, jugueteando con sus manos.
''Sé que eso no es un delito'' le respondí, recordando mi conversación con Sugar Motta.
''Tal vez me encariño fácilmente no sólo con los pacientes'' dijo, mirándome a los ojos, haciendo que se me calentara el corazón. Sus ojos marrones parecían poder ver mi interior, haciendo que mi mente sufriera un corto circuito.
Le sonreí y extendí mi mano para volver a meterle un mechón detrás de su oreja, dejándolo por un momento ahí, tratando que decidiera no volver a apartarse de sus otros compañeros. Santana no se inmutó y cerró los ojos lentamente, dando un suspiro. Ya se había calmado.
Era increíble poder darme cuenta de cuán enamorada podía caer día a día por esta mujer.
Mi vista paso de sus ojos a la complexión de sus mejillas y la pequeña curvatura de su nariz rojiza por el llanto, para llegar a sus regordetes labios. Fue muy duro luchar contra mis impulsos de besarla, mi cuerpo ignoraba a mi mente cuando me acercaba lentamente a su rostro, conectando nuestros labios juntos.
Lo que sentí dentro de mí, podría igualarse a la media noche de fuegos artificiales en Disney World.
Aunque la diferencia fue que, esta vez, no había ningún escalofriante Pato Donald.
¡Déjame saber qué piensas! ¡Perdón por el retraso y no poder contestar los mensajes!
Estoy de vacaciones, por lo que es muy difícil actualizar, y posiblemente en enero viaje otra vez, por lo que intentaré escribir capítulos durante mi viaje.
Espero que me entiendan.
Saludos.
