Capítulo siete
Cambio de planes
Desconcertada, Michiru intentó romper la tensa distancia entre ellas
- Haruka, hay algo que te tengo que decir. -
- Si se trata de lo de ayer, ya me has dicho todo. - Su respuesta sonó tan fría que Dulcifal reaccionó inmediatamente, volviendo la cabeza para inspeccionar a Haruka. Ella le acarició el cuello y parecía ser más hermoso con cada caricia. La sensibilidad fue mutua y nada de esto se extendió a Michiru. Ella corrió la vista.
El toque de Haruka no fue más que una cortesía impersonal cuando la ayudó a montarse en la espalda de Dulcifal, pero su energía sexual era difícil de ignorar. En su presencia, Michiru no podía confiar en su cuerpo. Cada célula reaccionó. Diminutas explosiones estallaron.
- Relájate, - le dijo mientras ajustaba los estribos. Ella asintió y se quedó observándola sin saber muy bien que hacer o decir. – Ve al lago yo me reuniré contigo en breve. -
- de acuerdo - respondió y a paso lento se alejó del lugar.
Momentos más tarde...
- Aquí estamos - Michiru la miró de reojo sin decir palabra. - ¿Nos extrañaste?. -
Su humor inexpresivo hizo reír a Haruka que la veía luchando con las riendas de Dulcifal, sabía que llevaba una más justa que la otra. Como consecuencia el obediente lipizzan iba virando con lentitud.
- Es hasta que te acostumbres - la tranquilizó generosamente.
- Oh, por favor. Soy un desastre y él lo sabe. -
- Solo tiene que acostumbrarse, puedes montarlo de nuevo cuando quieras – le ofreció. - Si no estoy aquí, sólo tienes que pedirle al Sr. Pettibone, aunque el no esté siempre habrá alguno disponible para ti. -
- Gracias, - respondió rígidamente. - No sabía que tenías tantos caballos. -
- Catorce. - Se quedó en silencio un momento y cambió a un tema neutral. - Supongo que no tienes mucho tiempo para Midori Kazuo -
- Vengo cada mes. - Michiru sonaba ligeramente a la defensiva, tal vez preocupada de sus idas y venidas.
- Por lo general voy para allá todas las mañanas, - explicó Haruka, tratando de colocar su observación en contexto. - Así es como puedo saber si estás en casa o no. -
Como era de esperar, Michiru estaba un poco extrañada.
- suelo ir a ayudar a Ricco, aunque rara vez lo encuentro - continuó
- ¿Quieres decir que el no está haciendo bien su trabajo? - preguntó confusa
- No, en absoluto. Pero seamos realistas. Hay muchos y no sabe como manejarlos -
- ¿Cómo sabes tanto sobre mis caballos? -
- Ayudo cuando hay algún problema. De regalo me entregó uno de tus potros el año pasado. -
- Nadie me ha dicho nada, - murmuró Michiru.
- Con tantas cosas dudo que puedas enterarte si alguno de tus empleados tiene un Saluki – ella la miró extrañada. - Un perro
Michiru asintió con aire ausente. - Sí ... como el de la estatua. -
Le tomó unos segundos a Haruka comprender que se refería a la estatua de Estelle en los escalones de la entrada en Akihabara, aquella misma que le había llamado la atención siendo una niña. Se sentía estúpida por haberlo olvidado, e intrigada por el recuerdo de Michiru. No sabía qué había sido del Saluki de su tatara-tatara-abuela después de que ella se ahogó. Estelle se había dedicado a la raza. Los Salukis aparecieron en cada retrato pintado de ella. Tal vez nadie podía soportar que se le recuerde y los perros fueron regalados cuando ella murió. El hijo de Estelle, Tae Kaioh Tenoh, había comenzado la tradición Doberman, importando una pareja reproductora campeona de Alemania en el año 1900. Ralph era descendiente de aquellos perros y Haruka tenía previsto quedarse con un cachorro de la camada siguiente. - La otra noche vi uno por aquí, pensé que quizás se te había perdido – comentó
Michiru negó con la cabeza. - No es de los nuestros. Mi madre tiene Yorkies y no viene a menudo. Nosotros tenemos nueve gatos. -
- Sí, por supuesto. - "Los felinos preciosos supuestamente perseguidos por perros Tenoh." pensó
- Yo no conozco a nadie por aquí que sea dueño de un Saluki, pero voy a comentarle a Bridget. - Michiru miró nerviosamente hacia Shamal.
Haruka tiró ligeramente hacia abajo en una rienda, haciéndole saber que le estaba prestando atención, y él siguió a la izquierda.
- Parece muy ... obediente, - comentó, mirándolo.
- Lo soborno. - sonrió Haruka.
- ¿Así que este es su mejor comportamiento? -
- Nunca ha sido mal manejado y no lo hará. Mi padre tenía uno igual a el, yo lo montaba siempre cuando era niña - esperaba una mirada en blanco o un encogimiento de hombros desdeñoso, pero una sonrisa dulce se apoderó de los labios de Michiru. - Sí, lo recuerdo. Tan increíble ... tan veloz ... simplemente impresionante. - Con un aire de inocencia, añadió, - el caballo, también. -
- Muy gracioso. - respondió.
Ella no estaba bromeando, estaba coqueteando. Su boca estaba entreabierta y completamente besable y sus mejillas infundidas en color rosa. Parecía despreocupada en sus pantalones vaqueros y suéter, con el pelo aguamarina atado en una cola de caballo descuidada, con los ojos brillantes de audacia.
¿Sabía ella lo deseable que era? Haruka lo dudaba. Su sofisticacion era totalmente natural. Al verla pensó que probablemente sólo tenía relaciones sexuales entre sábanas limpias, blancas con una compañera a la que pudiese controlar. Ni habia duda de que consideraba el encuentro sexual del dia anterior como una aberración, sexo impuesto por una mujer que la llevó por el mal camino.
- Esto es bueno, - dijo Michiru alegremente.
Sosteniendo la mirada de Haruka, ella sonrió, no era aquella calculadora y afilada sonrisa a la que estaba acostumbrada, era tan honesta y espontanea que atravesó sus defensas e hizo que su estómago se encogiera. No pudo mirar hacia otro lado y le devolvió la sonrisa. Se sentía incapaz de hacer un comentario inteligente.
- Ya veo por qué te encanta aquí. - Un pequeño gesto se instaló en su frente y parpadeó como si acabara de despertar de un largo sueño. La emoción nubló sus ojos
Haruka volvió su vista. Tenía unas ganas locas de llegar a ella y tomar su mano. Detenerse y desmontar. Caminar juntas hacia el templo y quedarse de pie en la escalera, con vistas sobre el lago y la casa.
Impresionada de sus pensamientos, volvió su mirada hacia adelante y convocó a su mente la promesa que le había hecho de matar a todos los animales de su propiedad. Una amenaza hueca, sin duda. No la creía capaz. Sabía que ella no estaba hecha de la misma materia que su abuelo loco.
Aún así, no iba a correr ningún riesgo. Antes se congelaba el infierno que permitirle poner un pie en Akihabara. Miró de reojo y se dio cuenta que por fin ella se había relajado en la silla. Dulcifal detectó el cambio y levantó la cola en una muesca. Haruka aflojó las riendas y golpeó sus talones, pasando al trote. Michiru siguió el juego, apurando a Dulcifal con el taco.
- Si quieres galopar, es tu oportunidad, - la invitó secamente. - Él está desesperado por demostrártelo. -
Riendo, Michiru respondió: - Créeme, si lo hago, lo único que vera será "yo volando sobre su cabeza", y no será bonito. -
Haruka rió y se puso por delante al llegar al bosque de pinos, bordeando la orilla del lago. Sólo se oía la ola de ramas y el ruido sordo de los cascos vibrando sobre las hojas secas. Siguieron una serpentina por la pendiente hacia el límite más lejano. Allí, en la colina, el camino se dividía, bordeando Midori Kazuo por un lado y por el otro Akihabara. Haruka desmontó en el claro, ató las riendas de Shamal sobre un arbusto, y se volvió hacia el lago. Una fina niebla se aferraba a la superficie y se arremolinó alrededor de los pinos y el templo. La cúpula brillaba blanquecina, y con sus bordes brillando en el sol de la mañana el templo parecía un espejismo que descansaba sobre el agua.
- Es precioso. - murmuró Michiru atando a Dulcifal a una rama a varios pies de distancia.
- Mi hermano y yo teníamos una casa en un árbol aquí. - señaló unas tablas podridas en un enorme pino. - Podíamos ver todo. -
Michiru miró hacia Midori Kazuo. - ¿A mi también? -
- Siempre te vi -
- Es extraño. A veces sentía eso. - se detuvo y bajó la mirada. - Durante un tiempo, traté de enviar señales.
- ¿Las muñecas? - Preguntó.
- ¿Lo sabías? -Michiru levantó la vista de nuevo con deleite sorprendido. Sus ojos eran tan oscuros como un mar de invierno. Siempre había estado intrigada por aquella mirada soñadora, tal como una niña. Desde la primera vez que se había fijado en sus ojos, montada en su caballo, nunca más quiso ver hacia otro lado. Se sentía tan impotente ahora, veinte años más tarde.
- ¿Te has fijado alguna vez las sogas que até en estos árboles? - Preguntó Haruka. - Era la respuesta a tu señal. -
- No me di cuenta. Pensé que era un juego entre tu y Darien. - hizo una pausa - Solía desear poder escaparme y jugar con ustedes. -
- Deberías haberlo hecho -
- Yo no fui valiente como tú. -
Haruka negó con la cabeza. - Has sido muy valiente. Sé que has venido hasta aquí cuando no estaban mis padres la Sra. Danville me lo dijo. -
- ¿Por qué no querias verme? Sabía que estabas en casa. - tocó la mano de Haruka en un acto reflejo. - ¿Era por tu padre? -
- Nuestros padres eran los dos ... -
- Irracionales - completó Michiru en voz baja. Mantuvo su mano sobre la de ella.
Haruka la acercó a su mejilla. Los dedos estaban fríos. Michiru no la retiró. Ella apretó los labios en la suave palma de su mano. - Tenía miedo por ti. Veras... no soy tan valiente después de todo. -
- Mi padre nunca me habría levantado la mano – respondió con suavidad.
- Lo sé. -
La comprensión iluminó su mirada. - Ah ... te refieres a tu padre. - Sus dedos flotaban sobre la mejilla de Haruka en una tierna caricia. - Yo tenía miedo por ti, también. -
Ella se movió, dejando que los brazos de Haruka se tornaran alrededor de ella como si fuera la cosa más natural del mundo. El tiempo pareció detenerse y se extendió como un libro blanco en el que el futuro todavía no se ha escrito. Haruka casi podía creer que estaban libres del pasado. Pensó que podrían hacer una proclamación en aquella mañana, en la frontera que dividia su tierra, su vida, su destino. Michiru se sentía tan cálida y contenta en sus brazos.
Con una desesperación que no podía ocultar, Haruka le susurró: - ¿Podemos dejar de luchar? -
Durante mucho tiempo Michiru no habló. Su aliento abanicó la mejilla de Haruka y podía sentir que estaba luchando contra algo. Una película de sudor la envolvió, por lo que su camisa se aferró aún más a ella. Haruka sintió sus dedos suaves remontar la línea del cabello, seguido por el suave roce de labios en sus mejillas. La comisura de su boca. La lengua de Michiru bromeó con sus labios abiertos. Su beso fue lento, calido y resbaladizo. Podía sentir sus pechos rozando los suyos, su corazón golpeando contra la carne y los huesos que lo contenian dentro del cuerpo.
- ¿Qué me estás pidiendo, Haruka? - Murmuró.
Otro beso siguió. Esta vez más urgente. Su cálido aliento amortiguado en su cara. Sus muslos se deslizaban juntos. Hizo presion sobre ella entre sus piernas. Lentamente la fue acomodando en una cama de agujas de pino.. - Esto no es lo que tenía en mente para nada. - susurró sin pensar -
- Vuelve a la casa. - suplicó con su voz gruesa y apasionada
- No puedo. -
- Sí, puedes. - Haruka lamió el sabor de los labios de Michiru. Entre besos más intensos, dijo, - Yo sé que me quieres dentro de ti otra vez. -
Un pequeño gemido escapó de Michiru. Sus rostros estaban a pocos centímetros de distancia. Haruka pudo ver pétalos de color azul oscuro en el iris de ensueño de ella, como si una pequeña lobelia hubiera florecido en cada uno.
- Sí. - respondió ella agitada
- Dilo - exigió Haruka.
- Te quiero dentro de mí. - dijo entre ansiosos besos – otra vez.
Haruka se quejó. La lengua de Michiru estaba en su cuello. Sus dientes se remontaban al tendón en su base y los hundió apenas suficiente para confundir sus sentidos. ¿Era dolor o placer? no lo sabía y no le importaba. El deseo debilitó sus piernas y empapó su ingle. Sus músculos lisos se movieron bajo sus manos mientras le acariciaba la espalda y las caderas de Michiru. Ella le desabrochó un par de botones de la camisa y deslizó una mano dentro. Los pezones de Haruka estaban tan tensos, que se sobresaltó al primer roce con sus dedos.
- ¿Cuándo? - Dijo sin aliento.
- Todavía no, - susurró Michiru. Corrió su camisa y depositó un pequeño beso en su pecho. Luego levantó la cabeza y deslizó la punta de la lengua justo debajo de su labio superior. Chupando, mordiendo, murmuró: - Cenemos juntas -
Haruka se había molestado bastante ante el comentario. Luego pensó. - ¿Te quedarás toda la noche? -
Michiru asintió.
- ¿En mi cama? -
- Sí. -
La respuesta suave quemó la piel de Haruka como una marca. Su cuerpo dejó escapar un suspiro ahogado. - No puedo esperar tanto. Debo tenerte ahora. -
- Espera, sólo un poco - pidió Michiru y ella captó la promesa en su aroma.
Cerró los ojos y dejó que su flujo se calmara. Sólo cuando estuvo empapada en el olor, el tacto y el gusto de la mujer a la que le pertenecía retrocedió.
Bien! hasta aquí les dejo el capitulo siete...
¿Que sucederá? ¿Michiru cumplirá su promesa? ¿Haruka la esperará?
Todo esto y mucho más en el siguiente episodio de esta atrapante historia
no se la pierda XD
dejen su review T_T últimamente no he tenido muchos estoy empezando a pensar que no les gustan estas cosas u.u
terminaré retirandome si sigo asi de desanimada snif.
Cuando tenga 15 reviews en éste cap actualizo...
¡hasta la próxima!
Mariel Kaioh
