Volví, me alegro que hayan disfrutado del capítulo nuevamente me disculpo por haberme retrasado tanto no volverá a pasar, espero… en fin aquí les traigo el siguiente capítulo, sin ánimos de hacer un spoiler pero que sepan que le toca más sufrimiento a nuestro Inuyasha, con una pequeña, pequeñita dosis de mala suerte.
A malas acciones, pésima suerte
- ¡maldita sea! – gruño Inuyasha tirando los papeles que tenía en la mano directamente sobre su mesa de café.
30 horas, ¡treinta malditas horas! Intentando en vano terminar con esos reportes, teniéndose solo para atender sus necesidades básicas como comer o dormir un par de horas y solo llevaba poco menos de la mitad de esa pila de papeles que le había dado Sesshomaru para estudiar. Cabe mencionar que fácilmente había desechado un tercio de las mismas, debido a que lejos de ser datos sobre los empresarios españoles eran reportes de cuentas e incluso viejos informes de mercadeo todos ya revisados o cancelados, seguramente plantados por su medio hermano para fastidiarlo, eso sin mencionar todo el tiempo que había perdido ordenándolos en primer lugar.
Soltó un bufido exasperado y se tiro de espaldas al sofá donde estaba sentado, no podía más, por mucho que lo intentaba no podía leer más de media página sin olvidar lo que había repasado con anterioridad y tenía que retomar la lecturas, los ojos le ardían y su cabeza palpitaba tan fuerte que le sorprendía que sus sesos no se hubiesen esparcido aun por toda la sala.
Se froto las sienes con cansancio, pero no podía hacer nada para quitarse ese maldito dolor de cabeza y la sensación de pesadez de su cuerpo; en algún momento creyó que podría haberse enfermado en su viaje, un platillo en la estado o quizá algún virus del mediterráneo, pero el médico familiar le había dicho que estaba tan sano como un toro de Livia. Más no pudo explicar sus malestares, después probó con los clásicos remedios de solteros, (aspirinas, de esos tés de hiervas que anuncian en la televisión, incluso se colocó uno de esos aparatos que masajean con puntos de acupuntura) pero nada había surtido efecto, al menos no por poco más de un par de horas.
Y lo peor de todo es que no importaba lo que hiciera no podía sacarse de la cabeza cierto par de ojitos color chocolate, era imposible para el dejar de verlos en todas partes, incluso esa mañana cuando iba a la oficina a recoger otra tonelada de los papeles que le habían dejado para estudiar había visto un reflejo castaño y lo había seguido como un poseso hasta caer en la cuenta de que era un comercial de una nueva tienda de dulces que estaba por abrir a un par de cuadras.
Maldiciendo a todo lo que se le ocurrió volvió a encaminar sus pasos a la oficina, pero a medio camino una melena azabache llamo su atención, larga y ondulada, sus pies comenzaron a seguir los pasos de aquella melena negra como la noche, sin despegar los ojos de la misma, pero una vez más su mente le había jugado una mala pasada, porque en lugar de la bella melena azabache de una joven que él añoraba en el fondo de su alma; pero todo lo contrario a lo que esperaba no era Kagome Higurashi, ni siquiera una mujer, era uno de esos chicos de las flores que se había dejado el cabello largo y para colmo en vez de tener unos tiernos 23 años pasaba ya de los cuarenta años (y posiblemente casi lo mismo sin bañarse).
Al final ese día había acabado tan furioso consigo mismo que regreso directamente a su penthouse en su BMW negro último modelo, aunque iba tan enojado que un par de policías estuvieron a segundos de multarlo. Otras cuatro casi estrello el coche contra algún poste y unas nueve más casi derrapo en una curva, en la pen ultima estuvo seguro de haber sentido como se elevaban las llantas del costado derecho unos 4 centímetros antes de volver a caer. Y la cereza del pastel fue casi romper la barrera del estacionamiento de su edificio, incluso el pobre guardia que controlaba la entrada y salida de los autos había brincado de cabeza dentro de la cabina al verlo llegar como alma que lleva el diablo.
Finalmente desesperado se había encerrado en su apartamento de lujo y su pobre asistente había tenido que llevar sola una buena cantidad d ellos papeles y de paso un sushi muy difícil de conseguir al apartamento de su jefe. Y ahora mismo estaba corriendo por todo el centro de Tokio para conseguir un café con granos de Veracruz, en tostado estilo francés, con vainilla de la India y hervido en agua importada de la Suiza y un pan danés que más valía que fuera con haría traída de Dinamarca. "si esta de malas que no se descargue conmigo" pensaba Yuka furiosa mientras entraba en su auto para ir a la décimo quinta cafetería en su lista.
Inuyasha intentaba retomar la lectura por décimo quinta vez pero su mente no desea concentrarse en la tarea, su imaginación no tarda en desviarse una y otra vez, y siempre en la misma dirección. Las letras de los documentos se mueven para formar la silueta de aquellos rizados cabellos azabaches, los destellos de la ciudad en los ventanales simulan el brillo de esos ojos castaños que alguna vez, semanas antes lo miraron con amor y casi devoción, incluso la más mínima sombra o sonido parecen tomar la forma del rostro, la voz y la riza de la joven.
Aquella con la que se había casado, y la misma, la primera en su vida que lo había rechazado y abandonado, la que ahora no podía desterrar de su mente ni de su piel, aquellas manos pequeñas que apretaban las suyas cuando caminaban, los labios rosados e inmaculados que ardían en rojo sangre con el fuego de la pasión, las pocas caricias inocentes que compartieron juntos por esa única noche; es como si de alguna manera se hubiesen fundido bajo su piel como una capa de cálida de oro sobre sus nervios.
Solo recordarlo lo hace estremecer y su cuerpo arde con deseo, y su imaginación lo tortura con eso de manera constante, es como si cada fibra de su ser anhelara sus atenciones, sus oídos anhelaban el sonido de su voz, sus manos hormiguean ansiosas por acariciar la piel blanca como la leche, sus labios están sedientos de su sabor, incluso su nariz se siente vaciá sin ese perfume de jazmines y menta que ella irradiaba como si fuese un faro de aromas.
Cansado se dejo caer en el sofá y cierro los ojos, su mente esta nublada por el cansancio, la falta de sueño y aquel dolor de cabeza tampoco son un punto a favor y su cuerpo no tarda en rendirse ante el insistente abrazo de Morfeo. Las brumas del sueño inundan su mente con imágenes ilegibles y sensaciones tormentosas que lo hacen moverse desesperado, a pesar de estar en lo más profundo del mundo de los sueños no consigue descanso, está inquieto intranquilo, incompleto…
Continúo dando vueltas en el sofá hasta que finalmente un mal movimiento lo envió al suelo con un fuerte porrazo. Y por si eso fuera poco la taza de café (ya frio) que tenía sobre la mesa se desestabilizo por el golpe y cayó encima de su cabeza, tiñendo la alfombra, su cabello y camisa de un color oscuro e impregnándolo toda la sala de estar con un fuerte olor a café.
- ¡maldita sea! -Gruño buscando a tientas un trapo pasa secarse pues las gotas de lo que había sido su bebida le estaban escurriendo hasta los ojos, pero para su mala suerte en su lugar tomo su saco recién salido de la tintorería.
- ¡Condenado café! ¡Condenado sofá! ¡Condenado trabajo! ¡CONDENADO MUNDO DE…! - grito frustrado y dando un manotazo a la mesa, grave error, pues todos los papeles que le había costado tanto ordenar volaron por los aires.
- ¡LO QUE FALTABA! ¡¿QUÉ MAS PODRA SALIR MAL?! – grito furico mientras se levantaba, lo mejor era meterse rápidamente a la ducha para quitarse esa peste a café antes de que le manchara más el cabello, y mandaría a Yuka a que le comprara un traje nuevo y de paso a que enviara la camisa y el saco llenos de café.
Estaba desabotonándose su corbata roja de seda china cuando, el noto que la tela estaba mojada y oscurecida por el líquido de cafeína, "tenías que preguntar ¿verdad idiota?" se reprochó a sí mismo, esa era su corbata favorita de la suerte, la que su madre le había regalado para su primer día en la oficina y también con ella había cerrado su primer trato y había tenido éxito en su primera junta de la empresa de la familia porque traía esa misma corbata, ¡Y AHORA ESTABA ESTROPEADA!
Entro al cuarto de baño dando un portazo que estremeció las ventanas y varios de los muebles. Sin nada de cuidado se desabotono la camisa y los pantalones, los arrojo hechos una pelota al cesto de ropa sucia, encendió la y se metió bajo el agua, casi a manotazos saco el zampo de su envase y se lo embadurno en el cabello con movimientos bruscos y de fuerza excesiva, algunos tan fuertes que incluso se arrancó barios mechones de cabello, pero eso solo le saco más maldiciones.
Pero al parecer los dioses no pretendían darle pausa, por lo que justo cuando estaba listo para enjuagarse la sustancia jabonosa y perfumada el agua se cortó de pronto. "¿y ahora qué paso?" gruño mientras cerraba la llave y volvía a abrirla pero solo cayeron tres tristes gotas de agua, volvió a gruñir, salió de la ducha, se envolvió la cadera con una toalla y con el cabello aun lleno de espuma blanca con olor a hiervas salió en dirección a la sala para llamar al portero y preguntar por la repentina falta de agua, "y más vale que la razón sea buena" gruño amenazante.
Camino por el apartamento dejando grandes charcos de agua como un rastro de sus pisadas por la blanca alfombra. Pero no le importo, ya le pediría al servicio de limpieza del edificio que se encargara del asunto. Aun con un gruñido atorado en la manzana de adán tomo su teléfono y marco el número de recepción.
- recepción ¿diga? – escucho la voz del anciano vigilante.
- anciano Totosai – gruño intentando no rugir en el teléfono y dejar sordo al pobre anciano.
- ¡oh joven Taisho! ¿En qué puedo servirlo? – saludo con tono entre afable y cansado.
- si anciano, hace unos momentos se ha cortado el agua del departamento ¿Qué explicación me puedes dar? – mascullo molesto pues una gota del shampoo le había caído en los ojos y ahora le ardían mucho.
- ¿ah? ¡Oh eso! – Inuyasha estuvo seguro de escuchar como el anciano se rascaba la cabeza y luego como sus agrietados y arrugados labios se estiraban en una sonrisa.
- si eso ¿se puede saber porque me han interrumpido el agua? – murmuro con molestia.
- vera señor Taisho, lo que pasa es que toca el mantenimiento anual de las bombas de agua y hemos tenido que interrumpir el flujo para evitar accidentes – explico el anciano.
- ¿y no podrían haber avisado? – gruño elevando un poco su tono de voz.
- pero señor… si mandamos un aviso en la circular de vecinos hace 2 semanas – murmuro desconcertado el anciano Totosai, Inuyasha enrojeció, "claro, hace dos semanas estaba yo en mi luna de… digo de vacaciones con Kikyo"
- bueno ¿y cuando se supone que reinstalar el servicio? – pregunto molesto, y más porque el shampoo comenzaba a escocerle el cuero cabelludo y el estar empapado, vestido solo con una toalla y además con el aire acondicionado a toda potencia comenzaba a provocarle escalofríos.
- bueno señor, como apenas corto el agua el técnico serian como mínimo un par de horas – Inuyasha tenso la mandíbula, ¿un par de horas? ¿Tendría que pasar un par de horas con el jabón en la cabeza? ¡NI HABLAR!
- pero no se preocupe, seguro que no tardan más de unas cinco horas – intento calmarlo Totosai. "¡¿CINCO HORAS?! ¡NO PUEDO ESPERAR TANTO!" Inuyasha estaba furioso, pero no tenía sentido que se desquitara con el pobre octogenario.
- ¿todo en orden joven Taisho? – escucho la voz preocupada de Totosai al otro lado de la línea.
- sí, dile a ese técnico que más le vale terminar lo más pronto posible, si cobra de más ponlo en mi cuenta ¿entendido? – gruño alejando el auricular de su oído.
- sí señor, pero no olvide que… - sin darle tiempo al anciano para que continuara Inuyasha colgó el teléfono, pensando en cómo demonios iba a enjuagarse su largo cabello platinado ahora.
- qué mal educados son estos niños de cuna dorada – murmuro el viejo portero dejando el teléfono en su lugar, "solo espero que este informado sobre el asunto de la electricidad" pensó con cansancio mientras volvía a su trabajo.
Inuyasha por su parte estaba de un lado al otro de la cocina buscando alguna cazuela lo suficientemente grande para poder lavarse la cabeza., había decidido que, con ayuda de su ultra moderna y prácticamente nueva estufa, derretiría una bolsa de hielo que guardaba en la nevera para fiestas y con el agua resultante se quitaría el shampoo y asearía un poco el resto de su cuerpo.
- no es lo más decoroso pero por ahora habrá de bastar – murmuro irguiéndose con la olla en mano, con cuidado la coloco en el desayunador de mármol y estaba abriendo el frigorífico para sacar la bolsa de hielos cuando todo se oscureció a su alrededor.
- ¿Qué de…? – murmuro sorprendido al verse enterrado en la oscuridad, rápidamente, pero cuidándose de no tropezar por la oscuridad en lo que estaba sumergido, alcanzo el interruptor de la pared e intento encenderla, nada, a tientas camino a la sala y probo con otro interruptor, y tampoco nada.
- no es posible ¿ahora la electricidad también? – estaba más que furioso de su mala suerte, ahora no podría derretir los hielos y calentar el agua para lavarse porque… ¡su estufa era eléctrica!, molesto camino a trompiscones para llegar hasta su vitrina y a su linterna de emergencia.
- bien al menos podre ver – sonrió una vez sus manos encontraron la lamparita y la encendió, "perfecto" sonrió, lo mejor sería buscarse su bata y ver como bajar a recepción a reclamarle a ese viejo cara de momia.
Camino por la sala desde la puerta principal donde un papel blanco llamo su atención, parecía un aviso de gerencia, lo tomo y le dio un rápido vistazo "se les informa a todos los inquilinos y residentes que hoy a partir de las 6 de la tarde se realizara el cambio de aceite de los interruptores, se reinstalara a partir de las nueve de la noche, discúlpenos las molestias"
- de verdad ¿Qué más falta que salga mal hoy? – se molestó, ahora no podría lavarse el cabello, pues su estufa era eléctrica y si no había luz mucho menos electricidad.
Mascullando maldiciones se dirigió a su cuarto para tomar su bata, pero ni bien se había enfundado en la suave seda cuando su linterna parpadeo y la poca luz que expedía se extinguió en menos de dos segundos.
- ¿baterías muertas? ¿Enserio? – mascullo dándole un par de palmadas a la linterna pero todo siguió en la penumbra. Arrojo la linterna al sofá, o aunque sea a donde él creía que estaba el sofá.
Ring-ring
El sonido de su celular Kustom Ego y la pequeña luz que emitida con cada vibración indicio de una llamada entrante lo ayudo a guiarse hasta el aparato, claro que se dio un par de golpes con los muebles y un golpe justo en la articulación de la rodilla izquierda con su mesita de café que de pilón tumbo más papeles por la alfombra empapada de agua y café.
- ¡ay! Cuando la luz vuelva ¡alguien va a ser despedido! – gruño sobándose el golpe de la rodilla.
- ¿diga? Y más le vale que sea importante – rugió al teléfono.
- disculpe la molestia jefe, pero sobre el encargo del café… - murmuro Yuka al borde de la desesperación, había visitado más de la mitad de las mejores cafeterías del centro de Tokio y ni una sola había querido hacer ese café tan elaborado que le había pedido su jefe, en una incluso la habían corrido a patadas.
- ¡NO LO DIGAS! ¡NO QUIERO QUE VUELVAS A MENCIONAR ESA PALABRA NUNCA MÁS! – grito, estaba hasta la coronilla del café, pues aún tenía su aroma por toda la alfombra y comenzaba a darle asco.
- vale señor, entonces si no se le ofrece algo más… - murmuro frotándose su oreja dañada por el grito del joven empresario.
- ni creas que te vas a librar ahora ¡necesito tu ayuda más que nunca! – volvió a gritar Inuyasha al borde de la desesperación.
- esta bien señor Taisho, pero no me grite, no estoy sorda – "aunque con semejantes gritos no faltaría mucho" pensó preocupada por sus tímpanos.
- ¡tú no me digas que hacer!, soy tu jefe no lo olvides- le gruño con los nervios en punta.
- no se me olvida señor, ¿Qué puedo hacer por usted entonces? – pregunto fastidiada, si no le pagaran un sueldo tan malditamente bueno no soportaría semejantes majaderías de un niño mimado con un ego que no le cabía en la cabeza.
- para empezar consígueme un garrafón de agua, que sea de al menos quince litros, y alguna manera para calentarla y traigas todo a mi departamento ahora - exigió Inuyasha con voz inflexible.
- pero, ¿no tiene usted su estufa último modelo…? – pregunto curiosa la asistenta.
- me han cortado la energía por mantenimiento, ¡así que mejor deja de discutir y cumple con lo que te he ordenado! – grito colgando el teléfono de golpe.
Yuka se quedó boquiabierta por la petición, para empezar porque eran casi las 9 de la noche ¿dónde se supone que conseguiría un garrafón de agua? Y lo peor ¡¿CÓMO SE SUPONE QUE IBA A CALENTARLA EN UN DEPARTAMENTO SIN LUZ NI GAS?! Gruñendo cerro su teléfono y se acomodó su bolso de marca sobre su hombro, bonita faena, en verdad que el salario que ganaba comenzaba a ser insuficiente para lo que debía soportar, a esa hora debería estar en su casa preparando la cena para luego ser mimada por su novio, no recorriendo la ciudad en tacones cumpliéndole los caprichos a un niño de 28 años.
Una hora después una cansada, ojerosa y demás está decir furiosa Yuka atravesaba la puerta del pent-house con un garrafón de agua a rastras una estufa eléctrica portátil y una de esas baterías de emergencia por la que había tenido que pelear a uñas y dientes por ser la última de la tienda de indumentarias para campamentos. Claro que su furia llego a la desesperación cuando su jefe, en bata y con una vela a medio derretir en la mano apareció ladrándole como un perro rabioso porque se había tardado. (Tengan en cuenta que aun o había luz así que tuvo que subir 27 pisos por las escaleras y arrastrando todo eso)
- aquí tiene señor, el agua, la estufa y la batería, y sus respectivos instructivos – gruño dejando los objetos a sus pies. Quería acabar a la de ya para irse a dormir, y a la primera hora de mañana pediría que le cambiaran de puesto, dios incluso preferirá trabajar para el hijo mayor del dueño que seguir bajo el yugo de ese mocoso malcriado.
- vaya al menos algo has podido hacer bien – gruño Inuyasha abriendo el primer instructivo.
- sí señor, ahora si me permite mi hora de trabajo ya paso y quisiera… - intento excusarse, pero antes de poder siquiera acabar la frase el par de ojos dorados la detuvieron con una amenaza silenciosa.
- no, aun no te vas, tengo un par de encargos más para ti… - murmuro llendo por el pasillo hacia su dormitorio.
- pero joven Taisho ¡mi jornada ya acabo hace más de tres horas! – se quejó la pelinegra, pero Inuyasha solo le lanzo una amenaza potente antes de regresar con una bolsa para lavandería, que según pudo ver la chica gracias a la vela, estaba al reventar.
- quiero todo esto limpio para mañana a primera hora – ordeno aventando el costal a sus pies.
- pero señor, son casi las once de la noche, ¡todas las lavanderías están cerradas ya! – grito desesperada, definitivamente pediría su transado o incluso renunciaría.
- ¡entonces para medio día!, pero las quiero mañana sin falta ¿entendido? - la pobre Yuka se limitó a asentir con la cabeza, tomo el costal que pesaba más que ella y se encamino a la salida, pero antes de dar un paso fuera recordó un mensaje importante que debía darle a su jefe.
-emm… señor…- murmuro intentando llamar su atención.
- ¿Qué quieres ahora? – gruño el ambarino con los ojos fijos en el instructivo.
- es que… vera…- intento de nuevo pero el cansancio y los nervios.
- habla, no tengo toda la maldita noche – Yuka tomo aire y se armó del poco valor y energía que le quedaban.
- hace un par de horas llamaron de la oficina y… - Inuyasha la miro con seriedad mientras ella buscaba como continuar.
- pues parece que los empresarios de Córdoba Inc. Pidieron que se cambiara la fecha de la reunión – Inuyasha frunció el ceño.
- ¿para cuándo?- Yuka trago duro antes de contestar y tenía ya listas sus piernas para la carrera de huida.
- para… mañana en la tarde noche – y estallo el infierno, Yuka salió del departamento tan rápido que sus tacones de aguja se rompieron a mitad del pasillo pero ni así dejo de correr hasta llegar a su auto.
A la mañana siguiente Inuyasha despertó todo enredado entre sus sabanas de seda, con el cabello semi húmedo, la nariz congestionada y un ardor de garganta horrendo, claro que no era de extrañar, después de armar semejante rabieta por la noticia de la reunión había destrozado medio departamento, después, casi a media noche calentó el agua como pudo, se lavó la cabeza y se tiro a su cama con el cabello empapado, la luz regreso como a eso de las tres de la mañana por lo que tuvo que levantarse a apagar todo y para colmo después se mantuvo dando vueltas inquieto hasta que consiguió cerrar los ojos solo 5 minutos antes de que sonara su despertador para ir a la oficina.
- que mierda de día ¡achu! – gruño mientras se vestía y se sorbía la nariz.
- ahora solo me falta que antes de entrar en la oficina me moje un perro – mascullo mientras cerraba de un portazo su pent- house.
- bienvenido joven Taisho – le saludo la recepcionista de la entrada con una sonrisa mientras cruzaba la puerta, pero palideció al verlo tan molesto.
- ¿ya llego mi asistente? – pregunto mirándola con fuego en los ojos.
- sí señor, hace un par de minutos – tembló la chica atemorizada.
- bien dile que espero mi lavandería en dos minutos, y que como se retrase un solo segundo la voy a despedir – la chica asintió con temor por la amenaza; Inuyasha se alejó del mostrador y se dirigió al elevador de ejecutivos sacudiendo su pantalón del lado de la perna izquierda que estaba oscurecido cerca del tobillo por un líquido que a juzgar por la peste no era para nada agua y que se le había escurrido por los calcetines hasta el zapato.
Continuara…
