Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.

Puede que sean rivales en la cancha, e incluso enemigos, pero la llegada de un nuevo integrante a la gran familia del basket, hará que olviden sus rencillas y se unan para apoyar a los nuevos padres, al tiempo que van contando la historia de amor de Kagami y Kuroko, y como su noviazgo dió paso a su boda y su ahora, reciente paternidad.

KagaKuro, MidoTaka... y alguna pareja mas.

Dedicado a MoniK. Mi pequeña princesa Fujoshi.

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Uno mas en el equipo.

Capítulo Siete: Ver el mundo por primera vez.

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Un quirófano siempre da respeto, y cierto miedo.

Ese silencio que llena todo, el aroma aséptico, el aspecto frío, y la sensación de que ahí han pasado miles de cosas terribles podrían hacer que Kagami tuviera miedo.

Pero sus ojos solo podían mirar a su pequeño esposo con atención exclusiva. Bien podían estar en mitad de una plaza pública que el pelirrojo ni se enteraría, tan concentrado como estaba en cada uno de los gestos milimétricos de Kuroko.

La última enfermera que entró, apartó la silla de ruedas en la que habían traído a la mamá, y eso que su marido había insistido hasta el cansancio en que podía llevar a Kuroko en brazos hasta el continente mas lejano, pero vio que era una cabezonería por la cantidad de cables y tubos que entraban y salían del cuerpo del peliazúl.

La doctora, sentada en un taburete a los pies de la camilla, colocó los pies dormidos de la mamá cada uno en su lugar, y le ayudó a ponerse lo mas al borde posible. Levantó la bata hasta dejarla a la altura de las caderas y se puso los guantes.

Las máquinas a su alrededor, conectadas a la madre, mostraban con números la intensidad de las contracciones, y los latidos de ambos con perfecta claridad.

Kagami a su cabeza, sosteniéndole por los hombros le acompañaba en cada paso. Cada contracción hacía al peli-rojo contener el aliento y soltarlo lentamente cuando el sonido de la máquina se ralentizaba, mostrando que la contracción había pasado.

Las enfermeras, preparaban todo lo necesario para recibir al pequeño y para atender a la madre en el que caso de que fuera necesario.

La doctora emitió una dulce sonrisa, y palmeó el muslo de Kuroko, asegurándose de tener su atención antes de hablarle.

– Dame la mano, cariño. – Colocó la mano del chico en la barriga y puso la suya encima. – Sé que no notas nada por la anestesia, pero necesito que empujes cuando te diga. – Kuroko asintió a la mujer. Kagami se tensó a su lado pero el peli azúl llevó la mano del padre al mismo sitio,para que sintiera con él. – Quiero que te concentres un momento, dejaremos pasar esta contracción para que te familiarices con la sensación y en la próxima nos pondremos a ello.

El pitido insistente de la máquina anunció la llegada de la contracción, que el padre sintió perfectamente en la palma de su mano, mientras Kuroko cerraba los ojos para sentirla mas intensamente. Que no le doliera no significaba que fuera del todo agradable.

La doctora tiró de la barriga hacia abajo, posando las dos manos abiertas en lo mas alto y volvió a sentarse de nuevo.

– Voy a a romper la bolsa cielo, no te asustes. – Aunque miraba a la mamá, fue el padre quien asintió sacándole a la mujer una dulce sonrisa.

Desde su posición Taiga podía ver como la mujer tomaba unas tijeras y varias gasas entre dos dedos. La punta de la tijera se perdió en el interior de su chico y escuchó perfectamente el "chac" que hizo al cerrarse las dos hojas.

El agua de la bolsa cayó en el suelo, a los pies de la doctora haciendo un ruido reconocible. Las tijeras hicieron un ruido sordo al caer en la bandeja metálica del material quirúrgico y las gasas empapadas en algo transparente cayeron encima también.

El siguiente minuto hasta que se inició una nueva contracción se hizo eterno. Un ligero temblor se instaló en los muslos de Kuroko y en las manos de Taiga, que le acariciaba insistente los brazos arriba y a bajo, pasando por la tripa hinchada con sumo cuidado. La expresión de miedo en su rostro era casi cómica.

La mamá le obligó a acercar su cara para darle un beso de apoyo, uno pequeñito.

El nuevo anuncio, pitido incluido puso a todos tensos.

-Bien cielo, empuja con todas tus ganas. – Miró al padre. – Ayúdale a incorporarse todo lo posible.

Las manos de Tetsu se cerraron en los antebrazos de su marido, empujando con ellos y haciendo fuerza hacia abajo desde el estómago, mientras Kagami le movía hacia delante con su pecho, y sus propias manos posadas en la cintura de su chico.

La sensación fue tan brutal que le arrancó un jadeo asfixiado, como si acabara de salir del agua después de bucear mucho rato. Se venció hacia atrás, sobre Kagami, que lo sostuvo con cuidado contra su pecho, jadeante con la sensación de que le habían dejado sin aire en el cuerpo.

– Muy bien, cielo. Ya puedo verlo. – Tomó gasas de nuevo y limpió la zona. Miró a Kagami y después a una de las enfermeras, la misma señora regordeta que había llenado a Kise de pintalabios por toda la cara. – Que se lave las manos y se ponga unos guantes, ocupa su sitio tu.

La mujer tiró de su brazo para levantarle y le guió a la pila, mientras la mamá esperaba la siguiente contracción.

– Ven aquí, papá. – Kagami se puso a su lado y la doctora le colocó en la banqueta, quedando ella de pie inclinada hacia delante, para indicarle y controlar todo sin peligro tanto para la madre como para el bebé.

Tomó la mano del pelirojo y la colocó en el abultamiento por el que ya asomaba la coronilla del pequeño.

– Cuando llegue otra contracción tienes que ir tirando, con cuidado de la piel, ayuda con tus dedos, pero muy despacio. – Kagami asintió, siguiendo el camino que la doctora le indicaba con los dedos, despacio. Su sonrisa asustada le pareció preciosa a Kuroko.

La mujer besucona se puso tras la mamá y todo empezó de nuevo.

– Ahora, empuja mientras cuentas hasta diez, y luego descansa, ¿De acuerdo?. – Kuroko se tensó, haciendo temblar sus piernas por el esfuerzo pero cumplió sin falta las indicaciones al dedillo.

La piel fue estirando lo suficiente hasta que asomó una orejita pequeña que dio paso a un moflete. Los dedos firmes del papá empezaron a acariciarle con temor.

– Para, para, la cabeza ya está fuera, descansa un momento. – La doctora limpió la carita del niño y guió de nuevo los dedos de Kagami en el lugar correcto. – No le duele, no pongas esa cara. – Kuroko le sonrió en respuesta, afirmando, aunque su cabello estaba pegado a su sien por la capa de sudor que perlaba su piel debido al esfuerzo. – Busca la axila y ve girándole mientras tiras de él, hacia este lado, cuando yo te diga.

Mientras la doctora le hablaba iba limpiando al pequeño, su naricita y la boca, sacando algo parecido a moco espeso.

– Bien, ya casi está, lo estás haciendo genial. Un último esfuerzo, cariño. – Kuroko se fue hacia delante, con determinación. El calor le abrasaba las entrañas y la sensación era lo mas terrible que había sentido en su vida, pero a la vez era tan maravilloso, y tener a su marido ahí, lo hacía mucho mas maravilloso de lo que había soñado todos los meses en los que su pequeño crecía en su interior.

La doctora posó su mano sobre la del padre, guiando sus movimientos con cuidado, pero se dio cuenta de no hacía falta por que lo estaba haciendo genial, a pesar de los nervios que se notaban por la tensión del resto del cuerpo, sus manos fluían alrededor del pequeño bebé con suma delicadeza.

Un sonido de alivio salió de los labios de la mamá en el último segundo, cuando por fin notó que el pequeño salía del todo de su cuerpo. Cayó derrotado sobre la espalda, con la boca entreabierta, bebiendo el aire en pequeños sorbitos cansados.

Kagami que sostenía al recién nacido entre sus manos pestañeaba incrédulo, como si fuera incapaz de asimilar lo ocurrido.

– Muy bien papá. – La doctora le indicó que se levantara para terminar de ocuparse ella de Kuroko. – Lo has hecho muy bien, pero deberías llevarle este pequeñín a su mami, para que le diga hola. – Taiga asintió, saliendo de la ensoñación en la que los erráticos movimientos del pequeño le habían sumido.

El pelirojo alargó los brazos por encima de las piernas abiertas de Kuroko, dejando al hijo de ambos sobre su pecho, teniendo sumo cuidado con el cordón que aún unía al pequeño con su madre. La doctora le dio la pinza con la que sujetar el cable latente y puso las tijeras en su mano.

Kagami cortó por donde le indicó la mujer y rodeó la camilla para ponerse de nuevo a su lado, como al principio.

Besó la frente y la cara de Kuroko con dulzura.

– No llores, tonto. – Kuroko limpió una de sus lágrimas, antes de que cayera sobre el pequeño, encogido y desnudo sobre su madre.

Dio un respingo y rompió a llorar, sobresaltando a sus padres primero, para arrancarles una enorme sonrisa justo después.

Kuroko besó la diminuta frente con cuidado. El bebé seguía sucio y desnudo, por lo que la enfermera lo tomó con cuidado para llevarlo a un lado del quirófano, donde ocuparse de lavarlo y vestirle.

Kagami le abrazó, siguiendo con la mirada a su hijo, antes de perderse entre el cuello y el hombro de Kuroko, suspirando en el sitio.

– Ya está... Tetsu, se acabó... Gracias cariño... Te quiero, de verdad. – No esperó respuesta.

Su visión se perdió a lo lejos, y todo el cansancio, la tensión acumulada, los nervios, el miedo, se alejó de golpe del pelirrojo, haciendo que perdiera el conocimiento y cayera a plomo contra el suelo.

– ¡Árbol vaaaa!. – Relató la doctora que daba las últimas curas a Kuroko y le limpiaba y preparaba para subirlo a la habitación.

Miró a la enfermera regordeta sonriendo. – Avisa a sus amigos, estarán en la sala de espera... que vengan un par de ellos para levantarle y llevarle a la habitación.

– Gracias. – Kuroko murmuró el agradecimiento con la mirada fija en el pequeño, mientras le limpiaban a conciencia.

…...

Akashi se levantó en la sala de espera y se quedó de pie, segundos antes de que la enfermera entrara y sonriera a todos, en especial a Kise por las fotos que se habían hecho horas antes.

– Familiares de … – Levantó la carpeta para leer el nombre. – Kuroko Tetsuya. – Casi todos los de la sala de espera se acercaron. – Todo ha ido bien, el bebé está bien, y la mamá también. La doctora le está dando los últimos cuidados y le llevarán a la habitación en una hora o menos, si hay suerte y todo va como debería.

– ¿Y que ha sido?. – Momoi se adelantó a la pregunta que todos se estaban haciendo.

– Un niño. Está sano, es regordete y tiene cinco dedos al final de cada extremidad. – los vítores de alegría llenaron la sala de espera, pero les dejaron sin regañarles mucho, entendiendo.

– ¿Podemos ver a Tetsu kun?. – Hyuga apartó a Takao para ponerse delante y preguntar.

– Cuando le suban a la habitación, no habrá problema. No arméis mucho escándalo, ¿De acuerdo?. – Todos asintieron felices. – Una cosa mas. Necesito que un par de vosotros vengan conmigo.

– ¿Qué ocurre?. – Kise preguntó intrigado.

– Vuestro amigo se ha desmayado y no vamos a poder levantarle. – Kiyoshi soltó una carcajada divertida y no fue el único. Riko y Shun le acompañaron también

Midorima y Aomine se ofrecieron voluntarios, conteniendo la risa los dos.

Kagami despertó en un sofá a los pies de la cama en la que estaba instalado Kuroko, tranquilo.

La cama estaba rodeada por todos sus compañeros, que le preguntaban y felicitaban entre sonrisas. A su lado, un enorme oso de peluche parecía mirarle con una estúpida risa en la cara.

Frente al cristal del nido, Aomine y Kise contemplaban al recién nacido, que ajeno a todo y a todos, dormía profundamente tranquilo, con su manita fuera de la sábana que lo cubría convertida en un apretado puño diminuto.

– Que feo. – Murmuró Kise, recibiendo una colleja. – Auuu , ¿Por qué me pegas? Es verdad, mira, está arrugado, y es rosita... Auch...¿Quéeeee?

– Ha pasado los últimos meses metido en un bolsa con agua, y no es que venir al mundo sea agradable... No ha tenido tiempo de pasar por la peluquería...

– Oh, ohhh, ohhhh, espera... ¿Eso era un chiste?. – Abrió los ojos hasta el límite, tomándole por los hombros. – Dios, tienes sentido del humor y sabes como usarlo... – Suspiró. – No hablaba del bebé, me refería al peluche ese, es horrendo. Le va a crear un trauma...

– Pues yo creo que es lo mas hermoso del mundo. – Kagami a su lado, posó la mano en el cristal, sonriendo a su pequeño dormilón. – Me refiero a mi hijo... el muñecajo es horroroso, Kise kun tiene razón.

Kuroko estaba rodeado por sus amigos y él necesitaba ver a su hijo un momento mas.

Volverían a la habitación en un rato. Cuando la enfermera llevase al pequeño con su madre, para que lo alimentara.

Su vida en familia daba sus primeros temblorosos pasos.

Tenían muchas dudas, miedos, preguntas, pero afortunadamente, su camino no era solitario, tenían amigos, muchos, con los que sabían que podían contar siempre.

Aomine le sonrió, posando su mano en la hombro del nuevo padre, y miró al pequeño dormido.

– Yo también creo que es precioso, enhorabuena papi. – Kagami y él se sonrieron, desviando la mirada cuando escucharon el click de una foto.

Kise tomaba las primeras fotos del recién nacido...

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Kyaaaaaaaaaaaa holitaaaaaaaaaaaaasss

Ya pasó el tiempo, nee?

Gracias por vuestros comentarios, cada vez sois menos (Sigh... puchero) pero me alegro de que os guste la historia.

Gracias por pasaros y comentar.

Nos leemos en el siguiente.

Besitos y mordiskitos

Shiga san